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Algunas aclaraciones sobre la brecha salarial.

La brecha salarial es algo que provoca grandes polémicas porque no se tiene clara su definición y además parece difícil de aceptar, y también de creer que en una empresa pueda mantenerse en su definición más restringida sin que nadie se dé cuenta o proteste con éxito. Los negacionistas de la discriminación salarial de la mujer la definen así: «que las mujeres cobren menos dinero por hacer el mismo trabajo, con la misma capacitación, en el mismo puesto profesional con el mismo nombre y título hasta la última coma, sin tener encuenta más ventajas que el sueldo bruto y no, por ejemplo, otras ventajas concedidas por la empresa». Por ejemplo, que un profesor y una profesora de Matemáticas cobren diferente sueldo por las mismas horas. Si son un profesor de Matemáticas y una profesora de Historia, aducen «es que ya no están haciendo el mismo trabajo». Cuando nos referimos a brecha salarial queremos decir que las mujeres ganan menos dinero que los hombres a igual capacitación, en puestos equivalentes, con nivel de responsabilidad equivalente, y también de manera más ampliada, al uso de mecanismos varios que provocan, de facto, que las mujeres ganen menos dinero que los hombres. Esto está recogido y demostrado mil veces; una muestra muy conservadora de ello es el Índice de Desigualdad de Género que mide el Foro Económico Mundial, una asociación internacional de empresas que elabora un informe sobre este tema. Explico en otro post en qué consiste exactamente este informe. Aquí se puede consultar el más reciente, que señala esto respecto a España:

  • Estamos en la posición 29 global, y si la igualdad es el 1, alcanzamos el 0,74.
  • En participación económica y laboral estamos en el puesto 80 con un nivel de desigualdad del 0.66 y esto es una mejora.
  • Las mujeres ganan un 66%, aproximadamente, de lo que ganan los hombres, en valores absolutos (es decir, sin referirnos al tipo de ocupación de unos y otras)
  • Estamos en la posición 49 en cuanto a nivel educativo con un nivel de paridad del 0.95 así que no es un problema de formación de las mujeres.

Insisto en que el Foro no es una asociación de gobiernos sino de empresas, es decir, esto es lo que están diciendo ellas sobre el funcionamiento del país en su conjunto. No todo lo que produce brecha salarial por género se debe a que las empresas sean «malas», no todo es «culpa» suya. A veces es deliberado, a veces es inconsciente y a veces escapa a lo que las empresas pueden arreglar ellas solas.

Veamos algunas de las maneras en las que las mujeres ganan menos dinero que los hombres. Lo primero es «mismo sueldo base, complementos diferentes». Como ejemplos, una noticia y una anécdota. La noticia: un hotel paga, por la vía de un complemento, 204 euros más al mes a los camareros que a las camareras. Los hombres que limpian se llaman «fregadores» y cobran más que las mujeres que limpian. La anécdota: Me contaron que en Altos Hornos de Vizcaya, en una zona donde todos los trabajadores cobraban un plus por la peligrosidad de los tóxicos que allí había, las limpiadoras no tenían ese plus. A «es que era por ser limpiadoras, no por ser mujeres»: no estamos examinando motivaciones que pertenecen al campo de lo psicológico, estamos examinando efectos. Si trabajar al lado de un tóxico lleva un plus, y no lo lleva para todos, hay discriminación.

Otra opción se da que se da muy a menudo, entre otros lugares en industria alimentaria y en agricultura, es «Todos los hombres hacen la misma tarea, y todas las mujeres hacen otra distinta, categoría laboral distinta, sueldo distinto». Son tareas que requieren un nivel de formación similar, una responsabilidad sobre la producción también parecida, aunque sean de naturaleza diferente. En industria alimentaria es muy habitual que las mujeres trabajen en la «cinta» (no se mueven de su sitio, y manipulan alimentos o envases en una cinta transportadora) y los hombres como «mozos». A los hombres no se les ofrece trabajar en cinta, ni a las mujeres fuera de ella, independientemente de su experiencia o habilidades personales. En la cinta se cobra menos. Si pensáis que es que es un trabajo menos peligroso: puede tener cuchillas como guillotinas, por ejemplo. Y en muchas máquinas se puede quedar atrapada una parte del cuerpo. Si trabajas en un escritorio, como teleoperador por ejemplo, tienes derecho a descansos breves por hacer un trabajo repetitivo, pero en una cinta no, así que incluso contando con una pausa para comer puedes encadenar horas haciendo exactamente el mismo movimiento, con un nivel de atención constante, sin parar un segundo. Aquí hay un buen ejemplo en una envasadora hortofrutícola de Almería, que además explica que ellas tenían funciones más diversas que los hombres y a veces los sustituían. La distinción envasadora/mozo era artificial.

A pesar de la jurisprudencia en contra, esto sigue ocurriendo. Octavio Prieto, profesor en Castilla-La Mancha, cuenta que en su región la cosecha y preparación del ajo es un trabajo estacional. En los almacenes a las chicas se les paga 5,20 euros la hora por un trabajo «de cinta» (pelar ajos) y a los chicos 5,90 por cargar cajas. 0,70 la hora en una jornada completa es un 12% del sueldo y quiere decir 117 euros al mes. Para estudiantes que lo hacen en sus vacaciones escolares, 232 euros de más o de menos con los que empezar el curso. La justificación es que la tarea es diferente, pero los varones no necesitan más formación, ya no se cargan cajas sino que se usan «toros» así que la fuerza física no es un requisito, las mujeres a veces tienen que ocuparse de trabajos que no son el pelado sin que eso suponga aumentarles el sueldo (lo mismo que ocurría en la envasadora almeriense) y no hay diferencia en cuál de los dos trabajos es más importante. Algunos almacenes lo han cambiado cuando se ha protestado, y otros no. Evidentemente, una chica de 17 años que necesita pasarse el verano en un almacén de verduras para poder pagarse sus estudios tiene cosas más urgentes que hacer con sus ahorros que demandar a esa empresa. Así la situación se perpetúa porque afecta a las más vulnerables.

En otros aspectos la brecha salarial afecta desde la contratación. En profesiones cualificadas, a las mujeres se les exige más currículum, tanto por formación como por experiencia, porque llegan a la selección de personal con menos contactos. Los hombres acceden a la posibilidad de ser contratados (o al puesto en sí) gracias a oportunidades anteriores, por haber hecho más relaciones públicas, mientras que las mujeres tienden a ser más «cumplidoras» en lo académico y laboral. Por voluntad propia o por tener obligaciones familiares, etc., no han desarrollado esos contactos a medio camino entre lo laboral y lo social. Esto afecta por ejemplo al trabajo en medios de comunicación, en tecnologías de la información, etc, en los que no es imprescindible tener una titulación universitaria concreta (o tener una en absoluto). Los estudiantes o aprendices varones empiezan a encadenar pequeños trabajos y van haciendo agenda, mientras que las chicas estudian. Aquí hay más anecdotario que noticias, aunque espero poder contar más en el futuro.

Está relacionado con esto que los logros de las mujeres se evalúan con más rigor y dureza. Puede ser porque los hombres tienen más tendencia a exagerar, y sus interlocutores a aceptarlo, o porque las mujeres tienen más tendencia a ser precisas, realistas o modestas en la exposición de sus logros o de sus objetivos, y sus interlocutores además desprecian este estilo comunicativo. Un estudio reciente sobre solicitudes de becas de investigación que se presentaban anónimamente, para evitar sesgos, muestra que las mujeres recibían menos becas que los hombres pero que si obtenían la beca, publicaban más artículos científicos que ellos, es decir, no eran peores investigadoras. La diferencia que perjudicaba a las mujeres tenía que ver con el estilo del lenguaje: en ellas era más conciso y en ellos más general. h

También hay casos en los que directamente se paga menos a las mujeres. Porque sí y ya. Quien lo sabe, calla, aunque siempre sabemos de algún caso, como quien contó en twitter que siendo becario supo que una empleada con un puesto superior cobraba 6.000 al año menos que sus compañeros hombres. Picanúmeros compartió varias gráficas sacadas de la Encuesta de Estructura Salarial del Instituto Nacional de Estadística, con datos de 2014. Comparando 81 puestos de trabajo distintos de personas con idéntica jornada laboral, duración de contrato, sector y nacionalidad (española/extranjera) (ojo que nos referimos a ocupaciones, no a 81 personas) obtuvo que en un 56,8%, los hombres cobraban un 10% o más que las mujeres, y en un 9,8%, las mujeres cobraban un 10% o más que los hombres.

Es decir, en resumen: las causas inmediatas de la brecha salarial son la creación de dos puestos de trabajo con distinto nombre para funciones del mismo valor para la empresa, la creación de complementos y ventajas que se les dan a los puestos ocupados por hombres y no a los ocupados por mujeres, y directamente, pagar menos a las mujeres y ya está.

De una manera menos inmediata, más indirecta o a medio-largo plazo, los hombres consiguen más ascensos que las mujeres. Y también, las mujeres trabajan más a tiempo parcial, en parte porque se hacen cargo del cuidado de los hijos y de la casa, y sus parejas no. Esta es una cuestión que va un poco más allá de la responsabilidad de las empresas, aunque ayudaría tener medidas como la jornada continua.

Una crítica que se oye a veces sobre este tema es que «si fuera verdad que a las mujeres les pagan menos, las contratarían preferentemente a ellas y tendrían menos paro». Es legítimo preguntarse esto, es decir, si es verdad que un empresario puede salirse con la suya y pagar a las mujeres por debajo del salario adecuado a la ocupación, ¿por qué no contratar a más mujeres para todo o casi todo? Todas las razones son machistas, pero unas tienen más sentido económicamente que otras. La primera, desconfiar de las mujeres en edad de ser madres, no solo porque se cojan el permiso de maternidad sino porque durante bastantes años, los niños requieren estar acompañados, se ponen enfermos, ocupan bastante tiempo de los adultos, y los empresarios asumen que son las madres y no los padres quienes se harán cargo de todo esto. En otros casos, ni siquiera se cuenta con mujeres, de manera inconsciente quizá, como en algunas tareas peligrosas o que requieren cargar pesos. Es el caso de los estibadores, por ejemplo, aunque ahora sea un trabajo muy mecanizado. Además, hay pocas mujeres con formación o vocación para algunos empleos masculinizados, y no estoy pensando en los que requieren más estudios sino por ejemplo los relacionados con ciencia y tecnología que requieren una formación media (es más fácil encontrar una ingeniera que una fontanera). Por último, aunque de esto solo tengo anécdotas, en empleos muy feminizados se valora mucho la presencia masculina, formal o informalmente, y los escasos hombres ocupan enseguida posiciones de prestigio y de poder. He visto esto ocurrir en la enseñanza, y me han dicho que ocurre en enfermería y en servicios sociales. No tiene por qué ser universal, pero ocurrir ocurre.

La realidad es que las mujeres en el mundo ganan menos dinero que los hombres, y que realizan similar trabajo remunerado y mucho más trabajo no remunerado. Las causas, al final, son irrelevantes. Lo importante es dar fin a esta situación, dejar de cronificar la pobreza femenina, y valorar justamente nuestro trabajo.

Reto de lectura LGBT: #LeoOrgullo

Me enteré de que había salido, con motivo del mes de reivindicación de los derechos LGBT, un reto de lectura muy amplio que consiste en leer libros escritos por autores no heterosexuales, o con temática relacionada con este tema. Me encantan los retos de lectura, los he hecho geográficos, por orden alfabético, por géneros literarios, de todo tipo. Son una buena manera de dar variedad a lo que se lee. Y la verdad es que estas iniciativas hacen falta, porque creo que no es casualidad que casi todas mis lecturas han sido de editoriales muy pequeñas. Así que en junio y parte de julio he leído lo que tenía por casa y alguna compra más. Esta ha sido mi experiencia.

1 36, Nieves Delgado. En Editorial Cerbero. No suelo leer ciencia ficción y todo lo que recuerdo son distopias, así que me falta base para hacer una buena crítica. Me ha gustado, tiene un planteamiento original y una historia que engancha. Recomendable: para quien ya le guste la ciencia ficción, para quien quiera experimentos con la identidad de género.

2. Vida en Martes, de Beatriz Sevilla, en Episkaia. Poesía con un poco de hilo conductor: una semana en la vida de una mujer recién independizada, superada por la adultez y la vida en general. A ratos bonito, a ratos terrible. Se lee rápido, pero luego deja poso. Es un libro extraño por cuánto revela. Cuando decimos «soy un desastre», o «la vida es una mierda», casi siempre es con humor o con rabia; Beatriz no. Solo lo suelta, de la manera más aséptica posible, cuando no parece que esté en plena crisis de ansiedad. Da un poco de pudor, una sensación de «yo no debería estar enterándome de esto» o de «ah, que no me ha pasado solo a mí». Qué valor requiere verbalizar, echar fuera y luego encima compartir tantos temores. Recomendable: muchísimo.

3. Los huéspedes de pago, Sarah Waters. NoveLÓN. Esta autora nunca sé por dónde va a salir, tiene las historias más entretenidas y las más deprimentes que conozco. Esta en una intriga magnífica, a ratos un poco lenta. Una de las cosas que más me han gustado es cómo se describe la relación entre las varias mujeres sáficas que aparecen (uau, una novela con más de un personaje LGBT): amistad, recelo, enamoramiento, la comodidad de una relación amorosa ya hecha rutina. Y también cómo la autora se transforma para escribir al estilo de la década en cuestión. Recomendable: si te gustan los novelones tochos que se tarda un verano en leer, y las películas clásicas a lo Hitchcock.

4. A Tale for the time being, Ruth Ozeki (en español tiene el absurdo título de El Aleteo de una mariposa en Japón) entra en el reto por los pelos, porque un personaje secundario es bisexual y esa es una de las causas de que la narradora la admire, pero no tiene ningún efecto sobre la trama. Su mayor defecto es que es un poco lento y repetitivo. Es muy triste, y no se lo recomiendo a quien esté deprimido o tenga ideas suicidas. Hace un uso brillante de perspectivas múltiples y de saltos atrás en el tiempo.

5. Good Omens. Da igual si consideramos a Aziraphale y Crowley asexuales, homosexuales, aces enamorados… entra en el reto. No puedo decir nada que no esté dicho ya. Es un libro maravilloso, del que ya hablé en mi guía de lectura a Neil Gaiman.

6. Los deseos afines, VVAA. Es una recopilación de cuentos africanos con personajes LGBT. Es muy variada en enfoques y temáticas. Los cuentos casi se dividen en «tristes» y «encuentros sexuales casuales». De los más sexys solo me gustó uno. De los tristes, variaba mucho. La verdad es que no me ha dejado con ganas de investigar a los autores de cada cuento.

7. Vidas Trans, VVAA, ed. Antipersona. Una recopilación de ensayos autobiográficos que sirve como introducción mínima a la situación y los problemas de las personas trans en España. Cada ensayo tiene un tema; por ejemplo el de Alana Portero es sobre el trabajo y el de Atenea Bioque, sobre el sistema médico. Sabe a poco porque es muy corto (no llega a cien páginas) y bastante básico, pero precisamente así debe llegar a más gente que no sabe nada sobre esta cuestión. Recomendable: mucho.