Archivos mensuales: Enero 2015

Tres sistemas universitarios y sus exámenes.

Sala de estudio en la UPV (Fuente: Flickr del Campus de Gandía). Este tipo de sala de estudio no era frecuente en las universidades extranjeras, donde las bibliotecas se utilizaban para buscar información, o aprovechar la wifi.

Una de las ventajas de estudiar fuera, con una beca Erasmus por ejemplo, es que descubres que hay sistemas educatvos y de evaluación muy distintos a los que conoces. Aquí mi experiencia tiene un problema a la hora de comparar, porque terminé la carrera hace más de diez años y desde entonces ha tenido lugar una reforma universitaria que ha cambiado algo las cosas; ya me diréis si ha cambiado cómo son los exámenes, o la carga lectiva, que es en lo que me voy a centrar.

En España he estudiado Derecho y Filología Inglesa. En Derecho la cuestión era sencilla. Había tres modelos de examen: La inmensa mayoría de los profesores ponían preguntas largas, “de desarrollar”, aunque no había que desarrollar nada, sino más bien largar toda la teoría que hubieras sido capaz de aprenderte de memoria. Los exámenes de preguntas breves (por ejemplo una definición, o contestar algo que podía ocupar cinco líneas) los ponían profesores amables que volvían su asignatura fácil. Por último, algunos profesores ponían exámenes con pequeños casos prácticos o preguntas cortas para hacerte pensar un poco. Eso sí, en clase nunca se hacían ejercicios parecidos a los exámenes. Pasabas de la teoría en clase a estudiar teoría en casa a intentar resolver un mini-caso práctico.

Las preguntas podían ser a veces de temas muy obvios e importantes, pero casi siempre se asumía que “iban a pillarte”. Recuerdo un examen de la segunda mitad de Derecho internacional (una asignatura anual). El temario tenía 43 temas: introducción, introducción histórica, 40 temas con sustancia, y “conclusiones, divagaciones, idas de olla, el futuro del derecho internacional”. El tema 43 no se trató en clase. En el examen final cayó una pregunta normalita, una que era un listado a palo seco de tratados internacionales con sus fechas, y el tema 43. Escoge 2 de 3 (aprobé, no sé cómo).

Había unas 15 a 20 horas de clase a la semana, unas cinco asignaturas, la asistencia no contaba, necesitabas mucho tiempo para estudiar. Esto era diferente en Filología Inglesa. Teníamos unas 20-24 horas de clase a la semana pero la distribución en 3 días maratonianos era la más frecuente. El número de asignaturas variaba porque las optativas podían concentrarse en el primer o el segundo cuatrimestre, pero no bajaba de seis. La carga de tareas además de los exámenes aumentaba en el tiempo; en la 2º mitad de la carrera era casi incompatible con trabajar (la carrera, desde el primer día, era incompatible con trabajos entre semana). ¿Y qué tareas eran esas? Pues bien, había presentaciones orales (era obligatorio hacerlas pero no tenían nota numérica), trabajos escritos para entregar (a veces además de examen, a veces sustituyéndolo), y había que leer. Muchísimo. De 3 a 5 obras por cada asignatura de literatura. En 3º me tuve que leer 17 novelas en 13 semanas. La principal prueba en los exámenes consistía en que tenías que identificar de qué libro eran algunas líneas extraídas. Es decir, se buscaba demostrar que te habías leído los libros, pero tenías que recordar frases exactas porque tenías que situarlas en su contexto.

En ninguna de las carreras era obligatorio asistir a clase. La asistencia era mayor en clases que te aportaran algo que no viniera en los libros. Por ejemplo, las de literatura que se centraran en técnicas de comentario de texto. De facto, los profesores valoraban la asistencia a clase de manera arbitraria y subjetiva.

Salto a Aberdeen (Escocia). Primera sorpresa: prohibido tener más de 3 asignaturas a la vez. Yo nunca tuve más de dos. Segunda sorpresa: con dos asignaturas se trabajaba casi tanto como con 6 u 8 asignaturas en Sevilla. Por ejemplo, en “Shakespeare” leíamos una obra de Shakespeare a la semana. Esto era perfectamente compatible con un trabajo a tiempo parcial, porque con menos horas de clase eres más flexible y porque hay costumbre de contratar a estudiantes, por lo que si dices que a tales horas estás en clase, no es problema y te lo respetan (depende del sitio, claro). Había que hacer trabajos para clase donde se esperaba que supiéramos hacer buen uso de la bibliografía. Para que os hagáis una idea de la formación que había tenido en Sevilla, yo en aquel momento era superior a la media en conocimientos, en lectura, y en escritura del estilo de comentarios de texto, pero muy mediocre buscando y utilizando información crítica. No sabía usar una biblioteca, ni utilizar fuentes para apoyar o contrastar mis ideas, porque en Sevilla no me había hecho falta.

Los exámenes fueron un sorpresón. Eran muy difíciles porque eran verdaderas preguntas de desarrollo donde te pedían sacar conclusiones personales a partir de las lecturas obligatorias pero también de las recomendadas. Lo fácil es que te daban muchísimos temas, a escoger dos. Es difícil poner ejemplos y que se entienda su dificultad sin contexto, pero lo principal es que las preguntas no eran nada que se hubiera visto en clase. Suponte que habíamos tenido tres (TRES) clases teóricas sobre La Tempestad, centradas en sus influencias, sus predecentes, y adaptaciones al cine. Pues bien, una pregunta de examen era algo así como “Cuál es la influencia que tienen las localizaciones de La Tempestad en la acción. Dificultades y exigencias para la representación teatral”. Puede que hubieras leído algo sobre el tema, y puede que tuvieras que improvisar. En una asignatura de lingüística, tuvimos que analizar características de  nuestro propio dialecto, cada estudiante el suyo nativo. Esta manera de trabajar se había trabajado previamente en clase.

Por último, Estados Unidos. Aquí una diferencia grande es que las dos universidades anteriores eran públicas, y la americana, Cornell, no. Había estudiantes que trabajaban a la vez, pero eran la excepción. Imagino que en otras partes del país es diferente. La cantidad de asignaturas era un término medio entre España y Escocia, pero la cantidad de trabajo para casa estaba más en la línea escocesa. En una asignatura de psicología tuve que leerme un libro a la semana; en una de literatura de la que fui oyente había que leer el doble que en Sevilla. Todo esto se acompañaba de sesiones de debate y de entrega de tareas. Era normal tener que entregar un trabajo y hacer un examen, igual que en Escocia,pero con el doble de asignaturas. Mucho trabajo, en suma. Eso sí, los exámenes eran un mero trámite. Eran ridículamente fáciles. Lo que contaba era el trabajo anterior. Te leías un libro a la semana, entregabas deberes, participabas en una sesión de debate / comentario del libro semanal, y al final una pregunta del examen era “cuál es la idea principal que defiende Este Autor en Este Libro”. Tal como suena. Un simple trámite.

En los dos sistemas extranjeros había un número variable de lecciones magistrales a la semana (entre 4 y ninguna). La asistencia era obligatoria y no evaluable en una sola sesión semanal, de una o dos horas. Podías faltar a un número reducido de sesiones de estas sesiones, y daba igual tu justificación. En ambos sistemas, suspender un examen era relativamente raro, y hacer un examen de recuperación un drama. Eso sí, en ambos sistemas la nota media de la carrera era importante en el currículum y en EEUU muchos estudiantes se jugaban el acceso a estudios posteriores en función de su calificación media y en asignaturas concretas. Estudios clave que en Europa son un grado, en EEUU son siempre posgrado. Algunos ejemplos son medicina y derecho, pero para casi cualquier profesión hay posgrados. Una amiga americana me dijo en 2005 que su grado en psicología no servía para absolutamente nada en el mercado laboral, y no se refería a falta de ofertas de empleo sino a que no se considera un título suficiente.

Mi conclusión es que el sistema universitario español pre-Bolonia asumía que el estudiante no trabaja, o lo hace a tiempo parcial en hostelería (¿qué otro trabajo puedes hacer sólo en fin de semana?).  Continuaba con la tendencia escolar que intenta enseñar extensivamente: las asignaturas son muchas, y lo que cubren es amplio. Enseñaba fundamentalmente a memorizar y preparaba muy bien para opositar: varios temarios de oposición coinciden bastante bien con los de las carreras que hice.

El sistema británico es intensivo, con pocas materias pero estudiadas a fondo, y en Humanidades, se preocupa poco o nada por la “empleabilidad” de los conocimientos adquiridos. En cambio, se da importancia al uso de técnicas de aprendizaje muy diversas y te prepara para un mercado laboral muy flexible y que a menudo te pide que tengas un título, pero le da igual cuál. Te facilita trabajar a tiempo parcial.

Si estudiar en España es una carrera de obstáculos, el sistema americano te pone los obstáculos en el acceso. Es difícil entrar a una universidad de prestigio, ya sea para grado o para posgrado, pero los estudios de grado en sí son fáciles. MUY fáciles. Tiene mucho en común con el sistema británico, pero una de las diferencias es fundamental: estudiar un posgrado es imprescindible para que tu título sirva de algo, debido al interés económico de unas universidades que son casi siempre empresas privadas.

¿Es mi suspicacia, o en sus intentos de hacer un sistema menos memorístico, más práctico y dinámico, la universidad española no ha perdido ninguna de sus características antiguas y ha tomado la peor del americano?

Todo lo que siempre quisiste saber sobre la tesis y nunca te contestaron a tu gusto.

phd how long-Te presento a Beth, una estudiante de doctorado de Antropología. -Hola, ¿qué tal llevas la tesis? -¿Pero tú de qué vas? -(no me lo creo….) – ¿No sabes que es de mala educación preguntar eso a un estudiante de doctorado? -P-perdón, ¿cuándo vas a terminar? -Uau, ¿por qué no le preguntas su peso o su edad ya que estás en ello?

Alguien cercano a ti (tu sobrina, tu hija, un compañero que iba un curso por delante en la Universidad) está haciendo un doctorado, una tesis, una tesina, un posgrado…. como se llame, la cosa es que terminó la carrera y sigue estudiando. Y no sabes ni qué hace, ni por qué. No sufras más, que aquí te lo explicamos.

Quién puede hacer el doctorado: quien tenga una licenciatura, o un grado.

En qué se parece y se diferencia a un Master: los masters son títulos similares a una especialización, duran uno o dos años,  y tienen salidas normalmente profesionales. Su creación es bastante flexible. En un Master normalmente tienes que hacer algún tipo de trabajo de investigación breve al final, pero el sentido de un master no es solamente aprender a investigar. Un Master en traducción puede enseñar a traducir a un filólogo; un Master en cerebro y conducta enseña práctica clínica a psicólogos. Es discutible si el contenido de los Másters debería formar parte de los títulos de grado.

Un master se parece al primer o dos primeros años de doctorado, y aquí se acaba el parecido. El trabajo de fin de máster es mucho más corto que la tesis (producto final del doctorado). En el doctorado aprendes a investigar y la salida profesional es la investigación.

Esto nos lleva a….

Para qué sirve el doctorado (o la tesis). Un doctorado es un proceso largo y las razones que llevaron a empezarlo no son necesariamente las que se tienen al terminar. Yo empecé mi doctorado en los felices tiempos de la burbuja, así que tengo una perspectiva con y sin crisis económica. Por eso los motivos que expongo son tan variados.

Razones para empezar:  No hay trabajo de lo que he estudiado en la carrera, me voy a meter en el doctorado (esto lo hacía la gente antes de que hubiera tanta oferta de Másters). Tengo curiosidad por algo estudiado brevemente en la carrera y quiero profundizar en ello. Quiero ser investigador y la universidad es un buen lugar para empezar.  Quiero ser profesor universitario; el doctorado es un requisito importante para llegar a serlo.

Razones para terminar: además de las anteriores: quiero ver esto terminado, tanto si es útil como si no. Quiero acabarla. Puede darme algún tipo de ventaja profesional. Cuando la termine, puede que sea un libro publicable.

“Eso para qué sirve” significa dos cosas: en que me beneficia a mí terminar y en qué beneficia a los demás. Una tesis sobre el efecto de un alimento en una enfermedad está claro que puede contribuir, a muy largo plazo, a curar esa enfermedad. Una tesis de cualquier rama de las ciencias sociales sobre el comportamiento de las pandillas de niños que juegan en la calle en Córdoba puede contribuir a que mejore el urbanismo, la educación,  o los servicios sociales orientados a los niños. Y contribuyes a las investigaciones de los demás: en la bibliografía de mi tesis hay dos tesis sin publicar, que encontré buscando información por internet.

¿Te pagan por hacer el doctorado?: No. El doctorado son unos estudios, y a nadie le pagan por estudiar. Puede que tengas una beca, o que estés contratado para dar clases en la universidad donde estás estudiando, pero eso no es que te “paguen por estudiar”.

¿Qué estás haciendo exactamente? ¿qué es una tesis? Los estudios de doctorado se dividen en dos partes: primero vas a clase y haces unos trabajos de investigación cortos, los presentas, te ponen un “sellito de calidad” que para algunos trámites es equivalente a un master, y entonces lo que hacemos es investigar para crear algo así como un libro. Un doctorado en Derecho estudia, compara y comenta leyes; un doctorado en Filología como el mío analiza y comenta novelas; en una ciencia experimental puede que trabajes en un laboratorio. Hay investigación científica y no científica. El resultado final es como un libro, un ensayo largo, del que nos hacen un examen oral.

phd comics mom¡Voy a defender mi tesis, mamá! -¡bien! ¿eso qué significa? -Significa que casi he terminado, pero que hay una posibilidad de que me suspendan y que tenga que seguir, o abandonar. – Así que no debería alegrarme mucho. – Que te alegraras un poco estaría bien.

¿Cuándo vas a terminarla? Nunca preguntes esto a un estudiante de doctorado, porque se lo han preguntado mil veces, y no sabe contestar. Lo que hacemos es creativo. No es sólo que nos sentemos a escribir y punto; a veces volvemos atrás, repetimos cosas, nos damos cuenta de que nos hemos equivocado. Es duro, también, porque sólo nosotros ponemos la medida de lo bien que lo estamos haciendo. Escribir cualquier cosa mínimamente creativa ( y hay algo de creativo en todo esto, sí, en ciencias también) y además larga es algo que sólo termina cuando además de estar completo, no crees que puedas mejorarlo más.  Pero vamos: para que tengas una medida, es imposible terminar en menos de 4 años. Imposible del todo. Y 4 años no es “ir a curso por año” como en la licenciatura o el grado: es ser brillante, dedicado, muy trabajador y con suerte, y sin tener que simultanearlo con nada más. No empieces a preocuparte hasta que lleve diez años por lo menos.

Has dicho que se parece a un libro. ¿Luego se publica y se vende en las librerías? Una tesis suele ser el primer trabajo de investigación serio que escribimos. Para que se publique, tendría que ser de mucha calidad, y de interés para las editoriales que publican ensayo y divulgación. ¿Y luego se va a poder vender? Bueno, ¿en las librerías ves muchos libros de divulgación y ensayo? ¿tú compras muchos?

Recuerda que un doctorando es una persona más bien estresada, que o anda fatal de dinero o trabaja en otra cosa a la vez (o ambas). No tiene una medida real de lo bueno que es su trabajo y todas las preguntas le pueden sonar a reproche. Mi última pregunta es la mejor que puedes hacer al doctorando de tu vida para mostrar tu interés en su trabajo.

¿Quieres que te traiga un café? Sí, por favor.

phd blood sweat and tearsSangre. Sudor. Lágrimas. Café.

Todas las tiras cómicas están sacadas de phdcomics.com

Gracias por la inspiración y las respuestas a @rositafraguel, @darksapiens, @zifra, @hablaqueescucho, @phobophille, @verdewek, @ptraciogg, @indvbio, y @laletraB

¿No al sexting? Algunos consejos.

sexting policiaUna de las campañas intermitentes más constantes de la cuenta de twitter de la Policía Nacional es la relacionada con el sexting. Si quitamos los chistecitos, se resume así: para evitar que te chantajeen o avergüencen difundiendo tus fotos íntimas, no compartas fotos íntimas. Aquí se puede observar cómo, cuando el delito es de naturaleza sexual, la responsabilidad de evitarlo se atribuye socialmente a las víctimas potenciales. La policía no nos dice “para evitar que te roben en vacaciones, no viajes”: te recomiendan unas medidas de protección de tu casa que no son una molestia. No dicen “Para evitar que te atropelle un borracho, no salgas los fines de semana”, sino que hacen campañas contra quienes conducen tras beber o consumir drogas. Ni te dicen que no vayas al fútbol porque está lleno de ultras sedientos de sangre, sino que avisan discretamente de que hay que tener “respeto” y que allí están ellos vigilando los estadios.  Es una diferencia notable de la que ya he hablado antes.

Aquí se está perdiendo una buena oportunidad de educar de verdad sobre el sexting, así que lo vamos a intentar aquí. Estos consejos son, para variar, para la persona que envía sus fotos, o sus mensajes. No pretendo culpar a ninguna víctima de lo que le ocurra (suponiendo que las fotos que envíes sean mal utilizadas), sino ayudarte a que te diviertas con más seguridad.

  1. El sexting resérvalo para gente que conozcas muy bien, preferiblemente quienes conozcas en persona. En internet es muy fácil asumir una personalidad falsa y hay quien lo hace expresamente para estas cosas. Es sencillísimo mentir por internet. Las personas más vulnerables a esto son los menores de edad, aunque nunca se sabe.
  2. Recorta tu cara o cualquier otra cosa que te identifique de las fotos que mandes. Si alguien insiste en pedir una foto en la que salga tu cara como prueba de confianza o algo así, HUYE. Nadie puede pedirte pruebas de confianza, de este tipo o de otro.
  3. Hablando de pruebas: si alguien te pide fotos porque tienes algo que demostrar, corta la relación con esa persona. Esto es como el consentimiento sexual: ni “si me quisieras lo harías”, ni “hazlo por mí”, ni “¿es que no confías en mí?”, ni nada. Si la relación depende de que cumplas los caprichos de quien te pide fotos, si por ejemplo te insulta o critica por no enviarlas (“reprimida, egoísta, presumida”), termina la relación. No es una cuestión de proteger tu intimidad, sino de que quieren manipularte y no te respetan.
  4. Repito: trata el envío de fotos sexys como tratarías el sexo. Hazlo cuando te apetezca a ti, sólo si a ti te resulta sexy y divertido. Tu misión no es complacer a la otra persona, sino disfrutar juntos.
  5. Del mismo modo, rompe una relación con alguien que te envía fotos no deseadas. Trata el envío de fotos no deseadas como tratarías el sexo no deseado. Por tanto, si quieres tomar la iniciativa tú, pregunta primero.
  6. Borra las imágenes. Conserva los chats. Releer chats e emails te puede dar mucha perspectiva cuando estés intentando decidir si estás o no a gusto en una relación.
  7. Y por supuesto, el momento de recurrir a la policía es tan pronto como te amenacen o chantajeen.

Evidentemente, lo más seguro de todo sería no mandar nunca imágenes sexuales. También sería más seguro no salir nunca de casa. Con esto, como con cualquier conducta sexual, primero la seguridad, luego el consentimiento de todos los participantes tú incluido, luego el placer. Si te falta alguno de esos tres elementos, no merece la pena.

Cerrar capítulos

Glasgow clock

He vivido en tres países y ocho casas; diez mudanzas, o un número en realidad infinito, porque la vida de los tres a los trece años nunca cerró la maleta.

Se me da bien llegar, me adapto enseguida. Se me pegan trozos del acento, añadiendo giros sueltos al collage anterior. Los nuevos amigos (más los extranjeros que los españoles) notaban qué rápido llamo “mi casa” a un piso sin amueblar. Llego bien, me voy casi siempre a disgusto, y cuando aterrizo en el siguiente destino, empiezo un capítulo nuevo. Desde cero.

Esta adaptación tiene sus partes siniestras. Además de no sentirme de verdad de ningún sitio (no, de Sevilla tampoco), me acostumbro fácilmente a cerrar fases. Como si fueran capítulos. Esto afecta a más cosas que las mudanzas: relaciones y aficiones que a veces terminan, carpetazo, y como si nunca hubieran existido.

No es que se me dé mal mantener relaciones a distancia. Siempre hay amigos queridos que hacen de ancla sujetándome a algún lugar al que quiero volver. Es más bien la sensación de “hasta aquí hemos llegado”, de final absoluto, cuando no continúo algo que había sido vital hasta entonces, y cómo los reencuentros, cuando los hay, parecen relecturas de libros terminados hace muchísimo tiempo. Esa otredad. Aquella amiga, aquel grupito, los años dedicados obsesivamente a una afición, ¿realmente me ocurrieron a mí? ¿tanto me importó todo eso?

Toca cambiar de agenda de papel, lo que más se parece a esos cierres de capítulo,  y lo que se queda atrás provoca a veces la satisfacción de dejarlo todo limpio y ordenado, y a veces algo de pena. Este año es de los segundos.

Quiero hacer cambios y empezar proyectos sin cerrar ningún libro, sin terminar ninguna de las relaciones que tengo ahora.

Quiero empezar, pero no desde cero.

No quiero sentirme a la deriva.

Ancladme.