Sobre acoso escolar.

Empecemos con las malas noticias: nadie sabe arreglar el acoso escolar. De verdad. Si tuviéramos soluciones las habríamos aplicado. No hay sistema educativo del mundo que haya descubierto El Secreto, el protocolo post-acoso que siempre funciona. Si leéis “En Finlandia se crea la figura del blabliblú”, lo que yo leo es “en Finlandia también hay acoso”. Quien dice Finlandia dice El Colegio Santa María Donde Usan Ipads y Son Tan Modernos Que No Tienen Ni Paredes. Como con otras cosas, lo que sí puede funcionar es prevenir, aunque es difícil porque en lugar de un protocolo que aplicas a casos individuales, como si de una enfermedad se tratara, debe ser un hábito permanente.

El rasgo más importante es el más difícil de conseguir: tener una sociedad igualitaria, sin discriminaciones. Cuando más igualitaria la sociedad, menos acoso, y esto vale para el colegio, el trabajo y la calle. Los acosadores buscan impunidad, y atacar a gente en desventaja queda impune en las sociedades donde la discriminación y la desigualdad son grandes. Como crear esta sociedad se nos queda grande, consigamos que lo igualitario sean los centros educativos. Esto lo puedes conseguir desde el Ministerio de Educación hasta la Dirección de un colegio, cada uno en su ámbito.

Hay medidas en el entorno escolar que no siempre son fáciles de adoptar, porque dependen de la construcción del edificio, la disponibilidad de aulas y las guardias del profesorado: crear ambientes acogedores y al mismo tiempo vigilados. Que no haya rincones donde esconderse, y que haya lugares acogedores para los niños más vulnerables (por ejemplo, abrir la biblioteca en los recreos). Que sea fácil para los profesores ir de una clase a la siguiente sin dejar que pasen 5-10 minutos. Y así.

Entremos en el aula. La víctima de acoso o de maltrato psicológico está atrapada en una situación de la que suele desconocer “la teoría”, es decir, las dinámicas que la alimentan, cómo funciona la mente de su agresor… a él o ella le maltratan, le aíslan, y eso es todo. Un mensaje tan sencillo como “el acoso es culpa del que acosa. Son predadores. Si no estuvieras tú, irían a por el gordo o la de gafas”, NO es obvio. He visto muchas caras de sorpresa al decírselo a chicos y chicas que habían sufrido acoso. Por eso, ese sencillo mensaje (“el acoso responde a una tara del acosador”) debe repetirse de manera verbal, explícita, frecuente, en grupos y en privado.

El segundo mensaje que los niños necesitan oír hasta que se les quede es “la diferencia entre el acoso y una pelea es la repetición. Vuelve y me lo cuentas si se repite”. Esto lo tienen que oír los agresores, reales o potenciales, porque hay chicos (y chicas) que realmente no son conscientes de la gravedad de sus actos. Como cualquier otro maltratador, por otra parte, sólo que ellos son pequeños y todavía son educables en la mayoría de los casos. Es el único punto donde un “es que son cosas de críos” es cierta: el niño, a veces, no ve la diferencia entre pelearse con su amigo e insultar a Pepe El De Las Gafas porque a veces y al principio es una cuestión de frecuencia y proporción.

Para que una víctima te crea cuando le dices “me lo cuentas si se repite” tienes que haber creado confianza primero. Ya ha roto un tabú pidiendo ayuda; ahora tiene que creer que no le estás dando largas. Es importante crear un clima de cercanía y que se note que somos sinceros. Y los profesores, para saber si se repite, tenemos q estar en contacto, porque el niño quizá ha preferido hablar con su profesor favorito o con un testigo de una agresión en lugar de con su tutor. La comunicación niño-> tutor-> equipo educativo-> jefatura-> tutor del agresor tiene que ser fluida.

He dicho que a veces el agresor no es consciente de la gravedad de sus actos, o no vas a conseguir que la admita, que para el caso es lo mismo. Eso sí, las víctimas sí que distinguen pero que muy bien una pelea o broma de un acoso. Este es un tema en el que muy rara vez hay exageraciones o “denuncias falsas”. A veces sí hay un poco de timidez extra, o una situación de aislamiento previa que hace a los alumnos más sensibles o más vulnerables, así que un trabajo extra para el profesorado es darnos prisa en facilitar las habilidades sociales de quienes se sienten inseguros, la creación de amistades del alumno nuevo, etc. Es una pésima idea dejar “que espabilen solos” a los que puedan ser vulnerables aunque nos parezca que “todavía” no hay acoso real. Supongamos que hay un alumno vulnerable y un caso apenas comenzado; si hemos intervenido a tiempo, simplemente difundir toda la información relevante a todos los implicados (familias, tutor, decirle a los agresores que los tenemos calados) puede bastar porque ese niño debería contar con otros para que no se lo aísle.

Por supuesto, si hay un chico vulnerable o ya acosado lo que no debemos hacer nunca es participar nunca en una broma en su contra, por inofensiva que nos parezca, ni llamar la atención sobre él o ella, o hacer cualquier cosa que contribuya a aislarlo. Tampoco debemos decir nunca que “no queremos enterarnos” de algo. Una situación que vi y que me han contado mucho de la escuela de los años 80 (qué tiempos aquellos) era el profesor que repetía “no quiero saber nada de lo que ocurra fuera del horario escolar o fuera del centro”. Eso era en la práctica una provocación para trasladar lo peor del acoso al camino de vuelta a casa, que funcionaba muy bien si lo que el profesor quería era fomentar la violencia.

Para los agresores tenemos pocas medidas, sobre todo si no hay agresiones físicas o si todo es difícil de demostrar. Es bueno hablar con las familias para que nadie pueda decir que no sabía lo que estaba ocurriendo, incluso si nos va a suponer una escena desagradable. Es importante saber de antemano que los niños agresores no tienen rasgos en común: lo puede hacer cualquiera. Diría que los que están aislados no, porque hace falta el apoyo de la masa, así que fíate menos de los chicos populares y de las pandillas, pero hasta ahí.

Casi todas las conversaciones que he tenido sobre acoso escolar con no docentes (familias, adultos que fueron víctimas de pequeños…) se centran en cómo sancionar o cómo reparar los casos más graves. Las medidas más extremas en contra de los acosadores, como expulsarlos del centro, no sirven para mucho: deben estar escolarizados, así que los trasladas a otro centro, donde otra Jefatura, otro tutor, y otro Pepe el de las Gafas tendrá que bregar con ellos. Medidas como el internamiento en un centro de menores son más una fantasía de venganza que algo realizable; además supondría hacer cambios muy profundos en la ley, no algo que podamos hacer desde los centros.

Este post me sabe a poco; me gustaría poder decir “para prevenir el acoso hay que decir Esta Fórmula Mágica, y para arreglarlo si se produce, Cágima Lámufor Taes”. Pero no. Hay que decir, todos los días, muchas veces, las mismas obviedades. Y ni así.

 

 

 

 

2 comentarios en “Sobre acoso escolar.

  1. Muy buena entrada. Me ha gustado.

    Creo que una de las cuestiones más difíciles para las personas adultas en estas situaciones es saber graduar en su justa medida el acoso para plantear una respuesta proporcional. A lo de que “Medidas como el internamiento en un centro de menores son más una fantasía de venganza que algo realizable” yo añadiría también que “más que algo deseable”. La intervención penal es complicada en estas situaciones: edades, pruebas, presunción de inocencia…, carácter educativo de las medidas para menores infractores. Pueden llevar a una mayor frustración de las expectativas que un planteamiento desde el propio centro escolar, pero como bien dices, no hay respuestas mágicas ni únicas. Hay que estar al caso concreto.

    Un abrazo

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