Archivos mensuales: enero 2012

Frío

Sí, esto está en la categoría educación. Tendrá sentido enseguida.

Hace meses me compré unos vestidos monísimos, de algodón elástico, de manga larga y bordados. El problema es que no tengo ninguna chaqueta que combine con ellos, y si me los pongo para ir a trabajar no quiero estar todo el día con el abrigo puesto. Así que me fui a las rebajas con una idea de qué chaqueta quería: algo suelto para poder correr por un pasillo, escribir en la pizarra, cargar con pesos, nada, lo típico. pero en las tiendas no me gustaba nada.

Hablé con una vendedora, que después de escuchar cada una de mis pegas a sus prendas, dijo “me ha dicho que los vestidos son de manga larga, ¿no? Entonces para qué necesita llevar puesta una chaqueta, habiendo calefacción?”

Y yo no le contesté nada. ¿Cómo le cuento que he trabajado en un instituto con el patio orientado al norte, donde era imposible mantener calientes todas las aulas de esa fachada? El problema no habría existido si hubieran construido el edificio con cualquier otra orientación, pero aquello es lo que había. ¿Cómo le cuento que trabajo en un instituto que está alicatado por entero? Es útil para que no se manche la pared, imagino que ahorramos mucho en pintura. Hablando de ahorro, también podría decir que como parte del ahorro energético la calefacción está puesta entre dos y cuatro horas al día. Y en realidad da igual, porque hay puertas y ventanas abiertas por todas partes.

El ahorro es necesario, y se hace bastante bien. Lo que no hay es eficiencia. He pasado de un instituto con una fachada norte y una fachada sur, con medio instituto helado y el otro medio sudando como pollitos, a un instituto que parece pensado para que demos clases en julio y agosto. Muy fresco, sí, pero entre Noviembre y Abril se pasa frío. Se pasa mal. Y parece tonto, pero esto influye en nuestro trabajo y en el rendimiento de los alumnos, que además de estar incómodos dedican un tiempo precioso a pelearse para sentarse cerca del radiador y de paso controlar si se abren las ventanas.

En fin. Dejaré mis vestiditos para días de más calor.

 

Vale, nos casamos, y ahora qué.

Primero viene decidir que os casáis, y después decidir si vais a montar una boda (porque no es lo mismo). Vamos a suponer que os metéis en montar una boda. Hay muchas cosas que hacer y es normal no saber por dónde empezar. Por razones prácticas, lo más importante es la fecha. Yo me casé por la iglesia, así que no sé cómo es el proceso para casarse por lo civil. En cualquier caso, es una buena idea empezar por el lugar de la ceremonia y sólo entonces buscar el lugar de la fiesta. Es más práctico aunque sólo sea porque a menos que vivas muy lejos de una ciudad, en una zona rural realmente aislada, siempre va a haber más sitios dónde elegir para comer que para casarte.

Para bodas por la iglesia, todo depende de querer casarte en una iglesia muy popular, por ejemplo antigua, en el centro de la ciudad, o por el contrario, en una parroquia de barrio, donde tienes algo más de margen. En teoría, el proceso es el mismo. Hacia finales de verano, las iglesias abren plazo para apuntarte a casarte no en elaño natural siguiente, sino al otro. Es decir: si en estos momentos has decidido casarte y quieres hacerlo en una iglesia renacentista de tu ciudad de la que sale la Hermandad de Semana Santa con más devoción de la provincia y parte del extranjero, en agosto te dan fecha para casarte en el 2014. Es lo que hay. En las iglesias que no son tan populares, como hay menos demanda, puedes acercarte cualquier día a preguntar si tienen libre el día o el mes que te interesa. Si sirve como medida, un mes de julio yo pregunté por septiembre del año siguiente y ya habían cogido un par de sábados.

Nosotros nos casamos en la capilla del colegio de las Salesianas de Nervión, en Sevilla (aparte están los Salesianos de Triana). Como es normal en la capilla de un colegio de monjas, es muy sencilla, por dentro y por fuera. En nuestro caso, escogimos casarnos allí porque yo prefería una sencilla a una de las más céntricas con muchas obras de arte barroco, y porque casi toda la familia del novio había estudiado en ese colegio. No siempre se puede elegir (si tu padre es el Hermano Mayor de la Cofradía del Santo Florero, te casas en la Iglesia del Santo Florero y tienes un padre feliz), pero si estás intentando decidirte, puede que estás más a gusto en la parroquia de tu barrio que en una con más glamour.

Primero, porque para glamurosa tú. Se te va a ver más a ti, al novio, al pedazo de traje de la madrina, y a las flores. Sobre todo las flores. Una novia suele abultar bastante, pero intenta que se vean las flores en una iglesia con las paredes forradas de oro.

Segundo, porque va a ser más fácil conseguir fecha.

Y además, es probable que sea más fácil llegar andando o en coche a la parroquia de tu barrio que a la catedral.

Si eres creyente, o si un parte significativa de los invitados lo son, el ambiente de una iglesia modesta puede favorecer un ambiente más espiritual. Menos dorados y estatuas de mártires sangrantes que distraigan.

Una vez que tomes tu decisión, lo único que necesitas es acordar una fecha. Falta mucho tiempo todavía para tener que hablar de papeleos. Además, los papeles (que son dos y te los cuento otro día) se tienen que hacer en la parroquia donde vivas, y en la parroquia donde te cases, y si como yo te casas en una capilla que no es parroquia, lo único que puede hacer la persona encargada por ti es apuntarte en su agenda.

Por último, ¿hay que pagar algo ya? Pues aún no. Todas las iglesias y capillas te van a cobrar un dinero simplemente por dejarte usar su espacio. Varía muchísimo de unas iglesias a otras, pero empieza a pensar en unos 200 euros. En teoría, no te lo van a pedir si te casas en tu propia parroquia. Igualmente, en teoría un cura no cobra por casarte. Algunas parroquias te cobran por los papeleos. Yo hice los cursos en la parroquia de Los Remedios de Estepa, donde nunca se habló de dinero ni para pedir la voluntad, y el expediente matrimonial en El Redentor en Sevilla, donde ocurrió lo mismo. Pero cada ua es diferente.

Lo siguiente es decidir a cuánta gente quieres invitar antes de avisar de que te casas, o buscar dónde celebrarlo. Seguiremos informando.

El Google calendar

Aquí tenéis mi agenda. Le he creado una dirección compacta para que cualquiera la pueda recordar: bit.ly/english_calendar.

Este calendario nació el año pasado porque daba clase en tres grupos de 1º de bachillerato. Dependiendo del grupo, la clase era Inglés Primera Lengua, Inglés Segunda Lengua, o proyecto integrado, con lo que sumaban cinco programaciones de aula diferentes. Los alumnos eran de varios pueblos diferentes con lo que les dije que los trabajos en equipo los podían hacer mezclándose entre distintas clases. En cualquier caso, cada trimestre iba a tener dos exámenes de inglés, dos redacciones, un proyecto escrito, una prueba oral de agún tipo: seis fechas. En el caso del grupo de segunda lengua, era igual de complicado porque no había exámenes pero sí había mucho más trabajo por escrito. Así que en lugar de dedicar diez minutos de cada clase a sincronizar agendas, dije “eso está en el calendar”.

Ahora uso el calendar de una manera un poco diferente porque es mi propia agenda al mismo tiempo que la de los alumnos. Antes, me apuntaba en el cuaderno de profesor un croquis rápido de lo que quería hacer cada día, porque llega a haber momentos en los que pienso: “esta lección tan bonita que tengo diseñada, ¿pensaba darla en lunes o en martes? ¿Hemos hecho esta actividad, o sólo la he planeado y está por hacer?”. Sí, un lío.

Ahora, en lugar de mi agenda de papel, que normalmente actualizo a dos semanas o por unidades didácticas, uso el google calendar siempre. Esto tiene ventajas para los alumnos y también para las familias, que en la tutoría de tercero que tengo este año a veces me preguntan ¿y usted no nos podría avisar a nosotros de cuándo tiene Pepito los exámenes? Pues sí.

Ayer utilicé Séneca para comunicar a la mayor parte de los padres de mis alumnos que tenemos esta herramienta. Esta mañana un alumno me ha dicho que cuando su padre recibió el SMS, se creía que era un castigo y el chico le tuvo que enseñar la página web para que entendiera que no, castigo no era. Quizá los padres están demasiado acostumbrados a que todas nuestras comunicaciones sean malas noticias.

Google Calendar

Aquí tenéis mi agenda. Le he creado una dirección compacta para que cualquiera la pueda recordar: bit.ly/english_calendar.

Este calendario nació el año pasado porque daba clase en tres grupos de 1º de bachillerato. Dependiendo del grupo, la clase era Inglés Primera Lengua, Inglés Segunda Lengua, o proyecto integrado, con lo que sumaban cinco programaciones de aula diferentes. Los alumnos eran de varios pueblos diferentes con lo que les dije que los trabajos en equipo los podían hacer mezclándose entre distintas clases. En cualquier caso, cada trimestre iba a tener dos exámenes de inglés, dos redacciones, un proyecto escrito, una prueba oral de agún tipo: seis fechas. En el caso del grupo de segunda lengua, era igual de complicado porque no había exámenes pero sí había mucho más trabajo por escrito. Así que en lugar de dedicar diez minutos de cada clase a sincronizar agendas, dije “eso está en el calendar”.

Ahora uso el calendar de una manera un poco diferente porque es mi propia agenda al mismo tiempo que la de los alumnos. Antes, me apuntaba en el cuaderno de profesor un croquis rápido de lo que quería hacer cada día, porque llega a haber momentos en los que pienso: “esta lección tan bonita que tengo diseñada, ¿pensaba darla en lunes o en martes? ¿Hemos hecho esta actividad, o sólo la he planeado y está por hacer?”. Sí, un lío.

Ahora, en lugar de mi agenda de papel, que normalmente actualizo a dos semanas o por unidades didácticas, uso el google calendar siempre. Esto tiene ventajas para los alumnos y también para las familias, que en la tutoría de tercero que tengo este año a veces me preguntan ¿y usted no nos podría avisar a nosotros de cuándo tiene Pepito los exámenes? Pues sí.

Ayer utilicé Séneca para comunicar a la mayor parte de los padres de mis alumnos que tenemos esta herramienta. Esta mañana un alumno me ha dicho que cuando su padre recibió el SMS, se creía que era un castigo y el chico le tuvo que enseñar la página web para que entendiera que no, castigo no era. Quizá los padres están demasiado acostumbrados a que todas nuestras comunicaciones sean malas noticias.

IKEA y los propósitos de año nuevo.

Un paseo por la sección de cocinas del IKEA es enternecedor. Le devuelve a una la fe en la humanidad. El único sitio donde la gente hace más propósitos que allí es en el supermercado, sección de verduras (o yogures desnatados). En el Ikea todo el mundo quiere mejorar y hacer sus vidas más interesantes, y sus casas más bonitas y acogedoras, que es lo verdaderamente raro. Sobre todo la sección de cocina.

La cosa funciona más o menos así: vamos al ikea a comprar muebles, vasos o cortinas. Pero en la sección de cocina, al lado de los platos y cubiertos, hay todo tipo de cacharrines monos. Descorazonador de manzanas (no sé cómo pude vivir sin él). Cucharillas de medir (evítalas, son malísimas). De todo. Si eres cotilla, como yo, en cinco minutos en la sala de menaje oirás a parejas que compran más platos de los que necesitan, “por si vienen visitas”. Quienes compran pequeñas herramientas para facilitar la vida a madres con articulaciones fastidiadas. A quien le entran ganas de aprender a cocinar platos nuevos y hasta a hornear dulces y por eso se van a comprar unos moldes. Entras a comprar muebles y decides que éste va a ser el año que aprendas a hacer pan, que invites a la familia a comer el domingo, que por fin uses esos libros de cocina que cogen polvo en la estantería.

Sí, el ikea nos muestra traicioneramente un ideal de vida para que nos ilusionemos y les compremos cacharritos. Pero me encanta.

 

 

 

 

Aventuras en aprendizaje colaborativo.

Permitidme que os presente a MMC. MMC es una chica de 3º de la ESO con una permanente cara de sueño y un conflicto vital: quiere graduarse sin trabajar. También quiere trabajar en cualquier cosa que incluya niños pequeños. La ruta está clara y la han trazado otros por ella en función de cuánto tiempo y dinero esté dispuesta a invertir en formación: empezando por cuidar de los bebés de los demás a domicilio, estudiar un ciclo formativo y trabajar en una guardería, o estudiar Magisterio-especialidad-infantil y escoger entre las guarderías y la educación Infantil dentro de los colegios. Simplificando, ella sabe que Eso Es Lo Que Hay. De momento viene a clase a mirarme con su cara de sueño y a decir que hoy no se ha traído el cuaderno; que no puede contestarme porque no me entiende cuando hablo en inglés; que no ha hecho el ejercicio porque no sabía qué había que hacer. Y así, dos meses.

Introduzco el método colaborativo. Es simple. Mando deberes un solo día en semana y para hoy había unas tareas gramaticales, mecánicas y sosas. Pero para corregir, les digo que se pongan en grupos de cuatro o cinco y se corrijan entre ellos. En 40 minutos, me preguntan dos dudas que no saben resolver solos. No hay ni ruido estridente ni silencio, sino un murmullo que suena a concentración. Un grupo, el de MMC, termina veinte minutos antes de la hora así que me siento con ellos a charlar un rato y ponerles lo que ellos llaman “un positivo de espikin”. Comprender mis preguntas en inglés les resulta más difícil que hilar una respuesta. Pero…

-What’s the hardest subject?

-Que cuál es la asignatura más difícil.

– What did you do last weekend?

-Que qué hiciste el fin de semana.

– Did your team win?

-Que si ganasteis.

Y así. MMC traduce con soltura casi todo lo que pregunto a sus compañeros con menos reflejos. Alucino.Y lo hace espontáneamente, sin darse ni cuenta.

No tengo ni idea de dónde acabaremos MMC y yo de aquí a que acabe el curso. He visto a nenas parecidas desertar del sistema o acabar triunfando en Bachillerato. De momento lo que sé es que de las cuatro horas semanales que paso con su grupo, dos de ellas van a ser de trabajo en equipo. A ver qué sacamos de aquí.

Tallas

Tengo una talla inglesa 14. En España eso quiere decir M, L, 44, 46, la-46-es-pequeña-y-48-no-tenemos, y muy de vez en cuando 42. Tengo dos prendas (un jersey y una chaqueta entallada) de talla 36… premamá, lo cual quiere decir que un diseñador decidió que tengo el cuerpo de una mujer muy menuda pero con una barriga por delante. Ninguna de estas cosas me preocupa demasiado.

El tallaje español quiere decir que en las tiendas, o mi talla no existe, o se acaba muy deprisa, o las cosas que se supone que deberían ser de mi talla no me sientan bien. Lo mejor que me puede pasar en una tienda es que mi talla sea la más grande, o que haya una talla justo por encima de la mía. Hace más de 15 años que compro ropa y todavía no he aprendido del todo qué empresas quieren mi dinero y cuáles no.

En las últimas semanas he vivido unas cuantas experiencias bastante deprimentes sobre este tema. Lo primero, parte de la culpa del problema lo tienen las consumidoras españolas. Como suena. Me he encontrado cosas como éstas:

– Compañeras de trabajo a las que les entraba la risa tonta hablando con repelú de que en alguna tienda de tipo coste medio-bajo había tallas muy grandes. Es decir, no les gustaba que la misma prenda que ellas se iban a comprar en una talla 42 o 44 estuviera disponible en la 54. No les gustaba que las tallas grandes compartieran local con las otras. Y no podían imaginar quién podía necesitar una camiseta mona y de colorines en la talla 54.

– Compañeras mías que no se quieren creer que uso mi talla. A ojo, me atribuyen entre una y tres tallas menos, porque de la misma manera que la 36 es el ideal de la delgadez, la 42 parece ser el ideal de la mujer curvilínea y “madura” (quiero decir, no infantilizada), y cualquier cosa por encima se entiende como “tallas grandes”, es decir tallas de gorda, y como yo no me parezco a la pesadilla obesa de su imaginación, creen que exagero o que no me gusto.

– En general, gente que piensa que te tienes que ajustar a la ropa y no la ropa a ti. Pero esto es una batalla perdida.

Ayer estuve de tiendas en dos boutiques multimarca muy modernitas y caras de Sevilla. En la primera de ellas, había sobre todo ropa francesa. Camisetas, chaquetas y vestidos de 300 euros, rebajadas a la mitad. Pregunté a la vendedora cuál era la talla más grande que trabajan, y básicamente se hizo un lío. Lo que entendí mirando las etiquetas es que en lugar de las habituales cinco o como mucho seis tallas (de la 36 a la 46), trabajan menos, entre tres y cuatro tallas por marca de ropa, y que empiezan entre la 32 y la 34. Es decir, que habría sido necesario que las marcas tuvieran al menos seis tallas para que me mereciera la pena entrar en la tienda. La vendedora no hizo el menor esfuerzo por animarme a probarme alguna de las prendas más grandes de la tienda, y me dijo que el problema es que las prendas más grandes se las quitan de las manos antes de las rebajas. Vamos, que la culpa es mía por salir de tiendas en Enero.

En la segunda tienda tuve una experiencia parecida, aunque no me paré a hablar con la vendedora. Me pregunto cuántas mujeres de la talla 36 pueden disponer alegremente de 200 euros para gastar en una sola prenda. Y cuántas mujeres de la talla 50 están en la misma situación que yo: con mucho dinero para gastar.

Al final acabé comprando en un local nuevo para mí, donde por primera vez en mi vida los pantalones me quedan perfectos. Aquí, las vendedoras tenían una verdadera preocupación porque las clientas no pensáramos que la etiqueta nos estaba llamando gordas. Desde el probador escuché decir unas cuatro veces “la etiqueta dice 46 pero esa es la talla italiana, usted en verdad tiene la talla 44, ¿eh?”. No fuera a ser que alguien se negara a comprar algo solamente porque la etiqueta no favorece.

Y es un curioso contraste el de la primera y la última vendedora. La primera me dijo, “yo no me puedo poner los vestidos que vendo porque a pesar de que tengo la talla 38, soy ancha de hombros”. La vendedora a la que dejé la tienda vacía me dijo “es cuestión de encontrar la tienda donde el patronaje te sienta bien. Esta marca que vendo no hace pantalones que me queden bien a mí”. Una le echaba la culpa a su cuerpo. La otra se lo echaba al diseño.

Recapitulando la primera evaluación.

Este tipo de temas puede ser un poco aburrido al principio, porque lo que interesa de verdad es cómo los grupos y los alumnos evolucionan y sacar conclusiones. Pero cambiemos las paredes del instituto por otras de cristal y veamos un cachito de lo que pasa dentro.

Al principio del curso, hacemos lo que se llama una “evaluación inicial”. POdemos hacerla como queramos y es normal hacerlo con un examen, que nos da una nota numérica. pero tiene dos inconvenientes graves: que sólo puede evaluar lo que sale en un examen (no me va a decir nada sobre comunicación oral, actitud, creatividad) y que hay que corregirlo, con lo que el curso empieza con prisas y agobios. Este año, en tres de mis cuatro grupos la evaluación inicial fue un examen escrito, entre otras razones porque yo estaba de permiso. En fin, es una herramienta válida pero incompleta.

Es un buen momento para comparar si mis alumnos han evolucionado algo o no.

En un grupo donde el nivel es bastante uniforme, la actitud es pasiva, y la conducta excelente, en la evaluación inicial tenía un nivel apto (no un aprobado, sino un nivel igual o superior a aprobado del año anterior) sólo el 15% de la clase. En la primera evaluación, en cambio, esa tasa ha subido a 70%. El 15% viene a clase para no hacer nada, y el otro 15% trabaja pero suspende. Es decir, está claro que hemos mejorado.

En un grupo de nivel muy heterogéneo tirando a bueno, actitud activa y bastantes problemas de conducta, hemos pasado de un 55% de alumnos con “apto” en la evaluación inicial a 63%. El 10% de los alumnos han abandonado y el 27% que nos queda suspende. Este grupo puede mejorar mucho.

En un grupo que también tiene un nivel heterogéneo y la actitud es de interés en la clase aunque se distraen con mucha facilidad, el “apto” inicial lo obtuvieron el 45% de los alumnos. En Diciembre, aprobaron la mitad. Esta clase no tiene alumnos que se nieguen en redondo a trabajar. Estoy convencida de que la mitad de los suspensos habrían sido capaces de aprobar.

En el único grupo donde la evaluación fue realizando trabajos para casa y observando la participación en clase,   los alumnos aptos eran el 70%. Aquí la estadística se nos pone peor porque han aprobado en Diciembre escasamente el 60%. La mitad de los que suspende, de nuevo, viene para no hacer nada ni en esta ni en las demás asignaturas.

En conclusión: dos grupos han ido mejorando, dos grupos han mantenido el nivel o lo han bajado ligeramente. Y las clases están compuestas por una mayoría que trabaja y aprueba, una porción de entre 10% y la cuarta parte de la clase que no trabaja nada, y una cuarta parte que trabaja pero no aprueba, de momento.

 

Bodas y matrimonios

Voy a empezar por el final.

Estar casado o convivir es poco más o menos igual. De verdad. El papel no ha cambiado nada, o por lo menos yo no me he dado cuenta. Como mucho, los tres meses siguientes a la boda han sido casi igual de estresantes que los tres anteriores (por motivos completamente diferentes) pero ahora parecía que estábamos más a gusto el uno con el otro. Aparte están las ventajas legales, pero al grano: yo no me siento diferente por estar casada después de tres años de convivencia.

Casarse es firmar en un papel, delante de testigos, que quieres establecer una convivencia a largo plazo con otra persona, porque la quieres. Si además lo haces en una iglesia, estás firmando que esa convivencia va a ser exclusiva y para siempre.

Organizar una boda es dar una fiesta formal o semiformal en la que todas las personas que conoces esperan que haya un mínimo de cien invitados.

Tienes experiencia en convivir, seguro. Todos nos hemos criado con una familia o algo que se le parecía. A lo mejor tienes experiencia de vivir en pareja.

Es una perogrullada, pero hay que decirlo: ninguna de esas dos cosas se parece en nada a organizar una fiesta semiformal para cien personas. Es una locura, nadie te va a contar la verdad sobre cómo hacerlo, antes de que el día llegue te vas a arrepentir, y no se lo vas a poder decir a nadie.

Si todavía tienes ganas de dar esa fiesta, o si quieres saber cómo la hicimos nosotros, sigue leyendo.

(Imagen: gapingvoid.com)

Recortes y empleo

Pongámonos en lo peor. Esto no es una cuestión de rigor periodístico, ni nada parecido. Es una profesora de secundaria poniéndose en lo peor.

Primero, el sueldo. La bajada del año pasado no fue de un 5% en mi caso, fue de un 8%, que yo siento como la pérdida de una nómina completa al año.

La inflación ha sido poco más o menos del 3%. Eso supone una pérdida de poder adquisitivo acumulada del 11%. En mi caso es más porque con un traslado forzoso, ahora pago un 20% más de alquiler.

Subamos el IVA. Ha subido cuánto, ¿dos puntos? Vale, redondeemos hacia arriba. Pérdida de poder adquisitivo del 15%.No sé cuánto me van a subir el IRPF, así que lo dejo así.

Supongamos (y esto es adelantar acontecimientos) que desmantelan MUFACE y se cargan la sanidad pública. Me busco un seguro privado que me sale por el equivalente de media nómina al año. Eso es un 4% del salario con el que empecé. Recorte total de mi poder adquisitivo de un 19%.

Redondeemos esto al 25% imaginando se sube la gasolina, la luz, el gas, etc. Mi capacidad de ahorrar, que es mucha, desaparecería. Muchos gastos comunes ahora (una cervecita, comprarme un libro, salir de tiendas, ir al cine, viajar), también.

Me olvido de los principios, de mis ideas políticas, de la hemeroteca, porque hay otra cuestión económica importante: mi marido está en paro desde hace dos años. Llega un punto en el que acabo por pensar que si todo lo que se está haciendo va a servir, de algún modo indirecto que no entiendo, para que aumente el empleo y él encuentre trabajo, pues irá una cosa por la otra. Pero por otra parte, con el nivel actual de recortes y el sueldo que puede esperar ahora, estaremos sólo un poquitín mejor que en sus primeros meses de desempleo.