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Comunismo para torpes, 2. Conciencia de clase.

La conciencia de clase, en una definición muy sencilla, consiste en saber cuál es tu lugar en los procesos económicos y cuáles son las consecuencias de ello. Es saber quién es el enemigo. Aquí no hablamos de clase baja, media o alta, sino de clase obrera o burguesa. Los obreros son todos los empleados. Sí, todos. Aquí es fácil caer en la trampa de «yo no soy un obrero porque gano mucho»; o «yo no soy un obrero porque trabajo sentado»; o «yo no soy una obrera porque tengo estudios». Que no. Tú trabajas y otro, cuyo trabajo es exclusivamente supervisarte, gana dinero. Eso es ser un obrero. Para más información, te lees esto que es corto o esto que es más largo, tiene más mala idea y está muy orientado a gente con estudios superiores.

Los no empleados pueden ser empresarios, que viven del trabajo de los demás, o autónomos, pequeños empresarios, que son un término medio: pueden estar viviendo del trabajo de otros, pero su posición puede ser bastante dura en competición con los empresarios más asentados, y toman iniciativas que no toma nadie más. La empresa privada muy pequeña existió en la RDA y en la URSS con Lenin, así que tampoco nos vamos a poner muy puristas.

Yo adquirí conciencia de clase de una manera intuitiva, no verbal, y muy frustrante, cuando era profesora en el IES González de Aguilar, en Estepa. La mitad de mis alumnos eran hijos de mantecaeras y olivareros. El pueblo tiene más de 20 fábricas de dulces navideños, muchos minifundios de aceituna, y una cooperativa que produce el mejor aceite de oliva del mundo. El pueblo es próspero, con muchísimo pequeño comercio.

Estaba yo un día en una cafetería playera, lejos de casa, con un grupo grande de gente poco conocida, y un imbécil que estaba un escaloncito por encima de las familias de mis alumnos dijo, muerto de risa, «Qué lástima. Acabar dando clase a las futuras mantecaeras, pobre». Y me di cuenta de que yo estaba orgullosa de un trabajo que otros despreciaban.

Los profesores de secundaria somos personas con poca conciencia de clase. Nos hemos creído casi todos que la carrera universitaria que se pagó con el sudor de nuestros padres, y la nómina que nos paga la Administración educativa en lugar de un empresario de carne y hueso, nos colocan en esa ansiada clase media. Eso hace que en el mejor de los casos, deseemos para nuestros alumnos lo mismo. Se podría vivir el proceso Primaria -> Secundaria -> fábrica de mantecados como nuestro fracaso. Puede serlo, si la alumna tenía un potencial que yo no supe descubrir y despertar, o si ella en realidad quería estudiar pero no ha podido porque en su casa no había dinero. Pero aquella tarde, escuchando a aquel idiota que insultaba a mis futuros olivareros y mecánicos, entendí que mi trabajo no es entrenar una nueva generación de futuros médicos o profesores. Mi trabajo es guiarlos a todos hasta la siguiente fase, la que ellos elijan libremente, dándoles toda la información que pueda antes de que tomen esa decisión. Que estudien, sí. Pero que no vivan la fábrica o el barco pesquero como un fracaso, y desde luego, que sepan que yo estoy de su parte. Tengo claro que ni ellos ni sus padres son mi enemigo.

 La información sobre autónomos y PYMES me la aclararon @NewIlluminatus y @Enderrap. Gracias. 

Mamasplaining

por @undivaga.

—Me encanta cuidar del niño. Han sido cuatro meses maravillosos, pero lo cierto es que estoy muy cansada, apenas puedo dedicarme tiempo a mí misma.
—¿El padre no se ocupa del niño?
—Sí, cuando viene de trabajar, encima como ahora las cosas están tan mal siempre tiene que hacer horas extra y se tira 12 horas fuera de casa. Pero cuando viene de trabajar se ocupa él y la verdad es que caigo redonda. Eso sí, de noche me despierto igual, porque claro, tengo que darle la teta.
—¡Anda! ¿No se pilló baja paternal para ocuparse de todo lo que no sea la teta y dejarte descansar?
—No, tuvo el permiso ese de 15 días y gracias, está la cosa como para pillarse baja paternal.
—¿Y una excedencia sin cobrar? Vuestro hijo es lo más importante y tú tienes unas ojeras tremendas, te tienen abandonada.
—Ojalá pudiera pillarse una excedencia. ¿De qué viviríamos?
—Bueno, mujer, podríais pedir un préstamo a vuestros suegros, que tienen una buena pensión. Vuestro hijo es lo más importante. Un niño debería tener a ambos progenitores cuidándole a él y tú también te mereces que tu pareja te quite carga de encima para que puedas recuperarte del parto.
—No sé, lo veo muy complicado. Aunque le concedieran la excedencia es probable que se viera perjudicado en su trabajo. No me quiero imaginar que le echaran.
—¿Es que vuestro hijo no es lo más importante para vosotros? Los trabajos vienen y van. Además, no hace falta tener tantas cosas. No os hace falta un coche. Podéis ir en metro.
–Gracias, pero ya estamos realmente muy apretados. No entiendo tanta insistencia.
—Pues nada, que siga perdiéndose a su hijo.
—¿A qué viene tanta insistencia? Te he dicho ya que no podemos, ojalá pudiéramos, él cuidaría de su hijo encantado.
—Si realmente quisiera, estaría cuidándolo. Siempre hay excusas.

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¿A que este diálogo os parece completamente fuera de lugar? ¿A que percibís una persecución injustificada contra un simple padre de familia? Leed este otro diálogo.

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—Ha sido maravilloso cuidar de nuestro hijo los últimos cuatro meses. Es una pena que el padre se tenga que reincorporar ya al trabajo, le va a echar mucho de menos.
—Y está enorme, ¡altísimo! ¡Y qué sano! ¡Y siempre riendo!
—Menos mal que el padre se levantaba todas las noches a darle el biberón, yo me quedé destrozada tras el parto. Las horas de sueño extra me vinieron de lujo.
—¿No le diste el pecho?
—No, qué va, yo no producía leche suficiente y además desarrollé mastitis en ambos pechos, por lo que tuve que desistir en los primeros días.
—Eso no es verdad.
—¿Cómo?
—Todas las madres tienen leche suficiente.
—Te dijo que mi hijo se deshidrataba por momentos hasta que decidimos empezar con apoyos de leche en jeringa y después biberones. Además, tengo el pezón plano.
—¿Usaste pezoneras para intentar sacar la leche?
—Sí, también probé con las pezoneras, pero nada. No he sentido un dolor mayor en mi vida.
—Otra cosa que puedes hacer es probar distintas posturas. Sería que no probarías las posturas adecuadas.
—Acudí a todos los cursos de lactancia habidos y por haber, donde me explicaron las distintas posturas, y después del parto intentaron ayudarme varias matronas.
—Mira, te explico lo que hay que hacer (cinco minutos con enumeración de las cosas que se pueden hacer para dar el pecho), lo hacías mal, seguro. Todas pueden.
—Oye, te estoy diciendo que yo no pude, ¿por qué insistes? Tomé una decisión razonada en unas determinadas circunstancias y haces que parezca un capricho.
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Precisamente, lo que diferencia a un capricho de una decisión es que el primero no requiere motivos, es simplemente un deseo irracional que el sujeto quiere llevar a cabo, mientras que las decisiones se toman basándose en hechos y argumentos racionales. Las decisiones que toman las mujeres, sin embargo, suelen considerarse como si fueran caprichos, porque se las toma por niñas incapaces de razonar y necesitadas de un adulto que les dicte lo que hay que hacer. No ocurre así con los hombres.

Con el auge de la promoción de la lactancia materna (que, ojo, nadie duda de que a priori sea la mejor opción) existe un consenso no declarado en que lo racional es la lactancia materna (en adelante, LM) y que quien da lactancia de fórmula (en adelante, LF) lo hace por capricho. De cara a la galería se admiten unos pocos casos en los que es preferible la LF que pueden consultarse en este documento de la OMS  pero, claro, rara vez se le dirá a una madre con problemas reales para dar el pecho que ella se encuentra en uno de esos casos.

He visto, por ejemplo, auténticos ejercicios de tortura a mujeres con mastitis, que por cierto es un proceso muy doloroso, muchísimo, peor que el peor dolor de muelas. Dado que la OMS recomienda que se deje descansar la mama afectada según el criterio médico (en el criterio médico está el quid, es lo que permite todos los abusos) abre la puerta a la tortura de mujeres con dudoso criterio científico, porque la LM siempre es mejor, no importa cuánto duela, no importa cuánto sufrimiento provoque.

Las mujeres que abandonan la LM por diversos motivos (desde motivos laborales hasta una baja producción de leche) no suelen ser preguntadas acerca de estos motivos para incorporarlos a una estadística, a no ser que sean motivos de salud tan burros que no se puedan obviar fácilmente. Por ejemplo, un cáncer o una tuberculosis. Pero la inmensa mayoría de mastitis, pezones planos e hipogalactias pasarán a engrosar el capítulo de “vanos caprichos” de la madre, porque estos motivos sencillamente jamás aparecerán en un documento. Es más, cuando se realiza una búsqueda en Google de la palabra “hipogalactia” el primer resultado ya distingue entre hipogalactia verdadera e hipogalactia falsa, porque ya se sabe que las caprichosas mujeres no dudarán en exagerar o mentir con tal de satisfacer sus irracionales deseos.

hipogalactica

No existe el mismo grado de sospecha, ni por asomo, sobre los hombres que deciden no implicarse en el mismo grado que la madre en la crianza de sus hijos durante sus primeros meses de vida, que además son una inmensa mayoría. Si ellos dicen que no pueden, no pueden y punto. A ellos no se les pide que pasen a explicar por enésima vez todas las circunstancias que les llevaron a tomar esa decisión porque se les toma por adultos responsables. Nosotras, en cambio, debemos volver a explicarnos siempre, ante profesionales médicos, ante hombres y mujeres, ante amigas, incluso ante desconocidas. Y debemos estar dispuestas, siempre, a escuchar consejos ajenos ya cien mil veces escuchados. Porque somos niñas y porque somos ignorantes. Porque siempre lo seremos.

Cosas que nunca te dije (Isabel Coixet, 1993)

6210_i_h_cosas_1Género: Drama romántico. Pero «cine americano independiente de los 90» es mejor descripción.

Idioma original: Inglés americano.

Argumento: Chica intenta suicidarse porque la deja el novio. Chico voluntario en el Teléfono de la Esperanza se enamora de ella.

Cumple el Test de Bechdel: Sí.

Violencia sexual: No.

Otras formas de violencia: Suicidio.

Usos en educación secundaria: No la recomiendo porque es demasiado lenta. Aburrida.

Paris Je t’aime

Paris_Je_T__AimeGénero: Romántica. Cortos, unos drama y otros comedia.

Idioma original: Francés. Inglés americano. Español.

Argumento: 18 cortos que cuentan diversas historias de amor (en un sentido muy amplio).

Cumple el Test de Bechdel: Uno de los cortos, sí. Los demás no.

Violencia sexual: Un caso de celos patológicos. Acoso callejero. Todo light.

Otras formas de violencia: Algo, pero poco y todo muy blandito.

Usos en educación secundaria: Puede ser útil en clase de francés, pero no para proyectarla entera seguida, ya que unos cortos son mejores que otros, y como algunos tienen un final abrupto o abierto, a veces no se sabe cuándo acaba uno y empieza el siguiente, lo que puede resultar confuso. Wikipedia incluye un esquema general de la película. Para usar en la ESO me gustan el 2º (Quais de Seine), 3º (Le Marais); 4º (Les Tuilleries) pero para criticarlo porque presenta los celos como algo divertido y excitante; 7º (Bastille), quizá; 10º (Parc Monceau), que está en parte en inglés; 12º (Place des fêtes), el uso de flashbacks puede ser confuso pero es la típica historia que viene bien para Días de la Paz, antirracismo y similares; 16º, (Faubourg Saint-Denis), francés mezclado con inglés; y 18º (14e arrondissement), un poco ñoño y muy simple pero es una buena conclusión.