Archivos mensuales: marzo 2014

Espacios segregados, 3: reuniones de tuppersex.

China - Wenzhou - Sex Toy FactoryUna fábrica de vibradores en China. Corbis Images.

En lo que llevo escrito sobre los espacios segregados, espero que haya quedado claro que no estoy en contra de su existencia, en principio, sino de cómo se usan. El ejemplo más extremo que conozco de esto son las reuniones para vender chismes de sex shop a amas de casa.

Hace algún tiempo estuve en una de estas reuniones con un grupo grande de mujeres. Todas éramos bastante parecidas: profesionales, de treinta años en adelante. De todas se presuponía que éramos monógamas y heterosexuales, casi todas emparejadas. Todo muy normativo. El esquema de la reunión es como para muchas otras cosas: se queda con todas con antelación, se invita a una casa, la vendedora hace una demostración de lo que vende, de un par de horas, al final pides lo que quieres comprar y te lo llevan a casa en un par de días.

La vendedora era bastante mayor que nosotras y estaba bastante claro que representaa un personaje por el tipo de relaciones que nos describió. Estaba divorciada después de una relación de décadas, así que podía poner ejemplos personales de relación rutinaria. También tenía, casualmente, un hijo y una hija ambos veinteañeros y con los que hablaba francamente de sexo y de su trabajo, con lo que podía ejemplificar una sexualidad juvenil, con más novedades, un poquitín de promiscuidad…. y además, porque de todo sabía la buena mujer, casualmente desde su divorcio tenía una aventura con “un señor”, con lo cual estaba redescubriendo cosas y podía hablar de tener relaciones esporádicas. Es decir: tenía o conocía de primera mano una buena cantidad de experiencias sexuales dentro de lo estrictamente normativo. Un segundo aspecto en el que se le notaba el guión era la manera de contar anécdotas de su trabajo: mujeres de aspecto serio y respetable comprando el dildo más grande del catálogo, cuáles eran los pueblos o barrios donde vendía más y mejor… El grado de cotilleo justo para no ofender a nadie, quedar bien con todo el mundo y procurar quitarles la vergüenza a posibles compradoras. Lo bien aprendido que tenía el guión me hizo pensar que se trata de un método de trabajo muy estandarizado.

Ahora, el material. Lo presentó dividido como por capítulos, y así voy a contar yo los puntos que más me llamaron la atención.

1. Cremas con sabores. El argumento de venta era que todas practicamos felaciones. Nos gusta mucho, o forma parte de la rutina. En palabras de la vendedora “si no hay sexo oral a mí me falta algo”. Pero claro, comer todos los días pene con sabor a pene, aburre. Las cremas, geles, y demás historias con sabor dulce sirven para no aburrirse, porque del marido estás aburrida ya, y aquí estamos para aprender maneras de no aburrirnos. Y de no aburrirlo a él. Porque ellos se aburren también. Y es tu trabajo que eso no pase.

2. Lubricantes vaginales. Que sirven para tener relaciones sexuales cuando no lubricas, y si es así, normalmente es porque no tienes ganas de sexo. Y por razones en las que no se entró, tener relaciones sexuales con penetración voluntariamente pero sin tener ganas es una cosa normalísima y frecuente, así que aquí están los lubricantes al rescate.

3. Complementos para el sexo anal. Los hombres están locos por el sexo anal. Vosotras no, a vosotras o no os gusta o no os interesa, pero como él está deseando, pues vais a probar. De nuevo la idea de que el sexo es, para las mujeres, una responsabilidad doméstica más, agradable pero una responsabilidad. Es nuestro trabajo dar placer, y crear intimidad y diversión. Exactamente igual que no servimos todos los días lo mismo para comer.

4. Dildos y vibradores. Se pusieron ejemplos para su uso en pareja. Se insistió en que con un poco de diplomacia, el hombre de nuestra vida no se va a sentir amenazado ni celoso si los usamos, es más: lo que se daba a entender es que nuestra pareja iba a tener el control del juguetillo.

La vendedora comentó también que ella hacía dos clases de reuniones: para parejas y para mujeres, pero que reuniones de hombres, jamás. Me dio pena, porque reflejaba cómo naturalizamos que hombres y mujeres hablamos de sexo, pero por separado, disimulando, y cómo todas asentían al oírla. Como si hablar de sexo, o de aquellos chismes, con hombres, hubiera sido cruzar una peligrosa raya.

El resultado final era tan conservador como una reunión para vender perfumes o envases de plástico para la cocina: un grupo de amigas dedicando la tarde a aprender como ser mejores amas de casa y como dar más placer a sus hombres. No dudo que puede hacerse de otra manera, pero desde luego yo no lo he visto.

 

Ghazal del cielo.

AranskyEl ghazal es una forma poética de origen persa; más tarde se incorporó a la poesía árabe. Es una serie de entre seis y doce pareados de la misma longitud, en los que los versos 1 y 2, y todos los pares, terminan con la misma palabra. Al final, el autor se nombra, ya sea con su nombre o utilizando la primera persona. Suelen ser poesía lírica, amorosa, sobre amores no correspondidos.

Luz refractada da color al cielo.
Del negro al rosa, misterioso cielo.

Demasiada luz roba las estrellas,
Las ciudades se han quedado sin cielo.

Posponer los problemas tomando el sol,
Prohibida la pena si está azul el cielo.

Gris plomo de nieve, gris claro de lluvia:
No hay otro destino escrito en el cielo.

Si existe un Dios, nos mira desde lejos.
No es un consuelo imaginar el cielo.

El granjero no ve ninguna nube.
A sus plantas secas las mata el cielo.

El exiliado ve las constelaciones.
Alumbran su casa desde otro cielo.

Los aviones vuelan de aquí al futuro.
Yo no los alcanzo, mirando al cielo.

Por qué el feminismo no es igualdad.

El glosario feminista de este blog todavía no tiene una definición de feminismo, pero sí hablo de “igualdad” para decir que el feminismo no es, o no debe ser, la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres. Al menos, tal igualdad no es más que un objetivo pequeño, parcial, y a corto plazo. No es lo mismo que la eliminación de la discriminación o la abolición del patriarcado.

En primer lugar, ¿qué significa igualdad? Si estamos hablando de igualdad legal, la tenemos desde hace tiempo para casi todo. Eso no significa que la posición de las mujeres en Occidente haya dejado de ser de desventaja. La igualdad legal no basta, es así de simple. Hay muchas razones para ello; el marco legal intenta garantizar unos mínimos de convivencia y la protección de la propiedad. Un pequeño ejemplo: las mujeres hemos tenido prohibido el acceso al conocimiento y a la propiedad privada durante siglos. Ahora, tenemos derecho a ambas cosas, pero eso no incluye la toma de medidas para compensar siglos de privación y desigualdad. Hemos entrado en una carrera que estaba empezada; eso sí, con igualdad legal.

Además, hay cuestiones que no tienen nada que ver con la igualdad. Por ejemplo, el acoso y la violencia sexual. Las mujeres la sufrimos de manera masiva y sistemática, y tiene efectos devastadores sobre nuestra libertad. Los hombres, en general no pasan por ello. Reclamar “igualdad” no es lo mismo que reclamar el respeto a nuestra libertad sexual, algo que no debería ser una conquista individual sino un objetivo de la sociedad entera.

Por otro lado, somos desiguales en algunos aspectos biológicos. Entender el feminismo como “igualdad” invisibiliza temas tan absolutamente claves como la anticoncepción, el aborto, el embarazo, el parto, la lactancia, la crianza, la dependencia absoluta de los bebés y quién se hace cargo de ellos, la baja por maternidad. Una situación en la que, por ejemplo, no exista la baja por maternidad y esté sometida al mismo régimen que las bajas por enfermedad, es perfectamente igualitaria, ya que las mujeres tendrían los mismos derechos que los hombres. Este aspecto, qué pasa con la reproducción y la crianza, es uno de los puntos más necesarios del feminismo actual, y con igualdad no puede solucionarse. Con esto apunto a otro problema: la igualdad es una cuestión de individuos. No es social. No incluye la creación de mecanismos de protección ni compensa ninguna desigualdad. Nos lanza a todos a jugar al tablero, como si fuéramos fichas iguales de jugar al parchís o a las damas. Da igual que seamos niñas pobres o ancianos discapacitados.

Otra cuestión: la igualdad se suele entender como que las mujeres se tienen que parecer más a los hombres. Tener sus derechos y además, reconocer que podemos tener las características positivas que la sociedad atribuye a lo masculino. Esto suele ignorar, de facto, la posibilidad inversa: que los hombres se dediquen a tareas tradicionalmente femeninas y que tengan características que han sido consideradas, arbitrariamente, femeninas. También se ignora una posibilidad más subversiva: que los géneros son una construcción social y que más que iguales, somos productos de esa construcción.

Por último, una razón histórica. La exigencia básica de la igualdad es una reclamación histórica de las mujeres burguesas que querían los mismos derechos que los hombres burgueses. Esto, en su momento, es decir, hace décadas, no era malo. Fue necesario pedir el voto de las burguesas para que luego lo consiguieran las obreras. Fue necesario exigir la entrada en la universidad. Pero no fue, en ningún caso, suficiente, porque se hizo ignorando de la manera más absoluta a las mujeres pobres, obreras, no-blancas….. La consecuencia ahora es que tenemos que tener mucho cuidado si somos mujeres con un pack saneado de privilegios y reclamamos nuestra igualdad con los hombres. Es más que probable que, incluso cuando no sea nuestra intención, la interpretación fácil es la igualdad de las mujeres ricas con los hombres ricos. La eliminación de un solo escaloncito de la pirámide, en lugar del derribo de la pirámide entera.

Mirlas

Anoche tuve que echar a una mirla del salón. La muy tonta no quería salir: si la espantaba hacia la puerta, se subía a lo alto de los muebles. Así nos pasamos media hora, hasta que le solté encima un trapo, y la saqué al jardín.

Esta mañana, se oía en la casa un piar muy alto. No era una canción, era más bien un “iik-iik”. Era my obvio que se trataba de un mirlito chico, avisando de que tenía hambre. Por eso la mirla de ayer no quería irse: no podía dejar atrás a su cría. Tardé mucho en encontrar al pajarito escondido detrás de unos libros. No era muy pequeño, tenía todas sus plumas adultas en las alas pero aún no en el cuerpo. Su absoluto desaliño me recordó a un adolescente. No fe difícil envolverlo en el mismo trapo que a su madre y dejarlo en una esquina tranquila del jardín. Enseguida, un mirlo muy negro (macho, por tanto), voló hasta el centro del jardín y se puso a cantar muy fuerte y muy rápido.En segundos, al menos tres pájaros se habían acercado a ayudar al pollo, empujándolo hacia un arbusto para que se escondiera.

Catorce madres:
Mirlas al rescate
del pollito caído.

Espacios segregados, 2: el colegio.

DSC_0033Un espacio no mixto, como ya he dicho en otra entrada, puede ser positivo. Resumiendo lo que dije en esa ocasión, ese lugar tiene como ventaja la protección, que nos escuchamos unas a otras mejor, y favorecen la comunicación. Nombré dos condiciones: una, deben servir para que salgamos al mundo mixto en mejores condiciones, con algo que transmitir. Dos, deben ser inclusivos con todas las personas trans y no binarias. Hay una tercera, del que observamos la ausencia aquí. Deben garantizar la igualdad de las participantes: un espacio no mixto, pero jerárquico, personalmente no me atrae.

La foto corresponde al parking de un colegio femenino en los alrededores de Sevilla. El colegio tiene un gemelo masculino, que se ve muy bien desde la carretera principal (la horizontal en la foto inferior). El colegio femenino no se ve bien desde esa carretera: la carretera vertical es secundaria, no tiene más salida que una sola urbanización, y el centro escolar dirige sus carteles a esa carretera y no a la principal. Desde la carretera, se ve que hay un edificio en la distancia, pero no qué es. Para el viajero, la fachada de este complejo es el centro masculino.

colegios segregados mapaExisten unos órganos de gestión comunes a los colegios de esta empresa: recursos humanos, departamento jurídico, cosas así. Esos órganos son mixtos. En cambio, en cada centro no es así. En el femenino, todo el personal son mujeres, incluido el personal de administración. No figura en la web si las conserjes también son mujeres. En el masculino, la página web corporativa no indica nada para educación infantil, así que presumiblemente en esta etapa se encargan maestras. También es una mujer la “secretaria técnica”, cargo que no sé en qué se diferencia de secretaria o administrativa. Hay un calendario bastante activo de actividades para los padres, que indica casi siempre “matrimonios”. Por ejemplo, cada grupo de alumnas o alumnos tiene un “matrimonio encargado de curso”, algo así como un matrimonio delegado de los padres.

Cuando en un entorno feminista se habla de actividades o lugares no mixtos, evidentemente no se piensa en un lugar tan absolutamente retrógrado como un colegio bicéfalo de inspiración religiosa (éste es del Opus Dei). Valga como reducción al absurdo de lo que veo como los males de la educación segregada. Lo que conozco de la misma es sólo lo que he podido ver en mis amigas y amigos, tanto en la infancia como después, que han tenido que pasar por ella.

Para una niña educada en un lugar así, todos los hombres son figuras de autoridad. El padre, el abuelo, el cura. Si hay algún niño, es su hermano, quizá su primo. Estos niños se convierten en modelos únicos de comportamiento del sexo opuesto; me he encontrado esto más frecuentemente en hombres adultos, que se sorprendían de que yo no hiciera las tareas más triviales igual que sus hermanas. No puedo culparlos: si la única chica que conoces es tu hermana, y te han criado en que la naturaleza de los sexos es radicalmente diferente, ¿por qué pensar que hay más de una manera de ser mujer?

Por otra parte, ¿cómo se vive en un colegio separado cuando no te ajustas perfectamente al modelo de feminidad o masculinidad que impera en ese ambiente? ¿qué pasa con la niña brusca, con el niño de modales delicados, independientemente de su orientación sexual? No soy capaz de imaginar la tensión a la que se los puede llegar a someter, el acoso, incluso la represión por parte del profesorado. En un aula mixta, el alumnado no normativo en este sentido tiene un poco más de margen; puede hacer amigos del sexo opuesto o simplemente llamar algo menos la atención. En el aula separada, todas las diferencias, por pequeñas que sean, se magnifican.

También hay consecuencias en el trato de los adultos. Se separa a niños y niñas porque se piensa que se comportan de manera diferente. Si te transmiten que la presencia del otro impide tu educación (porque son más traviesos, porque te van a distraer), el paso de la escuela a un mundo mixto ¿cómo puede no ser traumático, si te han dicho que El Otro o La Otra es un obstáculo para que trabajes y te concentres? Y esto sin hablar de una educación sentimental y en relaciones románticas, que para los heterosexuales se me hace complicadísimo.

Creo que debe alimentar cualquier prejuicio que tengan los educadores sobre las supuestas características de los niños o las niñas. Que ellos son más vagos, y más simplotes, y más trabajadores, y más ambiciosos, y más rebeldes, y mejores estudiantes, y de trato más difícil. Que ellas son más dóciles, y más malas, y más retorcidas, y más responsables, y más chulas, menos dotadas para las ciencias o lo abstracto, y qué a gusto una clase de sólo niñas y qué horror una clase de sólo niñas. Sí, sé que esas dos frases son incoherentes: TODAS esas generalizaciones las he oído decir recientemente. Si así se piensa de niños y niñas que comparten aula, ¿hasta dónde pueden llegar los tópicos y un trato diferenciador cuando no tenemos con qué comparar?

Resumiendo, no. No veo ventaja alguna en separar a niños y niñas en la escuela.   Ningún dato que me hayan dado me convence.

Poema-nota: Things to make and do.

Compuesto durante una lección basada en el poema de William Carlos Williams.

Things to make and do.

Book a holiday.
Get a haircut.
Buy a miniskirt.
Call my friends.
Change the lock.
Pack his clothes.
Block his number.

Tareas pendientes.

Unas vacaciones.
Cortarme el pelo.
Comprarme una minifalda.
Llamar a mis amigos.
Cambiar la cerradura.
Hacerle las maletas.
Bloquear su número.

Feminismo interseccional, cuestión de vida o muerte.

kasturbaUn paritorio en Nueva Delhi. Fotografía de Lynsey Addario.

El feminismo es una cuestión de vida o muerte. Cuando se es una mujer blanca, con trabajo, razonablemente sana y que no pasa hambre, las cuestiones de vida o muerte se reducen, pero una mirada a la prensa nos recuerda de dónde venimos, y también, que la lucha feminista no nos afecta a todas por igual. Por ejemplo, publicaba El País hace un par de días que entre los “Objetivos del Milenio”, el quinto, la mejora de la salud materna, no se está cumpliendo según lo previsto. “Mejora de la salud materna” es una manera afirmativa de decir “que las mujeres no se mueran en el embarazo, el parto, o poco después de parir”.

En este riesgo de muerte entran muchos factores. Es transversal y terrorífico. A continuación voy a desmenuzar algunas de las causas por las que parir en muchas partes del mundo es jugarte la vida.

Si las niñas estudian, retrasan el matrimonio y el primer hijo. Ello repercutirá en su salud. Que ello ocurra depende de que la educación sea gratuita o barata, que la familia disponga de medios para gastos escolares, que los padres no piensen que vender a su hija les reportará un beneficio, y de que los padres consideren que las niñas merecen una educación, tanto si van a ser amas de casa como si no. Casi todos estos factores son económicos, o de clase. Algunos pueden afectar a niños y a niñas: se puede organizar un sistema público de educación que sea mixto, igualitario, segregado, con medidas específicas de apoyo para las niñas…. En muchos países, subvencionar los comedores escolares o el uniforme de todos o de las niñas puede hacer que las niñas sean menos vistas como una carga.

Puede que tengas acceso a un sistema de salud decente, y puede que no. En algunos países no lo hay para nadie, pero lo normal es que los ricos y sus mujeres sí tengan sanidad a su disposición. La salud también depende de la higiene: tener agua corriente, cuartos de baño. Esto también es cuestión de clase.

Una cuestión que no es tanto de clase es que la medicina trata a la mujer como un hombre con mamas y útero. Se toman los valores normales para los hombres, se observa su efecto en el sistema reproductor femenino, y ya tienes lo que la medicina considera la normalidad. En ese punto de vista, una embarazada no es un ser humano: es un útero con patas.El artículo enlazado señala cómo está poco estudiado el efecto de la maternidad en enfermedades infecciosas.

Además, ¿hay presión social para tener muchos niños? Más partos, más riesgo. Donde eso ocurre, suele ser porque los niños trabajan o son considerados, da igual por qué motivo, una inversión. Por ejemplo, porque cuidarán de sus padres cuando sean viejos. Porque se asume que van a morir varios, así que mejor tener trece y que sobrevivan cinco. Donde los niños y niñas no trabajan, donde las niñas no tienen que cuidar de sus hermanitos, donde hijos o hijas no son un seguro para la vejez, hay menos necesidad de tener muchos hijos.

¿Cómo son los primeros días o semanas tras el parto? ¿La recién parida puede descansar? ¿Puede ir al consultorio? ¿Puede comer adecuadamente? ¿Hay personas que pueden cuidarla a ella o a los hijos pequeños mientras ella se encarga del recién nacido? Aquí pesa la clase y también la familia. El padre, ante todo, o la red familiar que la mujer tenga. Quién se haga cargo dependerá de cada cultura. Sería ideal que estos cuidados fueran profesionales. Lo que sí va a depender más del padre es que la familia pueda prescindir del trabajo de la mientras descansa o va al consultorio. En algunos casos, será incluso concienciar a los hombres no para que se encarguen ellos de lo doméstico, sino para que den permiso a sus esposas. Esta tarea de educación no se puede dejar exclusivamente en la interesada. Corresponde a la sociedad… a los otros hombres.

También dependerá de factores económicos y de la educación de los hombres el acceso a anticonceptivos.

Por terminar con una reflexión, ¿estamos en una sociedad que valora a las mujeres como seres humanos, o como mulas y parideras? ¿interesa que sobrevivamos?

Morir tras parir en un país pobre es una situación extrema, pero ejemplos hay a patadas. Vayamos al otro extremo, a la situación de mujeres blancas y ricas. Cuenta Verónica del Carpio en su blog que el 50% de la judicatura en España son mujeres. Y muy pocas llegan a la élite: Tribunal Supremo, etc. El blog facilita un par de datos objetivos sobre la evolución de la carrera profesional de las juristas. Hace décadas que las mujeres son mayoría entre quienes se licencian en Derecho, por una parte, y la inmensa mayoría de las excedencias por cuidado de hijos entre jueces y fiscales se las cogen mujeres y no hombres.

¿Qué lleva a las chicas que acaban la carrera de Derecho a no sacarse unas oposiciones? El machismo de los tribunales de oposición, quizá. También lo caro que sale prepararse unas oposiciones. La necesidad de dedicarte en cuerpo y alma a estudiar, mucho más que durante la carrera, y además sin becas. Una vez en la judicatura, ¿qué? De nuevo: cuestión de clase: ¿puedo permitirme preparar esa oposición, esa mudanza, ese dejar a los niños solos? Y también un problema con los hombres. Novios, esposos, el padre de los hijos, que no ponen las cosas fáciles. Nos encontramos el machismo en la carrera profesional, pero el dato sobre excedencias para cuidar de los hijos revela que también lo tenemos en casa.

Yo lo tengo claro. Si el feminismo va a llegar a alguna parte, va a ser teniendo en cuenta la intersección género/clase, e implicando a los hombres hasta en lo más pequeño. Eso no significa que deje de hablar de series de TV, chistes, o zapatos. Me refiero a dónde está la solución de los problemas graves. Y en un mundo con muchas mujeres con dinero/tiempo de ocio (¡clase!) y facilidad para producir cultura (¡clase!), imaginad qué películas habría.

Día de la Mujer Trabajadora

Varias veces en mi vida me han preguntado “¿Y cuándo es el día del hombre?” La respuesta fácil es “los otros 364 días”. Una respuesta menos fácil es “todos los domingos son el día del Señor. No hay un día de la Señora, de la mujer ni de la dama en toda la semana” (el origen etimológico de los días es Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno, Dominus = Señor). Y la respuesta larga es ésta. En la lista de días festivos, o conmemoraciones vigentes en el mundo occidental, ¿cuáles están dedicadas a una mujer que no sea la Virgen María? Otros personajes religiosos, vale y pase, pero una mujer que es virgen, madre, y un modelo de sumisión no me la vendáis como figura histórica.

1 de Enero. Primer día del calendario gregoriano. San Gregorio Magno era un hombre.

6 de Enero. El día de Reyes. Varios hombres sabios visitan a un hombre.

15 de Enero. Día de Martin Luther King.

30 de Enero. Día escolar de la paz y la no-violencia. Se celebra este día en parte en memoria de Mahatma Gandhi, un hombre.

14 de Febrero. San Valentín.

28 de Febrero. Día de Andalucía. Ni la bandera, ni el himno, ni el primer estatuto de Andalucía se elaboraron con la participación de ninguna mujer.

23 de Abril. Día del Libro y de los derechos de autor. Recordamos a William Shakespeare y a Miguel de Cervantes.

12 de Octubre. Día de la Hispanidad, en Estados Unidos “Columbus Day”, Día de Cristóbal Colón. La única mujer que figura en cualquier libro de Historia sobre el Descubrimiento de América es la reina Isabel, que lo financió. En los barcos de Colón sólo había hombres.

6 de Diciembre. Día de la Constitución Española. No había ninguna mujer en el grupo de los siete “padres de la Constitución”.

10 de diciembre. Día de los Derechos Humanos.  Entre los cinco autores de la Declaración, una era una mujer.

En fin, la lista es ampliable. Pero creo que se explica sola.

El gregarismo y las niñas con gafas

Todo lo que necesitaba saber sobre popularidad y gregarismo lo aprendí de un bofetón en 7º de EGB. El bofetón fue verbal, pero da lo mismo. Es una edad y un momento, el actual 1º de ESO, creado para que te pasen estas cosas.
Entonces había jornada partida en el colegio. De 9 a 12:30 y de 3 a 4:30 o 5. Había comedor, en el que nos quedábamos pocos niños. Calculo, por el tamaño de las clases, que éramos un poco más de 500 alumnos en el centro y que en el comedor nos quedábamos unos 50, junto con algunos profesores, muy pocos. Los niños estábamos encerrados en el patio sin entretenimiento y con poca o ninguna vigilancia de 12.30 a 3, excepto el rato de comer. El encierro y el aburrimiento generaban unas relaciones muy intensas entre las niñas más mayores. Había bullying, pero no sólo eso. Por ejemplo, había una competición muy intensa por ser las cuidadoras de las niñas muy pequeñas.

El caso es que yo acababa de empezar a usar gafas cuando, da igual porqué, una niña me insultó: ¡GAFÚA!. Me enfadé mucho, y le contesté: “Y tu amiga de las gafas culo vaso, ¿gafúa también?”. Y la niña se enfadó más, y dijo muchas barbaridades, pero al final acabó sonriendo y diciendo: “no es lo mismo tener gafas que ser gafúa”.

Y aquí mi bofetada de realidad. La niña tenía razón, a su manera.
Luego he conocido a muchas personas adultas, incluso gente parentemente inteligente, que no tratan a la gente por lo que hacen, sino por quiénes son,  o con quién se relacionan. Podéis escoger la pildorilla azul y seguir acusando a todo quisque de gafúos. O la roja, y ser un poco más críticos y menos gregarios.
Eso sí, la mentalidad de los 12 años es cómoda y con ella se puede medrar muy bien. Basta con saber detectar a los gafúos y no juntarte con ellos.