Fórmulas mágicas en educación.

Entre tanto “pues resulta que en Finlandia…” se olvida a menudo que un sistema educativo es mucho más que lo que hacen los profesores en el aula, y también que depende de cosas que ocurren en el conjunto de la sociedad. Es peligroso decir que algo es “cultural”, “depende de la sociedad entera”, o “es estructural” porque hace que parezca que no puede resolverse y diluye las responsabilidades cuando las hay. Veamos algunos de los elementos que contribuyen desde fuera al funcionamiento del aula.

Primero, el debate como herramienta educativa, y el valor de la participación en clase (en grupos pequeños o grandes) están condicionados por si nos hallamos en una cultura que favorezca el debate en general, la participación pública, o todo lo contrario. Empezando por la participación política: ¿hay cauces suficientes, eficaces y transparentes para la participación ciudadana? Por lo que vemos en los medios de comunicación: ¿en un debate en televisión, radio, o podcast, la gente se escucha con atención para hablar reposadamente de temas interesantes, o se monta un griterío en el que solo importa hablar más que el contrario? ¿Los niños tienen modelos positivos fuera del aula? En el caso español, diría que todas las respuestas son pesimistas. Con todos los defectos que veo en el debate escolar, no conozco un ambiente con un intercambio de ideas más valioso y respetuoso. Sí, estoy hablando de quinceañeros.

¿La gente tiende a cumplir las normas sin que se les obligue? ¿Cómo andamos de civismo? Desde tirar papeles al suelo al volumen con el que se hbla en lugares públicos. Difícilmente vamos a tener una buena convivencia escolar si no hay buena convivencia en la calle.

El sistema se asienta sobre la formación del profesorado, inicial y continua. Las leyes españolas que han cambiado el sistema educativo llevan al menos 25 años sin ir acompasadas con los cambios en la formación del profesorado, y nuestra formación continua deja mucho que desear. La formación inicial es demasiado breve y genérica, es un máster caro en lugar de ser prácticas pagadas, y la formación continua es insuficiente y parcheada. Hay demasiadas cosas que podemos hacer y muy poco tiempo. Y algo que ocurre una y otra vez es que los cambios primero se imponen, y luego se nos forma para hacerles frente. Pero esto tenemos que compararlo con cómo funciona, en general, la formación continua en nuestro país. Abuso de los becarios, incumplimiento de las leyes, gente trabajando en puestos para los que no ha recibido formación específica, exigencia de la CEOE de que tal formación la imparta la educación pública, accidentes laborales que al menos en parte deberían haberse prevenido con formación… no, los problemas de la formación del profesorado no son exclusivos nuestros.

Sobre las lenguas extranjeras: habrá que ver si estamos en un país donde a la gente le gusta o necesita utilizar lenguas extranjeras. En España, el doblaje es una batalla perdida. La mayoría de la gente ha pasado de pensar que los idiomas no van con ellos a tratarlos como un requisito importantísimo en el mundo laboral, en lugar de una fuente de placer que amplía tus posibilidades de ocio y de comunicación. Con los niños ha pasado igual: lo importante es “que se saquen el B2“. Da igual si saben un idioma y les gusta, lo que necesitan es un papel que lo demuestre. Y por supuesto, el inglés es el único idioma que existe. Ante esta actitud, no hay escuela bilingüe ni método educativo que funcione como pastillita mágica.

Se insiste en que una de las claves del éxito educativo es la comprensión lectora, y también se dice que la de los niños españoles deja mucho que desear. Pero ¿qué modelo están dando los adultos a los niños? ¿Los padres leen a los niños? ¿Mucha gente lee por placer? ¿Cómo está la cosa de bibliotecas públicas? ¿Y de bibliotecas escolares? MI impresión a raíz de lo que se encuentra en las librerías es que si alguien lee en este país son los niños. Pero nada, vamos a seguir diciendo que el problema es que no les enseñamos.

Ya que estoy con el modelo que los padres dan a los hijos: ¿qué nivel educativo han alcanzado los padres y abuelos de los niños? Esto tiene varios efectos. Primero, que los niños “captan” que estudiar es algo que se hace y punto, o que es algo más bien opcional. Pueden estar captando de manera más o menos implícita que estudiar lo haces para conseguir un trabajo (y mis alumnos traen de casa esa visión utilitarista desde Primaria) o ni cuestionarlo: estudiar es lo que hacen los niños y jóvenes, sin más. Un segundo efecto es la posibilidad que las familias de los niños les puedan ayudar cuando tengan dudas con sus estudios. Una tercera cuestión que mezcla el poder adquisitivo, el tiempo libre y las inclinaciones de los padres, es estimularlos leyéndoles cuentos, haciendo actividades culturales en familia, etc. Esto no está necesariamente ligado a la educación formal de los padres pero sí a una visión de la educación como algo natural, divertido y continuo.

Sigamos con las familias: ¿cómo es la implicación de las mismas en educación? Esto se conecta con lo que dije al principio sobre participación ciudadana. Podemos tener padres desentendidos de la escuela (el profe que haga lo suyo que yo haré lo mío), padres que buscan una comunicación con el centro sobre SU hijo, y asociacionismo familiar que busca una participación global en aspectos del funcionamiento del centro. En España hemos pasado de la primera opción a la segunda.

Hablemos de dinero. Es más que sabido que el nivel adquisitivo de las familias afecta al rendimiento educativo de los niños (con hambre y frío se estudia fatal). No me refiero a eso. Lo que propongo considerar es si el sistema educativo se ha creado con un determinado poder adquisitivo de la población en mente, nivel que puede ser nacional o regional, y si nos hallamos en un lugar con muchas desigualdades. ¿El sistema educativo se ha diseñado para la media de la población, para la sección más favorecida económicamente, o para paliar desigualdades? ¿Son esas desigualdades tan graves que impiden el acceso a la educación a mucha gente? Pongo un ejemplo: en España no hay nada que compense las dificultades económicas a las que se enfrentan quienes no viven a un ratito de autobús de un centro de educación no obligatoria (ya sea FP o universidad). El sistema educativo, la distribución de centros con FP y las becas están pensados para gente que vive en ciudad y con sus padres. Esto condiciona los estudios del alumnado rural desde la Primaria: “maestra, es que yo no voy a seguir estudiando”, te dice un niño de 12 años.

Y por último de momento, están las condiciones de acceso a la educación post-obligatoria y el mercado laboral que los estudiantes se van a encontrar después.

Todo esto, que queda fuera del control del profesorado, afecta al sistema educativo, a su gestión y al aula. Se nos pueden pedir muchas cosas, pero no que vayamos a la contra de toda la sociedad.

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