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Orgullo, prejuicio y chelines: ¿cuánto vale el dinero de las novelas clásicas?

Cuando leemos un libro, o vemos películas o series de época, a veces se pierde la noción de la importancia de las cosas según su precio. ¿Cien denarios eran una fortuna, o una pieza de pan?(1). Esto llega al máximo cuando disfrutamos de la literatura y la historia de una cumbre del materialismo: Gran Bretaña, siglo XIX. En novelas, series, películas, biografías, constantemente se menciona el dinero, ya sean precios, salarios, rentas o posesiones. Si no tenemos ni idea del valor del dinero por entonces, nos estaremos perdiendo parte de lo que el público contemporáneo pillaba enseguida, igual que si escribo “un bar con las cervezas a tres euros” sabes dónde está y hasta la pinta del camarero.

Lo primero que hay que saber es que una libra son veinte chelines, un chelín veinte peniques, y que las guineas eran la unidad de venta de artículos de lujo concretos pero se acuñaron por última vez en 1813. En la época que nos ocupa, una guinea eran 21 chelines. Donde leas guinea, entiende “libras pagadas antes de 1800 o para comprar cosas especialmente caras”.

El dinero va perdiendo poder adquisitivo, pero no tan deprisa como en la época actual. Hay calculadoras online para decir “cuánto dinero de ahora mismo equivale a estas libras de 18 nosécuántos”, aunque ahora no tengo localizada ninguna. Una buena aproximación es que un chelín equivalía a cinco euros, pero hay que tener en cuenta algunas diferencias como que se daba un salto muy grande del precio de los artículos de primera necesidad a los de lujo, y que los salarios eran muy bajos. Es decir, el sistema estaba montado para que fuera difícil o imposible ascender de clase social solamente ahorrando.

Un peón podía ganar un chelín al día si iba por libre, pero tenía que pagarse casa y comida (un chelín cinco euros, 25 días de trabajo 125 euros, esto no cuadra con nuestro nivel de vida pero es que mucha gente era así de pobre). Una criada cobraba 10 libras al año como mínimo. Los criados bastante más. Una institutriz unos 25. El servicio doméstico tenía manutención también.

Veamos cómo funcionaba la cosa en las novelas de Jane Austen. Como es bastante antes que en la época victoriana, la versión fácil es que un chelín son unos 7 euros, más que 5. Una libra, cerca de 150€.

Primero Sentido y Sensibilidad: según empieza la novela sabemos que las tres Miss Dashwoods y su madre cuentan con 13.000 libras en total. Eso es más o menos millón y medio de euros… para cuatro personas que en teoría no pueden trabajar, porque lo único que pueden hacer es ser institutrices o algo parecido y eso las expulsa de la clase media. Ya no podrían ni quedar con sus amigos, ni casarse, y dificulta las posibilidades de matrimonio de las hermanas pequeñas porrque la familia entera pierde prestigio. 25 libras al año no merecen ese sacrificio. Las 13.000 libras se meten en el banco y se vive del interés, que son 500 libras (cómo sabemos esa relación lo veremos con Lizzie Bennett y el primo Collins, unos párrafos más abajo). Quinientas libras = 50.000 €. «Pues con 50.000 euros, cuatro personas de clase media viven bien». Ojo ahí. Para seguir siendo clase media necesitan criados (el sueldo de un hombre y una mujer, lo que coman, sus uniformes). Y lo importante es que ese dinero no va a crecer, y no tienen dote. Tienen lo justo para vivir. Al lado de esto, las 2.000 al año (unos 200-300.000 €) del Coronel Brandon son una salvación. Ahorrando un poquito se puede poner dote a la hija pequeña, y si Elinor nunca se casa, ella y su madre se apañan con algún regalo que les hagan los Brandon.

Ahora analicemos con más detalle Orgullo y Prejuicio. Personajes y narrador no paran de hablar de dinero. Primera cifra: Mr Bingley tiene una gran fortuna, es del norte de Inglaterra y ha alquilado una mansión que llevaba tiempo vacía. El lector de aquel momento lo sitúa socialmente al milímetro, y no está exactamente en la cumbre de la pirámide. Si ha alquilado una mansión y no se dice «Mr Bingley de Nosecuantitos Hall», no tiene tierras. Si es del norte, la fortuna puede venir de minas (no puede ser, porque no tiene tierras) o industria textil (bueno, aceptamos barco) o comercio internacional (que sería algo nivel «no hables de eso que estamos comiendo»). «4 o 5000 al año» = medio millón al año, mínimo. Es decir: Papá Bingley, que cuando empieza la narración está muerto, tenía una fábrica textil o plantaciones de caña de azúcar en el Caribe, porque era un poco pronto para hacerse rico de verdad comerciando con la India. Y hasta que no invierta una buena parte de ese dinero en comprar una mansión con terrenito, no formará parte de la auténtica buena sociedad pata negra.

Las hermanas Bingley «tenían una fortuna de 20.000 libras y gastaban más de lo que debían». Si las Dashwood obtenían 500 libras de sus 13000, las Bingley sacan 800 de sus 20000. Eso sí: como una de ellas vive con su hermano y la otra está casada, ese equivalente de 100.000€ se lo pueden gastar entero en caprichos. No es la mejor idea posible porque no saben si van a tener seis hijas cada una, y a ver de dónde salen esas dotes.

  1. Vamos a ver a la familia Bennett. Disponen de: Las tierras, que van a pasar al primo Collins porque lo dice el testamento de quien se las dejó a Mr Bennett. Sí, estar atadas a la línea masculina no era una condición legal de las tierras a estas alturas sino una condición que se podía poner en los testamentos.
  2. 2000 al año, es decir unos 300.000€, más que suficientes para vivir con discreción y además ahorrar para dejarle dote a las niñas. Se insiste en que no les ha dado la gana (algunos detalles caros: libros, profesor de piano, nunca es un problema comprar ropa nueva, caballos)
  3. Las 4000 libras (total, no renta) de Mrs Bennett aportan un interés de 160 al año = unos 20.000 euros. Al nivel de vida de la clase media acomodada es poco dinero, pero en 15 años de ahorro tienes 2.400 para la dote de una hija. Casas a la mayor o a la más guapa con el hombre más rico que puedas encontrar, y los contactos y el prestigio de esa unión facilitan las bodas (y la supervivencia) de las demás. Esto la novela no te lo explica, lo sobreentiende.

Por eso se insiste tanto en que Mrs Bennett es tonta (y mala madre por mimar en exceso a sus hijas), que Mr Bennett pasa de todo (y es un mal padre porque no ha sabido gestionar su casa) y por qué las tres mayores han tenido una educación excelente: una buena cultura general y saber música o canto te hacen quedar mejor en fiestas donde conseguir un novio. Pero eso, que estaría muy bien si hubieran tenido un hermano para que heredara la fortuna familiar, sirve para muy poco cuando todo el mundo sabe que tú sola eres pobre, que lo único que tienes es tu apellido. Esto se lo restriega el primo Collins a Lizzie, en lo que en términos austenianos es de los peores insultos de su obra: «sé que lo único que tienes son mil al año al cuatro por ciento». Ese “cuatro por ciento” se menciona de pasada en otros lugares como el interés más habitual que te daría un banco por tener tu dinero quieto. En este caso son 40 libras al año, y con eso Lizzie no tiene ni para pipas. Al contrario que su hermana Mary, le faltan habilidades para ser institutriz. Lo tiene realmente crudo, y no hacía falta recordárselo. Ya sabéis algo más sobre por qué es odioso el primo Collins: no es que hablar de dinero sea ordinario, es que la está llamando muerta de hambre.

Ahora, los Darcy. Las 10.000 libras al año de Mr Darcy son una cantidad simbólica de OH DIOS MÍO ATENCIÓN CHICAS, ESTÁ PODRIDO DE PASTA. Alrededor de un millón de euros al año. Es verdad que en pagar criados, coches de caballos y todo eso se va bastante. La fortuna (no renta) de Miss Darcy son 30.000 libras, que dan 1200 de interés al año.

Terminemos con la cuestión de cuánto dinero era suficiente para tener el estilo de vida de los personajes principales, y por qué son importantes las maquinaciones de Wickham. Resumiendo, Wickham tiene una herencia modestísima, apenas suficiente para hacerse un hueco en la clase media. Pero él no ha nacido para trabajar, e intenta seducir a Miss Darcy. Cuando no le funciona, le echa la caña a Lizzie Bennet hasta que descubre que es pobre (la educación de ella engañaría a cualquiera) o tal vez solo quería jugar. Dejando a un lado cuestiones morales, fugarse con Lydia es un grado de irresponsabilidad absurdo, porque no puede beneficiarle económicamente, y el único sentido de escaparse juntos es casarse. Cualquier otra cosa podrían hacerla a escondidas Tal vez solo le importe pasárselo bien un rato y abandonarla.

Los Bennet y sus íntimos saben muy bien qué necesita Lydia para sobrevivir y qué puede llegar a pedir Wickham. Tomemos información de otras novelas. Las tres hermanas Dashwood y su madre (Sentido y Sensibilidad) vivían muy justas con 500 libras al año. Edward Ferrars y Elinor Dashwood se casan y se las apañan con 450 al año. El coronel Brandon se casa con Marianne y 2000 al año es desahogado. Nos queda bastante claro que con 500 al año sobrevives si eres clase media; las mujeres son un partidazo muy serio nivel «solo se casa con ella por su dinero» a partir de unos 1000 al año. Los hombres puede asegurar una vida cómoda a su familia con unos 2000. Ahora sabemos que los 1200 al año de Miss Darcy son suficiente para un matrimonio responsable o comenzar un negocio, pero quizá no suficiente como para darse la gran vida, que es lo que Wickham querría.

Sigamos. Cuando Wickham pone condiciones económicas a Mr Bennett para casarse con Lydia, quiere las mil de ella, que le tocan porque las heredaría de su madre, y cien más de renta. Eso suma 140 anuales, un tercio de lo que necesitan para sobrevivir. El padre no se lo cree: «Wickham es imbécil si se la queda por menos de diez mil». ¿por qué esa cifra? ¿Porque es redonda? No, porque la renta de 10.000 son 400 y es la cantidad mínima con la que Wickham podría vivir sin trabajar. Y tachán: se da a entender que precisamente 10.000 es el soborno que le da Darcy.

Se dice muy al final que cuando Mr Bennett le pasa cien al año a Wickham, no es mucho más de los que le costaba mantener a su hija, entre criarla y que la madre le pagaba todos los caprichos. En una familia con unos ingresos modestos, esos 15.000 en dinero moderno es una barbaridad.

Para terminar, se dice que Wickham tenía mil libras en deudas. Además de decir que equivale a unos 100.000 euros, una cantidad que no nos cabe muy bien en la cabeza, también podéis calcular que un profesional modesto vivía con 500, uno acomodado con 2.000. Es un poco como gastarse el doble del sueldo anual de un profesor de hoy día. Por si tenéis curiosidad: un hombre que se gastara demasiado dinero en cosas inconfesables se lo dejaba en alcohol, prostitutas y juegos de azar. Si el hombre en la novela enferma o muere, se sobreentiende que más lo primero que lo último.

(1) Sabemos gracias al edicto de precios máximos de Diocleciano, de 301 d.c., que 50 denarios era el jornal diario de un trabajador cualificado o la tarifa mensual por alumno de un maestro de enseñanza elemental. Con 100 denarios podías comprar unas botas. Gracias a @Carmen_caesaris por facilitarme el documento.

Felicidades maternales

Las palabras inventadas. Su palabra para pedir que lo cojan en brazos. Tu palabra para las cosquillas.

Que se duerma en menos de una hora desde que entra en la cama.

Despertarte de la siesta y que él siga dormido.

Jugar en el parque hasta que pide volver a casa.

Verlo comer.

Verlo comer sin mancharse, como un niño grande.

Verlo comer con cubiertos.

Estar leyendo un libro sin ilustraciones y que un niño demasiado pequeño para saber leer se asome y te diga muy serio «Son letras».

Que cante. Reconocer en su chapurreo canciones que le has enseñado. Que solo sepa dos palabras y la melodía (wo, wo, wo). La primera letra que se aprende entera. La primera canción que se inventa él.

Ponerte en cuclillas para un abrazo y que te tire al suelo.

Derrumbarte en el sofá cuando se ha dormido o no está en la casa.

Derrumbarte en el sofá y que trepe por encima de ti.

Estar en casa. Oír el tintineo de las llaves. Han llegado. La puerta la ha abierto él, y grita HOLA, MAMÁ. Y corre, corre, corre por el pasillo hasta que parece que te va a abrazar, pero se para y te dice muy serio qué se ha encontrado hoy por ahí fuera.

Según crecen, van cambiando. Ya no huele a bebé, ya no me cabe en brazos ni aplaude cuando está contento. A veces se puede crear una rutina y te acostumbras, otras veces el ritmo de los cambios es acelerado. Me pregunto cuántas maravillas más nos quedan por descubrir.