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Comentario de textos, y van tres: tipos de villano.

Tim Curry en Legend (1985)

Bueno, tenemos una entrada para saber qué es un comentario de texto, y otra entrada para separar el análisis de personajes de la teoría general. Continuemos con una pequeña pista sobre los villanos, que son más fáciles de detectar que de definir.

Los villanos son malvados, y aunque puedan ser personajes atractivos, su esquema de valores se opone al del público y al del héroe. A veces son protagonistas, o están cerca de serlo. Hay dos grandes modelos de villano que podemos ilustrar con la ayuda de Shakespeare:

El primero está en Otelo. Mini resumen: Otelo se casa con Desdémona, y uno de sus dos mejores amigos, Yago, en realidad lo odia, así que planea convencerlo de que su mujer le es infiel con su otro mejor amigo. El planteamiento es así de sencillo: «Odio a Otelo, expongo motivos irrelevantes o falsos, o simplemente me gusta hacer daño. Mi afrenta no tiene nada que ver con el modo en el que elijo mi venganza. Procedo a arruinarle la vida, y vosotros a morderos las uñas». Generalmente, admiramos la capacidad de este tipo de villano para los planes perversos. En Otelo, Yago es un personaje con unas líneas magníficas y cualquier actor querría interpretarlo, pero el argumento y nuestro interés se centran en qué pasa con sus víctimas.

Dominic West y la mirada intensa. Producción de Daniel Evans, 2011.

El otro gran modelo que nos da Shakespeare de villano es Ricardo III. En España es menos conocido. Hay una película moderna, con Ian McKellen (1995, ambientada alrededor de 1930 en una sugerencia de protofascismo), un documental llamado Looking for Richard con Al Pacino (1996) y una serie que enlaza todos los dramás históricos shakesperianos, con Benedict Cumberbatch en este papel (The Hollow Crown, 2012-2016). «Ah, que soy el décimo en la línea de sucesión? No me parece un problema nada complicado habiendo sicarios».

Ian McKellen en Ricardo III. Los monólogos de esta versión a menudo rompen la cuarta pared.

Los motivos de Ricardo III son creíbles, porque lo mueve la ambición. Su maldad es una estrategia para conseguir llegar al trono y mantenerse en él. La obra puede funcionar en un «porque sí» pero sus motivaciones también importan. Es sólido. Se porta como una persona normal, pero más malvado. La obra es su historia. En este caso es el protagonista, pero eso es una añadidura, no la base del personaje.

Ninguno de los dos modelos es mejor. Los villanos estilo Yago están ahí para dar algo que hacer a los héroes. Los villanos estilo Ricardo están ahí porque el mal nos interesa. En los últimos años, han proliferado las películas con un esquema más «ricardiano», en géneros muy diversos, subvertiendo las expectativas del público, tanto para divertir como para provocar empatía.

Antes de los Minions, estaba Gru. Pero ser malo no le salía muy bien.
Joker pasa de ser un obstáculo a Batman a tener su propia historia.

Lo importante es que el villano sea coherente dentro de su propia obra, en sus motivaciones y desarrollo. No hay un modelo único, y esta dicotomía que estoy presentando es solo un punto de partida. Depende mucho de qué tipo de historia se quiera contar. Puede que en cinco años, se hayan acabado estos villanos que miran a cámara y se muestran encantados de ser así de malos.

Qué mala, pero qué mala soy.

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