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De todo un poco Política

Mujeres, política y la búsqueda del traje perfecto.

A principios de abril, la ministra Yolanda Díaz era criticada en algunos medios y redes sociales por dar una rueda de prensa vestida de este modo:

La Ministra de Trabajo con un vestido rojo, junto al Ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, con traje gris y corbata que tiene un dibujo indistinguible de color morado, o azul y rojo. Imagen de moncloa.gob.es

He escogido esta foto y no una en la que salga Díaz sola, o desde más cerca, porque me interesa mostrar el contraste entre ella y su colega. El traje de los políticos es el traje de los hombres que van «arreglados». Hay matices, y un traje puede llevarse «bien» o «mal». Sin embargo, salvando los entierros y su propia boda, un hombre con traje y corbata que no sea de dibujos chillones está bien siempre. Las mujeres no tenemos eso, ni siquiera las jóvenes y delgadas. Nunca. Es difícil apreciar la enormidad que supone que en nuestra cultura, no hay (y no sé si la hubo en el pasado) una prenda neutra, símbolo de la clase alta o las ocasiones formales, que siempre resultase correcta. Las mujeres no tenemos ropa que no signifique nada, y ello presenta una enorme dificultad para vestir «formalmente». yendo ahora a lo que nos interesa, una mujer política debe cumplir el código de lo formal, con pocas guías, muchas limitaciones, y muchas posibilidades de hacerlo mal y ser criticada por ello.

El traje debe ser formal pero no parecer de fiesta. Es aceptable que diga algo sobre su ideología.

Irene Montero (Podemos), Ana Pastor (PP), Ana Pastor (moderadora), Inés Arrimadas (Cs), María Jesús Montero (PSOE) y Rocío Monesterio (Vox), casi uniformemente de los colores de sus respectivos partidos. Los colores de Podemos y Vox en representación mucho más apagada que en el logo. ¿Como distinguimos a la presentadora? Porque su traje va sin mangas y así ya no parece «de oficinista». Foto de La Sexta.

Es importantísimo que estén guapas, que parezcan jóvenes pero no demasiado, elegantes pero no de fiesta, monas pero no de una manera frívola, nunca «sexys», al menos no de diario o solo hablaremos de eso. No demasiado arregladas si la ocasión es una tragedia, tampoco. Pero jamás desaliñadas. Con el pelo eso es casi imposible, aunque en España hemos llegado a una aceptación esperanzadora del pelo rizado natural y de las colas de caballo para retirar todo el pelo de la cara. Esto puede parecer una tontería, pero un peinado con mechas, un poco de onda y más o menos movimiento como hemos estado acostumbrados a ver durante años, necesita maña, tal vez una peluquera profesional, y un buen rato de secado. Todo lo que has visto en un pantalla y te parecía pelo natural ha requerido mucho tiempo de peluquería, y hasta una delicada melena lisa al viento está planchada, lacada y un poco así con los dedos para que no quede muy artificial.

Disculpad la cutrez del montaje. Mujeres relevantes en la política española de hace unos 10 años: Arriba Esperanza Aguirre y Ana Botella del PP y abajo Carme Chacón y María Teresa Fernández del PSOE. Para este peinado, si tienes rizos necesitas alisar y si tienes pelo liso necesitas crear volumen donde no existe.

El pelo tiene la ventaja de que una vez que encuentras tu peinado, que te gusta porque te favorece o porque es fácil de mantener, ya no tienes que pensar más y no importa si vas siempre igual. Con la ropa, desgraciadamente, no ocurre así, y hay que vestirse distinto todos los días. Muchas mujeres que se dedican a la política tienen en cuenta que van a salir por televisión, y por ello tienen en cuenta algunos trucos.

Uno de ellos es vestir de rojo, que tiene muchas ventajas. Son conscientes de que tal vez sean la única mujer de la foto, y el rojo las distingue de los hombres enchaquetados. Además, no infantiliza, que sería pecado mortal. Es llamativo, pero no «cuqui». Como decíamos con los problemas de salir en televisión, sale bien en todas las pantallas de toda resolución. Es importante también que combina perfecto con todos los no-colores, es decir, puedes tener complementos grises o negros o marrones o crudo o azul marino. Intenta eso con un vestidito de medio luto gris con un detalle lila.

Lo mejor del rojo es que es una gama entera. Encuentras TU rojo, desde un poco tirando hacia escarlata o casi naranja, a casi morado, pero no hay mujer a la que no le pegue algún tono de rojo. Puede ser también el color de una prenda comodín en algo que afecta en a las políticas y no a las mujeres profesionales: la jerarquía. Estaría feo ir más arreglada a un acto que la Jefa de Estado, por ejemplo. Un vestido de cóctel (rojo) o un traje de chaqueta (rojo y a lo Merkel) siempre quedarán por debajo, sin pensar mucho.

Angela Merkel tiene muchas, muchas chaquetas rojas .

El segundo truco de las políticas es el «color block»: nada de estampados, color liso brillante, a veces contrastando varios colores. Algunos ejemplos internacionales, y repito con merkel. No estoy segura de si es la «creadora» del estilo pero se la identifica totalmente con él. Le permite también prescindir de abrigo, que es un engorro:

Theresa May (Reino Unido): casi siempre liso, casi siempre colores brillantes.
Cristina Kirchner (Argentina).

Tengo la impresión de que este estilo colorido que también tenemos en España no se da en Francia, donde la ropa es más discreta. No sé si mis hallazgos son casualidad. Personalmente me resulta llamativa la chaqueta rosa de Lagarde, que con su diseño obviamente de Chanel parece decir: «que no cunda el pánico, hoy visto de color pero la prenda vale 5.000 euros».

Christine Lagarde.

No busco dar consejo u opinar sobre si determinadas mujeres visten bien o mal, sino hacer ver que ponerse una prenda u otra siempre es una decisión, es todo consciente, no es fácil, y para el gusto de alguien siempre te vas a equivocar. Va a ser demasiado frívolo, informal, pijo, serio, pasado de moda, demasiado atrevido. Siempre.

Termino con un caso práctico, un desafío. Imagina a una mujer que se ha dedicado a otra cosa, porque no queremos políticos profesionales. No es ni rica ni famosa ni nada parecido. Ahora ocupa un cargo público y sale por televisión muy a menudo. Hasta hace seis meses apenas dedicaba dinero o atención a su vestuario. Tiene 45 años y la talla 46. ¿Qué tiene que tener en el armario para cogerlo sin mirar y que no se le pueda poner una pega?

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¿Quién planchaba las enaguas de Jane Austen?

Pues depende. Seguro que ella misma, no.

Las tareas y el nivel de vida del servicio doméstico inglés, que las obras de ficción recogen con distintos niveles de realismo, fueron variando a lo largo del tiempo. El boom empezó con la revolución industrial, ya que la burguesía deseaba demostrar su estatus (buena parte del servicio a los aristócratas lo hacían nobles de menor rango, especialmente en la Corte), y era un empleo bastante deseable comparado con la industria y la agricultura. Decayó con la primera guerra mundial: los hombres, ricos y pobres, iban al frente, y las mujeres que podían trabajaban en las fábricas.

Las casas más grandes tenían mucho más servicio que las pequeñas y medianas de una forma que no era proporcional. Por ejemplo, una familia muy rica tendría dos casas, recibiría visitas en la del campo, mantendría caballos, elaboraría conservas o licores con los productos del huerto, necesita criadas que limpien y cocinen para el personal de rango superior… Cuanto más rica la familia, más servicio, más rígida la relación jerárquica de los criados entre ellos y más ocasiones formales como cenas de gala con invitados. Esto también aumenta con el paso del tiempo; hay más formalidad en 1910 que en 1790.

Si te preguntas para qué querían tantos criados, aquí tienes una pequeña explicación de cómo sería el día a día en una casa burguesa alrededor de 1900. Habrá inexactitudes, debidas sobre todo a que como digo, no es lo mismo un industrial en Manchester en 1800 que una mansión en Dorset un siglo más tarde. Vamos a imaginar un matrimonio burgués no tan rico como para tener varias casas. Viven en una ciudad. Él es banquero, como Banks en Mary Poppins, o tal vez industrial; el caso es que tiene un trabajo de oficina pero de cierto prestigio. No necesitan caballos. Si tienen niños, están con la niñera y no los nombraré.

Reparto de la serie Arriba y Abajo, de los años 70. Primera doncella, lacayo, cocinera, mayordomo, segunda doncella, el hijo, la esposa, el marido, la esposa del hijo, la pinche.

Tienen un mayordomo, un lacayo, una cocinera, la doncella de la señora, dos doncellas más y una fregona que también es pinche de la cocinera. La estructura de la casa es como en Arriba y Abajo, porque es ciudad, no como en cualquiera de las obras donde la casa es de campo: En el semisótano está la cocina, la sala de estar de los criados, el despacho o sala de estar privada del mayordomo, la nevera, la despensa y la carbonera. En la planta baja están la entrada, la salita de día, el comedor, y el despacho del señor. En la primera planta están el dormitorio principal, dos vestidores, y varias habitaciones para invitados o los niños. En la segunda planta están todos los dormitorios del personal. se procura que haya dos pasillos para poder separar a hombres y mujeres. El mayordomo, la cocinera y la doncella personal tienen cuartos privados. El resto del personal comparte, siempre separando por sexos, así que en mi ejemplo hay un cuarto con tres criadas y otro con un solo lacayo.

La ropa se lleva a la lavandería, menos lo más delicado. El cambio de sábanas y la entrega de todo lo sucio se hace un día en semana; dos días más tarde se recoge lo limpio, se cuenta y revisa prenda a prenda. Eso lo hacen entre la doncella personal y la primera doncella, que luego rinde cuentas al mayordomo de todo lo que no es ropa de la señora.

La cocinera no va personalmente al mercado. Atiende a proveedores que vienen a casa y si necesita algo concreto rápidamente, manda al lacayo. Hace todos los dulces, y posiblemente también el pan, aunque puede que lo compre.

Todos los criados libran la mañana del domingo. Se da por sentado que irán a la iglesia. Algunas casas son más tolerantes que otras con criados que no lo hacen o que no son de la misma religión que los señores. Para que en la casa no se sienta que no hay personal, cocinera y pinche dejan listos a primera hora el desayuno, una bandeja de elegantes sandwiches y el asado, y la comida principal pasa a ser un almuerzo tardío o una cena temprana.

Es variable que todos los criados, particularmente los senior, libren un día completo o una tarde entre semana. Esto es un problema en una casa con una sola cocinera sin una ayudante bien entrenada. Los señores ese día salen a cenar fuera, a visitar a amigos que saben que en tal día de la semana simplemente no se puede ir a visitar a esta familia.

Si esta familia escalara en sociedad un poco más, podría tener otra ayudante de cocina con formación, pero con ocho personas de servicio empieza a hacerse necesaria un ama de llaves: menos trabajo para la primera doncella, más trabajo para la segunda porque al haber mayordomo, cocinera, niñera y ama, habría comedor o sala de estar para sirvientes de primera y de segunda. El ama de llaves requeriría un despacho y un dormitorio. Como puede verse, no es una cuestión de otro sueldo y ya está. La cumbre de la escala social tiene escalones muy empinados.

Y lo que hace en el día tanta gente lo vamos a ver hora a hora. «Arriba» significa zona de los señores y «Abajo», concerniente a los criados.

6 a.m. Los criados se levantan, se asean rapidito y se visten. La pinche se ha levantado la primera y a toda prisa porque tiene que encender el fuego de la cocina, hacer una primera ronda de té, subírselo a la cocinera que se lo toma en la cama, subirle agua caliente al mayordomo y el lacayo para que se afeiten. La segunda doncella arregla el cuarto de las tres; deja la cama deshecha pero estirada para que se ventile, y la ventana, si tienen, abierta. Todos los demás criados hacen lo mismo.

7 a.m. El mayordomo pasa revista a todos en la cocina. Comprueba que la ropa, el pelo, las manos, las uñas, todo esté limpio y arreglado correctamente. Las criadas 1 y 2 suben a encender fuegos por la casa. El mayordomo sube a vestir y afeitar al señor. La doncella personal de la señora la despierta, la viste y la peina. Después, los dos dejan vestidores y dormitorio en perfecto orden. La cocinera hace el desayuno de Arriba (tostadas o bollitos, huevos, tal vez salchichas o arenques, fruta) y recibe a los proveedores. El lacayo pone la mesa del desayuno. Los criados desayunan según van terminando su primera tarea del día. Puede ser un buen desayuno (pan, arenques, gachas de avena) porque no van a comer caliente en diez horas.

En una familia más rica y ociosa, en la que el señor no tuviera que salir a trabajar temprano, la señora se daría un baño por la mañana y los ocupantes de Arriba que lo desearan (especialmente las mujeres) tomarían un desayuno muy ligero de té y tostadas antes de bajar a tomar nuestra idea de «desayuno a la inglesa».

8 a. m. Los señores desayunan. El desayuno se sirve en estilo buffet, al contrario que el resto de comidas del día. Esta es la manera correcta y no me preguntéis por qué. Lo sirve el mayordomo. La doncella de la señora dobla y guarda el camisón, echa a lavar lo que sea, prepara cualquier cosa que la señora necesite si va a salir, repasa el armario en busca de cosas que haya que reparar, coser, limpiar o tener listas para por la tarde. Las doncellas limpian los dormitorios. El lacayo, que había estado poniendo la mesa de arriba, desayuna. La fregona está liada con los cacharros de preparar el desayuno. La cocinera mira qué tiene en la despensa y la nevera. Si es viernes, toca pescado y seguramente mañana también.

Antes de las 9 a.m. El señor de la casa se va a trabajar andando. El mayordomo tiene listo su sombrero, paraguas, cualquier cosa que necesite. Confirma que comerá en el trabajo o en su club y que volverá a la hora del té. El mayordomo supervisa la limpieza del piso principal, que realizan las dos doncellas. Si hay que mover algo pesado, como arrastrar muebles, lo hacen entre todos. La señora llama a la cocinera para discutir el menú de hoy. Le dice qué le apetece para comer; tal vez no quiera un plato de pescado para ella sola, y la cocinera le proponga una sopa (tiene el caldo hecho, shhh) y un plato de huevos. Le dice cuáles de sus amigas vendrán a tomar el té y si tienen visitas a cenar. La cocinera piensa en platos del gusto de los invitados que conoce de ocasiones anteriores. Cuando baja, se lía a dar órdenes a la pinche. Ellas dos tienen las siguientes tareas por delante:

  • La cocinera no hace, necesariamente, su propio pan (esto es menos probable cuanto más avance el siglo) pero sí toda su repostería. Tiene que servir una variedad de bizcochos o tartas para el té, si está de humor o es festivo también algo sencillo para el servicio, un postre con la cena de Arriba, otro con la de Abajo.
  • Caldos y salsas. Entran en el mismo epígrafe porque muchas salsas de alta cocina necesitan un caldo como base, que se reduce o espesa. Los caldos deben cocer muchas horas. Las salsas son muy delicadas de hacer.
  • Sopas. Eso significa «crema» y en un mundo sin batidoras, hacer purés significa picar fino, triturar, usar coladores y pasapurés… un rollo.
  • Limpiar verdura, pelar, picar. El nivel esperado es de restaurante de lujo. Todo debe quedar perfecto; para la comida de los criados también.
  • Limpieza y despiece de carne y pescado. Las aves llegan con plumas.
  • Preparación de mermeladas y alguna otra conserva similar. Menos cuanto más avanza el siglo, y más en campo que en ciudad.

Y todo esto es antes de empezar a cocinar. No está mal.

El lacayo, después de desayunar, se asegura de que hay leña y carbón en todos los sitios apropiados, y se pone a las órdenes primero del mayordomo y luego de la cocinera para ir a hacer una ronda de recados.

10 a.m. o cuando los dos pisos de Arriba están listos, el mayordomo repasa la ropa y los zapatos de su jefe. Se lleva los zapatos abajo para limpiarlos, y coge cualquier cosa que necesite un arreglo de costura. Lo más probable es que él no sepa hacerlo y le pida el favor a la doncella de la señora o la primera doncella. De paso que baja, habla con la señora o tal vez la cocinera para saber qué se va a comer y cenar y sugiere vinos.

A las dos doncellas, la limpieza les va a llevar bastante más de una hora. Limpian la casa entera de arriba a abajo. Todo lo que puede estar tapizado, lo está; no hay aspiradoras, y el calor viene de chimeneas, así que hay muchísimo polvo. Lo último es limpiar los dormitorios del servicio, y hacer las camas.

Se van acercando las 12 a.m. Puede hacerse una pausa para un almuerzo rápido: té o cerveza, según la época y el gusto de la casa, pan con algo… La cocinera organiza qué tiene que ir dejando hecho para la noche y mañana (limpiar pescado, hacer un caldo, una tarta) y qué tiene que estar hecho YA para que coma la señora. El mayordomo pone la mesa y se la sirve cuando está preparada.

1 p.m. o algo después: El mayordomo o el lacayo recogen la mesa. Una o más de las doncellas reparan cualquier prenda de vestir que lo necesite; las reparaciones se hacen antes de llevar a la lavandería. Puede darte asco pero piensa que se lavaba a mano; imagina el efecto de frotar si hay un pequeño descosido o un siete. La doncella de la señora se encarga de sus cosas; las plumas, pieles, lana, encaje y bordados, por decir solo algunas texturas complicadas, se frotan con un paño y mucho cuidado.

La tarde: hasta la hora de servir el té, el mayordomo puede limpiar la plata, enseñar al lacayo a hacer alguna cosa, echar cuentas (lleva todo menos las de la cocina), revisar agenda, o descansar un rato. Si la señora necesita algo que no sea su arreglo personal, se lo pedirá a él. Por ejemplo, imagina que quiere que avisen a su amiga de que le duele la cabeza y no podrá salir, o echar cartas al correo o pedirle cita a la modista. El recado lo hará el lacayo, pero a hablar con la señora irá el mayordomo, o si está muy ocupado (en la práctica: si está limpiando la plata) la primera doncella.

Puede que la cocinera ponga un rato los pies en alto si tiene por delante una cena muy agotadora.

Las doncellas se cambian la ropa de color claro con delantales blancos sencillos, para limpiar, por ropa negra con delantales con borde de encaje. A partir de ahora la primera está disponible para abrir la puerta y ambas para subir el té si el mayordomo no puede. Esto no sería lo más correcto si hubiera visitas. Son las encargadas de la ropa en lo que no lleve la doncella de la señora, así que se reparten el repaso y la plancha de la ropa de la casa, los niños, la servidumbre y el señor. Ellas o el mayordomo enseñan al lacayo a hacer estas tareas. Un criado varón debería saber planchar aunque no cosa.

El té, sobre las 5: El té se sirve a una hora puntual pero no tienen por qué ser las 17:00, puede ser a las cuatro o lo que sea. Puede haber invitados. La pinche pasó de ayudar a preparar el almuerzo a fregarlo, entonces fregó la cocina y tal vez descansó el tiempo justo de que la cocina se secara, que sería poco porque la cocina es económica y mantiene toda la planta caliente, todo el día. Ahora hay que: hacer té para toda la casa. Preparar los canapés, sandwiches o tostadas de Arriba (es de mala educación pasar directamente al dulce: en una ocasión en la que los niños tengan tarta, primero hay pan con mantequilla, como mínimo). Llega la cocinera, y revisa o hace ella esos sandwiches. Corta las porciones de bizcocho o prepara las bandejas si se va a subir una tarta entera. El mayordomo comprueba que está todo bien puesto y lo sube.

La cocinera y la pinche terminan de hacer la cena para los criados. Suelen ser contundentes y sencillas: carne o pescado todos los días, guisotes, «pies» o empanadas, patatas cocidas, cerveza en unas familias y té en otras, postres del tipo de puddings. Los días de fiesta se come por ejemplo una paletilla de cordero. Cuando toca pescado, bacalao o caballa en temporada. En una casa más pequeña, la comida de los dueños es parecida a la de los criados, solo que mejor servida, más abundante o con más elementos. En una casa grande, los dueños comen una aproximación a alta cocina francesa y preparar la cocina de los criados es tarea de una de las ayudantes de la cocina.

Cuando el té de arriba está servido, los criados se sientan a comer. Hay un estricto orden jerárquico. En una casa muy grande, los criados no necesitan estar tan coordinados, se pueden hacer turnos, y ama de llaves, mayordomo, el personal que cuide de los niños y el o la cocinera de más rango pueden comer aparte, servidos por un lacayo o criada.

En una casa mediana como esta de mi ejemplo, es lo más práctico que la señora se bañe por la tarde. Para ella lo ideal es hacerlo entre el té y la cena, y así aprovecha y se cambia de ropa. Se calienta agua en la cocina, la sube a cubos una doncella, y mientras tanto su doncella prepara toda la ropa, complementos y joyas que necesitará para arreglarse. Se baña en el cuarto de baño si lo hay, o en su vestidor. Su docnella además de preparar el baño con la temperatura a su gusto, el jabón, etc., cuando termine y se vista tiene que peinarla.

En la cocina están liados con la cena de los señores. Entremeses, sopa, carne o pescado con guarnición, postre. Más complejidad si hay visitas. La cocinera no se sienta hasta que suben la última bandeja. Entonces la criada todavía está fregando, tal vez con la ayuda de la segunda doncella. El mayordomo ha habierto la puerta a los invitados, los ha hecho pasar y él y el lacayo han puesto la mesa. Han servido la cena y luego la retiran.

Suponiendo que haya invitados, lo correcto es recibirlos en un salón, pasar al comedor cuando estén todos, comer y que las señoras se vayan al salón mientras los hombres, en la mesa, fuman y hablan de sus cosas. Al cabo de un rato, van a donde estén las señoras y dependiendo del momento histórico, toman té o bebidas alcohólicas (a principios del siglo XIX la gente elegante cenaba sobre las 5 y alrededor de 1900, sobre las ocho). Así que nuestro mayordomo fin de siècle se asegura de que haya un buen surtido de licores en el salón, se asegura de que tiene los vinos de la comida, pone la mesa, recibe invitados, baja a la cocina, sube a avisar de que la comida está lista, la sirve, pregunta a la señora si necesita alguna cosa más, espera a que los señores terminen de hablar de sus cosas de señores (tal vez le pidan un licor antes de volver con las mujeres), retira la mesa él, el lacayo o los dos, y espera a que lo llamen si hace falta algo. En una reunión íntima no se queda en la sala; cada familia tiene sus reglas sobre si prefieren llamar a un criado si quieren que traiga algo o si es mejor que se quede haciendo de camarero.

En la cocina recogen todo y si no es muy tarde, tal vez toman un pequeño resopón. La fregona lleva quince horas trabajando; los demás algo menos. La cocinera comprueba que todo en la despensa está en orden. La doncella de la señora la ayuda a desvestirse. El mayordomo comprueba que todas las puertas están cerradas, los fuegos, etc. y le da una ronda rápida a la casa.

Como puede verse, es una vida agotadora en la que se dedica muchísimo tiempo a la limpieza, pero también a tareas ligeras que en tiempos de Jane Austen o Charles Dickens y en una clase social equivalente habrían hecho los dueños de la casa, como hacer té o los recados. En una sociedad en la que era posible el ascenso social y la burguesía fue ganando terreno a la aristocracia, los modales refinados y poder permitirse servicio que les permitiera pasar el día entero mano sobre mano, sin hacer absolutamente ninguna tarea doméstica o de cuidado personal, distinguía a los ricos de verdad del resto.

Y ya solo queda la entrada sobre quién cuidaba de los niños.

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De Pemberley A Downton Abbey: el servicio doméstico en la ficción inglesa.

Parte del personal de Downton Abbey: seis doncellas, dos lacayos, los asistentes personales de los dueños de la casa, el mayordomo y el ama de llaves.

Un efecto que se percibe al contrastar las obras de Jane Austen con las novelas posteriores (Charles Dickens, por ejemplo) o con otro tipo de ficción más o menos romántica, como Downtown Abbey por decir un ejemplo reciente, es que Jane Austen se fija en la clase media-alta y se olvida de todo lo demás, muy especialmente de cómo pueden mantenerse esos campos y mansiones. El servicio doméstico era ya absolutamente clave en la vida cotidiana y las distinciones entre clases sociales cuando ella escribía, a principios del siglo XIX, pero lo da por sentado. No es algo muy significativo para esta autora.

¿Por qué era clave para distinguir clases sociales? Porque mantener criados no era barato, y como veremos, sin determinado tipo de servicio hay ciertas actividades sociales que no puedes realizar. Eso determina tu círculo. Pero vayamos poco a poco. Estas indicaciones son válidas casi desde 1790 a la primera guerra mundial.

Todo el que se lo podía permitir tenía algo de servicio por poco que fuera. La pobreza generalizada y la dureza extrema del trabajo de las fábricas y el campo hacían que las mujeres jóvenes estuvieran dispuestas a trabajar por poco más que la manutención. Si una mujer o una familia tiene contratada a una sola persona, es una chica para todo. Se levanta antes que la familia para encender el fuego, pero puede que se acueste antes. Cobra una miseria, y es probable que esté interna así que tiene la comida y el alojamiento incluidos. Libra muy poco: tal vez medio día a la semana. Es probable que la ropa no se lave en casa, y cocinan las mujeres. La señora de la casa hace bastante. Es importante recordar que casi todo el trabajo doméstico consistía en tareas que hoy hacen electrodomésticos: adquirir comida, encender fuegos, lavar ropa. Hacer jabón, velas, conservas, y prendas de vestir. Fregar cacharros con sin agua caliente corriente y sin jabón es una tarea durísima y lenta.

«La Marquesa», una niña que trabaja en condiciones de esclavitud en Almacén de Antigüedades, de Charles Dickens (1840).

Un hombre que viva solo puede tener un criado para todo. El ejemplo más famoso es Jeeves, el mayordomo en las novelas de Wodehouse. Es probable que se encargue de externalizar la colada y lo peor de la limpieza. ¿Qué hace un criado que no limpia la casa ni lava la ropa? Hacerse cargo de la carga mental. Puede preparar desayunos y comidas ligeras, quizá improvisadas. Sirve la mesa y recibe a las visitas. Hace recados. Limpia lo urgente, y lo delicado y lo valioso. Lidia con el personal externalizado. Se encarga de que la lavandería tenga las cosas limpias, escoge lo que el señor se pone. Cosas así.

Jeeves (Stephen Fry) y Wooster (Hugh Laurie) en una adaptación de los años 90.

Una unidad familiar con dos personas de servicio tiene dos opciones: en el campo, una mujer para las tareas domésticas y un hombre para el jardín, los caballos, los recados y las reparaciones caseras. Ese hombre puede ser la tercera persona si es mejor tener tres criados. Este hombre-para-todo que trabaja más hacia el exterior no es tan importante en ciudad, donde claramente lo más práctico es que la segunda persona sea otra mujer.

Si tenemos dos mujeres, una limpia y la otra es la cocinera. El ideal es un hombre francés. Lo práctico es una mujer inglesa bien preparada, y además es más barato. Una mujer también simplifica la jerarquía del servicio, que explicaré cuando hable de mayordomos y amas de llaves. La cocinera prepara dos comidas diferentes, para los señores y para los criados, y enseña el oficio a la criada que la asiste.

A partir de aquí el servicio doméstico no escala de forma proporcional ni uniforme. Posibilidades en Jane Austen., que describe un mundo rural: fregona, cocinera, y un hombre-para-todo que se encarga de los caballos, los recados, y las reparaciones caseras. La cantidad de mozos depende de la de caballos. Puede que en una casa con mucho servicio, se encargue en exclusiva de la cuadra. Un siglo más tarde, sería sustituido por el chófer.

Si subimos un escalón, entramos en lo que distingue la clase media regulera de la clase media pata negra buena de verdad: se supone que servir la mesa en la buena sociedad solo pueden hacerlo hombres. Cobran más, trabajan menos que las mujeres, y por tenerlos pagas un impuesto especial. El estatus de los criados varones está dirigido a distinguir dos capas dentro de la clase media, quienes se pueden permitir invitar a comer, y los que no.

Estos son los posibles cargos de un criado varón:

  1. Como ya se ha dicho, ser el chico para todo de un hombre soltero.
  2. Llevar caballos, o caballos/jardín/recados/bricolaje/esas cosas de hombres.
  3. Mozo de cuadras. Solo gente muy rica, con muchos caballos y en la casa del campo.
  4. Chófer. Solo gente muy rica en el siglo XX.
  5. Lacayo. Tareas: ayudar al mayordomo con su parte (el mayordomo se las trae, lo comentamos más abajo), abrir la puerta, poner y servir la mesa, y con gente muy rica o en pleno siglo XIX, hacer bonito. Literalmente. La clase de criado que está ahí para un por si acaso es siempre un hombre. Seguro que lo has visto en películas y series y nunca te habías dado cuenta.
  6. Ayuda de cámara. La ropa de hombre no es difícil de organizar o de poner, así que solo tienes ayuda de cámara si eres extraordinariamente rico. Esto es una diferencia entre las dos series que mejor describen la situación del servicio: en Downton Abbey, Robert Crawley tiene a John Bates, pero en Arriba y Abajo, Lord Bellamy ha ascendido en la carrera política desde la capa más baja de la clase media, y para él es suficiente con tneer solo tres criados hombres: mayordomo, criado y chófer. Le ayudará a vestirse el mayordomo. Eso sí, para un hombre que viaje mucho, tener ayuda de cámara facilita la vida al resto del personal, porque se lo lleva solo a él. Si Lord Bellamy viaja sin su familia, tendría que llevarse al lacayo.
  7. Y por último, el mayordomo.

El mayordomo tiene muchas labores diferentes. La más importante de un criado varón es servir la mesa. Sin mayordomo o lacayo, no puedes invitar a tu casa más que a la familia más íntima. Jane Austen solo nombra al servicio de pasada, pero si has leído Sentido y Sensibilidad, haz memoria: las Dashwood no invitan a comer o cenar. Reciben visitas cortas que nunca se quedan mucho tiempo y las invitan a ellas a sus mansiones. En otros libros no hay protagonistas con tan poco dinero, así que sus invitados pueden quedarse a comer.

Si hay mayordomo, lo correcto es que él sea quien abra la puerta y reciba a las visitas. Es quien pone la mesa para la familia, o supervisa que lo haga el lacayo. Lleva el inventario de los objetos de valor de la casa, incluido el servicio de mesa (vajilla, plata) y la bodega. Viste al señor de la casa si no tiene ayuda de cámara, lo que incluye, si no lavar su ropa, asegurarse de que está lista, planchada y guardada. Y muy importante: si no hay ama de llaves, es jefe de todo el personal que no cocine. Si hay ama de llaves, él es solo el jefe de los hombres.

Hudson en Arriba y Abajo es un modelo ideal de mayordomo.

Como este post procura ir de menos a más, se ha interrumpido la jerarquía de las mujeres. Sigamos con ellas. Resumiendo los primeros párrafos, si hay una lo hace todo menos lavar ropa (tal vez). Si hay dos, una cocina y la otra friega. Si hay tres o más, la cosa empieza a ponerse interesante. Veamos a las criadas por sus nombres en inglés:

  1. Kitchen maid: pinche, fregona. Limpia las partes de la casa que los señores no ven, hace lo más duro del trabajo de la cocina y aprende a cocinar.
  2. Housemaid: limpia, especialmente la parte de la casa donde viven los señores.
  3. Parlour maid o house parlour maid. Limpian la parte de noble de la casa por las mañanas, y por las tardes sirven el té o están más descargadas de trabajo. Si hay varias, la más antigua ocupa una posición senior respecto a las demás y las coordina o enseña. Ayuda a vestirse a las señoras que no tengan su propia doncella.
  4. Lady’s maid. Visten a la señora de la casa y también se encargan de que todas sus cosas estén limpias, arregladas y ordenadas. Teniendo en cuenta que una dama de la alta sociedad se vestía varias veces al día, y que llevaban varias capas de ropa interior y además complementos, era un trabajo más ligero que el resto pero no estaban mucho tiempo sentaditas quietas. Vestir a una hija es trabajo extra de la parlour maid más alta en la escala: la lady’s maid no se presta.

Solo queda el ama de llaves, una figura característica de casas muy grandes. Es la jefa del personal femenino de manera absoluta, y del masculino en ausencia del mayordomo. En una casa con ama de llaves, el mayordomo y la cocinera no suelen comunicarse directamente con la señora. En una casa con mucho servicio, la jerarquía doméstica tiene miga. Un repaso:

  • Mayordomo, chef y ama de llaves están al mismo nivel y en principio, hacen frente común y no se pisan entre sí. Un empleado muy junior obedece órdenes de quien se las dé, pero el mayordomo no daría instrucciones a un ayudante de cocina, por ejemplo.
  • Todo el personal está en una escala fuertemente jerárquica en el que si hay varias personas con la misma función (por ejemplo, tres lacayos) el que tenga más antigüedad coordina a los demás en ausencia del superior.
  • Esto significa que es posible, y deseable, la promoción interna.
  • El mayordomo es jefe del personal masculino siempre, y del femenino cuando la casa no es tan grande como para necesitar ama de llaves. El ama de llaves es jefa de las mujeres. La cocina es un mundo aparte.
  • La implicación de los señores de la casa en contratar servicio es muy variable. Las entrevistas de trabajo pueden ser dobles. Cuanto más junior sea la posición que hay que contratar, más probable es que la elección la haga personal senior y no los dueños de la casa.

Ahora, cómo se les llama: las criadas son por el nombre. Mary, Susan. Por el nombre pueden ser los lacayos de menor rango. Las lady’s maids y casi todo el personal masculino son por el apellido sin tratamiento de cortesía. Las amas de llaves y las cocineras son Mrs. Dirigirse a ellos o no puede variar según contexto y épocas: sirviendo la mesa, se finge que los criados no están. No se les habla, ni aunque hagan mal su trabajo. Por supuesto, la limpieza se hace «a escondidas». Se buscan momentos en los que la familia de la casa no esté. La familia y el servicio se pueden saludar, pero en conjunto se vuelven «invisibles».

Un resumen final de cuánto servicio podemos esperar en una casa en función del poder económico de los dueños. Vamos a suponer que viven en las afueras de una ciudad, lo que justifica una cuadra y un caballo o un coche, y que estamos a finales del siglo XIX o muy principios del XX. Suponemos también un hijo y una hijea menores de edad.

  • Un pequeño artesano y su mujer: Chica para todo.
  • Un sastre: chica para todo, un mozo para cuidar de un caballo, ayudar en el huerto, hacer recados, cortar leña, etc.
  • El sastre mejora de posición: cocinera, criada y mozo.
  • Al sastre le va muy bien, abre una mercería: Cocinera, fregona, criada y mozo.
  • El abuelo era sastre. Nosotros tenemos un negocio de importar seda: Cocinera, fregona, criada, mozo, mayordomo. Los chicos varones tal vez tengan un tutor, probablemente no. Este es el nivel mínimo de los Bennet en Orgullo y Prejuicio. Mínimo.
  • El negocio crece. Invitan a gente a cenar cada vez con más frecuencia, y a gente con mayor posición social: Se añade un lacayo, y dos criadas mejor que una. La señora de la casa asciende a la Primera Criada a su doncella personal. Este es el nivel de Arriba y Abajo (la de 1971).

Quedan dos posts para completar este: el cuidado de los niños, y cómo era el día a día del servicio. Así que si tenéis alguna pregunta, servirá para complementar esos.

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Embarazo y crianza

Sísifo y la lavadora.

Creo que era en Cómo tener la casa como un cerdo, un libro del humorista americano P J O’Rourke, que decía que el mito de Sísifo era una metáfora del funcionamiento de la colada: no importa cuánto hagas, siempre hay que volver a empezar. Estos días seguro que han modificado el ritmo al que pones lavadoras, ya sea para menos porque no sales a la calle, o para más si extremas la higiene. En cualquier caso, estos consejos van dirigidos a cualquier persona muy ocupada que encuentra poco tiempo para hacerse cargo de la ropa, sobre todo si tiene niños pequeños. No voy a hablar de cómo lavar, sino de cómo organizarte.

Procura poner la lavadora siempre a las mismas horas para aprovechar la discriminación horaria, si tienes, y para acordarte de vaciarla. Si la pones a diario, puedes programarla para que termine a tu hora de llegar a casa, o a un momento que tengas tranquilo (si la lavadora es vieja, puedes comprar un programador en la ferretería y ponérselo al enchufe). Si no tienes niños, puedes tender antes de salir de casa y volver para encontrar ropa seca. Si vuelves a casa a comer a mediodía, tiendes mientras te calientas algo y la ropa está seca por la tarde. Eso como tú veas. La opción de tener «el día semanal de poner varias lavadoras» mejora con temporizador: la primera lavadora está recién terminada cuando te levantas.

Lo siguiente es separar colores. Si solo hay uno o dos adultos que manchan poco, se tardarían semanas en llenar lavadoras con lo que te voy a proponer. Entonces, con una lavadora moderna, puedes hacer lavados de media carga. Con más personas es más fácil y menos engorroso separar colores. Estas son algunas de las separaciones que puedes hacer:

  • Todo lo sintético junto, especialmente si usas secadora, para que no se mezcla con el algodón. Además, no va a desteñir.
  • Algodón blanco.
  • Trapos de cocina y otras cosas muy sucias que requieran lejía, remojado o prelavado.
  • Ropa negra, que se puede mezclar con la ropa muy oscura para rellenar. Mis toallas son azul eléctrico así que hago lavadoras de camisetas negras y toallas, o de negro con rojo.
  • Algodón de colores. Casi todo lo que queda por nombrar es ropa no muy gruesa (tejidos tipo camiseta) de colores claros.
  • Si hay MUCHA ropa, merece la pena separar lavadoras por algodón fino o grueso (para cuando el pantalón vaquero se ha secado en la secadora, las camisetas están tostaditas como biscotes y eso daña las fibras) o por colores claros/oscuros.
  • Ropa delicada. Jerseys. Seda.

Lo que considero imprescindible es separar la ropa delicada y la muy oscura. Si tienes secadora, es imperativo separar sintéticos. Para lo demás, tú decides cuánto quieres complicarte. Si en casa sois por lo menos tres, no se tarda mucho en «llenar» lavadoras separadas por colores.

Pon lavadoras llenas en aproximadamente un 80% de su capacidad. Lavar apretao hace que no quede igual de limpio, lavar menos es poco eficiente. Eso va en gustos.

Ahora lo más importante: Si hay un niño, empieza por su ropa. Tiene poca y mancha mucho. Llena la lavadora y completa con ropa tuya de la misma calidad (algodón de color, o lo que sea). O sea: tienes un bebé y mucha ropita blanca: metes su ropa y tus toallas, y la segunda lavadora del día es de color. Tienes un niño y algodón de color. Metes eso, y completas con tu ropa. Tienes un adolescente y ropa deportiva sintética. Lo vas pillando.

La segunda lavadora del día es de lo que te convenga a las personas que trabajan fuera de casa. No priorices lavar ropa de casa: toallas, sábanas, trapos, pijamas, ropa vieja que solo uasas para estar en casa. Las únicas razones para lavarla son que te estás quedando sin limpios, o no hay nada más que lavar. Digo esto porque es ropa que abulta mucho, pero a lo mejor mientras estás lavando trapos, tu camisa favorita está al fondo de la bolsa.

Excepción: si alguna prenda tiene una mancha de algo biológico, haz el pretratamiento adecuado y métela en la siguiente lavadora, aunque esa no puedas ponerla enseguida. La ropa con restos de comida dejada ahí sin más puede ponerse mohosa, por ejemplo, y además de ser una guarrada esas manchas sí que no salen nunca. Afortunadamente solo me ha pasado con una acumulación de baberos, pero desde luego ya nunca más.

Cómo organizar todo esto: Usa bolsas, o cubos de paredes rectas, que ocupan menos espacio que los cubos cilíndricos. A veces se encuentran con separaciones interiores, que puede ser práctico. Yo tengo dos cestos grandes para blanco/color, un cubito muy pequeño para los trapos y otras cosas muy sucias, y una bolsa para la ropa delicada. Depende mucho del espacio disponible.

Uno de los mayores retos cuando mi hijo era un bebé era tener yo suficiente ropa limpia y presentable para ir a trabajar. Espero que estos consejos te ayuden a simplificar la tarea a ti también.

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Cine y televisión Literatura

Comentario de textos, y van tres: tipos de villano.

Tim Curry en Legend (1985)

Bueno, tenemos una entrada para saber qué es un comentario de texto, y otra entrada para separar el análisis de personajes de la teoría general. Continuemos con una pequeña pista sobre los villanos, que son más fáciles de detectar que de definir.

Los villanos son malvados, y aunque puedan ser personajes atractivos, su esquema de valores se opone al del público y al del héroe. A veces son protagonistas, o están cerca de serlo. Hay dos grandes modelos de villano que podemos ilustrar con la ayuda de Shakespeare:

El primero está en Otelo. Mini resumen: Otelo se casa con Desdémona, y uno de sus dos mejores amigos, Yago, en realidad lo odia, así que planea convencerlo de que su mujer le es infiel con su otro mejor amigo. El planteamiento es así de sencillo: «Odio a Otelo, expongo motivos irrelevantes o falsos, o simplemente me gusta hacer daño. Mi afrenta no tiene nada que ver con el modo en el que elijo mi venganza. Procedo a arruinarle la vida, y vosotros a morderos las uñas». Generalmente, admiramos la capacidad de este tipo de villano para los planes perversos. En Otelo, Yago es un personaje con unas líneas magníficas y cualquier actor querría interpretarlo, pero el argumento y nuestro interés se centran en qué pasa con sus víctimas.

Dominic West y la mirada intensa. Producción de Daniel Evans, 2011.

El otro gran modelo que nos da Shakespeare de villano es Ricardo III. En España es menos conocido. Hay una película moderna, con Ian McKellen (1995, ambientada alrededor de 1930 en una sugerencia de protofascismo), un documental llamado Looking for Richard con Al Pacino (1996) y una serie que enlaza todos los dramás históricos shakesperianos, con Benedict Cumberbatch en este papel (The Hollow Crown, 2012-2016). «Ah, que soy el décimo en la línea de sucesión? No me parece un problema nada complicado habiendo sicarios».

Ian McKellen en Ricardo III. Los monólogos de esta versión a menudo rompen la cuarta pared.

Los motivos de Ricardo III son creíbles, porque lo mueve la ambición. Su maldad es una estrategia para conseguir llegar al trono y mantenerse en él. La obra puede funcionar en un «porque sí» pero sus motivaciones también importan. Es sólido. Se porta como una persona normal, pero más malvado. La obra es su historia. En este caso es el protagonista, pero eso es una añadidura, no la base del personaje.

Ninguno de los dos modelos es mejor. Los villanos estilo Yago están ahí para dar algo que hacer a los héroes. Los villanos estilo Ricardo están ahí porque el mal nos interesa. En los últimos años, han proliferado las películas con un esquema más «ricardiano», en géneros muy diversos, subvertiendo las expectativas del público, tanto para divertir como para provocar empatía.

Antes de los Minions, estaba Gru. Pero ser malo no le salía muy bien.
Joker pasa de ser un obstáculo a Batman a tener su propia historia.

Lo importante es que el villano sea coherente dentro de su propia obra, en sus motivaciones y desarrollo. No hay un modelo único, y esta dicotomía que estoy presentando es solo un punto de partida. Depende mucho de qué tipo de historia se quiera contar. Puede que en cinco años, se hayan acabado estos villanos que miran a cámara y se muestran encantados de ser así de malos.

Qué mala, pero qué mala soy.

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Literatura

Madres en la ficción.

David Copperfield en un grabado de la novela original: su madre se desespera y su padrastro espera a que se equivoque para castigarlo.

¿Os habéis fijado en que las madres de muchas obras de ficción, clásicas y modernas, son menos importantes y menos interesantes que los padres? Incluso podemos ver que a menudo la madre está muerta, ya sea antes de comenzar la acción o justo en sus inicios.

¿Por qué ocurre esto de forma tan repetida? La primera respuesta es indirecta. Si Buscando a Nemo empieza con la muerte de la madre, es en parte porque en las escuelas de guión y facultades de letras se empieza por estudiar los modelos de éxito anteriores, audiovisuales o literarios. A menudo, la ruta hasta un aprendizaje de este tipo, al menos en EEUU, pasa por lo que en España sería un Grado en Estudios Ingleses. Sí, la producción audiovisual toma como sus primeros modelos clásicos literarios y éstos tienden a ser novelas del siglo XIX porque además quienes crearon las bases del lenguaje cinematográfico a principios del siglo XX lo hicieron fijándose en la novela clásica inmediatamente anterior. Y en la novela del siglo XIX es más fácil encontrar un avión que una madre viva y funcional.

Y ahora, como el niño que no para de preguntarnos «¿Y por qué?», repetimos. ¿Por qué en los novelones del siglo XIX no hay madres en condiciones? La primera razón no literaria es que la posición social de las mujeres estaba en profunda discusión en ese momento. Las mujeres necesitaban educación suficiente como para ser buenas madres en un mundo sin escuelas, pero no tanta como para que tuvieran ideas propias. Tenían que quedarse en casa, pero si eran pobres no había más remedio que trabajar por cuenta ajena. Tenían que ser el centro del hogar, pero para pertenecer a la buena sociedad debían tener criados. Es muy difícil ser un ser pasivo, madre, ama de casa, buena compañera del marido, inteligente, inspiradora,  y además estar satisfecha con tu lugar en el mundo. Las características positivas a la visión burguesa del siglo XIX de una mujer que ya ha completado su trayectoria vital la hacen un persona muy poco interesante desde el punto de vista literario, y más si solo funciona como apoyo al protagonista.

Hasta ahí la razón histórico-social. Pero en cualquier momento histórico, las madres en literatura son un elemento complicado. Hay una diferencia importante entre padres y madres. El padre puede ser una figura que protege, un héroe, o un mal padre. El padre es un Señor que Hace Cosas, o que debería hacerlas. Pueden ser una figura autoritaria con la capacidad  de prohibir lo que el protagonista quiere conseguir. Y sobre todo, es quien tiene el poder económico y social. La pérdida del estatus del héroe viene de perder al padre o a ambos padres.Por ejemplo, Jane Eyre y Harry Potter son los dos huérfanos, pobres e indefensos. Por decir un ejemplo más moderno, Rey en Star Wars empieza en el mismo lugar. Sin padre o sin ambos padres, los protagonistas no tienen Lugar En El Mundo y se lo tienen que buscar. Y además, estos tres personajes tan diferentes y tan lejanos en el tiempo tienen en común no solo que empiezan sus historias pobres y a merced de gente cruel que los desprecia (familia para Jane y Harry, no así para Rey) sino que además tienen que lidiar con bastante autodesprecio y con dudar de si merecen amor, o si son de naturaleza maligna, con alguna vinculación misteriosa al villano. Hace falta no tener padres para que esas dudas tengan sentidos. Son protagonistas sin raíces que las crean con sus amigos, y ganan esos amigos al mismo tiempo que su autoconcepto.

Harry Potter en el hueco de la escalera.

Cuando solo falta la madre, lo que pasa es que suena duro, pero desde el punto de vista del hijo, el papel de una madre es que o te cuida o no. Las mujeres hemos trabajado siempre, pero ser madre de niños pequeños lo dificulta mucho, nuestro trabajo se acerca a lo doméstico, y para los hijos importa más bien poco.Para el héroe, su madre no es Una Persona Que Hace. O está o no está disponible.

Un padre puede entrar en patrones relacionados con la emulación. Puede castigar, acompañar o decepcionar. Un ejemplo no infantil: en La Hoguera de las Vanidades, el narrador cuenta cómo a Sherman McCoy se le cae el alma a los pies al darse cuenta de que su padre, un abogado jubilado que le ha mostrado muchas veces su decepción, no es más que un señor muy cansado, y bastante ignorante de la vida fuera de su clase social alta. Un personaje adulto no puede descubrir de repente que su madre no lo sabe todo, porque la posibilidad de admirar a una mujer que todo lo sabe o todo lo arregla no existe.

En cambio, patrones más frecuentes en el tratamiento de las madres son:

  1. La madre muerta antes de empezar, como ya se ha descrito.
  2. La madre que no cuida, o cuida mal. Se parece mucho a la madre muerta en lo que afecta al protagonista, pero sirve para añadir reflexiones sobre qué es educar/cuidar bien.
  3. La madre que te cuida. Así el protagonista tiene un hogar al que volver, un referente educativo, una mujer que hace feliz al Padre que Hace Cosas. Penélope, por ejemplo. Es heroica, pero no sale de su cuarto.

La cuestión está en que a menudo da igual si fue la madre del protagonista quien le enseñó a cazar dragones. O era mala porque no cuidó del protagonista (modelo de madre número 2) o era buena, te enseñó a matar dragones y ahora ya te vas tú a tener aventuras (madre número 3). Y no tiene gracia saber que si un dragón te quema el flequillo puedes volver a que te lo repase tu madre. Si está muerta hay mucho más drama, más conflicto, más interés. No necesitamos verla morir, solo queremos que el protagonista salte sin red.

Naturalmente, todo esto tiene excepciones. Hay escritores hombres capaces de escribir buenos personajes maternales, a veces villanas o antagonistas. Lady Capuleto en Romeo y Julieta no es mala pero se opone a los deseos de su hija. La madre de Carrie, de Stephen King, sí es auténticamente malvada. La madre de Buffy mientras se mantiene ahí es una de las mejores creaciones de Joss Whedon, es muy difícil tener un secundario que hace poco y no aburre. Terry Pratchett tiene varios intentos de variado éxito, como Magrat Garlick, Nanny Ogg y Lady Ramkin. Hay, sin embargo, un modelo maternal que me parece característico de escritoras, y son las historias familiares que cuentan varias generaciones, ya sean biografías o novelas. Algo que puede empezar con «a mí no me miréis; os voy a contar la historia de mi madre. Bueno, mejor empiezo por mi abuela. Mi abuela tenía mucho carácter…». Se puede citar Caramelo, de Sandra Cisneros (novela), o Cisnes Salvajes, de Jung Chang (memorias). Sin embargo, no conozco historias escritas por hombres que pueda resumir en «Esta novela parecen mis aventuras pero en cinco páginas verás que no, que te estoy contando la biografía de mi padre y mi abuelo. Yo soy un pringao y no me enteré del Mito Fundacional Familiar ni del Gran Secreto hasta los 25». No quiero pensar que hay historias más típicamente masculinas ni femeninas, ni modos de narrar por géneros, pero sí que me parece característico que las «sagas familiares» escritas por hombres tienen más dificultad para la narrativa matrilineal.

¿Cuál es tu madre de ficción favorita?

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Feminismo

Sororidad

Ni siquiera tenemos una definición satisfactoria de la sororidad, y mira que es fácil, porque esta vez el diccionario de la RAE lo deja muy claro.

1. f. Amistad o afecto entre mujeres.

2. f. Relación de solidaridad entre las mujeres, especialmente en la lucha por su empoderamiento.

La amistad y el afecto nunca son un imperativo. No se las debes a nadie, ni por ser ambas mujeres, ni tal vez por ser feministas o compañeras en alguna otra causa común. La sororidad no es más que el nombre que damos a la amistad de las mujeres. Nadie se espanta de que tengamos una palabra especial para las nueras, las reinas o la maternidad.

La sororidad debe ser nombrada porque nos dijeron que las mujeres son traicioneras. Porque nos dijeron que un niño malo, pase, pero que una niña mala es retorcida, es insoportable. Que las niñas siempre son peores porque guardan rencor.

La sororidad es quedar a desayunar porque no hay tiempo para más.

Es enviar por correo ropa usada de niño. Paquete internacional si hace falta. Son los wasaps de audio y las llamadas de teléfono a medianoche. Es contar y escuchar cosas sobre sexo, familia y dinero de las que te dijeron que «de eso no se habla».

La sororidad es reconocer un dolor o una felicidad similares a las tuyas en la experiencia de la mujer que creías distinta a ti.

La sororidad es llevar en el bolso pañuelos y compresas que no necesitas en ese momento. Es tener un tubo de crema de manos a compartir entre varias, en el trabajo. Es saludar a mujeres que trabajan en el mismo edificio y saber cómo se llaman sus niños. Es sorprenderte cuando ves la diferencia entre tus conversaciones de café y las de los hombres.

La sororidad es decirle a tu amiga que ese tío es gilipollas. Es decirle a tu amiga que ese familiar cercano, sí, esa madre o ese hermano, son gilipollas. Es saber cuándo «Amiga, date cuenta» es comedia, tragedia o terror.

Os quiero, amigas mías.

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Cine y televisión Literatura

Comentarios de texto, 2: el profesor Snape te enseña a analizar personajes.

El profesor Snape, en Harry Potter.

Esta entrada requiere conocer el universo Harry Potter a la altura de Harry Potter y la Piedra Filosofal. No tiene spoilers muy grandes, pero algo se puede escapar sobre los últimos libros.

Ya tenemos una entrada sobre cómo hacer comentarios de texto genéricos. Para mí, comentar verso es más fácil que comentar prosa, porque la capa fónica es mucho más rica, siempre hay más que analizar y a menudo son textos más elaborados. Un texto simple o muy fácil de entender es más difícil de comentar que uno complejo. Por otra parte, el análisis o comentario de personajes tiene sus propias reglas.

Para estudiar personajes es útil partir de una clasificación clásica, como las funcionales, y luego añadirle tu toque personal u otras técnicas de comentario más modernas. En una clasificación funcional, contamos con estos presupuestos.

  • Un personaje es aquello para lo que sirve. Ahora entro en detalles con esto.
  • Una función tiende a llevar con ella unas características.
  • Un personaje no es una persona. Esto último lo escribes en un post it y se lo pegas a la pantalla o al papel en el que haces tu comentario. No se puede repetir demasiadas veces.

Que un personaje sea una función no quiere decir que sea un estereotipo. Puede ser verosímil, «recordarte a una persona», puede tener una caracterización muy rica, muy compleja, un poco contradictoria… lo que quieras, pero sigue teniendo una función. Repasemos las principales en las novelas de Harry Potter:

1. El héroe. El lector se identifica con sus valores, es «bueno», es centro de la acción. Es decir, Harry.
2. La heroína. No contribuye de manera significativa al desarrollo de la acción; para lo que sirve es para ser un premio al héroe. Sobre la heroína, no pienses «Pero es que las chicas en Harry Potter no son precisamente Rapunzel esperando que la rescaten»: no estamos valorando si son pavas o listas, sino hasta qué punto son necesaria para que la acción se desarrolle y culmine.

Hermione y Ginny. La diferencia entre la heroína y el «Héroe femenino» está en la pregunta «¿Este personaje está funcionando como la recompensa de un héroe, o tiene sus propios problemas e intereses?»

3. El héroe femenino. Para saber si un personaje es heroína o héroe femenino, no mires su «personalidad». No es una persona. Mira si te importa lo que le pase, si su trayectoria sirve para algo más que para que un héroe se empareje.
4. Los aliados. Los personajes «buenos» que ayudan al héroe. Aquí, todos los amigos de Harry, y casi todos los profesores.
5. El villano y sus aliados. El héroe suele tener el esquema de valores del público, y el villano el opuesto, es decir, uno es «bueno» y oro es «malo», pero esto no es tan importante como que el villano quiere destruir al héroe. Si tomamos Voldemort, los mortífagos.
6. El antagonista. Hasta ahora, todo lo demás podrías verlo en el cuentecito más simple, pero este tiene más miga. Se diferencia del villano en que su interés principal no es cargarse al héroe, pero puede ser su enemigo porque los intereses de ambos son incompatibles. Y Snape es un buen ejemplo de ello. No soporta a Harry, casi nunca quiere lo mismo que él, y además es difícil de etiquetar como alineado con los personajes buenos o los malos. No estamos diciendo si es «bueno» o «malo», porque no es una persona.

Este es una de las grandes ventajas de un análisis funcional. Podemos observar si el personaje encaja bien o mal en una función simple, qué esquema de valores tiene, y si tiene las características más habituales de esa función. Por ejemplo, como aliado Ron es bastante torpe, es envidioso…para lo más importante, que es vencer a Voldemort, es poco útil. «Harry cuenta con un equipo muy numeroso de aliados, pero el más cercano a él es un manta, y esto sirve para dar interés y acción porque hay que salvarle tan a menudo como él ayuda, o más», es comentario. «La función de Ron es ser el chico normal, de andar por casa, que a Harry le habría gustado ser; Harry se beneficia de tener al lado un amigo que no destaque mucho, alguien con quien hacer el tonto entre tanta seriedad», también. Ninguna de estas dos afirmaciones es más correcta que la otra. Podemos por tanto hablar de si el villano es simpático, carismático o todo lo contrario, de si tenemos a un héroe pasivo o contra su voluntad, etc.

Hace ahora más o menos un siglo se introdujo la distinción entre personajes planos y redondos. Es una chapuza porque es en sí misma un estereotipo, pero en común con la funcional nos puede servir. Un personaje «plano» es estereotípico, simple y sin evolución. Uno «redondo» es verosímil, complejo, y evoluciona. Snape es «redondo», pero sigue sin ser una persona. Espero que quede claro que si hacemos bromas con que somos del #TeamSnape (yo, la que más), es porque es un personaje bastante bien hecho, con el que JK Rowling da un par de sorpresas muy raras (el pacto con Mamá Malfoy y «Always»), pero que engancha igual. ¿Que es un amargado que odia a Harry porque es Gryfindor? Te gusta ver cómo va a escapar Harry. ¿Que se porta de forma imperdonable con Hermione? Quieres ver que se hace justicia ahí (nadie, nunca, le hace justicia a Hermione, pero esta entrada evita el análisis de este personaje porque otras lo han hecho antes y mejor).

Sigamos con Severus Snape. Si fuera una persona que conoces, lo odiarías. Te daría asquillo. No tiene sentido pensar en él como compañero de trabajo, amigo o familia. Tiene de verosímil lo justo para un barniz de gente que te cae mal, como un jefe muy estúpido. Hace lo que esperamos de una caricatura de profesor malintencionado sin ser tan predecible que aburra, hasta que 1) se le da una contradicción en el pacto con Mrs Malfoy que abre Harry Potter y el Príncipe Mestizo 2) Cambiamos por completo nuestra opinión de él al final del libro 3) Se da, mucho más adelante, en el siguiente libro, una explicación a las contradicciones anteriores. De otro modo: es entretenido de leer porque es «malo» pero está «del lado de los buenos», se opone a nuestro héroe y nos encanta ver a Harry salir de obstáculos puestos por Snape (porque para eso es un antagonista). Y justo cuando parece que está manoseado, un libro abre y cierra con acciones suyas brutales y sorprendentes. Además, el libro siguiente resuelve las contradicciones de forma muy satisfactoria, porque sus justificaciones no son «malvadas» pero están fuera de los intereses del conjunto de los personajes. Son egoístas. Puedes considerarlas buenas u horribles.

El párrafo anterior ya empieza a ser comentario. He mezclado un análisis de la estructura de la saga, un análisis «plano/redondo» sobre la «personalidad» de Snape, he empezado a contar que hace un viaje antagonista – villano – aliado a su pesar.

El estudio de personajes no es fácil, pero bien hecho ilustra muy bien las obras. ¡Espero que estas indicaciones os resulten útiles!

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Educación Literatura

Cómo hacer un comentario de texto, y por qué no consiste en dar tu opinión.

Aprender a hacer un buen comentario de texto es una de las tareas más difíciles del estudio de las Humanidades. Tienen un nombre engañoso, porque todos sabemos que «un comentario» es «una opinión», y claro, soltamos nuestra opinión y nos suspenden. ¡Y yo tengo derecho a dar mi opinión! Pues veamos por qué un comentario no es una opinión. Si lo fuera, y no te cabe en la cabeza suspender sólo por opinar, no debería ser una tarea evaluable. No tiene sentido evaluar lo que todos sabemos hacer. Todos podemos decir «no me gusta», ¿verdad? En fin, en estos días en los que se evalúa hasta asistir a clase todo es posible, pero no.

¿Por qué nos mandan hacer comentarios de textos? Para evaluar lo siguiente:

  1. Nos sabemos la teoría.
  2. Podemos exponerla sin soltar un rollo memorizado.
  3. Comprendemos lo leído.
  4. Nos expresamos correctamente…
  5. …incluida la capacidad de expresar una opinión argumentada.

Son bastantes ideas, ¿verdad? Lo siguiente es saber distinguir comentario de análisis. En Bachillerato, yo hacía análisis, y me costó muchos años pasar del análisis al comentario. Un análisis es una descripción de un texto, y el comentario de texto es una interpretación que va más allá del análisis. Una opinión, finalmente, es un juicio de valor. Eso significa que un comentario ni siquiera necesita adjetivos. No necesita «me gusta», por sorprendente que parezca.

Las palabras mágicas son «como vemos en el texto». Si puedes insertar un «como podemos deducir del texto» en cada frase (aunque no lo vas a hacer, porque quedaría muy repetitivo) es muy posible que estés escribiendo un comentario. Si no, estás escribiendo otra cosa.

¿Qué puede salir mal? No demuestras que te sabes la teoría; por ejemplo, sitúas el texto en la época histórica equivocada. recuerdo a una compañera escandalizada y que guardó rencor durante años porque habló de represión católica en un texto inglés del siglo XVIII (porque «para ella», «en su opinión», qué más da católico que protestante). O mencionas teoría que estaba en el tema, pero que no sale en ese texto. En suma, hablas de algo que no es el texto. Otra posibilidad es que das opiniones que no puedes fundamentar, lo que incluye no citar correctamente. Por último, no te expresas con claridad y corrección.

Voy a poner algunos ejemplos a partir de la primera página de Orgullo y Prejuicio, porque mi especialidad es la literatura inglesa. Aquí la tienes en español y copio un trocito, igualmente:

Es una verdad universalmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa.
Sin embargo, poco se sabe de los sentimientos u opiniones de un hombre de tales condiciones cuando entra a formar parte de un vecindario. Esta verdad está tan arraigada en las mentes de algunas de las familias que lo rodean, que algunas le consideran de su legítima propiedad y otras de la de sus hijas.
––Mi querido señor Bennet ––le dijo un día su esposa––, ¿sabías que, por fin, se ha alquilado Netherfield Park?
El señor Bennet respondió que no.
––Pues así es ––insistió ella––; la señora Long ha estado aquí hace un momento y me lo ha contado todo.
El señor Bennet no hizo ademán de contestar.
––¿No quieres saber quién lo ha alquilado? ––se impacientó su esposa. ––Eres tú la que quieres contármelo, y yo no tengo inconveniente en oírlo.

Esta sugerencia le fue suficiente.
––Pues sabrás, querido, que la señora Long dice que Netherfield ha sido alquilado por un joven muy rico del norte de Inglaterra; que vino el lunes en un landó de cuatro caballos para ver el lugar; y que se quedó tan encantado con él que inmediatamente llegó a un acuerdo con el señor Morris; que antes de San Miguel vendrá a ocuparlo; y que algunos de sus criados estarán en la casa a finales de la semana que viene.
––¿Cómo se llama?
––Bingley.
––¿Está casado o soltero?
––¡Oh!, soltero, querido, por supuesto. Un hombre soltero y de gran fortuna; cuatro o cinco mil libras al año. ¡Qué buen partido para nuestras hijas!
––¿Y qué? ¿En qué puede afectarles?
––Mi querido señor Bennet ––contestó su esposa––, ¿cómo puedes ser tan ingenuo? Debes saber que estoy pensando en casarlo con una de ellas.

Un buen comentario empieza con tu conclusión personal, o con la identificación del texto. Tu conclusión no es opinión, sino interpretación. Por ejemplo: En este texto se utiliza la ironía para caracterizar a los personajes. En este texto se muestra el esquema de valores de la sociedad. En este texto se observa cómo las circunstancias económicas afectan a los personajes hasta lo más íntimo, hasta los sentimientos. En este texto se muestra una visión pesimista de las relaciones de pareja. ¿Ves es una técnica muy fácil de usar si el texto es relevante para el lector, si lo comprendes y te interesa, aunque no te guste. También puedes empezar identificando el texto, pero no le dediques más de una oración o dos. «Este texto es tal capítulo de tal novela, de tal autor de tal siglo, antes del texto ha ocurrido tal y después ocurrirá cual.» y entonces, hala, a entrar en materia. Si elaborásemos más un pequeño comentario de principante sobre ese fragment, deberíamos mencionar la ironía, el concepto de comedia costumbrista y su significado, las clases sociales y que se trata de la clase media, y el «Wit» o ingenio. Tal vez, el interés didáctico. Pero lo más importante es que ninguna de tus menciones a estos elementos tendrá ningún valor si no las justificas. «El texto utiliza la ironía aquí y lo hace para…» «La comedia costumbrista presta atención a…, como se ve cuando Mrs Bennet dice que…»

Algo que sería un error, por ejemplo, sería hablar aquí de que la novela da mucha importancia a un tema de interés a lo largo del siguiente siglo y medio que es la educación de las mujeres y cómo conjugar que no quieres que las mujeres de clase media trabajen, con que si no las educas estás perjudicano a la formación de su carácter. Qué educación debe recibir una mujer y quién debe dársela. Es verdad que Jane Austen y Orgullo y prejuicio versan sobre ese tema, pero el fragmento señalado no.

¡Y esto sería todo! Te deseo que escribas excelentes comentarios de texto sobre obras que te encanten.

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Embarazo y crianza

Más sobre el sueño infantil: Estivill y por qué los «métodos» tienen trampa.

Disclaimer: esto no es una guía para dormir bebés. Es solo una crítica a todos los manuales para dormir niños, empezando por un estilo. Todos son autoayuda, y como todos los manuales de autoayuda, son mentirosos, simplificadores y manipuladores.

Cuando mi hijo tenía unos seis meses, escribí un post sobre el sueño de los bebés. Ahora que cumple tres años, aquí va un poco más sobre los problemas de sueño que nos podemos encontrar y por qué ningún método de libro funciona, Estivill menos que ninguno.

Lo único que casi todos tenemos claro es que nos beneficiamos de tener rutina, y los niños más, porque aún no han aprendido a razonar las cosas. Hay al menos un autor que dice que no, utilizando analogías chapuceras respecto a los adultos: como tú no haces lo mismo un martes y un sábado, en febrero y el agosto, pues que los niños no «necesitan» rutina. Eso lo he leído yo en libros que me dolió pagar. Me he deshecho de ellos así que no puedo citar libro y página, pero si buscas «Carlos González rutina niños» en internet, leerás que las rutinas no son ni buenas ni malas. Eso es entre mentira y una manipulación de la verdad, y no es la opinión mayoritaria. Otra experta, Rosa Jové, sí dice en su libro que las rutinas son buenas, no para inducir al sueño sino para crear un ambiente agradable, para comprobar qué funciona con un niño concreto. A todos nos reduce el estrés que la vida sea previsible, y un niño de dos años no sabe qué cosa es un miércoles y si eso se come. Por caótico que sea el niño o su familia, ayuda que todo ocurra en un orden y más o menos a la misma hora: el baño, la cena, el cuento, a dormir. Te das cuenta de que se lo pide el cuerpo.

Si no has leído ningún libro sobre crianza, tal vez no sepas que tienes dos opciones en los extremos y nada en medio: una es acompañar al niño en su cama o en la tuya, donde él quiera y como él quiera, y la otra en España se conoce como «método Estivill» y en el resto del mundo como Ferber por el médico que se lo inventó. La idea es que los niños duermen bien o mal por cómo los has habituado, y que si los duermes acompañándolos no van a saber hacerlo de otra manera. Sobre todo, si se despiertan de madrugada van a esperar el mismo grado de dedicación que a las nueve de la noche, porque los has condicionado a que si no estás tú, no se duermen, como si fueras su almohada favorita. La solución es que la única manera de dormir a los niños y bebés es dejarlos en su cama, en su cuarto, y largarte hasta la mañana siguiente, da igual que lloren, chillen o prendan fuego a las cortinas.

Es fácil de formular. Norma número 1: no dejes que el niño se duerma NUNCA en un sitio distinto de su cuna o cama, fuera de tu habitación.

Norma número 2: No acudas a ver por qué llora. Consuélalo desde la puerta del cuarto. Se dormirá tarde o temprano. Aprenderá a no llamarte.

Al principio este método se defendía desde el nacimiento o casi, y ahora desde los seis meses. No quiero entrar en la parte ética (dicen que el niño no sufre secuelas al llorar y a mí me da igual si no crea un trauma: en ese momento el niño sí sufre). La primera norma, como cualquiera que ha tenido a un bebé muy pequeño puede comprobar, es de cumplimiento casi imposible. Se te va a dormir en brazos porque es pequeñín y está a gusto. Decir que «no es capaz de dormir en la cuna porque lo coges» es decir «no sabe saltar a la pata coja porque lo coges». Es decir, si es de sueño fácil se dormirá donde pille, y si es de sueño difícil, vete a saber. Podría decirse «intenta acostumbrar al bebé a que en su cuna se está a gusto. Quédate cerca para que te huela, tócalo». Pero decir «depende» no vende libros, y una base de este método es que el niño duerma lejos de su madre.

Además, algunos recién nacidos no son capaces de dormirse tumbados porque tienen cólico o reflujo y les duele. No es buena idea dormirlos en una sillita o cuco, porque no sostienen la cabeza. Es un fastidio, para ellos y para quien los cuida. No hay más solución que esperar a que maduren un poco y el problema digestivo se resuelva solo, o cambiar de marca de leche si toman biberón, o cambiar la dieta de la madre si toman teta, porque algunos alimentos les pueden sentar mal de esa manera indirecta.

Ya que estoy hablando de la teta, añado: dar de mamar por la noche suele ser incompatible con tener el niño en otra habitación, o lejos de la madre, o incluso en la cuna. Muchas veces, lo que ayuda a mantener la lactancia, o a hacértela más llevadera, es lo contrario de lo que viene en cualquier método que venga en un libro. A la porra las reglas, todas ellas. Haz lo que más os compense a ti y al bebé.

Por otra parte, el método del «ahí te pudras» no tiene en cuenta que un niño que llora de noche a lo mejor quiere algo que le negarías, como dormir en la cama de otra persona, jugar, o levantarse porque cree que es de día, pero tal vez, igual que te pasa a ti, tiene hambre o le duele algo. Es una temeridad no acudir a la llamada de un niño. Lo práctico sería decir «si llora de noche, comprueba si no se ha hecho daño, que no está mojado, consuélalo, dale de comer si es lo que pide, y dile que cada uno duerme en su camita y que hasta mañana. Entonces te vas». Pero «depende» no vende libros, y el método insiste en que no entres en el cuarto. Como mucho, desde la puerta. Mi matrona, en las clases de educación maternal, nos explicaba que con un bebé que llora, si todo lo demás falla, debíamos desnudarlo y mirar si se le había enredado en un dedito un pelo nuestro, o un hilo de la ropa. Estivill pensando que tienes un pequeño manipulador, y la criatura con un dedo atado.

Por último, todas las estiviladas que te hayan contado dejan de funcionar cuando el niño no duerme en una cuna. Si se siente solo o se aburre, saldrá de la cama y te buscará por la casa. Puedes pelearte con él para que vuelva a su cama, o acompañarlo. Tú verás. Puedes ser muy firme y acostumbrarlo a que no, no se puede quedar en el salón, aunque diga que tiene sueño, ahora hay que dormir. Pero eso no significa que te vaya a hacer caso.

Nosotros experimentamos lo que yo llamé bromeando «el estivill flojito» a los 12 meses, porque el bebé se había acostumbrado a dormir en un carrito y queríamos que durmiera en la cuna, en nuestra habitación. Lo consolábamos en brazos o lo metíamos en la cuna, pero no podía estar en otro sitio. «Consolarlo sí, dormirlo no, a la gente no se la duerme, se duermen solos cuando tienen sueño» ha sido un poco el lema en casa. Tardamos varios días, pero acabó por funcionar. No había más remedio, de la cuna no podía salirse, acababa por vencerlo el agotamiento. Ahora, cuando se despierta de madrugada, quiere venir a nuestra cama, y se lo impedimos no porque Dormir Con Mamá Está Mal, sino porque no cabemos bien y yo no duermo. Si lo intenta cerca de la hora de despertarme, me da igual y lo dejo. Una vez más, la respuesta a si dejar que un niño duerma en tu cama es «depende».

Lo que veo, y con esto concluyo, es que el método estándar de moda dice que el niño me necesita, que es normal que un niño duerma poco e interrumpido, que debe dormir donde y cuando quiera. El método de moda me dice, hablando claro, «jódete, pues claro que te vas a pasar unos años sin dormir, haberte comprado un cactus». El Estivill propone cosas falsas como que si dejo a un niño dentro de su cama, se quedará quieto dentro de ella, aunque sea llorando. El método estándar desprecia las necesidades de las madres, pero al menos no nos miente.