Archivos mensuales: Septiembre 2014

Educación de derechas.

La derecha y la educación infantil: nada para los pobres. Aparcaniños para algunas trabajadoras.

La derecha y la Primaria: instrumentales a saco, y poco más. Artísticas, los ricos en casa por la tarde. Los pobres que se aguanten si se aburren.

La derecha y la Orientación psicopedagógica: Un estorbo, a menos que consista en dictar la ruta de cada alumno.

La derecha y el desarrollo tardío: pruebas de nivel cada pocos años. Si no las superas es que eres un incapaz.

La derecha y el principio de la adolescencia: el momento de cribar elementos no deseados del sistema. Se ceban en los 13-15 años.

La derecha, la alta capacidad y la excelencia: o cómo las notas altas son la medida de todas las cosas.

La derecha y la Secundaria: el momento de demostrar cuánto eres capaz de memorizar. Y si no, a la calle o a la ruta B.

La derecha y el Bachillerato: una Academia dorada a la que sólo deben acceder grupos selectos.

La derecha y la enseñanza de las ciencias: prepárate para ser médico o algo que le resulte útil a las empresas. Si eres buen estudiante de ciencias, tienes que ser médico, o quizá ingeniero. El resto de carreras son de segunda.

La derecha y la enseñanza de las letras: todo lo que no sirve para estudiar empresariales o idiomas no existe. Emigra, friki de mierda.

La derecha y la formación profesional: lo que diga la CEOE.

La derecha y la educación en valores: El cristianismo y el neoliberalismo no son opinables. Todo lo demás ya veremos.

La derecha y las familias: son libres de escoger que sus hijos estudien religión o en colegios privados.

La derecha y los docentes: el enemigo.

La derecha y los medios materiales: No, los niños no necesitan tanto. Sí, los niños necesitan urgentemente que sus profesores utilicen en el aula ordenadores y tablets.

La derecha y las enseñanzas artística y musical: Esas cosas inútiles. (@Judg2)O, en su caso, hobbies bonitos para los ricos.

La derecha y la EOI: ese problema molesto para las academias privadas.

Bienvenidos al nuevo curso.

DSC_0052Os esperamos.

Saludos.

Al hijo único que empieza en la guardería, y a su madre que suspira.

A la niña gorda que piensa que este año sí por fin se va a atrever a jugar al elástico en el patio, a pesar de la vergüenza.

Al niño sin amigos que ha pasado un verano tan aburrido que está deseando que el curso empiece para tener algo que hacer.

Al niño acosado de su misma clase que tiene pesadillas con la vuelta.

A la maestra que pospuso ir al médico a ver si con las vacaciones se le pasaba su sospecha de que estaba deprimida, y que hoy piensa que no debería haber pospuesto esa consulta.

Al maestro al que el ardor de estómago, el dolor de espalda y la erupción de la piel se le esfumaron mágicamente a eso del 10 de Julio, y se siente como nuevo.

Al muchachito asustado que va a empezar 1º de ESO en una ciudad nueva.

A la chica que pasa frío en casa y hambre en el instituto, y lo ha aceptado como la normalidad.

A la directora que lleva una semana sin dormir, intentando que los horarios cuadren con un profesor menos de lo que necesita.

Al quinceañero repetidor que no le interesa nada de lo que ocurre entre estas cuatro paredes y cuenta los días que le faltan para cumplir 16 años.

A su tutora.

A la estudiante de 4º de ESO que quiere hacer Medicina y ya teme que no le va a dar la nota de Selectividad.

A su compañero de clase, de letras, que saca diez en todo y no tiene ni idea de qué estudiar después.

A quienes están en bolsas de trabajo, esperando sustituir.

A quien acaba de aprobar las oposiciones y aún no se lo cree.

A la estudiante que pasa fines de semana enteros ayudando en el bar de sus padres.

A las cuidadoras de sus hermanos.

A los padres que han tirado de tarjeta para pagar los libros de texto.

A quienes se van a estudiar a la Universidad, con beca, y echan cuentas de cuánto van a poder estirar el dinero.

Al parado de larga duración que empieza un ciclo de Formación Profesional.

A la limpiadora de un colegio con goteras.

Saludos, compañeros míos.

Introducción elemental al presupuesto doméstico.

comprar o hipotecarLa clase de consejo sobre economía que no necesitas con 18 años.

Cuando estuve de Erasmus, la universidad me mandó un pequeño librito informativo con unas páginas sobre economía doméstica que se pueden resumir en: no gastes mucho en emborracharte, aprende a cocinar, si tienes compañeros de piso comparte gastos, pide regalos prácticos a los adultos(1) que se ofrezcan a ayudarte.  Y ya está. El siguiente tipo de consejo económico que recibimos pasa a ser el de la foto. Hablando con gente joven desde adolescentes a universitarios, y comparando recuerdos de infancia con amigos, observo que los consejos que vendrían entre “no te lo gastes todo en salir” y “ventajas de la hipoteca variable frente a la fija”, tampoco se suelen dar en casa, llevados por esa idea que tanto interesa a quien sí tiene dinero que “hablar de estas cosas es de mala educación”, o que esas no son cosas que deban saber los hijos de la casa. Cada persona que se independiza aprende a manejar su dinero desde cero, con la influencia, como mucho, de la imitación inconsciente o el rechazo de las manías y prejuicios de los padres. Así que aquí van unos consejillos elementales sobre cómo hacer un presupuesto doméstico, que es algo que cualquiera puede necesitar.

La idea de este post no es enseñar a ahorrar, ni decirte que si estás mal de dinero es porque no sabes organizarte. No hay ingresos tan bajos que no admitan aprender a hacer un presupuesto, pero sí hay ingresos con los que no se puede sobrevivir o con los que no se puede ahorrar. Igual que saber cocinar no garantiza que puedas poner comida en la mesa.

Como voy a mantener mi explicación a un nivel muy básico, voy a usar como ejemplo a un estudiante con beca, que tiene 5000 euros al año, es de un pueblo lejos de cualquier capital (como mis alumnos) y pasa 10 meses al año en una ciudad universitaria. Tiene 500 euros al mes, por lo tanto. Lo que he dicho sobre “dos adultos, 1900 euros” es parecido, pero voy a suponer que mi estudiante tiene familia y no necesita presupuestar salud o emergencias. Los dos posts se pueden leer juntos, saca tus propias conclusiones.

El primer paso está hecho: convierte ingresos anuales en mensuales. Se puede trabajar por semanas, pero como los alquileres son mensuales yo prefiero los meses. Primero descontamos los gastos fijos, luego calculamos un margen para los “fijos variables” y luego repartimos lo que sobra, si sobra.

Los gastos fijos son el alquiler, el teléfono, internet, luz/agua/gas (que pueden estar incluidos en tu alquiler), transporte. Supongamos que son 200 alquiler, 50 transporte, 50 lo demás, redondeando. 300. A mí me liaba cuando contaba cada cosa según me llegaban los recibos a lo largo del mes, porque no todo se lo cobraban el día 1. Lo mejor es no contar con este dinero nunca, sácalo de todas las cuentas. No existe. Fuera.

Por otra parte, debes añadir a los gastos fijos, si los tienes, los anuales. Si eres un estudiante no tendrás muchos. Puede haber cosas como el seguro del coche o la moto, libros de texto…. Si tienes ingresos mensuales, se cogen los gastos fijos anuales, se dividen entre 12, y se consideran parte fija, apartándolos a una hucha hasta que haga falta.

Los gastos “fijos variables” son las compras del supermercado: comida, higiene, limpieza de la casa. Ya dije que con 250 euros dos adultos comen bien, con carne y pescado. Vamos a dejarlo en 100, redondeando. Es apurado, lo sé. Puedes ajustarlo más adelante. Aquí tienes algunos consejos.

Te quedan otros 100 euros para los demás gastos. Aquí puedes contar por semanas, y te sale 25, o por días, que te sale 3 y sobra un poquito. Yo lo tengo planteado por días, pero dispongo de más dinero. Lo que metemos aquí es todo lo demás: todo lo que comas fuera de casa, material escolar y libros, ocio, ropa, regalos, etc. Cuando tengas que comprar algo que no se gasta, si puedes, recuerda la Ley de Vimes. Si puedes.

Ahora te haces una hoja de cálculo o simplemente una cuadrícula en papel o en un documento de texto y apuntas en dos columnas lo que te vas gastando, y en qué. Una columna es para comida e higiene, y la otra para todo lo demás. A mí hacer una cuenta atrás me resulta angustioso, prefiero ir sumando aunque el resultado sea el mismo. Una vez a la semana o al mes, suma todo para ver si vas bien o si te pasas. Se trata de no pasarte del presupuesto que has establecido. Si un día no gastas, al siguiente tienes el dinero de ese día acumulado; evidentemente no es necesario gastar cada día el dinero asignado, pero sí no pasarte. Apuntarlo todo, absolutamente todo, al menos los primeros meses, sirve para darnos cuenta de “en qué se va el dinero”. También para saber si puedes permitirte hacer cambios, o si tus predicciones no eran realistas.

Con unos ingresos tan justitos ahorrar es dificilísimo. Sobre eso, lo único que te puedo decir es que si puedes apartar aunque sea un par de euros al mes, todo se acumula. Algunas webs que he leído sobre esto recomiendan ahorrar entre el 10% y el 15% de tus ingresos, pero eso no siempre es posible. Eso sí, a mí la hucha de los céntimos me ha sacado de algún apuro serio.

Qué hacer si llega dinero inesperado, un regalo por ejemplo: depende de cuánto sea y de cuánto tengas. Lo primero, cubrir deudas si hay alguna. Lo segundo, pensar si nos va a venir pronto algún gasto importante que normalmente nos cueste mucho hacer, y reservar el dinero para eso. Luego, escoger entre simplemente integrarlo a los gastos comunes, darnos un capricho, o ahorrar, dependerá de cuánto dinero sea y cómo nos pille ese momento.

A qué renunciar si algo sale mal: en mi caso, lo primero es el alcohol. Lo último, ultimísimo, es lo que facilite contacto humano: el móvil, internet, el transporte.

Está claro que llevar un presupuesto no es una fórmula mágica. Es un poco como limpiar la casa: es aburrido y parece que podrías haberlo hecho mejor y más eficazmente. Lo que propongo aquí es una propuesta para quien no sabe, y nunca ha tenido que controlar sus gastos. También para que quienes no necesitáis contar cada euro tengais una pildorita roja. Si tenéis algún consejo más, ahí están los comentarios.

Ser pobre (John Scalzi)

P1020949Ahora ya no soy realmente pobre, pero aún no me atrevo a tirar zapatos.

John Scalzi me ha dado permiso para traducir su texto “Being Poor“, del que os recomiendo el original. También os recomiendo Imagínate, que Comandante Vimes escribió sin conocer el de Scalzi.

Hay más traducciones por ahí, pero no he podido resistirme.

Ser pobre es saber exáctamente el precio de todo.

Ser pobre es enfadarte con tus hijos por pedirte toda la mierda que ven por la tele.

Ser pobre es tener que comprar coches de 800 dólares porque son lo que te puedes permitir, y que te dejen tirado, porque no hay en América un solo coche de 800 dólares que merezca la pena.

Ser pobre es tener la esperanza de que deje de dolerte una muela.

Ser pobre es saber que tu hijo va a casa de sus amigos pero nunca se trae a los amigos a casa.

Ser pobre es ir al servicio antes de ponerte en la cola del comedor escolar para que tus amigos te adelantes y no te oigan decir “el mío es gratis” cuando llegues a la caja.

Ser pobre es vivir al lado de la autopista.

Ser pobre es volver al coche con los niños en el asiento trasero, aferrándote a esa caja de cereales que acabas de comprar, pensando en cómo vas a hacer que entiendan que la caja les tiene que durar.

Ser pobre es preguntarte si tu hermano el rico te miente cuando dice que no le importa que le pidas ayuda.

Ser pobre son juguetes de marca blanca.

Ser pobre es una estufa en una sola habitación de la casa.

Ser pobre es saber que no te puedes dejar 5 dólares encima de la mesa cuando vienen tus amigos.

Ser pobre es desear que tus hijos no peguen un estirón.

Ser pobre es robar carne en el supermercado, freírla antes de que tu madre llegue a casa, y entonces decirle que no tiene que hacer la cena porque no tienes hambre.

Ser pobre es usar ropa interior de segunda mano.

Ser pobre es que no haya espacio para toda la gente que vive contigo.

Ser pobre es sentir que las suelas se despegan de tus zapatos comprados en el supermercado, cuando corres por el parque.

Ser pobre es que el colegio de tus hijos sea el de los libros de hace 15 años, el que no tiene aire acondicionado.

Ser pobre es pensar que 8 dólares la hora es un chollo.

Ser pobre es depender de gente a la que importas una mierda.

Ser pobre es un turno de noche con luz fluorescente.

Ser pobre es encontrar la carta que tu madre le mandó a tu padre, rogándole que le pasara la pensión.

Ser pobre es vaciar la bañera en el váter.

Ser pobre es parar el coche para coger una lámpara que has visto en la basura.

Ser pobre es hacerle un bocadillo a tu hijo y que una cucaracha pase por encima del pan, y mirar al niño a ver si se ha dado cuenta.

Ser pobre es creer que tener el título de Secundaria sirve para algo.

Ser pobre es que la gente se enfade porque estás dando una vuelta por el centro comercial.

Ser pobre es que la policía haga una redada en el piso de al lado.

Ser pobre es no hablar con esa chica porque se va a reír de tu ropa.

Ser pobre es esperar a que te inviten a cenar.

Ser pobre es rechazar un trabajo porque no tienes a nadie que pueda quedarse con tus hijos.

Ser pobre es una acera con muchos trozos de cristal marrón.

Ser pobre es que la gente crea que te conoce por cómo hablas.

Ser pobre es necesitar ese aumento de 35 céntimos la hora.

Ser pobre es que el maestro de tu hijo presuponga que no hay libros en tu casa.

Ser pobre es que te falten seis dólares para pagar la factura de la luz y no tener forma de tapar el agujero.

Ser pobre es llorar porque se te ha caído un plato de macarrones al suelo.

Ser pobre es saber que trabajas tanto y tan duro como cualquiera.

Ser pobre es que la gente se sorprenda al darse cuenta de que no eres idiota.

Ser pobre es que la gente se sorprenda al darse cuenta de que no eres un vago.

Ser pobre es esperar seis horas en urgencias con un niño enfermo en brazos.

Ser pobre es no comprar nunca nada que no han comprado otros antes.

Ser pobre es comprar ramen de 10 céntimos y no de 12 porque así son dos paquetes más por dólar.

Ser pobre es tener que vivir con las consecuencias de decisiones que no sabías que estabas tomando cuando tenías 14 años.

Ser pobre es cansarte de que la gente quiera que estés agradecido.

Ser pobre es saber que te juzgan.

Ser pobre es una caja de lápices de colores y un libro de colorear de un Papá Noël del centro cívico del barrio.

Ser pobre es mirar la salida de monedas de cada máquina de refrescos que ves.

Ser pobre es pensar que se puede basar una relación en tener un lugar a donde ir.

Ser pobre es saber que no deberías gastarte ese dólar en lotería.

Ser pobre es esperar que te devuelvan hasta el último céntimo del cambio.

Ser pobre es sentirte impotente cuando tus hijos cometen los mismos errores que tú, y no te escuchan cuando les suplicas que no lo hagan.

Ser pobre es una tos que nunca se va del todo.

Ser pobre es tener mucho cuidado de no dejar caer nada sobre el sofá, por si tienes que devolverlo.

Ser pobre es un adelanto de 200 dólares de un compañía que te va a cobrar 250.

Ser pobre son cuatro años de clases en el turno de noche para sacarte un título de dos años.

Ser pobre es un futón con bultos.

Ser pobre es saber dónde está el banco de alimentos.

Ser pobre es que haya gente que nunca lo ha sido, preguntándose porque tú has decidido ser así.

Ser pobre es saber lo difícil que es dejar de serlo.

Ser pobre es ver qué pocas opciones tienes.

Ser pobre es correr en el sitio.

Ser pobre es que la gente se pregunte por qué no te fuiste.

Problemas con libros de texto, 2: expansión infinita.

A los libros de texto se les plantean, sobre todo, dos objeciones independientes: una, su precio, y otra, que favorecen un método de trabajo pasivo por parte del alumnado, una comunicación vertical y unidireccional docente -> clase. Una tercera objeción es que sería mucho mejor utilizar medios electrónicos y una cuarta, que hay libros que contienen errores sobre lo que pretenden enseñar. Algunas de las soluciones propuestas son, según el problema, que no se renueven a menudo y que se presten; que el trabajo sea más dinámico y colaborativo (algo en lo que el libro puede ser una base, no son el mal absoluto); y el uso de recursos electrónicos, no siempre accesibles desde internet. Se suele recomendar prescindir del libro, más que mejorarlos.

Hoy voy a tratar un inconveniente muy concreto de los materiales de mi materia, que es inglés de Secundaria, observando las posibles alternativas: la tendencia de los materiales a expandirse, multiplicando su precio. Esto no es nuevo, ya pasaba hace veinte años cuando yo estudiaba, pero ahora hay algunas alternativas.

1.El libro de texto. Precio aproximado: 30 euros. El libro tiene algo que es más útil al profesor que al alumno, que es la secuenciación de contenidos. Es decir, puedes usar un libro como guión para ver qué trabajar y en qué orden pero no atarte a las actividades que se propongan (esto yo lo hago mucho). Para el alumno, hay una secuencia de actividades y nada más. Alternativas gratuitas u online, regular. Los profesores podemos usar el mismo libro indefinidamente, pero lo más difícil de sustituir son los textos de lectura. Hasta que no te ves en ello no te das cuenta de lo difícil que es adquirir comprensión lectora, y textos de nivel elemental, adecuados para adolescentes, gratuitos o sin derechos de autor, no es fácil encontrar. Los puede elaborar el profesor, pero es como pedir al profesor de lengua que componga sonetos: se puede ser un magnífico profesor y no tener la habilidad o la imaginación de crear textos adecuados para trabajar comprensión lectora. Ojo que no hablo de materiales en general sino concretamente de la lectura.

2. El libro de actividades. Precio aproximado: 20 euros. Esto es un sacadineros bastante poco ético, no sólo porque se divide el material en dos pares arbitrariamente, sino porque aquí es donde van todos los contenidos de teoría para el alumnado. En Andalucía, donde los libros son gratuitos, está cubierto el libro principal pero nunca éste porque teóricamente es un libro de apoyo, pero el que sí está permitido pedir sólo tiene actividades y los “workbooks” contienen: actividades; glosario con transcripciones fonéticas y significados en español; apéndice gramatical; guiones y otras ayudas para aprender a redactar; fichas de autoevaluación. Además, ahora mismo en Andalucía tenemos prohibido que haya libros de compra obligatoria: o los facilitamos nosotros, o son optativos. ¿Solución? dado que los libros de texto necesitan una autorización de la Comunidad Autónoma correspondiente, no autorizar un libro “principal” que no contenga las partes “teóricas” (el glosario, el suplemento gramatical, etc).

3. Las gramáticas. Precio medio 30 euros. Se recomiendan en bachillerato y a veces sustituyen al libro de texto. Son el libro que me parece más fácil de sustituir por actividades online, porque se esas sí hay muchas, buenas, y gratis. Yo nunca obligaría a comprar una gramática.

4. Los libritos de lectura. Precio medio 10 euros. Sirven para practicar la lectura con textos más largos, que además son narraciones. Por diversos motivos, los libros de uso general en ESO y Bachillerato presentan textos con muy poca variedad en este sentido. Hay reportajes, descripciones, variantes adaptadas de lenguaje periodístico, cartas y diarios de jóvenes con nada más complejo o estimulante que “lo que hice en vacaciones”. Algunos textos están muy bien, pero no hay diálogos, fantasía, o ficción. Los libritos de lectura adaptada son casi tan caros como una novela juvenil que los alumnos leerían por placer, pero son muy cortos, son impuestos, y a menudo no gustan. Alternativas online: ninguna que yo conozca en niveles elementales. Lectura de letras de canciones, que aunque sean breves al menos dan variedad. Alternativas más baratas que obligar a comprarlos: darlos en préstamo. Eso sí, cualquier actividad estandarizada de evaluación requeriría tener tantos ejemplares del mismo libro como alumnos tengamos. Se puede evaluar la lectura por otros medios, pero claro, es algo más de trabajo.

5. Diccionario bilingüe. Unos 15 euros, aunque hay mucha variación. La única ventaja que veo en el diccionario de papel frente a diccionarios online es que los estudiantes de Secundaria no saben o no quieren distinguir un diccionario de un traductor online, lo que les lleva a cometer errores graves.

Resumiendo: a un alumno de ESO o Bachillerato se le puede llegar a exigir la compra de hasta 5 libros por valor total de unos 100 euros para una sola materia, Inglés. El único libro que podrá usar más de una vez es el diccionario. De todos estos materiales, el más completo es, engañosamente, el supuesto “libro de actividades” que refuerza el libro principal. Hay unas partes más sustituibles que otras por opciones online o gratuitas: lo más fácil de sustituir es la gramática y los diccionarios, y lo más complejo, la lectura. Yo opto por un sistema mixto, ecléctico, por compartir recursos, y por exigir mucho más a unas editoriales que no deberían dividir el contenido en pedacitos.

 

 

“Ellas entran gratis”

Un debate sobre feminismo con hombres muy jóvenes tiende a llegar a ese punto en el que el muchacho suelta una variante de esta frase:

Las chicas entran gratis a las discotecas, por lo tanto el machismo no existe y las feministas sois unas hipócritas porque os aprovecháis de esa desigualdad.

Las mujeres tenemos que hacer frente a una educación sexista, violencia sexual, violencia doméstica, el control social de nuestra sexualidad (“slut-shaming”), discriminación laboral, y que se asuma que las responsabilidades familiares y de cuidado son cosa nuestra, entre otras cosas. El argumento de la discoteca revela que quien lo hace no tiene mayores preocupaciones en la vida que disponer de dinero para el ocio; lo califica como una persona no sólo muy joven, sino de vida excepcionalmente fácil y cómoda. No es fácil discutir con alguien así, porque tiene horizontes muy limitados y una terrible falta de empatía, así que “pero tenemos X otros problemas” es algo que le va a costar aceptar. Sin embargo, puede ser que te apetezca contradecirlo, así que aquí tienes esta entrada. Veamos algunos argumentos por los que este razonamiento es poco correcto.

  1. Lo obvio: las feministas, y también mujeres que no se consideran feministas, sí criticamos esto. Algunos no creen ninguna prueba que aportemos, pero por supuesto que lo criticamos, o boicoteamos los locales que lo hacen. A mí me parece fatal que haya entradas de varios precios, eso lo primero, y lo critico cuando tengo ocasión.
  2. La entrada gratis a discotecas es algo que beneficia a un grupo muy reducido de mujeres: las que son jóvenes y además tienen dinero, tiempo y ganas de ir a discotecas. Olvidas a tu conveniencia los problemas de todas las demás mujeres.
  3. No es un fenómeno tan extendido como quieren hacer creer sus críticos. Una búsqueda google de “chicas gratis discotecas” da pocos o ningún ejemplo de locales concretos que lo hagan, y muchos resultados de foros en los que se critica la costumbre; debates sobre copas gratis o más baratas para las chicas; alguna oferta suelta en la que el número de copas incluidas en la entrada es distinto para mujeres y para hombres. Por ejemplo aquí, la única oferta que he encontrado, chicas con una sola copa gratis; entrada no discriminatoria con dos copas 14 euros. Esto suelen ser fiestas, ofertas, no la entrada habitual al local. También suele ocurrir que la entrada gratis es sólo relativamente temprano: aquí las chicas gratis sin copas hasta la 1:00, y luego todos iguales. No es “chicas gratis”, es “chicas que no beban o que beban poco, gratis si contribuyen a llenar el local a primera hora”.
  4. ¿Por qué copas gratis o más baratas? Porque las chicas beben menos que los chicos,  por costumbre, por seguridad, o por disponer de menos dinero.
  5. El dinero, eso. Las chicas disponen de menos dinero que los chicos. Suelo preguntar a mis alumnos qué paga tienen; los chicos suelen cobrar un 30% más. La última vez que di clases en Bachillerato, la paga media de los chicos era 25 euros y la de las chicas, 15. Otros jóvenes piden dinero a la familia cuando van a salir, lo que obtiene el mismo resultado porque los chicos salen más y vuelven más tarde. Según me dicen mis alumnos, la hora de volver a casa de las chicas es entre una y dos horas más temprano que la de sus compañeros varones. Las chicas no pueden permitirse las mismas actividades de ocio que los chicos. A lo mejor quieres luchar contra la discriminación cobrando lo mismo que tus amigas y volviendo a casa a la misma hora que ellas.
  6. Las mujeres tomamos precauciones extra al salir, para evitar que nos violen o nos agredan, algunas de las cuales nos cuestan dinero, como coger taxis. También conozco a mujeres que no van a discotecas o que van muy poco porque les parece un ambiente poco seguro.
  7. También nos sale más caro arreglarnos para salir. ¿Que es opcional? Sí, claro. Ir a la discoteca también, y el que empezó hablando de lujos y caprichos fuiste tú.
  8. He conocido pandillas que han pagado las entradas entre todos, a fondo común, cuando había diferencia de precios. Ah, ¿que sales en una pandilla de sólo varones? ¿Por qué?
  9. La entrada gratis para chicas es, en parte, un intento de atraerlas a pesar de las dificultades señaladas antes (dinero, tiempo, seguridad), pero sobre todo, y más que cualquier otra cosa, es un reclamo para dar a entender a los chicos que seguro que van a encontrar chicas que ya estarán allí cuando lleguen ellos (recordemos que las ofertas se terminan entre la 1 y las 3). No nos beneficia, nos convierte en mercancía, en decorado de la sala para que no esté vacía cuando lleguen los hombres. Recordemos también que las chicas beben menos: el público que interesa es el masculino. Una discoteca es un negocio, no una labor social. No harían ofertas para chicas si no supieran que los chicos vienen precisamente por eso.

No es fácil, pero chico, ponte en su lugar. Esa chica que ha negociado con más dificultad que tú la hora de volver a casa. Que tiene menos dinero en el bolsillo que tú. Que ha encontrado ropa bonita para salir con más dificultad que tú, y más cara. Que piensa que es imprudente salir sola y por eso queda con las amigas y se organizan para recogerse unas a otras. Que una vez en la discoteca tiene miedo de que le adulteren la bebida y la droguen para atacarla. Que tiene que ir quitándose de encima a tipos molestos. Que piensa que no debería volver sola a casa por si “le pasa algo“. A la que, si de verdad le pasa algo, todos dirán que la culpa fue de ella. ¿En serio crees que tú eres el discriminado?