Radical, complicada y agresiva.

Cuando estamos hablando de movimientos que buscan cambios sociales, a veces surgen debates sobre si es necesario ser moderados en nuestras posturas como una manera de captar nuevos miembros, y también por no “asustar” a los poderes establecidos. Yo aquí tengo una opinión muy clara: dentro del feminismo no tiene ningún sentido un debate entre la validez de las posiciones agresivas y conciliadoras, especialmente si pretende dividir a feministas “bordes” de “amables”.

La base del conflicto está en la confusión entre varios problemas diferentes: radicales frente a moderadas, investigadores e innovadores frente a transmisores y educadores, y agresividad frente a conciliación o pacifismo. Sí, estoy mezclando géneros gramaticales y términos impersonales a propósito.

Tratemos la agresividad en primer lugar, porque es lo más sencillo. Le cedo la palabra a @hijabinist porque creo que nunca lo había leído expresado con tal claridad:

that level of politeness

El nivel de cortesía necesario para que los privilegiados escuchen a quienes oprimen NO EXISTE.

Puedes no estar de acuerdo, así que te lo voy a suavizar: cuando a un colectivo le faltan un puñado de privilegios, hay un equilibrio muy delicado entre hablar lo bastante alto como para que se te oiga, y no tan alto que te manden callar porque eres una maleducada. Además, algunos tenemos determinadas etiquetas que son un peso extra, destinado a silenciarnos o a exagerar nuestro comportamiento: los adolescentes son agresivos, las mujeres histéricas, charlatanas y pesadas, y así. La agresividad no es objetiva: lo que la sociedad consiente a ciertos tipos de personas, no lo acepta en otras. Imagina una manifestación política con el mismo grado de violencia o agresividad que la que se produce antes y después de un partido de fútbol importante: lo que el deporte justifica como una necesidad normal de desahogarse, se condenaría en una reivindicación contraria al poder establecido.

“Radical” significa varias cosas. Veámoslo en el sentido de “extremista” como opuesto a “moderado”. Se tiende a pensar que los radicalismos son propios de personas agresivas, y las posiciones moderadas propias de personas más pacíficas o más interesadas en la conciliación. Tonto error; es fácil pensar en moderados agresivos. Mi experiencia más inmediata es con adolescentes. Chicas que no tienen unas ideas muy extremas, que más o menos creen en “la igualdad”, que a veces se escandalizan con algunas de las cosas que les cuento en clase, pero ahora: no vayas a darles ni un atisbo de lo que ellas puedan percibir como injusticia, que su opinión la dirán alta y clara. Sobre todo, alta. Y no tienen ningún problema en defenderse mediante la violencia. No a todas se les pasa con la edad. Otro ejemplo de moderadas agresivas son las mujeres de derechas, que practican cierta clase de feminismo mutilado que puede ser muy agresivo en sus reacciones contra algunos hombres pero sobre todo contra las demás feministas.

Los pensadores radicales abstractos, poco interesados en el nivel básico de captación de adeptos o de movilización contra los opresores, actúan como maestros de los demás. Algunos renuncian al didactismo porque son pesimistas. En cualquier caso, son imprescindibles. Todos los activismos necesitan quien eduque a los curiosos, pero ninguno se sostiene sólo con ese nivel elemental. En mi caso, para enseñar a doceañeros a respetar el espacio personal tuve que leer a Margaret Atwood, Andrea Dworkin, y Twisty Faster. De hecho, estas tres magníficas mujeres, en particular Twisty Faster, que mantuvo durante años un blog del más absoluto radicalismo, demuestran que los modales exquisitos son compatibles con no dejar pasar ni una.

Yo, desde luego, no soy moderada. Puedo parecerlo porque sé cambiar de discurso, eso es todo. He escogido tomarme la molestia de tomar varios discursos muy extremistas, muy radicales, y simplificarlos sin moderarlos. Añádase un poco de paciencia y un mucho de pesadez y de pacifismo y el resultado es una feminista extremista que parece moderada sólo porque no chilla.

Es decir: hay moderados agresivos, y radicales conciliadores porque lo que quieren es educar. La radicalidad no es en sí misma agresiva, sólo lo parece porque amenaza a los privilegios, y eso escuece. Y mantener un discurso extremista, pacifista, sencillo, al alcance casi de cualquiera, es necesario para educar a las masas pero sólo se sostiene si quien educa tiene buena formación y algo de apoyo de los vanguardistas de quienes aprende, cuyas ideas transmite.

Dedicado con cariño a @pezzzglobo. Gracias por la inspiración y la ayuda a @Ilse0001, @potipotiinlove, y quienes intentaron ayudarme a hacer la ilustración que de momento no acompaña a esta entrada.

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