Casos prácticos de fracaso escolar.

En otra ocasión hablé de MMC, y como es un nombre un poco frío, llamémosla Macarena. Al final, hemos fracasado todos, al menos de momento. Ha decidido que no va a seguir estudiando este año. Los mayores de 16 años que no hayan terminado la ESO puede hacer una prueba de acceso a los ciclos formativos de grado medio, y ella y su compañera han decidido que van a pasar un añito sabático mientras les llega la edad de hacer esa prueba. Las dos tienen claro que lo que quieren hacer con el resto de sus vidas es cuidar de niños pequeños, y la amiga ya trabaja. Me ha dicho que cuida niños en verano y que cuando una señora la vio en un parque vigilando a una niña, le preguntó si también podía hacerse cargo de los suyos.

He leído mucho en el último par de años sobre la falta de relación entre el  mercado laboral español, nuestra economía, y el sistema educativo. La síntesis de lo que se dice por ahí es un par de ideas sencillas:

1. Es mentira que estudiar muchísimo sirva para conseguir un buen trabajo, porque en España no se paga nada bien a la élite científica y no hay suficientes puestos de trabajo para los que se van formando.

2. El boom inmobiliario estimuló agresivamente una alta tasa de abandono escolar y fracaso escolar masculinos, porque los chicos podían ganar mucho dinero si dejaban de estudiar. A las chicas les afecta algo, pero no tanto.

En fin. Tenemos una tasa de fracaso escolar de un tercio, con alumnos listos y trabajadores como Macarena y su amiga, y yo no sé lo que les puedo decir. Porque, en realidad, ¿qué motivos tienen ellas para estudiar? ¿a dónde te lleva en este país la vocación de cuidar de los hijos de los demás? ¿A montar una guarderia privada? Sé por mis amigos y familiares lo extraordinariamente duro que es tener una empresa pequeña en este país, y el inmenso esfuerzo que tendrían que hacer para llevarla adelante. Lo único que puedo decirles es que su alternativa legal y segura a trabajar por horas cobrando en negro pasa por estudiar un mínimo de siete años más, a los que se suman unas oposiciones inciertas, para tener un sueldo de unos 1,500 euros si trabajan en un colegio y alrededor de la mitad si trabajan en una guardería privada. Ante estas opciones, lo extraordinario es que una adolescente con esta vocación siga estudiando, y así seguirá siendo mientras sea tan fácil trabajar sin preparación y el trabajo cualificado se pague tan mal.

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