Archivos mensuales: enero 2016

21 días, días 14 y 15. Casi descansando.

El sábado decidí dármelo entero libre. El domingo quería hacer muchas cosas, pero también quise reservar tiempo para cuestiones personales y al final no trabajé mucho.

He subido a Soundcloud una canción cantada por mis alumnos de primero, y he corregido un examen también de un grupo de primero. Aprueban un poco más de la mitad, y la media es el aprobado raspadito. Estoy muy satisfecha porque el tema no era fácil y además tuvimos que dividirlo debido a las vacaciones de Navidad.

Me da muchísimo coraje no haber podido hacer nada más, pero bueno, el lunes seguimos.

Horas lectivas y no lectivas: 0.
Horas reales trabajadas: 2.
Tareas pendientes: 25 (hace una semana eran 22).

21 días, día 13. Día de la Paz.

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Hoy tendría el recreo libre y cuatro horas de clase pero es el día escolar de la paz y tenemos una celebración al final de la jornada.

Primero. Hoy toca que me entreguen un trabajo que han hecho por equipos, sobre animales. Recojo, tomo nota de quién no ha participado en ningún trabajo, y doy algunas indicaciones sobre la diferencia entre buscar información y plagiar. Dos de los trabajos han consistido en copiar largos párrafos de wikipedia, en inglés o en español, usando traductores online. Intento mediar entre gente que tenía que coordinarse y no lo hizo, y doy unas pautas sobre cómo hacer un trabajo así sin hacer trampa. Fundamentalmente: no copies nada que no entiendas.

Se nos va casi toda la clase con esto. Los que tienen intención de hacer tarde o de mejorar su trabajo toman nota. Empezamos un ejercicio, pero solo da tiempo a explicar cómo se hace. Se queda para la semana que viene.

Me quedo sin recreo porque algunos profesores nos tenemos que reunir con la dirección para abordar algunos problemas muy generales de rendimiento y de conducta de un grupo concreto. Qué pena el cafelito que no me he podido tomar…

Segundo. Están un poco distraídos y tengo que decirles a casi todos, de uno en uno y por su nombre, que saquen el cuaderno de inglés. Esta vez trabajamos casi todo en español: les explico mientras copian (o solo escuchan) la teoría del pasado simple. Hoy no hay verbos irregulares. Remato toda la teoría del tema y ahora solo nos queda practicarlo las próximas semanas. Da gusto cuando se trabaja bien. Hacemos dos ejercicios, uno en afirmativa y otro con preguntas. Cada vez tenemos menos problemas para que lean en voz alta aunque sea con errores.

Primero. La clase es casi igual que la que tuve antes del recreo, pero más corta, porque a y media nos vamos al patio. Me limito a comprobar quién me entrega el trabajo y quién no.

En el patio, pasamos una hora al sol con distintas actividades relacionadas con el día de la paz: leer un manifiesto, escuchar a alumnos bilingües leer unas frases en sus lenguas maternas (árabe, portugués, rumano… cerca de una docena), ver una coreografía a una canción sobre la paz, lo típico de esta ocasión. A las dos y media, recogemos y los niños tienen un rato libre hasta que nos vamos a las tres. Y a lo largo de la mañana de hoy, día de la paz, he separado por lo menos cuatro peleas, casi todas a patada limpia, casi todas en broma…

En casa, escribo un pequeño documento sobre lo que se habló en la reunión del recreo. Y cierro por hoy. Mi plan para el fin de semana es no hacer nada de trabajo el sábado, y hacer muchas cosas el domingo.

Horas lectivas: 4.
Horas no lectivas: ninguna.
Horas reales trabajadas: 5.30

21 días, día 12. El peso de mis bolsas.

Los jueves son el único día en el que tengo que estar en el centro todas las horas: tengo dos clases, una hora de permanencia, el recreo (teóricamente de papeleo; lo dedico a la biblioteca), una hora teóricamente libre y dos clases más. La hora a la que estoy teóricamente libre la tengo reservada para usar la biblioteca, y si descanso es el la que teóricamente estoy haciendo papeleo.

Primero. Todos los miércoles salgo a las dos creyendo que mi trabajo es inútil y todos los jueves me reconcilio un poco con ellos; la verdad es que de 1 a 2, a la quinta hora de clase, ni están ni pueden estar en su mejor momento. Empiezo con los deberes: los han hecho tres personas. Llevan dos semanas con la misma confusión: el primer día de clase del trimestre, les dije que en dos semanas (mañana viernes) tenían que entregar un póster creado por equipos. Eso ha provocado que cada día, todos los días desde entonces, se hagan un lío sobre los deberes que mando un par de veces a la semana, cortos, fáciles e individuales, y El Trabajo De Los Animales, un trabajo amplio, creativo y para hacer en grupo. Me han preguntado cada día cuándo había que entregarlo, cómo había que hacerlo… y ha sido la razón de que no hagan los deberes “normales”, porque no les cabe en la cabeza que ponga dos tareas distintas, una corta para mañana y una larga para dentro de dos semanas. No es una cuestión de que no tengan tiempo de hacerlas (esa no es su protesta en absoluto). Además, me están haciendo unas preguntas muy precisas sobre la presentación. Explico por enésima vez que valoro la presentación y el uso de fotos o dibujos con el 25% de la nota, pero que la técnica es libre.

A continuación remato el vocabulario de las partes de la ciudad con una comparativa entre qué entienden ingleses y americanos por “pub” y “bar” y algunas diferencias entre esos y otros locales de restauración españoles y extranjeros. La semana que viene quiero trabajar con Tom’s Diner y quiero que conozcan de antes la palabra “diner”. Por último, vemos la teoría del presente continuo que el otro grupo de primero vio ayer.

Tercero. Tienen un examen. El profesor que da Alternativa a la Religión en mi tutoría, un 2º, me dice que si le dejo una película de la biblioteca o del departamento de Inglés, que le ofrecí anteriormente. 2º y 4º, regidos por la LOE, tiene una hora de estudio semilibre a la semana; 1º y 3º tienen ética. Él vigila mi examen mientras escojo una película para mi clase. Mientras vigilo el examen, preparo una temporalización de lo que queda de trimestre empezando por tercero. Me veo corta de horas y hay festivos que no me esperaba. Me dicen que piensan asistir a clase en Carnaval y uno me avisa de que va a faltar dos semanas enteras de mayo, para irse al Rocío.

Hora de papeleos. Dedico un ratito a hablar con la profesora de “apoyo” (su materia no se llama realmente así). Los alumnos con peores dificultades, da igual la naturaleza de las mismas, pasan en su aula un número de horas que depende de la gravedad de su caso. Un par de alumnos están allí más de la mitad de la jornada; otros, una o dos horas al día. Podría dedicarse solo a los casos más graves, pero esta compañera llena el “aforo” de su pequeña clase. Hoy faltan muchos, por resfriado, y está prácticamente sola. Comentamos la evolución de tres o cuatro alumnos que tenemos en común.

Paso el resto de la hora rellenando el cuaderno de tutoría. Los tutores tenemos que llevar un registro de qué actividades se han hecho cada hora semanal de tutoría. También tenemos que levantar acta de cada reunión individual con una familia y con alumnos. Yo me he despistado un poco y hace varias semanas que no hago el registro de lo que hacemos en clase. Cojo un calendario y mis apuntes, hago memoria y hala, completo.

Recreo. Hoy hay muchísimo ruido en el pasillo, porque como hace frío, no quieren salir al patio. Hay gente sentada en el suelo comiendo bocadillos y tirando mini tetrabricks al suelo. Después de mucho insistir, se van. Dentro de la sala hay corrillos charlando o trabajando. Una niña de primero de las que vieron las láminas de Lucien Freud vuelve a coger el libro para montar un coro de risitas mientras su amiga estudia, o lo intenta. Cojo el libro y lo meto en un cajón. Si estuvieran calladas me daría igual, lo que no soporto es el corrillo de alborotadores fastidiando a los que trabajan o leen. Un niño que estaba en apoyo mientras hablaba con su profesora me devuelve un cómic que no le ha gustado, y se lleva otro “porque quiere estar siempre leyendo algo”. Espero que disfrute de los monstruitos que se lleva.

Mi hora libre la he usado para poner un examen a cinco de primero que faltaron por enfermedad el día que tocaba. Me hacen más preguntas sobre aspectos nimios del trabajo que me tienen que entregar mañana: en ninguno de los dos grupos han entendido de verdad que la técnica era libre. Mientras hacen el examencito, quiero corregir exámenes pero no me da tiempo: me paso casi toda la hora ordenando papeles, sobre todo fajos de exámenes. Hay cosas que tengo que llevar al departamento, otras a mi casillero y otras me las tengo que quedar yo, y doy unos cuantos paseos cuando los cinco terminan el examen. Los trastos que llevo pesan una tonelada, menos mal que las clases que me quedan son las dos sin radiocassette.

Segundo. Empiezo por preguntarle a la alumna angloparlante si quiere corregir la parte que es tipo test de los exámenes de primero, y dice que sí, bendita sea. Si hacemos una actividad comunicativa me gusta que participe, pero hoy toca algo un poco machacón. Es la primera vez que voy a comprobar que han estudiado los verbos en casa; casi dos tercios los han hecho. El proceso que sigo es darles un grupo de verbos irregulares con algún punto en común (terminados en -t, la vocal se transforma en -o-, etc) en clase. Sólo infinitivos. Pregunto las traducciones al conjunto de la clase. Pongo en la pizarra digital el listado completo, infinitivos, pasados, participios y traducciones, los leo y repiten después de mí. A continuación, los lunes y los jueves voy a (porque se traen el papelito a clase) que se han hecho un pequeño auto-test para ver si los recordaban. Empezamos con los verbos que tienen las tres formas iguales (cut/cut/cut) y hoy tocan los que acaban en -t (bend/bent/bent). No sé si este método va a funcionar, pero de momento tiene un inconveniente respecto al tradicional de darles la lista y preguntar para ver si se la están estudiando: consume muchísimo tiempo. Tardamos media hora entre comprobar si han revisado el primer grupo, y darles el segundo. Esto significa dedicar la mayor parte de las próximas 3-4 semanas a introducir la lista. Creo que va a merecer la pena, pero se supone que tengo que dar un temario de nueve temas en un año y veo claro que voy a tener que sacrificar no ya uno, sino casi seguro que dos. ¿Dar una programación más completa o que se aprendan esta vez de verdad sí los verbos? Ay. De ahí pasamos a las instrucciones de una redacción. Montan mucho alboroto.

Última clase del día.  Repito casi lo mismo que he hecho en la clase anterior, con la diferencia de que ponen más interés pero charlan entre ellos mucho más. Estoy afónica.

En casa, peso mis bultos. 8 kilos sin contar el reproductor de CD.

Horas lectivas: 4.
Horas no lectivas: 1.30
Horas reales trabajadas: 6:30.

21 días, día 11. Preparando el Día de la Paz.

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El día empieza con tercero. Los deberes son una autoevaluación de verbos irregulares, que la mayoría ha hecho. Pasamos a otro grupito de verbos, lo repasamos y la autoevaluación se queda para el lunes. Pasamos a un ejercicio de escucha que cuesta muchísimo hacer porque no podemos reproducir sonido desde el ordenador (pizarra digital rota o desconectada, no lo sé), y el CD portátil se niega  reproducir el disco, el original de la editorial. Creo que está en las últimas. Leo el guión de medio ejercicio y el otro medio se deja escuchar desde el aparato. Corregimos; éste les ha costado. Intento hacer un poco de conversación, pero me miran como si hablara en ruso; el tema no les interesa. Paso a introducir la próxima cuestión gramatical que vamos a ver la semana que viene.

Primero. Arrancamos bastante bien; corregimos deberes (muy sencillo: hacer dos listas, una de tiendas y locales que tu pueblo no tiene y otra que sí). La mitad de la clase no los ha hecho. Hoy toca el presente continuo; presento toda la gramática de un tirón, en español cuando quiero comparar la gramática de los dos idiomas y en inglés cuando pido o pongo ejemplos. Tienen muchas ganas de participar y cuesta que no lo hagan todos a la vez. Damos toda la gramática de una unidad didáctica en dos patadas, los felicito y se alegran. Hacemos un ejercicio, y eso ya les cuesta más.

Segundo: tutoría. Hoy nos toca hacer una tarea que nos ha mandado Orientación para preparar el día escolar de la paz, el 30 de enero. Estoy desanimada porque todo queda siempre en buenas intenciones, son días en los que hay que cubrir el expediente y tengo más ganas de ir al dentista ahora mismo que de hablar de Paz con mayúscula. Tenemos que pensar en varios lemas y decorar una o varias palomas de las que tenemos la silueta en una fotocopia. Les insisto en que no podemos entender la paz como lo opuesto de la guerra que ocurre en países lejanos. Pongo la definición de la RAE en la pizarra digital cortando las definiciones religiosas y les pregunto qué rompe la paz en el instituto. A base de ir haciendo preguntas y estimulando cierto debate la pizarra acaba con tres columnas: una de problemas (peleas), otra de causas (discriminación, ruido) y otra de soluciones (saber escuchar, igualdad). Cuando hablamos de discriminación hablan espontáneamente de machismo y racismo y yo introduzco el clasismo y la homofobia, que conocen como ideas aunque las palabras sean nuevas. Convertimos la tercera columna, la de las soluciones, en lemas. Son muy originales. Insisten mucho en que el “lema de la clase” (sus palabras) que decora el tablón de corcho tiene que ser el lema ganador que entreguemos a la Orientadora. Ellos no lo saben, pero es el imperativo categórico kantiano formulado en términos coloquiales (pórtate como quieres que lo haga todo el mundo). Unos voluntarios  hacen pósters. Mucha gente señala quiénes deben dibujar, es bonito ver que se aprecian unos a otros. Es todo un poco caótico al final, pero en conjunto ha salido bien.

Recreo en la biblioteca. Hay más gente de lo habitual. Mis ayudantes devuelven los libros a su sitio. Echo a un par de niños que han venido a “hacer un sorteo” (!!) y se van la mitad. Todo el mundo hace mucho ruido. Es inevitable si están trabajando en equipo; no saben hablar en voz baja.

Después del recreo, me encuentro en el pasillo con una niña que llora hipando (no es la misma de ayer). Parece otro ataque de ansiedad, pero es un disgusto por una pelea. Estos ataques aparatosos no son tan frecuentes como enfermedades misteriosas, dolores de cabeza y de barriga, mareos… cada día, por lo menos un par de alumnos vuelven enfermos a su casa o pasan una horita en el sillón de la entrada.

Reunión de tutores con Orientación. Hoy apenas hay novedades. Esto pasa a veces; como algunas reuniones tienen que estar en el calendario semanal, no siempre hay novedades, mientras que para otras que a lo mejor hacen falta hay poco tiempo. Es una consecuencia inevitable de las pocas horas presenciales-pero-no-lectivas que tenemos. Cuando la orientadora termina de informarnos sobre algo que pasará la semana que viene, aprovecho para pasar faltas de asistencia a la aplicación informática, actualizar la hoja de cálculo de las clases usando mi cuadernito, y enviar avisos por SMS a las familias de los alumnos que han acumulado muchos “negativos” de conducta o de falta de trabajo. Tengo el tiempo justo para esas tareas administrativas: toca el tiembre en cuanto termino.

Primero. Terminamos en veinte minutos el ejercicio de escucha que no pudimos hacer en el examen del viernes pasado. Tardan muchísimo en estar listos. Les entrego el ejercicio en forma de papelito, separado del examen original, y cuando termino, intento hacer lo mismo que en el otro grupo: la teoría más básica del presente continuo. Aquí es más difícil. Charlan, no trabajan, o se pierden. Sobre todo, muchos no están copiando lo que pongo en la pizarra. Es el cuarto tema y saben ya que desmenuzo la gramática mucho más que el libro (que no tiene explicaciones teóricas de ningún tipo, por otra parte). Los que no están escribiendo es porque están distraídos, porque esperan una orden directa y dirigida a ellos (JUAN, copia eso)… me enfado mucho con un niño que ha arrancado una hoja del cuaderno con los esquemas a medias y ha empezado a copiar de nuevo. No hay ningún problema en la hoja arrancada. Esto es algo que al principio hacían todos: el cuaderno tiene que estar perfecto y además incluir todas las respuestas a todos los ejercicios, tanto si los han hecho como si solo están copiando sin pensar. Vuelvo a repetir una vez más, en español, para qué sirve el cuaderno y que el objetivo no es que quede “bonito”.

Me voy a casa de mal humor. He dado casi todas las clases a gritos. No riñendo, no, solo gritando sin darme cuenta por encima del ruido constante. Me duele la garganta el resto del día.

En casa, hay muchas cosas que quiero hacer pero no tengo tiempo de ninguna, entre cuestiones personales y que quiero descansar. Estoy intentando dormir todas las horas que me pida el cuerpo y cerrar todo lo que sea trabajo a las nueve como muy tarde; no hay manera de hacer eso y  adelantar trabajo. Dos clases empiezan a impacientarse porque quieren que corrija exámenes o prepare trabajo con canciones, pero hoy no va a ser el día. Creo que es el primero desde que empecé este experimento en el que no hago horas extras.

Horas lectivas: 4.
Horas no lectivas: 1:30
Horas reales trabajadas: 5:30

21 días, día 10. Ir pa ná es tontería.

Los martes solo tengo clase de 1 a 3, pero estoy en el instituto desde muy temprano para adelantar trabajo. Más me habría valido quedarme en casa, en serio.

Comento un par de cuestiones de material y fotocopias con una conserje y me entero de que no hay internet. Bueno, no puedo registrar las faltas de asistencia de mi tutoría, ya haré otra cosa. El ordenador del departamento no va, parece que no tengo luz. Le pido a la conserje que compruebe el diferencial (esas cosas están bajo llave) y mientras puede hacerlo, ordeno mi caos de papeles. Completo tres formularios que solo puedo hacer a mano (justificantes de días en los que no he estado, seguimiento oficial de alumnado de bajo rendimiento). Por fin tengo ordenador (pero internet no).

Toca el timbre, cambio de clase, busco a dos niñas a las que iba a poner el examen en fecha alternativa. Una de ellas está en el silloncito de la entrada, respirando de una bolsa y llorando. Ataque de ansiedad galopante en la hora anterior; es algo que pasa bastante a menudo pero este es muy bestia, o por lo menos lo parece. Le digo a la nena que de todas maneras le voy a cambiar la fecha y que se tome una tila cuando recupere el aliento. Me quedo un par de minutos sentada con ella, pobre.

Me voy a seguir poniendo papeles en orden. Tengo la sensación de que no estoy aprovechando nada el tiempo. Hago una especie de lista de tareas que me sirve como miniprogramación de las clases, es decir, un recordatorio de cosas que debo hacer diarias o semanales, refundiendo varios papelitos diferentes.  Empiezo el examen que tercero tiene el jueves. Toca el timbre y me voy a la biblioteca porque la sala es más cómoda, pero resulta que hay una clase que por algún motivo no está apuntada en el cuadrante que sirve para reservarla para usarla de aula. La biblioteca se usa de aula habitual cuando no hay absolutamente nada más libre, o puntualmente cuando una clase tiene el equipamiento audiovisual estropeado. Me fastidia más que nada porque he recogido todas mis cosas arriba y he dejado el ordenador del despacho apagado. En fin. Dejo anotado donde corresponde que esa aula siempre está ocupada a esta hora. ¿Has perdido la cuenta de cuántos papeles he rellenado hoy, oficiales o no? Yo también.

Me tomo un café improvisando una reunión de coordinación con un profesor que da refuerzo donde yo doy la materia principal. Hablamos de seguimiento del temario (yo llevo una semana de retraso, o él de adelanto, según se mire) y del trabajo de niños concretos. Me voy a seguir inventando el examen de tercero.

Recreo. Biblioteca. He imprimido (otro papel!) tejuelos para mis últimas adquisiciones y mis dos ayudantes sellan, tejuelan y colocan. Tengo que salir muchas veces a a la puerta porque se agolpan ahí de tertulia y se oye más que las conversaciones de dentro. Cuando me siento, se lía: llegan cinco niños saludando a voces, riéndose fuerte, sacando a puñados los libros de las estanterías. Uno se va derechito al libro de láminas de arte que dio problemas ayer. Se lo quito de las manos y le digo que no se presta. Alguno de la pandilla me pregunta por qué, y le digo que como tiene imágenes desagradables tengo dos opciones: retirarlo del préstamo o prestarlo solo a los alumnos de 4º. No protestan y les parece una medida razonable. Señalo varias veces, a los alborotadores y a los demás, que solo mis ayudantes “oficiales” y yo podemos devolver los libros a su sitio, porque los desordenan. Es verdad, hay muchos libros fuera de sitio.

Nunca sé qué hacer con los niños que vienen a molestar. Os parecerá raro, pero los hay. No sé si con un poco de paciencia cogerán una semana un libro de láminas, a la semana siguiente un cómic y a la siguiente un Harry Potter, o si tolerarlos solo va a fastidiar a los demás y a estresarme a mí. Normalmente les doy dos o tres días de venir a revolverlo todo antes de echarlos.

Fin del recreo. Miniclase particular semanal con la niña del ascenso meteórico. Todo va bien. Una familia que tenía citada no ha venido. Me doy un cuarto de hora de descanso y acabo el examen de tercero. ¡BIEEEEEEEEEN!

Clase en primero. Están casi todos de pie, no, por el ruido parece que haya un partido de fútbol o vete a saber si una pelea al fondo de la clase. Según voy diciendo nombres en voz alta para poner negativos, se sientan. No podemos empezar hasta y diez. Levantan la mano por lo menos seis para hacer preguntas que no vienen al caso, contarme cosas personales, o pedir permiso para ir al servicio.

Hacemos un ejercicio de escucha (estoy haciendo un esfuerzo consciente para que hagamos muchos más de éstos, todos los que el libro proponga). Tardamos mucho en arrancar, pero les sale bastante bien. A continuación empiezo a poner ejemplos del presente continuo. Mi idea es repasar los pronombres, completar con el verbo to be, y entonces introducir los gerundios al lado de las dos columnas ya escritas en la pizarra. Sorpresa: alguien que trabaja lo mínimo se le adelanta y recita alegremente los pronombres y el verbo to be. Trabajo a partir de lo que unos pocos alumnos me dictan, y entonces empiezo a poner gerundios variados que indican cosas que son verdad y están ocurriendo en ese momento. Acabo añadiendo el título a un ladito de la pizarra, y las excepciones ortográficas. Toca el timbre y observo que una niña no ha copiado nada. Sé que va a clases particulares y me enfado muchísimo; le digo que no es justo que su familia se gaste un dinero que cuesta ganar para que se pase las mañanas de juerga. No me contesta. No tengo tiempo de ponerle una nota en la agenda. Otro día.

Tercero. Han hecho los deberes la mitad; son los mismos deberes que mandé del jueves para el lunes y que el lunes no hizo casi nadie. Hay tres chicos que no los hacen nunca; cuando les digo que voy a mandar avisos a casa, uno de ellos se pone un poco violento. Corregimos oralmente y tardamos casi toda la hora. Algunos descolgados están empezando a entender cosas antes difíciles. El que pronunciaba con gran dificultad lee muchísimo mejor. Pego una voz cuando oigo un “maricón” y amenazo al culpable con ir a hablar con su madre, que despacha en una tienda cerca de mi casa y él lo sabe. Eso deriva en un coro de “maestra, el otro día te vi”. Les sorprende que viva en su barrio, supongo, o que no vaya en coche a todas partes. Hago una broma sobre mi incapacidad de volverme invisible y aprovecho para hablar en inglés de mi ruta caminante habitual; a partir de lo que ya saben deducen block of flats, bridge, roundabout.

Tengo la sensación de que me he pasado el día corriendo en círculos y de que no he avanzado nada, aparte del examen de tercero.

Una vez en casa, no tengo ganas de nada, tampoco tiempo. Mañana igual me arrepiento, pero hoy paso.

Horas lectivas: 2.
Horas no lectivas: 1.30
Horas reales trabajadas: 6.

21 días, día 9. Otro lunes infernal.

nighthawks

Como ya he dicho, mis lunes son terribles. Al lío.

Tercero: hoy toca acabar de ver cómo cuenta el libro el vocabulario que empezamos el jueves, hacer un ejercicio de escucha (sí, otro) y probar una técnica nueva para aprendernos los verbos irregulares. Teóricamente esa lista de verbos es materia de 2º, y hay profesores que la convierten en llave para aprobar (con la LOMCE no sé, pero con la LOE me parece ilegal del todo). Esta clase, en conjunto, no la domina, algo bastante habitual en tercero. Haber intentado memorizarla en un curso no basta, hay que utilizar las palabras para comunicarse, leer sobre todo. También repaso deberes. los ha hecho más gente que la última vez, pero no muchos. El tiempo se me va, porque a raíz de un ejercicio del libro me preguntan por el contexto cultural de la película Criadas y Señoras (les explico por qué me parece mala y tramposa), El niño del pijama de rayas (peor aún) y por cuestiones sociales relacionadas con la Segunda Guerra Mundial. Hablamos de Mengele, de la banalidad del mal y del diario de Ana Frank , que no han leído pero conocen por un documental. Me despisto y me dejo enredar un poco; eso se come el tiempo del ejercicio de escucha. Les cuento cómo vamos a trabajar los verbos irregulares a partir de ahora: unos minutos en clase para repasar, y una autoevaluación en clase. La idea la reciben con apatía.

Segundo: ruido, mucho ruido. Primero compruebo si han hecho los deberes y les digo que voy a poner las soluciones en la plataforma online del instituto. Corregir es aburridísimo y llevamos mareando los mismos ejercicios una semana. Leemos las respuestas a otro del libro, y pasamos a los verbos irregulares. Les hago un repaso ultrarrápido de cómo funciona el pasado simple de los regulares, comprueban que está tirado de fácil, y les detallo cómo vamos a estudiarlos (repasos en clase 2 veces en semana, los deberes van a ser autoevaluaciones). He separado los verbos en grupos de los que se conjugan parecido y empezamos con los que tienen tres formas iguales (cut-cut-cut: cortar, por ejemplo). entre todos ven que se saben la mayoría de los significados. Todo bien por aquí.

Primero: nadie está sentado en su sitio y me lío a poner negativos. Me he buscado un cuadernito para dejar de usar papeles sueltos en las clases en las que no hay ordenador. Me hacen tantas preguntas absurdas y tengo que llamar al orden tantas veces que empezamos casi a menos cuarto. Empezamos tema con vocabulario: las partes de la ciudad. Son casi todo nombres de tiendas (panadería, librería…) y cosas como parque y colegio. Les hago que me vayan diciendo las que saben, y en vez de dar una lista corta y simple como el libro, las separamos en tiendas, sitios divertidos, y todo lo demás. No va mal, salvando que me tengo que pasar la hora mandando callar y les obligo a quedarse un par de minutos de recreo para terminar.

Recreo en la biblioteca. Estoy cansadísima y no hago casi nada aparte de ordenar devoluciones. Me chivan (no hay otro nombre: me lo dicen ml y a escondidas) que unas niñas están viendo “cosas que no deben”: es un libro de láminas de arte, poco accesible, con pintura figurativa del siglo XX, así que hay un par de desnudos frontales masculinos, hombres feos, tipo Lucien Freud. A las niñas las conozco, son de primero y están más bien nerviosas y un poco escandalizadas. No les parece divertido y no quieren gastarme ninguna broma como quizá sí harían si tuvieran un par de años más. Les explico con el libro cerrado o con una de las imágenes a medio tapar que es natural que resulte chocante una figura humana mostrada de una manera que no es bonita; lo que yo creo que el artista quiere expresar y qué opinan ellas sobre que ese libro esté en la biblioteca y se pueda coger si a uno no le desagradan esas pinturas tan chocantes. Otras veces he tenido problemas con cómics que mostraban desnudos. Los retiro de la circulación, no por el desnudo sino porque algunos chicos vienen a verlos, reírse y molestar a quienes leen o estudian. Las láminas de arte, en cambio, vuelven a la estantería.

Segundo. Se repite casi la misma clase que en el otro grupo con poca diferencia. Están completamente incrédulos ante mi manera de introducir los verbos irregulares. Una repetidora dice: “¡pero si nos vamos a autoevaluar va a aprobar todo el mundo!”. Más incredulidad cuando les digo que suelo dar aprobados generales de vez en cuando (me pasa en cuarto: otro resultado es un fracaso para mí). Bromeo con que “la página de los verbos en el libro es tó fea” y sugieren arrancarla; les prometo que si se portan bien veremos El Club de los Poetas Muertos. No se saben muy bien lo que significan los primeros verbos. Sobra tiempo y hacemos un ejercicio de escucha que nadie entiende. Un niño quiere dar todas las respuestas de absolutamente todo y dice que no piensa cambiar cuando le digo que deje hablar a los demás.

Primero: otra ronda de puntitos negativos a los que no se sientan. La clase va justo como la anterior, pero sorprendentemente y a pesar de la hora se portan muchísimo mejor. Me sobran cinco minutos para dar la misma materia y ellos mismos han dado extra de vocabulario así que añado una explicación de las diferencias entre pub inglés, bar americano y “bar” en español. Les enseño el típico cuadro de Hopper para que vean qué es un diner americano.

Antes de irme a comer, dejo puesta tarea para un alumno que sale expulsado. Cuando un alumno acumula avisos por mal comportamiento, se puede acabar expulsándolo, pero no es imprescindible. En estos casos, hay que dejar apuntadas actividades para que el niño no pierda clase.

Esta tarde, además de tres familias tengo claustro. Afortunadamente dos madres vienen juntas y muy pronto y las puedo ver antes de la reunión. Más tarde viene un padre separado que no convive con su hijo y acuerdo que lo voy a tener informado con emails. Una madre no viene a verme a mí, pero ya que nos cruzamos me saluda y hablamos de cuánto ha mejorado su hija. Es bonito y me sienta muy bien que me reconozcan el trabajo, la verdad.

Un claustro es una reunión de todos los profesores de un centro educativo. Hay al menos un par por trimestre, rara vez más de uno al mes. El de Enero consiste en ver estadísticas de resultados de la primera evaluación, por grupos, por niveles y por departamentos; comentar un informe sobre las faltas de convivencia; comunicar y si hace falta debatir y cambiar el calendario de actividades del trimestre; y en este caso, organizar qué vamos a hacer por el Día de la Paz y el Día de Andalucía.

No llego a casa hasta las siete. Llevo once horas dando vueltas. Hago un par de tareas prioritarias: meto en la hoja de cálculo los puntos que he puesto en el día, y envío vía online un SMS a las familias de alumnos especialmente revoltosos o que llevan dos semanas enteras sin hacer los deberes. Es más rápido que ponerles una nota en la agenda a los niños.

Horas lectivas: 5.
Horas no lectivas: 1.30
Horas reales trabajadas: 8

 

 

 

21 días, días 7 y 8. Horas extras en fin de semana.

Normalmente, evito corregir en fin de semana. A veces hago otras tareas, ya sean urgentes o creativas. Lo que ocurre ahora mismo es que la semana que entra voy a tener ocupadas dos tardes y la mañana del martes con cuestiones imprevistas o no laborales, así que intento adelantar. Es difícil mantener un equilibrio entre hacer algo más que llevar lo básico al día, por un lado; y ser consciente de que el trabajo no se termina nunca, e impedir que absorba todo el tiempo disponible, por otro.

Me dedico a corregir exámenes de segundo: mitad aprobados y mitad suspensos como en la otra clase, pero más heterogeneidad, notas más altas y más bajas. Actualizo la lista de tareas, aunque norecojo el mar de papelitos que invade mi mesa y mi bolso, solo los junto todos en el mismo sitio. Como tenemos un solo CD con los listenings de los exámenes para dos profesoras y cuatro clases, grabo dos CDs a partir de los mp3 que hice por seguridad hace mucho tiempo, y también un pendrive para mí porque siempre hace falta un plan B. También hago una ficha de lectura para la alumna de la adaptación ya mencionada, refundiendo una que me han dejado y una que veo por internet, y cortopego la letra de Hotel California (ya haré una ficha de actividades otro día). Preparo tres listas diferentes para repasar verbos irregulares, y las subo a la plataforma del instituto, un “aula virtual” que sirve para que los alumnos descarguen material sin tener que fotocopiarlo.

Lo más importante de lo que se me ha quedado por hacer es una temporización de las clases. Ya he puesto las fechas de los próximos exámenes y necesito esa temporización para encajar cada tema en esas semanas. Ni he tocado los exámenes de primero.

Horas lectivas y no lectivas: ninguna.
Horas reales trabajadas: 5.
Tareas pendientes: 22 (hace una semana eran 32).

 

 

21 días, día 6. Accidentes e imprevistos.

A mi tutoría le gusta que ponga esta música como fondo cuando hacemos ejercicios de relajación.

Los viernes son, en teoría, el único día en el que puedo descansar en el recreo. La biblioteca la abre alguien del equipo de apoyo: 5 profesores que se turnan en ello. Lo hacen sin que conste en su horario: oficialmente están descansando. La única ventaja que consiguen son puntos para el concurso de traslados. Esto es algo bastante frecuente en algunas tareas que realizamos.

Hoy, sin embargo, en el recreo abro yo porque mis compañeros ya se encargaron ayer mientras yo estaba en el médico. Es importante para mí que la biblioteca abra todos los días, ya que solo se abre al público en los recreos. Además hoy llueve y no hay apenas sitio donde estar en esos casos.

Mi jornada empieza a las 10:30, pero me levanto muy temprano para corregir exámenes. Termino con un grupo, meto las notas en la hoja de cálculo que también me sirve para hacer una pequeña estadística. Hay un 0,9 y luego todas las demás notas están entre el 2,7 y el 6.3. Media: 4.6. Aprobados: justo la mitad. Descanso un rato, sigo con el otro grupo, y me voy al instituto.

Examen de primero. Quieren colocarse en filas separadas que empiecen en la pared de delante, bloqueando la puerta y todo el camino de salida del aula. Les digo que se echen para atrás. Se colocan, reparto, y doy instrucciones. Les pregunto a ellos que expliquen de uno en uno qué hay que hacer en cada ejercicio. Mi experiencia es que no las leen, esperan a que yo explique. Están muy alterados y resulta casi imposible que se callen del todo y no hagan ruido. No están haciendo trampa, solo ruido. Me preguntan hasta cuatro veces dudas de vocabulario y les digo todas ellas que no les voy a contestar. Me preguntan seis veces cómo se hace el ejercicio 11 y les digo que hay que poner signos de puntuación. Entonces, el desastre: en la funda donde llevo los CDs del libro de texto falta el de los exámenes de primero, el que pone “5 out of 5”. Lo busco por todas partes. No está. Los niños me dan sugerencias sobre qué hacer, todas inútiles. Le pido a uno que busque al maestro de guardia, que viene en un par de minutos, y me voy a buscar el CD. Me cruzo con mis compañeros de departamento: nadie tiene un ejemplar. El problema es que esos CDs están pegados al libro del profesor, que por distintos motivos yo no llevo nunca a las clases, así que metí los CDs en una de esas fundas pensadas para llevar CDs en el coche.

Encuentro un CD 5 en el departamento, pero cuando intento reproducirlo en el examen, está rayadísimo y no reconoce el corte. Me hacen más malas propuestas y les digo que les pondré el listening en ficha aparte el lunes, en diez minutillos. Terminan antes de la hora, parece que el examen me ha quedado corto.

Recreo. Niñas que tienen libros desde diciembre vienen a renovarlos. Un profesor que coordina una reunión a la que no pude asistir viene a pedirme unos datos y se los doy de memoria. Recomiendo Mort a dos que bichean estanterías. hago una copia a mp3 del corte que no se dejaba reproducir en la clase anterior y lo grabo en un pendrive. Recuerdo difusamente una época en la que podía catalogar en los recreos.

Me voy al grupo de segundo del que he corregido el examen y lo entrego. Cuando digo que los tengo, un par de ansiosos preguntan repetidamente “¿y están bien?”. No me dejan hablar. Les enseño la estadística en la hoja de cálculo, les reparto el examen, y les echo el enésimo discurso motivador: sois mejores en inglés de lo que creéis. Un par protestan por no haber hecho el examen adaptado. En un caso no negocio (el examen adaptado ha cumplido su función y ya no estás descolgada) y en el otro sí (haz tu trabajo diario y da menos guerra; el examen adaptado no es un capricho que me puedas exigir). A continuación, mi chasco: nadie, o casi, ha hecho los deberes. Dejo su corrección para el lunes y les digo que si ellos me dan disgustos, yo les daré disgustos a ellos (sí, es poco pedagógico y motivador, pero a veces me sale el ramalazo). Les cuento por encima de qué trata el próximo tema. En dos palabras, que el Past Simple es fácil, que la lista de los verbos irregulares hay que aprenderla sí o sí, y que las próximas seis semanas deberían estudiar inglés a diario si esperan enterarse de algo, no ya aprobar.

Entre aclarar las dudas con el examen y el anuncio del tema 3 (deberes míos para el fin de semana: preparar una plantilla. Ya os contaré), son casi menos veinte. Entre las cosas que puedo improvisar, ya que no quiero corregir deberes, está el vocabulario que introduce el tema 3. Por cierto, si estoy empezándolo no es porque sea muy lenta: he dado los temas 1, 2 y 8 porque me parecía más claro y pedagógico. El tema es la familia y es rápido y fácil poner el típico árbol genealógico en la pizarra. Aclaro las dudas, insisto en los sitios donde sé por otros años que más errores hay, y a poner un examen al otro grupo de primero.

Se ha roto la pizarra digital. Sí, la nueva, la que lleva instalada desde septiembre, cuando nos quitaron el proyector del ordenador que funcionaba perfectamente (cosas de la Junta: hay que usar pizarras digitales, no ordenadores conectados a un cañón proyector, aunque no necesites las funciones de una pizarra digital). Sí, esa pizarra en la que se instalaron esta misma semana los libros de texto digitales. Les digo que tienen que hacer el examen muy calladitos porque estoy muy cansada, y todo transcurre sin novedad, salvo que hacen veinte veces la misma pregunta. Me dan dos versiones sobre la posible causa de la avería: una pelea en broma acabó con una colisión múltiple A empuja a B -> B cae sobre C -> C golpea sin querer la pizarra, y que un niño (con nombre y apellidos) de otra clase vino y la estuvo aporreando. Se lo digo por el pasillo a la jefa de estudios, que dice que habrá que hablar con los respectivos tutores. Los compadezco, o quizá no, porque ellos han salido ya y a mí me queda por dar una clase.

Segundo. Soy la tutora, y a pesar de que ya tuvimos sesión de tutoría el miércoles, pretenden que reorganice ahora cómo se sientan. No me dejo engatusar, pero tengo que dedicar unos minutos a supervisar agendas y citas con sus padres. Compruebo los deberes: no los ha hecho casi nadie aquí tampoco. Los dejo para el lunes, y les doy la misma introducción a los verbos irregulares que hice en la otra clase. Antes del vocabulario sobre la familia, hacemos una relajación con música. Pongo The velocity of love, que ya la conocen. Son capaces de cerrar los ojos hasta con un vídeo de youtube y el proyector encendido.

La diferencia en el repaso del vocabulario sobre la familia es que al comentar el género gramatical father vs. parent hago una broma sobre su típico error “my fathers” y acabamos con un brevísimo debate y muchas preguntas sobre el matrimonio igualitario y la educación de los hijos de parejas del mismo sexo. Algunos arrugan la nariz porque sea posible; otros se escandalizan de que el matrimonio igualitario y la adopción por homosexuales no sean universalmente reconocidas. Un niño dice “pues yo no estoy de acuerdo” “¿con qué?” “con la homosexualidad”. En el coro de protestas escojo a la voz que dice “…derecho a su opinión”. Zanjo esto con que no todo es opinable, y que no podemos tener  un debate sobre los derechos más básicos de la gente. Decir “imagínate que tenemos un compañero de clase gay” ayuda.

Mi bolsa es un caos de papelitos, notas, agendas, exámenes. Eso me agobia muchísimo. La ordeno un poco, lo justo para separar el trabajo que merece la pena llevarme a casa.

Horas lectivas: 4.
Horas no lectivas: ninguna.
Horas reales trabajadas: 6.30

 

21 días, día 5. Una jornada interrumpida.

A este grupo de primero le gusta más esta versión que la de los Beatles.

Los jueves son el día más largo de la semana, pero no cansan. Tengo dos horas de clase, una de gestión administrativa, recreo en la biblioteca, una hora oficialmente libre pero que solo puedo emplear en trabajar (eso os lo explico el jueves que viene), y dos horas más de clase. Sin embargo, hoy es diferente porque tengo que ir al médico. La cosa va así: disponemos de cuatro días por año natural para ir a una cita médica o para estar de baja. A partir del quinto, nos descuentan el 50% del sueldo. Hace 5 años, cuando estaba afónica, si iba al médico me daban entre una y dos semanas de baja. Ahora, directamente no voy al médico, ¿para qué? si no me podría permitir perder tanto dinero. Así fue cómo en noviembre estuve tres semanas con dolor de garganta hast que me obligaron a ir porque tenía una infección y placas de pus. De todas maneras, el dolor de garganta es permanente. No lo he mencionado hasta ahora porque alargo mucho las entradas, pero hace años que me quedo ronca con mucha facilidad. He encontrado maneras de elevar mucho la voz sin que duela mucho más; de hecho me resulta más fácil hablar alto que suave. Duele menos. No se lo digáis a un logopeda, que me riñen.

Volviendo a lo de hoy, si faltamos solo parte de nuestra jornada, no cuenta para quitarnos sueldo. Antes de que existiera la norma me parecía razonable llegar tarde o irme pronto si tenía algo justificable que hacer, y no faltar todo el día si por ejemplo tenía que estar en un curso a las doce. Así que hoy doy las dos primeras horas de clase antes de salir para el médico.

La primera alegría me la llevo antes de entrar: en la puerta, se están besando una alumna mía y una chica que no es de este centro. Las despedidas apasionadas a las ocho de la mañana son habituales, pero suelen ser entre chicas del centro y varones de fuera, y en lugares más discretos que el mismísimo portalón. Nadie pestañea.

Persigo por un pasillo a dos chicas que no entregan libros a la biblioteca, y entro en primero. Ayer se me olvidó poner en la crónica que como nos sobraron cinco minutos de clase y no quería empezar nada nuevo, me recordaron que hace mucho que no cantamos. Se aprendieron de memoria Hello, Goodbye de los Beatles en diciembre y no la han olvidado, así que les dije que hoy la grabaríamos. Practicar una canción, grabar a un grupo entero cantando a coro, solo sonido, sin vídeo, y subirlo a una página web, es una de las actividades más motivadoras que he hecho. Hay ejemplos del año pasado aquí.

Primero corregimos los deberes. Solo los han hecho 10 de 25, pero corrijo de todas maneras. Unas cosas las leen ellos y otras las dicto yo. No tengo ordenador en esta clase (se acaba de averiar) y solo escribo en la pizarra las dudas. Me hacen preguntas sobre nutrición y sobre animales porque los ejercicios tratan un poco de eso, y contesto unas en inglés y otras en español, según lo complicadas que sean. Un niño alaba el nivel de español de una alumna rumana que no sabía nada cuando llegó en septiembre; la integración de los niños extranjeros es admirable y el racismo del alumnado suele ser bastante escaso. Cantan Hello Goodbye porque se han portado muy bien y sobra tiempo, la grabo, y me llevo la tarjeta de memoria de la grabadora para subirla a internet desde casa. La grabadora es mía, no quise gastarme el presupuesto del departamento de hace dos o tres años en algo que solo pensaba usar yo.

Me voy a tercero. En la puerta, un niño viene desde la otra punta del pasillo. Algunos tienen la costumbre de meterse en clases ajenas, lo que puede dar problemas serios porque si se rompe o pierde algo siempre se acusará a “uno de otra clase que vino”. Me ve que pongo mala cara y hace una pose y un gesto de burla. Le digo que si tiene ganas de partes, y dice que él no ha hecho nada. Va a ser peor si me enfrento, así que lo dejo pasar.

Varios protestan por el calor; es verdad que la calefacción está puesta demasiado alta esta semana. Hago que se sienten lo más lejos posible de la pared de los radiadores, y empezamos. ¿Quién ha hecho los deberes? nadie. ¿Quién ha hecho la redacción? Un tercio de la clase como mucho. Les digo que no vamos a usar los deberes como material de clase, que los quiero para el lunes, y empiezo tema nuevo.

El vocabulario suelo trabajarlo siempre de la misma manera. Si el libro dice “la ropa”, y da una lista, casi siempre sin orden, yo les doy cinco minutos para recordar, hago un gráfico o tabla, y lo relleno primero con lo que dicen ellos, luego con lo que no saben en inglés pero tienen curiosidad por traducir, y luego lo completamos con lo que venga en el libro. Evito trabajar con listas descontextualizadas. Este vocabulario es muy frecuente en 3º de ESO, independientemente del libro de texto que se use. Hoy nos cuesta porque algunos tienen unas carencias de vocabulario muy elementales. Cuando llevo diez minutos preguntando para que digan una palabra cada uno por turnos y le toca a un chico muy tímido (o muy inseguro en mi clase, no lo sé), se queda callado mirando fijamente las tablas de la pizarra y tapándose la boca con la mano. Acabo por sacarle con fórceps que no sabe dónde habría que clasificar la que quiere decir (partes de arriba y de abajo, ropa fresca y cálida, complementos y joyas) porque no entiende las palabras que configuran las tablas. Le grito (sí, ya sé que está mal) “Si no entiendes algo, pregúntalo”. Cuando le pregunto qué es lo que no entiende, dice que “nada“. Desgrano, en inglés, despacio, con sinónimos y ejemplos, los significados de cool, warm, y accesories. Cuando llego a top y bottom, señalo la parte de arriba y de abajo de la pizarra, de una silla, de la mochila de una niña, y ya que estoy en el centro de la clase, vuelvo a la pizarra con un sonoro “and this is my bottom” y una palmada. La clase entera menos el tímido se ríe, pero no de él. Seguimos con normalidad y al final tienen interés en saber cómo se dicen los nombres de la ropa interior. Los doy todos. No conseguimos acabar porque no hemos tocado el libro.

Antes de irme al médico, le pido a las conserjes que me hagan copias del examen de mañana, y dejo tarea para que el maestro de guardia supervise al grupo al que no voy a poder dar clase hoy. Agradezco infinito que la biblioteca se coma las horas que podría pasar haciendo guardias, y como es una tarea pesada que a nadie gusta, me tomo en serio la obligación de dejar deberes puestos si voy a faltar.

Por la tarde, tengo más cosas que hacer que tiempo para hacerlas y empiezo por la más pesada: corregir los exámenes de 2º que puse el lunes. Odio corregir con toda mi alma, y suelo tardar mucho en ponerme a ello. Corrijo quince exámenes en hora y media, lo que significa que no voy a poder tener cincuenta para mañana como quería. Pero las notas no son muy bajas y la niña a la que llevo apoyando aparte dos medias horas ha pasado del 2,3 al 4,9.

Horas lectivas: 4. (he cumplido 2)
Horas no lectivas: 1:30 (no he cumplido ninguna)
Horas reales trabajadas: 3:30 (dos por la mañana y 1:30 por la tarde).

21 días, día 4. ¿Llamar, picar o golpear a la puerta?

Bob Dylan, Knockin’ on Heaven’s Door.

Los miércoles vienen completitos: tres horas seguidas de clase, recreo en la biblioteca, una reunión y otra hora de clase. Es decir, cinco horas y media sin pausas igual que los lunes, pero se agradece la reunión. Con un horario como el mío, las reuniones hacen las veces de descansos.

Empiezo con tercero. Son un grupo muy tranquilo, los que menos tengo que reñir. Nunca levanto la voz. Hoy parecen dormidos; iba a empezar con una audición pero no están muy por la labor. Improviso invirtiendo el orden con la actividad siguiente. El libro utiliza la palabra collocations sin definirla y dedico unos minutos a explicar en español, con ejemplos en inglés, español y portugués, la diferencia entre refrán, frase hecha y “collocation”. Les recuerdo que desde primero saben utilizar collocations y hacer ejercicios con ellas, y se me desmandan todos en un arrebato de nostalgia sobre compañeros de clase y anécdotas de 1º de ESO. Cuando consigo traerlos de nuevo a la Tierra, hacemos sin problema un ejercicio sobre qué complementos son adecuados para do (do your homework), have (a shower) y get (an award). Añado en la pizarra tres ejemplos con make. Hacemos el listening ahora que están más espabilados y les sale bastante bien. El actor tiene acento americano y les cuesta un poco; me pregunta uno cómo se distingue americano de británico y le imito las distintas pronunciaciones de four cars y reality. Como sobra tiempo, les pongo con mi móvil trocitos de dos versiones Knockin’ on Heaven’s Door, que mencioné para poner un ejemplo. Alguien dice “ha muerto el de California” refiriéndose a Glenn Frey, compositor de Hotel California. Íbamos a cantar noséqué de Maroon 5 por petición popular, pero cuando la escuchan los convenzo de cantar Hotel California. Deberes míos para el fin de semana: haz un listening a partir de ésta, junta las versiones de Eagles, Gypsy Kings a ser posible con videoclip de The Big Lebovski, y Kevin Johansen; reserva la biblioteca para tener un audio mínimamente decente.

¿Por qué hemos escuchado música usando mi móvil como reproductor? Porque no funciona el audio de la pizarra digital. Tengo una clase sin ordenador, una clase con ordenador pero sin audio, y una clase con pizarra digital y audio pero sin posibilidad de poner DVD (y hasta ayer sin libro digital).

Siguiente clase: primero. Les he dicho que me tienen que esperar en sus sitios y con el material de inglés y no lo ha hecho casi nadie. Reparto puntos negativos a diestro y siniestro. Les informo de que voy a hacer algunos cambios en mi manera de dar clase y de puntuar para que aprendan mejor y saquen mejores notas, y les leo lo que creo que es relevante para ellos del informe que elaboré ayer. A continuación corregimos los deberes:  tomo nota de quién no los ha hecho, pido agendas para avisar a las familias de quienes no los han hecho muchas veces seguidas, y proyecto en la pizarra digital lo que casi todos tienen en fotocopias. Son una colección de actividades de tipo tradicional, poco comunicativas, que reuní en septiembre a partir de materiales y suplementos que las editoriales consideran fotocopiables. No es lo ideal, pero es la manera más rápida y barata de tener un cuaderno de ejercicios. Hoy tengo que reñir muy poco y avanzamos muchísimo. Es el último día de clase antes del examen y les veo bastante bien preparados.

Tutoría. El plan inicial era hacer una autoevaluación de sus métodos de trabajo y estudio del 1º trimestre, y a partir de ahí hacer un dibujo o un poster con los puntos que se comprometen a mejorar. No vamos a poder hacerlo todo porque estoy enfadadísima con ellos y toca reñir: ayer una chica se enganchó con la puerta en un momento en el que estaba bloqueada de gente. Esta es una costumbre permanente de todo el instituto: donde quieren estar entre clase y clase es en el quicio de la puerta. En el recreo se ponen en la puerta de la biblioteca, cerrando el paso, sin mala intención. A mí me pone de los nervios porque cualquier día alguien da un portazo y les pilla un dedo, o como ayer, de un empujoncillo o broma alguien se desgarra la camiseta con el picaporte. Pregunto  qué pasó y me salen al menos cuatro personas que estaban donde no debían. Una amenaza de parte (cartita para las familias) acaba con una escena de llantos. Corto el drama con un ejercicio de relajación, y me alivia que nadie protesta. La fuerza de la costumbre hace que cuando digo “pies en el suelo, mira adelante, las manos caen, espalda recta, cierra los ojos”, inmediatamente se interrumpe lo que se esté haciendo. Les dirijo diez respiraciones profundas y pasamos a la tarea de autoevaluación que nos encomendó la orientadora. No da tiempo de hacer un dibujo y se lo dejo encargado a los que tienen Alternativa mañana.

Recreo. Poca gente viene a leer o estudiar pero hay un trasiego muy activo de préstamos y de consultas, además de los dos o tres niños que vienen a ayudar. Estoy molida, así que me planto en la silla y les hago traerme y llevarse cosas, entre ellas café.

Reunión de tutores. En estas reuniones, lo más habitual es que la orientadora nos vaya diciendo qué podemos hacer con nuestra clase en la hora de tutoría. Nos da algunas instrucciones sobre el día de la paz y alguna cosa más mientras me como el yogur que no pude tomarme ayer. Me comunican que se han establecido unos criterios comunes y obligatorios para el profesorado al evaluar los cuadernos de clase; lo único que no hago ahora es que los niños tienen que escribir los enunciados completos de los ejercicios. No sé si se refiere a copiar todo el contenido del libro cuando hacen, por ejemplo,  un ejercicio de rellenar huecos, o solo a copiar el título de cada ejercicio. En ese momento entiendo que se refiere a lo segundo, y de todas maneras si hiciera a mis alumnos copiar ejercicios completos antes de empezar a resolverlos, haríamos la cuarta parte del trabajo que hacemos ahora. Salgo a comentar un par de detalles disciplinarios o burocráticos con la jefa de estudios. Alguien dice que hoy es un día especialmente movido, todo el mundo quiere hablar con todo el mundo y todo da problemas. La reunión acaba un poco pronto, pero en los quince minutos escasos que me sobran ¿qué tarea puedo empezar y terminar? Me limito a poner papeles en orden.

La última clase del día. El otro grupo de primero. Será que es la quinta clase del día pero no hay quien haga nada. Tardamos casi toda la hora en hacer el ejercicio de escucha que el otro grupo hizo ayer. Les cuento lo mismo sobre cambios que voy a hacer en la clase, y protestan mucho, además de hacer muchas preguntas sobre hipotéticos casos de acumulación de amonestaciones. Dar por supuesto que se van a portar mal y que acabaré sancionando más que antes, cuando mi propósito es el contrario.

Salgo tarde. Me ha pasado más veces esta semana pero no es lo que acostumbro.

Ya en casa, lanzo al aire en twitter una pregunta sobre recomendaciones de lectura para los 12 años y en un momento hay veinte personas hablando a la vez. Tomo una nota rápida de los títulos que citan (esto no lo voy a añadir al conteo de horas que pongo al final). Decidir qué libros comprar para la biblioteca es una parte algo difícil de mi trabajo.

Para terminar el día, termino el examen de primero que tanto tiempo me ha llevado. La diferencia entre las versiones mayoritaria y simplificada es que en la mayoritaria, 5.5 puntos corresponden a preguntas tipo test, verdadero o falso, y similares, y en el muy fácil, es así el examen entero, pero los contenidos son los mismos. tengo la obligación legal de adaptar los contenidos a algunos alumnos, muy pocos, pero me gusta ponerle el examen fácil a cerca del 20% más rezagado de la clase.

Horas lectivas: 4.
Horas no lectivas: 1:30.
Horas reales trabajadas: 6:30