Archivos mensuales: Enero 2014

21 días en un instituto de secundaria

Con idea de que se vea desde fuera qué pasa en el día a día de una profesora de secundaria, voy a dedicar tres semanas a una pequeña crónica, lo más objetiva posible.

En Ayamonte hay dos institutos de secundaria, el grande y el pequeño. Yo estoy en el pequeño: sólo tenemos la Secundaria Obligatoria. Unos 300 alumnos repartidos en 13 grupos. Yo le doy clase a 75 alumnos que están en cuatro grupos (1º, 3º, dos grupos de 4º). Doy clase de inglés, de alternativa a la religión y soy la coordinadora de la biblioteca del centro. Tengo 30 compañeros profesores, dos conserjes, y un administrativo. Hay cafetería dentro del instituto, y ninguna externa cerca. Estamos a cinco minutos en coche de la frontera con Portugal.

Va a ser, al menos en la cuenta diaria, una crónica bastante mecánica. Me voy a fijar en el número de horas que trabajo dentro y fuera del aula, el comportamiento de los alumnos en la medida que no invada su intimidad, el proceso de evaluar, y todas las veces en las que me falten medios y recursos para hacer mi trabajo con normalidad. Por ejemplo, tener que imprimir algo en casa porque en el trabajo no funciona la impresora.

Los tuits sobre el trabajo serán pocos y estarán programados. La crónica estará aquí, breve, con conclusiones al final. Allá vamos.

Introducción mínima a la interseccionalidad.

Todos lo hemos oído: “pues hay quien está peor”. Es un primer intento, fallido pero intento, de interseccionalidad. Tú eres pobre, pero no estás discapacitado. Eres una mujer y cuidas de tu madre enferma, pero por lo menos tienes trabajo para manteneros a las dos. En este primer acercamiento, la realidad es una escalera, y cada privilegio que no tienes te hace bajar un escalón. Arriba están los hombres blancos ricos. El segundo escalón está ocupado por las mujeres blancas ricas. Y todo lo demás es una pirámide perfecta. Sencillo, pero incorrecto.

La interseccionalidad es algo más complejo que eso. El término lo creó Kimberlé Crenshaw en los 80, aunque la idea existía desde mucho antes, para referirse a la interacción de múltiples tipos de opresión, es decir, a cómo diversos privilegios y la falta de ellos afectan de distinta manera en distintos contextos. Evidentemente, una persona a la que le “falten” cinco o seis privilegios de la lista (no es tan difícil) tiene una vida más dura que alguien a quien falte uno, o ninguno. Pero muchas veces, lo que se supone que es una característica común a todos los miembros de un colectivo oprimido, sólo lo es de la parte más privilegiada de los mismos. En otras palabras: sin un enfoque interseccional, la lucha contra un privilegio tiende a beneficiar a quienes sólo echan en falta ese privilegio y ninguno más, a costa del resto del grupo. Así es como, en palabras de Ardeluxe, se puede ser comunista y machista, feminista y transfóbica, o gay de derechas.

Si queda un poco abstracto, como mejor puede entenderse es con ejemplos. Voy a poner uno que se beneficiaría de más feminismo, y una crítica al feminismo.

1. La lucha contra la pobreza, la lucha obrera… ese tipo de reinvidicaciones de izquierdas. Por ejemplo, es fácil tomar como héroes, como símbolos, a colectivos muy reivindicativos como los mineros. Símbolos como el del Sindicato de Estudiantes (llave inglesa que se convierte en lápiz) o la hoz y el martillo, apuntan a profesiones típicamente masculinas. Otro símbolo que me encanta a pesar de lo excluyente que es, es el albañil de Manel Fontdevila. currito fontdevilaCuando Fontdevila dibuja a su hombrecillo del casco, no está representando a un albañil sino al conjunto de la clase obrera. No sería muy difícil pensar en una camarera con uniforme, una enfermera, o una profesora, por decir mujeres fáciles de caricaturizar, como representantes del sector servicios (el autor es consciente de ello pero no sé hasta qué punto ha hecho algo por arreglarlo).

Otro ejemplo reciente y no humorístico es el reportaje de Jordi Évole “Precariado”, emitido en La Sexta hace pocos meses. Los ejemplos de profesiones que son o que se han vuelto inestables y mal pagadas: obreros de fábrica de automoción (y de refilón alguna mujer), y un hombre que ha estudiado comunicación audiovisual, como ejemplo de sobrecualificación. Esto, a mi parecer, es un enfoque completamente equivocado sobre el empleo de mala calidad. La peluquera autónoma, su empleada con el salario mínimo, infinidad de dependientas de tiendas, licenciadas que malviven dando clases particulares… estamos rodeados de un ejército invisible de mujeres con empleo precario, con problemas distintos o peores de los que tienen los hombres en su misma situación laboral, y ellas no son el símbolo de nada. Evidentemente, cualquier mejora global de las condiciones de trabajo las beneficia a ellas, pero no parece que nadie las tenga en cuenta.

Del mismo modo, cualquier análisis del empleo más estable que tenemos, el funcionariado, es incompleto sin tener en cuenta que somos una mayoría de mujeres, y por qué. Es fácil, la Administración es el único jefe que no nos pregunta nuestro estado civil.

Lo que busco no es que haya más personajes femeninos en los chistes, o que Jordi Évole entreviste a más mujeres: todo lo que he descrito no es el verdadero problema, sino síntomas de que la imagen mental que se tiene de “la clase obrera” excluye a las mujeres. Esto puede llevar a favorecer políticas, campañas de promoción, etc. que no lleguen al público que más lo necesita y se beneficiaría de ello. Podría decirse mucho más, pero como sólo quiero ilustrar un punto de encuentro (o de choque), lo dejaré aquí.

2. El feminismo también necesita ser más interseccional. Aquí me voy a limitar a explicar algo magníficamente contado por @DrJaneChi. Laurie Penny es una feminista inglesa, blanca, rica, que acaba de publicar una columna en New Statesman acerca de la imposición patriarcal de llevar el pelo largo. Opiniones de mujeres: dos, la suya y la de su hermana. Problemas prácticos de tener pelo largo: no siempre está bonito y lleva tiempo y dinero que lo esté. Penny universaliza su propia experiencia, sin tener en cuenta algunos factores importantes que no la afectan.Parece una cuestión nimia escoger el pelo corto, pero no lo es, y el colectivo menos afectado por ello es precisamente el que Penny escoge como universal, el suyo.

Por ejemplo, las mujeres trans* deben presentar un aspecto hiperfemenino para ser tomadas en serio. De esto puede depender el resto de su vida: cuando una mujer trans decide que quiere hacer los cambios legales y médicos para ser considerada la mujer que sabe que es, tiene que pasar por una serie de barreras puestas por la ley y por profesionales sanitarios para que demuestre cómo se siente, y uno de los puntos que se tienen en cuenta es si la mujer muestra una feminidad convencional. Una trans puede tenerlo complicado para elegir llevar el pelo corto.

En segundo lugar, el ideal de pelo largo es un ideal basado en la belleza de la mujer blanca. Las mujeres negras, o con el pelo más rizado que esto de aquí, tienen que hacer una inversión en tiempo y dinero que no tiene nada que ver con la que hacemos las demás. Además, las mujeres blancas con el pelo de una calidad parecida tampoco se enfrentan a los mismos problemas: lo que en nosotras puede verse como un estilo original, en las mujeres negras puede ser motivo de rechazo. Por eso, para ellas, llevar el pelo corto tiene unas motivaciones diferentes. Un análisis español de esta cuestión hablaría, por cierto, de la obsesión de las mujeres españolas con el pelo liso.

Más cuestiones: la edad. De las mujeres jóvenes y guapas se espera pelo largo, pero a partir de cierta edad, se espera que lo tiñamos y cortemos. Si ya no se es joven, tener el pelo largo, o largo y sin teñir, es más desafiante que ser joven y tenerlo corto.

No puedo terminar sin mencionar a las mujeres que pierden el pelo por una enfermedad. Penny menciona a su hermana, a la que se le cayó el pelo por estrés. ¿Tan difícil era citar dos líneas sobre los efectos de la quimioterapia?

Añadir un enfoque interseccional a una lucha por la justicia y contra la discriminación puede salir natural, sobre todo cuando nos afecta personalmente, o puede ser muy difícil. Es el único activismo que merece la pena. De lo contrario, lo único que estaremos defendiendo es un mundo aún en forma de pirámide, pero con nuestro escaloncito un poco más arriba.

Listado de privilegios.

A partir de una lista algo más larga elaborada por Koolasuchus, he sintetizado una lista casi completa de los privilegios que se aplican en este momento en Occidente. No todo son pares binarios: la riqueza, por ejemplo, es una gradación infinita. La raza no siempre está bien definida (¿Barack Obama es negro, o mulato? ¿Yo soy blanca, mediterránea, o Latina?).

La lista ayuda también a comprobar que cuando hablamos de privilegios y de opresión no siempre atribuimos culpa, que hay mucho privilegiado que no lo capta. Ser diestro es un buen ejemplo. No hay culpa en ser diestro, pero eso no quita para que a veces, ser diestro es más cómodo que no serlo.

Sin más, la lista:

Clase y otras características sociales:
Ricos y pobres.
Clase burguesa o explotadores y clase obrera.
Educación “de clase media” o no.
Nacional, no nacional pero extranjero “de prestigio” (por ejemplo un inglés residente en España), inmigrante.
“Blanco” (europeo) / no “blanco” (aquí hay mil matices).
Que domina la lengua de prestigio, o no.
Que practica la religión de prestigio, otra, o ninguna.
Residente en zona urbana o rural; central o de capital, o periférica.

Características personales:
Edad: adultos jóvenes o maduros frente a niños y ancianos.
Sin discapacidades físicas, mentales, o sensoriales, o con ellas.
Hombres o mujeres.
Cis o trans.
Género binario o no binario.
Diádico/alosexual o intersexual.
Cisnormativo o no cisnormativo.
Sexual o asexual.
Heterosexual, homosexual, bi/pansexual.
Atractivo o no atractivo.
Delgado o gordo.
Extrovertido o introvertido.
Diestro o zurdo.

Evaluar mediante rúbricas:

Una rúbrica es un instrumento posible para la evaluación de tareas abiertas, como comentarios de texto, trabajitos de investigación, el trabajo diario en el aula, etc. Hay muchas explicaciones de porqué son buena idea y cómo construirlas y si de verdad te interesa el tema o si tienes poca práctica valuando te recomiendo buscar en Google “cómo evaluar mediante rúbricas” porque hay mucha información, afortunadamente. Yo voy a explicar solamente cómo las uso yo, en clase de inglés.

El punto de partida es cómo se evalúa la redacción en el examen de Selectividad. Su valor es de 3 puntos, uno para gramática, otro para vocabulario y otro para expresión. Las instrucciones indican que no se debe ir restando a tanto por error, sino hacer una valoración en positivo de cada uno de esos aspectos. Como este era el único criterio que me dieron para corregir trabajos escritos cuando empecé a corregir redacciones, es el que apliqué desde la ESO, tres puntos para cada aspecto, con un punto extra de regalo que se podía perder por los errores “de despiste” (por ejemplo las erratas, que no las contaba como errores de vocabulario). No uso una rúbrica exactamente, pero lo más importante: cada uno de los aspectos juzgados vale un número de puntos, ni más ni menos. Eso significa que si la gramática, por ejemplo, es el más absoluto de los desastres, no puedo restar más de 3 puntos. Los otros 6 son para los demás aspectos. Puedo avisar “escribir sin párrafos, o no utilizar bien tal y cual forma gramatical, tendrá una penalización fuerte”, pero no puedo, por mi cara bonita, suspender a alguien que falla en unos aspectos sí y en otros no.

Lo siguiente es el paso a la rúbrica para trabajos en grupo. Por ejemplo, un póster. Las columnas son sencillas: de “muy mal” a “excelente”. Se suelen poner 4. Yo prefiero 5. Las filas son los aspectos evaluables (respecto a “copiado”: esta rúbrica sirve en la ESO, cuando están aprendiendo a buscar información, y se trata de si procesan la información o si se limitan a copiarla; los plagios son la única razón para poner ceros).

Rúbrica para evaluar proyectos que requieren un poco de investigación:

Muy insuficiente Insuficiente Regular Bien Excelente
Gramática Muchos errors básico. Incomprensible.
Muchos errores y muy simple, pero inteligible. Algún error.  Muy pocos errores, ninguno básico. Sin errores, o sólo 1-2.
Vocabulario Muchos errores, difícil de entender.
Muchos errores, pero comprensible. Algún errror.
Muy pocos errores, ninguno básico.
Sin errores, o sólo 1-2.
Expresión Confuso, desordenado, muy difícil o imposible de entender. Confuso y desordenado, pero comprensible. Algunos errores importantes, por ejemplo no hay párrafos.
Claro. Claro, organizado y original.
Contenido Sólo copia, sin crear nada. Incompleto. Mayoritariamente copiado. Partes copiadas. Usa más de una fuente de información y sabe citarlas y resumirlas correctamente. Usa varias fuentes de información correctamente citadas. Es original.
Presentación Sucio o desordenado. Sólo texto. Un poco descuidado. Usa sólo dos medios (los posibles son texto, imagen, video, audio) Usa varios medios, está limpio pero no es especialmente atractivo.
Confuso (exceso de dibujitos).
Usa 3 o 4 medios, claro, limpio, ordenado.
Usa varios medios, claro, limpio, original, la forma complementa al contenido.

En las casillas en blanco es necesario incluir motivaciones para que los alumnos sepan a qué atenerse. Esto es muy importante también: no es sólo para quien evalúa, es para los alumnos también, para que sepan qué se espera de ellos. En una clase de ESO normal que nunca haya utilizado rúbricas, hay que dedicar un rato (cosa de media clase) a explicarla, con ejemplos, porque se les hace raro una evaluación tan motivada a priori.

Lo más importante en la creación de la rúbrica es decidir qué evaluar. Puede ocurrirnos, y a mí me ha pasado, que ponemos pocos aspectos y no incluimos alguno importante. Por ejemplo, al revisar cuadernos de apuntes, al principio “correcto y completo” eran un solo aspecto, hasta que en la primera tanda de cuadernos vi que eran dos aspectos demasiado importantes para juntarlos.

El paso de aquí a la nota numérica yo lo hago así. Divido 10 entre el número de filas. Divido esto entre 4 o 5, según las columnas que esté usando. Cada casilla tiende a valer 0’4 o 0’5 según el caso. Los alumnos ven en su trabajo algo así:

Gramática 3
Vocabulario 4
Expresión 3
Contenido 4
Presentación 5
= 19 x 0’4 = 7’6

Pueden discutir ese 3 en expresión, pero saben perfectamente porqué lo tienen, y saben qué hacer para convertir los 3 en 4 y los 4 en 5 la próxima vez. Mil veces mejor que decir “ah, mira, estamos aprobados con un 7’5 y eso es lo que hay”.

Viejas

Todos los días me cruzo por la calle con muchas mujeres mayores. Se puede distinguir su nivel socioecómico más fácilmente que a los hombres: es decir, con los hombres viejos no es tan fácil distinguir pobres de no-tan-pobres, ni extranjeros de nacionales. A veces veo una pareja de ancianos y sé que son turistas por ella, no por él, que podría parecer español hasta que abre la boca.

¿Que por qué me fijo en esta distinción? Porque me revela algunas de las terribles injusticias que se han cometido contra las mujeres pobres, en este país y en otros. Se ve a la legua, os explico. La mayoría de las ancianas no andan con soltura. Esa rigidez puede variar: algunas arrastran los pies, y otras se tambalean de lado a lado, como barcos, como palios en Semana Santa. Algunas, debido a la rigidez de la cintura, se tambalean o hacen pequeños movimientos innecesarios al caminar, sólo de cintura para arriba. Otras, pocas, cojean. Siempre tienen chepita, o los hombros caídos. No caminan con la espalda recta. Nunca parecen del todo cómodas. Muestran inseguridad. A menudo están gordas, con una distribución corporal de esa gordura distinta de las mujeres jóvenes, y de las mujeres más ricas que vienen a hacer turismo. Es, creo, la suma de flaccidez con acumulación de grasa. Esto se añade a la sensación de torpeza, dolor e incomodidad que transmiten.

No suelen ir de luto, pero sí van vestidas de manera discretamente fea. Muchos no-colores. Ropa barata (la que hay). Poca ropa que ajuste al cuerpo y defina las formas. Muy rara vez pantalones. Muy rara vez ropa que esté de moda. Sólo las muy ricas son elegantes. Las de en medio, las que no son pobres, tienen su propia forma de vestir, condicionada en primer lugar por qué está disponible en su talla, y en segundo, por la discreción. Algunas se pintan. Muchas se tiñen el pelo, mal, y en casa. Tienen el pelo corto, pero no como los hombres: lo llevan corto y sin forma. Son frecuentes, en las que se lo pueden permitir, las joyas de oro que son más un indicativo de clase que un complemento que embellezca.

Esto no es una necesidad de la vejez. Las viejas españolas parecen veinte o treinta años mayores que las turistas extranjeras de su misma edad. Esto es lo que pienso sobre las experiencias vitales, desde la infancia, que hacen que sea tan fácil identificar el origen o la clase social de las ancianas.

Los zapatos. De qué calidad han sido. Con cuánta frecuencia han podido renovarlos. ¿Han tenido un solo par de zapatos, el mismo para todos los días, sin poder alternar? ¿Han tenido que usar zapatos que les quedaban pequeños? ¿Han usado mucho zapato de tacón? Fíjate cuado veas una vieja por la calle: es probable que use zapatillas de estar por casa para salir, negras o marrones para que parezcan verdaderos zapatos. Todo lo demás les duele, y no están educadas para usar zapatos deportivos. Además, las zapatillas son más baratas.

El ejercicio físico.
¿Iban al colegio y había educación física? ¿Han hecho deporte por placer? Las tareas domésticas no cuentan: son un ejercicio asimétrico e irregular. Esa es otra cuestión: ¿cuánto tiempo han dedicado a tareas domésticas que pueden dañar la espalda o las articulaciones, del tipo de como fregar suelos, cargar pesos o lavar a mano? ¿qué edad tenía tu abuela cuando usó por primera vez una lavadora? ¿qué edad tenía una mujer holandesa o inglesa de la generación de tu abuela?

Un lenguaje corporal orientado a ocupar poco espacio. Esto no ha pasado de moda; recuerdo, por ejemplo, unas manos detrás de mí juntándome discretamente los codos contra el cuerpo alrededor del año 2000. Las viejas españolas han sido educadas en bajar la mirada, en caminar con pasos cortos, poco eficientes. A no pasar más que el tiempo justo en la calle. No están acostumbradas a ocupar el espacio público. ¿Han salido solas a hacer algo que no fuera un recado?

La comida.
Las viejas españolas se han criado a base de caldo, pan, dulce, legumbres, grasa. Esto conduce a desarrollar poca masa muscular. Cuando más adelante en us vidas hubo mayor cantidad de alimentos, su salud en parte mejoró, pero por otra parte  engordaron más rápidamente y con una distribución distinta a la que tendrían si hubieran tenido acceso a alimentos de buena calidad cuando eran más jóvenes.

El cuidado dental. Sobra cualquier comentario.

Los embarazos. ¿cuántos tuvieron, y cuántos hijos? ¿qué cuidados prenatales tuvieron? ¿cómo fue la asistencia al parto? ¿cómo pudieron recuperarse después?

La ropa, sobre todo la ropa interior.
¿Qué ropa interior usaron de jóvenes? ¿Fajas que las oprimían, que quitaban libertad de movimientos? ¿Qué edad tenían cuando empezó a ser normal que las mujeres usaran pantalones? ¿Y cuando fue normal que las mujeres usáramos ropa deportiva?

Una vida entera de sacrificio, poco ejercicio, poco acceso al espacio público, poco o ningún acceso al poder, ropa restrictiva, calzado de mala calidad, comida de mala calidad, nos han dado varias generaciones de viejas enfermas y cansadas, que asumen la enfermedad como un hecho de la vida a pesar de que sus maridos no están tan estropeados, o al menos no de la misma manera.

Me dan envidia, sí, las turistas. Y me entristece ver a las ancianas de mi familia arrastrar los pies. No me basta con haberme “liberado” yo, porque sé que es consecuencia de la crianza, bastante privilegiada, que he tenido. Si dentro de treinta años, yo camino más como una turista que como mis vecinas, habremos fracasado.

El aborto, ¿cosa de dos?

En estos días en los que se ha criticado tanto la reforma del aborto que quiere hacer Gallardón, he oído un argumento peligroso: “el aborto es cosa de dos”; “en una pareja estable el padre debe ser escuchado”. Esto parte de una fantasía, que es la siguiente situación:

Había una vez una pareja estable, sin problemas reseñables. La mujer se quedó embarazada (de su pareja estable) y abortó sin el consentimiento, quizá contra la voluntad, de su abnegada pareja, que deseaba ese bebé más que nada.

Los creyentes en este cuento tienen opiniones variadas sobre cómo limitar el daño que hace esa mujer de fantasía. He oído que el aborto debe ser libre “pero”; también que escuchar la opinión del padre-caso-de-haberlo debe formar parte de las vallas de la carrera de obstáculos que se ponen entre la mujer y el aborto, al nivel de medidas como los días de espera. Y también, lo más extremo, que las leyes de supuestos y no de plazos tienen la virtud de eliminar este peligroso “aborto sin consentimiento del padre”.

El cuento se desmorona a poco que lo observemos. En primer lugar, está qué pasa dentro de las parejas estables. Una de las cosas que podrían estar ocurriendo es una situación de violencia de género, con su consiguiente coerción reproductiva. Sí, hasta que no te lo explican no caes en la cuenta: los maltratadores quieren tener a su víctima controlada, y pocas cosas te tienen más controlada que ser madre. Aquí hay mucha más información, en inglés. Esa mujer en una pareja estable que aborta a escondidas puede que se quedara embarazada a consecuencia de una violación que no quiere denunciar; tras un sabotaje a su anticoncepción; o simplemente, no quiere estar embarazada de un hombre que podría matarla.

Y si no es el caso ¿por qué querría ocultar algo tan serio una mujer que hemos dicho que es razonablemente feliz con su pareja? Aquí se oculta la misoginia, el miedo a que la mujer sea mentirosa o egoísta. ¿No te has parado a pensar qué razones tiene ella para desear acabar con ese embarazo? ¿No confías en ella?

Además, pedir hijos es sencillamente pedir demasiado. Los hombres abandonan a sus hijos impunemente, todos los días. Eso lo sabe la mujer desde que veía quién le ponía la comida y quién le cambiaba los pañales; cuando la llevaban al colegio y veía que había niños con madres solteras y niños al cuidado de los abuelos, pero niños al cuidado del padre, pues no. No lo llevamos en la sangre: es una lección que hemos aprendido. Dado que los hombres pueden desentenderse si quieren, es desmesurado que si deciden implicarse tenga que ser a costa de la autonomía personal y la salud de una persona que no desea estar embarazada.

Hay que insistir en este tema de la salud y la autonomía. Ninguna persona te debe nada; no puedes obligar a nadie, ni a tus padres, ni a tus hijos, a darte, por ejemplo, sangre o médula ósea, ni a arriesgar su vida por ti. Un embarazo no es una enfermedad pero conlleva molestias, pérdida de calidad de vida, y potencialmente, trastornos agudos y crónicos. Como mínimo te pasas nueve meses sin poder tomar ni una pastilla para el dolor de cabeza. Vómitos, cansancio, dolor, diabetes, hipertensión, incontinencia urinaria, estreñimiento, hemorroides. Una anestesia y que te rajen la barriga, o un proceso doloroso por naturaleza y que la medicina vuelve humillante, que incluye que te rajen los genitales, explicado muy bien aquí. Y aunque el embarazo no fuera una situación en la que te estás jugando la vida, es la única situación en la que te permites opinar sobre mis órganos internos.

A veces toda esta fantasía se disfraza de corresponsabilidad. Los hijos son de los dos, los cuidados son de los dos, hagamos el embarazo también de los dos. Es una trampa: es seguir manteniendo la propiedad patriarcal del aparato reproductor. ¿Quieres hijos? Asume obligaciones después de que nazcan. Antes, no pidas lo que no es tuyo.