Archivos mensuales: Abril 2013

Corazón en bandeja.

No,
no voy a poner mi corazón en un poema.
No,
No en un poema como en una bandeja.
Porque entonces
ese pedacito de mí –quizá tuyo-
lo leerán otros,
y otros se lo contarán a alguien.
Mi corazón, que empezó mío,
y luego fue tuyo
acabará repartido.
Cortado con tenedor y cuchillo.
Todos podrán compararlo con los que ya conocen:
Los otros corazones puestos en blancas bandejas,
Pinchados sobre un panel,
Intimidades que otros incautos (no yo)
Pusieron en un poema para compartirlas.
Yo no,
prefiero no ponerlo.
No.
En un poema, no.
No va a ser en un poema donde te dé mi corazón.

(Ithaca, Abril 2005)

 

¿Qué clase de feminista eres?

Una crítica que las feministas recibimos a menudo es que deberíamos estar luchando para resolver otros problemas distintos. Que hay hombres maltratados, o que nos preocupamos por tonterías. Otros se meten en enredos lingüísticos sobre la igualdad y el hembrismo. Además están los desacuerdos entre las propias feministas. Es difícil evitar las discusiones improductivas en estos casos.

Leer ciertos debates online me ha hecho pensar mucho en qué clase de feminista soy, y cómo quiero ser. Escribirlo ordena las ideas, contarlo es un posicionamiento. Sigo estando a mitad de camino de todo, como siempre.

Ante cualquier conflicto de género, mi reacción visceral es cómo afecta a mi experienciay mi primer pensamiento es cómo influye ello en las vidas de mis alumnos, chicos y chicas. Por eso, estas son mis prioridades, aunque no están en orden.

  1. La integridad física. Es decir, la libertad sexual, sobre todo de las mujeres; la violencia de género; la vulnerabilidad de los varones jóvenes ante la delincuencia.
  2. Destruir los estereotipos que nos afectan aquí y ahora, el concepto occidental-español-andaluz de feminidad y masculinidad. Esto quiere decir que estoy en contra del esencialismo. No creo en una naturaleza femenina o masculina y rechazo cualquier planteamiento místico-pagano de la feminidad.
  3. El clasismo. La manera en la que el sexismo intersecciona con la clase social o la pobreza para perjudicar a los más pobres.
  4. La construcción de la masculinidad, sobre todo en los niños y adolescentes.
  5. La salud sexual y reproductiva de las mujeres cis. Eso incluye el derecho al aborto.
  6. Presiones en el entorno laboral para quienes no somos ricos. Conciliación, “mansplaining”, minusvaloración de las habilidades femeninas, acoso.
  7. El uso de lenguaje inclusivo, cuando éste sea descriptivo y eufónico.
  8. La captación de indecisos; el feminismo para principiantes.

Hay algunos temas que considero muy importantes pero en los que tengo poca formación o no me tocan. Son cuestiones que me importan ante todo en la medida en la que afecten a mis alumnos, o para estudiar e informarme. Otros son asuntos que me parecen interesantes, pero no tanto como la primera lista.

  1. Los derechos de los homosexuales, sobre todo los más jóvenes, y de los trans. El derecho a definir (¡que NO es lo mismo que decidir!) el propio género y la orientación sexual, sin violencia y sin presiones.
  2. La representación de los géneros en la ficción. Me resulta muy entretenida pero ha dejado de parecerme de lo más importante.
  3. Los trastornos alimentarios. La presión por ser bella.
  4. Los movimientos de liberación de la mujer no europea.
  5. Educación sexual más allá de la importancia del consentimiento.
  6. El feminismo de tradición francesa.

Finalmente, alguno de los temas usuales que no me interesan son éstos. Unos no me importan, otros son debates que tienen su importancia, pero me mantengo al margen.

  1. De qué sexo son las personas que ocupan el poder. Las mujeres ricas.
  2. Los debates terminológicos.
  3. Cualquier cosa escrita entera en polisílabos.
  4. Cualquier cosa que esté escrita en jerga política.
  5. Las acciones que van claramente dirigidas a llamar la atención. El activismo que busca un shock.
  6. La visibilización de la menstruación.
  7. El estatus legal de la prostitución más allá de evitar el tráfico de personas, la esclavitud, y la explotación.
  8. Los debates sobre si la pornografía o determinadas prácticas sexuales como el BDSM entre otras son buenas o malas para las mujeres.
  9. La pureza de mis aliados, ideológica o de otro tipo. Si hay que compartir lucha con un hombre de derechas que en cuestiones puntuales defiende los mismos intereses que yo, pues se comparte.
  10. Cualquier intersección entre religión y feminismo, con alguna pequeña excepción.
  11. Los espacios segregados, a menos que estemos hablando de educación (estoy en contra de casi todos, y si son educativos más).
  12. No creo (mucho) en las revoluciones. Prefiero las reformas.

Feminismo: Bibliografía recomendada.

Cuando escribí una breve historia del feminismo pensada como introducción para principiantes absolutos en teoría feminista, dije que iba a añadir una bibliografía. Repito la advertencia: mi formación es fundamentalmente anglosajona, lo que en teoría feminista casi siempre significa de Estados Unidos.

Voy a poner aquí cualquier libro que me resulte interesante, sea básico o no. Las siglas

Feminismo de primera generación, “protofeminismos”:

A Vindication of the rights of woman (Mary Wollstonecraft). Vindicación de los derechos de la mujer. Es corto, y los derechos que se reivindican están en general bastante conseguidos, pero leer que las mujeres dependen de “el arbitrario poder que les da la belleza” en el mercado matrimonial sigue siendo emocionante.

A Room of one’s own (Virginia Woolf). Una habitación propia. Un libro que empezó como conferencia, así que no es muy largo. Tras observar que los hombres han tomado a la mujer obsesivamente como objeto de estudio, definiéndola, explicándola, criticándola y creando ideales femeninos, señala algunas razones históricas por las que las mujeres no han alcanzado mucha fama como artistas, y qué necesitan para serlo. Y comenta algunas obras escritas por mujeres o sobre mujeres.

Teatro:
Lisístrata. Aristófanes. 411 BC. El cómic de Ralf König (1987) está muy bien también.

Mrs Warren’s Profession. Bernard Shaw. De todos los esritores clásicos, prestigiosos y populares, ninguno es más antiromántico y más anti-sexo que Bernard Shaw. Era un tema que ni le iba ni le venía. Mrs Warren’s Profession es una obra de teatro que argumenta que la pobreza es la principal causa de que exista la prostitución. Es decir, es abolicionista. Puedes no estar de acuerdo con lo que dice si defiendes que la prostitución es un trabajo como cualquier otro, pero viene muy bien como explicación clásica al tema.

Cómic:
Mary & Brian Talbot, Sally Heathcote, sufragista. Una historia del movimiento sufragista, muy bien contada a través de la biografía ficticia de una mujer inventada pero utilizando acontecimientos históricos.

Novela: Hay muchas, sobre todo realismo del S XIX, aquí indico solo alguna de mis favoritas.
Jane Eyre. Charlotte Brontë.
Puede que hayas visto películas o críticas que te hagan pensar que Jane Austen es protofeminista. Es dudoso, pero hay que leerla de todos modos. Aquí tienes una guía de lectura a sus seis novelas.
Remarkable Creatures, Tracy Chevalier. Su mérito es tratar un tema original: las primeras buscadoras de fósiles, y sus dificultades para que los científicos y los curiosos como ellas las tomaran en serio.

Feminismo de segunda generación.

The Feminine Mystique (Betty Friedan). La mística femenina. Publicado en 1963 después de que la autora entrevistara a antiguas compañeras de universidad, y comprobara que casi todas se sentían muy insatisfechas. Es el primer ataque frontal a ese concepto idealizado de ama de casa, madre de familia, con un marido que gane mucho dinero y con una buena casa. La mayor crítica que se le puede hacer es que está demasiado centrado en esa clase social por lo que ignora hasta el insulto las preocupaciones de las mujeres pobres, no blancas, o no heterosexuales.

Cartas a una idiota española. Lidia Falcón. La mejor explicación que conozco sobre ser española en los setenta. Tu madre se crió en esto.

Usos amorosos en la posguerra española. Carmen Martín Gaite. Por continuar con lo que fue la educación de nuestras madres.

Feminismo y raza.

Alice Walker. El artículo “In search of our mother’s gardens” es muy poético y cuenta cómo para una mujer negra que quiera ser artista, la inspiración y el apoyo de la comunidad se pueden encontrar en la creatividad de otras mujeres negras que recurrieron a una expresión como el bordado, la jardinería, etc. al no poder dedicarse al arte en sentido estricto.

I Know Why The Caged Bird Sings, Maya Angelou. Esta autora escribió su autobiografía en siete volúmenes. Este es el primero, y cuenta su infancia, una niña negra en una zona rural de Estados Unidos en los años 30. Maravilloso.

Global Woman. Varias autoras. Un libro sobre la relación entre flujos migratorios y género, que señala cómo las mujeres pobres suelen dedicarse a los cuidados cuando emigran (niñeras, cuidadoras de ancianos, etc). No todos los artículos son igual de buenos.

Teatro:
A Raisin in the Sun, Lorraine Hansberry. Una obra de teatro sobre una familia afroamericana que se va a vivir a un barrio donde todos son blancos menos ellos.

Toni Morrison, entera de principio a fin.

Feminismo radical.

El manifiesto SCUM  de Valerie Solanas un documento que mucha gente conoce de oídas: una justificación de la exterminación de los hombres. Si existe el “hembrismo”, está justo aquí. Puede interpretarse en serio, probable intención de la autora; como una sátira; o como un punto de partida para el resto del feminismo radical.  Está incluido en esta lista porque si lees sobre feminismo en internet te vas a encontrar críticas y fans, y bien está que sepas de qué hablan.

Andrea Dworkin: el clásico es Intercourse, pero yo no lo he leído. Recomiendo absolutamente el primer capítulo de Pornography: Men possessing women. Aquí hay un resumen en inglés. Dworkin es necesaria para cualquier estudio serio del sexo como agresión, tanto si estás de acuerdo con ella como si no, y ese también es su punto débil porque no ayuda nada a las visiones positivas del sexo. Otra crítica importante es que sus libros han sido utilizados para apoyar posiciones transfóbicas. No he estudiado lo suficiente como para acusar de transfobia directamente a la autora.

Violencia de género y violencia sexual:

Violencia de género y cotidianidad escolar: Carmen Gregorio Gil. Una guía breve y simple sobre desigualdad en los centros de enseñanza andaluces.

Mi marido me pega lo normal. Miguel Lorente. Completamente centrado en la violencia de género desde el punto de vista de la situación española, da explicaciones bastante sencillas y convincentes a porqué una ley asimétrica no es discriminatoria.

Ibamos a ser reinas: Nuria Varela. También sobre violencia de género, desde un punto de vista social al contrario que el de Lorente que entra más en Medicina y en Derecho.

Rape, Joanna Bourke. En español, Los Violadores, Ed. Crítica. Una análisis del tratamiento legal, social y médico dado a la violación en los últimos 150 años. Muy centrado en la cultura americana.

El maltrato a la mujer. Piedad Ruiz Castillo. El enfoque psicoanalítico lo hace menos accesible que los de Varela o Llorente. Es un libro excelente con el que redondear sobre el tema.

El Acoso Moral, Marie France Hirigoyen. No es un libro sobre feminismo pero sí muy útil para aprender sobre las trampas que se establecen en una relación abusiva. No dejo de recomendarlo.

Cualquier cosa de Donald Dutton. Sus estudios tienen un enfoque psicológico tirando a conductista.

The Battered Woman Syndrome, Lenore Walker. Es el libro que da nombre al síndrome de la mujer maltratada a imagen y semejanza del síndrome de indefensión adquirida. Un clásico.

Yes means yes, Varios Autores. Una colección muy irregular, en tono y en calidad, acerca de la violencia sexual desde un enfoque centrado en el sexo como placer y como libre expresión. Consentimiento entusiasta, educación sexual, sobrevivir al trauma… No todos los ensayos son buenos y casi todos son muy accesibles a principiantes en leer teoría feminista.

Novela:

The Tenant of Wildfell Hall. Anne Brontë. Una visión sorprendentemente explícita de un caso de maltrato en el S XIX.

This Charming Man, Marian Keyes. Dentro del género moderno de la “chick lit”, en plan comedia romántica.

Sexo, sexualidad:

Historia de la Sexualidad. Foucault. Es breve, pero denso. Para eliminar la creencia de que a más sexo más libres somos.

La sexualidad según Michel Foucault de Maite Larrauri. Por si leer a Foucault sin adaptar se te hace cuesta arriba.

Novela:
The Handmaids Tale. (Margaret Atwood). En español, El Cuento de la Doncella. Una novela distópica con muy, muy mala idea, una especie de 1984 feminista. Casi una reducción al absurdo de lo que ocurre cuando los cuerpos de las mujeres están al servicio del bien común. Principal tema: control de la sexualidad. En general, leer cualquier cosa de Margaret Atwood es buena idea.

Written on the Body;  The Passion; The Powerbook. Jeanette Winterson. Esta autora escribe de forma muy poética historias de amor donde hay personajes queer sin que ello sea lo más importante. La temática no es estrictamente feminista, pero el juego con personajes que a veces ni siquiera sabes si son hombres o mujeres tiene gran atractivo.

Masculinidad:

The Masculinity Studies Reader, ed. Rachel Adams y David Savran. Una antología de textos cortos que van de Freud al presente. Muy variado en enfoques y temas.

The Gendered Society, Michael Kimmel. Más que un estudio de la masculinidad, lo es de la construcción de los géneros como opuestos, y su relación. Muy bueno, mi libro favorito sobre el tema.

Filología.

The Feminist Critique of Language, ed. Deborah Cameron. 1º edición 1990, 2º edición 1998. Coinciden en la mitad de los artículos. Una recopilación de ensayos muy variada sobre sexismo y representación de lo femenino en el lenguaje.

Literary Theory. A very short introduction. Jonathan Culler. La colección “Very short introductions” de Oxford son libritos pequeños y cortos que explican alguna cuestión de manera elemental. Yo me he leído dos. Este de Culler no es sobre feminismo pero define algunos términos como teoría queer, teoría feminista, y habla aunque sea de pasada de muchos autores. Si vas a tener que hacer estudios teóricos en una carrera de humanidades, empieza por leerte este libro porque te aclarará bastante las ideas. Hay Very Short Introductions sobre temas feministas, y su único inconveniente es que son un poco caros: en web, 12 dólares el ejemplar.

Acts of Desire. Sos Eltis. Una historia de la presencia, como autoras y como personajes, de la mujer en el teatro inglés del siglo XIX. Habla mucho y bien sobre sexualidad femenina e historia de la actitud hacia la prostitución.

Novela:
Native Tongue trilogy. Suzette Haden Elgin. No comparto alguno de sus presupuestos teóricos, pero es una fantasía interesante sobre las consecuencias de desarrollar un idioma basado en las percepciones y experiencias típicamente femeninas. El último de la trilogía está poco conectado con los temas de los otros dos.

Salud. Medicina. Estética.

For her own good, Barbara Ehrenreich y Deirdre English. Editado en España como Por tu propio bien (Ed. Capitán Swing). El prólogo es una explicación magistral de la creación del concepto moderno de hogar y el ideal doméstico. La base del libro es que cómo con la ciencia como excusa se ha controlado a las mujeres los dos últimos siglos, con la medicina moderna (psiquiatría sobre todo), la “economía doméstica”, y el aura científica y pseudocientífica dada al cuidado de los niños. Suena a anticientífico, pero de verdad que no lo es.

The Body Project. An Intimate History of American Girls. Joan Jacobs Brumberg. Lo que dice el título: una historia de la relación de las adolescentes estadounidenses con su cuerpo, durante el siglo XX, y cómo la belleza física ha sido cada vez más importante. Algunos capítulos hablan de la menstruación, el acné, la delgadez, y la virginidad.

Fasting Girls. The History of Anorexia Nervosa. Joan Jacobs Brumberg. Es una pena que este libro no esté traducido. Cuenta la historia de la anorexia desde sus orígenes documentados en la Edad Media hasta nuestros días.

The Female Malady. Elaine Showalter. Una historia del tratamiento de la enfermedad mental de las mujeres, lo que la autora califica de “feminización de la locura”, con fuerte énfasis en el Reino Unido.

Novela:
The Bell Jar. Sylvia Plath. También la poesía. No se puede reducir La Campana de Cristal a un solo tema, en este caso el de la salud mental, pero aquí se queda, por clasificarlo. También se puede considerar que es sobre sexismo en cuidados sanitarios.

The Cider House Rules, John Irving. Las normas de la casa de la sidra. Hay una película algo simplona. Una novela que trata, entre otros temas, del derecho al aborto y de qué pasa con los niños no deseados.

Infantil y juvenil.

Narrativa.

Las mil y una barbas, Marie Farre. Un libro infantil, sencillo, cortito, precioso. Está descatalogado, pero si lo puedes conseguir, no lo dudes.

Terry Pratchett. Las novelas de Mundodisco que más tratan temas relacionados con el feminismo son las protagonizadas por las brujas, especialmente Tiffany Aching, pero en general sus personajes femeninos están bien, en la línea “strong female character” o heroínas de acción.

Otros:

Historia de las mujeres, una historia propia. Ed. Bonnie S. Anderson y Judith P Zinsser. Dos volúmenes. Ed. Crítica. Una revisión de la Historia de Occidente desde un punto de vista feminista. Puede resultar anticuada en cuestiones de raza, aunque es bastante interseccional en lo relativo a clases sociales. La parte sobre Grecia Clásica (Vol. I) me resultó muy amena en la adolescencia.

Eve’s Bible. A Woman’s Guide to the Old Testament. Sarah Forth. Este libro puede interpretarse como teología feminista o como una razón para el ateísmo. Es una explicación muy accesible de los orígenes del Viejo Testamento desde un enfoque feminista e histórico.

La carga del hombre blanco

En cualquier activismo feminista, es frecuente encontrar hombres con la colección completa de privilegios, que nos dicen “el patriarcado también me oprime a mí”. Queridísimo compañero, aliado en potencia, quién sabe si amigo: no vuelvas a decirme esa tontería nunca más si valoras mi tiempo. No vas a conseguir nada bueno.

Estás hablando con feministas. Sabemos de qué hablamos, conocemos el patriarcado y sus estrategias. No necesitamos tu explicación. Y no tienes que convencernos de nada: unas estamos de acuerdo y otras consideramos que tú pretensión es ridícula. Y qué? Te vamos a valorar por otras cosas. No hace falta que estés oprimido para formar parte de la lucha.

Muy importante: ninguna de nosotras, ni siquiera la más implicada en la transformación de la masculinidad, puede hacer nada por ti que no esté haciendo ya. Para luchar contra los estereotipos que te oprimen, debes cambiar TÚ el mundo que te rodea. Sin esperar reconocimiento alguno por ello, por supuesto.

Otra cuestión importante es que casi todos los ejemplos que pones de opresión masculina lo son en realidad de misoginia (no se te permite “feminizarte”) o de homofobia. ¿Por qué no intentas colaborar con el movimiento homosexual? Lee, infórmate, apúntate a una asociación en la que gusten los aliados heteros. Lucha para que nadie llame maricón a ese niño hetero que no juega al fútbol. Contigo llegaron tarde. No lo dejes tirado a él, a qué esperas.

Mansplainer bingo.

Bingo mansplainerQuerido novato en el proceloso mar de la discusión sobre feminismo: en este pequeño gráfico (diseño cortesía de @relatividad) tienes, para tu comodidad, algunas cosas muy elementales que puedes ahorrarte decir si estás discutiendo con una feminista. Hay más cosas que no queremos que digas, pero todas éstas destacan porque son errores o mentiras.

1 – ¿Las mujeres tienen privilegios?. Detállalos. Pon ejemplos muy concretos de privilegios que la mayoría de las mujeres, aquí, y a ser posible también en Yemen y en Vietnam, tienen respecto a la mayoría de los hombres.

2 – Deberías leer/ estudiar/ conocer tal o cual cosa: es más que probable que si una mujer está dispuesta a discutir en público contigo, sabe mucho sobre el tema en cuestión. Si la conversación tiene lugar con desconocidas por internet, podrían ser profesionales de lo que nombras.

3 – El feminismo debería encargarse de (este tema). O debería hacerlo con (este enfoque).  Aquí hay multitud de problemas. Para empezar, ¿tú que sabes qué hago cuando no estoy hablando contigo? Por otra parte, si no soy una experta, mejor que no me meta en ese aspecto del feminismo. Ya hay más gente en él. Y, para terminar, si crees que hay que arreglar algo, arréglalo tú.

(Aquí otra cosa distinta es que pertenezcas a un grupo concreto, con un número de miembros relativamente pequeño, y quieras cambiar qué hacen tus compañeras. Se aconseja el máximo tacto)

4 – Pero es que algunas mujeres han hecho (algo negativo que no es de lo que tu interlocutora habla). Esto es la falacia del hombre de paja: si estamos hablando de mis derechos laborales, o de que el feminismo es relevante y necesario, no me saltes con las denuncias falsas por violación, con el lenguaje inclusivo, o con que tu ex era de Valladolid, por donde pasa el Pisuerga.

5 – Ley de Godwin. Una analogía o comparación con los nazis hará pensar a cualquiera que no tienes argumentos.

6 – No os hacemos caso por vuestro tono: eso es, sencillamente, mentira. No me haces caso porque no te da la gana, y además, no te gusta mi tono. Si nos hicieras caso cuando bajamos el tono, esta conversación no habría necesitado empezar. Mi madre habría obtenido todo lo que reivindicó en su momento, y seríamos todos más felices.

7 – Pues en (país donde las mujeres son de color marrón) están peor.  En sus dos variantes: no te quejes que podría ser peor y ayúdalas. Ante lo primero: que las niñas etíopes mueran de hambre porque la comida es para sus hermanos no se va a resolver si yo dejo de hablar de cine.

Y segunda: la idea de “ayudar” a personas adultas e inteligentes es espinosa. Cada uno debe contribuir al bien común según sus posibilidades, y para informar-concienciar-educar sobre problemas sociales es importante tener un conocimiento profundo de nuestros interlocutores. Yo, aquí en España, no tengo derecho a entrometerme en cómo desarrollan sus luchas sociales en culturas muy distintas de la mía.  Las mujeres marrones encontrarán su camino libremente si evito ser racista y explotadora, y si las escucho como quiero que tú me escuches a mí.

Algo muy distinto es aprovechar las ocasiones de prestar ayuda real: por ejemplo, la más fácil es dar dinero a una ONG de confianza. Pero volviendo al tema inicial: mi obsesión con el test de Bechdel no perjudica a las mujeres egipcias o tailandesas. Y ¿qué estás haciendo tú por ellas, ya que estamos?

8 No tienes sentido del humor / no entiendes nuestro humor. Podemos entender un chiste, entender porqué te parece gracioso, y al mismo tiempo pensar que no tiene gracia porque incluye estereotipos que no nos gustan, o porque trata un tema como si fuera ridículo cuando para nosotras es real. Nos divierten otras cosas. Y aparte, si no tengo humor, ¿qué más da? ¿tengo por eso menos razón?

9 – Es que XYZ no es feminismo, es igualdad / sentido común. El feminismo es un movimiento de justicia social, que defiende, entre otras cosas, XYZ, y si XYZ existe, es porque lo han logrado feministas. Si eso consigue lo que tú llamas “la igualdad”, mira qué bien. Pero “igualdad” es un término espinoso (¿igualdad de quiénes?) y resbaladizo (igualdad ante la ley ya tenemos).

10 – ABC es simplemente cómo es el lenguaje, usar esa expresión no es machista. El lenguaje refleja cómo pensamos, y qué valores refleja la sociedad. Un ejemplo: “austero” significa “severo y ajustado a la moral; sencillo y sin alardes”. ¿Tiene eso algo que ver con los recortes y eliminaciones de servicios públicos de los últimos años? Pues no. Pero el discurso político nos ha dejado sin mejores palabras.

11 – Es que la RAE…. – La Real Academia Española es un club de 35 señores y 5 señoras. Todos son muy mayores, no todos son lingüistas (hay escritores y periodistas; ha sido dirigida por un médico), y tienden a una ideología conservadora. Opinan que “almóndiga” es una palabra correcta, que los pingüinos viven en el Hemisferio Norte, y que la palabra “género” no existe.

12 – YO no soy machista. Primero, que nadie se considera machista. Decir que no lo eres no es tema de conversación. Y casi todo el mundo tiene algún resto de conducta machista. Segundo, ¿estás completamente seguro de que estábamos hablando de ti?

13 – Pero si ya tenéis la igualdad, ¿qué más queréis? – Tenemos la igualdad ante la ley. Ahora queremos: que no nos violen, que no se piense que las tareas domésticas son cosa nuestra, igualdad laboral, y derechos parecidos a lo que ya tenemos las demás para las pobres, las lesbianas, las trans* y las de piel más oscura. Eso, para empezar.

14 – Estamos debatiendo. Si nuestro punto de partida es un desacuerdo frontal, el debate no sirve para nada. Y si estás intentando hablar sobre un tema que otra persona domina y tú no, no estáis igualados, y por lo tanto no hay debate, y a lo más que puedes aspirar es a que la otra persona tenga paciencia y ganas para educarte. ¿Suena mal? Imagina que quieres debatir sobre cine gore o sobre baloncesto. Con tu abuela. Así nos estás haciendo sentir.

15 – Cualquier mención de la palabra “hembrismo” – Si estás insultando, allá tú. Pero el hembrismo como “movimiento social que defiende la superioridad de la mujer respecto al hombre” sólo existe en tus pesadillas. A lo mejor es que estás usando la palabra para referirte a feministas que ofenden a tu sensibilidad. Veáse punto 6.

16 – Censura / Atacas mi libertad de expresión: Tú eres libre de expresarte, y yo de atacar tus opiniones. Sólo si te he amenazado, chantajeado, o en caso de comunicación online, hackeado, puedes decir que te estoy impidiendo expresarte. Si te molesta que te cuestionen, es problema tuyo.

Un libro mejor: alternativas a la serie Crepúsculo.

En la biblioteca escolar, quienes quieren leer casi siempre vienen sin saber qué quieren, y me piden los libros a mí. La falta de costumbre hace que no sientan la biblioteca como algo suyo, y cada nuevo lector requiere su tiempo para encontrar ese primer libro.

Llevados por modas, películas, o lecturas obligatorias, tienen en común algunos libros de muy mala calidad. No se puede pasar de la novelita romántica con puntito social a Tolkien, o del Marca a Lope de Vega. Hay que intentarlo con libros que, o son de tema parecido al bestseller, o enganchan una barbaridad. Así que voy recomendar, con la ayuda de Twitter (bendito twitter), alternativas a lo más popular entre los nenes. Empiezo con uno fácil de mejorar: Crepúsculo.

Romántico:
Muchos de Isabel Allende.
Otelo;  Romeo y Julieta; Mucho ruido y pocas nueces, de Shakespeare.
Cumbres Borrascosas de Emily Brontë
Jane Eyre de Charlotte Brontë
La Inquilina de Wildfell Hall de Anne Brontë (no creo que esté disponible en español en ediciones económicas)
Cualquiera de Jane Austen, en este orden: Orgullo y prejuicio, Sentido y Sensibilidad, Emma, Persuasión, Northanger Abbey, Mansfield Park (que puede subirse un par de puestos)
El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez.
El Conde de Montecristo, Alejandro Dumas.
Seda, Alejandro Baricco.
Cualquiera de Maxence Fermine.

Terror o fantasía + romántico:
Poesía de Edgar Allan Poe: Annabel Lee, The Raven.
Drácula de Bram Stoker.
Agnes Cecilia de María Gripe (fantasmas)
Garras y colmillos de Jo Walton (dragones)
Frankestein de Mary Shelley.
Leyendas de Bécquer.

Terror, sin romance:
Relatos de Edgar Allan Poe.
La Feria de las Tinieblas, de Ray Bradbury.
Entrevista con el Vampiro.
Lovecraft, particularmente “El caso de Charles Dexter Ward”
(Fantasía) El bastón rúnico, de Moorcock.
Metamorfosis de Kafka (según @Marta_451, comparten a un protagonista que se siente incomprendido)
(Fantasía) Saga Mundodisco, de Terry Pratchett.

Intriga:
Cualquiera de Sherlock Holmes, Arthur Conan Doyle.

Protagonistas de personalidad apasionada/sentimental que sufren mucho:
Carrie, Stephen King (terror)
Las Penas del joven Werther, Goethe (Amor)

Audiovisual, aparte de adaptaciones de todo lo anterior:
Buffy Cazavampiros (serie)
Embrujadas (Serie)
Being Human (serie)

Recomendaciones de libros juveniles que no encajan en la descripción:
Colmillo Blanco, de Jack London.
Pentalogía de Ramsés, de Christian Jacq.
El mecanoscrit.
Ética para Amador.
Manolito Gafotas.
Trafalgar, de Galdós.
Cualquiera de Hesse.

Gracias a @lulalook, @lcluengo, @paranoidbita, @marta_451, @ryukenichi, @el_mas_maximo, @potipotiinlove, @anitaruiz77, @comandantevimes, @Laeme, @SrPichon, @rositafraguel, y quizá me olvido a alguno más.

Feliz Día del Libro

Mi madre siempre ha celebrado el día del libro como si fuera Navidad o el cumpleaños de un miembro honorario de la familia (la biblioteca, claro). Tengo recuerdos borrosos de Días del Libro cuando yo era muy, muy chica. Como mi madre salía del trabajo un par de horas antes de que mi hermano y yo saliéramos del colegio, iba al centro, y compraba libros para ella y para nosotros. Ese día, llegar a casa a comer era como una segunda parte de la mañana de Reyes. Mis padres no nos hacían regalos fuera de ocasiones señaladas, y mi cumpleaños es en diciembre, así que esos libros eran aún más especiales por lo extraordinario de la ocasión.

Años más tarde, mi madre esperaba a la tarde del 23 de Abril o al fin de semana más cercano para llevarnos a mi hermano y a mí de librerías. Ahora leo más en pantalla, y me paso la vida leyendo pedacitos, pero no devoraría libros como lo hago si no fuera por mi madre. Ahora nos recomendamos libros. Yo le digo cuáles de mis novelones victorianos le pueden gustar y ella me persiguió hasta que me leí Falsa Identidad de Sarah Waters. Que mi propia madre me dé a conocer a Sarah Waters es una buena medida de lo estupenda que es (¿cuántas madres recomiendan a sus hijas novelas de amor de escritoras lesbianas militantes?).

Mañana es el Día del Libro, y yo me voy a pegar tres horitas de carretera no para comprar libros simplemente, sino para comprarlos con ella.¿Qué le puedo recomendar hoy? Hace años, traduje para ella este pedacito deThe House on Mango Street de Sandra Cisneros:

Siempre nos dijeron que algún día nos mudaríamos a una casa, una casa de verdad que sería nuestra para siempre, y que no nos tendríamos que volver a mudar de año en año. Y nuestra casa tendría agua corriente y las tuberías funcionarían. Y por dentro habría escaleras de verdad, no para llegar a la casa, sino escaleras dentro de la casa, como en la tele. Y tendríamos un sótano y por lo menos tres cuartos de baño, para que cuando fuéramos a bañarnos no tuviéramos que avisar a todo el mundo. La casa sería blanca con árboles alrededor, un patio enorme y césped, pero sin verja. Papa hablaba de esta casa cuando tenía un billete de lotería, y Mama hablaba de la casa cuando nos contaba cuentos antes de ir a dormir.

Y un haiku:

 La biblioteca
como hijas queridas
todos mis libros.

El Test de Bechdel

Inicialmente publicado en el blog de Ana Aldea.

Allison Bechdel es una autora de cómics estadounidense, popular por su tira “Dykes to Watch out for”, (en español “Unas bollos de cuidado”, Egalés). En una de sus tiras más antiguas, una mujer le explica a otra que sólo ve películas que cumplan tres sencillas normas. Tiene que haber como mínimo dos personajes femeninos, con nombre, y tienen al menos una conversación sobre algo que no es un hombre.

No es ninguna novedad que la industria del cine es sexista. El test de Bechdel demuestra en parte hasta qué punto. En cartelera, sobre todo si son de Hollywood, tenemos películas que no cumplen el test porque:

  1. No hay mujeres. No las hay, y punto.
  2. Hay una o dos desconectadas entre sí. Esto es lo más frecuente. Tienes la novia, y la exnovia. O en películas de acción o superhéroes, tienes el líder, el ingeniero, la fuerza bruta, el gracioso, y La Chica.
  3. Si hay más de una mujer, sólo hablan acerca de hombres. No se trata de que hablen de amor, o de relaciones amorosas. Hablan de hombres.

El Test de Bechdel me obsesiona. ¿qué dicen las películas sobre las mujeres? ¿sólo podemos ser la novia? ¿Sólo podemos ser la única mujer del Consejo de Administración? ¿Son los hombres lo único que nos interesa?

No son preguntas tontas. Hace algún tiempo, Linda Holmes escribió una carta abierta a Pixar. Resumen: Querido Pixar: has hecho diez películas muy buenas. ¿Podrías, por favor, hacer una película sobre una protagonista femenina que no sea una princesa? Gracias, Linda. A mí no me parece mucho pedir. Para alguno de los más de cien comentarios, sí lo era, pues hay muchos divididos entre “Las chicas tenéis bastante con Studio Ghibli, si es que lo queréis todo” y “¿pero qué tienen de malo las princesas?”

En otros contextos, se dice que la tercera parte de la regla no se cumple porque a las mujeres nos gustan las películas románticas, es decir, que sólo nos interesa ver a mujeres heterosexuales hablando de sus parejas. Por otra parte, cuando he hablado del test a hombres y adolescentes españoles, el comentario que me he encontrado es “es que yo no me fijo en eso, es que yo no voy al cine a ver mujeres o ver hombres”. Qué suerte tenéis los que podéis ir al cine a ver gente que es igual a vosotros, y lo consideráis normalidad invisible.

Acabé por fijarme en otra cosa. ¿Cuántas películas en las que aparecen mujeres, no muestran violencia sexual y además no son infantiles? De verdad que en aquel momento no recordaba ni una. En cuando una película saca a una mujer un poco de rato seguido, o tiene más de una mujer, ¡BAM!La idea es “si una mujer sale en pantalla más de 20 minutos seguidos, acabará por hacerse violar”. Si crees que exagero, por favor ponme ejemplos de películas que no cumplan esto. Y aprovecharé para incluirlas en mi listado de pelis que cumplen el Test de Bechdel Avanzado.

Margaret Thatcher y el feminismo.

Margaret Thatcher, primera ministra británica entre 1979 y 1990, murió hace un par de semanas y se ha hablado algo, poco, sobre su relación con el feminismo, la feminidad, y las mujeres. La primera conclusión es que Thatcher no era feminista; así lo declaró abiertamente. Es normal: como conservadora, estaba en contra de cualquier movimiento de lucha por la justicia social. Creía firmemente en el individualismo, y en la capacidad de autosuperación, y para ser feminista es necesario partir de que las mujeres tenemos una desventaja y que para remediarla hace falta organizarse de algún modo.

Más extraño es que declarase que el feminismo no había hecho nada por ella. Esto es, sencillamente, una falta de visión histórica. Primero, nació tres años antes de que las mujeres tuvieran derecho al voto en las mismas condiciones que los hombres, y cinco años después de que se permitiera que las mujeres pudiesen graduarse en Oxford, donde estudió. Estos son derechos muy característicos del triunfo de la primera ola feminista: la concesión de la ciudadanía plena a las mujeres, beneficiosa sobre todo para las más ricas, que podían conservar sus bienes después de casarse, ir a la universidad, y acceder a las profesiones.

Por otra parte, la Primera Ministra fue un producto revelador de la Segunda Ola feminista. Triunfó en un mundo de hombres, a costa de perder su vida privada en favor de la pública y de comportarse “como un hombre”. Identificarse con una estética o con estereotipos masculinos no tiene nada de malo en sí, como decisión individual; lo malo es cuando las mujeres, para ser aceptadas y triunfar en recintos masculinos, sólo pueden hacerlo desde ese molde. En la larga década de gobierno de Thatcher, exactamente eso fue lo que ocurrió. Fue responsabilidad de muchos (y muchas), y aún vivimos las consecuencias.

 

El aborto por supuestos y sus problemas

En primer lugar, como bien indica @indvbio, nadie es “pro-aborto”, porque a nadie le gusta el aborto. Hay absoluto consenso en que el aborto es el fracaso de la anticoncepción o de un embarazo (incluso deseado). Se puede ser pro-anticoncepción, pero pro-aborto no es nadie. Pro-derecho a decidir queda muy largo, pero de momento es lo que hay.

Supongamos que el embrión o feto es un ser humano. Ante esto, recomiendo este texto de Carl Sagan. Mi interpretación: ante los intereses de la embarazada y los intereses del embrión, una medida salomónica utilitaria es considerar humano al feto capaz de mostrar ondas cerebrales humanas típicas (semana 30). Otra medida que se puede aplicar es la capacidad de sentir, es decir, la presencia de cualquier clase de actividad cerebral (semana 22). De todas maneras, sigue dando igual: si el embrión es persona, tenemos que hacer frente a intereses contrapuestos, como en todas las demás situaciones jurídicamente relevantes.

Desde un punto de vista puramente práctico, no nos interesa que el embrión sea persona legal. Los abortos espontáneos deberían llevarnos a juicios por homicidio (involuntario, o negligente). 3 años de cárcel, por ejemplo, para una embarazada drogadicta. 25 años de cárcel por cada aborto. Si crees que eso no es bueno ni justo, es que el feto no es una persona.

Algunos defienden la existencia de supuestos legales para permitir abortar. Esto significa algo bastante ruin: que unos fetos son más valiosos que otros, y que quienes no están pasando por un embarazo (legisladores, jueces, personal sanitario) pueden decidir sobre el mismo, mejor que la mujer que sí está embarazada.

Algunos supuestos comunes son: la violación. Pensar que un feto puede ser abortado porque su madre no deseó el acto sexual quiere decir que el acto sexual deseado debe ser castigado con un embarazo. El tópico “si tuviste relaciones sexuales, enfréntate a las consecuencias” desvela una actitud de castigo. Creí que se trataba de salvar vidas. Y un aborto, queridos, ya es una consecuencia. Aparte, me repugna la idea de que si los embriones son personas, un embrión fruto de una violación tiene menos derechos que un embrión que no lo es.

Otro supuesto: el riesgo para la salud o la vida de la madre. Aquí el problema es fundamentalmente, cómo delimitamos “salud”, y “riesgo para la vida”. Y tendríamos médicos que no realizan una operación para no arriesgarse a que se les denuncie. Y la posibilidad de que la embarazada muera, e incluso el feto también, si se valora que lo que corre peligro no es la vida sino la salud, y no lo suficiente como para justificar el aborto. Por ejemplo, en caso de cáncer.

Un supuesto también complicadísimo, más que los anteriores: las malformaciones del feto. Pueden ir de inviabilidad completa, es decir, acortar un embarazo que no puede llegar a término porque el embrión morirá antes, o la expulsión provocada de fetos muertos, hasta abortar fetos que podrían ser personas discapacitadas pero sin mayores problemas. Por ejemplo, síndrome de Down. Que una ley permita abortar en cualquiera de estos casos, y no en general, supone una declaración estatal de inferioridad de seres que hemos supuesto, para empezar, que son seres humanos. Que no lo permita en absoluto, es una aberración y una tortura psicológica para las embarazadas.

Ante esto, el aborto libre supone, simplemente, confiar en que cada mujer embarazada sabe qué es lo mejor para ella y para su familia. Que somos capaces de tomar solas decisiones morales, y tomarlas bien. Suponer que si no se prohíbe el aborto, lo usaremos mal, es tratarnos como a niñas, asesinas, o animales de cría.