La biblioteca a pleno rendimiento

PHOTO_20141110_114414Ayudantes al principio del curso.

Las bibliotecas escolares, al menos las andaluzas, son cosa del azar. Se mantiene por la buena voluntad de un puñado de docentes, formados a trompicones, con dedicación parcial arañada aquí y allá al resto del horario. Hace tres años que llevo la mía, y casi todas las que conozco funcionan desde hace poco. Cuando eres “el bibliotecario nuevo”, lo primero que tienes que casi siempre es catalogar.

En mi centro, la historia es entrecortada. Un experimento en 2005, y hace unos cinco años, por fin la coordinadora anterior a mí, que catalogó casi todo lo que faltaba. Ella dejó el puesto y continué yo. Aunque la catalogación informatizada era casi completa, tardé un año en tener la biblioteca verdaderamente operativa, y otro, para que la usaran con normalidad mis alumnos (los estudiantes a los que yo no daba clase apenas la utilizaban). Este año, por primera vez, la biblioteca está normalizada como un espacio y un servicio más del centro. Influye que los primeros alumnos para los que el préstamo y la encargada única fueron una novedad llevan ya tres años: el curso que viene, no quedará alumnado que la haya visto cerrada.

Hago muy pocas actividades de fomento de la lectura. Abro los recreos, echo a los que molestan, presto libros y recomiendo. Casi siempre está llena. He acabado por pensar que lo único que necesitas para meter a un crío en la biblioteca es que no le resulte ajena. Si no lo echas, entrará. Naturalmente, hay muchas maneras de “echar” a un crío de una biblioteca, y la mayoría son invisibles.Un factor importante es que los niños y adolescentes huyen de la biblioteca si creen que “no va nadie”. “Nadie” incluye niños pequeños, y cualquier adulto.

Hay rasgos fáciles de cumplir que atraen a un alumno a la biblioteca escolar. Por ejemplo,  el horario de apertura sea predecible y amplio y el personal permanente. Dicho de otro modo, si cada día de la semana vigila la sala alguien distinto, los niños vienen menos, aunque no interactúen con esa persona. Imagino que un bibliotecario permanente, que además es un profesor que conocen aunque sea de vista, les da cercanía, reduce la timidez y transmite más la sensación de que es un servicio para ellos y no un profesor “de guardia”, vigilando. También, curiosamente, si la biblioteca presta servicios variados es más probable que los niños acudan aunque sólo les interese uno de ellos. Es decir, por raro que parezca, una biblioteca que preste libros es más popular como sala de estudios que una sala de estudios pura. tendrá que ver con esas sensaciones indefinibles que hacen que un lugar sea acogedor o no…

Y ahora, a repasar cosas que van bien y mal. Lo bueno:

  1. He tenido un equipo de apoyo fantástico. Profesoras que han hecho un hueco en su horario y se hacían cargo de la biblioteca sólo por ayudar.
  2. Como dije antes, que los alumnos se han acostumbrado a usar la sala para estudiar o como un lugar más tranquilo que el patio para pasar el recreo.
  3. Muy poco a poco, las actividades de animación tienen una estructura y un sentido. No son muchas: carteles mensuales con recomendaciones, un taller puntual de creación literaria para 2º ESO y una salida a que el alumnado de 1º de ESO se saque el carnet de la biblioteca pública. Quiero expandir a una actividad por trimestre, o por nivel. Alguna de las ideas que tengo pensadas son un reto literario (un juego de preguntas), un podcast. También es necesario distinguir qué actividades fomentan la lectura (las recomendaciones y la excursión a la biblioteca claramente consiguen lectores) y las actividades de animación (un reto literario puede ser divertido pero es para alumnado que ya es aficionado a leer). He comprobado que lo que más anima a leer es, sencillamente, tener a disposición de los lectores potenciales material de lectura que se adapte a sus gustos. No se trata de hacer actividades divertidas sin más, sino de conectar para que descubran “su” libro.
  4. El fondo empieza a parecerse a lo que yo querría. Narrativa juvenil muy moderna, más cómic, más no-ficción. Todavía queda mucho por hacer, pero estamos en ello.

Cosas que quiero mejorar:

  1. La comunicación con los profesores que no forman parte de equipo de apoyo. La comunicación de lo que hago es un problema en más sitios, no sólo en la biblioteca; cuántas veces hago una actividad que funciona muy bien, pienso “esto es para ponerlo en el blog”… y se queda en el limbo. En este caso es una cuestión de cambiar mi método habitual de trabajo, ser más sistemática, e incorporarlo a la rutina semanal o trimestral.
  2. El préstamo ha bajado muchísimo desde el año pasado, y la verdad es que no sé por qué.
  3. No he tenido equipo estable de alumnado de apoyo.
  4. Necesito más cartelería, algo me que da una pereza infinita. Véase el punto anterior.
  5. La participación de las familias. Llevo todo este tiempo queriendo estimular el uso adulto de la biblioteca. El año que viene toca empezar de verdad.
  6. El ruido en la sala a menudo impide trabajar. Echo a los que vienen solo a molestar (son muy pocos pero muy insistentes), pero  no puedo pedir silencio porque veo a muchos preguntarse la lección o hacer trabajos en equipo. Pero hablan a gritos, o charlan.  Tengo que enseñarles a hablar en voz baja.

En conjunto, ha sido un buen año, aunque haya sido más de continuidad que de crecer. Tengo ganas de continuar el próximo.

Un comentario en “La biblioteca a pleno rendimiento

  1. Acabo de descubrir tu blog, por mera casualidad mediante un enlace a tu ultimo post, el cual me ha llevado a los siguientes.

    Me ha encantado leer tu proyecto con la biblioteca, sublime!

    Mucho ánimos.

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