Archivos mensuales: Noviembre 2011

Qué hacer con una clase de nivel alto.

He tenido la inmensa suerte de encontrarme varias veces, en mis poca experiencia como profesora de secundaria, con grupos que tenían en conjunto un nivel de partida alto, y desde luego, superior al que les suponía el libro de texto escogido por el departamento. Esto nos pasa a todos de vez en cuando: tenemos unos alumnos que en conjunto, trabajan muy bien, y el material que tenemos se nos queda pequeño.

Viéndome pillada con un libro demasiado fácil, hay varias opciones. Podemos seguir tal como estamos con el riesgo de que la clase se nos aburra. Podemos sacar materiales de otros libros (no necesariamente mediante fotocopia) del mismo nivel y mayor dificultad. Podemos “complicarnos la vida” con tareas más prácticas, más flexibles, o colaborativas que las del libro que estemos usando. He recurrido a varias de estas técnicas dependiendo del grupo y del momento; incluso he hecho algo sencillísimo que ha sido condensar las partes más teóricas, y quitar una hora de lecciones a la semana para que en ese tiempo los alumnos leyeran o jugaran. En fin, pequeños trucos modestos en su mayoría.

Algo que me he encontrado más de una vez por parte de compañeros de varias materias, sin embargo, es que el recurso número uno cuando una clase tiene más nivel del esperado es pasar a materiales del curso inmediatamente superior. Aquí la gran estrella es preparar Selectividad en 1º de Bachillerato, pero se da en la ESO también. Y me parece tristísimo, porque necesitamos el mismo esfuerzo para buscar un material pensado para “4º de la ESO difícil” que para 1º de Bachillerato, así que más que señal de pereza me parece muestra de un pensamiento cuadriculado en el que lo único que importa es preparar a los alumnos para el curso siguiente o para Selectividad.

Muchas veces tenemos que decir muletillas del tipo de “¡esto no es séptimo de primaria!”, “¡esto no es quinto de la ESO!”. Si queremos ser fieles a esa idea y dar a cada etapa lo suyo, debemos aplicárnoslo también con los alumnos un poco más avanzados.

 

Olor a potencia, olores potentes.

En un centro de enseñanza hay muchos olores característicos: a fotocopia, a bocadillo, a ropa húmeda, a tiza en los clásicos y a tinta alcohólica de rotulador de pizarra blanca en los centros con ordenadores. Y a sudor.

Con la sobredosis hormonal propia de la edad, y con costumbres como los mini-partidos de fútbol del recreo, la hora de clase que viene justo después tiene un olor inconfundible. Mis veinte quinceañeros me recibían a las doce de la mañana con una oleada de feromonas y sal a la que yo estaba secretamente enganchada.

Comentamos que ese olor era natural e inevitable entre las protestas de los que querían abrir ventanas y los frioleros. Estuvimos todos de acuerdo en que una hora más tarde olería rancio (“a tigre, maestra”). Y aquel muchachillo que venía uno de cada tres días y no siempre abría el libro dijo: “es que no es un olor malo, es intenso. Como el olor de la gasolina. Huele a potencia”.

Gomina y sudor.
Colonia y gasolina.
Él y su moto.

Aprendiendo de los errores

Hoy, después de tres intentos más o menos torpes en cursos anteriores, he conseguido introducir el Past Continuous con cierto éxito en un puñado de cabecitas de 3º de la ESO. Y mira que me ha costado. El Past Continuous es una forma muy sencilla de entender y un poquitín menos sencilla de practicar que es más o menos equivalente a dos formas del español: “yo estaba hablando” (que a mí no me enseñaron con ningún nombre pero que por coherencia debería llamarse pretérito continuo) y “yo hablaba” (pretérito imperfecto).

El problema del Past Continuous en una clase de secundaria está en la comprensión lectora. Las gramáticas ponen ejemplos como “I was studying when the phone rang”. Los críos captan que el primer verbo que leen es la acción que ocurre primero, y el segundo es la acción que ocurre después (y si traduces literalmente al español te queda perfecto, “yo estaba estudiando cuando sonó el teléfono”). Problema: con los ejemplos inadecuados introducidos en clase en el orden inadecuado, los alumnos se hacen un lío o sacan conclusiones equivocadas sobre qué ocurre antes, qué ocurre después, y si las acciones terminan o no antes de que empiece la siguiente.Y además, por culpa de quien escoge los ejemplos, o sea yo.

En un mundo ideal, todo lo que hacemos en una clase de inglés sería comunicativo. Pero como somos 25 personas, algunas de las cuales se pierden cuando tienen por delante más de dos o tres líneas seguidas de texto, solemos tener entre una y tres horas de clase teórica por cada unidad didáctica. Sí, es anticuado, sí, es aburrido para el que ya lo entiende, pero funciona si no se abusa. Con cada unidad nos podemos pasar tranquilamente diez horas más – un 10%-20% de las clases dedicado a la teoría no es mucho.

Así que hoy, como cualquier otro lunes, empiezo por preguntar en inglés qué han hecho el fin de semana y pongo una serie de ejemplos en la pizarra, según me contestan, para que las frases que voy a usar de modelo tengan alguna relevancia. Y salen cosas como:

Ana went out and met her friends.
Blanca put on her party clothes and went out.
Carlos put on his sports clothes and played a football game.

A continuación machaco algo que puede parecer muy elemental, pero no siempre lo es: ¿cuántos verbos hay, cuáles son, y en qué orden ocurre cada acción? Ante esto, algunos dudan pero casi todos lo deducen sin problemas. Y la siguiente pregunta: ¿está terminada la primera acción antes de que ocurra la segunda? Y sin duda, todos dicen que sí.

Estupendo. Estamos a un solo ejemplo del past continuous.Y pongo en la pizarra:

“Dolores got dressed and Eduardo called her”.

Aquí se nos desmorona todo el castillo. Cuántos verbos dos, cuáles son got y called, cuál ocurre primero got, y finalmente, ¿Dolores estaba vestida o a medio vestir cuando Eduardo la llamó? Dolores estaba a medio vestir. Nos pongamos como nos pongamos, aunque comparemos esta frase con las anteriores (pasado simple, and, pasado simple), da igual, después de varios minutos, pruebas con otros ejemplos más, si el final de la frase es “…and Eduardo called her” o “when Eduardo called her”, dos de las tres clases de hoy (y otras clases en otros años) entienden “la primera persona estaba en pleno proceso de hacer da igual qué y entonces el teléfono la interrumpió”.

A continuación pasamos a la oración que significa lo que los alumnos quieren leer:

“Dolores was getting dressed when Eduardo called her”.

Ahora todo queda un poco más claro. Ellos están aprendiendo que hay dos pasados distintos: el de lo inacabado y el de lo acabado. Yo estoy aprendiendo también: que no puedo pedirles que respeten la gramática hasta el punto de que les haga olvidar su conocimiento previo del mundo, ya que lo normal es que el teléfono siempre nos interrumpa, y esa preconcepción puede más que toda la teoría que sepamos.

Puedes bailar.

Se puede bailar con una profesora que tiene sentido del humor, paciencia, un toque mágico para enganchar a principiantes, y dominio de estilos minoritarios. Hay que aprender a superar que su técnica no es la mejor, y que su estrategia de marketing incluye no criticarte nunca para que no te desanimes, así que tienes que corregirte los fallos con ayuda de las compañeras. Al final, puedes acabar con tus primeros crótalos, un puñado de fotos y DVDs, un intento (fallido) de seducción, y un repertorio simpático de movimientos.

También puedes bailar con una profesora exigente en una escuela que se cae a pedazos. Notarás que tus movimientos mejoran de modo bastante evidente. Al mismo tiempo, las diferencias en técnica con lo que sabías de antes, y la dificultad en encontrar tu propio estilo te pueden llevar a considerar estos meses un retroceso. No importa. Has aprendido que estás dispuesta a sacrificar muchas cosas para seguir bailando.

Podrías incluso aterrizar en una clase de baile donde sabes que estás de más, y la confusión entre clientas, amigas y alumnas te convierte en un extraño enemigo interno.

Puedes bailar con varios profesores fabulosos que siempre acaban viajando muy lejos de donde vives tú. O a la inversa, la vida puede llevarte a una distancia imposible de la clase más cercana.

No importa. Una bailarina necesita tribu y maestra. Busca los tuyos. Baila mientras tanto. Sabes que sola no es igual, pero hazlo. Que cuando encuentres la próxima tribu, el siguiente maestro, te pillen bailando.