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Comentario de textos, y van tres: tipos de villano.

Tim Curry en Legend (1985)

Bueno, tenemos una entrada para saber qué es un comentario de texto, y otra entrada para separar el análisis de personajes de la teoría general. Continuemos con una pequeña pista sobre los villanos, que son más fáciles de detectar que de definir.

Los villanos son malvados, y aunque puedan ser personajes atractivos, su esquema de valores se opone al del público y al del héroe. A veces son protagonistas, o están cerca de serlo. Hay dos grandes modelos de villano que podemos ilustrar con la ayuda de Shakespeare:

El primero está en Otelo. Mini resumen: Otelo se casa con Desdémona, y uno de sus dos mejores amigos, Yago, en realidad lo odia, así que planea convencerlo de que su mujer le es infiel con su otro mejor amigo. El planteamiento es así de sencillo: «Odio a Otelo, expongo motivos irrelevantes o falsos, o simplemente me gusta hacer daño. Mi afrenta no tiene nada que ver con el modo en el que elijo mi venganza. Procedo a arruinarle la vida, y vosotros a morderos las uñas». Generalmente, admiramos la capacidad de este tipo de villano para los planes perversos. En Otelo, Yago es un personaje con unas líneas magníficas y cualquier actor querría interpretarlo, pero el argumento y nuestro interés se centran en qué pasa con sus víctimas.

Dominic West y la mirada intensa. Producción de Daniel Evans, 2011.

El otro gran modelo que nos da Shakespeare de villano es Ricardo III. En España es menos conocido. Hay una película moderna, con Ian McKellen (1995, ambientada alrededor de 1930 en una sugerencia de protofascismo), un documental llamado Looking for Richard con Al Pacino (1996) y una serie que enlaza todos los dramás históricos shakesperianos, con Benedict Cumberbatch en este papel (The Hollow Crown, 2012-2016). «Ah, que soy el décimo en la línea de sucesión? No me parece un problema nada complicado habiendo sicarios».

Ian McKellen en Ricardo III. Los monólogos de esta versión a menudo rompen la cuarta pared.

Los motivos de Ricardo III son creíbles, porque lo mueve la ambición. Su maldad es una estrategia para conseguir llegar al trono y mantenerse en él. La obra puede funcionar en un «porque sí» pero sus motivaciones también importan. Es sólido. Se porta como una persona normal, pero más malvado. La obra es su historia. En este caso es el protagonista, pero eso es una añadidura, no la base del personaje.

Ninguno de los dos modelos es mejor. Los villanos estilo Yago están ahí para dar algo que hacer a los héroes. Los villanos estilo Ricardo están ahí porque el mal nos interesa. En los últimos años, han proliferado las películas con un esquema más «ricardiano», en géneros muy diversos, subvertiendo las expectativas del público, tanto para divertir como para provocar empatía.

Antes de los Minions, estaba Gru. Pero ser malo no le salía muy bien.
Joker pasa de ser un obstáculo a Batman a tener su propia historia.

Lo importante es que el villano sea coherente dentro de su propia obra, en sus motivaciones y desarrollo. No hay un modelo único, y esta dicotomía que estoy presentando es solo un punto de partida. Depende mucho de qué tipo de historia se quiera contar. Puede que en cinco años, se hayan acabado estos villanos que miran a cámara y se muestran encantados de ser así de malos.

Qué mala, pero qué mala soy.

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Literatura

Madres en la ficción.

David Copperfield en un grabado de la novela original: su madre se desespera y su padrastro espera a que se equivoque para castigarlo.

¿Os habéis fijado en que las madres de muchas obras de ficción, clásicas y modernas, son menos importantes y menos interesantes que los padres? Incluso podemos ver que a menudo la madre está muerta, ya sea antes de comenzar la acción o justo en sus inicios.

¿Por qué ocurre esto de forma tan repetida? La primera respuesta es indirecta. Si Buscando a Nemo empieza con la muerte de la madre, es en parte porque en las escuelas de guión y facultades de letras se empieza por estudiar los modelos de éxito anteriores, audiovisuales o literarios. A menudo, la ruta hasta un aprendizaje de este tipo, al menos en EEUU, pasa por lo que en España sería un Grado en Estudios Ingleses. Sí, la producción audiovisual toma como sus primeros modelos clásicos literarios y éstos tienden a ser novelas del siglo XIX porque además quienes crearon las bases del lenguaje cinematográfico a principios del siglo XX lo hicieron fijándose en la novela clásica inmediatamente anterior. Y en la novela del siglo XIX es más fácil encontrar un avión que una madre viva y funcional.

Y ahora, como el niño que no para de preguntarnos «¿Y por qué?», repetimos. ¿Por qué en los novelones del siglo XIX no hay madres en condiciones? La primera razón no literaria es que la posición social de las mujeres estaba en profunda discusión en ese momento. Las mujeres necesitaban educación suficiente como para ser buenas madres en un mundo sin escuelas, pero no tanta como para que tuvieran ideas propias. Tenían que quedarse en casa, pero si eran pobres no había más remedio que trabajar por cuenta ajena. Tenían que ser el centro del hogar, pero para pertenecer a la buena sociedad debían tener criados. Es muy difícil ser un ser pasivo, madre, ama de casa, buena compañera del marido, inteligente, inspiradora,  y además estar satisfecha con tu lugar en el mundo. Las características positivas a la visión burguesa del siglo XIX de una mujer que ya ha completado su trayectoria vital la hacen un persona muy poco interesante desde el punto de vista literario, y más si solo funciona como apoyo al protagonista.

Hasta ahí la razón histórico-social. Pero en cualquier momento histórico, las madres en literatura son un elemento complicado. Hay una diferencia importante entre padres y madres. El padre puede ser una figura que protege, un héroe, o un mal padre. El padre es un Señor que Hace Cosas, o que debería hacerlas. Pueden ser una figura autoritaria con la capacidad  de prohibir lo que el protagonista quiere conseguir. Y sobre todo, es quien tiene el poder económico y social. La pérdida del estatus del héroe viene de perder al padre o a ambos padres.Por ejemplo, Jane Eyre y Harry Potter son los dos huérfanos, pobres e indefensos. Por decir un ejemplo más moderno, Rey en Star Wars empieza en el mismo lugar. Sin padre o sin ambos padres, los protagonistas no tienen Lugar En El Mundo y se lo tienen que buscar. Y además, estos tres personajes tan diferentes y tan lejanos en el tiempo tienen en común no solo que empiezan sus historias pobres y a merced de gente cruel que los desprecia (familia para Jane y Harry, no así para Rey) sino que además tienen que lidiar con bastante autodesprecio y con dudar de si merecen amor, o si son de naturaleza maligna, con alguna vinculación misteriosa al villano. Hace falta no tener padres para que esas dudas tengan sentidos. Son protagonistas sin raíces que las crean con sus amigos, y ganan esos amigos al mismo tiempo que su autoconcepto.

Harry Potter en el hueco de la escalera.

Cuando solo falta la madre, lo que pasa es que suena duro, pero desde el punto de vista del hijo, el papel de una madre es que o te cuida o no. Las mujeres hemos trabajado siempre, pero ser madre de niños pequeños lo dificulta mucho, nuestro trabajo se acerca a lo doméstico, y para los hijos importa más bien poco.Para el héroe, su madre no es Una Persona Que Hace. O está o no está disponible.

Un padre puede entrar en patrones relacionados con la emulación. Puede castigar, acompañar o decepcionar. Un ejemplo no infantil: en La Hoguera de las Vanidades, el narrador cuenta cómo a Sherman McCoy se le cae el alma a los pies al darse cuenta de que su padre, un abogado jubilado que le ha mostrado muchas veces su decepción, no es más que un señor muy cansado, y bastante ignorante de la vida fuera de su clase social alta. Un personaje adulto no puede descubrir de repente que su madre no lo sabe todo, porque la posibilidad de admirar a una mujer que todo lo sabe o todo lo arregla no existe.

En cambio, patrones más frecuentes en el tratamiento de las madres son:

  1. La madre muerta antes de empezar, como ya se ha descrito.
  2. La madre que no cuida, o cuida mal. Se parece mucho a la madre muerta en lo que afecta al protagonista, pero sirve para añadir reflexiones sobre qué es educar/cuidar bien.
  3. La madre que te cuida. Así el protagonista tiene un hogar al que volver, un referente educativo, una mujer que hace feliz al Padre que Hace Cosas. Penélope, por ejemplo. Es heroica, pero no sale de su cuarto.

La cuestión está en que a menudo da igual si fue la madre del protagonista quien le enseñó a cazar dragones. O era mala porque no cuidó del protagonista (modelo de madre número 2) o era buena, te enseñó a matar dragones y ahora ya te vas tú a tener aventuras (madre número 3). Y no tiene gracia saber que si un dragón te quema el flequillo puedes volver a que te lo repase tu madre. Si está muerta hay mucho más drama, más conflicto, más interés. No necesitamos verla morir, solo queremos que el protagonista salte sin red.

Naturalmente, todo esto tiene excepciones. Hay escritores hombres capaces de escribir buenos personajes maternales, a veces villanas o antagonistas. Lady Capuleto en Romeo y Julieta no es mala pero se opone a los deseos de su hija. La madre de Carrie, de Stephen King, sí es auténticamente malvada. La madre de Buffy mientras se mantiene ahí es una de las mejores creaciones de Joss Whedon, es muy difícil tener un secundario que hace poco y no aburre. Terry Pratchett tiene varios intentos de variado éxito, como Magrat Garlick, Nanny Ogg y Lady Ramkin. Hay, sin embargo, un modelo maternal que me parece característico de escritoras, y son las historias familiares que cuentan varias generaciones, ya sean biografías o novelas. Algo que puede empezar con «a mí no me miréis; os voy a contar la historia de mi madre. Bueno, mejor empiezo por mi abuela. Mi abuela tenía mucho carácter…». Se puede citar Caramelo, de Sandra Cisneros (novela), o Cisnes Salvajes, de Jung Chang (memorias). Sin embargo, no conozco historias escritas por hombres que pueda resumir en «Esta novela parecen mis aventuras pero en cinco páginas verás que no, que te estoy contando la biografía de mi padre y mi abuelo. Yo soy un pringao y no me enteré del Mito Fundacional Familiar ni del Gran Secreto hasta los 25». No quiero pensar que hay historias más típicamente masculinas ni femeninas, ni modos de narrar por géneros, pero sí que me parece característico que las «sagas familiares» escritas por hombres tienen más dificultad para la narrativa matrilineal.

¿Cuál es tu madre de ficción favorita?

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Feminismo

Sororidad

Ni siquiera tenemos una definición satisfactoria de la sororidad, y mira que es fácil, porque esta vez el diccionario de la RAE lo deja muy claro.

1. f. Amistad o afecto entre mujeres.

2. f. Relación de solidaridad entre las mujeres, especialmente en la lucha por su empoderamiento.

La amistad y el afecto nunca son un imperativo. No se las debes a nadie, ni por ser ambas mujeres, ni tal vez por ser feministas o compañeras en alguna otra causa común. La sororidad no es más que el nombre que damos a la amistad de las mujeres. Nadie se espanta de que tengamos una palabra especial para las nueras, las reinas o la maternidad.

La sororidad debe ser nombrada porque nos dijeron que las mujeres son traicioneras. Porque nos dijeron que un niño malo, pase, pero que una niña mala es retorcida, es insoportable. Que las niñas siempre son peores porque guardan rencor.

La sororidad es quedar a desayunar porque no hay tiempo para más.

Es enviar por correo ropa usada de niño. Paquete internacional si hace falta. Son los wasaps de audio y las llamadas de teléfono a medianoche. Es contar y escuchar cosas sobre sexo, familia y dinero de las que te dijeron que «de eso no se habla».

La sororidad es reconocer un dolor o una felicidad similares a las tuyas en la experiencia de la mujer que creías distinta a ti.

La sororidad es llevar en el bolso pañuelos y compresas que no necesitas en ese momento. Es tener un tubo de crema de manos a compartir entre varias, en el trabajo. Es saludar a mujeres que trabajan en el mismo edificio y saber cómo se llaman sus niños. Es sorprenderte cuando ves la diferencia entre tus conversaciones de café y las de los hombres.

La sororidad es decirle a tu amiga que ese tío es gilipollas. Es decirle a tu amiga que ese familiar cercano, sí, esa madre o ese hermano, son gilipollas. Es saber cuándo «Amiga, date cuenta» es comedia, tragedia o terror.

Os quiero, amigas mías.

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Cine y televisión Literatura

Comentarios de texto, 2: el profesor Snape te enseña a analizar personajes.

El profesor Snape, en Harry Potter.

Esta entrada requiere conocer el universo Harry Potter a la altura de Harry Potter y la Piedra Filosofal. No tiene spoilers muy grandes, pero algo se puede escapar sobre los últimos libros.

Ya tenemos una entrada sobre cómo hacer comentarios de texto genéricos. Para mí, comentar verso es más fácil que comentar prosa, porque la capa fónica es mucho más rica, siempre hay más que analizar y a menudo son textos más elaborados. Un texto simple o muy fácil de entender es más difícil de comentar que uno complejo. Por otra parte, el análisis o comentario de personajes tiene sus propias reglas.

Para estudiar personajes es útil partir de una clasificación clásica, como las funcionales, y luego añadirle tu toque personal u otras técnicas de comentario más modernas. En una clasificación funcional, contamos con estos presupuestos.

  • Un personaje es aquello para lo que sirve. Ahora entro en detalles con esto.
  • Una función tiende a llevar con ella unas características.
  • Un personaje no es una persona. Esto último lo escribes en un post it y se lo pegas a la pantalla o al papel en el que haces tu comentario. No se puede repetir demasiadas veces.

Que un personaje sea una función no quiere decir que sea un estereotipo. Puede ser verosímil, «recordarte a una persona», puede tener una caracterización muy rica, muy compleja, un poco contradictoria… lo que quieras, pero sigue teniendo una función. Repasemos las principales en las novelas de Harry Potter:

1. El héroe. El lector se identifica con sus valores, es «bueno», es centro de la acción. Es decir, Harry.
2. La heroína. No contribuye de manera significativa al desarrollo de la acción; para lo que sirve es para ser un premio al héroe. Sobre la heroína, no pienses «Pero es que las chicas en Harry Potter no son precisamente Rapunzel esperando que la rescaten»: no estamos valorando si son pavas o listas, sino hasta qué punto son necesaria para que la acción se desarrolle y culmine.

Hermione y Ginny. La diferencia entre la heroína y el «Héroe femenino» está en la pregunta «¿Este personaje está funcionando como la recompensa de un héroe, o tiene sus propios problemas e intereses?»

3. El héroe femenino. Para saber si un personaje es heroína o héroe femenino, no mires su «personalidad». No es una persona. Mira si te importa lo que le pase, si su trayectoria sirve para algo más que para que un héroe se empareje.
4. Los aliados. Los personajes «buenos» que ayudan al héroe. Aquí, todos los amigos de Harry, y casi todos los profesores.
5. El villano y sus aliados. El héroe suele tener el esquema de valores del público, y el villano el opuesto, es decir, uno es «bueno» y oro es «malo», pero esto no es tan importante como que el villano quiere destruir al héroe. Si tomamos Voldemort, los mortífagos.
6. El antagonista. Hasta ahora, todo lo demás podrías verlo en el cuentecito más simple, pero este tiene más miga. Se diferencia del villano en que su interés principal no es cargarse al héroe, pero puede ser su enemigo porque los intereses de ambos son incompatibles. Y Snape es un buen ejemplo de ello. No soporta a Harry, casi nunca quiere lo mismo que él, y además es difícil de etiquetar como alineado con los personajes buenos o los malos. No estamos diciendo si es «bueno» o «malo», porque no es una persona.

Este es una de las grandes ventajas de un análisis funcional. Podemos observar si el personaje encaja bien o mal en una función simple, qué esquema de valores tiene, y si tiene las características más habituales de esa función. Por ejemplo, como aliado Ron es bastante torpe, es envidioso…para lo más importante, que es vencer a Voldemort, es poco útil. «Harry cuenta con un equipo muy numeroso de aliados, pero el más cercano a él es un manta, y esto sirve para dar interés y acción porque hay que salvarle tan a menudo como él ayuda, o más», es comentario. «La función de Ron es ser el chico normal, de andar por casa, que a Harry le habría gustado ser; Harry se beneficia de tener al lado un amigo que no destaque mucho, alguien con quien hacer el tonto entre tanta seriedad», también. Ninguna de estas dos afirmaciones es más correcta que la otra. Podemos por tanto hablar de si el villano es simpático, carismático o todo lo contrario, de si tenemos a un héroe pasivo o contra su voluntad, etc.

Hace ahora más o menos un siglo se introdujo la distinción entre personajes planos y redondos. Es una chapuza porque es en sí misma un estereotipo, pero en común con la funcional nos puede servir. Un personaje «plano» es estereotípico, simple y sin evolución. Uno «redondo» es verosímil, complejo, y evoluciona. Snape es «redondo», pero sigue sin ser una persona. Espero que quede claro que si hacemos bromas con que somos del #TeamSnape (yo, la que más), es porque es un personaje bastante bien hecho, con el que JK Rowling da un par de sorpresas muy raras (el pacto con Mamá Malfoy y «Always»), pero que engancha igual. ¿Que es un amargado que odia a Harry porque es Gryfindor? Te gusta ver cómo va a escapar Harry. ¿Que se porta de forma imperdonable con Hermione? Quieres ver que se hace justicia ahí (nadie, nunca, le hace justicia a Hermione, pero esta entrada evita el análisis de este personaje porque otras lo han hecho antes y mejor).

Sigamos con Severus Snape. Si fuera una persona que conoces, lo odiarías. Te daría asquillo. No tiene sentido pensar en él como compañero de trabajo, amigo o familia. Tiene de verosímil lo justo para un barniz de gente que te cae mal, como un jefe muy estúpido. Hace lo que esperamos de una caricatura de profesor malintencionado sin ser tan predecible que aburra, hasta que 1) se le da una contradicción en el pacto con Mrs Malfoy que abre Harry Potter y el Príncipe Mestizo 2) Cambiamos por completo nuestra opinión de él al final del libro 3) Se da, mucho más adelante, en el siguiente libro, una explicación a las contradicciones anteriores. De otro modo: es entretenido de leer porque es «malo» pero está «del lado de los buenos», se opone a nuestro héroe y nos encanta ver a Harry salir de obstáculos puestos por Snape (porque para eso es un antagonista). Y justo cuando parece que está manoseado, un libro abre y cierra con acciones suyas brutales y sorprendentes. Además, el libro siguiente resuelve las contradicciones de forma muy satisfactoria, porque sus justificaciones no son «malvadas» pero están fuera de los intereses del conjunto de los personajes. Son egoístas. Puedes considerarlas buenas u horribles.

El párrafo anterior ya empieza a ser comentario. He mezclado un análisis de la estructura de la saga, un análisis «plano/redondo» sobre la «personalidad» de Snape, he empezado a contar que hace un viaje antagonista – villano – aliado a su pesar.

El estudio de personajes no es fácil, pero bien hecho ilustra muy bien las obras. ¡Espero que estas indicaciones os resulten útiles!

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Educación Literatura

Cómo hacer un comentario de texto, y por qué no consiste en dar tu opinión.

Aprender a hacer un buen comentario de texto es una de las tareas más difíciles del estudio de las Humanidades. Tienen un nombre engañoso, porque todos sabemos que «un comentario» es «una opinión», y claro, soltamos nuestra opinión y nos suspenden. ¡Y yo tengo derecho a dar mi opinión! Pues veamos por qué un comentario no es una opinión. Si lo fuera, y no te cabe en la cabeza suspender sólo por opinar, no debería ser una tarea evaluable. No tiene sentido evaluar lo que todos sabemos hacer. Todos podemos decir «no me gusta», ¿verdad? En fin, en estos días en los que se evalúa hasta asistir a clase todo es posible, pero no.

¿Por qué nos mandan hacer comentarios de textos? Para evaluar lo siguiente:

  1. Nos sabemos la teoría.
  2. Podemos exponerla sin soltar un rollo memorizado.
  3. Comprendemos lo leído.
  4. Nos expresamos correctamente…
  5. …incluida la capacidad de expresar una opinión argumentada.

Son bastantes ideas, ¿verdad? Lo siguiente es saber distinguir comentario de análisis. En Bachillerato, yo hacía análisis, y me costó muchos años pasar del análisis al comentario. Un análisis es una descripción de un texto, y el comentario de texto es una interpretación que va más allá del análisis. Una opinión, finalmente, es un juicio de valor. Eso significa que un comentario ni siquiera necesita adjetivos. No necesita «me gusta», por sorprendente que parezca.

Las palabras mágicas son «como vemos en el texto». Si puedes insertar un «como podemos deducir del texto» en cada frase (aunque no lo vas a hacer, porque quedaría muy repetitivo) es muy posible que estés escribiendo un comentario. Si no, estás escribiendo otra cosa.

¿Qué puede salir mal? No demuestras que te sabes la teoría; por ejemplo, sitúas el texto en la época histórica equivocada. recuerdo a una compañera escandalizada y que guardó rencor durante años porque habló de represión católica en un texto inglés del siglo XVIII (porque «para ella», «en su opinión», qué más da católico que protestante). O mencionas teoría que estaba en el tema, pero que no sale en ese texto. En suma, hablas de algo que no es el texto. Otra posibilidad es que das opiniones que no puedes fundamentar, lo que incluye no citar correctamente. Por último, no te expresas con claridad y corrección.

Voy a poner algunos ejemplos a partir de la primera página de Orgullo y Prejuicio, porque mi especialidad es la literatura inglesa. Aquí la tienes en español y copio un trocito, igualmente:

Es una verdad universalmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa.
Sin embargo, poco se sabe de los sentimientos u opiniones de un hombre de tales condiciones cuando entra a formar parte de un vecindario. Esta verdad está tan arraigada en las mentes de algunas de las familias que lo rodean, que algunas le consideran de su legítima propiedad y otras de la de sus hijas.
––Mi querido señor Bennet ––le dijo un día su esposa––, ¿sabías que, por fin, se ha alquilado Netherfield Park?
El señor Bennet respondió que no.
––Pues así es ––insistió ella––; la señora Long ha estado aquí hace un momento y me lo ha contado todo.
El señor Bennet no hizo ademán de contestar.
––¿No quieres saber quién lo ha alquilado? ––se impacientó su esposa. ––Eres tú la que quieres contármelo, y yo no tengo inconveniente en oírlo.

Esta sugerencia le fue suficiente.
––Pues sabrás, querido, que la señora Long dice que Netherfield ha sido alquilado por un joven muy rico del norte de Inglaterra; que vino el lunes en un landó de cuatro caballos para ver el lugar; y que se quedó tan encantado con él que inmediatamente llegó a un acuerdo con el señor Morris; que antes de San Miguel vendrá a ocuparlo; y que algunos de sus criados estarán en la casa a finales de la semana que viene.
––¿Cómo se llama?
––Bingley.
––¿Está casado o soltero?
––¡Oh!, soltero, querido, por supuesto. Un hombre soltero y de gran fortuna; cuatro o cinco mil libras al año. ¡Qué buen partido para nuestras hijas!
––¿Y qué? ¿En qué puede afectarles?
––Mi querido señor Bennet ––contestó su esposa––, ¿cómo puedes ser tan ingenuo? Debes saber que estoy pensando en casarlo con una de ellas.

Un buen comentario empieza con tu conclusión personal, o con la identificación del texto. Tu conclusión no es opinión, sino interpretación. Por ejemplo: En este texto se utiliza la ironía para caracterizar a los personajes. En este texto se muestra el esquema de valores de la sociedad. En este texto se observa cómo las circunstancias económicas afectan a los personajes hasta lo más íntimo, hasta los sentimientos. En este texto se muestra una visión pesimista de las relaciones de pareja. ¿Ves es una técnica muy fácil de usar si el texto es relevante para el lector, si lo comprendes y te interesa, aunque no te guste. También puedes empezar identificando el texto, pero no le dediques más de una oración o dos. «Este texto es tal capítulo de tal novela, de tal autor de tal siglo, antes del texto ha ocurrido tal y después ocurrirá cual.» y entonces, hala, a entrar en materia. Si elaborásemos más un pequeño comentario de principante sobre ese fragment, deberíamos mencionar la ironía, el concepto de comedia costumbrista y su significado, las clases sociales y que se trata de la clase media, y el «Wit» o ingenio. Tal vez, el interés didáctico. Pero lo más importante es que ninguna de tus menciones a estos elementos tendrá ningún valor si no las justificas. «El texto utiliza la ironía aquí y lo hace para…» «La comedia costumbrista presta atención a…, como se ve cuando Mrs Bennet dice que…»

Algo que sería un error, por ejemplo, sería hablar aquí de que la novela da mucha importancia a un tema de interés a lo largo del siguiente siglo y medio que es la educación de las mujeres y cómo conjugar que no quieres que las mujeres de clase media trabajen, con que si no las educas estás perjudicano a la formación de su carácter. Qué educación debe recibir una mujer y quién debe dársela. Es verdad que Jane Austen y Orgullo y prejuicio versan sobre ese tema, pero el fragmento señalado no.

¡Y esto sería todo! Te deseo que escribas excelentes comentarios de texto sobre obras que te encanten.

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Embarazo y crianza

Más sobre el sueño infantil: Estivill y por qué los «métodos» tienen trampa.

Disclaimer: esto no es una guía para dormir bebés. Es solo una crítica a todos los manuales para dormir niños, empezando por un estilo. Todos son autoayuda, y como todos los manuales de autoayuda, son mentirosos, simplificadores y manipuladores.

Cuando mi hijo tenía unos seis meses, escribí un post sobre el sueño de los bebés. Ahora que cumple tres años, aquí va un poco más sobre los problemas de sueño que nos podemos encontrar y por qué ningún método de libro funciona, Estivill menos que ninguno.

Lo único que casi todos tenemos claro es que nos beneficiamos de tener rutina, y los niños más, porque aún no han aprendido a razonar las cosas. Hay al menos un autor que dice que no, utilizando analogías chapuceras respecto a los adultos: como tú no haces lo mismo un martes y un sábado, en febrero y el agosto, pues que los niños no «necesitan» rutina. Eso lo he leído yo en libros que me dolió pagar. Me he deshecho de ellos así que no puedo citar libro y página, pero si buscas «Carlos González rutina niños» en internet, leerás que las rutinas no son ni buenas ni malas. Eso es entre mentira y una manipulación de la verdad, y no es la opinión mayoritaria. Otra experta, Rosa Jové, sí dice en su libro que las rutinas son buenas, no para inducir al sueño sino para crear un ambiente agradable, para comprobar qué funciona con un niño concreto. A todos nos reduce el estrés que la vida sea previsible, y un niño de dos años no sabe qué cosa es un miércoles y si eso se come. Por caótico que sea el niño o su familia, ayuda que todo ocurra en un orden y más o menos a la misma hora: el baño, la cena, el cuento, a dormir. Te das cuenta de que se lo pide el cuerpo.

Si no has leído ningún libro sobre crianza, tal vez no sepas que tienes dos opciones en los extremos y nada en medio: una es acompañar al niño en su cama o en la tuya, donde él quiera y como él quiera, y la otra en España se conoce como «método Estivill» y en el resto del mundo como Ferber por el médico que se lo inventó. La idea es que los niños duermen bien o mal por cómo los has habituado, y que si los duermes acompañándolos no van a saber hacerlo de otra manera. Sobre todo, si se despiertan de madrugada van a esperar el mismo grado de dedicación que a las nueve de la noche, porque los has condicionado a que si no estás tú, no se duermen, como si fueras su almohada favorita. La solución es que la única manera de dormir a los niños y bebés es dejarlos en su cama, en su cuarto, y largarte hasta la mañana siguiente, da igual que lloren, chillen o prendan fuego a las cortinas.

Es fácil de formular. Norma número 1: no dejes que el niño se duerma NUNCA en un sitio distinto de su cuna o cama, fuera de tu habitación.

Norma número 2: No acudas a ver por qué llora. Consuélalo desde la puerta del cuarto. Se dormirá tarde o temprano. Aprenderá a no llamarte.

Al principio este método se defendía desde el nacimiento o casi, y ahora desde los seis meses. No quiero entrar en la parte ética (dicen que el niño no sufre secuelas al llorar y a mí me da igual si no crea un trauma: en ese momento el niño sí sufre). La primera norma, como cualquiera que ha tenido a un bebé muy pequeño puede comprobar, es de cumplimiento casi imposible. Se te va a dormir en brazos porque es pequeñín y está a gusto. Decir que «no es capaz de dormir en la cuna porque lo coges» es decir «no sabe saltar a la pata coja porque lo coges». Es decir, si es de sueño fácil se dormirá donde pille, y si es de sueño difícil, vete a saber. Podría decirse «intenta acostumbrar al bebé a que en su cuna se está a gusto. Quédate cerca para que te huela, tócalo». Pero decir «depende» no vende libros, y una base de este método es que el niño duerma lejos de su madre.

Además, algunos recién nacidos no son capaces de dormirse tumbados porque tienen cólico o reflujo y les duele. No es buena idea dormirlos en una sillita o cuco, porque no sostienen la cabeza. Es un fastidio, para ellos y para quien los cuida. No hay más solución que esperar a que maduren un poco y el problema digestivo se resuelva solo, o cambiar de marca de leche si toman biberón, o cambiar la dieta de la madre si toman teta, porque algunos alimentos les pueden sentar mal de esa manera indirecta.

Ya que estoy hablando de la teta, añado: dar de mamar por la noche suele ser incompatible con tener el niño en otra habitación, o lejos de la madre, o incluso en la cuna. Muchas veces, lo que ayuda a mantener la lactancia, o a hacértela más llevadera, es lo contrario de lo que viene en cualquier método que venga en un libro. A la porra las reglas, todas ellas. Haz lo que más os compense a ti y al bebé.

Por otra parte, el método del «ahí te pudras» no tiene en cuenta que un niño que llora de noche a lo mejor quiere algo que le negarías, como dormir en la cama de otra persona, jugar, o levantarse porque cree que es de día, pero tal vez, igual que te pasa a ti, tiene hambre o le duele algo. Es una temeridad no acudir a la llamada de un niño. Lo práctico sería decir «si llora de noche, comprueba si no se ha hecho daño, que no está mojado, consuélalo, dale de comer si es lo que pide, y dile que cada uno duerme en su camita y que hasta mañana. Entonces te vas». Pero «depende» no vende libros, y el método insiste en que no entres en el cuarto. Como mucho, desde la puerta. Mi matrona, en las clases de educación maternal, nos explicaba que con un bebé que llora, si todo lo demás falla, debíamos desnudarlo y mirar si se le había enredado en un dedito un pelo nuestro, o un hilo de la ropa. Estivill pensando que tienes un pequeño manipulador, y la criatura con un dedo atado.

Por último, todas las estiviladas que te hayan contado dejan de funcionar cuando el niño no duerme en una cuna. Si se siente solo o se aburre, saldrá de la cama y te buscará por la casa. Puedes pelearte con él para que vuelva a su cama, o acompañarlo. Tú verás. Puedes ser muy firme y acostumbrarlo a que no, no se puede quedar en el salón, aunque diga que tiene sueño, ahora hay que dormir. Pero eso no significa que te vaya a hacer caso.

Nosotros experimentamos lo que yo llamé bromeando «el estivill flojito» a los 12 meses, porque el bebé se había acostumbrado a dormir en un carrito y queríamos que durmiera en la cuna, en nuestra habitación. Lo consolábamos en brazos o lo metíamos en la cuna, pero no podía estar en otro sitio. «Consolarlo sí, dormirlo no, a la gente no se la duerme, se duermen solos cuando tienen sueño» ha sido un poco el lema en casa. Tardamos varios días, pero acabó por funcionar. No había más remedio, de la cuna no podía salirse, acababa por vencerlo el agotamiento. Ahora, cuando se despierta de madrugada, quiere venir a nuestra cama, y se lo impedimos no porque Dormir Con Mamá Está Mal, sino porque no cabemos bien y yo no duermo. Si lo intenta cerca de la hora de despertarme, me da igual y lo dejo. Una vez más, la respuesta a si dejar que un niño duerma en tu cama es «depende».

Lo que veo, y con esto concluyo, es que el método estándar de moda dice que el niño me necesita, que es normal que un niño duerma poco e interrumpido, que debe dormir donde y cuando quiera. El método de moda me dice, hablando claro, «jódete, pues claro que te vas a pasar unos años sin dormir, haberte comprado un cactus». El Estivill propone cosas falsas como que si dejo a un niño dentro de su cama, se quedará quieto dentro de ella, aunque sea llorando. El método estándar desprecia las necesidades de las madres, pero al menos no nos miente.

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Literatura

Modos de lectura; o cómo recuperar el hábito.

Los medios de comunicación nos dicen a menudo (por si se nos olvida) que estamos perdiendo capacidad de concentración o de atención, si es que son cosas diferentes. Algunas madres amigas mías, que eran aficionadas a la lectura, no leen como antes por una mezcla de falta de tiempo y de adquirir aficiones que compiten con la lectura de libros. Destaca leer desde el móvil: redes sociales, mensajería instantánea… Desde mi experiencia de haber perdido el hábito lector y haberlo recuperado varias veces en la vida por causas muy diferentes, aquí dejo algunas ideas para ayudar a que vuelva.

En primer lugar, ¿qué es la atención? Voy a parafrasear a Héctor Ruiz Martín, a quien podéis leer aquí. Os lo recomiendo, tiene muchísima información en un formato ameno. Este profesor habla de la «memoria de trabajo», que es «el espacio mental» ocupado en una tarea determinada en un momento determinado. Ahora me estás leyendo, por ejemplo. La memoria de trabajo no es multitarea: si estás, por ejemplo, leyendo y a la vez viendo la televisión, tu atención pasará con una velocidad variable de una cosa a la otra, como haciendo zapping. Podrás hacer las dos tareas mejor o peor, pero nunca tan bien o tan rápido como harías primero una y luego otra. Lo que nos ocurre cuando nos cuesta mucho leer (y estoy simplificando un montón) es que tenemos poco control sobre qué está en la memoria de trabajo. Estamos leyendo y la mente «se nos va». El nombre técnico de la capacidad de no dejarnos distraer, si queréis rebuscar en el twitter de Héctor, es «control inhibitorio».

La excepción a la imposibilidad de trabajar en varias cosas a la vez son las tareas que tenemos muy automatizadas. Puedes hablar, mascar chile y caminar a la vez. En la lectura, hay una parte automatizada, que es el reconocimiento de las letras, el nivel más elemental (y sobre niveles de lectura tengo que hacer otra entrada).

Es decir: tienes automatizado leer y esa capacidad no se pierde, sólo has perdido la costumbre de leer un determinado tipo de texto y de no intentar hacer varias cosas a la vez. En mi experiencia, desarrollamos diversos modos de lectura según la ocasión, que no están basados en la longitud o dificultad del texto tanto como en nuestra intención.

  1. Buscar información específica. La «lectura en diagonal» buscando un dato. Imagina buscar tu nombre en una lista de premiados.
  2. Leer de forma rápida y superficial, generalmente por entretenimiento o para conocer el tema general de un texto o colección de textos. En papel, sería la lectura de prensa del corazón, de titulares de prensa, la relectura de una novela ligera. Casi toda la lectura que hacemos online es de este tipo. Cuando leemos estados de facebook, los comentarios a una foto de Instagram, una noticia sobre un tema que ya conocemos… podemos leer mucho tiempo seguido así, y podemos interrumpir en cualquier momento porque el texto es muy fácil o es una colección de textos muy breves.
  3. Lectura selectiva cuando estudiamos o necesitamos seguir unas instrucciones. Es la técnica que nos hace falta cuando queremos resumir o subrayar, cuando unas partes nos resultan familiares y otras no. También es la que necesitamos cuando somos investigadores (yo lo aprendí con la tesis) y estamos buscando en textos largos información que no es particularmente relevante. Es similar al primer modo, pero en textos complejos en los que nuestra tarea incluye comprender además de seleccionar.
  4. Leer poesía, sobre todo lírica, tiene su propia técnica porque es una lectura especializada de textos breves.
  5. Estudiar: una lectura que busca la memorización de textos normalmente largos.
  6. Leer por placer textos largos. Esta es la madre del cordero: fíjate que el problema no es hacer la misma tarea mucho rato seguido (seguro que puedes pasarte una hora leyendo titulares, tweets, estados de facebook), es que según vas leyendo, no puedas cambiar de tema porque si no, pierdes el hilo. A mí me pasó algo diferente cuando opositaba: perdí el placer de la lectura, porque como todo lo que leía eran temas de oposición (textos escritos por mí, muy cohesionados y de entre 2000 y 3500 palabras), se me fue la capacidad de leer sin concentrarme. Era como olvidarme de cómo se anda sin tacones altos.

Antes leías con una variedad de técnicas y has perdido alguna de ellas. Pero como se fue, puede volver. Y ahora, ya sí, los consejos.

  1. Busca momentos concretos para leer. No tiene por qué ser todos los días, pero sí que sea en las mismas circunstancias. Ayuda a leer más. Antes de nacer mi hijo, esos momentos eran el desayuno y el verano. Si te acostumbras a leer en un momento donde ahora coges el móvil o lo consideras un tiempo muerto, antes de que te des cuenta te habrás acabado un libro.
  2. Acostúmbrate a leer en ambientes con distracciones. El móvil o la televisión tienen una influencia demasiado poderosa, pero si tienes muchas obligaciones o un niño pequeño y esperas a disfrutar de un ambiente silencioso y apartado, no empezarás nunca. Puedes leer en el transporte público, en cafeterías, en el parque, en casa mientras el niño juega. Si puedes estar medio pendiente de varias pantallas de navegador a la vez, si puedes mantener a la vez varias conversaciones de Whatsapp, puedes leer mientras otros hacen ruido.
  3. Cambia de libro tan a menudo como lo necesites. Alterna entre varios y abandona los que no te enganchen.
  4. Busca lecturas ligeras o que sean naturalmente «fraccionarias». Algunas de las que he probado yo son libros infantiles, cuentos cortos, antologías de ensayo, y cómic. También puede servir la relectura.
  5. No tengas miedo a leer poesía. Una de sus ventajas es que los textos suelen ser breves.
  6. Haz listas. Digital o en papel, apunta lo que vas leyendo. A lo mejor es más de lo que piensas.

Lo que a mí me ocurrió es que cuando se me acabó la baja maternal, pensé que podía empezar un libro corto y leer mientras desayunaba, como siempre. Fue imposible y no he vuelto a leer desayunando con la misma regularidad, porque repasaba con el móvil los mensajes que no había contestado el día anterior, o simplemente no me concentraba, el libro no me apetecía. Tarde cuatro meses en leer 150 páginas, porque me atasqué en una escena, un poco porque era tan bello, tan triste, tan poético todo que mi cabecita posparto no se veía capaz de hacerle justicia como lectora. Ahora pienso que podría haber saltado tres páginas o cambiar de libro.

El año siguiente, según Goodreads leí 37 libros. ¿Dónde está el truco? En diversificar. Trece eran audiolibros. De los 24 restantes, ya ves qué cosa, dos al mes, solo ocho eran largos y unificados (novelas, biografía). Los dieciséis restantes, una combinación de infantiles cortos, poesía, cómic, cuento… Yo necesitaba recuperar el hábito, y para mejorar la confianza en que podría hacerlo, quería aumentar la cantidad de libros y leer lo más deprisa posible. En 2019, parecido. 47 libros, solo ocho que respondieran a la idea de «libro» que tienes en la cabeza: un texto ininterrumpido de más de 200 páginas. Este año, quiero aprovechar la necesidad de leer de forma interrumpida para leer el texto fragmentario más largo y más clásico que conozco: la Biblia. Por qué no, es otra mitología más.

Espero que estos consejos te sean útiles. Feliz lectura.

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Qué he leído en 2019

Un estante con cómics, ordenados por tamaño y no por tema u orden alfabético porque si estuvieran bien colocados, no cabrían.

Este año ha sido una mejora en cantidad respecto al pasado, de 32 libros a 47 nada menos, y eso que los audiolibros han pasado de catorce a solo cuatro. Lo que no mejora es mi propósito de reducir la cantidad de libros pendientes, no porque haya comprado muchos (37) sino porque he leído mayoritariamente libros prestados. Sí, con todo lo que tengo en casa, qué le vamos a hacer, tenemos esas incongruencias.

Participé en un solo reto que no necesitaba mucho en cuanto a compras nuevas, el #LeoOrgullo, del que hice entrada en verano. Y he descubierto maravillas de la editorial Cerbero, de la que destaco el pequeño cuento casi infantil La Ladrona de Tomates, perfecto para una lectura en la playa.

A ver qué he leído: Como siempre, procuro que cada lectura sea lo más distinta posible que la anterior, si he leído una novela lo siguiente es un ensayo, y así. Sin embargo este año ha habido más más literatura de evasión (la suma de fantasía, terror y ciencia ficción antes se llamaba así y voy a recuperar la etiqueta porque PUEDO) porque me interesaban algunas novedades. He leído:

  • Diez novelas,
  • siete cuentos o recopilaciones de cuentos,
  • seis ensayos,
  • trece cómics,
  • cuatro poemarios,
  • tres biografías,
  • tres infantiles,
  • y una obra de teatro.
  • 24 libros escritos por hombres,
  • 20 libros escritos por mujeres.
  • Sólo tres autores repetidos: Javier fernández Panadero, Neil Gaiman y Arthur Conan Doyle. Qué trío, madre.
  • Sólo 18 libros de 16 autores que ya conociera antes de empezar el año. Lo de ampliar horizontes lo llevamos bien.
  • Varias novedades (para mí) que me han emocionado o me han gustado con locura: La hoguera de las vanidades de Wolfe, La Casa de Daniel Torres (una historia de la vivienda en forma de cómic), Debut de Christina Rosenvinge, Los Huéspedes de pago de Sarah Waters, Rialto 11 de Belén Rubiano.
  • Libros que me han decepcionado muchísimo, entre los que puedo mencinar Invisible Women de Caroline Criado-Pérez.

Y esto es todo. Ojalá pueda mantener un buen ritmo de lectura el año que viene, no ya por leer muchos libros sino por disfrutar de todo lo que tengo ahí quietecito esperando en las estanterías.

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Literatura

Orgullo, prejuicio y chelines: ¿cuánto vale el dinero de las novelas clásicas?

Cuando leemos un libro, o vemos películas o series de época, a veces se pierde la noción de la importancia de las cosas según su precio. ¿Cien denarios eran una fortuna, o una pieza de pan?(1). Esto llega al máximo cuando disfrutamos de la literatura y la historia de una cumbre del materialismo: Gran Bretaña, siglo XIX. En novelas, series, películas, biografías, constantemente se menciona el dinero, ya sean precios, salarios, rentas o posesiones. Si no tenemos ni idea del valor del dinero por entonces, nos estaremos perdiendo parte de lo que el público contemporáneo pillaba enseguida, igual que si escribo “un bar con las cervezas a tres euros” sabes dónde está y hasta la pinta del camarero.

Lo primero que hay que saber es que una libra son veinte chelines, un chelín veinte peniques, y que las guineas eran la unidad de venta de artículos de lujo concretos pero se acuñaron por última vez en 1813. En la época que nos ocupa, una guinea eran 21 chelines. Donde leas guinea, entiende “libras pagadas antes de 1800 o para comprar cosas especialmente caras”.

El dinero va perdiendo poder adquisitivo, pero no tan deprisa como en la época actual. Hay calculadoras online para decir “cuánto dinero de ahora mismo equivale a estas libras de 18 nosécuántos”, aunque ahora no tengo localizada ninguna. Una buena aproximación es que un chelín equivalía a cinco euros, pero hay que tener en cuenta algunas diferencias como que se daba un salto muy grande del precio de los artículos de primera necesidad a los de lujo, y que los salarios eran muy bajos. Es decir, el sistema estaba montado para que fuera difícil o imposible ascender de clase social solamente ahorrando.

Un peón podía ganar un chelín al día si iba por libre, pero tenía que pagarse casa y comida (un chelín cinco euros, 25 días de trabajo 125 euros, esto no cuadra con nuestro nivel de vida pero es que mucha gente era así de pobre). Una criada cobraba 10 libras al año como mínimo. Los criados bastante más. Una institutriz unos 25. El servicio doméstico tenía manutención también.

Veamos cómo funcionaba la cosa en las novelas de Jane Austen. Como es bastante antes que en la época victoriana, la versión fácil es que un chelín son unos 7 euros, más que 5. Una libra, cerca de 150€.

Primero Sentido y Sensibilidad: según empieza la novela sabemos que las tres Miss Dashwoods y su madre cuentan con 13.000 libras en total. Eso es más o menos millón y medio de euros… para cuatro personas que en teoría no pueden trabajar, porque lo único que pueden hacer es ser institutrices o algo parecido y eso las expulsa de la clase media. Ya no podrían ni quedar con sus amigos, ni casarse, y dificulta las posibilidades de matrimonio de las hermanas pequeñas porrque la familia entera pierde prestigio. 25 libras al año no merecen ese sacrificio. Las 13.000 libras se meten en el banco y se vive del interés, que son 500 libras (cómo sabemos esa relación lo veremos con Lizzie Bennett y el primo Collins, unos párrafos más abajo). Quinientas libras = 50.000 €. «Pues con 50.000 euros, cuatro personas de clase media viven bien». Ojo ahí. Para seguir siendo clase media necesitan criados (el sueldo de un hombre y una mujer, lo que coman, sus uniformes). Y lo importante es que ese dinero no va a crecer, y no tienen dote. Tienen lo justo para vivir. Al lado de esto, las 2.000 al año (unos 200-300.000 €) del Coronel Brandon son una salvación. Ahorrando un poquito se puede poner dote a la hija pequeña, y si Elinor nunca se casa, ella y su madre se apañan con algún regalo que les hagan los Brandon.

Ahora analicemos con más detalle Orgullo y Prejuicio. Personajes y narrador no paran de hablar de dinero. Primera cifra: Mr Bingley tiene una gran fortuna, es del norte de Inglaterra y ha alquilado una mansión que llevaba tiempo vacía. El lector de aquel momento lo sitúa socialmente al milímetro, y no está exactamente en la cumbre de la pirámide. Si ha alquilado una mansión y no se dice «Mr Bingley de Nosecuantitos Hall», no tiene tierras. Si es del norte, la fortuna puede venir de minas (no puede ser, porque no tiene tierras) o industria textil (bueno, aceptamos barco) o comercio internacional (que sería algo nivel «no hables de eso que estamos comiendo»). «4 o 5000 al año» = medio millón al año, mínimo. Es decir: Papá Bingley, que cuando empieza la narración está muerto, tenía una fábrica textil o plantaciones de caña de azúcar en el Caribe, porque era un poco pronto para hacerse rico de verdad comerciando con la India. Y hasta que no invierta una buena parte de ese dinero en comprar una mansión con terrenito, no formará parte de la auténtica buena sociedad pata negra.

Las hermanas Bingley «tenían una fortuna de 20.000 libras y gastaban más de lo que debían». Si las Dashwood obtenían 500 libras de sus 13000, las Bingley sacan 800 de sus 20000. Eso sí: como una de ellas vive con su hermano y la otra está casada, ese equivalente de 100.000€ se lo pueden gastar entero en caprichos. No es la mejor idea posible porque no saben si van a tener seis hijas cada una, y a ver de dónde salen esas dotes.

  1. Vamos a ver a la familia Bennett. Disponen de: Las tierras, que van a pasar al primo Collins porque lo dice el testamento de quien se las dejó a Mr Bennett. Sí, estar atadas a la línea masculina no era una condición legal de las tierras a estas alturas sino una condición que se podía poner en los testamentos.
  2. 2000 al año, es decir unos 300.000€, más que suficientes para vivir con discreción y además ahorrar para dejarle dote a las niñas. Se insiste en que no les ha dado la gana (algunos detalles caros: libros, profesor de piano, nunca es un problema comprar ropa nueva, caballos)
  3. Las 4000 libras (total, no renta) de Mrs Bennett aportan un interés de 160 al año = unos 20.000 euros. Al nivel de vida de la clase media acomodada es poco dinero, pero en 15 años de ahorro tienes 2.400 para la dote de una hija. Casas a la mayor o a la más guapa con el hombre más rico que puedas encontrar, y los contactos y el prestigio de esa unión facilitan las bodas (y la supervivencia) de las demás. Esto la novela no te lo explica, lo sobreentiende.

Por eso se insiste tanto en que Mrs Bennett es tonta (y mala madre por mimar en exceso a sus hijas), que Mr Bennett pasa de todo (y es un mal padre porque no ha sabido gestionar su casa) y por qué las tres mayores han tenido una educación excelente: una buena cultura general y saber música o canto te hacen quedar mejor en fiestas donde conseguir un novio. Pero eso, que estaría muy bien si hubieran tenido un hermano para que heredara la fortuna familiar, sirve para muy poco cuando todo el mundo sabe que tú sola eres pobre, que lo único que tienes es tu apellido. Esto se lo restriega el primo Collins a Lizzie, en lo que en términos austenianos es de los peores insultos de su obra: «sé que lo único que tienes son mil al año al cuatro por ciento». Ese “cuatro por ciento” se menciona de pasada en otros lugares como el interés más habitual que te daría un banco por tener tu dinero quieto. En este caso son 40 libras al año, y con eso Lizzie no tiene ni para pipas. Al contrario que su hermana Mary, le faltan habilidades para ser institutriz. Lo tiene realmente crudo, y no hacía falta recordárselo. Ya sabéis algo más sobre por qué es odioso el primo Collins: no es que hablar de dinero sea ordinario, es que la está llamando muerta de hambre.

Ahora, los Darcy. Las 10.000 libras al año de Mr Darcy son una cantidad simbólica de OH DIOS MÍO ATENCIÓN CHICAS, ESTÁ PODRIDO DE PASTA. Alrededor de un millón de euros al año. Es verdad que en pagar criados, coches de caballos y todo eso se va bastante. La fortuna (no renta) de Miss Darcy son 30.000 libras, que dan 1200 de interés al año.

Terminemos con la cuestión de cuánto dinero era suficiente para tener el estilo de vida de los personajes principales, y por qué son importantes las maquinaciones de Wickham. Resumiendo, Wickham tiene una herencia modestísima, apenas suficiente para hacerse un hueco en la clase media. Pero él no ha nacido para trabajar, e intenta seducir a Miss Darcy. Cuando no le funciona, le echa la caña a Lizzie Bennet hasta que descubre que es pobre (la educación de ella engañaría a cualquiera) o tal vez solo quería jugar. Dejando a un lado cuestiones morales, fugarse con Lydia es un grado de irresponsabilidad absurdo, porque no puede beneficiarle económicamente, y el único sentido de escaparse juntos es casarse. Cualquier otra cosa podrían hacerla a escondidas Tal vez solo le importe pasárselo bien un rato y abandonarla.

Los Bennet y sus íntimos saben muy bien qué necesita Lydia para sobrevivir y qué puede llegar a pedir Wickham. Tomemos información de otras novelas. Las tres hermanas Dashwood y su madre (Sentido y Sensibilidad) vivían muy justas con 500 libras al año. Edward Ferrars y Elinor Dashwood se casan y se las apañan con 450 al año. El coronel Brandon se casa con Marianne y 2000 al año es desahogado. Nos queda bastante claro que con 500 al año sobrevives si eres clase media; las mujeres son un partidazo muy serio nivel «solo se casa con ella por su dinero» a partir de unos 1000 al año. Los hombres puede asegurar una vida cómoda a su familia con unos 2000. Ahora sabemos que los 1200 al año de Miss Darcy son suficiente para un matrimonio responsable o comenzar un negocio, pero quizá no suficiente como para darse la gran vida, que es lo que Wickham querría.

Sigamos. Cuando Wickham pone condiciones económicas a Mr Bennett para casarse con Lydia, quiere las mil de ella, que le tocan porque las heredaría de su madre, y cien más de renta. Eso suma 140 anuales, un tercio de lo que necesitan para sobrevivir. El padre no se lo cree: «Wickham es imbécil si se la queda por menos de diez mil». ¿por qué esa cifra? ¿Porque es redonda? No, porque la renta de 10.000 son 400 y es la cantidad mínima con la que Wickham podría vivir sin trabajar. Y tachán: se da a entender que precisamente 10.000 es el soborno que le da Darcy.

Se dice muy al final que cuando Mr Bennett le pasa cien al año a Wickham, no es mucho más de los que le costaba mantener a su hija, entre criarla y que la madre le pagaba todos los caprichos. En una familia con unos ingresos modestos, esos 15.000 en dinero moderno es una barbaridad.

Para terminar, se dice que Wickham tenía mil libras en deudas. Además de decir que equivale a unos 100.000 euros, una cantidad que no nos cabe muy bien en la cabeza, también podéis calcular que un profesional modesto vivía con 500, uno acomodado con 2.000. Es un poco como gastarse el doble del sueldo anual de un profesor de hoy día. Por si tenéis curiosidad: un hombre que se gastara demasiado dinero en cosas inconfesables se lo dejaba en alcohol, prostitutas y juegos de azar. Si el hombre en la novela enferma o muere, se sobreentiende que más lo primero que lo último.

(1) Sabemos gracias al edicto de precios máximos de Diocleciano, de 301 d.c., que 50 denarios era el jornal diario de un trabajador cualificado o la tarifa mensual por alumno de un maestro de enseñanza elemental. Con 100 denarios podías comprar unas botas. Gracias a @Carmen_caesaris por facilitarme el documento.

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Embarazo y crianza

Felicidades maternales

Las palabras inventadas. Su palabra para pedir que lo cojan en brazos. Tu palabra para las cosquillas.

Que se duerma en menos de una hora desde que entra en la cama.

Despertarte de la siesta y que él siga dormido.

Jugar en el parque hasta que pide volver a casa.

Verlo comer.

Verlo comer sin mancharse, como un niño grande.

Verlo comer con cubiertos.

Estar leyendo un libro sin ilustraciones y que un niño demasiado pequeño para saber leer se asome y te diga muy serio «Son letras».

Que cante. Reconocer en su chapurreo canciones que le has enseñado. Que solo sepa dos palabras y la melodía (wo, wo, wo). La primera letra que se aprende entera. La primera canción que se inventa él.

Ponerte en cuclillas para un abrazo y que te tire al suelo.

Derrumbarte en el sofá cuando se ha dormido o no está en la casa.

Derrumbarte en el sofá y que trepe por encima de ti.

Estar en casa. Oír el tintineo de las llaves. Han llegado. La puerta la ha abierto él, y grita HOLA, MAMÁ. Y corre, corre, corre por el pasillo hasta que parece que te va a abrazar, pero se para y te dice muy serio qué se ha encontrado hoy por ahí fuera.

Según crecen, van cambiando. Ya no huele a bebé, ya no me cabe en brazos ni aplaude cuando está contento. A veces se puede crear una rutina y te acostumbras, otras veces el ritmo de los cambios es acelerado. Me pregunto cuántas maravillas más nos quedan por descubrir.