La carga del hombre blanco

En cualquier activismo feminista, es frecuente encontrar hombres con la colección completa de privilegios, que nos dicen “el patriarcado también me oprime a mí”. Queridísimo compañero, aliado en potencia, quién sabe si amigo: no vuelvas a decirme esa tontería nunca más si valoras mi tiempo. No vas a conseguir nada bueno.

Estás hablando con feministas. Sabemos de qué hablamos, conocemos el patriarcado y sus estrategias. No necesitamos tu explicación. Y no tienes que convencernos de nada: unas estamos de acuerdo y otras consideramos que tú pretensión es ridícula. Y qué? Te vamos a valorar por otras cosas. No hace falta que estés oprimido para formar parte de la lucha.

Muy importante: ninguna de nosotras, ni siquiera la más implicada en la transformación de la masculinidad, puede hacer nada por ti que no esté haciendo ya. Para luchar contra los estereotipos que te oprimen, debes cambiar TÚ el mundo que te rodea. Sin esperar reconocimiento alguno por ello, por supuesto.

Otra cuestión importante es que casi todos los ejemplos que pones de opresión masculina lo son en realidad de misoginia (no se te permite “feminizarte”) o de homofobia. ¿Por qué no intentas colaborar con el movimiento homosexual? Lee, infórmate, apúntate a una asociación en la que gusten los aliados heteros. Lucha para que nadie llame maricón a ese niño hetero que no juega al fútbol. Contigo llegaron tarde. No lo dejes tirado a él, a qué esperas.

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