Archivos mensuales: noviembre 2013

La forma correcta de comer un mango.

Es necesario tener:

Hambre. Los mangos son una fruta grande; no comas más con los ojos que con la boca. No busques algo que en realidad no te apetece. Hay que desearlo, pues ¿quién es el loco que se lanza a por lo que no quiere realmente?

Un mango en el momento adecuado. Será en parte verde y en parte amarillo con alguna mancha roja. Cede levemente a la presión, sobre todo cerca del rabito. Sin embargo, es mucho más difícil saber si quien está contigo es la persona adecuada o el momento adecuado. A veces hay que lanzarse, porque puedes llevarte una sorpresa.

Un cuchillo de hoja fina y a ser posible flexible. Siempre es mejor ser flexible. Sacas más jugo de la vida (y de los mangos). Puedes apurar mucho mejor lo que se queda pegado al hueso.

Qué hacer:

Clava el cuchillo en el mango y pártelo por la mitad. Tendrás la mitad grande con el hueso y la pequeña sin él. La mitad pequeña es más fácil de comer y debe ser para la persona más tímida, pasiva, aquel de los dos que necesita algo de ayuda. Si tienes el cuchillo, lo más probable es que esa persona no seas tú. Felicidades. Aunque por supuesto, que te den las cosas hechas tiene su encanto.

Coge la mitad sin hueso y corta una cuadrícula sobre la carne, diagonal a las fibras. Sé suave. Ten cuidado. Si aplicas demasiada fuerza cortarás la corteza y no quedará igual de limpio. Hazlo con mimo. Recuerda que lo estás haciendo para quien comparte este mango delicioso contigo. Ahora, presiona ligeramente desde la corteza hacia dentro para “darle la vuelta”. Quedará con un dibujo de rombos.

Pásaselo. Disfruta de su mirada de placer, anticipación, y hambre. Puedes jugar a no dárselo, pero no mucho tiempo, no seas cruel.

Coge la mitad que te queda. Corta tajaditas alrededor del hueso (¿ves cómo necesitabas un cuchillo flexible?). Introduce con cuidado el cuchillo entre el hueso y la carne para crear otra mitad como la que has dado. Córtale una cuadrícula y vuélvelo del revés como la otra mitad.

Muerde los cuadraditos. Come con los dedos y lámetelos. No se te ocurra coger un tenedor.

¿Quieres gemir de placer? Hazlo. ¿Quieres mirar a quien ya está acabándose la otra mitad y sonreír? Hazlo. Nunca ha comido mango antes, y está sorprendido. Cuéntale cómo fue tu primera vez (el mango estaba verde y fue una enorme decepción). Lame sin que te dé vergüenza las gotas de zumo que van a gotearte por la mano.

Ya que tu acompañante empezó a comer mientras tú todavía cortabas, terminará antes. Seguro que te pide más. Valora qué es más importante, tus ganas de comer mango o tus ganas de satisfacer. Actúa con generosidad, dale un pedacito, aunque sea haciéndote de rogar.

No hay mejor forma de acabar una comida que compartir un mango.

Opiniones católicas sobre violencia de género y nulidad matrimonial.

En esta entrada puedes hacerte una idea del conjunto leyendo sólo lo que está en negrita.

Casi toda la doctrina de la Iglesia católica respecto al matrimonio proviene de la creencia de que es una institución doble, de naturaleza simultánemente legal y religiosa. Eso significa que todos los matrimonios, sea cual sea la religión de los contrayentes, son válidos a ojos de la Iglesia Católica, siempre que sean un lazo con voluntad de ser permanente entre un hombre y una mujer solteros. El Canon 1055.1 del Código Canónico (en adelante, CC), define el matrimonio para todos, no sólo para los cristianos: “La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados”.

De esta breve definición pueden deducirse varias creencias. En primer lugar, el catolicismo distingue entre ley natural, ley divina y ley canónica. La ley natural es inmutable y universal; su existencia y cumplimiento está, en teoría, desconectado de la fe en Dios y en Cristo, puesto que se aplica siempre (como aquí la definición de matrimonio). Como es parte de la naturaleza humana, no se puede romper, en el sentido de que los actos contrarios a ella no pueden (o deben) recibir reconocimiento legal. No es necesario castigarlos o prohibirlos, a veces basta con actuar como si no existieran. Por ejemplo, las uniones de un hombre con más de una mujer, o viceversa; las uniones entre personas separadas o divorciadas, y demás casos que no son un matrimonio entre un hombre y una mujer, no existen legalmente para la Iglesia, porque rompen la ley natural.

De la ley divina se dice que viene de Dios. Sólo es aplicable a los cristianos (aquí la Iglesia Católica se permite legislar sobre los cristianos no católicos), y se la supone inmutable. En la definición de matrimonio, es ley divina que el matrimonio es sacramento. El Canon 1056 insiste: “Las propiedades esenciales del matrimonio son la unidad y la indisolubilidad, que en el matrimonio cristiano alcanzan una particular firmeza por razón del sacramento”. Finalmente, la ley canónica son las normas que se aplican sólo a los católicos, y que pueden cambiar si la jerarquía eclesiástica así lo desea.

La definición del matrimonio como sacramento es importante, porque significa que no se puede romper. Los sacramentos se pueden aplicar una sola vez (bautismo) o varias (como la confesión o la comunión) pero eso no cancela las anteriores; el matrimonio es del segundo tipo, se puede repetir, pero como es una unión entre sólo dos personas, es necesaria la muerte de un cónyuge para que el superviviente pueda volverse a casar.

Esta indisolubilidad del matrimonio se dice que refleja la unión de Cristo con la Iglesia, y de ahí se deriva que aunque el sacramento está en la celebración, la indisolubilidad sólo tiene lugar con la consumación del matrimonio. La esterilidad no influye, ya que tener hijos no es esencial, pero sí la impotencia, que anularía el matrimonio.

El amor no es una propiedad esencial manifestada explícitamente, pero queda implícito en la unión católica, debido a como se interpreta el concepto de sacramento y a que la doctrina se basa en Efesios, 5, 25: “Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”. El amor es un compromiso que requiere sacrificio, entregarse a la otra persona, y el sacrificio de Jesucristo que esto pretende imitar no fue un acontecimiento feliz: por lo tanto, el amor en el matrimonio es una obligación adquirida libre y generosamente. No amamos “para ser felices”.

El matrimonio católico no se puede romper pero sí se puede declarar nulo. La nulidad no rompe nada, simplemente declara que el acto nunca fue válido. Esa es la diferencia con el divorcio: para declarar la nulidad, es irrelevante cualquier cosa que fuera mal en la relación después de la boda, como por ejemplo violencia de género, siempre y cuando la ceremonia se hiciera en la forma correcta y entre contrayentes que consentían libremente. Conseguir la declaración de nulidad es más fácil y frecuente de lo que pueda parecer; en España se anulan más de mil uniones al año (Vitoria, 4-115).

Hay tres razones principales para la nulidad: fallo de forma, impedimentos, y falta de consentimiento válido suficiente. Los impedimentos son prohibiciones al matrimonio de ciertas personas (menores de edad, parientes, etc). Qué es un consentimiento válido está ampliamente regulado, lo que es comprensible porque un consentimiento inadecuado es la única manera abierta de obtener la nulidad, una figura legal que la Iglesia prefiere utilizar lo menos posible. Se supone preferible que dos personas estén unidas sin sacramento, a equivocarse por el otro extremo y dar por nulas uniones válidas.

La jerarquía actual no se pone de acuerdo sobre si la violencia de género es causa de nulidad. La Iglesia combina cierto grado de libertad para las diócesis con una fuerte tendencia a la centralización, y cuanto más arriba en la escala de poder, más fuerte es la tendencia a considerar válidos esos matrimonios. Por ejemplo, esto es así cuando se cree que la violencia tiene lugar cuando un matrimonio ha fracasado. Por ejemplo, Braulio Rodríguez Plaza, Arzobispo de Valladolid declara: “A erradicar ese profundo malestar en nuestra sociedad que deja ver la violencia doméstica, ¿no ayuda una buena relación entre los esposos que, según la fe católica, se exige en un matrimonio canónico […]? Justamente cuando ese matrimonio ha fracasado es más frecuente esa violencia”. Para este punto de vista, es la rotura de la unión la que produce violencia, y no al revés.

En estos casos, se permite la separación. El Canon 1153.1 habla de “grave peligro espiritual o corporal al otro o a la prole, o de otro modo hace demasiado dura la vida en común” como causas legítimas de separación. En 2003, la Pastoral de la Familia, un documento de la Conferencia Episcopal sin fuerza vinculante, se refiere a la violencia de género explícitamente:“Si se llega a situaciones graves de malos tratos ha de aceptarse la separación como un mal menor. Además, puede estudiarse si hubo causa de nulidad”, Capítulo IV.4.190. Como interpretación del Canon, no podría ser más conservadora. Los “malos tratos” (acciones, no situación) deben ser “graves”. Y el Código en ningún momento dice que la separación sea un mal, ni mayor ni menor. La Pastoral menciona dos veces la importancia de la reconciliación en los problemas matrimoniales, incluyendo los casos de violencia. En uno de los dos casos, considera la reconciliación preferible incluso a la nulidad (Capítulo V.1.210). Se habla de perdón en nueve ocasiones, relacionándolo con el sacramento de la confesión: como el matrimonio es un sacramento, dentro del mismo los actos cotidianos pueden tener importancia sagrada, y se cree en el poder redentor del perdón y del sufrimiento de las víctimas.

La distinción entre “malos tratos” y una situación de violencia constante es la clave entre la interpretación conservadora y la progresista. Las dos admiten que la violencia de por sí no es causa de nulidad, pero la progresista mantiene que la violencia es síntoma de una personalidad ya presente en el momento de contraer matrimonio, y por lo tanto incapaz de prestar un consentimiento verdadero. Es decir: el maltratador es una persona completamente incapaz de casarse porque no sabe amar, entregarse, como el sacramento exige. Y de ahí, que el matrimonio pueda ser declarado nulo, en una interpretación amplia del canon 1095.2, que declara incapaces de contraer matrimonio a “quienes tienen un grave defecto de discreción de juicio acerca de los derechos y deberes esenciales del matrimonio que mutuamente se han de dar y aceptar”. Esto sería aplicable al agresor, y el deber esencial no cumplido es el de fidelidad, que es más complejo que no cometer adulterio. La violencia sería una forma de traición, si se quiere decir así, una infidelidad al amor y al respeto que se le debe al cónyuge. El Canon 1098 sería de aplicación a la víctima, pues dice que el matrimonio no es válido si un contrayente ha sido engañado “acerca de una cualidad del otro contrayente, que por su naturaleza puede perturbar gravemente el consorcio de vida conyugal”.

Toda la investigación psicológica sobre violencia de género de los últimos 40 años apoya la versión progresista: la violencia de género parte de los rasgos de la personalidad del agresor. Los intentos de rehabilitar o reeducar son escasos y dan poco fruto. No importa si nos remitimos a teorías conductistas, psicoanalíticas, o sistémicas: todas coinciden en que las agresiones que se producen en relaciones íntimas no son reacciones a algo que ocurre en dicha relación, y no son actos aislados, sino que son manifestaciones de una personalidad agresora preexistente. El desacuerdo entre diversas teorías psicológicas está sólo en cuál es el origen de esta personalidad y por lo tanto, si tiene solución y cuál es.

Si se acepta esto, para declarar la nulidad de un matrimonio, los tribunales eclesiásticos pueden aceptar informes psiquiátricos o psicológicos, o pruebas de que el agresor ya era violento antes de que la boda se celebrase, aunque esa violencia no fuera física, por ejemplo en forma de insultos, peleas frecuentes, prohibir a la víctima contacto con familia y amigos, dañar sus objetos personales, y conductas similares. Si el agresor ya era claramente violento o si realizaba amenazas graves, el Canon 1103 también es de aplicación, pues manifiesta la nulidad de los matrimonios contraídos “por violencia o por miedo grave (…), incluso el no inferido con miras al matrimonio, para librarse del cual alguien se vea obligado a casarse”.

Es decir, la interpretación conservadora de la nulidad matrimonial por violencia de género asume que la violencia son actos aislados, no una dinámica que se establece en el mismo inicio de la relacion. También ignora la posible incapacidad de los maltratadores para establecer plenamente los compromisos y obligaciones del matrimonio, considerando que la capacidad para el perdón y el sufrimiento de la víctima sirve para suplir la falta de consentimiento real, informado, de ambas partes, y la falta de amor de la parte agresora. Paradójicamente, esto entraría en contradicción con el clarísimo Canon 1057: “El matrimonio lo produce el consentimiento de las partes legítimamente manifestado entre personas jurídicamente hábiles, consentimiento que ningún poder humano puede suplir”.

En definitiva, la cuestión para anular un matrimonio católico en el que se produzca violencia de género es a qué conjunto de valores se le quiere dar más importancia: al sufrimiento, la abnegación, el perdón, y la subordinación femenina, o a la definición de matrimonio como una unión amorosa y de entrega entre seres iguales y libres.

¿Tienden a recaer las maltratadas?

Un lugar común bastante frecuente entre quienes saben poco sobre violencia de género es que las maltratadas que consiguen librarse de su agresor pueden caer en otra relación destructiva, ya sea porque ellas eran así de antes, con tendencia a sentirse atraídas por hombres que las agreden, o porque el resultado del maltrato es dejarte “tocada” para siempre y vas a caer en los mismos errores.

El primero de estos argumentos es fácil de desmontar. “Las mujeres maltratadas tienen, de antemano, una concepción de las relaciones humanas que las hace caer bajo el control de maltratadores”. El problema es que sufrir maltrato, abusos, o acoso, tiene efectos sobre la personalidad, a corto, medio y largo plazo. Se ha definido “el síndrome de la mujer maltratada”, con rasgos que son, fundamentalmente, los de la indefensión adquirida. Por ello, cualquier estudio a posteriori sobre qué tienen en común las víctimas, nunca va a servir para saber qué provocó que llegaran a serlo. Si realmente quisiéramos contestar a esa pregunta, tendríamos que tomar a personas que nunca hayan sido víctimas de maltrato infantil, acoso escolar, ni ninguna clase de violencia sistemática, hacerles una batería de tests, y volver a preguntar dentro de unos años, para ver si han acabado en relaciones violentas o no.

Pasemos ahora a la segunda versión. Ser maltratada te predispone psicológicamente a volver a serlo. Observemos cómo se sale de una relación así:

1) Deprimida, o con síndrome de la mujer maltratada. La maltratada se culpabiliza de lo que ha pasado. Es muy importante que la relación la ha roto ella: los maltratadores no rompen con sus parejas. O ella se va, o la matan. Una superviviente de maltrato es una viuda, o una mujer que ha dejado a un hombre del que lo último que sabes es que te considera una zorra egoísta.

2) Es posible que tenga que huir, esconderse, cambiar de vida social. Es posible que su ex-pareja la acose para que vuelvan o sólo para molestarla.

3) Es posible que tenga cargas familiares. Tiene que hacerse cargo de los niños ella sola, o los ha dejado atrás. Es posible que él le controlara el dinero. En cualquier caso, es poco independiente en lo material/económico.

Estas circunstancias, en primer lugar, convierten a las mujeres maltratadas en parejas poco atractivas a los ojos de cualquier hombre, ya sea un maltratador en potencia o no. Y son, también, razones de tipo práctico por las que una superviviente necesita bastante tiempo para empezar a pensar en nada que no sea… bueno, sobrevivir. De todas maneras, los expertos encuentran que las mujeres que han abandonado una relación violenta suelen ser muy reacias a establecer nuevas relaciones románticas.

Por otra parte, la violencia de género se vive en privado, no se habla mucho de ella después, y cuando la gente la conoce, le pone excusas. Comparémoslo con situaciones parecidas: el acoso escolar y el mobbing. Mis amigos que fueron víctimas de acoso escolar tienen bastantes rasgos en común:

– Son a menudo gente sensible. No es razon para ser acosado pero sí para percibir la violencia escolar como tal acoso.

– Son selectivos con sus amistades. Algunos son introvertidos y otros no, pero prefieren estar solos a mal acompañados.

– Muchos rehúyen situaciones que tienen algo que ver con el ambiente social escolar, con cosas que parece que tienen algo que ver. Algunos que he conocido estudiando carreras de Humanidades tenían muy claro que no pensaban ser profesores, que no iban a poner los pies en un colegio en su vida.

– Normalmente, no han tenido problemas para “rehacer sus vidas” a partir de infancias que a menudo fueron traumáticas. Algunos sí, pero son excepción.

Y sobre las personas que han pasado por un acoso laboral, lo único que les veo en común es que algunas evitan situaciones parecidas a las que llevaron al acoso: tras dejar la empresa o cambiar de jefes, han creado la suya propia para no tener jefes, o han hecho lo necesario para no caer en la red de mentiras de un jefe nuevo, o el trabajo ha dejado de ser menos importante en sus vidas que antes. En resumen, seguro que conoces casos así: personas que han pasado por traumas no sentimentales y que luego no los han repetido.

Finalmente, hay una razón bastante sencilla para creer que las maltratadas repiten: que la violencia está por todas partes. Alrededor de un 25% de las mujeres y 10% de los hombres son víctimas de violencia en relaciones íntimas. Sobre los niños, cerca de un 20% de las mujeres y un 5 a 10% de los hombres adultos manifiestan haber sufrido abusos sexuales en la infancia. Esto es lo que confiesan adultos, vete a saber cuál es la verdad, que es necesariamente mayor. Un 25 a 50% de los niños de ambos sexos refieren maltratos físicos (OMS). Esto no incluye la violencia emocional. Ante cifras así, es muy difícil encontrar mujeres que nunca hyan sido maltratadas de manera reincidente. Lo fácil es atribuirles la causa a ella. Ver la violencia que todos respiramos, la cultura de la violación, el patriarcado en todo caso, nos convierte en peces que se dan cuenta de que están mojados.

Recomendaciones de lectura:

Marie France Hirigoyen, El acoso moral.
Donald Dutton, The Domestic Assault of Women.

Mañana, al EBE

Esta semana es Evento Blog en Sevilla, y es la segunda vez que voy; la anterior fue en el 2009. Y la verdad es que si no he vuelto hasta ahor es porque en aquella ocasión no me lo pasé demasiado bien. Hay razones que no tienen remedio, como que no se me da bien el “pasilleo” y que aquello tenía una orientación profesional que no tenía nada que ver con mis intereses. También hubo razones que sí habrían tenido solución: por ejemplo, yo apenas usaba twitter entonces y era la herramienta básica de comunicación de los presentes (o al menos eso parecía). Ir sin smartphone ni portátil tampoco fue una buena idea. Fue tanto por moticos técnicos como por ignorancia.

Esta vez, parte de estos problemas no se dan. Sigo siendo lo peor del mundo para el pasilleo, para esas conversaciones de tanteo con desconocidos, pero esta vez conozco a muchos asistentes, no como entonces. Me pongo de deberes no pegarme como un bebé asustado a mis viejos amigos (hola, @darkblue).

Esta vez sí tengo teléfono con conexión a internet. A veces es precisamente un iniciador de conversaciones (“¡qué pequeño!”). Y me manejo mejor por twitter. No, mentira: estoy malamente enganchada. También me pongo de deberes pasar más tiempo relacionándome con gente allí presente que tuiteando.

Lo mejor que saqué de mi primer evento blog fue twitter. Lo recuerdo así: conocer en persona a @annalibera, empezar a usar twitter, que ya tenía pero muy pequeñito, más que nada para continuar el germen de conversación empezado entonces. A través de Anna conocí a más gente. Ahora leo a casi doscientos, que de distintas maneras, me han enseñado de todo. Algunos son ahora amigos míos. No puedo prever cómo me va a cambiar este EBE la vida, pero me gustaría aprender algo, conocer alguna herramienta interesante y completamente nueva para mí. El contenido de las charlas está muy centrado en aspectos profesionales que no tienen mucho que ver conimgo, así que lo que descubra será una sorpresa.

Y esto es todo. Creo que son unas expectativas modestas. Estoy recelosa, aunque razonablemente optimista. La de los rizos soy yo, si me ves por allí, saluda.

 

Hombres que me han enseñado sobre feminismo

Mi padre. Porque si el feminismo es la idea radical de que las mujeres somos seres humanos, el primero que me trató como tal fue mi padre.

Mi marido. El porqué sería largo de contar.

Tres de mis ex. Me enseñaron a gustarme. Y no deseaban “hacerme” cosas. Deseaban mi sí y me enseñaron a consentir en lugar de a dejarme hacer.

Joss Whedon. No soy su mayor fan, precisamente, pero me gusta cómo trabaja con sus ideas de “mujer fuerte”. Las series serían más aburridas sin él.

Charles Dickens. No era feminista; él quería un patriarcado amable. Se aprende mucho observando en sus novelas porqué eso es imposible.

Michael Kimmel. Autor de libros sobre roles de género. Le preocupa especialmente la masculinidad moderna. The Gendered Society es un libro suyo magnífico sobre sexismo.

James Eli Adams, catedrático de la Universidad de Cornell cuyo trabajo se centra en la masculinidad victoriana. También es un excelente profesor. Hay muchos buenos profesores y muchos victorianistas, pero me quedo con Adams porque me gustó verlo ejercer de padre de su hija.

Daryl Bem, otro profesor universitario en Cornell, éste de psicología. Me dio un curso breve pero intenso sobre formación de ideologías.

Bill, el marido de Suzanne, mi amiga que es cura episcopaliana. El primer hombre al que vi, en vivo y en directo, ser el apoyo logístico y emocional de su mujer y no al revés. Él compaginaba su propia carrera y sus hobbies con tener el rol de “cuidador” en la pareja. Sin problemas y sin alardes.

William Shakespeare, que inventó el personaje femenino con agencia. Exagero un poco, pero sólo un poquito.

Los comunistas en twitter. No todos, sólo algunos. Perdonad que no los mencione, prefiero no olvidarme de ninguno. Porque me recuerdan que no puedo hacer sólo feminismo para blancas y ricas.

Michel Foucault. Para recordar entre otras cosas que el sexo no libera. La libertad está en poder consentir o no.

Manuel Almagro y Brian Crews, profesores universitarios que me recomendaron a Jeanette Winterson. Otros editaron y publicaron mi artículo sobre una novela suya.

Donald Dutton escribió casi todo lo que sé sobre violencia de género. Miguel Lorente añadió otro poco. Juan José Millas remató con Hay algo que no es como me dicen.

Algunos feministas en twitter. No quiero dar nombres por si me olvido de alguno, pero ellos saben quiénes son. De su mirada de novato que se acaba de tomar la pastilla roja, de su odio por las injusticias, no sólo se aprende: se sacan fuerzas.

Algunos alumnos varones que no responden a los ideales de la masculinidad. “Hombres débiles”, como dice un hombre feminista; chicos no necesariamente amanerados ni homosexuales, pero que aún así, no responden a lo que se espera de ellos. Ellos lo saben. Procuran no llamar la atención. Estoy aprendiendo a convertir mi aula en un sitio donde puedan ser ellos mismos. Apenas estoy empezando.

Gustavo Bolívar, autor de la novela “Sin tetas no hay paraíso”. No os la perdáis. Buenísima.

Hayao Mizayaki, por tantas películas con buenos personajes femeninos, sobre todo con las mujeres más invisibles: las ancianas.

Roddy Doyle, novelista irlandés autor de entre otras “The Woman who Walked into doors”, una novela para mí con cualidades de exorcismo.

Michael Ende. Por Momo. Porque seguro que tuve mejor infancia que con un héroe masculino.

John Irving. Otro novelista. Porque en En Mundo Según Garp tuve mi primer contacto con feminismo pesimista, partidario de la segregación. Y en Las Normas de la Casa de la Sidra se habla de aborto como en ninguna otra obra de ficción que yo conozca.

Y tú, aliado posible, quién sabe si amigo, ¿vas a hablar de feminismo? ¿Vas a llamarte feminista? ¿Vas a enseñarme algo? ¿Vas a mejorar la vida de alguien? ¿Vas a echar abajo las injusticias a patadas? ¿O sólo piensas quedarte ahí, criticando?

Guía escéptica a la meditación

Hace poco, una persona muy querida decía que ojalá pudiera meter sus sentimientos en una cajita y seguir con su vida, por un rato. Mientras no estemos en un cuento en el que el ogro esconde su corazón y el héroe va a buscarlo, lo más parecido a poner nuestros sentimientos en pausa es la meditación. Esta persona es atea, así que para ella y para cualquiera que se pueda beneficiar, aquí va una pequeña introducción, sin religión y sin ninguna filosofía concreta, a la práctica de la meditación.

Es difícil establecer correctamente cuáles son los beneficios de la meditación, sobre todo porque la calidad de la práctica de los principiantes es escasa, y es difícil encontrar veteranos que no tengan conductas que sabemos que son buenas para la salud: dieta vegetariana o moderada, practicar actividad física, pertenecer a una comunidad (como les pasa a los meditadores por motivos religiosos). Se han hecho algunos estudios con personas que meditaban fuera de una práctica religiosa colectiva y parece que hay datos como para defender que sí es tan positivo como cualquier otra actividad relajante, o más.

Sobre los efectos para la salud mental, una advertencia: creo que alivia y previene la ansiedad, si es leve. No creo que ayude en nada una vez que una persona está enferma. Esto es como las lesiones deportivas: la actividad física te mantiene en forma, hacer deporte estando lesionado es mala idea.

Dicho esto, hay dos clases fundamentales de meditación: lo que vulgarmente llamaríamos “dejar la mente en blanco” o dejar los pensamientos pasar, fluir, por una parte; y concentrar nuestra atención en un solo pensamiento, por otra. Voy a empezar por esta última, que es el tipo que me resulta fácil a mí.

La meditación concentrándonos en una imagen, frase, o pensamiento es frecuente en la práctica religiosa. Los budistas usan mantras; los católicos hacen algo parecido. A mí me ayuda a no distraerme. A otro meditador que conozco lo agobia y estresa, le recuerda demasiado a tener pensamientos obsesivos. En cualquier caso, para este tipo de meditación escoge una frase muy breve. Puede ser una afirmación personal, un verso que te guste. Se pueden usar sílabas sin sentido (si te gustan canciones en idiomas que no entiendes, un verso sería perfecto). No tiene que ser verbal, puede ser una imagen o un concepto (uno sencillo y positivo). No analices tu idea. Puedes recitarla, o solo repetirla mentalmente. Si se te va la cabeza a otras cosas, tráetela de vuelta.

La otra clase de meditación, algo más pura, y para mí más difícil, tiene muchísimos estilos diferentes. Intentar dejar la mente en blanco es tan difícil como obedecer a la orden “no pienses en un elefante”. Por eso, nos concentramos en cosas como mantener perfectamente la postura inicial sin movernos, seguir el ritmo de la respiración, o dejar los pensamientos pasar. Sobre esto último se dice “que los pensamientos pasen como las nubes en el cielo”. Los observas y los dejas ir. Como decía una profesora mía “no mantengo conversaciones con mis pensamientos”.

En cualquiera de los dos casos, sesiones de 20 minutos son un buen objetivo para principiantes sin instructor. Ponte en una postura cómoda pero no demasiado. No te tumbes, porque te vas a dormir. Tiene que ser una postura que puedas mantener indefinidamente sin forzar, es decir, sentada (no importa si en silla o en el suelo) o quizá arrodillada si tienes mucha flexibilidad. Hay quien usa música creada al efecto; yo prefiero el silencio. Dicen que lo ideal es por la mañana muy temprano, algo que a mí no me va nada. En cualquier caso, totalmente desaconsejado después de comer, porque te vas a dormir, ni cerca de la hora de acostarte, porque te puede poner inquieto y darte insomnio. La cabeza se te va a ir, pero no te desanimes. El proceso es eso: te concentras, la concentración se va, la recuperas. La sostienes, o no, y vuelta a empezar. Ni siquiera los que llevan años haciéndolo a diario lo hacen “perfecto”.

Meditar no es fácil. Ni siquiera es divertido. Pero a veces, es lo que pide el cuerpo. De hecho creo que parte de la moda actual de correr fondo y medio fondo está provocada por una necesidad de pasar largo rato sin distracciones. Así que os recomiendo que lo probéis.

El informe sobre desigualdad de género según el Foro Económico Mundial

De vez en cuando, nos dicen que España ocupa el lugar número 12, o 20, o algo así, en una clasificación de los países según su grado de desigualdad entre hombres y mujeres. Se trata de un informe que realiza cada año el Foro Económico Mundial.

Esta institución se considera a sí misma una “asociación sin ánimo de lucro”, lo cual puede hacernos pensar que tiene algún noble propósito para el desarrollo internacional. No es el concepto que usamos coloquialmente de ONG: en realidad se trata de una asociación de grandes empresas, o de empresas más pequeñas que destaquen en su sector o en su región. Aquí se puede ver una lista de miembros: Audi, Coca-Cola, DuPont, Yahoo!, vamos, lo mejor de cada casa. El Foro sostiene que su objetivo es mejorar el mundo, realizando informes y “fomentando el diálogo”, y organizando reuniones en las que “expertos” van a comunicar a los líderes mundiales soluciones para resolver problemas. Resumiendo: organizan encuentros entre políticos y empresarios, con el objetivo de que el mundo en el que vivimos no cambie en un ápice en lo fundamental. Resumiendo más aún: son un lobby muy bien organizado aunque con unos intereses muy divergentes: ¿qué pueden tener en común Nestlé y Fujitsu? Si queréis sacar conclusiones propias, aquí está la declaración de intenciones.

Desde 2006, este Foro (WEF en sus siglas en inglés) realiza un informe sobre la desigualdad entre hombres y mujeres. España acaba de pasar del puesto 11 en 2010 al 30, lo que puede sonar preocupante. En realidad, el salto más grande se produjo entre 2011 (puesto 12) a 2012 (puesto 26). Veamos porqué. Estos son los factores que se miden:

  1. Participación económica e igualdad de oportunidades.
  • Participación: una comparación de la ocupación de hombres y mujeres. Más mujeres trabajando, menos  desigualdad.
  • Desigualdad en los ingresos: una ponderación entre los ingresos mediso de hombres y mujeres independientemente de a qué se dediquen, y de la desigualdad salarial en el mismo puesto de trabajo.
  • Brecha de poder: la proporción entre hombres y mujeres entre legisladores, altos cargos, y directivos.

2. Logros educativos.

  • Grado educativo logrado por las mujeres comparadas con los hombres, en educación primaria, secundaria y superior.
  • Tasa de alfabetización femenina comparada con la masculina.

3. Salud y supervivencia.

  • Proporción entre los sexos al nacer. Esto busca detectar el aborto selectivo de fetos hembra y el asesinato de niñas recién nacidas.
  • Diferencia entre la esperanza de vida de hombres y mujeres.

4. Poder político.

  • Qué proporción de ministerios los ocupan mujeres.
  • Qué proporción de parlamentarios son mujeres.
  • Ratio de los años ocupados por hombres y por mujeres como presidente o primer ministro en los últimos 50 años.

Se pueden observar aquí algunas cosas. En primer lugar, el fuerte peso que tiene que haya mujeres gobernando. También, el poder económico de las mujeres. Y también, que sólo se observan datos en los que se puede comparar fácilmente un dato femenino con uno masculino, y la falta de interés para el WEF de lo que llamamos en sentido amplio “conciliación de la vida laboral y familiar”. Acceso fácil al aborto legal, existencia o no de una baja maternal, son cuestiones que a esta organización no interesan. Puede verse en ello dos cuestiones. La primera, que “gender gap” o “desigualdad de género” la definen como en qué son diferentes hombres y mujeres cuando se puede comparar exactamente el mismo valor. Los hombres no se quedan embarazados, así que todo parámetro relacionado con un aspecto tan decisivo para la vida de la mujer queda fuera.

La segunda cuestión es que el informe probablemente sirve como herramienta eficaz para que una empresa sepa la probabilidad de que sus usuarios, clientes, empleados, ejecutivos, y legisladores a los que hacer lobby sean mujeres. Esto permite, imagino, decidir dónde quieres poner una fábrica, utilizar la disparidad salarial a tu favor, entender dónde no es probable que las mujeres tengan poder adquisitivo para adquirir tus productos, etc. Es un medidor aceptable de la relaciones mujeres-empresa.

El puesto de España se desglosa así: si convertimos la igualdad entre hombres y mujeres en un 1, en España sería del 0,7266. Participación económica: puesto 76, proporción 0,6521. Educación, puesto 40, teniendo en cuenta que 25 países empatan en primera posición,0,9971. Salud y supervivencia, puesto 75, otro caso con muchos empates, proporción del 0,973 y finalmente, poder político, puesto 27, proporción 0,2841.

De aquí se puede deducir: que aunque las mujeres españolas están logrando una educación cada vez mejor, eso no se convierte en ventajas laborales ni salariales, comparadas con las de otros países. Los países que tienen un nivel económico y una cultura comparables, y mayor desigualdad en ingresos, son Italia (puesto 97), Grecia (puesto 75) y Malta (108). Ya fuera de nuestro entorno cultural,  Japón (104) Corea (118) Omán (123) y Arabia Saudí (134). Peor desigualdad estudios/ingresos que en España, siempre en países en nuestro grupo por renta per cápita, se halla en Eslovaquia (86/1), República Checa (95/1) Emiratos Árabes Unidos (122/1) y Kuwait (115/57).

Eso no son indicadores de la posición absoluta de las mujeres, repito, sino de su posición de desigualdad respecto a los hombres. Es decir: España es el tercer país de Europa, después de Eslovaquia y la República Checa, con mayor desigualdad salarial a pesar del buen nivel de estudios. Y también somos el sexto país de Europa, y el octavo país rico y democrático, con mayor desigualdad salarial del mundo, sin tener en cuenta el aspecto de los estudios.

Entrando al análisis de algunos de los factores: Aquí tenéis una bonita captura de la página 340 del informe: WEF gender gap SpainAnalicemos punto por punto: Descartemos salud y supervivencia. La tasa de esperanza de vida es buena y la ratio de sexos al nacer podemos atribuirla al azar (dudo mucho que en España se practique el aborto selectivo, al menos de manera significativa).

Yendo al principio, a participación económica, observamos un buen dato: hay paridad en lo que el informe llama “professional and technical workers”, es decir, profesionales, y personal altamente cualificado. No es del todo mala la proporción respecto a la población activa: 0.82. Los problemas nos los encontramos en: desigualdad salarial ante el mismo trabajo, 0,54. Ingresos respecto a los hombres, 0,59 y altos cargos, 0,48. Es decir: las mujeres llegamos a profesionales y a trabajadoras cualificadas, pero no a altos cargos, y ganamos alrededor de un 60% de lo que ganan los hombres. Es, creo, el peor dato de todos en lo que afecta al día a día de más mujeres.

En educación, si algo falla es que la alfabetización es muy ligeramente menor en las mujeres que en los hombres. Resulta preocupante que los hombres estudien menos en la universidad que ellas.

Por último, en poder político: el PP, que ahora tiene mayoría absoluta, tiene como política de igualdad abierta y declarada no utilizar cuotas de representatividad, lo que se traduce en que la representación de las mujeres es inferior a la de los hombres aunque sin desaparecer. También está la cuestión de que en España, el jefe del ejecutivo nunca ha sido una mujer.

Resumiendo: Aunque el WEF no incluya algunos indicadores de igualdad y de bienestar que serían muy útiles, como los relacionados con la salud sexual y reproductiva, parece más bien un indicador de hasta qué punto es probable que las mujeres estén en la misma situación económica que los hombres de su misma clase social (esa es otra cuestión: aquí no se miden indicadores de desarrollo, sólo comparaciones hombre/mujer). Sería deseable incorporar estos factores sociales a un índice más

Respecto a España, si nos atenemos estrictamente a este índice, estamos en una posición relativamente buena, aunque nuestro mercado laboral es abismalmente injusto.

Una nota en 2016: Cuando hice este post no me fijé en la gran diferencia entre el factor “Participación política”, que en España es alto (puesto 26), y el de “Participación económica” que está en la zona media de la tabla (puesto 67). Algunas consideraciones con los datos de 2015: España es un país con muchas mujeres ricas en el poder, y con mujeres mucho más pobres que los hombres. En España, a la mujer media le afecta bastante poco el poder político de las burguesas. Los países con más participación política y más desigualdad económica que España en 2015 son: Nicaragua, Bolivia, Cuba, Argentina y Costa Rica en América; Cabo Verde y Sudáfrica, en África. India y Bangladesh, en Asia. Italia es el único país europeo y con una economía comparable a la nuestra en el que el poder político de las burguesas no se corresponde con una mejora de las condiciones de vida del resto de las mujeres.

Los países con alta participación política y también en los factores más sociales son: los escandinavos, Irlanda, Eslovenia, Suiza, Alemania, Holanda, Filipinas y Nueva Zelanda.