El Google calendar

Aquí tenéis mi agenda. Le he creado una dirección compacta para que cualquiera la pueda recordar: bit.ly/english_calendar.

Este calendario nació el año pasado porque daba clase en tres grupos de 1º de bachillerato. Dependiendo del grupo, la clase era Inglés Primera Lengua, Inglés Segunda Lengua, o proyecto integrado, con lo que sumaban cinco programaciones de aula diferentes. Los alumnos eran de varios pueblos diferentes con lo que les dije que los trabajos en equipo los podían hacer mezclándose entre distintas clases. En cualquier caso, cada trimestre iba a tener dos exámenes de inglés, dos redacciones, un proyecto escrito, una prueba oral de agún tipo: seis fechas. En el caso del grupo de segunda lengua, era igual de complicado porque no había exámenes pero sí había mucho más trabajo por escrito. Así que en lugar de dedicar diez minutos de cada clase a sincronizar agendas, dije “eso está en el calendar”.

Ahora uso el calendar de una manera un poco diferente porque es mi propia agenda al mismo tiempo que la de los alumnos. Antes, me apuntaba en el cuaderno de profesor un croquis rápido de lo que quería hacer cada día, porque llega a haber momentos en los que pienso: “esta lección tan bonita que tengo diseñada, ¿pensaba darla en lunes o en martes? ¿Hemos hecho esta actividad, o sólo la he planeado y está por hacer?”. Sí, un lío.

Ahora, en lugar de mi agenda de papel, que normalmente actualizo a dos semanas o por unidades didácticas, uso el google calendar siempre. Esto tiene ventajas para los alumnos y también para las familias, que en la tutoría de tercero que tengo este año a veces me preguntan ¿y usted no nos podría avisar a nosotros de cuándo tiene Pepito los exámenes? Pues sí.

Ayer utilicé Séneca para comunicar a la mayor parte de los padres de mis alumnos que tenemos esta herramienta. Esta mañana un alumno me ha dicho que cuando su padre recibió el SMS, se creía que era un castigo y el chico le tuvo que enseñar la página web para que entendiera que no, castigo no era. Quizá los padres están demasiado acostumbrados a que todas nuestras comunicaciones sean malas noticias.

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