Control del discurso, otra más: demuéstramelo.

Voy a traducir, con el amable permiso de la autora, una serie de tweets de Bayley the Bookworm, conocida en Twitter como . La secuencia completa está en inglés aquí.

¿Qué es lo que les pasa a los tíos que piensan que pueden exigir que las mujeres “demuestren” su experiencia? (ya sé lo que les pasa a los tíos, no estoy preguntando de verdad). Es importante recordar que cuando un tío dice “demuéstralo”, lo que quiere decir es “no voy a aceptar ninguna prueba que puedas darme”. ¿Tu experiencia personal? No basta. ¿Experiencias de varias mujeres? No basta. ¿Encuestas? No basta. ¿Estudios científicos? No basta. ¿Otro tío que te da la razón? Quizá funcione, a veces.

Es porque no se trata, de verdad, de que los tíos quieran pruebas. Saben que las hay. Lo que quieren es agotarte, es un juego de poder. Saben que sus voces tienen más peso, así que dan por hecho que pueden exigir trabajo emocional e intelectual para divertirse. Ya se han declarado árbitros de si tu experiencia cuenta o no, y ya han decidido que no.

Añadiría esto a algo dicho por @undivaga, y cito de memoria. Quien te pide que clarifiques más de una vez o dos no quiere entenderte mejor, quiere agotarte.

6 comentarios en “Control del discurso, otra más: demuéstramelo.

  1. Gracias por la referencia, Eugenia. Sí, en efecto es una norma que aplico desde hace relativamente poco tiempo, evito caer en las trampas de las polémicas artificiales que tan a menudo nos encontramos en twitter. Y no he dejado de debatir por ello, simplemente he aprendido a reconocer a quienes tienen como único fin agotar al interlocutor sacando polémicas de la nada como quien saca conejos de una chistera.

    Se reconoce fácilmente a quien pretende todo lo contrario de un debate constructivo si te pide que aclares una idea que acabas de expresar con toda precisión en un tweet. Te pide que aclares algo que está perfectamente expresado y probablemente lo único que puedes hacer ante esa petición es repetir más o menos las mismas palabras alterando levemente el orden en un segundo tweet. Esa persona no quiere entablar una conversación contigo, no pretende participar en un debate transformador. Lo que quiere es agotarte. A este tipo de personas les concedo la venia de una primera aclaración, pero jamás una segunda. Además les dejo claro que, salvo errata manifiesta, generalmente digo exactamente lo que quiero decir y no ninguna otra cosa. Que para algo una es profesional del lenguaje.

    Cuando ven que ya no pueden llevarte a su terreno en una discusión artificial de estas que les gustan tanto, se dedican al RT de escarnio. Pero para el manipulador es mucho más difícil crear polémica mediante un simple RT, se ve obligado a añadir su propia interpretación con un comentario a continuación. Y ahí se hace evidente, en muchos casos, que entre lo que realmente pone en el RT y lo que el otro ha querido interpretar hay una diferencia abismal.

    Hay casos de personas a las que les gusta la polémica por la polémica, naturalmente; pero casi siempre es gente que saca algún beneficio de la discusión. El ejemplo del hombre que discute cada mera sentencia enunciativa (cada tweet informativo, vamos) de una mujer está ahí bien claro. Es una parte más de su afirmación de poder. Pero también tenemos el caso de las personas que viven literalmente de la polémica: autores de libros y aspirantes a tertulianos que buscan promocionarse a sí mismos, hacerse notar.

    La banalidad del polemista profesional (o del sofista) nos perjudica a todos. Perjudica al debate político, al pensamiento y a la cultura. Es, sin embargo, especialmente dañina para quienes tienen menos capacidad para detectar trampas dialécticas. Esas personas suelen ser, además, el público diana de los programas de televisión en los que aspiran introducirse estos polemistas profesionales, los sofistas 2.0.

  2. A mí me pasó una cosa parecida. Al discutir que si las feministas estaban a favor o en contra del servicio militar obligatorio con otra persona, yo decía que sí y la otra persona que no. La otra persona me dijo que le enviara un link y yo le contesté que podía enviarle un link en el que hablaba de que el feminismo lo consideraba una forma de machismo, y la otra persona me insistió en que el link tenía que ser sobre la opinión del feminismo sobre el servicio militar obligatorio.

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