Utopías, comunismo, feminismo.

Últimamente todo lo que escribo empieza en Twitter. Qué le vamos a hacer. Un tema que se repite una y otra vez es el diálogo, o el enfrentamiento, entre hombres comunistas y mujeres feministas, que suelen ser de izquierdas en un sentido amplio, unas comunistas y otras no (yo, por ejemplo).
Estábamos un día hablando de nuestras cosas, y apareció @boto_glo planteando la siguiente pregunta (edito)
¿Te preocupa más poder llegar a ser jefa, o que no haya personas explotadas, sea por un jefe o una jefa?
Además, este fin de semana he mantenido una conversación con otro comunista, que me dijo explícitamente que la discriminación económica es fuente de todas las demás, y que una vez eliminada, no habría necesidad de feminismo ni de ningún otro movimiento por la justicia social. La primera cuestión es más sencilla, así que empezaré por ahí.

La pregunta sirve para poco, porque necesitamos jerarquías, por ejemplo, laborales o académicas. En mi caso, como profesora, empezamos por el proceso de selección, que en mi caso fue un concurso-oposición que ofrecía bastantes garantías de no ser discriminatorio. Una vez trabajando, evidentemente siempre habrá Dirección del centro escolar. En mi IES, público, en un claustro de 35 profes hay tres directivos, aproximadamente diez jefes de Departamento y unos 5 Coordinadores de Proyecto, entre los que estoy yo. Antes he sido jefa de departamento, pero en este centro no. Estos cargos aportan pequeñas ventajas, como mínimos suplementos en el sueldo o dar algunas horas menos de clase a la semana porque estás ocupada en tareas de gestión. Quién ocupa esos cargos es una mezcla de preferencia personal, hacer turnos, méritos, y política interna del centro. Y nada me garantiza que en un sistema económico muy igualitario, la selección de directivos va a ser limpia.

Sobre la segunda cuestión, la relación entre desigualdad económica y las demás desigualdades sociales, se podrían escribir libros enteros. Pero, por no extenderme mucho, parto de que incluso en las sociedades menos evolucionadas, más próximas al Neolítico, con economías de subsistencia, existe sexismo, violencia, y xenofobia, no tengo ninguna razón para pensar que superar el capitalismo va a suponer, por sí misma, el fin de todas las injusticias sociales. Otro argumento sería el trato dado a los homosexuales y a las trabajadoras sexuales en varios países comunistas. En fin, que estos comunistas utópicos creo que se parecen demasiado a los ultraliberales, que piensan que lo único que necesitamos para ser “iguales” es la plena igualdad ante la ley. Los comunistas utópicos que no creen en el feminismo opinan que los males de este mundo provienen del capitalismo, mientras que los neoliberales ponen como malo de la película a la intervención estatal. Pero su opinión respecto a las pequeñas mezquindades cotidiana es que su particular visión económica las eliminará por arte de magia. Esto… no.

Sospecho que en realidad, se trata de que hay quien piensa que combatir la pobreza, el capitalismo, o la explotación laboral, son causas más nobles que combatir la discriminación que sufrimos las mujeres. Puede que sea porque (¡huy!) son la única desventaja que ellos mismos viven. En ese caso, propongo que tú sigas luchando por tu versión de la igualdad, y me dejes a mí seguir creando la mía.

 

 

 

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