Las “tutorías con las familias” en educación.

Una de las partes más invisibles del trabajo del profesorado es la entrevista con las familias. Cuando hice cursos de preparación pedagógica y metodológica nunca se las mencionó, excepto para decir, de pasada, que hay quien protesta porque “hemos suspendido a su niño”. Sí, a veces la cita con la familia puede tener que resolver un conflicto, pero hay bastante más que saber.

Para empezar, el protocolo que se sigue. Yo puedo hablar del que me he encontrado en los institutos de secundaria de Andalucía. La cita puede ser a petición de la familia, que normalmente te lo comunica a través del alumno, o del profesor. Los profesores tenemos montones de cosas que hacer que nos vienen impuestas, y es difícil tener iniciativa para citar tú, pero en algunos momentos (esas rebeldías adolescentes, el paso de Primaria a ESO, esa criatura que ves venir que va a suspender muchas como no cambie…) una llamada de teléfono a tiempo puede arreglar mucho.

Si eres tutor, legalmente se reserva a esta tarea una hora semanal, que en muchos casos es por la tarde. Como yo me extiendo bastante en esas reuniones, me da tiempo a ver a pocas familias y por eso también meto algunas citas en huecos que tengo en mi horario de mañana. Entre llamar por teléfono, hablar con otros profesores, la reunión en sí, y llevar un registro, probablemente me coge un par de horas semanales de media. Pero nada, cita cogida y lo siguiente es conseguir que los demás profesores rellenen una hojita con la información que consideren relevante sobre el alumno: cómo se porta, si hace las tareas, y qué notas saca. Las primeras veces me extrañó, yo creía que los niños llegan a casa y cuentan qué les han puesto en tal examen o si tienen deberes, pero resulta que no, que algunos mienten o disimulan. Algunos padres se enfadan mucho cuando se enteran, y otros se resignan a que sus hijos no hablen en casa de ningún problema académico.

Y entonces llega la cita. Tienes que tener preparada la hoja en la que los profesores han apuntado sus observaciones y cualquier otra información que consideres necesaria. Aunque parezca una tontería, con la persona que venga lo primero que tienes que hacer es identificarte (sabe que eres el tutor o tutora pero quizá no sabe ni cómo te llamas ni qué materia das) e identificar a quien ha venido. En mi experiencia, la cita suele ser con la madre, pero también veo a padres, abuelas, abuelos, tutores legales, y cuidadores de facto sin relación de sangre, además de a la actual pareja de la madre y a hermanas mayores.

Las familias vienen casi siempre a que se las informe del progreso académico, pero no es lo único que quieren saber. En época de notas vienen a que se les cuente la causa de los suspensos, y eso no debe ponernos a la defensiva, ya que muchas veces quien parece que viene a protestar porque cree que su hijo mereció otra cosa lo que quiere saber son los motivos: ¿necesita refuerzo? ¿tiene dificultades porque trabaja y aún así no comprende? ¿no ha trabajado lo suficiente? ¿por qué no me avisaron de que no hacía nunca los deberes? (y aquí es donde te das cuenta que deberías haber citado tú a esa familia semanas antes). También hay familias con hijos que trabajan más y mejor si están un poco “controlados”, y vienen a verte una o dos veces al trimestre para que su hijo sienta esa vigilancia. A veces, si el alumno está en un curso inmediatamente anterior a que haya optatividad, es bueno orientar a los padres sobre cuáles son las opciones futuras de sus hijos sin necesidad de que pregunten.

Hay reuniones agradables, tipo “yo lo que quería era ponerle cara porque si no es muy frío, que mi hijo pasa aquí con usted todo el día” y reuniones muy desagradables, como cuando te toca arreglar un caso de acoso escolar o cuando una familia está enfrentada con un profesor (tú o un compañero). En cualquier caso, las desagradables son una excepción. Lo más importante es tener toda la información muy clarita antes de que la familia llegue, y si no puedes tenerla, saber a quién tienes que preguntar.

Muy pocas veces he tenido una reunión simultánea con la familia y un alumno (exactamente dos veces en toda mi carrera). No suele ser una buena idea porque el adolescente va a sentirse demasiado presionado por tanto adulto hablando de él, y se puede cerrar en banda. Estas reuniones sí son una buena idea cuando ha habido malentendidos: el alumno nos ha mentido y queremos aclararlo entre todos, hay un caso de acoso y la presencia de un familiar adulto es reconfortante, queremos orientar unas técnicas de estudio que el adulto puede asistir porque el niño solo no va a saber… es decir, algunas situaciones muy puntuales.

Por supuesto, se puede atender por teléfono o email. Yo reservo el teléfono solo para lo que es urgentísimo, y el email lo uso siempre que la propia familia me lo pide. Aunque sea lo más rápido, me gusta el trato en persona.

La cita con los padres es una rutina más del profesorado que no se valora lo suficiente. Hay que tratarlas con el respeto que merecen y no verlas como un fastidio, aunque como no son una tarea sistemática, siempre parecen un “extra”. Un par de reuniones con una familia pueden aclarar dudas, prevenir conflictos posteriores, e incluso salvar la trayectoria de un niño.

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