Día de las escritoras

El lunes más cercano al 15 de octubre, día de Teresa de Ávila, es el Día de las Escritoras, por una iniciativa de la Biblioteca Nacional. Me pregunto si también es el día de las escritoras que han dejado de escribir. Y es que es el día de muchos tipos de escritoras.

Día de las escritoras que no creen ser lo bastante buenas.

Día de las escritoras con tres manuscritos sin publicar.

Día de las escritoras de diarios en forma de notitas. Día de las escritoras de hilos de tuiter, de cuentos para sus hijos, de cartas, que no se consideran escritoras.

Día de las escritoras de un libro firmado por otro. Día de la publicación con seudónimo o con iniciales.

Día de las escritoras que escriben Juvenil porque «las mujeres no escriben fantasía ni ciencia ficción».

Día de las escritoras que escriben cuando el niño se ha dormido.

Día de la única escritora reconocida de su estilo, país o generación. Día de la Pitufina.

Día de «es demasiado personal», «es demasiado corto», «es demasiado pesado» «es demasiado específico» y «lo escribí hace demasiado tiempo».

Día de que el género literario que te interesa no sea ni prestigioso ni comercial. Y es cosa individual tuya, por supuesto.

Día de no conseguir publicar. Día de publicar y que no te hagan promoción. Día de que la editorial te promocione y la crítica no te haga caso. Día de ser una adelantada a tu tiempo y de haber nacido una generación demasiado tarde.

Feliz día a todas.

Diarios de crianza, el eterno borrador.

Mi escritorio tal como está ahora mismo, sin tocar nada. Sí, eso es un limón. El cuaderno estampado del centro es un diario de crianza semiabandonado.

Te quedas embarazada o tienes tu primer hijo, y si eres una lectora voraz o te gusta mucho el cine y las series, te preguntas «¿pero por qué nadie cuenta bien todo esto?» Piensas que en la vida te habías sentido así, que no quieres olvidarlo, hay que atrapar el momento, y te animas a hacer un diario.

Tardas en escoger un cuaderno de papel y nunca está a mano, quieres hacer dibujitos o un álbum de recortes y lo actualizas rara vez, lo empiezas a ordenador por la inmediatez que supone y te arrepientes porque no es tán portátil como ese cuaderno que desdeñaste. Al final tienes dos y piensas que ya juntarás toda la información cuando pases a limpio. Compras un cuaderno especial para este menester y se te olvida después de veinte páginas y dos meses.

Cuando empiezas, no sabes si escribir para ti, e incluir todo lo malo porque quieres que permanezca, que conste, que lo lean tus amigas; o para tus hijos, y no poner casi nada sobre ti porque no se trata de eso y no crees que sea lo que les va a interesar. Necesitas poner por escrito sentimientos únicos y todas las cosas preciosas o divertidísimas que ha hecho tu nenito. Al final son frases escuetas y lenguaje simple para hablar de si hoy fuimos al parque o te caíste, de si hiciste cualquier cosa por primera vez, algo que palidece al lado de la magnífica, exuberante realidad. Como en la agenda de 1969 de la madre de Mauro Entrialgo, te queda un «hoy el niño tuvo fiebre. El hombre ha llegado a la luna».

Pero sigues. A veces escribes, otras te pasas meses sin coger el dichoso cuaderno. Haces una ensalada de pronombres porque a veces le hablas a la criatura, a veces es tu diario y a veces no se sabe por qué escribes en tercera persona, para la posteridad. Usas whatsapps a la abuela y las fotos del móvil para rellenar los huecos de tu memoria. Otras veces dices «que salga como sea, pero esto yo lo escribo» y ahí que te pones. Y es maravilloso cuando se cuenta con ayuda. Del padre que duerme al niño para que aproveches ese ratito. De la amiga que lo lee y te dice que le gusta. De alguien como el Hematocrítico, que publica un cuaderno para niños que funciona genial para que escriban los adultos de sus vidas. Este verano he conseguido escribir algo sobre el verano de mi niño casi todos los días. No es una obra literaria, pero a él le quedará para saber cuál era su película favorita y con quién jugaba el verano de sus dos años. Gracias, Miguel Ángel. Qué regalazo.

Una entrada cualquiera (esta es de las más breves) del diario de verano, 2019.

Algunas aclaraciones sobre la brecha salarial.

La brecha salarial es algo que provoca grandes polémicas porque no se tiene clara su definición y además parece difícil de aceptar, y también de creer que en una empresa pueda mantenerse en su definición más restringida sin que nadie se dé cuenta o proteste con éxito. Los negacionistas de la discriminación salarial de la mujer la definen así: «que las mujeres cobren menos dinero por hacer el mismo trabajo, con la misma capacitación, en el mismo puesto profesional con el mismo nombre y título hasta la última coma, sin tener encuenta más ventajas que el sueldo bruto y no, por ejemplo, otras ventajas concedidas por la empresa». Por ejemplo, que un profesor y una profesora de Matemáticas cobren diferente sueldo por las mismas horas. Si son un profesor de Matemáticas y una profesora de Historia, aducen «es que ya no están haciendo el mismo trabajo». Cuando nos referimos a brecha salarial queremos decir que las mujeres ganan menos dinero que los hombres a igual capacitación, en puestos equivalentes, con nivel de responsabilidad equivalente, y también de manera más ampliada, al uso de mecanismos varios que provocan, de facto, que las mujeres ganen menos dinero que los hombres. Esto está recogido y demostrado mil veces; una muestra muy conservadora de ello es el Índice de Desigualdad de Género que mide el Foro Económico Mundial, una asociación internacional de empresas que elabora un informe sobre este tema. Explico en otro post en qué consiste exactamente este informe. Aquí se puede consultar el más reciente, que señala esto respecto a España:

  • Estamos en la posición 29 global, y si la igualdad es el 1, alcanzamos el 0,74.
  • En participación económica y laboral estamos en el puesto 80 con un nivel de desigualdad del 0.66 y esto es una mejora.
  • Las mujeres ganan un 66%, aproximadamente, de lo que ganan los hombres, en valores absolutos (es decir, sin referirnos al tipo de ocupación de unos y otras)
  • Estamos en la posición 49 en cuanto a nivel educativo con un nivel de paridad del 0.95 así que no es un problema de formación de las mujeres.

Insisto en que el Foro no es una asociación de gobiernos sino de empresas, es decir, esto es lo que están diciendo ellas sobre el funcionamiento del país en su conjunto. No todo lo que produce brecha salarial por género se debe a que las empresas sean «malas», no todo es «culpa» suya. A veces es deliberado, a veces es inconsciente y a veces escapa a lo que las empresas pueden arreglar ellas solas.

Veamos algunas de las maneras en las que las mujeres ganan menos dinero que los hombres. Lo primero es «mismo sueldo base, complementos diferentes». Como ejemplos, una noticia y una anécdota. La noticia: un hotel paga, por la vía de un complemento, 204 euros más al mes a los camareros que a las camareras. Los hombres que limpian se llaman «fregadores» y cobran más que las mujeres que limpian. La anécdota: Me contaron que en Altos Hornos de Vizcaya, en una zona donde todos los trabajadores cobraban un plus por la peligrosidad de los tóxicos que allí había, las limpiadoras no tenían ese plus. A «es que era por ser limpiadoras, no por ser mujeres»: no estamos examinando motivaciones que pertenecen al campo de lo psicológico, estamos examinando efectos. Si trabajar al lado de un tóxico lleva un plus, y no lo lleva para todos, hay discriminación.

Otra opción se da que se da muy a menudo, entre otros lugares en industria alimentaria y en agricultura, es «Todos los hombres hacen la misma tarea, y todas las mujeres hacen otra distinta, categoría laboral distinta, sueldo distinto». Son tareas que requieren un nivel de formación similar, una responsabilidad sobre la producción también parecida, aunque sean de naturaleza diferente. En industria alimentaria es muy habitual que las mujeres trabajen en la «cinta» (no se mueven de su sitio, y manipulan alimentos o envases en una cinta transportadora) y los hombres como «mozos». A los hombres no se les ofrece trabajar en cinta, ni a las mujeres fuera de ella, independientemente de su experiencia o habilidades personales. En la cinta se cobra menos. Si pensáis que es que es un trabajo menos peligroso: puede tener cuchillas como guillotinas, por ejemplo. Y en muchas máquinas se puede quedar atrapada una parte del cuerpo. Si trabajas en un escritorio, como teleoperador por ejemplo, tienes derecho a descansos breves por hacer un trabajo repetitivo, pero en una cinta no, así que incluso contando con una pausa para comer puedes encadenar horas haciendo exactamente el mismo movimiento, con un nivel de atención constante, sin parar un segundo. Aquí hay un buen ejemplo en una envasadora hortofrutícola de Almería, que además explica que ellas tenían funciones más diversas que los hombres y a veces los sustituían. La distinción envasadora/mozo era artificial.

A pesar de la jurisprudencia en contra, esto sigue ocurriendo. Octavio Prieto, profesor en Castilla-La Mancha, cuenta que en su región la cosecha y preparación del ajo es un trabajo estacional. En los almacenes a las chicas se les paga 5,20 euros la hora por un trabajo «de cinta» (pelar ajos) y a los chicos 5,90 por cargar cajas. 0,70 la hora en una jornada completa es un 12% del sueldo y quiere decir 117 euros al mes. Para estudiantes que lo hacen en sus vacaciones escolares, 232 euros de más o de menos con los que empezar el curso. La justificación es que la tarea es diferente, pero los varones no necesitan más formación, ya no se cargan cajas sino que se usan «toros» así que la fuerza física no es un requisito, las mujeres a veces tienen que ocuparse de trabajos que no son el pelado sin que eso suponga aumentarles el sueldo (lo mismo que ocurría en la envasadora almeriense) y no hay diferencia en cuál de los dos trabajos es más importante. Algunos almacenes lo han cambiado cuando se ha protestado, y otros no. Evidentemente, una chica de 17 años que necesita pasarse el verano en un almacén de verduras para poder pagarse sus estudios tiene cosas más urgentes que hacer con sus ahorros que demandar a esa empresa. Así la situación se perpetúa porque afecta a las más vulnerables.

En otros aspectos la brecha salarial afecta desde la contratación. En profesiones cualificadas, a las mujeres se les exige más currículum, tanto por formación como por experiencia, porque llegan a la selección de personal con menos contactos. Los hombres acceden a la posibilidad de ser contratados (o al puesto en sí) gracias a oportunidades anteriores, por haber hecho más relaciones públicas, mientras que las mujeres tienden a ser más «cumplidoras» en lo académico y laboral. Por voluntad propia o por tener obligaciones familiares, etc., no han desarrollado esos contactos a medio camino entre lo laboral y lo social. Esto afecta por ejemplo al trabajo en medios de comunicación, en tecnologías de la información, etc, en los que no es imprescindible tener una titulación universitaria concreta (o tener una en absoluto). Los estudiantes o aprendices varones empiezan a encadenar pequeños trabajos y van haciendo agenda, mientras que las chicas estudian. Aquí hay más anecdotario que noticias, aunque espero poder contar más en el futuro.

Está relacionado con esto que los logros de las mujeres se evalúan con más rigor y dureza. Puede ser porque los hombres tienen más tendencia a exagerar, y sus interlocutores a aceptarlo, o porque las mujeres tienen más tendencia a ser precisas, realistas o modestas en la exposición de sus logros o de sus objetivos, y sus interlocutores además desprecian este estilo comunicativo. Un estudio reciente sobre solicitudes de becas de investigación que se presentaban anónimamente, para evitar sesgos, muestra que las mujeres recibían menos becas que los hombres pero que si obtenían la beca, publicaban más artículos científicos que ellos, es decir, no eran peores investigadoras. La diferencia que perjudicaba a las mujeres tenía que ver con el estilo del lenguaje: en ellas era más conciso y en ellos más general. h

También hay casos en los que directamente se paga menos a las mujeres. Porque sí y ya. Quien lo sabe, calla, aunque siempre sabemos de algún caso, como quien contó en twitter que siendo becario supo que una empleada con un puesto superior cobraba 6.000 al año menos que sus compañeros hombres. Picanúmeros compartió varias gráficas sacadas de la Encuesta de Estructura Salarial del Instituto Nacional de Estadística, con datos de 2014. Comparando 81 puestos de trabajo distintos de personas con idéntica jornada laboral, duración de contrato, sector y nacionalidad (española/extranjera) (ojo que nos referimos a ocupaciones, no a 81 personas) obtuvo que en un 56,8%, los hombres cobraban un 10% o más que las mujeres, y en un 9,8%, las mujeres cobraban un 10% o más que los hombres.

Es decir, en resumen: las causas inmediatas de la brecha salarial son la creación de dos puestos de trabajo con distinto nombre para funciones del mismo valor para la empresa, la creación de complementos y ventajas que se les dan a los puestos ocupados por hombres y no a los ocupados por mujeres, y directamente, pagar menos a las mujeres y ya está.

De una manera menos inmediata, más indirecta o a medio-largo plazo, los hombres consiguen más ascensos que las mujeres. Y también, las mujeres trabajan más a tiempo parcial, en parte porque se hacen cargo del cuidado de los hijos y de la casa, y sus parejas no. Esta es una cuestión que va un poco más allá de la responsabilidad de las empresas, aunque ayudaría tener medidas como la jornada continua.

Una crítica que se oye a veces sobre este tema es que «si fuera verdad que a las mujeres les pagan menos, las contratarían preferentemente a ellas y tendrían menos paro». Es legítimo preguntarse esto, es decir, si es verdad que un empresario puede salirse con la suya y pagar a las mujeres por debajo del salario adecuado a la ocupación, ¿por qué no contratar a más mujeres para todo o casi todo? Todas las razones son machistas, pero unas tienen más sentido económicamente que otras. La primera, desconfiar de las mujeres en edad de ser madres, no solo porque se cojan el permiso de maternidad sino porque durante bastantes años, los niños requieren estar acompañados, se ponen enfermos, ocupan bastante tiempo de los adultos, y los empresarios asumen que son las madres y no los padres quienes se harán cargo de todo esto. En otros casos, ni siquiera se cuenta con mujeres, de manera inconsciente quizá, como en algunas tareas peligrosas o que requieren cargar pesos. Es el caso de los estibadores, por ejemplo, aunque ahora sea un trabajo muy mecanizado. Además, hay pocas mujeres con formación o vocación para algunos empleos masculinizados, y no estoy pensando en los que requieren más estudios sino por ejemplo los relacionados con ciencia y tecnología que requieren una formación media (es más fácil encontrar una ingeniera que una fontanera). Por último, aunque de esto solo tengo anécdotas, en empleos muy feminizados se valora mucho la presencia masculina, formal o informalmente, y los escasos hombres ocupan enseguida posiciones de prestigio y de poder. He visto esto ocurrir en la enseñanza, y me han dicho que ocurre en enfermería y en servicios sociales. No tiene por qué ser universal, pero ocurrir ocurre.

La realidad es que las mujeres en el mundo ganan menos dinero que los hombres, y que realizan similar trabajo remunerado y mucho más trabajo no remunerado. Las causas, al final, son irrelevantes. Lo importante es dar fin a esta situación, dejar de cronificar la pobreza femenina, y valorar justamente nuestro trabajo.

Reto de lectura LGBT: #LeoOrgullo

Me enteré de que había salido, con motivo del mes de reivindicación de los derechos LGBT, un reto de lectura muy amplio que consiste en leer libros escritos por autores no heterosexuales, o con temática relacionada con este tema. Me encantan los retos de lectura, los he hecho geográficos, por orden alfabético, por géneros literarios, de todo tipo. Son una buena manera de dar variedad a lo que se lee. Y la verdad es que estas iniciativas hacen falta, porque creo que no es casualidad que casi todas mis lecturas han sido de editoriales muy pequeñas. Así que en junio y parte de julio he leído lo que tenía por casa y alguna compra más. Esta ha sido mi experiencia.

1 36, Nieves Delgado. En Editorial Cerbero. No suelo leer ciencia ficción y todo lo que recuerdo son distopias, así que me falta base para hacer una buena crítica. Me ha gustado, tiene un planteamiento original y una historia que engancha. Recomendable: para quien ya le guste la ciencia ficción, para quien quiera experimentos con la identidad de género.

2. Vida en Martes, de Beatriz Sevilla, en Episkaia. Poesía con un poco de hilo conductor: una semana en la vida de una mujer recién independizada, superada por la adultez y la vida en general. A ratos bonito, a ratos terrible. Se lee rápido, pero luego deja poso. Es un libro extraño por cuánto revela. Cuando decimos «soy un desastre», o «la vida es una mierda», casi siempre es con humor o con rabia; Beatriz no. Solo lo suelta, de la manera más aséptica posible, cuando no parece que esté en plena crisis de ansiedad. Da un poco de pudor, una sensación de «yo no debería estar enterándome de esto» o de «ah, que no me ha pasado solo a mí». Qué valor requiere verbalizar, echar fuera y luego encima compartir tantos temores. Recomendable: muchísimo.

3. Los huéspedes de pago, Sarah Waters. NoveLÓN. Esta autora nunca sé por dónde va a salir, tiene las historias más entretenidas y las más deprimentes que conozco. Esta en una intriga magnífica, a ratos un poco lenta. Una de las cosas que más me han gustado es cómo se describe la relación entre las varias mujeres sáficas que aparecen (uau, una novela con más de un personaje LGBT): amistad, recelo, enamoramiento, la comodidad de una relación amorosa ya hecha rutina. Y también cómo la autora se transforma para escribir al estilo de la década en cuestión. Recomendable: si te gustan los novelones tochos que se tarda un verano en leer, y las películas clásicas a lo Hitchcock.

4. A Tale for the time being, Ruth Ozeki (en español tiene el absurdo título de El Aleteo de una mariposa en Japón) entra en el reto por los pelos, porque un personaje secundario es bisexual y esa es una de las causas de que la narradora la admire, pero no tiene ningún efecto sobre la trama. Su mayor defecto es que es un poco lento y repetitivo. Es muy triste, y no se lo recomiendo a quien esté deprimido o tenga ideas suicidas. Hace un uso brillante de perspectivas múltiples y de saltos atrás en el tiempo.

5. Good Omens. Da igual si consideramos a Aziraphale y Crowley asexuales, homosexuales, aces enamorados… entra en el reto. No puedo decir nada que no esté dicho ya. Es un libro maravilloso, del que ya hablé en mi guía de lectura a Neil Gaiman.

6. Los deseos afines, VVAA. Es una recopilación de cuentos africanos con personajes LGBT. Es muy variada en enfoques y temáticas. Los cuentos casi se dividen en «tristes» y «encuentros sexuales casuales». De los más sexys solo me gustó uno. De los tristes, variaba mucho. La verdad es que no me ha dejado con ganas de investigar a los autores de cada cuento.

7. Vidas Trans, VVAA, ed. Antipersona. Una recopilación de ensayos autobiográficos que sirve como introducción mínima a la situación y los problemas de las personas trans en España. Cada ensayo tiene un tema; por ejemplo el de Alana Portero es sobre el trabajo y el de Atenea Bioque, sobre el sistema médico. Sabe a poco porque es muy corto (no llega a cien páginas) y bastante básico, pero precisamente así debe llegar a más gente que no sabe nada sobre esta cuestión. Recomendable: mucho.

Post invitado: Manual para la felicidad en pareja

Cronopia, La Crono, es una tuitera muy popular por sus hilos humorísticos en los que desgrana consejos o anécdotas. Este fin de semana ha publicado unos consejos para la vida doméstica, orientados a mujeres aún por casar (o arrejuntar), que amablemente nos permite recopilar aquí. Está un poco condensado:

Hay una norma de oro. La norma namber guan. La que hay que tener presente siempre, pero especialmente los primeros años. La norma dice: no llegues a EL MOMENTO. ¿Y qué es el momento?, me preguntáis, como si yo fuera un señor de esos que lo saben todo. El Momento es un instante en el tiempo, una ocasión, una sola, en la que tú te haces cargo de sus cosas como si fueran tu responsabilidad. No te acerques nunca a ese momento. No estoy diciendo que no le puedas hacer un favor, sino que no tienes que llegar nunca al momento en que te hagas cargo de sus cosas como si fueran tuyas.

Llega tarde a trabajar: es cosa suya. Va con la ropa arrugada: es cosa suya. Se levanta tarde y no desayuna: es cosa suya. Y así. No te hagas cargo nunca, jamás de lo que a él le corresponde: su higiene, su salud, su alimentación. Recuerda que te has casado (o, si eres una persona sin moral ninguna, te has arrejuntado) con un señor, no con un niño. El tiempo, si Dios quiere, ya te dará hijos. El tío de barbas que duerme a tu lado SABE ocuparse de sus cosas. No dejes que se aproveche de ti.

El Momento es más difícil de esquivar de lo que crees, por eso hago especial incidencia. No es solo decir «pues no le pienso planchar las camisas». Eso es fácil y de una lógica que cae por su propio peso. Es que NO SE LA PLANCHES. ¿Que necesita que se la planches porque llega tarde? Que se hubiera levantado antes. -Oh, pero es que si yo llego tarde él también me la planchará a mí. Sí, un día, y tú acabarás planchándole la camisa todas las mañanas.

Ignora las presiones externas. Cuando te casas (o bien pecas y te arrejuntas) se pone en marcha toda una maquinaria social destinada a que llegue El Momento. Vara evitarlo, impide que nadie entre en tu casa a hacer lo que tú no quieres hacer. No puede entrar ni su madre, ni su hermana, ni su prima a plancharle la camisa. Eres muy mala, una bruja y una guarra que mira cómo lleva a su marido: da igual. No pueden.

Bien. Pasan los primeros años de matrimonio (o de vida en pecado, tú misma) y consigues esquivar El Momento. CUIDADO CON LA LLEGADA DEL PRIMER HIJO. Recuerda esto y tenlo siempre presente: el permiso maternal es para cuidar a un niño, no para cuidar de una casa ni de un señor que ya se está quedando calvo. Además, la que está con el bebé está más cansada que el que trabaja fuera.

De los cumpleaños, Reyes, fiestuquis y detalles varios que incluyan preparación, ornamentos o regalos: cada uno se ocupa de su familia. No te ocupes de los regalos de tu familia política. «Ñé, ñé, ñé, is qui yi ni sí iscigir in riguili», te dirá. ¿Verdad que cuando estaba en fase de conquista te sabía comprar regalos molones? Pues que busque regalos molones para su madre y para sus sobrinos. También tiene que ser él el que se acuerde de ir a visitar a su madre.

Asimismo, cuidado con los ólogos. Esto es, de sus citas con urólogos, podólogos, traumatólogos y etcétera se tiene que ocupar: ÉL. En resumen, tú no eres su agenda.

Si se da la nada extraña circunstancia de que no hace nada sin que se lo pidas, hay que planificar. Planificar es una tarea doméstica y debe compartirse. Esto significa que hay que planificar juntos. Supervisar la planificación, igual.

Si le parece mucho follón que os ocupéis los dos de una misma cosa porque luego es un lío, que se ocupe él.

Si se decide de mutuo acuerdo repartirse las tareas de forma que «yo hago la compra y tú ordenas la ropa»: CUIDADO. Que sean trabajos que se lleven a cabo con la misma frecuencia. Ejemplo: Colgar cuadros no es equivalente a hacer la compra, a no ser que hagáis la compra una vez cada cinco años.

No interpretes sus deseos/indirectas como órdenes. Si te dice «ya no quedan tomates» no significa que tengas que ir tú esa misma tarde a por tomates.

No obedezcas órdenes.

Niégate a responder a las preguntas que te haga en segunda persona del singular sobre asuntos que son de los dos. Ejemplo: -¿Dónde guardas los trapos? Es una pregunta trampa. Los trapos los guardáis los dos . Si le parece mucho follón que os ocupéis los dos de una misma cosa porque luego es un lío, que se ocupe él.

Si te compara con la mujer de su primo, o con la vecina o con su madre, que «mira todo lo que hacen en casa y no se quejan nunca», compáralo tú con Keanu Reeves

No tiene que conducir siempre él. No conduce mejor que tú. Él no es nadie para supervisar cómo conduces.

Ganar menos dinero no te quita derechos en el uso del tiempo y el espacio. El mejor sitio del sofá no tiene por qué ser para él. La habitación que sobra no tiene por qué convertirse en «su despacho». Y que ganes menos dinero no resta peso a tus opiniones ni a tu capacidad de decidir en temas comunes.

Si cocina él cuando hay visita, no permitas que se lleve todos los aplausos. Recuerda a los comensales que tú has hecho las ensaladas/recogido la casa/ordenado la cocina. Visibiliza tu trabajo. Si se pasa la puñetera comida explicando la receta y cómo ha cortado la cebolla y cómo ha hecho el sofrito, bosteza sonoramente hasta que cambien de tema. O también, cocina tú cuando haya visita y deja que él se ocupe de todo lo demás.

Comprar cortinas, electrodomésticos y otros accesorios para casa computa como tareas domésticas.

No tienes por qué ser la amiga de las parejas de sus amigos. No tienen por qué gustarte sus aficiones .

Si te pones enferma, no te disculpes. Él tendrá que ocuparse de las tareas domésticas y te tendrá que cuidar a ti. No pidas perdón. No es culpa tuya. Salvo fuerza mayor (trabajo o tener que cuidar a alguien más necesitado que tú), el que tiene que cuidarte es él; ni madres, ni hermanas.

Como resumen, un señor que no es capaz de ocuparse de sus cosas, que cree que tiene derecho a vivir un pelín mejor que tú, a tener más tiempo libre y a ocupar más espacio, no merece tu atención ni tu compañía .

Riesgos misóginos de una definición excluyente de «mujer».

Cuando empiezas a estudiar lingüística, aprendes que en una forma clásica las palabras se definen de dos maneras: por oposición y por su función. ¿Qué es un día? No es su definición; un día es lo que no es noche. También es sustantivo; es aquello que puede funcionar en el discurso en la posición que le toca. Las cosas son lo que no son (día/noche) y son aquello para lo que sirven (lo que hace de sujeto, lo que te encaja en la expresión «salgo de paseo todos los …»).

Si somos modernos o posmodernos y hemos dejado atrás el cartesianismo, los binarismos y los esquemas fáciles, sabemos que la realidad es mucho más complicada, pero estas estructuras fáciles llevan siglos influyendo cómo actuamos más allá de una clase de lingüística. Seguimos encontrando a personas que quieren categorizar la realidad en función de lo que diga el diccionario («el hembrismo existe, la RAE lo define como…»). Esto también ha ocurrido con el concepto de mujer.

La idea de mujer está subordinada a la idea de hombre. Lo siento, yo no hago las reglas. La hegemonía, el control del discurso público, el dinero, los diccionarios, los tratados de filosofía y las editoriales las han controlado los hombres y la mujer no es ni ha sido nunca un concepto primario o esencial, sino derivado del de hombre o ser humano. Veamos la función primero. Los hombres se han debido a Dios, o son dueños de la Creación, o su culmen, o están llamados a amarse los unos a los otros, o a conquistar tierras lejanas. Los hombres son, y hacen, y su subordinación puede ser a Dios o a la sociedad (de los demás hombres) o a nadie. Las mujeres se han debido al hombre, o a su valor reproductivo, o a un papel social como cuidadoras. Esto lo explica muy bien Alana Portero, con una definición de inspiración marxista y plenamente funcional:

Ser mujer es ocupar la posición desfavorable derivada de la división sexual del trabajo, cuyo máximo nivel de explotación sería el rol de parideras y cuidadoras que mantienen el sistema vivo sin percibir retribución alguna.

«Definiciones», de Alana portero, en Casa de Lectoras indeseables.

Galicia Méndez también ha desarrollado en twitter una definición más parcial a raíz de la publicación no consentida de fotos de una mujer trans: precisamente el acto de exhibir su cuerpo para insultarla y negar su condición de mujer la coloca en el género habitualmente humillado mediante la exhibición de fotos íntimas. El uso de roles de género femeninos es criticado, la condición de ser humano puesta a debate, por desgracia confirman que la víctima es una mujer. Si te tratan como a una mujer, es que eres una mujer.

Mi área está más cerca del análisis histórico, y ahí lo que se percibe es que la construcción del concepto de mujer por oposición sirve el doble propósito de subordinarnos y de crear categorías de nopersonas, nomujeres. El hombre-ciudadano es la medida de la humanidad, y la mujer es «lo contrario de un hombre, también ser humano pero con ciudadanía variable». El estatus de mujer ha sido un salvoconducto, un permiso de residencia en el extranjero, una amnistía cancelable para las mujeres a las que se aplicaran las virtudes del modelo feminino aceptable, que siempre podía cambiar porque dependía de cuáles eran las cualidades complementarias al modelo masculino ideal del momento. Una definición, por otra parte, siempre más aplicable a mujeres ricas que a las demás.

Por poner algunos ejemplos sencillos de la pirámide hombre – mujer – seres subhumanos, la esclavitud eliminaba el estatus de persona; más tarde, cuando se estableció que la principal cualidad del ser humano es lo racional, se dijo que los hombres no blancos no son racionales, los del sur menos que los del norte… y las mujeres menos que los hombres en cualquier caso. Cuando se determinó que los hombres son valientes, rudos, fuertes y con resistencia al dolor, se determinó que las mujeres son el sexo débil y enfermizo, salvo las mujeres pobres u obreras, que no son mujeres-mujeres del todo porque el trabajo manual embrutece. Con el deseo sexual ocurre algo parecido: las mujeres no sienten deseo, y si sienten deseo no son mujeres. Las prostitutas, las mujeres pobres y las empleadas domésticas estan disponibles y por tanto, no son mujeres de verdad. Y si son anti-mujeres no es para ser semi-masculinas, sino para perder el estatus de ser humano.

Así que cada vez que hablamos de «mujeres de verdad» para excluir a grupos enteros de nuestra fiesta de pijamas, qué condiciones pongamos a la entrada son irrelevantes. Determinados genes, determinado cuerpo, determinado tipo físico. Si excluyes a colectivos de tu definición de mujer, no se está defendiendo la esencia de lo verdaderamente femenino. No es una protección frente a un ataque externo: es ponerse a la altura de todos los hombres que han querido decidir por nosotras hasta qué punto nos daban permiso para ser casi personas. Vosotras veréis si queréis ser como ellos.

Algunas causas del fracaso escolar

Mapa del fracaso escolar en Europa, por regiones. La media española es alta y la del sur, muy alta.

Que en España el fracaso escolar es alto no es novedad. He visto esta mapa hace poco, y también comentarios escandalizados que decían, entre otras cosas, «¡Pero si cada vez se enseña menos! ¡Pero si se ha bajado el nivel! ¡Que el título lo regalan!». No pretendo contradecir eso, sino explicar algunas de las razones por las que tenemos ese nivel de fracaso. No soy una experta en política educativa y solo puedo hablar de lo que veo en mis aulas, pero eso es más de lo que tienen algunos opinadores profesionales, así que allá va. Un recordatorio: en España se puede repetir una sola vez en Primaria. En Secundaria Obligatoria se puede repetir hasta que cumplas 18 años, lo que significa 2 o 3 veces en total, depende del caso, y nunca se puede cursar el mismo año más de dos veces. A los 16 años puedes dejar de asistir a clase. Desde los 18 puedes hacer un examen para obtener el título para adultos.

Entremos en un aula, ahora al final del curso. Un aula de 2º o 3º de ESO. 2º es el curso que concentra más suspensos, es un año duro. Esto es parte de lo que podemos encontrar en cuanto a dificultades:

  • Alumnado que no está. No vienen a clase nunca, o solo de vez en cuando. A veces trabajan en algo familiar (una explotación agrícola, un bar), otras no. Que yo sepa, servicios sociales solo actúa cuando la falta de asistencia es continuada. Funciona despacio y lo único que dan son advertencias. No hay multas y nunca me han dicho que a alguien le quitaran la custodia de sus hijos solo por esta razón. Hay familias que para evitar que se activen los protocolos de absentismo, traen a sus hijos a clase dos o tres veces al mes. Evidentemente, en una situación así el centro escolar no puede hacer nada. No tenemos las competencias, los medios o la formación para ello.
  • Alumnado que decidió, en algún momento entre el final de la Primaria y 1º o quizá 2º de ESO, que esto no iba con ellos. Ya os aviso: es misión imposible hacer cambiar de opinión a alguien que te dice, con la omnisciencia todopoderosa de los doce añitos: «Pero maestra, si yo no voy a estudiar». Por fáciles que sean los contenidos, por divertidas y motivadoras que sean las clases, son estudiantes que no quieren estar allí. La clase no tiene sentido, y tampoco levantarse temprano, sentarse seis horas en una silla, traer materiales, lllevar una agenda, y cumplir todas las normas de conducta necesarias para la convivencia armoniosa de 500 personas en un recinto cerrado. Todo eso viene antes de aprender nada. En mi contexto, este grupo compone el grueso del fracaso escolar.
  • Alumnado que ha llegado de Primaria con cierta dificultad y que se estrella entre 1º y 2º. Aquí falla una combinación de todas las partes: el tránsito de primaria a secundaria, los mecanismos para adaptar la materia, el alumno que se desmotiva, la falta de estimulación-motivación-llámalo como quieras.
  • Alumnado que en clase no tiene mayores dificultades pero que no estudia nada en casa, o estudia con un método inadecuado, y está siempre al borde de desistir.
  • Esto es una novedad en crecimiento: alumnado absentista por trastorno o enfermedad mental. Absentistas desmotivados, que iban bien en clase, están a seis meses o un año de titular, y dejan de venir a clase por estrés, ansiedad o depresión.
  • Alumnado con particularidades propias, como necesidades especiales del aprendizaje, inmigrantes recién llegados que todavía no saben español, etc. Estos casos no son un problema en sí mismos, el problema es a qué velocidad e intensidad hacemos adaptaciones para que puedan alcanzar el ritmo de una clase estándar y los objetivos suficientes para aprobar.

Esta «clasificación» del alumnado que entra en 1º y no sale en 4º no entra en las causas de por qué esto pasa en unos sitios más que en otros. No hay una sola razón, pero percibo una suma. En primer lugar, tenemos una visión del sistema educativo como un dispensador de permisos de trabajo. ¿Para qué se estudia? Para tener una titulación con la que trabajar. El alumnado estudia para aprobar, y quiere aprobar para acceder al mercado laboral. Sus padres quieren que estudien para tener un buen trabajo, o un trabajo mejor que el que tienen ellos. Ni creatividad, ni amor al saber, ni soft skills ni historias. La necesidad de trabajar se percibe como prioritaria desde el principio de la Secundaria. El estudiante quiere entretenimiento y estimulación, claro que sí, y las familias quieren que sus hijos sean felices, pero con ese objetivo en mente.

No tengo muy claro si esto ocurre en más países; una vez me explicaron que es característico de economías en desarrollo. Lo que sí es muy propio de España es el desprecio a la Formación Profesional por parte de todo el mundo menos el profesorado, y los sueldos muy bajos en casi todos los niveles. Así que ahí nos encontramos una bomba: la suma de una educación para el empleo y un mercado laboral que busca personal con cualificación académica alta o muy baja, pero no media, y que paga mal a casi todos.

Puse un ejemplo hace mucho tiempo, en dos partes: una y dos: qué estímulo tiene para estudiar una chica de catorce años que está haciendo 3º de ESO y que sabe que tendría que estudiar 4º, Bachillerato, y dos años de FP o cuatro de Magisterio Infantil, es decir, cinco o siete años más, cuando ella lo que quiere es cuidar niños y las cuidadoras de guardería cobran el salario mínimo? ¿Por qué estudiar más allá de los 16 años cuando no hay trabajo, y si lo hay, es de dependienta en una tienda o de camarero? Las carreras universitarias son largas, caras, y no interesan a todos. La FP se descarta, y los trabajos sin cualificación académica tienen un salario similar a los que requieren una titulación media. No hay ninguna ventaja añadida, ninguna motivación real para obtener el título de la ESO si no se desea seguir estudiando.

Así que ya lo tenéis. Ese 25% de fracaso escolar, más o menos, tiene dos perfiles principales. Uno, alumnado que repitió una vez Primaria o 1º de ESO, por dificultades académicas o por desinterés. Luego repitió 2º. En 3º o 4º, se veía mayor que sus compañeros, se aburría, vio la posibilidad de trabajar de algo, dejó de venir a clase y ya no podíamos obligarlo porque era mayor de 16. El segundo perfil tenía la vista puesta en un trabajo sin cualificación, o en ninguno, el caso es que había descartado los estudios superiores y en algún momento entre los 11 y los 13 años dejó de trabajar. Puede que viniera a clase y puede que no, pero si venía era a no hacer nada, ni sacar un lápiz. Y nada que podamos hacer desde el aula cambiará eso.


¿Por qué leer libros escritos por hombres?

En esta época de ferias del libro surge otra vez la discusión sobre si leer a autoras porque sí, porque si no hacemos un esfuerzo consciente se las ningunea y olvida, o porque aportan un punto de vista «nuevo» o «diferente». ¿Pero diferente de qué? Llevamos con este mismo tema dos siglos, aunque antes se trataba de que había temas sobre los que una dama no debía escribir. Y hablemos claro: no es que las mujeres escriban sobre temas muy nuevos o con estilos muy característicos, sino que los temas favoritos de muchos autores hombres están deshilachados de tanto uso.

He leído a autores hombres, en narrativa, en poesía lírica y en ensayo, hasta que sus problemas e intereses se me han salido por las orejas. La vida es corta, y mi tiempo, limitado. Hay cosas que no quiero leer más veces. Y esta es una lista parcial:

  • No quiero leer más veces a fans de Neruda. Quiero decir que no quiero leer más veces la visión poética del sexo heterosexual presentada por un hombre joven con el mismo dialecto que yo. No quiero leer un desglose de las partes del cuerpo de una mujer joven. Y de verdad, lo más importante: no quiero leer más petrarquismo, en serio, ya me he enterado de qué os gusta y lo que os frustra.
  • No quiero leer más veces otro remake de Grandes Esperanzas. No quiero leer otra vez que el mayor problema de un varón blanco heterosexual occidental joven y guapo es ser de clase obrera, y quiere dejar de serlo. Tampoco quiero volver a leer que desea casarse/acostarse con una mujer más rica que él.
  • No quiero volver a leer personajes femeninos que solo son símbolos de estatus. La esposa amable pero imperfecta, la amada inalcanzable que simboliza sus ansias de superación, la pareja de su amigo que simboliza quién ha triunfado en la vida.
  • No quiero leer novelas protagonizadas por un hombre cuyo mundo interior se desmenuza hasta lo subatómico sin que sepamos nunca qué aspiraciones tienen los personajes femeninos. Están ahí, eso basta.
  • No quiero leer novelas en las que el protagonista tiene un bajón que se supera teniendo una relación sexual o romántica con una mujer joven y bella.
  • No quiero leer cómo un hombre blanco viaja a lugares exóticos, se siente un poco fuera de lugar, conoce a una bella mujer exótica, y cambia a mejor la vida de los que le rodean antes de volver a casita.
  • No quiero leer ningún libro en el que sea clave la muerte de una mujer antes de que comience la acción principal. Especialmente si esa mujer no tenía una sexualidad socialmente aceptada.
  • No quiero leer que tu madre no estaba ahí para ti. Sobre todo si estaba muerta.
  • No quiero leer que tu padre era un héroe para ti hasta que lo pillaste bostezando y entendiste que no era más que otro señor mayor, muy cansado.
  • No quiero leer que el miedo a no dar la talla, el miedo al rechazo social, o un rechazo amoroso, han sido las experiencias más traumáticas de tu vida. Y así durante trescientas páginas.

Virginia Woolf habla en una Habitación Propia de la sensación maravillosa de leer en una novela «A Chloe le gustaba Olivia», es decir, una mención de pasada y sin mayor importancia de una amistad femenina, algo poco frecuente en los clásicos escritos por hombres. Han pasado noventa años y seguimos como Woolf: explicando que leemos a mujeres porque hablan de nosotras. Hablemos más de que la tendencia de algunos hombres de contarnos siempre, una y otra vez, la misma historia más que superada.

Algunas ideas para organizar una biblioteca doméstica.

Pero qué cosa más bonita es una pared forrada de libros. Aunque estén mal ordenados.

Ahora que está de moda hablar de sistemas organizativos domésticos gracias a Marie Kondo, veamos cómo racionalizar una biblioteca doméstica, y cómo aplicar en casa algunos de los principios que se usan en las bibliotecas profesionales. Va a ser un artículo muy elemental, sin entrar en herramientas de catalogación, por ejemplo.

Recordar qué quieres adquirir.

Puede que quieras todas las novelas de Agatha Christie y no te acuerdes de cuáles tienes ya. Puede que alguien te pregunte qué quieres por tu cumpleaños y te quedes en blanco. Puede que vayas juntando recomendaciones en redes sociales o en prensa y quieras ir a la feria del libro con todo apuntadito. Por lo que sea, si te gusta mucho leer te interesa registrar lo que te apetece leer en algún sitio unificado. Puede ser la misma herramienta que uses para tomar nota de lo que ya tienes o lo que vas leyendo, algún tipo de catálogo. Hay programas pensados para uso doméstico, o te puedes hacer una hoja de cálculo simplona. Otras opciones son un cuadernito, como los «bullet journal» de moda, o Goodreads, que es lo que uso yo. Goodreads tiene el inconveniente de ser de Amazon y que la versión para móvil es una castaña. Pero de verdad, usa algo.

Dónde poner los libros.

Para mí hay un solo lugar: en estanterías del suelo al techo, sin puertas, y con estantes que puedan cambiarse de posición. En la práctica y con mi presupuesto eso significa estanterías Billy de IKEA. Nada tiene mejor relación calidad/precio. La hay siempre en blanco y varios tonos de madera; a veces la hay en ediciones limitadas de colores. Las estanterías tienen que estar clavadas a la pared, por seguridad. Puedes poner estantes en sitios estratégicos, primando siempre aprovechar bien el espacio.

Cualquier sitio es bueno menos el baño y la cocina. He llegado a instalar una estantería en un vestíbulo. Evita, si puedes, colocar objetos de adorno delante de los libros (esto no lo he cumplido en mi vida, pero bueno, es un ideal).

Cómo ordenar los libros.

Cómo ordenes los libros va a depender de cuánto sitio dispones. Debería ser un método que los haga fáciles de encontrar y que aproveche al máximo el espacio, aunque estos dos objetivos a veces están contrapuestos.

Lo más obvio es por colecciones. Yo evito mantener las colecciones juntas. Queda estético y compacta el espacio… solo si todos tus libros son colecciones. No sabes dónde está nada a menos que memorices los títulos de la colección. Mira, que no. Lo mismo se aplica a ordenar los libros según su editorial. Tu casa parece una librería, y de la misma manera, no hay orden real porque no se puede encontrar un libro a la primera.

Ordenar por tamaño es casi perfectamente compatible con ordenar «bien», por temas, porque casi todos los libros van a ser de tres tamaños: libros de bolsillo muy pequeños, algún libro un poco más grande, y los más grandes. Puedes hacer que la balda más baja de tus estanterías sea muy ancha, en lugar de tener la estantería de los libros grandes. Observa estos dos esquemas:

Los grandes, abajo.

Los grandes, aparte.

El primero de ellos es útil si todos los libros son de la misma categoría y colocas abajo los grandes. El segundo esquema te viene bien si reservas una columna, por ejemplo, a cómic, que tiene un formato más irregular y más grande que los libros. Siempre vas a querer buscar algo mirando de arriba a abajo así que no funciona reservar a un tema la zona baja o alta, es decir una sección horizontal que atraviese columnas.

Entremos ahora en cómo ordenar por temas. Las bibliotecas usan muchos sistemas clasificatorios diferentes. Uno de los más populares es la Clasificación Decimal Universal, que es bastante flexible. No es necesario aplicarlo tan estrictamente como en una biblioteca pública, donde casi seguro que hay una colección más variada en lo que respecta a «no ficción». La primera división útil es narrativa / todo lo demás. En ese «Todo lo demás», yo separo poesía, teatro, biografía, cómic, libros de cocina (porque son muchos). Lo que nos queda, la CDU lo organiza así:

0 Generalidades.Enciclopedias. Biblioteconomía.
1 Filosofía y psicología.
2 Religión. Teología.
3 Ciencias sociales, sin incluir geografía e historia.
4 Vacío. Ya ves qué tontería.
5 Matemáticas y ciencias naturales, es decir ciencias «puras».
6 Ciencias aplicadas, incluyendo Medicina y Tecnología.
7 Bellas artes. Juegos. Artes escénicas. Deportes
8 Lenguaje.* Lingüística.* Literatura
9 Geografía. Biografías. Historia

En mi caso está adaptado a mis libros: Filosofía incluye feminismo (de hecho, es una de las categorías de las que más libros tengo), y pongo seguidos educación / pedagogía / metodología de la enseñanza de lenguas extranjeras (para mí una sola categoría), lingüística, y Literatura (libros del tipo de análisis literario, teoría e historia de la literatura…). En una biblioteca pública serían las categorías 37 y partes de la 80 y 81 (simplifico). Prefiero tener las biografías cerca de la narrativa por una cuestión de espacio. Es decir: usa el sistema que más te guste y adáptalo a la cantidad de libros que tengas, cres subcategorías si te viene bien. Lo importante es separar.

Dentro de cada categoría, el orden siempre es alfabético por apellido del autor. Puedes poner las antologías por el editor, por Varios, o al final. En casa, yo las pongo al final. Los libros del mismo autor los pongo cronológicos si tengo muchos y es uno de mis autores favoritos, y en cualquier orden en el resto de los casos. Cuando ya sabes más o menos qué vas a separar, no lo hagas todo de golpe. Ponte una mesa cerca, saca unos cuantos libros, mete unos cuantos y así. No saques más de lo que puedes recoger en diez minutos.

Algunas cuestiones sobre subdividir la literatura: yo no separo literaturas nacionales ni idiomas, porque mi colección es muy asimétrica y no me gusta que haya categorías muy pequeñas. Veo poco sentido separar literaturas nacionales en una biblioteca doméstica. Si tienes libros en varios idiomas y tiene mucho sentido en tu casa, separa, pero si lees indistintamente entre ellos, ni te molestes.

Tampoco separo libros infantiles, si son míos. En una casa con niños, tendría aparte los libros de su propiedad, que pueden estar en su cuarto o en estantes aparte dentro de los libros de la familia. Esto puede incluir libros que no sean estrictamente infantiles, por supuesto, y es muy personal. Si los padres tienen ya una buena cantidad de libros infantiles y los niños van llegando a la edad de cogerlos prestados, su clasificación y ubicación depende de la voluntad de todos. A mí sólo me importaría que cada libro tuviera una ubicación permanente y que se respetara.

Una curiosidad: un libro ordenado temáticamente tiene una signatura, un código, que se lee por ejemplo 396 WOO hab, si el libro fuera Una habitación propia de Virginia Woolf clasificado en «Feminismo» (396). En bibliotecas gigantescas los libros se guardan según se adquieren, porque son demasiado grandes para estar todo el día ordenando estantes, y porque el espacio se convierte en una prioridad. Entonces, para que los libros puedan encontrarse, su código tiene que indicar esa localización. Por ejemplo, ABC 4/46 podría querer decir «Estantería o columna ABC, estante 4, libro 46». Una versión de esto se da en El nombre de la rosa, y es cierto que es un método muy antiguo, anterior a nuestra obsesión clasificatoria moderna. Solo tiene sentido aplicarla en una biblioteca doméstica si tienes miles de libros, digamos más de cinco mil, y un programa clasificador.

El expurgo.

Si la idea de deshacerte de material impreso te da mareos, o ganas de gritar a la pantalla, sáltate esta sección y pasa a la siguiente. Oye, eres muy libre. Yo decidí mantener una colección reducida a pesar de tener un gran amor por los libros y por los lugares donde se acumulan. Hay muchos criterios para hacer expurgo y estos son algunos de los míos.

¿Voy a querer releerlo? Consulta rápida también es relectura.
¿Asocio recuerdos muy bonitos a este libro, por ejemplo quién me lo regaló?
¿Forma parte de una colección que me gusta que esté completa?
¿Quiero prestarlo o dejarlo disponible para mi familia u otras personas?
Este libro técnico, ¿sigue siendo útil? Los manuales se quedan obsoletos bastante pronto.

Observa que no incluyo «soy demasiado mayor para leer este libro». No soy nada partidaria de desechar libros infantiles por el hecho de serlo. Conservo los de mi infancia. Si te animas a hacer un expurgo grande, el mejor momento es cuando ordenes. Ve apartando los que consideres conveniente.

Qué hacer con los libros expurgados depende. Si tienes gran cantidad de material obsoleto, por ejemplo, en casa de tus padres están guardados todos tus libros de texto desde el colegio, busca un trapero o chatarrero que compre al peso y así sacas para un libro de bolsillo.Con poca cantidad de material obsoleto: a reciclar sin remordimientos. Con novelas y otros libros con interés actual, puedes intentar venderlos a una librería de segunda mano, donarlos a la biblioteca pública, o donarlos a una biblioteca escolar, según su temática y lo que te pille cerca.

Suena a chorrada de libro de autoayuda y organización casera, pero de verdad, cuando quitas los libros que conservabas por pena, los otros lucen más. Hay libros que no los quieres por el ejemplar en sí, sino porque es parte de Tu Biblioteca. La biblioteca está ahí, no se ha ido a ninguna parte. Ya llegarán otros libros que ocupen ese hueco.

Cómo racionalizar nuevas adquisiciones.

No, esto no va al principio con «apunta lo que te interesa» sino justo después de expurgar. Si quieres mantener tu biblioteca ordenada y parecida a una profesional, el último requisito es pensarte bien qué va a entrar. Es poco frecuente manejar un presupuesto que te permita usar más criterios que «este mes me lo puedo permitir», pero por sugerir: usa la biblioteca pública, y si te gusta muchísimo un libro, cómpralo después de leerlo. Controla tus compras recordando cuánto llevas leído este año, y no compres más de lo que puedes leer. Y también, sé sincero contigo mismo si tiendes a acumular mucho de un tipo de libro que no sueles leer. A mí me pasa con las biografías y a veces con el ensayo. Me atraen, y luego me da pereza leerlos. También leo más los libros pequeños, así que he aprendido a evitar las ediciones en tapa dura y selecciono mucho al comprar cómic.

Espero que estos consejos te resulten útiles. Si te han gustado, quédate con los que te funcionen, porque no hay un método perfecto. Tienes una biblioteca de un solo usuario, que es quien tiene que estar contento con ella.

Panteón.

Nos asiste la Santísima Trinidad
de la almendra, la grasa y el cacao.
Su sustento continuo, su cíclico consuelo.

La fuerza de las hermanas mayores
y los bajistas
que dan ritmo y forma a los días,

Los amaneceres.
La búsqueda del único hombre bueno.
Lo que sueñan los bebés dormidos,
Lucien,
Jane Austen,
un buen plato de lentejas.