21 días, día 16. De reuniones.

DSC_0041Hoy tengo lo de todos los lunes, y reuniones de propina por la tarde. Las grandes novedades son la calefacción y que el despachito del departamento de inglés vuelve a tener ordenador. Eso sí, no lo apagamos por si luego no se puede volver a encender.

Empezamos con 4º. Les comento muy brevemente los resultados desastrosos de sus exámenes, les hago un simulacro de qué nota tendrían si el curso acabara hoy (suspenderían 5 de 15) y les digo quién debe repetir la redacción para mejorar esa nota. Se lo toman bien, nadie protesta. Uso unas fotos sacadas de internet para que vean en el proyector cómo era el teatro isabelino, y vemos unos 45 minutos de Romeo y Julieta. Llegamos a la muerte de Mercuccio y me encanta verlos serios y sorprendidos.

En mi hora de biblioteca, recatalogo. Es un trabajo que he tenido que aprender sobre la marcha. La coordinación de la biblioteca se le asigna a algún voluntario o a quien la directiva considere adecuado, y la formación es escasa y parcheada. Los cursos de formación son para todos los niveles, desde Infantil, y aúnan fomento de la lectura con gestión de la biblioteca. Es todo demasiado amplio. Yo he estado en tres o cuatro minicursos presenciales de “Plan de Lectura y Bibliotecas” y nunca me han dado información de gestión bibliotecaria propiamente dicha. Podría haber hecho algún curso no presencial, pero por unas cosas o por otras no lo he hecho, y por eso todo ha ido improvisado, sobre la marcha. La catalogación de los libros de “no ficción” ha sufrido por ello. Cuando llegué, estaban sin catalogar casi todos y yo los añadí a las categorías “Ensayo” y “Otros”. Entonces descubrí la clasificación decimal universal y con la ayuda de algunos tuiteros como @srpichon y @marmota_llorona, reordené esa sección. Tengo bien clasificada la mitad. Son muy pocos libros y muy en su mayoría muy poco útiles en un centro de Secundaria, donaciones y cosas así. Más tarde, en el recreo, mis ayudantes pegan tejuelos en estos libros.

En 3º, algunos alumnos no paran de reírse e incordiar en toda la hora. Explico un tema de teoría que  mí me parece complejo pero no hacen preguntas ni ponen pegas. Cuando alguien dice que un tipo de ejercicio se le da mal, les cuento lo que a mí me enseñaron en la carrera: que para alcanzar un nivel “intermedio” en una lengua extranjera hay que trabajarla, se dice, unas 4,000 horas. Calculamos cuántas llevan ellos: desde que entraron en el colegio, unas 1200. Les pongo como tarea para Junio que calculen aproximadamente las horas de este curso, redondeando las vacaciones, y separando leer, escribir, escuchar, hablar y gramática, y que busquen maneras de aumentar la parte comunicativa con canciones, películas, etc. Digo “Si no habéis hecho miles de horas, no podéis decir que se os da mal: sólo es que no habéis trabajado lo suficiente”. Por sus caras, parece que me creen.

Termino la mañana con 1º. Están muy revoltosos y se enteran de las cosas regular. El nivel está muy dividido en tres tercios, y se nota. Un niño que va bien me interrumpe y me pide que vaya a su mesa para contarme naderías como si fueran secretos importantes. Esta necesidad de contar cosas en privado, de que se les preste atención individualizada,  veces es muy agobiante en este nivel, pero en esta clase pasa poco. Algunas niñas no trabajan; si se les pregunta, dicen que no sabían qué tenían que hacer.

Por la tarde, tenemos reuniones de equipo educativo. Antes, se convocaban cuando el tutor lo consideraba necesario para comentar algún problema concreto de la clase pero ahora las tenemos todos a la vez en mitad de trimestre. Sirven para comentar la marcha general de los grupos, conflictos que haya, propuestas de mejora tanto sencillas como cambiar la distribución de la clase o protocolos que necesitan de la intervención de la orientadora. Y se comentan también los problemas individuales de los alumnos. Es una información muy valiosa porque interesa saber si tal o cual alumno tiene problemas en general o sólo contigo, por ejemplo.

Estamos citados a las 4:30, con una lista ordenada de los grupos, que no están programados cada uno a una hora sino todos seguidos para ahorrar tiempo. Eso nos obliga a pasar la tarde entera en el centro por si ya le toca a un grupo en el que nosotros demos clase. Cada reunión dura alrededor de media hora. Antes de que los profesores lleguemos, los alumnos de 4º han puesto el tenderete de la foto, con su termo de café y su leche, para vendernos la merienda y pagar su excursión de fin de curso. Me recuerdan a ese eslogan que decía “ojalá los ejércitos se financiaran con rifas y pasteles y en los colegios no faltara de nada”.

Entre reunión y reunión, corrijo los exámenes de 1º. Efectivamente la clase está muy dividida, unos muy bien y otro muy mal. Lectura y escucha bien, vocabulario muy bien, gramática y escribir entre mal y muy mal. Nadie lo deja en blanco. Entre 2 y 5 personas tienen problemas de comprensión o motivación que empiezan a parecerme insalvables.

Cuando termino mi última reunión, a algunos compañeros aún les queda otra hora. Dos alumnos de 4º, chico y chica, esperan pacientemente a que alguien les compre trozos de la media tarta que les queda.

Horas lectivas: 3.
Horas no lectivas: 1:30
Horas reales trabajadas: 8:30.

 

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