Archivos mensuales: Agosto 2014

Control del discurso, otra más: demuéstramelo.

Voy a traducir, con el amable permiso de la autora, una serie de tweets de Bayley the Bookworm, conocida en Twitter como . La secuencia completa está en inglés aquí.

¿Qué es lo que les pasa a los tíos que piensan que pueden exigir que las mujeres “demuestren” su experiencia? (ya sé lo que les pasa a los tíos, no estoy preguntando de verdad). Es importante recordar que cuando un tío dice “demuéstralo”, lo que quiere decir es “no voy a aceptar ninguna prueba que puedas darme”. ¿Tu experiencia personal? No basta. ¿Experiencias de varias mujeres? No basta. ¿Encuestas? No basta. ¿Estudios científicos? No basta. ¿Otro tío que te da la razón? Quizá funcione, a veces.

Es porque no se trata, de verdad, de que los tíos quieran pruebas. Saben que las hay. Lo que quieren es agotarte, es un juego de poder. Saben que sus voces tienen más peso, así que dan por hecho que pueden exigir trabajo emocional e intelectual para divertirse. Ya se han declarado árbitros de si tu experiencia cuenta o no, y ya han decidido que no.

Añadiría esto a algo dicho por @undivaga, y cito de memoria. Quien te pide que clarifiques más de una vez o dos no quiere entenderte mejor, quiere agotarte.

En contra del turismo

DSC_0020Un bar cerrado desde hace meses en el centro de Ayamonte (Huelva).

Seguramente has oído decir que no está bien basar la economía en el turismo. Esto a veces se dice como “turismo y servicios”. No suscribo esto, no me parece que el conjunto del sector servicios se pueda tratar como la industria turística. Y el sector turístico, desde luego, hay que aprovecharlo económicamente. Pero aquí tienes algunas razones para no tratarlo como principal motor económico.

1. El turismo siempre está subordinado a que las personas de los países donde te has dado publicidad tengan dinero de más. Ir de vacaciones es un lujo. Por eso, ante una crisis económica es de lo primero que sufre. Dependes mucho del bienestar ajeno. No vale bajar los precios: ser turismo barato es peligroso a largo plazo. Quienes desean unas vacaciones baratas siempre las van a encontrar más baratas aún en otro país. Ah, ¿todavía te creías que vienen porque les gusta España?

2. El turismo y la hostelería pueden usarse para el desarrollo, pero no es lo más frecuente. No es que “no produzca”; el sector servicios tampoco. Pero un abogado resuelve conflictos, una médica cura, una peluquera me corta el pelo, sin el transporte no funciona nada más. Son cosas que mejoran la calidad de vida de la gente. El turismo podría estar relacionado con el desarrollo, sobre todo el cultural: restauración de monumentos, museología, gastronomía, por ejemplo. Pero sabemos que no es lo que se suele hacer. Tenemos hoteles, bares, chiringuitos y hamburgueserías. Nada de esto supone una mejora en el bienestar de los habitantes del país. Y en el bienestar de los usuarios…. qué quieres que te diga, no me parece que emborracharse y quemarse al sol sean actividades muy enriquecedoras.

3. Visto por el lado del conocimiento: es la más clara expresión del “que inventen ellos”. Si lo que quieres desarrollar, en un esfuerzo global y sistemático, es el turismo, sobre todo el barato, estás cortando la capacidad de creación de conocimiento del país. Repito: con excepciones en lo cultural y gastronómico, que no son el grueso del turismo en España.

4. Casi todo el trabajo relacionado con la hostelería y el turismo es poco cualificado. Eso significa que estará mal pagado y que los trabajadores son fáciles de sustituir. Además es muy estacional, si dependes de que la gente vaya a la playa. En conjunto es un empleo muy frágil.

5. El turismo aumenta el coste de la vida en la zona turística, lo que es un problema para la población local. Algunas de las zonas con más pobreza de España son muy turísticas. Eso no trae riqueza: sirves hamburguesas por el salario mínimo y los pisos están el doble de caros que a 50 km.

6. El turismo ahuyenta a la población local, convirtiendo ciudades antes estupendas en parques temáticos hostiles a quienes llevaban allí toda la vida. Algunos ejemplos muy conocidos son Venecia y Barcelona.

7. El turismo, especialmente el playero, agrede el medio ambiente.

8. Las soluciones tipo “parque de atracciones/megacomplejo turístico” no son rentables. Hay una fuerte inversión al principio, y luego pérdidas. En España hay cuatro (Isla Mágica en Sevilla, Terra Mítica en Benidorm, Parque Warner en Madrid y Port Aventura en Salou). De los cuatro, sólo Port Aventura da beneficios.

Los únicos que sacan tajada de verdad de todo esto son los constructores, y alguna multinacional instaladora de franquicias. Un ejemplo de cómo se nos ha convencido de que la industria turística española tiene algún sentido es la normalización de la segunda residencia, que para una familia de ingresos medios es económicamente un despropósito. Suponte que pagas 400 euros al mes por la hipoteca y los gastos del piso de la playa. Por doce meses, 4800 euros. ¿Qué vacaciones de lujo no te darías con ese dinero?

No estoy en contra del turismo, así, en bloque. Está muy bien ir de vacaciones. Está muy bien que haya bares y hoteles. Lo que no está nada bien, porque es mentira, es convertirlo en la clave de la economía de un país, que es lo que está ocurriendo. Sólo va a servir para hundirnos más.

De tesis y zombies.

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Obras completas de Dickens. Cada pestaña de color marca un acto de violencia doméstica o de género. 

Hace muchos años que doy el mismo consejo. Lo mejor que puedes hacer con una tesis es no empezarla. La tesis es como los gatos, no es tuya, eres tú de ella. La tesis es como las drogas duras, los que se enganchan son los pringaos, tú puedes, tú controlas, tú vas a ser ESE doctorando único y especial que va a tener los subidones de poderío intelectual y nunca las resacas, las bajonas y las crisis.

Ya.

Claro.

Y el caso es que yo estoy intentando terminar la mía, si se deja. Veremos.

Nunca se sabe por dónde empezar. Un comienzo puede ser que empecé Filología Inglesa, una carrera que conduce de forma clara a la docencia, sin querer tener nada que ver con adolescentes, así que una de las opciones que quedaban era la universidad. La carrera me gustaba mucho, yo tenía un expediente muy bueno, y oye, tal como estaban las cosas en 199x parecía que la ruta era fácil y empezaba por ahí, por el doctorado.

En aquel momento la carrera tenía cinco años. El cuarto, me fui de Erasmus y pasaron dos cosas. Una, que la nota media me bajó del 9.5 al 8.5. Dos, que muchos de mis nuevos amigos me preguntaban: “¿cuál va a ser el tema de tu tesis?” Yo en aquel momento no tenía ni idea, pero me quedé un poco mosca. Y en el verano entre cuarto y quinto, me decidí. Sabía que quería hacer algo panorámico más que monográfico, no por ambición sino porque mi capacidad de atención y de análisis tiende más a buscar paralelismos y patrones entre objetos dispares y campos amplios, que a la disección precisa de cuestiones pequeñas y sutiles. Sabía que quería trabajar con narrativa, porque la poesía me parecía demasiado subjetiva y personal, y no confiaba en mi capacidad para analizar teatro, siempre cambiante, siempre dependiente de la ejecución. Sabía que no quería estudiar nada que me gustase muchísimo porque no quería arriesgarme a cogerle manía. Y sabía mucho más de lo que deseaba saber sobre violencia de género. Así que cuando mi madre me dijo “¡haz un estudio sobre violencia de género en Shakespeare!”, en mi cabeza triangularon dos lecturas de infancia y una reciente, y la respuesta fue: “sí, violencia de género en Dickens“.

Empecé a trabajar en ello en 5º de carrera. Conseguí una beca que me vino bien porque tenía que justificar algún tipo de trabajo, y lo que hice fue elaborar una base de datos a partir de las novelas. Es decir: cada vez que un personaje insultaba o pegaba a otro, a la base de datos que iba. En 5º no trabajé mucho en ello, tenía que estudiar, pero adelanté algo y me compré los materiales básicos de la tesis: los libros. Dickens escribió 14 novelas y montones de cuentos.

Estas fueron las circunstancias al principio. Teníamos el siglo recién estrenado, y la vida era bella. Veamos algunas circunstancias posteriores algo más deprisa.

1º curso: Hay que empezar por estudiar los cursos de doctorado. Entonces no había trabajo de fin de carrera para casi nadie. Pasé de los trabajos de unas 3000 palabras de la carrera a hacerlos de unas 5000. Me leí las 14 novelas, apuntando en la base de datos cada acto de maltrato. Tardé año y medio, más o menos.

2º curso: Me fui con una beca a una universidad americana, donde cursé dos asignaturas, una porque necesitaba completar créditos y otra porque quería cogerme algo que tuviera que ver con psicología, que necesitaba para la tesis. La asignatura fue absolutamente inútil para la tesis, pero aprendí muchísimo, así que me alegro de haberla cogido. Escogí tema para la “tesina” (algo así como una tesis de Máster que hay que hacer antes de la tesis de verdad), comparando a dos parejas en las que hay violenta sacadas de una novela de juventud y otra de madurez. Y aproveché que estaba en una universidad fabulosa para leer, leer y leer todos los libros que remotamente tuvieran algo que ver con mi tema de investigación. Cada vez que encontraba un dato útil, lo copiaba. Empecé algunos borradores de lo que luego han sido capítulos de la tesis.

3º curso: Cursar los últimos créditos que me faltaban en clases, pedir y no conseguir becas (¿recuerdas ese año Erasmus? la bajada de las notas supuso que no pudiera conseguir becas de investigación, tuve mucha suerte con la beca americana), buscar trabajo, y escribir la tesina. En esto último tardé un poco más de un curso, cosa de cuatro o cinco trimestres. Sobre el trabajo, malviví dando clases particulares.

4º curso:  la primera mitad, terminando la tesina. Fue una suerte tener tanta información recopilada en Estados Unidos porque la biblioteca de mi universidad se quedaba corta para mis necesidades. Con la tesina acabada, en teoría debía continuar con la tesis, pero estaba cansada y desanimada, porque en este tiempo habían cambiado bastantes cosas. La principal, que era muy obvio que los cambios en la Universidad y mis circunstancias personales hacían imposible la ruta profesional que era la principal razón por la que empecé todo esto. En realidad estaba claro desde bastante antes: profesionalmente, no necesitaba una tesis. Al contrario, era un obstáculo que me tenía apartada del mercado laboral.

Y aquí vino un parón absoluto de tres años. Uno para preparar las oposiciones, otro para empezar en el trabajo, y otro porque después de dos años de parón, estaba muy desentrenada. Allá que se fueron el quinto, sexto y séptimo año. El siguiente hice algo,  el siguiente casi nada. Y llevo dos años intentando terminar. Trabajar en otra cosa y hacer una tesis a la vez es agotador y desmotiva. Alarga la jornada laboral hasta el infinito. ¿por qué sigo? Porque me da pena dejarla sin terminar, porque sé lo que quiero decir y sólo tengo que escribirlo, y porque sé que si fuera un libro escrito por otra, me encantaría leerlo. Supongo que si volviera a 200X haría las cosas de otra manera, pero aquí, la única salida es terminar.

De aquí te puedo dar un par de consejos. No sé si hace diez años los habría seguido, pero allá van. Los tienes en esta entrada.