Archivos mensuales: octubre 2012

Un método para trabajar con grupos en el aula.

Utilizo este sistema un mínimo de un día a la semana desde hace tres trimestres. Cada vez le he ido introduciendo cambios y me gusta la forma en la que trabajamos ahora.

La idea es así: primero, con el mayor cuidado posible, creamos grupos, procurando que unan a personas de distintas habilidades. Y un día a la semana pueden trabajar en lo que deseen, siempre que se trate de nuestra asignatura. Es una manera ideal para grupos que necesitan una dosis pequeña de ejercicios repetitivos, de machaque; en nuestro caso, gramática inglesa. Así trabajan mucho más rápido y se aclaran las dudas entre todos. También sirve para justo lo contrario: proyectos creativos e imaginativos.

Uno o dos ejemplos en acción:

Una clase de 4º de ESO. En el sentido de las agujas de reloj: el grupo de arriba, con 6 miembros, había decidido otro día que va a hacer un proyecto, un trabajo de investigación. Este día decidieron que el resultado será un póster, y que dividirían ciertas secciones para trabajar por parejas. Más allá de la mochila verde y fuera del cuadro había una chica que se negaba a trabajar (desde que se hizo la foto ha cambiado de idea). Tenía un problema personal grave y tres personas de dos grupos diferentes interrumpieron brevemente su actividad para animarla un poco. Les dejé hacerlo porque estas pausas cortas no estropearon la dinámica de trabajo de los dos grupitos. El equipo de abajo estaba repasando vocabulario de cursos anteriores con la ayuda de un solo libro de texto para cuatro personas, con una competición a base de puntos creada por ellos mismos. El grupo que está sólo parcialmente en la foto (chico de la camiseta rosa) estaba trabajando a toda máquina en hacer ejercicios machacones de gramática. Las chicas del centro hicieron un ejercicio de vocabulario variado que ni se había dado en clase ni va a caer pronto en un examen; más tarde, dos de ellas consiguieron que otra comprendiera por primera vez en su vida un punto de gramática bastante elemental, pero que siempre se le había resistido.

Chiquitines de primero de ESO muy concentrados en comprobar cuántas palabras del mismo campo semántico conocían entre todo. La actividad era muy fácil y podríamos haberla hecho en conjunto en la pizarra, pero era la primera sesión de trabajo conjunta y les encargué deliberadamente unatarea muy sencilla. La semana siguiente hubo algunos cambios en la composición de los grupos al verse quiénes trabajaban bien o mal juntos.

Ahora mismo, los alumnos de 2º y 4º trabajan en lo que quieren, aunque en los 5 primeros minutos de clase, si no se han decidido les pongo una tarea yo. A los de 1º les doy a escoger entre un número limitado de tareas posibles, de momento casi siempre del libro.

Cinco grupos es mi límite. Cuatro es mejor, hay menos ruido y es más fácil comprobar que están trabajando en lo que dicen que van a trabajar. Seis es un caos. Del cumplimiento semanal de la tarea encomendada sale el 10% de la nota final y los únicos criterios son la compenetración del equipo y el aprovechamiento del tiempo. Es decir, si medio equipo trabaja y el otro medio pierde el tiempo, esa semana no hay puntos para el equipo por mucho que protesten.

Este sistema requiere supervisar a los alumnos de muy cerca algunas sesiones. Con algunos grupos hay que recordarles que de ello depende parte de la nota, tomar alguna medida con gente que se pasea por la clase o insatisfechos que tras un par de semanas quieren cambiar de equipo… pero cuando todos se acostumbran al nuevo método, aprenden y se divierten. Es la mejor manera que conozco de utilizar el libro de texto.

Una manera de crear grupos de trabajo.

(foto subida con el permiso de los alumnos)

Esta forma de crear grupos de trabajo me la enseñó Iván Bolea cuando era profesor de Historia en el mismo IES que yo. Siempre me ha funcionado bien y da mejor resultado en la ESO que dejar que los alumnos se agrupen como quieran, aqune hay que estar dispuesto a que se nos vaya cerca de una hora de clase en formar el grupo. Por eso merece la pena para actividades largas, por ejemplo que necesiten un mes que los alumnos las completen, da igual si son deberes o si las van a hacer en sus casas.

Se ponen en la pizarra los nombres de los alumnos a los que se les da mejor la asignatura en cuestión, tantos nombres como grupos queremos crear. Si hay más alumnos de sobresaliente que grupos, procuramos no poner a los amigos que trabajan bien juntos. Es decir, que si hay seis alumnos con sobesaliente entre los que hay dos amigas-muy-amigas, quitamos a una y así ya podemos tener los 5 grupos que yo quería.  Si tenemos menos alumnos brillantes de lo que queremos, los siguientes que pueden ser líderes de grupo son los alumnos con mucha capacidad de organización y ninguna timidez, para que coordinen el trabajo de los demás. Por ejemplo, la clase de alumno/a a los que gusta ser el delegado.

Esos alumnos que están arriba de la pizarra escogen por turno con quién quieren trabajar. Yo suelo obligarlos a que los grupos sean mixtos, de chicos y chicas, pero no necesariamente paritarios. Puede que haya algunas protestas, aunque vienen normalmente de los que se han quedado, dicen ellos, “solos” (un niño con tres niñas y viceversa). Cuando sólo quedan cuatro o cinco personas para repartir, para evitar la tensión de ser elegido el último, esos alumnos restantes escogen grupo ellos.

Esta manera de crear grupos es una manera de que los alumnos aprendan a no trabajar siempre igual, de que estén en grupos mixtos, y así se reparten las habilidades mejor. Puede parecer engorroso, pero la alternativa es: el grupo de las niñas A y B. El grupo de los niños A y B. El grupo de la gente que no trabaja nada de nada.

En otros posts hablaré de este sistema en acción y de posibles problemas que van surgiendo.

Breve historia del feminismo: preguntas.

Cuando dividí en tweets una breve historia básica del feminismo, un par de personas me hicieron algunas preguntas que era difícil contestar en uno o dos tweets. Prometí una respuesta, o no me quedé a gusto con la que di, y aquí están los temas que surgieron.Mis disculpas por no presentar enlaces a los tweets correspondientes, pero el archivo de Twitter está un poco tonto hoy.

@akavania planteó dos cuestiones: primera, que si alguna vertiente feminista tiene el cuenta las diferencias biológicas y neurológicas entre hombres y mujeres, y en segundo lugar, lamenta que la sociedad ignore dichas supuestas diferencias en aspectos como las cuotas, las listas cremallera… en suma, en la paridad obligatoria.

A la primera pregunta, la respuesta es que, que yo sepa, sólo algunas feministas radicales han defendido cierta superioridad femenina basada en las diferencias Sencillamente, que para la supervivencia de la especie necesitamos úteros y semen o cigotos clonados, lo que hace al varón prescindible. Algunos estudiosos de la masculinidad, como Michael Kimmel, se han referido a la forma en la que la sociedad modifica las tendencias agresivas que la testosterona produce en hombres y en primates macho. La conclusión feminista suele ser que las diferencias biológicas se sitúan en un amplio espectro, es decir, que las mujeres no son una esfera y el hombre otra, sino que más bien somos como dos abanicos superpuestos. La existencia de mujeres en el ejército, por pocas que sean, y de hombres tímidos, descarta que haya algo “natural” en la personalidad, menos de forma universal. Por otra parte, cualquier característica que se haya atribuido a uno u otro sexo históricamente han variado de una cultura a otra. Incluso el concepto occidental de “instinto maternal” entendido como un deseo de tener hijos y un amor sentimental hacia los mismos no es más antiguo que la Revolución Industrial y no se da fuera de Occidente (ver “Global Woman” en bibliografía, o casi que no, porque es tela de deprimente).

Respecto al tema de las cuotas y la paridad, tengo dos opiniones. Una, que no tengo opinión, que me importa poco. Dos, que si me importa poco es porque es una preocupación muy característica del feminismo de segunda ola (recordemos: las mujeres como yo queremos tener los mismos derechos y posición social que los hombres blancos, sanos, relativamente ricos, y que son o aparentan ser heterosexuales). Me resbala cuánto poder político tengan las mujeres ricas, y si su poder político es causa de resentimiento entre los hombres en general y las mujeres pobres o sin poder, más vale que las mujeres ricas alcancen el poder por sus propios medios o que pongamos las ayuditas y los escaloncitos muy abajo en la escala (por ejemplo, ayudas especiales para mujeres muy pobres).

@bagaudas pregunta si estoy de acuerdo con todo lo que ha defendido la tercera ola. No, y además, sería tan imposible como ser un socialista que esté de acuerdo con todo lo que haya dicho cualquier autodenominado socialista en todo el planeta en los últimos doscientos años. El feminismo es un movimiento muy amplio.

Además me pregunta que cómo puede ser que creamos que estamos en un mundo hostil a la mujer cuando la mayoría de asesinados, presos, víctimas de crímenes violentos, sin techo, suicidas, y víctimas de accidentes laborales, y demás violencias, sean hombres.

Como dicen por ahí, “la culpa es del patriarcado”. El patriarcado es al machismo lo que el capitalismo es a la pobreza. Es decir: es una macro-estructura que no sólo define la falta de poder de la mujer sino también qué es la feminidad, qué es la masculinidad, y las relaciones de poder entre los hombres. A los hombres se los engaña con la idea de que si son machos, pero machos machos de verdad, conseguirán por fin ser el Macho Alfa, el coche, la moto, y el chalet en Torrevieja (Alicante). Y por fin estarán fuera de todo peligro, ellos y su masculinidad. Es mentira, es el timo de la estampita, y algunos hombres (ya mencioné a Kimmel) y bastantes feministas (como las radicales más pacíficas) llevan algunas décadas intentando desmontarlo.

En fin, al grano: lo más fácil de explicar son los accidentes laborales. Primero, a los hombres se los educa desde bebés en ser irresponsables y en despreciar el peligro. También en la inferioridad de la mujer. Luego, cuando las mujeres quieren ser mineras, bomberas, obreras de la construcción, soldados o policías, los propios hombres les niegan la entrada en esas profesiones, o se la ponen difícil.

Los delitos violentos, los homicidios y los presos forman parte del mismo problema: la criminalidad. La respuesta es la misma: quienes cometen esos delitos son mayoritariamente hombres. ¿Y por qué? Mi intuición personal es que la sociedad occidental ha creado en la mujer conductas que están medicalizadas (depresiones, trastornos de la conducta alimentaria, hipocondría, cansancio crónico, debilidades variadas) y en el hombre, conductas violentas, criminalizadas. En un universo paralelo, al adolescente agresivo se lo mandaría al médico.

Por otro lado, un hombre que agrede a otro suele agredir a un desconocido. La violencia sistemática contra el hombre se da más hacia menores, discapacitados, enfermos mentales, o en ambientes cerrados como la cárcel o el ejército. En cambio, las agresiones hacia mujeres lo son normalmente específicamente porque son mujeres: violaciones, abusos, o violencia en el entorno familiar. Está destinada a controlarlas y lo hace muy eficazmente. Pregunta en un aula de 1º de carrera de cualquier universidad cuántas chicas tendrían miedo de darse una vuelta solas por la noche, y cuántos chicos. Los chicos también corren peligro, pero no se sienten controlados.

Sobre el suicidio, no lo sé, y me gustaría conocer una explicación. Sé que es cierto que los hombres se suicidan más a menudo que las mujeres y me sorprende, porque las mujeres tienden a actuar más “hacia adentro” (autolesiones, por ejemplo) que hacia afuera.

Frente a esto, ¿por qué aún así creemos que vivimos en un mundo hostil a la mujer? Por lo ya dicho sobre la violencia sistemática, y porque relativamente hablando, no tenemos ni el dinero, ni las tierras, ni los demás medios de producción, ni el poder político, ni los medios de comunicación de masas.

El próximo, bibliografía recomendada. Ahora, ¿alguna pregunta más?