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¿Quién planchaba las enaguas de Jane Austen?

Pues depende. Seguro que ella misma, no.

Las tareas y el nivel de vida del servicio doméstico inglés, que las obras de ficción recogen con distintos niveles de realismo, fueron variando a lo largo del tiempo. El boom empezó con la revolución industrial, ya que la burguesía deseaba demostrar su estatus (buena parte del servicio a los aristócratas lo hacían nobles de menor rango, especialmente en la Corte), y era un empleo bastante deseable comparado con la industria y la agricultura. Decayó con la primera guerra mundial: los hombres, ricos y pobres, iban al frente, y las mujeres que podían trabajaban en las fábricas.

Las casas más grandes tenían mucho más servicio que las pequeñas y medianas de una forma que no era proporcional. Por ejemplo, una familia muy rica tendría dos casas, recibiría visitas en la del campo, mantendría caballos, elaboraría conservas o licores con los productos del huerto, necesita criadas que limpien y cocinen para el personal de rango superior… Cuanto más rica la familia, más servicio, más rígida la relación jerárquica de los criados entre ellos y más ocasiones formales como cenas de gala con invitados. Esto también aumenta con el paso del tiempo; hay más formalidad en 1910 que en 1790.

Si te preguntas para qué querían tantos criados, aquí tienes una pequeña explicación de cómo sería el día a día en una casa burguesa alrededor de 1900. Habrá inexactitudes, debidas sobre todo a que como digo, no es lo mismo un industrial en Manchester en 1800 que una mansión en Dorset un siglo más tarde. Vamos a imaginar un matrimonio burgués no tan rico como para tener varias casas. Viven en una ciudad. Él es banquero, como Banks en Mary Poppins, o tal vez industrial; el caso es que tiene un trabajo de oficina pero de cierto prestigio. No necesitan caballos. Si tienen niños, están con la niñera y no los nombraré.

Reparto de la serie Arriba y Abajo, de los años 70. Primera doncella, lacayo, cocinera, mayordomo, segunda doncella, el hijo, la esposa, el marido, la esposa del hijo, la pinche.

Tienen un mayordomo, un lacayo, una cocinera, la doncella de la señora, dos doncellas más y una fregona que también es pinche de la cocinera. La estructura de la casa es como en Arriba y Abajo, porque es ciudad, no como en cualquiera de las obras donde la casa es de campo: En el semisótano está la cocina, la sala de estar de los criados, el despacho o sala de estar privada del mayordomo, la nevera, la despensa y la carbonera. En la planta baja están la entrada, la salita de día, el comedor, y el despacho del señor. En la primera planta están el dormitorio principal, dos vestidores, y varias habitaciones para invitados o los niños. En la segunda planta están todos los dormitorios del personal. se procura que haya dos pasillos para poder separar a hombres y mujeres. El mayordomo, la cocinera y la doncella personal tienen cuartos privados. El resto del personal comparte, siempre separando por sexos, así que en mi ejemplo hay un cuarto con tres criadas y otro con un solo lacayo.

La ropa se lleva a la lavandería, menos lo más delicado. El cambio de sábanas y la entrega de todo lo sucio se hace un día en semana; dos días más tarde se recoge lo limpio, se cuenta y revisa prenda a prenda. Eso lo hacen entre la doncella personal y la primera doncella, que luego rinde cuentas al mayordomo de todo lo que no es ropa de la señora.

La cocinera no va personalmente al mercado. Atiende a proveedores que vienen a casa y si necesita algo concreto rápidamente, manda al lacayo. Hace todos los dulces, y posiblemente también el pan, aunque puede que lo compre.

Todos los criados libran la mañana del domingo. Se da por sentado que irán a la iglesia. Algunas casas son más tolerantes que otras con criados que no lo hacen o que no son de la misma religión que los señores. Para que en la casa no se sienta que no hay personal, cocinera y pinche dejan listos a primera hora el desayuno, una bandeja de elegantes sandwiches y el asado, y la comida principal pasa a ser un almuerzo tardío o una cena temprana.

Es variable que todos los criados, particularmente los senior, libren un día completo o una tarde entre semana. Esto es un problema en una casa con una sola cocinera sin una ayudante bien entrenada. Los señores ese día salen a cenar fuera, a visitar a amigos que saben que en tal día de la semana simplemente no se puede ir a visitar a esta familia.

Si esta familia escalara en sociedad un poco más, podría tener otra ayudante de cocina con formación, pero con ocho personas de servicio empieza a hacerse necesaria un ama de llaves: menos trabajo para la primera doncella, más trabajo para la segunda porque al haber mayordomo, cocinera, niñera y ama, habría comedor o sala de estar para sirvientes de primera y de segunda. El ama de llaves requeriría un despacho y un dormitorio. Como puede verse, no es una cuestión de otro sueldo y ya está. La cumbre de la escala social tiene escalones muy empinados.

Y lo que hace en el día tanta gente lo vamos a ver hora a hora. «Arriba» significa zona de los señores y «Abajo», concerniente a los criados.

6 a.m. Los criados se levantan, se asean rapidito y se visten. La pinche se ha levantado la primera y a toda prisa porque tiene que encender el fuego de la cocina, hacer una primera ronda de té, subírselo a la cocinera que se lo toma en la cama, subirle agua caliente al mayordomo y el lacayo para que se afeiten. La segunda doncella arregla el cuarto de las tres; deja la cama deshecha pero estirada para que se ventile, y la ventana, si tienen, abierta. Todos los demás criados hacen lo mismo.

7 a.m. El mayordomo pasa revista a todos en la cocina. Comprueba que la ropa, el pelo, las manos, las uñas, todo esté limpio y arreglado correctamente. Las criadas 1 y 2 suben a encender fuegos por la casa. El mayordomo sube a vestir y afeitar al señor. La doncella personal de la señora la despierta, la viste y la peina. Después, los dos dejan vestidores y dormitorio en perfecto orden. La cocinera hace el desayuno de Arriba (tostadas o bollitos, huevos, tal vez salchichas o arenques, fruta) y recibe a los proveedores. El lacayo pone la mesa del desayuno. Los criados desayunan según van terminando su primera tarea del día. Puede ser un buen desayuno (pan, arenques, gachas de avena) porque no van a comer caliente en diez horas.

En una familia más rica y ociosa, en la que el señor no tuviera que salir a trabajar temprano, la señora se daría un baño por la mañana y los ocupantes de Arriba que lo desearan (especialmente las mujeres) tomarían un desayuno muy ligero de té y tostadas antes de bajar a tomar nuestra idea de «desayuno a la inglesa».

8 a. m. Los señores desayunan. El desayuno se sirve en estilo buffet, al contrario que el resto de comidas del día. Esta es la manera correcta y no me preguntéis por qué. Lo sirve el mayordomo. La doncella de la señora dobla y guarda el camisón, echa a lavar lo que sea, prepara cualquier cosa que la señora necesite si va a salir, repasa el armario en busca de cosas que haya que reparar, coser, limpiar o tener listas para por la tarde. Las doncellas limpian los dormitorios. El lacayo, que había estado poniendo la mesa de arriba, desayuna. La fregona está liada con los cacharros de preparar el desayuno. La cocinera mira qué tiene en la despensa y la nevera. Si es viernes, toca pescado y seguramente mañana también.

Antes de las 9 a.m. El señor de la casa se va a trabajar andando. El mayordomo tiene listo su sombrero, paraguas, cualquier cosa que necesite. Confirma que comerá en el trabajo o en su club y que volverá a la hora del té. El mayordomo supervisa la limpieza del piso principal, que realizan las dos doncellas. Si hay que mover algo pesado, como arrastrar muebles, lo hacen entre todos. La señora llama a la cocinera para discutir el menú de hoy. Le dice qué le apetece para comer; tal vez no quiera un plato de pescado para ella sola, y la cocinera le proponga una sopa (tiene el caldo hecho, shhh) y un plato de huevos. Le dice cuáles de sus amigas vendrán a tomar el té y si tienen visitas a cenar. La cocinera piensa en platos del gusto de los invitados que conoce de ocasiones anteriores. Cuando baja, se lía a dar órdenes a la pinche. Ellas dos tienen las siguientes tareas por delante:

  • La cocinera no hace, necesariamente, su propio pan (esto es menos probable cuanto más avance el siglo) pero sí toda su repostería. Tiene que servir una variedad de bizcochos o tartas para el té, si está de humor o es festivo también algo sencillo para el servicio, un postre con la cena de Arriba, otro con la de Abajo.
  • Caldos y salsas. Entran en el mismo epígrafe porque muchas salsas de alta cocina necesitan un caldo como base, que se reduce o espesa. Los caldos deben cocer muchas horas. Las salsas son muy delicadas de hacer.
  • Sopas. Eso significa «crema» y en un mundo sin batidoras, hacer purés significa picar fino, triturar, usar coladores y pasapurés… un rollo.
  • Limpiar verdura, pelar, picar. El nivel esperado es de restaurante de lujo. Todo debe quedar perfecto; para la comida de los criados también.
  • Limpieza y despiece de carne y pescado. Las aves llegan con plumas.
  • Preparación de mermeladas y alguna otra conserva similar. Menos cuanto más avanza el siglo, y más en campo que en ciudad.

Y todo esto es antes de empezar a cocinar. No está mal.

El lacayo, después de desayunar, se asegura de que hay leña y carbón en todos los sitios apropiados, y se pone a las órdenes primero del mayordomo y luego de la cocinera para ir a hacer una ronda de recados.

10 a.m. o cuando los dos pisos de Arriba están listos, el mayordomo repasa la ropa y los zapatos de su jefe. Se lleva los zapatos abajo para limpiarlos, y coge cualquier cosa que necesite un arreglo de costura. Lo más probable es que él no sepa hacerlo y le pida el favor a la doncella de la señora o la primera doncella. De paso que baja, habla con la señora o tal vez la cocinera para saber qué se va a comer y cenar y sugiere vinos.

A las dos doncellas, la limpieza les va a llevar bastante más de una hora. Limpian la casa entera de arriba a abajo. Todo lo que puede estar tapizado, lo está; no hay aspiradoras, y el calor viene de chimeneas, así que hay muchísimo polvo. Lo último es limpiar los dormitorios del servicio, y hacer las camas.

Se van acercando las 12 a.m. Puede hacerse una pausa para un almuerzo rápido: té o cerveza, según la época y el gusto de la casa, pan con algo… La cocinera organiza qué tiene que ir dejando hecho para la noche y mañana (limpiar pescado, hacer un caldo, una tarta) y qué tiene que estar hecho YA para que coma la señora. El mayordomo pone la mesa y se la sirve cuando está preparada.

1 p.m. o algo después: El mayordomo o el lacayo recogen la mesa. Una o más de las doncellas reparan cualquier prenda de vestir que lo necesite; las reparaciones se hacen antes de llevar a la lavandería. Puede darte asco pero piensa que se lavaba a mano; imagina el efecto de frotar si hay un pequeño descosido o un siete. La doncella de la señora se encarga de sus cosas; las plumas, pieles, lana, encaje y bordados, por decir solo algunas texturas complicadas, se frotan con un paño y mucho cuidado.

La tarde: hasta la hora de servir el té, el mayordomo puede limpiar la plata, enseñar al lacayo a hacer alguna cosa, echar cuentas (lleva todo menos las de la cocina), revisar agenda, o descansar un rato. Si la señora necesita algo que no sea su arreglo personal, se lo pedirá a él. Por ejemplo, imagina que quiere que avisen a su amiga de que le duele la cabeza y no podrá salir, o echar cartas al correo o pedirle cita a la modista. El recado lo hará el lacayo, pero a hablar con la señora irá el mayordomo, o si está muy ocupado (en la práctica: si está limpiando la plata) la primera doncella.

Puede que la cocinera ponga un rato los pies en alto si tiene por delante una cena muy agotadora.

Las doncellas se cambian la ropa de color claro con delantales blancos sencillos, para limpiar, por ropa negra con delantales con borde de encaje. A partir de ahora la primera está disponible para abrir la puerta y ambas para subir el té si el mayordomo no puede. Esto no sería lo más correcto si hubiera visitas. Son las encargadas de la ropa en lo que no lleve la doncella de la señora, así que se reparten el repaso y la plancha de la ropa de la casa, los niños, la servidumbre y el señor. Ellas o el mayordomo enseñan al lacayo a hacer estas tareas. Un criado varón debería saber planchar aunque no cosa.

El té, sobre las 5: El té se sirve a una hora puntual pero no tienen por qué ser las 17:00, puede ser a las cuatro o lo que sea. Puede haber invitados. La pinche pasó de ayudar a preparar el almuerzo a fregarlo, entonces fregó la cocina y tal vez descansó el tiempo justo de que la cocina se secara, que sería poco porque la cocina es económica y mantiene toda la planta caliente, todo el día. Ahora hay que: hacer té para toda la casa. Preparar los canapés, sandwiches o tostadas de Arriba (es de mala educación pasar directamente al dulce: en una ocasión en la que los niños tengan tarta, primero hay pan con mantequilla, como mínimo). Llega la cocinera, y revisa o hace ella esos sandwiches. Corta las porciones de bizcocho o prepara las bandejas si se va a subir una tarta entera. El mayordomo comprueba que está todo bien puesto y lo sube.

La cocinera y la pinche terminan de hacer la cena para los criados. Suelen ser contundentes y sencillas: carne o pescado todos los días, guisotes, «pies» o empanadas, patatas cocidas, cerveza en unas familias y té en otras, postres del tipo de puddings. Los días de fiesta se come por ejemplo una paletilla de cordero. Cuando toca pescado, bacalao o caballa en temporada. En una casa más pequeña, la comida de los dueños es parecida a la de los criados, solo que mejor servida, más abundante o con más elementos. En una casa grande, los dueños comen una aproximación a alta cocina francesa y preparar la cocina de los criados es tarea de una de las ayudantes de la cocina.

Cuando el té de arriba está servido, los criados se sientan a comer. Hay un estricto orden jerárquico. En una casa muy grande, los criados no necesitan estar tan coordinados, se pueden hacer turnos, y ama de llaves, mayordomo, el personal que cuide de los niños y el o la cocinera de más rango pueden comer aparte, servidos por un lacayo o criada.

En una casa mediana como esta de mi ejemplo, es lo más práctico que la señora se bañe por la tarde. Para ella lo ideal es hacerlo entre el té y la cena, y así aprovecha y se cambia de ropa. Se calienta agua en la cocina, la sube a cubos una doncella, y mientras tanto su doncella prepara toda la ropa, complementos y joyas que necesitará para arreglarse. Se baña en el cuarto de baño si lo hay, o en su vestidor. Su docnella además de preparar el baño con la temperatura a su gusto, el jabón, etc., cuando termine y se vista tiene que peinarla.

En la cocina están liados con la cena de los señores. Entremeses, sopa, carne o pescado con guarnición, postre. Más complejidad si hay visitas. La cocinera no se sienta hasta que suben la última bandeja. Entonces la criada todavía está fregando, tal vez con la ayuda de la segunda doncella. El mayordomo ha habierto la puerta a los invitados, los ha hecho pasar y él y el lacayo han puesto la mesa. Han servido la cena y luego la retiran.

Suponiendo que haya invitados, lo correcto es recibirlos en un salón, pasar al comedor cuando estén todos, comer y que las señoras se vayan al salón mientras los hombres, en la mesa, fuman y hablan de sus cosas. Al cabo de un rato, van a donde estén las señoras y dependiendo del momento histórico, toman té o bebidas alcohólicas (a principios del siglo XIX la gente elegante cenaba sobre las 5 y alrededor de 1900, sobre las ocho). Así que nuestro mayordomo fin de siècle se asegura de que haya un buen surtido de licores en el salón, se asegura de que tiene los vinos de la comida, pone la mesa, recibe invitados, baja a la cocina, sube a avisar de que la comida está lista, la sirve, pregunta a la señora si necesita alguna cosa más, espera a que los señores terminen de hablar de sus cosas de señores (tal vez le pidan un licor antes de volver con las mujeres), retira la mesa él, el lacayo o los dos, y espera a que lo llamen si hace falta algo. En una reunión íntima no se queda en la sala; cada familia tiene sus reglas sobre si prefieren llamar a un criado si quieren que traiga algo o si es mejor que se quede haciendo de camarero.

En la cocina recogen todo y si no es muy tarde, tal vez toman un pequeño resopón. La fregona lleva quince horas trabajando; los demás algo menos. La cocinera comprueba que todo en la despensa está en orden. La doncella de la señora la ayuda a desvestirse. El mayordomo comprueba que todas las puertas están cerradas, los fuegos, etc. y le da una ronda rápida a la casa.

Como puede verse, es una vida agotadora en la que se dedica muchísimo tiempo a la limpieza, pero también a tareas ligeras que en tiempos de Jane Austen o Charles Dickens y en una clase social equivalente habrían hecho los dueños de la casa, como hacer té o los recados. En una sociedad en la que era posible el ascenso social y la burguesía fue ganando terreno a la aristocracia, los modales refinados y poder permitirse servicio que les permitiera pasar el día entero mano sobre mano, sin hacer absolutamente ninguna tarea doméstica o de cuidado personal, distinguía a los ricos de verdad del resto.

Y ya solo queda la entrada sobre quién cuidaba de los niños.

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De Pemberley A Downton Abbey: el servicio doméstico en la ficción inglesa.

Parte del personal de Downton Abbey: seis doncellas, dos lacayos, los asistentes personales de los dueños de la casa, el mayordomo y el ama de llaves.

Un efecto que se percibe al contrastar las obras de Jane Austen con las novelas posteriores (Charles Dickens, por ejemplo) o con otro tipo de ficción más o menos romántica, como Downtown Abbey por decir un ejemplo reciente, es que Jane Austen se fija en la clase media-alta y se olvida de todo lo demás, muy especialmente de cómo pueden mantenerse esos campos y mansiones. El servicio doméstico era ya absolutamente clave en la vida cotidiana y las distinciones entre clases sociales cuando ella escribía, a principios del siglo XIX, pero lo da por sentado. No es algo muy significativo para esta autora.

¿Por qué era clave para distinguir clases sociales? Porque mantener criados no era barato, y como veremos, sin determinado tipo de servicio hay ciertas actividades sociales que no puedes realizar. Eso determina tu círculo. Pero vayamos poco a poco. Estas indicaciones son válidas casi desde 1790 a la primera guerra mundial.

Todo el que se lo podía permitir tenía algo de servicio por poco que fuera. La pobreza generalizada y la dureza extrema del trabajo de las fábricas y el campo hacían que las mujeres jóvenes estuvieran dispuestas a trabajar por poco más que la manutención. Si una mujer o una familia tiene contratada a una sola persona, es una chica para todo. Se levanta antes que la familia para encender el fuego, pero puede que se acueste antes. Cobra una miseria, y es probable que esté interna así que tiene la comida y el alojamiento incluidos. Libra muy poco: tal vez medio día a la semana. Es probable que la ropa no se lave en casa, y cocinan las mujeres. La señora de la casa hace bastante. Es importante recordar que casi todo el trabajo doméstico consistía en tareas que hoy hacen electrodomésticos: adquirir comida, encender fuegos, lavar ropa. Hacer jabón, velas, conservas, y prendas de vestir. Fregar cacharros con sin agua caliente corriente y sin jabón es una tarea durísima y lenta.

«La Marquesa», una niña que trabaja en condiciones de esclavitud en Almacén de Antigüedades, de Charles Dickens (1840).

Un hombre que viva solo puede tener un criado para todo. El ejemplo más famoso es Jeeves, el mayordomo en las novelas de Wodehouse. Es probable que se encargue de externalizar la colada y lo peor de la limpieza. ¿Qué hace un criado que no limpia la casa ni lava la ropa? Hacerse cargo de la carga mental. Puede preparar desayunos y comidas ligeras, quizá improvisadas. Sirve la mesa y recibe a las visitas. Hace recados. Limpia lo urgente, y lo delicado y lo valioso. Lidia con el personal externalizado. Se encarga de que la lavandería tenga las cosas limpias, escoge lo que el señor se pone. Cosas así.

Jeeves (Stephen Fry) y Wooster (Hugh Laurie) en una adaptación de los años 90.

Una unidad familiar con dos personas de servicio tiene dos opciones: en el campo, una mujer para las tareas domésticas y un hombre para el jardín, los caballos, los recados y las reparaciones caseras. Ese hombre puede ser la tercera persona si es mejor tener tres criados. Este hombre-para-todo que trabaja más hacia el exterior no es tan importante en ciudad, donde claramente lo más práctico es que la segunda persona sea otra mujer.

Si tenemos dos mujeres, una limpia y la otra es la cocinera. El ideal es un hombre francés. Lo práctico es una mujer inglesa bien preparada, y además es más barato. Una mujer también simplifica la jerarquía del servicio, que explicaré cuando hable de mayordomos y amas de llaves. La cocinera prepara dos comidas diferentes, para los señores y para los criados, y enseña el oficio a la criada que la asiste.

A partir de aquí el servicio doméstico no escala de forma proporcional ni uniforme. Posibilidades en Jane Austen., que describe un mundo rural: fregona, cocinera, y un hombre-para-todo que se encarga de los caballos, los recados, y las reparaciones caseras. La cantidad de mozos depende de la de caballos. Puede que en una casa con mucho servicio, se encargue en exclusiva de la cuadra. Un siglo más tarde, sería sustituido por el chófer.

Si subimos un escalón, entramos en lo que distingue la clase media regulera de la clase media pata negra buena de verdad: se supone que servir la mesa en la buena sociedad solo pueden hacerlo hombres. Cobran más, trabajan menos que las mujeres, y por tenerlos pagas un impuesto especial. El estatus de los criados varones está dirigido a distinguir dos capas dentro de la clase media, quienes se pueden permitir invitar a comer, y los que no.

Estos son los posibles cargos de un criado varón:

  1. Como ya se ha dicho, ser el chico para todo de un hombre soltero.
  2. Llevar caballos, o caballos/jardín/recados/bricolaje/esas cosas de hombres.
  3. Mozo de cuadras. Solo gente muy rica, con muchos caballos y en la casa del campo.
  4. Chófer. Solo gente muy rica en el siglo XX.
  5. Lacayo. Tareas: ayudar al mayordomo con su parte (el mayordomo se las trae, lo comentamos más abajo), abrir la puerta, poner y servir la mesa, y con gente muy rica o en pleno siglo XIX, hacer bonito. Literalmente. La clase de criado que está ahí para un por si acaso es siempre un hombre. Seguro que lo has visto en películas y series y nunca te habías dado cuenta.
  6. Ayuda de cámara. La ropa de hombre no es difícil de organizar o de poner, así que solo tienes ayuda de cámara si eres extraordinariamente rico. Esto es una diferencia entre las dos series que mejor describen la situación del servicio: en Downton Abbey, Robert Crawley tiene a John Bates, pero en Arriba y Abajo, Lord Bellamy ha ascendido en la carrera política desde la capa más baja de la clase media, y para él es suficiente con tneer solo tres criados hombres: mayordomo, criado y chófer. Le ayudará a vestirse el mayordomo. Eso sí, para un hombre que viaje mucho, tener ayuda de cámara facilita la vida al resto del personal, porque se lo lleva solo a él. Si Lord Bellamy viaja sin su familia, tendría que llevarse al lacayo.
  7. Y por último, el mayordomo.

El mayordomo tiene muchas labores diferentes. La más importante de un criado varón es servir la mesa. Sin mayordomo o lacayo, no puedes invitar a tu casa más que a la familia más íntima. Jane Austen solo nombra al servicio de pasada, pero si has leído Sentido y Sensibilidad, haz memoria: las Dashwood no invitan a comer o cenar. Reciben visitas cortas que nunca se quedan mucho tiempo y las invitan a ellas a sus mansiones. En otros libros no hay protagonistas con tan poco dinero, así que sus invitados pueden quedarse a comer.

Si hay mayordomo, lo correcto es que él sea quien abra la puerta y reciba a las visitas. Es quien pone la mesa para la familia, o supervisa que lo haga el lacayo. Lleva el inventario de los objetos de valor de la casa, incluido el servicio de mesa (vajilla, plata) y la bodega. Viste al señor de la casa si no tiene ayuda de cámara, lo que incluye, si no lavar su ropa, asegurarse de que está lista, planchada y guardada. Y muy importante: si no hay ama de llaves, es jefe de todo el personal que no cocine. Si hay ama de llaves, él es solo el jefe de los hombres.

Hudson en Arriba y Abajo es un modelo ideal de mayordomo.

Como este post procura ir de menos a más, se ha interrumpido la jerarquía de las mujeres. Sigamos con ellas. Resumiendo los primeros párrafos, si hay una lo hace todo menos lavar ropa (tal vez). Si hay dos, una cocina y la otra friega. Si hay tres o más, la cosa empieza a ponerse interesante. Veamos a las criadas por sus nombres en inglés:

  1. Kitchen maid: pinche, fregona. Limpia las partes de la casa que los señores no ven, hace lo más duro del trabajo de la cocina y aprende a cocinar.
  2. Housemaid: limpia, especialmente la parte de la casa donde viven los señores.
  3. Parlour maid o house parlour maid. Limpian la parte de noble de la casa por las mañanas, y por las tardes sirven el té o están más descargadas de trabajo. Si hay varias, la más antigua ocupa una posición senior respecto a las demás y las coordina o enseña. Ayuda a vestirse a las señoras que no tengan su propia doncella.
  4. Lady’s maid. Visten a la señora de la casa y también se encargan de que todas sus cosas estén limpias, arregladas y ordenadas. Teniendo en cuenta que una dama de la alta sociedad se vestía varias veces al día, y que llevaban varias capas de ropa interior y además complementos, era un trabajo más ligero que el resto pero no estaban mucho tiempo sentaditas quietas. Vestir a una hija es trabajo extra de la parlour maid más alta en la escala: la lady’s maid no se presta.

Solo queda el ama de llaves, una figura característica de casas muy grandes. Es la jefa del personal femenino de manera absoluta, y del masculino en ausencia del mayordomo. En una casa con ama de llaves, el mayordomo y la cocinera no suelen comunicarse directamente con la señora. En una casa con mucho servicio, la jerarquía doméstica tiene miga. Un repaso:

  • Mayordomo, chef y ama de llaves están al mismo nivel y en principio, hacen frente común y no se pisan entre sí. Un empleado muy junior obedece órdenes de quien se las dé, pero el mayordomo no daría instrucciones a un ayudante de cocina, por ejemplo.
  • Todo el personal está en una escala fuertemente jerárquica en el que si hay varias personas con la misma función (por ejemplo, tres lacayos) el que tenga más antigüedad coordina a los demás en ausencia del superior.
  • Esto significa que es posible, y deseable, la promoción interna.
  • El mayordomo es jefe del personal masculino siempre, y del femenino cuando la casa no es tan grande como para necesitar ama de llaves. El ama de llaves es jefa de las mujeres. La cocina es un mundo aparte.
  • La implicación de los señores de la casa en contratar servicio es muy variable. Las entrevistas de trabajo pueden ser dobles. Cuanto más junior sea la posición que hay que contratar, más probable es que la elección la haga personal senior y no los dueños de la casa.

Ahora, cómo se les llama: las criadas son por el nombre. Mary, Susan. Por el nombre pueden ser los lacayos de menor rango. Las lady’s maids y casi todo el personal masculino son por el apellido sin tratamiento de cortesía. Las amas de llaves y las cocineras son Mrs. Dirigirse a ellos o no puede variar según contexto y épocas: sirviendo la mesa, se finge que los criados no están. No se les habla, ni aunque hagan mal su trabajo. Por supuesto, la limpieza se hace «a escondidas». Se buscan momentos en los que la familia de la casa no esté. La familia y el servicio se pueden saludar, pero en conjunto se vuelven «invisibles».

Un resumen final de cuánto servicio podemos esperar en una casa en función del poder económico de los dueños. Vamos a suponer que viven en las afueras de una ciudad, lo que justifica una cuadra y un caballo o un coche, y que estamos a finales del siglo XIX o muy principios del XX. Suponemos también un hijo y una hijea menores de edad.

  • Un pequeño artesano y su mujer: Chica para todo.
  • Un sastre: chica para todo, un mozo para cuidar de un caballo, ayudar en el huerto, hacer recados, cortar leña, etc.
  • El sastre mejora de posición: cocinera, criada y mozo.
  • Al sastre le va muy bien, abre una mercería: Cocinera, fregona, criada y mozo.
  • El abuelo era sastre. Nosotros tenemos un negocio de importar seda: Cocinera, fregona, criada, mozo, mayordomo. Los chicos varones tal vez tengan un tutor, probablemente no. Este es el nivel mínimo de los Bennet en Orgullo y Prejuicio. Mínimo.
  • El negocio crece. Invitan a gente a cenar cada vez con más frecuencia, y a gente con mayor posición social: Se añade un lacayo, y dos criadas mejor que una. La señora de la casa asciende a la Primera Criada a su doncella personal. Este es el nivel de Arriba y Abajo (la de 1971).

Quedan dos posts para completar este: el cuidado de los niños, y cómo era el día a día del servicio. Así que si tenéis alguna pregunta, servirá para complementar esos.

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Embarazo y crianza

Sísifo y la lavadora.

Creo que era en Cómo tener la casa como un cerdo, un libro del humorista americano P J O’Rourke, que decía que el mito de Sísifo era una metáfora del funcionamiento de la colada: no importa cuánto hagas, siempre hay que volver a empezar. Estos días seguro que han modificado el ritmo al que pones lavadoras, ya sea para menos porque no sales a la calle, o para más si extremas la higiene. En cualquier caso, estos consejos van dirigidos a cualquier persona muy ocupada que encuentra poco tiempo para hacerse cargo de la ropa, sobre todo si tiene niños pequeños. No voy a hablar de cómo lavar, sino de cómo organizarte.

Procura poner la lavadora siempre a las mismas horas para aprovechar la discriminación horaria, si tienes, y para acordarte de vaciarla. Si la pones a diario, puedes programarla para que termine a tu hora de llegar a casa, o a un momento que tengas tranquilo (si la lavadora es vieja, puedes comprar un programador en la ferretería y ponérselo al enchufe). Si no tienes niños, puedes tender antes de salir de casa y volver para encontrar ropa seca. Si vuelves a casa a comer a mediodía, tiendes mientras te calientas algo y la ropa está seca por la tarde. Eso como tú veas. La opción de tener «el día semanal de poner varias lavadoras» mejora con temporizador: la primera lavadora está recién terminada cuando te levantas.

Lo siguiente es separar colores. Si solo hay uno o dos adultos que manchan poco, se tardarían semanas en llenar lavadoras con lo que te voy a proponer. Entonces, con una lavadora moderna, puedes hacer lavados de media carga. Con más personas es más fácil y menos engorroso separar colores. Estas son algunas de las separaciones que puedes hacer:

  • Todo lo sintético junto, especialmente si usas secadora, para que no se mezcla con el algodón. Además, no va a desteñir.
  • Algodón blanco.
  • Trapos de cocina y otras cosas muy sucias que requieran lejía, remojado o prelavado.
  • Ropa negra, que se puede mezclar con la ropa muy oscura para rellenar. Mis toallas son azul eléctrico así que hago lavadoras de camisetas negras y toallas, o de negro con rojo.
  • Algodón de colores. Casi todo lo que queda por nombrar es ropa no muy gruesa (tejidos tipo camiseta) de colores claros.
  • Si hay MUCHA ropa, merece la pena separar lavadoras por algodón fino o grueso (para cuando el pantalón vaquero se ha secado en la secadora, las camisetas están tostaditas como biscotes y eso daña las fibras) o por colores claros/oscuros.
  • Ropa delicada. Jerseys. Seda.

Lo que considero imprescindible es separar la ropa delicada y la muy oscura. Si tienes secadora, es imperativo separar sintéticos. Para lo demás, tú decides cuánto quieres complicarte. Si en casa sois por lo menos tres, no se tarda mucho en «llenar» lavadoras separadas por colores.

Pon lavadoras llenas en aproximadamente un 80% de su capacidad. Lavar apretao hace que no quede igual de limpio, lavar menos es poco eficiente. Eso va en gustos.

Ahora lo más importante: Si hay un niño, empieza por su ropa. Tiene poca y mancha mucho. Llena la lavadora y completa con ropa tuya de la misma calidad (algodón de color, o lo que sea). O sea: tienes un bebé y mucha ropita blanca: metes su ropa y tus toallas, y la segunda lavadora del día es de color. Tienes un niño y algodón de color. Metes eso, y completas con tu ropa. Tienes un adolescente y ropa deportiva sintética. Lo vas pillando.

La segunda lavadora del día es de lo que te convenga a las personas que trabajan fuera de casa. No priorices lavar ropa de casa: toallas, sábanas, trapos, pijamas, ropa vieja que solo uasas para estar en casa. Las únicas razones para lavarla son que te estás quedando sin limpios, o no hay nada más que lavar. Digo esto porque es ropa que abulta mucho, pero a lo mejor mientras estás lavando trapos, tu camisa favorita está al fondo de la bolsa.

Excepción: si alguna prenda tiene una mancha de algo biológico, haz el pretratamiento adecuado y métela en la siguiente lavadora, aunque esa no puedas ponerla enseguida. La ropa con restos de comida dejada ahí sin más puede ponerse mohosa, por ejemplo, y además de ser una guarrada esas manchas sí que no salen nunca. Afortunadamente solo me ha pasado con una acumulación de baberos, pero desde luego ya nunca más.

Cómo organizar todo esto: Usa bolsas, o cubos de paredes rectas, que ocupan menos espacio que los cubos cilíndricos. A veces se encuentran con separaciones interiores, que puede ser práctico. Yo tengo dos cestos grandes para blanco/color, un cubito muy pequeño para los trapos y otras cosas muy sucias, y una bolsa para la ropa delicada. Depende mucho del espacio disponible.

Uno de los mayores retos cuando mi hijo era un bebé era tener yo suficiente ropa limpia y presentable para ir a trabajar. Espero que estos consejos te ayuden a simplificar la tarea a ti también.

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Comentario de textos, y van tres: tipos de villano.

Tim Curry en Legend (1985)

Bueno, tenemos una entrada para saber qué es un comentario de texto, y otra entrada para separar el análisis de personajes de la teoría general. Continuemos con una pequeña pista sobre los villanos, que son más fáciles de detectar que de definir.

Los villanos son malvados, y aunque puedan ser personajes atractivos, su esquema de valores se opone al del público y al del héroe. A veces son protagonistas, o están cerca de serlo. Hay dos grandes modelos de villano que podemos ilustrar con la ayuda de Shakespeare:

El primero está en Otelo. Mini resumen: Otelo se casa con Desdémona, y uno de sus dos mejores amigos, Yago, en realidad lo odia, así que planea convencerlo de que su mujer le es infiel con su otro mejor amigo. El planteamiento es así de sencillo: «Odio a Otelo, expongo motivos irrelevantes o falsos, o simplemente me gusta hacer daño. Mi afrenta no tiene nada que ver con el modo en el que elijo mi venganza. Procedo a arruinarle la vida, y vosotros a morderos las uñas». Generalmente, admiramos la capacidad de este tipo de villano para los planes perversos. En Otelo, Yago es un personaje con unas líneas magníficas y cualquier actor querría interpretarlo, pero el argumento y nuestro interés se centran en qué pasa con sus víctimas.

Dominic West y la mirada intensa. Producción de Daniel Evans, 2011.

El otro gran modelo que nos da Shakespeare de villano es Ricardo III. En España es menos conocido. Hay una película moderna, con Ian McKellen (1995, ambientada alrededor de 1930 en una sugerencia de protofascismo), un documental llamado Looking for Richard con Al Pacino (1996) y una serie que enlaza todos los dramás históricos shakesperianos, con Benedict Cumberbatch en este papel (The Hollow Crown, 2012-2016). «Ah, que soy el décimo en la línea de sucesión? No me parece un problema nada complicado habiendo sicarios».

Ian McKellen en Ricardo III. Los monólogos de esta versión a menudo rompen la cuarta pared.

Los motivos de Ricardo III son creíbles, porque lo mueve la ambición. Su maldad es una estrategia para conseguir llegar al trono y mantenerse en él. La obra puede funcionar en un «porque sí» pero sus motivaciones también importan. Es sólido. Se porta como una persona normal, pero más malvado. La obra es su historia. En este caso es el protagonista, pero eso es una añadidura, no la base del personaje.

Ninguno de los dos modelos es mejor. Los villanos estilo Yago están ahí para dar algo que hacer a los héroes. Los villanos estilo Ricardo están ahí porque el mal nos interesa. En los últimos años, han proliferado las películas con un esquema más «ricardiano», en géneros muy diversos, subvertiendo las expectativas del público, tanto para divertir como para provocar empatía.

Antes de los Minions, estaba Gru. Pero ser malo no le salía muy bien.
Joker pasa de ser un obstáculo a Batman a tener su propia historia.

Lo importante es que el villano sea coherente dentro de su propia obra, en sus motivaciones y desarrollo. No hay un modelo único, y esta dicotomía que estoy presentando es solo un punto de partida. Depende mucho de qué tipo de historia se quiera contar. Puede que en cinco años, se hayan acabado estos villanos que miran a cámara y se muestran encantados de ser así de malos.

Qué mala, pero qué mala soy.