21 días, día 11. Preparando el Día de la Paz.

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El día empieza con tercero. Los deberes son una autoevaluación de verbos irregulares, que la mayoría ha hecho. Pasamos a otro grupito de verbos, lo repasamos y la autoevaluación se queda para el lunes. Pasamos a un ejercicio de escucha que cuesta muchísimo hacer porque no podemos reproducir sonido desde el ordenador (pizarra digital rota o desconectada, no lo sé), y el CD portátil se niega  reproducir el disco, el original de la editorial. Creo que está en las últimas. Leo el guión de medio ejercicio y el otro medio se deja escuchar desde el aparato. Corregimos; éste les ha costado. Intento hacer un poco de conversación, pero me miran como si hablara en ruso; el tema no les interesa. Paso a introducir la próxima cuestión gramatical que vamos a ver la semana que viene.

Primero. Arrancamos bastante bien; corregimos deberes (muy sencillo: hacer dos listas, una de tiendas y locales que tu pueblo no tiene y otra que sí). La mitad de la clase no los ha hecho. Hoy toca el presente continuo; presento toda la gramática de un tirón, en español cuando quiero comparar la gramática de los dos idiomas y en inglés cuando pido o pongo ejemplos. Tienen muchas ganas de participar y cuesta que no lo hagan todos a la vez. Damos toda la gramática de una unidad didáctica en dos patadas, los felicito y se alegran. Hacemos un ejercicio, y eso ya les cuesta más.

Segundo: tutoría. Hoy nos toca hacer una tarea que nos ha mandado Orientación para preparar el día escolar de la paz, el 30 de enero. Estoy desanimada porque todo queda siempre en buenas intenciones, son días en los que hay que cubrir el expediente y tengo más ganas de ir al dentista ahora mismo que de hablar de Paz con mayúscula. Tenemos que pensar en varios lemas y decorar una o varias palomas de las que tenemos la silueta en una fotocopia. Les insisto en que no podemos entender la paz como lo opuesto de la guerra que ocurre en países lejanos. Pongo la definición de la RAE en la pizarra digital cortando las definiciones religiosas y les pregunto qué rompe la paz en el instituto. A base de ir haciendo preguntas y estimulando cierto debate la pizarra acaba con tres columnas: una de problemas (peleas), otra de causas (discriminación, ruido) y otra de soluciones (saber escuchar, igualdad). Cuando hablamos de discriminación hablan espontáneamente de machismo y racismo y yo introduzco el clasismo y la homofobia, que conocen como ideas aunque las palabras sean nuevas. Convertimos la tercera columna, la de las soluciones, en lemas. Son muy originales. Insisten mucho en que el “lema de la clase” (sus palabras) que decora el tablón de corcho tiene que ser el lema ganador que entreguemos a la Orientadora. Ellos no lo saben, pero es el imperativo categórico kantiano formulado en términos coloquiales (pórtate como quieres que lo haga todo el mundo). Unos voluntarios  hacen pósters. Mucha gente señala quiénes deben dibujar, es bonito ver que se aprecian unos a otros. Es todo un poco caótico al final, pero en conjunto ha salido bien.

Recreo en la biblioteca. Hay más gente de lo habitual. Mis ayudantes devuelven los libros a su sitio. Echo a un par de niños que han venido a “hacer un sorteo” (!!) y se van la mitad. Todo el mundo hace mucho ruido. Es inevitable si están trabajando en equipo; no saben hablar en voz baja.

Después del recreo, me encuentro en el pasillo con una niña que llora hipando (no es la misma de ayer). Parece otro ataque de ansiedad, pero es un disgusto por una pelea. Estos ataques aparatosos no son tan frecuentes como enfermedades misteriosas, dolores de cabeza y de barriga, mareos… cada día, por lo menos un par de alumnos vuelven enfermos a su casa o pasan una horita en el sillón de la entrada.

Reunión de tutores con Orientación. Hoy apenas hay novedades. Esto pasa a veces; como algunas reuniones tienen que estar en el calendario semanal, no siempre hay novedades, mientras que para otras que a lo mejor hacen falta hay poco tiempo. Es una consecuencia inevitable de las pocas horas presenciales-pero-no-lectivas que tenemos. Cuando la orientadora termina de informarnos sobre algo que pasará la semana que viene, aprovecho para pasar faltas de asistencia a la aplicación informática, actualizar la hoja de cálculo de las clases usando mi cuadernito, y enviar avisos por SMS a las familias de los alumnos que han acumulado muchos “negativos” de conducta o de falta de trabajo. Tengo el tiempo justo para esas tareas administrativas: toca el tiembre en cuanto termino.

Primero. Terminamos en veinte minutos el ejercicio de escucha que no pudimos hacer en el examen del viernes pasado. Tardan muchísimo en estar listos. Les entrego el ejercicio en forma de papelito, separado del examen original, y cuando termino, intento hacer lo mismo que en el otro grupo: la teoría más básica del presente continuo. Aquí es más difícil. Charlan, no trabajan, o se pierden. Sobre todo, muchos no están copiando lo que pongo en la pizarra. Es el cuarto tema y saben ya que desmenuzo la gramática mucho más que el libro (que no tiene explicaciones teóricas de ningún tipo, por otra parte). Los que no están escribiendo es porque están distraídos, porque esperan una orden directa y dirigida a ellos (JUAN, copia eso)… me enfado mucho con un niño que ha arrancado una hoja del cuaderno con los esquemas a medias y ha empezado a copiar de nuevo. No hay ningún problema en la hoja arrancada. Esto es algo que al principio hacían todos: el cuaderno tiene que estar perfecto y además incluir todas las respuestas a todos los ejercicios, tanto si los han hecho como si solo están copiando sin pensar. Vuelvo a repetir una vez más, en español, para qué sirve el cuaderno y que el objetivo no es que quede “bonito”.

Me voy a casa de mal humor. He dado casi todas las clases a gritos. No riñendo, no, solo gritando sin darme cuenta por encima del ruido constante. Me duele la garganta el resto del día.

En casa, hay muchas cosas que quiero hacer pero no tengo tiempo de ninguna, entre cuestiones personales y que quiero descansar. Estoy intentando dormir todas las horas que me pida el cuerpo y cerrar todo lo que sea trabajo a las nueve como muy tarde; no hay manera de hacer eso y  adelantar trabajo. Dos clases empiezan a impacientarse porque quieren que corrija exámenes o prepare trabajo con canciones, pero hoy no va a ser el día. Creo que es el primero desde que empecé este experimento en el que no hago horas extras.

Horas lectivas: 4.
Horas no lectivas: 1:30
Horas reales trabajadas: 5:30

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