Los privilegios en acción: ejemplo práctico.

Nuestro primer encuentro con el concepto de “privilegio” puede ocurrir en áreas que produzcan mucha división social, áreas muy visibles como el género o la riqueza. Siel primer ejemplo que alguien conoce son sus propios privilegios, esto puede generar algo de resentimiento y una tendencia a ponerse a la defensiva. Yo entré por el camino fácil, leyendo sobre feminismo, donde evidentemente la privilegiada no soy yo, sino los hombres.Llevaba bastante tiempo leyendo sobre las consecuencias de ser una persona privilegiada cuando me di en las narices con algunos blogs transexuales, y entendí qué puede sentir un hombre al que se le dicen que tiene privilegios cuando leí sobre los privilegios cis. Aquí tenéis un ejemplo en inglés.

¿Es culpa mía, o de otras personas parecidas a mí, que ser trans* sea a menudo un asco tan grande? Pues no. Yo no decidí que sexo = género, ni soy la psiquiatra que quiere decididir si esa persona es hombre o mujer. Pero tengo privilegio cis, porque mi vida es más fácil que si no lo fuera, y porque ser cis no es mérito mío. Ea, ya tienes una definición de privilegio que excluye toda culpa y responsabilidad.  Ahora yo puedo elegir ser opresora, en este caso transfóbica, o ser cómplice y pasar del tema, o ser aliada y hacer lo que se pueda por los trans*, consiguiendo así reducir el privilegio cis o su impacto.

Un catálogo completo de privilegios sería, en la sociedad occidental moderna, varón, cis, blanco, nacional (no extranjero), heterosexual, rico, diestro, sin discapacidades, adulto joven, atractivo. Para terminar de explicarlo, aquí va un repaso de cuántos tengo yo, y algunos ejemplos de qué me benefician habitualmente.

Ser mujer no es un privilegio. Ser cis, sí, muchísimo. Puedo moverme por espacios femeninos sin ningún problema, y nunca tengo que dar explicaciones sobre la conjunción nombre-aspecto externo-personalidad-genitales. Hay más, pero os recomiendo que lo estudiéis vosotros. Ahí hay otro privilegio: puedo hablar de algunos no-privilegiados alegremente y mi opinión contará más que la de ellos, aunque yo tengo poca o ninguna experiencia, porque tengo formación académica y porque asumís mi objetividad.

Soy blanca según y cómo. En el sur de Europa es indudable (además soy paya); en el Reino Unido me aplican estereotipos bienintencionados de fiestera y alegre, por ser sureña; en Estados Unidos soy blanca hasta que abro la boca o el pasaporte, y entonces soy latina. Personalmente, me identifico con unas etiquetas o con otras dependiendo del contexto. A veces leo las experiencias negativas de no-blancas en Estados Unidos y pienso “eso me ha pasado a mí”. Pero en general, el privilegio de blanca es más beneficioso que cualquier lastre. Sirve, por ejemplo, para poder encontrar con facilidad novelas que me representan a mí y a mi experiencia de la vida; para que la gente asuma que soy nacional; participo en un sistema educativo que enseña a los niños las cosas que ha hecho gente como yo.

Ser nacional está estrechamente relacionado, pero si pensamos en los gitanos, que son nacionales pero no son considerados socialmente como blancos, vemos las diferencias. Si yo fuera la misma persona, pero gitana, probablemente recibiría comentarios condescendientes sobre lo bien que he “superado los estereotipos”, y bla, bla, bla. En el trabajo la gente me pediría mi opinión sobre Los Gitanos con mayúscula y cualquier cosa que hiciera que se saliera un poco del tiesto se atribuiría a mi origen.

Yendo a mis privilegios por ser nacional: es uno de los que más disfruto de tener, lo reconozco. Me encanta vivir en un sitio donde nadie me considera forastera y creo que he tenido mucha suerte por no tener que emigrar lejos. Mi familia está a una hora en coche. Domino el idioma, el lenguaje corporal y otras idiosincrasias de casi todas las personas que me rodean. Compartimos una cultura. El Estado del Bienestar, o lo que queda de él, está pensado para mí.

Mi educación es de clase media, y no paso hambre, así que digamos por simplificar que soy de clase media. Además, el azar me ha dado acento del norte de España, que en Andalucía Occidental significa “pijo”. De mi origen social he sacado educación superior, que me ha permitido acceder a trabajos estimulantes y motivadores, conocer a gente estupenda, y poder escoger con quién me relaciono y con quién no. La gente suele tomarme en serio cuando hablo. He observado algo parecido en algún otro norteño transplantado al sur. Ah: no se nos considera “inmigrantes”, por supuesto. Ir del norte al sur no es como ir del sur al norte.

El triángulo mujer-blanca-clase media suma “inofensiva y respetable”. La policía me hace más caso, y tienden a dejar pasar infracciones de tráfico. Me han hecho dos controles de alcoholemia en mi vida: me paran, y cuando me ven, me dicen que siga. Casi siempre llevo una navaja suiza en el bolso, y no me preocupa que me registren. No me vigilan en las tiendas, de hecho, lo normal es que me hagan caso.

Soy diestra y además no tengo discapacidades físicas. Bueno, tengo dolores que pueden cronificar si no dedico bastante tiempo a cuidarlos. Pero después del yoga y los analgésicos, el mundo está hecho a mi medida, literalmente. La cama, la mesa, los cacharros para comer y cocinar, el coche, TODO está pensado para mí y mi comodidad.

Adulta, joven: tengo todos los privilegios de los adultos, entre los que agradezco especialmente que está peor visto que me agredan mis cuidadores si los tengo, que tengo más derecho a mantener un espacio personal, que los desconocidos no hablan conmigo por la cara, y que mis rutinas diarias las creo yo. ¿Te parece que estoy diciendo una tontería? Piensa en la diferencia entre una enfermedad mental en un niño y en un adulto. Piensa en un niño con malos cuidadores. Piensa en la diferencia entre una niña y una mujer violadas. Hay cosas que no son mera consecuencia de la inmadurez física y mental, sino construcciones culturales y privilegios. Pasemos a que soy joven: por un lado tenemos joven-y-en-forma: volvemos a que no tengo discapacidades, o como dicen algunos, soy bípeda. Por otra parte, soy joven-y-atractiva. Creo que la principal consecuencia de ello es que caigo mejor que si fuera fea o mucho más mayor. Y me hace visible, literalmente. He visto a dependientes en tiendas ignorar a mi madre (atraversarla con la mirada, no oírla, una cosa extrema) y contestarme a mí a la primera. Además, creo que cierto aire de indefensión y bondad que no sé si retrendré para siempre suele despertar ganas de ayudarme en hombres y mujeres mayores que yo.

Delgada, lo que es delgada, no estoy. Estoy en el punto en el que personas sin formación médica opinan sobre mi comida, y antes del punto en el que una enfermedad mental se asociaría con mi cuerpo (“está gorda porque no se cuida porque no se gusta porque está deprimida” “está gorda porque no le gustan los hombres porque una vez….”).

Da igual si soy heterosexual o no: lo parezco porque estoy casada con un hombre y porque doy una imagen femenina. Me voy a repetir: casi toda la ficción romántica, casi toda la poesía, está pensada para mí. Puedo ser cariñosa con hombres, empezando por mi marido, en público, sin temor a represalias. El personal médico respeta mi sexualidad.  En el curriculum educativo que enseño, existimos yo y otros como yo (la soltería o el celibato no se presentan jamás como opciones deseables). Nadie cuestiona porqué estoy con mi pareja o porqué elegí a un hombre.

La suma de mis privilegios me hace visible. Soy la mujer por defecto, soy en lo que piensas cuando piensas “mujer”. Me ves y piensas “mujer”; las demás etiquetas están muy al fondo del cajón. Un político dice “ayudas a la mujer” y habla de mí. Un cantante dice “A esa mujer” y sabes que habla de mí. Abres el periódico, y salgo yo. Soy visible, soy de verdad, soy normal, soy neutra. Si has leído hasta aquí, observarás que nada de todo esto es culpa mía. Aún así, es de justicia que quiera cambiarlo; y no perderé nada que es mío cuando otros ocupen el lugar que merecen.

Entrada realizada con colaboración de Jorge Fuentes.

4 comentarios en “Los privilegios en acción: ejemplo práctico.

  1. No lo entiendo.Dices que supuestamente ser mujer no es un ventaja y en el mismo articulo reconoces que te has librado de multas de trafico por ello.¿no es eso una ventaja?

    1. Respondo: ser la clase de mujer que esta sociedad acepta (parezco de aquí, blanca, de clase media y todo eso) me da una serie de ventajas pequeñas, trampitas al sistema que no compensan la desigualdad global que supone ser mujer. Por otra parte, mujeres que no sean como yo (negras, pobres, lesbianas, etc) no tienen esas ventajas.

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