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Algunas ideas para organizar una biblioteca doméstica.

Pero qué cosa más bonita es una pared forrada de libros. Aunque estén mal ordenados.

Ahora que está de moda hablar de sistemas organizativos domésticos gracias a Marie Kondo, veamos cómo racionalizar una biblioteca doméstica, y cómo aplicar en casa algunos de los principios que se usan en las bibliotecas profesionales. Va a ser un artículo muy elemental, sin entrar en herramientas de catalogación, por ejemplo.

Recordar qué quieres adquirir.

Puede que quieras todas las novelas de Agatha Christie y no te acuerdes de cuáles tienes ya. Puede que alguien te pregunte qué quieres por tu cumpleaños y te quedes en blanco. Puede que vayas juntando recomendaciones en redes sociales o en prensa y quieras ir a la feria del libro con todo apuntadito. Por lo que sea, si te gusta mucho leer te interesa registrar lo que te apetece leer en algún sitio unificado. Puede ser la misma herramienta que uses para tomar nota de lo que ya tienes o lo que vas leyendo, algún tipo de catálogo. Hay programas pensados para uso doméstico, o te puedes hacer una hoja de cálculo simplona. Otras opciones son un cuadernito, como los «bullet journal» de moda, o Goodreads, que es lo que uso yo. Goodreads tiene el inconveniente de ser de Amazon y que la versión para móvil es una castaña. Pero de verdad, usa algo.

Dónde poner los libros.

Para mí hay un solo lugar: en estanterías del suelo al techo, sin puertas, y con estantes que puedan cambiarse de posición. En la práctica y con mi presupuesto eso significa estanterías Billy de IKEA. Nada tiene mejor relación calidad/precio. La hay siempre en blanco y varios tonos de madera; a veces la hay en ediciones limitadas de colores. Las estanterías tienen que estar clavadas a la pared, por seguridad. Puedes poner estantes en sitios estratégicos, primando siempre aprovechar bien el espacio.

Cualquier sitio es bueno menos el baño y la cocina. He llegado a instalar una estantería en un vestíbulo. Evita, si puedes, colocar objetos de adorno delante de los libros (esto no lo he cumplido en mi vida, pero bueno, es un ideal).

Cómo ordenar los libros.

Cómo ordenes los libros va a depender de cuánto sitio dispones. Debería ser un método que los haga fáciles de encontrar y que aproveche al máximo el espacio, aunque estos dos objetivos a veces están contrapuestos.

Lo más obvio es por colecciones. Yo evito mantener las colecciones juntas. Queda estético y compacta el espacio… solo si todos tus libros son colecciones. No sabes dónde está nada a menos que memorices los títulos de la colección. Mira, que no. Lo mismo se aplica a ordenar los libros según su editorial. Tu casa parece una librería, y de la misma manera, no hay orden real porque no se puede encontrar un libro a la primera.

Ordenar por tamaño es casi perfectamente compatible con ordenar «bien», por temas, porque casi todos los libros van a ser de tres tamaños: libros de bolsillo muy pequeños, algún libro un poco más grande, y los más grandes. Puedes hacer que la balda más baja de tus estanterías sea muy ancha, en lugar de tener la estantería de los libros grandes. Observa estos dos esquemas:

Los grandes, abajo.

Los grandes, aparte.

El primero de ellos es útil si todos los libros son de la misma categoría y colocas abajo los grandes. El segundo esquema te viene bien si reservas una columna, por ejemplo, a cómic, que tiene un formato más irregular y más grande que los libros. Siempre vas a querer buscar algo mirando de arriba a abajo así que no funciona reservar a un tema la zona baja o alta, es decir una sección horizontal que atraviese columnas.

Entremos ahora en cómo ordenar por temas. Las bibliotecas usan muchos sistemas clasificatorios diferentes. Uno de los más populares es la Clasificación Decimal Universal, que es bastante flexible. No es necesario aplicarlo tan estrictamente como en una biblioteca pública, donde casi seguro que hay una colección más variada en lo que respecta a «no ficción». La primera división útil es narrativa / todo lo demás. En ese «Todo lo demás», yo separo poesía, teatro, biografía, cómic, libros de cocina (porque son muchos). Lo que nos queda, la CDU lo organiza así:

0 Generalidades.Enciclopedias. Biblioteconomía.
1 Filosofía y psicología.
2 Religión. Teología.
3 Ciencias sociales, sin incluir geografía e historia.
4 Vacío. Ya ves qué tontería.
5 Matemáticas y ciencias naturales, es decir ciencias «puras».
6 Ciencias aplicadas, incluyendo Medicina y Tecnología.
7 Bellas artes. Juegos. Artes escénicas. Deportes
8 Lenguaje.* Lingüística.* Literatura
9 Geografía. Biografías. Historia

En mi caso está adaptado a mis libros: Filosofía incluye feminismo (de hecho, es una de las categorías de las que más libros tengo), y pongo seguidos educación / pedagogía / metodología de la enseñanza de lenguas extranjeras (para mí una sola categoría), lingüística, y Literatura (libros del tipo de análisis literario, teoría e historia de la literatura…). En una biblioteca pública serían las categorías 37 y partes de la 80 y 81 (simplifico). Prefiero tener las biografías cerca de la narrativa por una cuestión de espacio. Es decir: usa el sistema que más te guste y adáptalo a la cantidad de libros que tengas, cres subcategorías si te viene bien. Lo importante es separar.

Dentro de cada categoría, el orden siempre es alfabético por apellido del autor. Puedes poner las antologías por el editor, por Varios, o al final. En casa, yo las pongo al final. Los libros del mismo autor los pongo cronológicos si tengo muchos y es uno de mis autores favoritos, y en cualquier orden en el resto de los casos. Cuando ya sabes más o menos qué vas a separar, no lo hagas todo de golpe. Ponte una mesa cerca, saca unos cuantos libros, mete unos cuantos y así. No saques más de lo que puedes recoger en diez minutos.

Algunas cuestiones sobre subdividir la literatura: yo no separo literaturas nacionales ni idiomas, porque mi colección es muy asimétrica y no me gusta que haya categorías muy pequeñas. Veo poco sentido separar literaturas nacionales en una biblioteca doméstica. Si tienes libros en varios idiomas y tiene mucho sentido en tu casa, separa, pero si lees indistintamente entre ellos, ni te molestes.

Tampoco separo libros infantiles, si son míos. En una casa con niños, tendría aparte los libros de su propiedad, que pueden estar en su cuarto o en estantes aparte dentro de los libros de la familia. Esto puede incluir libros que no sean estrictamente infantiles, por supuesto, y es muy personal. Si los padres tienen ya una buena cantidad de libros infantiles y los niños van llegando a la edad de cogerlos prestados, su clasificación y ubicación depende de la voluntad de todos. A mí sólo me importaría que cada libro tuviera una ubicación permanente y que se respetara.

Una curiosidad: un libro ordenado temáticamente tiene una signatura, un código, que se lee por ejemplo 396 WOO hab, si el libro fuera Una habitación propia de Virginia Woolf clasificado en «Feminismo» (396). En bibliotecas gigantescas los libros se guardan según se adquieren, porque son demasiado grandes para estar todo el día ordenando estantes, y porque el espacio se convierte en una prioridad. Entonces, para que los libros puedan encontrarse, su código tiene que indicar esa localización. Por ejemplo, ABC 4/46 podría querer decir «Estantería o columna ABC, estante 4, libro 46». Una versión de esto se da en El nombre de la rosa, y es cierto que es un método muy antiguo, anterior a nuestra obsesión clasificatoria moderna. Solo tiene sentido aplicarla en una biblioteca doméstica si tienes miles de libros, digamos más de cinco mil, y un programa clasificador.

El expurgo.

Si la idea de deshacerte de material impreso te da mareos, o ganas de gritar a la pantalla, sáltate esta sección y pasa a la siguiente. Oye, eres muy libre. Yo decidí mantener una colección reducida a pesar de tener un gran amor por los libros y por los lugares donde se acumulan. Hay muchos criterios para hacer expurgo y estos son algunos de los míos.

¿Voy a querer releerlo? Consulta rápida también es relectura.
¿Asocio recuerdos muy bonitos a este libro, por ejemplo quién me lo regaló?
¿Forma parte de una colección que me gusta que esté completa?
¿Quiero prestarlo o dejarlo disponible para mi familia u otras personas?
Este libro técnico, ¿sigue siendo útil? Los manuales se quedan obsoletos bastante pronto.

Observa que no incluyo «soy demasiado mayor para leer este libro». No soy nada partidaria de desechar libros infantiles por el hecho de serlo. Conservo los de mi infancia. Si te animas a hacer un expurgo grande, el mejor momento es cuando ordenes. Ve apartando los que consideres conveniente.

Qué hacer con los libros expurgados depende. Si tienes gran cantidad de material obsoleto, por ejemplo, en casa de tus padres están guardados todos tus libros de texto desde el colegio, busca un trapero o chatarrero que compre al peso y así sacas para un libro de bolsillo.Con poca cantidad de material obsoleto: a reciclar sin remordimientos. Con novelas y otros libros con interés actual, puedes intentar venderlos a una librería de segunda mano, donarlos a la biblioteca pública, o donarlos a una biblioteca escolar, según su temática y lo que te pille cerca.

Suena a chorrada de libro de autoayuda y organización casera, pero de verdad, cuando quitas los libros que conservabas por pena, los otros lucen más. Hay libros que no los quieres por el ejemplar en sí, sino porque es parte de Tu Biblioteca. La biblioteca está ahí, no se ha ido a ninguna parte. Ya llegarán otros libros que ocupen ese hueco.

Cómo racionalizar nuevas adquisiciones.

No, esto no va al principio con «apunta lo que te interesa» sino justo después de expurgar. Si quieres mantener tu biblioteca ordenada y parecida a una profesional, el último requisito es pensarte bien qué va a entrar. Es poco frecuente manejar un presupuesto que te permita usar más criterios que «este mes me lo puedo permitir», pero por sugerir: usa la biblioteca pública, y si te gusta muchísimo un libro, cómpralo después de leerlo. Controla tus compras recordando cuánto llevas leído este año, y no compres más de lo que puedes leer. Y también, sé sincero contigo mismo si tiendes a acumular mucho de un tipo de libro que no sueles leer. A mí me pasa con las biografías y a veces con el ensayo. Me atraen, y luego me da pereza leerlos. También leo más los libros pequeños, así que he aprendido a evitar las ediciones en tapa dura y selecciono mucho al comprar cómic.

Espero que estos consejos te resulten útiles. Si te han gustado, quédate con los que te funcionen, porque no hay un método perfecto. Tienes una biblioteca de un solo usuario, que es quien tiene que estar contento con ella.

Panteón.

Nos asiste la Santísima Trinidad
de la almendra, la grasa y el cacao.
Su sustento continuo, su cíclico consuelo.

La fuerza de las hermanas mayores
y los bajistas
que dan ritmo y forma a los días,

Los amaneceres.
La búsqueda del único hombre bueno.
Lo que sueñan los bebés dormidos,
Lucien,
Jane Austen,
un buen plato de lentejas.

Lecturas de 2018.

Hace mucho tiempo que mi principal reto lector no es leer una cantidad de libros, sino «reducir la pila de libros pendientes». Durante mucho tiempo, eso ha significado tener el autocontrol de no comprar los libros de 15 en 15. Leía unos 50-70 libros al año, todos físicos y muy pocos prestados. Más recientemente, ha habido cambios muy grandes en mi manera de leer. Para empezar, leo la mitad que antes porque no tengo tanto tiempo libre. También leo mucho prestado y escucho audiolibros.

Este año he adquirido 20 libros de papel. Tres son ensayos sobre desarrollo infantil; cuatro son cómics; dos son infantiles; dos, poesía; tres, ensayo. Los demás son narrativa.

He leído 32 libros, de los que nada menos que catorce, casi la mitad, han sido audiolibros. Los escucho en inglés, con auriculares, camino del trabajo, y mientras limpio la casa. Soy muy conservadora con ellos, porque necesito un lector que me guste mucho para entenderlo bien y no aburrirme. Neil Gaiman tiene prioridad sobre cualquier otra cosa; si hay algo en audio suyo que no haya escuchado, no hay «lista de pendientes» que valga. También me vale en radioteatro, aunque algunas voces puedan ser más difíciles de entender. Este año he escuchado cinco libros suyos, algunos de los cuales aún no tengo en papel. Y de aquí sale uno de mis libros favoritos del año, que es su versión de los mitos nórdicos. El segundo autor importante de mis audios ha sido Arthur Conan Doyle en la versión de Stephen Fry. Fry es un lector excelente al que le gustan los proyectos ambiciosos; ya leyó los siete libros de Harry Potter y aquí no solo lee todo Sherlock Holmes sino que además pone prólogos mezclando comentario a las obras con su experiencia personal como aficionado sherlockiano desde niño.

Sobre los otros audiolibros que he escuchado, The Power tiene una voz por cada punto de vista (tres o cuatro voces en total, es llevadero) y son tan buenas que me gustó más que en papel. Call me by your name… bueno, se lee y se escucha como poesía lírica amorosa. Es mucho de golpe. Casi prefiero la película, o escuchar trocitos sueltos. Y Food era un podcast de antropología e historia de la alimentación, muy entretenido.

Los libros en papel no siguen más lógica que una manía: que cada uno sea lo más distinto posible del anterior. Después de cómic, poesía. Después de una novela ligerita, un ensayo sesudo. Así han caído:

Sólo dos de poesía, Poemanuario, de Loli Molina Muñoz y Nieve antigua de María Sotomayor. A ver si el año que viene leo más libros completos en vez de coger y soltar.

Cuatro cómics, que quitando Sandman tenían en común ser tristones.

Un par de biografías: Fugas de James Rhodes (aún no he leído Instrumental, he empezado por el final) y Léxico familiar, de Natalia Ginzburg, que me aburrió. Lástima.

Casi todo lo demás tenía en común ser narrativa de lectura bastante fácil, con la excepción de Jonathan Strange y Mr Norrell, que aunque fuera una lectura fluida y maravillosa, al ser tan largo a ratos se me atascaba. O simplemente era demasiado grande para llevármelo a la cama  o meterlo en el bolso.

No puedo prever si el año que viene leeré más o menos. Todo dependerá de qué tal nos las apañemos con el cuidado del nene, que ya no es un bebé pequeñito.