Archivos mensuales: marzo 2016

Cosas que no decir a las aspirantes a madre

Ahora mismo, al menos tres mujeres de mi entorno cercano quieren tener hijos y están teniendo dificultades para ello. Digo mujeres y no parejas porque no conozco a todos los hombre implicados. Las mujeres hablamos más de estas cosas, y también se nos pregunta y se nos exige más.

Es fácil explicar que es de pésima educación meter miedo o echar sermones a las mujeres que no planean tener hijos, ya sea porque han decidido no tenerlos o porque “ahora no”. El tema no se toca, y ya está. Pero ¿qué decir cuando sabes que una mujer (o una pareja) quiere tener niños, y no pueden? Si tienes confianza como para saber algo tan íntimo, seguro que quieres consolar o aconsejar, pero te arriesgas a decir algo que lo empeore. A continuación, unas cuantas cosas que es mejor que no digas,  y luego algo más constructivo.

“¿Has pensado en la adopción?”. A ver. La adopción es una opción tan obvia, tan pública, que es como preguntar si sabe cómo se hacen los niños. De verdad que no necesita que se la recuerdes. Si no ha intentado adoptar todavía, tendrá sus razones.

“¿Has pensado en la fecundación in vitro?”. A menos que te haya contado su historial médico y el de su pareja también, no tienes ni idea de por qué no tiene niños. Igual hay contraindicaciones. Igual es caro. Igual los recovecos del sistema de salud de donde ella vive la dejan fuera de la cobertura. Además, hay parejas que no lo consiguen a pesar de que sobre el papel ambos son fértiles. De nuevo, ella ya sabe que esto existe.

Cualquier cosa que signifique “si deseas quedarte embarazada, no te quedas. Te quedarás cuando no pienses en ello”. Además de cruel, es mentira. Puede que el estrés tenga algún efecto que dificulta la concepción, pero el cuerpo no va a distinguir “estrés por exceso de trabajo” de “estrés por ganas de quedarse embarazada”. Lo único que consigues es culpabilizarla. Y ¿no es curioso que en un mundo que repite que la voluntad es mágica y todo lo consigue, justo esto se gafa si lo deseas? Venga ya.

“Todavía eres joven” a las mujeres de más de treinta y pico. Sobre todo si ella dice que no se siente joven o que siente que se le acaba el tiempo. Da igual si tienes razón o no, porque no estamos en una conversación filosófica sobre si la juventud es un estado de ánimo, sino sobre las posibilidades objetivas de tener un embarazo con éxito.

“Mi prima tuvo tres abortos espontáneos y ahora tiene un bebé”. “Mi prima lo intentó diez años y tuvo un bebé con 47”. “Mi prima lo consiguió con su tercer marido”. Nos alegramos mucho por tu prima. Sabemos que es posible tener niños después de mucho esperar y mucho sufrimiento. Pero ahora mismo, los niños de los demás y las historias de terror sobre embarazos complicados son la última y la penúltima cosa de las que apetece hablar.

Cualquier consejo médico si no eres su médico. Primero porque igual te equivocas. Segundo porque la concepción es cosa de dos y no sabes si pasa algo con la segunda persona.

“A lo mejor no te quedas porque estás gorda/demasiado delgada”. Esto suele venir acompañado de un “mi prima no se quedaba porque estaba gorda/demasiado delgada, se lo dijo el médico”. Sin comentarios.

Y estas son algunas cosas que puedes decir, además de “sé que es muy duro, lo estás pasando muy mal. ¿Quieres un café?”.

¿Te ha visto el médico? ¿te han dicho por qué os pasa esto? Si estás preocupada, ve al médico si aún no lo has hecho. Hay muchos problemas que tienen una solución muy sencilla, como tomar medicación.

Algún comentario positivo sobre su pareja o su relación que NO sea “bueno, vosotros ya sois felices juntos sin tener niños”. Es decir, algo del estilo de “os queréis mucho, se os ve bien juntos, cuando vengan será un buen padre, esto es muy duro pero seguro que os dais mucho apoyo”.

“Todavía eres joven” acerca de la crianza. Algo que se resuma en “ahora tienes más experiencia de la vida que con 25 años, y cuando vengan, serás una buena madre”.

“Hacer dieta/hacer ejercicio puede que te haga sentirte mejor, y si te quedas embarazada estarás más sana y mejor preparada”. No hablo de recomendar hacer dieta a una mujer gorda porque está gorda, sino de animar a quien lleva una vida sedentaria, o a quien no está comiendo sano, a hacerlo por sí misma, no por sus supuestos beneficios para la concepción.

Sugerencias de cosas concretas, útiles y agradables que alivien el estrés y la ansiedad, si tiene.

“A mí me pasó lo mismo que a ti”. Cuando es relevante, claro.

Y si estás en esta situación y has llegado aquí buscando consejo, ve al médico. Y si no te da solución, busca otro. Si eso ya está controlado, mucho ánimo y suerte.

Dinámicas adolescentes y grupos de rock.

Esta es una experiencia que he tenido varias veces en grupos de 2º ciclo de la ESO, normalmente mi tutoría, pero también ha venido al caso en grupos de los que era simplemente la profesora de inglés. Aquí voy a poner solo la “teoría” del asunto, de una forma esquemática y simple, y si alguien quiere convertirlo en algo más interactivo y que genere participación guiada de los alumnos, me encantará conocer vuestras opiniones.

Se parte de haber escuchado música rock de buena calidad en clase. Puede haberse usado como ejercicios de comprensión auditiva en clase de inglés, como fondo agradable mientras estudian o hacen ejercicios, o para trabajar valores diversos. Mientras lees, te recomiendo que escuches cualquier canción de Queen, que son un ejemplo válido para lo que voy a contar.

A la clase les cuento lo siguiente: en un grupo de rock tienes casi siempre cuatro miembros (a veces tienes tres, como en The Police), y cada uno de ellos tiene una personalidad, y unas fortalezas y flaquezas que afectan al grupo. Lo importante no son las personalidades, porque esto no es un horóscopo, sino las dinámicas que se crean.

El cantante quiere el protagonismo. Es un MÍRAME A MÍ, SÍ, A MÍ. Puede que tenga un talento especial o puede que no, pero sabe ser la estrella, y tiene capacidades de liderazgo. Normalmente ha creado el grupo (hay excepciones, como Bono, cantante de U2, que contestó a un anuncio que puso Larry Mullen Jr, que acabó de batería). Esta necesidad de atención genera tensiones con el antilíder o contra-líder: el guitarrista. Éste es “el segundo”, quizá el mejor amigo del cantante, pero también su rival. Tiene algún tipo de talento fácil de identificar, pero suele faltarle esa chispa (hay muy pocas excepciones, diría que una es Sid Vicious). ¿Cómo resolver esto? En lo musical, con el solo de guitarra a mitad de canción. El guitarrista tiene su medio minuto de protagonismo, en el concierto los fans le aplauden, el cantante recupera su micro para redondear y cerrar la canción, y todos contentos. Y en lo no musical, seguro que si se plantea en clase todo el mundo puede pensar en momentos en los que hace falta ceder protagonismo.

Luego tenemos a la parte que lleva el ritmo. Un cantante solo no hace nada, necesita un batería y un bajo, y a veces una segunda guitarra. Vayamos a por el bajo: los bajistas son “los raros”. Son gente original y creativa que toca un instrumento bastante cerebral, acotado, que da ritmo pero que no se descontrola, no aparenta mucha energía como la percusión. En el ejemplo para mis clases el bajista es “como ese amigo nuestro que va un poco a su rollo pero cuando está todo sale mejor”, o “como ese amigo que ni se lo nota pero a veces tiene un momentito fugaz, brillante, y deja a todos con la boca abierta”. El ejemplo musical de “protagonismo” del bajo serían estas canciones que empiezan con el bajo casi solo, y una vez todos escuchan y la pauta está marcada, entran cantante y guitarra a sacar pecho. El bajo está tranquilo y feliz porque sabe que sin él se llevarían a matar y habría una cacofonía horrorosa. Siempre hay excepciones, como Paul McCartney, Sting o Roger Waters, de bajistas que cantan o componen.

El batería, finalmente, es el pegamento del grupo. Sin bajo te las apañas mal; sin percusión no tienes rock, tienes otra cosa. Es el que lo mantiene todo unido y el que más se nota si no está, incluso más que el cantante: hay música instrumental, pero no hay música sin ritmo. Como me ha dicho Diego P Castro, los baterías son gente muy energética y activa; en mi analogía no se trata de si tienen esa característica en su personalidad sino de si prefieren trabajar en grupo, discretamente y sin destacar por algo personal.

Desde estas cuatro pequeñas explicaciones, que se pueden acompañar de ejemplos musicales clásicos o modernos y conocidos por el alumnado, se pueden plantear dinámicas o debates sobre cómo se sienten ellos, cómo ven a sus amigos, qué pasa cuando todos queremos ser “estrellas del rock” y ocupar toda la atención todo el tiempo, qué pasa si todos queremos quedarnos en la sombra. Y hay que dejar claro que hablamos de roles en el grupo, no de características estables de la personalidad: los divos del aula quizá son el batería de su relación de pareja, por ejemplo.

El efecto de la metáfora sobre la clase es muy positivo. Los alumnos que siempre intentan acaparar la atención entienden que tienen que ceder y no se sienten ofendidos, sobre todo los que han sido ridiculizados por ello, y los que suelen mediar espontáneamente en sus peleas se sorprenden al descubrir que la profesora sabe que han estado ahí todo el tiempo. Los tímidos se sienten “baterías” y una parte valiosa del grupo. Y alguna vez me he enterado de que en sus perfiles de redes sociales han puesto después frases del estilo “Hoy me han dicho que soy una superestrella del rock… yeah”.

Sobre lenguaje activista y sus problemas

Te das una vuelta por internet (incluyendo el glosario feminista de este blog, que necesita una limpieza de polvo y telarañas) y te encuentras con unas cuantas palabras que a fuerza de uso repetido acaban usándose mal, o demasiado, y extendiendo sus significados hasta que significan “lo bueno” y “lo malo” de una manera que solo sirve para crear confusión. Lo que voy a decir es una reflexión personal sobre los peligros de este proceso, y sé que muchas compañeras no van a estar de acuerdo conmigo. Allá voy.

Un privilegio no es toda ventaja injusta. Si quieres que lo tenga todo el mundo, no es un privilegio. Es un derecho, y su ausencia, discriminación. Por ejemplo, trabajo estable, vacaciones, o la posibilidad de desplazarte con seguridad por las calles. Si quieres eliminarlo, pero todos reconocemos que es injusto, o que es ilegal, es una injusticia, o una ventaja injusta. Sigue sin ser un privilegio. Por ejemplo: si dices algo que parezca terrorismo etarra vas a la cárcel, si dices que las mujeres maltratadas se merecen todo lo que les pase no. Si lo tiene poca gente y  está amparado por leyes, rompiendo con todo principio legal de igualdad, eso sí es un privilegio. Por ejemplo, en España la Iglesia no paga IVA ni IBI, y eso es legal. Por lo tanto, es un privilegio. El rey es inviolable según la Constitución: otro privilegio.

Muy despacito para que lo entiendan los despistados del fondo: el privilegio es legal y desearías que desapareciera. Los privilegios son malos y no quieres extenderlos, quieres que no existan. Si llamas “privilegio” a un salario dices que quieres que no exista, si llamas “privilegio” a que no te peguen una paliza por la calle estás diciendo que las palizas por la calle deberían formar parte de la normalidad. Privilegio no es desigualdad, sino un tipo muy concreto de la misma. Si lo que quieres es tener tú eso que otros disfrutan, no lo llames privilegio, porque no lo es. Llámalo derecho.

Esto nos lleva a la expresión “revisar privilegios”, que ya he criticado en más ocasiones. En el enlace traduzco un artículo que analiza los problemas de ese proceso, pero aquí mis críticas son solo semánticas, puesto que la frase en cuestión significa varias cosas contradictorias entre sí. ¿Qué me ordena alguien que me dice que revise mis privilegios?Lo primero sería hacerme consciente de ellos, y después quizá un proceso que en el catolicismo se llama examen de conciencia. Es decir, para una persona que piense que privilegio quiere decir “derecho, ventaja, lo contrario de discriminación”, sería para empezar mi admisión de “sí, mi vida es más fácil por ser blanca, cis, adulta y sin discapacidades”. Examen de conciencia terminado.

Hay quien va más allá. En el enlace del párrafo anterior comparo la revisión de privilegios con el calvinismo. “Revisar mis privilegios” suele querer decir que debo sentirme culpable de ser blanca, cis, etcétera,  y tengo que aceptar que las ventajas que he obtenido a lo largo de la vida por ello me impiden trabajar en igualdad con quienes están peor que yo. Existe una brecha insalvable, de la que soy responsable aunque esa no sea mi intención. Esto se llama depravación total. No es “pecado original” porque éste se perdona con el bautismo, y los privilegios no se “perdonan” tras la revisión, como mucho se eliminan (un día dejaré de ser joven, por ejemplo).

“Revisarse” puede estar conectado con el autoexamen y ser también un proceso más activo, más orientado al exterior. Si observo cómo mis circunstancias afectan al mundo que me rodea, y a mí también, “toma de conciencia” es sólo el principio de cómo podríamos llamar a esto. Pero ya dejaría de ser un proceso de autoexamen, con lo que el uso de la palabra “revisión” dejaría de tener sentido. Una revisión del coche no es una reparación.

La verdad es que no sé qué quieren decir las personas que dicen “¡revísate los privilegios!”, y si se están refiriendo a un proceso solo mental o a una puesta en práctica. Y un concepto tan amplio y deformable se vuelve inútil y peligroso.

Dinner, tea, supper: los nombres de las comidas en inglés.

Una de las cosas en las que más variación nos encontramos dentro del mismo idioma son los nombres de las cosas de comer. En España cambian los nombres de los alimentos (alubias, habichuelas, judías, frijoles), pero no las ocasiones en las que comemos, así que cuando los españoles aprendemos inglés y viajamos al Reino Unido y demás países donde la gente habla y come raro, nos sorprendemos. Lo que voy a contar se basa en mi experiencia y puede que quien lea sepa algo distinto.

Empecemos con el desayuno: los ingleses desayunan más o menos igual de mal que nosotros aunque la bebida es té y no café. Tostadas de pan de molde con mermelada, o cereales, son la dieta básica. En Escocia son tradicionales las gachas de avena, calientes, y se pueden incluso comprar instantáneas para hacer una especie de papilla ahorrando los dos minutos de cocción que necesitan las de verdad. El desayuno típico no es algo que se coma todos los días y muchos locales lo sirven como “all-day breakfast”. Cuando se toma para cenar, en novelas lo he visto descrito como “a fry” o “a fry-up”, “una fritura” o más bien “fritanga”. Sus elementos son:

– Huevos fritos o revueltos, nunca escalfados o cocidos.
– Bacon.
– Salchichas.
– una rodajita de morcilla.
– “baked beans”, alubias blancas con salsa de tomate.
– Medio tomate pasado por la sartén.
– Champiñones salteados o a la plancha.

Las verduras son una incorporación moderna. En Escocia también te puedes encontrar un poco de haggis, y en Irlanda entre otros sitios, algo de patata. Tortitas de patata, por ejemplo. Esto se acompaña con té fuerte.

Ah, el té. Los británicos no se lo toman con ninguna ceremonia: casi siempre es de bolsitas y he les he visto hacerlo en el microondas (blehhhhh). Eso sí, es mucho más fuerte y de mejor calidad que las marcas que se encuentran por aquí. Es una necesidad del agua de Londres, por otra parte: el té con agua dura tiene menos sabor. Lo beben a todas horas. Lo entiendo, porque hace mucho frío, y además el alcohol se supone que sirve para emborracharse y se bebe por pintas, así que bueno, algo hay que beber. A la mayoría de la gente no les gustan nada las infusiones.

El desayuno siempre es breakfast. La palabra “elevenses” para referirse a comer algo a media mañana existe, pero sólo la he visto en El Señor de Los Anillos y referida a los hobbits.

Y llegamos a la hora de comer, que empieza a las doce y es bastante corta; a las dos ya es tarde, aunque en realidad esto es así en todas partes menos en España.  Esta comida se llama lunch… menos cuando se llama dinner. ¿Y eso cuándo es? Primero, es la principal comida del día. Eso le pasa a los escolares (en inglés británico, la comida de comedor se llama school dinner y las personas que te dan de comer son dinner ladies) y lo he visto también en un convento (qué hacía yo en un convento es otra película). También ocurre que en determinadas comunidades de clase obrera, donde se trabajaba hasta la puesta de sol en lugar de hasta media tarde, la comida de mediodía tenía que ser fuerte para tener energía lo que quedaba de jornada. Ahora eso se asocia al norte de Inglaterra y a partes del sur de Estados Unidos. En un contexto tipo Downton Abbey, los criados llamaban dinner a su comida de mediodía y lunch a la de los señores, porque no era la misma clase de comida. Los restaurantes siempre sirven lunch.

Suponte que has comido temprano o que estás de celebración: el famoso “té de las cinco” se tomaba más o menos de cuatro a cinco, no a partir de las cinco. Al fin y al cabo, se cena entre las siete y las ocho. Nadie lo llama “five o’clock tea“. Se puede llamar high tea o cream tea si lo que vas a tomar es una merienda elegante con pastelitos y sandwiches, y quieres distinguirlo del té con dos galletas de cualquier otro día.

Pasamos a la cena. Aquí tenemos tres palabras: dinner, supper y tea. Su uso depende de muchas cosas.

  • Dinner: la palabra mayoritaria. La usas si lo que vas a tomar es la comida más fuerte del día y si comes en un restaurante. Es ir sobre seguro, seguro que no te equivocas. Lo que comiste al mediodía se llamaba lunch.
  • Tea, meat tea o high tea: La usan en el norte de Inglaterra y es muy de clase obrera. A mí me suena muy a Billy Elliott. Lo que se comió a mediodía probablemente se llamaba dinner. Si la usas fuera de este contexto tan limitado social y geográficamente la gente se va a quedar como un andaluz que pidiera “manchao y media” a las ocho de la mañana en una cafetería de Bilbao(1).
  • Supper: la usas si dinner fue al mediodía, y eres demasiado pijo para llamar tea a la cena. Por ejemplo, es la cena de los empleados de Downton Abbey, que considerarían una vulgaridad decir “tea”. Lo más seguro es que sea algo frío o ligero.

Supper también puede ser lo que mi madre llama “resopón”, es decir, algo ligero que se come por la noche. A ver, si cenaste a las siete, a las nueve te apetece picar algo. Siempre me suena a las galletitas con queso de Wallace, el de Wallace & Gromit. Los locales de comida rápida en Escocia añaden supper como sufijo para indicar que algo va acompañado de patatas fritas: “fish supper”, “sausage supper”, y así, da igual a qué hora del día lo pidas.

Deberían tener un nombre para la cena de madrugada que hacen cuando los echan del pub o la discoteca a medianoche, y van a por comida rápida para acabar de arreglar la borrachera, pero aún no lo han inventado.

(1) En Andalucía occidental, un manchado es un café con leche con un poco más de leche que de café. Media, o media tostada, es una sola rebanada de pan tostado, normalmente la mitad de alguna clase de bollito. Los británicos no son los únicos raros.

Los costaleros y la responsabilidad

COSTALEROS_SOLIDARIOSUn ensayo de costaleros en Bornos (Cádiz). De bornos.es.

Para los que no estén familiarizados con la Semana Santa tal como se celebra en Andalucía Occidental, existe la costumbre de colocar estatuas grandes de madera sobre un pedestal muy ornamentado, que unos hombres, llamados costaleros porque la protección de la cabeza se llama costal, cargan a hombros, sí, sobra la nuca, como los bueyes el yugo. He puesto una foto de un ensayo para que se observe bien la técnica, ya que las estatuas con todos sus adornos llevan faldones que impiden ver lo que se hace ahí dentro. Los costaleros, además de cargar con mucho peso, tienen un extra: van haciendo paradas a descansar, y si lo que van cargando es una estatua de María, que son cerca de la mitad, lo levantan pegando un salto. En este vídeo muy breve puede apreciarse un poco la dificultad:

Antiguamente, los costaleros eran de pago, gente como por ejemplo cargadores del puerto que se sacaban un dinero extra. Ser costalero era vergonzoso, porque eran pobres (ABC) y no eran una figura nada popular. Ahora son voluntarios llevados por un sentimiento religioso. Cargan con un peso de entre 30 y 50 kilos por persona (Diario de Sevilla), haciendo turnos en un recorrido que puede durar unas doce horas.

Como os podéis imaginar, este esfuerzo puede suponer lesiones físicas graves y permanentes. Los principales riesgos son las lesiones musculares desde el cuello a las piernas, y las hernias discales en los peores casos. También heridas en el cuello, por el roce, y las derivadas del esfuerzo físico intenso (agotamiento, bajadas de tensión, desmayos). Ante una conducta así, que supone un riesgo para la salud, se podría esperar que se tratara a los costaleros de irresponsables, incluso de temerarios, como si fueran por ahí en coche sin cinturón, o si fumaran, o cualquier otra conducta libremente asumida y que es mala para la salud. Quizá podríamos esperar un “que cada uno haga las locuras que quiera, pero que corra luego con las consecuencias”. Pues no, ni una cosa ni otra. Es más, los Colegios de Fisioterapeutas dan apoyo a los costaleros, información y tratamientos (aquí Sevilla y aquí Madrid).  También se puede ver a niños y bebés disfrazados de costaleros para la ocasión; no cargan ningún peso, claro, pero se considera más alegre y bonito que vestirlos de nazareno o monaguillo.

Sería inimaginable dar a los costaleros el mismo trato que para otras personas que tienen conductas peligrosas para sí mismos, como fumar, o incluso un discurso sobre la responsabilidad personal como el que encuentran quienes necesitan un aborto, una práctica que no tiene nada que ver pero en la que se habla de responsabilidad y de “asumir las consecuencias de tus actos”. No hay un mandato de  “asumir las consecuencias de tus actos” a quienes realizan una práctica peligrosa cuando la misma es socialmente aceptada. Por ejemplo, un “debería contarse con la opinión de su familia. Al fin y al cabo están arriesgando su vida”, ni tampoco un “no tengo nada en contra, pero que se lo paguen ellos, que la fisioterapia es carísima”.

La verdad es que me caen bien los costaleros en la medida en la que su hobby no colapse la ciudad. Echan las tardes en una actividad física con los amigos, no hacen daño a nadie más que a sí mismos (al contrario de, por ejemplo, un conductor a 120 por la circunvalación), y para el que le guste, los pasos de Semana Santa son un espectáculo (sí, hay una sevillana muy, muy escondida dentro de mí). Pero son un ejemplo de que cuando hablamos de responsabilidad personal, no contamos la historia completa. No llames “falta de responsabilidad” a no actuar como tú quieres.