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Cultura emprendedora

Hace un tiempo, iba yo dando una vuelta por mi barrio una mañana. Tenía que ir al supermercado y es más práctico y agradable andar que coger el coche si no tengo que cargar con pesos grandes. Entonces me crucé con un niño y una niña de unos seis años, que habían pinchado en un tablón pulseras y collares hechos por ellos con bolitas de plástico. Me hizo mucha gracia y compré un colgante: un búho plateado colgado de un cordón de plástico negro. La confección no era de muy buena calidad, pero bueno, el detalle. He vuelto a ver a estos niños otros días, siempre en vacaciones.

Para mí era un ejemplo de cómo no es nada, nada fácil eso de “emprender”. Parece muy sencillo, pero estos dos nenes estaban disfrutando de unas condiciones privilegiadas de las que no creo que disfruten la mayoría de niños españoles.

Viven en un barrio, no en una urbanización. Eso permite que haya adultos y jóvenes que caminan por delante de su casa, ya sea con un destino concreto o simplemente paseando. El conjunto de la ciudad en la que estamos invita al paseo.

El barrio es razonablemente seguro. Se puede dejar salir a los niños a la calle porque la visibilidad es buena y la acera es ancha (el tráfico, eso sí, es muy peligroso). Además los padres permiten a los dos niños salir a la calle. Los padres del varón permiten que tenga un hobby que puede considerarse “afeminado”. Los padres de la niña dejan que se quede sola en la calle.

Los niños cuentan con suficientes recursos como para hacer sus colgantitos.

Todo esto es necesario sólo para que los niños saquen el tablón a la calle. Para vender, necesitan haber tenido una educación que les anime a acercarse a un adulto desconocido a invitarle a mirar la mercancía y al mismo tiempo ser lo bastante listos como para entender que a muchos adultos es mejor no acercarse. Y ciertas habilidades sociales para hacer el trabajo entre dos, claro. Y que los adultos y jóvenes de la zona tengan dinero para gastar.

No basta con desearlo. No basta con esforzarse.  Si empezaste tu empresa en el garage de tus padres, es porque tenías garage y padres. Afortunado tú.

Aventuras en un mundo sexista: turno de noche.

Glasgow street dusk

Hace bastantes años, estuve trabajando en una pizzería de Glasgow. Estábamos en pleno centro, en una zona donde entre semana vendíamos el almuerzo a oficinistas, y los fines de semana la cena a quienes iban a los pubs. De día el trabajo tenía sus horas punta y sus horas vacías; las noches de los fines de semana esto era más acusado. Podía variar cuándo entrabas, de cinco de la tarde a once de la noche, y se cerraba a las cinco. Y las avalanchas eran a las doce, al cerrar los pubs, y a las dos, al cerrar las discotecas o lo que fuera que cerrase lo último. En medio, tiempos muertos y un goteo intermitente de borrachos buscando pelea.

El turno de noche tenía fama de peligroso, y precisamente por eso la empresa quería que las mujeres más jóvenes de la plantilla formáramos parte de él. Decían que cuando por la noche sólo había hombres, los clientes con ganas de bronca se ponían más agresivos, y que la simple presencia de alguna mujer, aunque no dijera nada, servía para calmar los ánimos; por lo menos esta versión me contó un compañero.

Había tres clases de trabajo: lo más fácil era despachar. Yo aprendí en un día. Luego te equivocas, pero era un trabajo sencillo. Quien despacha lleva la caja y el stock de las bebidas. Luego estaba el pizzero. Hacer pizzas se puede hacer mejor y peor, pero si el pizzero no era bueno a nadie le importaba mucho. El pizzero controlaba su propio stock. Por último, el freidor. Freír era complicado, no tanto por la freidora sino porque había que saber controlar unas cantidades de comida más abundantes y más caras. Casi todos los freidores sabían hacer pizzas en una urgencia. En un turno de día normal éramos tres, uno en cada posición; de noche, cuatro, y la cuarta persona tenía que ser polivalente. Todos los freidores eran hombres, y una chica que despachaba estaba aprendiendo a hacer pizzas.

Así que una noche en semana estábamos tres hombres y yo, o dos hombres, una segunda mujer y yo. Esto dio lugar al principio a una serie de problemas que contaré otro día. Hoy quiero hablar de los clientes. Estaban los borrachos inofensivos: habían salido del pub y solamente querían comer algo. Aparte de algo de impaciencia o de lentitud al pagar, no daban mayor problema. Estaban los borrachos folloneros: o querían pelea con los otros hombres o querían provocarnos a las mujeres. Lo mejor era ignorarlos, porque sólo querían pelea, y como además venían a la hora punta, concentrarse en trabajar era lo mejor. Había gente como la del turno de día, con su prisa o no, bordes o corteses. Y estaban, por último, las prostitutas que trabajaban cerca de allí.

Las prostitutas trabajaban en la calle. Yo no las veía al ir o volver de trabajar, así que debían estar muy pocas horas. Casi todas eran bastante mayores y todas eran escocesas; era fácil de reconocer por el acento. Mujeres de otra nacionalidad también podrían haber sido blancas y rubias, pero todas las clientas prostitutas que tuve hablaban alguna versión de acento escocés. Se puede uno preguntar, ¿y cómo sabías que eran prostitutas? Porque los compañeros no paraban de hablar del tema cada vez que entraba una. Eran clientas habituales, las reconocías, aprovechaban los tiempos muertos de nuestro trabajo para venir, y cada vez que yo despachaba a alguna, en cuanto salía del local alguien tenía que hacer comentarios.

No daban problemas. Alguna vez, alguna de ellas se enfadaba y se ponía borde (porque atendíamos despacio, sobre todo) pero no más que cualquier otro cliente. Venían a por la cena y punto. Otras, como cualquier persona que se hace habitual en un negocio y saluda a la cajera, hacían algo de charla intrascendente, algo que yo agradecía. Los clientes habituales del turno de mañana rara vez se dignaban a decir algo más largo que los buenos días y su pedido.

Mis compañeros no las aguantaban. La actitud que tenían la resume una anécdota. Un día, una de ellas me pagó con un billete de 50 libras que se sacó del zapato. Había cambio de sobra y se lo di. En cuanto nos quedamos solos, los compañeros me hicieron un consejo de guerra. “¿Sabes quién era? Vete a saber qué ha hecho y de dónde sale el billete”.  “Como sea falso, el jefe nos va a meter a todos en un lío gordo”. Y el remate, la otra mujer del turno: “¿Has visto dónde llevaba el billete? Igual es hasta robado”  (sí, se suponía que aquello tenía lógica, debía haber una banda de ladrones glasgovianos que guardaban el botín en zapatos). Todos con las caras largas ante aquel billete simultáneamente robado, falsificado, y obtenido mediante la prostitución, todo a la vez.

El gregarismo y las niñas con gafas

Todo lo que necesitaba saber sobre popularidad y gregarismo lo aprendí de un bofetón en 7º de EGB. El bofetón fue verbal, pero da lo mismo. Es una edad y un momento, el actual 1º de ESO, creado para que te pasen estas cosas.
Entonces había jornada partida en el colegio. De 9 a 12:30 y de 3 a 4:30 o 5. Había comedor, en el que nos quedábamos pocos niños. Calculo, por el tamaño de las clases, que éramos un poco más de 500 alumnos en el centro y que en el comedor nos quedábamos unos 50, junto con algunos profesores, muy pocos. Los niños estábamos encerrados en el patio sin entretenimiento y con poca o ninguna vigilancia de 12.30 a 3, excepto el rato de comer. El encierro y el aburrimiento generaban unas relaciones muy intensas entre las niñas más mayores. Había bullying, pero no sólo eso. Por ejemplo, había una competición muy intensa por ser las cuidadoras de las niñas muy pequeñas.

El caso es que yo acababa de empezar a usar gafas cuando, da igual porqué, una niña me insultó: ¡GAFÚA!. Me enfadé mucho, y le contesté: “Y tu amiga de las gafas culo vaso, ¿gafúa también?”. Y la niña se enfadó más, y dijo muchas barbaridades, pero al final acabó sonriendo y diciendo: “no es lo mismo tener gafas que ser gafúa”.

Y aquí mi bofetada de realidad. La niña tenía razón, a su manera.
Luego he conocido a muchas personas adultas, incluso gente parentemente inteligente, que no tratan a la gente por lo que hacen, sino por quiénes son,  o con quién se relacionan. Podéis escoger la pildorilla azul y seguir acusando a todo quisque de gafúos. O la roja, y ser un poco más críticos y menos gregarios.
Eso sí, la mentalidad de los 12 años es cómoda y con ella se puede medrar muy bien. Basta con saber detectar a los gafúos y no juntarte con ellos.

Cómo comer bien en un piso de estudiantes.

Por ahí hay muchas webs y muchos libros sobre cómo comer fácil y barato. En ese sentido, recomiendo la iniciativa “5 euros al día” de Anna Mayer (el enlace es al tag en su blog) y Jorge Guitián (posts de él: introducción, continuación, conclusiones).En este blog no hablo de cocina porque ya tengo uno de recetas: éste es el archivo y ésta es la ubicación actual. Lo que voy a hacer hoy es añadir a la iniciativa de Jorge y Anna algunos consejos sobre mi propia experiencia, viviendo sola y compartiendo piso, por eso lo de “presupuesto de estudiante”. Compartir la cocina puede tener inconvenientes para la convivencia, pero a la hora de ahorrar dinero es lo mejor.

Primero, una palabra sobre materiales. Algunas cosas que puedes pedir que te regalen por Navidad son:

– Una batidora de brazo desmontable, si te apetece aprender a hacer recetas que requieran picados finos, salsas que van batidas, gazpacho, crema de verduras, etc.

– Cuchillos de buena calidad. Uno de chef y uno pequeño para pelar son el equipo mínimo. Ejemplos. Y para cortar, una tabla, nada de cortar en el aire, que te vas a quedar sin dedos.

– Una olla rápida. Son la siguiente generación de ollas a presión. Si tienes que pagar tú el gas, es caro guisar carne y legumbres en olla normal. Las legumbres son maravillosas una vez que sabes prepararlas.

Cualquier otra cosa (sartenes, ollas, etc) asumo que la tienes en el piso. Estas son cosas que no suele haber en pisos de alquiler y que, aunque no son baratas, son fáciles de transportar. Piensa a largo plazo: compra los mejores que te puedas permitir. He usado dos batidoras de brazo: la que me regalaron hace 12 años era de calidad y está como nueva. La malilla que compré en una emergencia no me duró un curso porque el plástico se rajó. A esto lo llamamos “Ley de Vimes”(1): lo barato sale caro.

A continuación, hablemos de los compañeros. El peor reparto posible es “comemos juntos, un día cocinas tú, mañana yo, tú pagas lo tuyo y yo lo mío”, porque nunca sabes qué vas a comer, puede no gustarte, y además, el presupuesto de cada uno puede variar. Cuando he comido así ha sido con alguien que ganaba mucho más dinero que yo, lo que me ponía en una posición incómoda. También me he visto en el extremo opuesto: todo el mundo contribuye dinero, y una sola persona cocina. Bueno, yo cocinaba y decidía el menú a partir de los ingredientes escogidos por todos. Lo malo de esto es que genera tensiones en el reparto de poder (sí, sí, poder): quien cocina decide, quien come pone pegas, si “quien cocina no friega” los friegaplatos acaban hartos…. lo mejor es algo más equilibrado.

Las cosas hay que hablarlas. Lo ideal es saber cuánto dinero podemos y queremos poner, qué manías tiene cada uno, y qué necesidades. Hay alimentos que tienen que quedar fuera (uno toma café, otra merienda galletas) y es posible que alguien sólo quiera hacer un reparto parcial porque come fuera o cena poco. En cuanto a poner dinero, a mí me ha funcionado el sistema del fondo común. Cuando sabemos qué gastos son comunes, se coge un monedero o caja o algo así y echamos dinero a partes iguales. Cuando haga falta comprar algo, quien quiera y pueda hace la compra. Así nos ahorramos echar cuentas de si esta vez yo compré servilletas y tú manzanas. El dinero común va al fondo, y el fondo sólo se gasta en las cosas comunes. Si a alguien le dan comidas caseras de su familia los fines de semana, y las quiere compartir, se puede acordar que puntúe como “añadido al fondo común” o hacer un trueque por fregar los platos, la guarnición, etc. Si resulta que un miembro del grupo es de algún lugar con comida deliciosa y barata, y puede traer carne de la sierra, pescado, fruta del huerto de su tío… Estas cosas o se compran con dinero del fondo, o se calcula cuánto valen y ajustamos cuentas. Parece muy calculado y frío, pero hay tantas cosas que pueden producir roces desagradables y pequeñas injusticias cotidianas, que si nos peleamos, que no sea por dinero.(2)

Ya tenemos descartados los descartes y hemos juntado dinero, hagamos primero el menú, luego la compra, y luego arreglamos el menú. ¿Es laborioso? Un poco, hasta que aprendes, pero luego ahorras muchísimo tiempo y dinero. Un ejemplo: Los lunes no vamos a tener nunca nada hecho porque el domingo se lo hemos dedicado a la vida social o los deberes. Así que todos los lunes toca algo rápido (supongamos filetes y ensalada como base, y ya variaremos). Alguien no tiene clase el miércoles y puede vigilar una olla: no comeremos lentejas todos los miércoles, pero si comemos lentejas, será ese día. De esta manera, nos queda un “esqueleto” del menú. En plan “lunes pasta, martes pollo, miércoles nada porque comemos en la facultad, jueves puchero, viernes lo que sobró de puchero, sábado arroz, domingo decidimos sobre la marcha porque estaremos con resaca”. Y con las cenas más o menos igual. Entonces, sobre lo que nos apetece (“esta semana os voy a hacer mi famosa Pasta a la Yo“) hacemos la lista de la compra. Lo mejor es comprar semanalmente. Y cuando vamos a hacer la compra, miramos qué está de oferta. Si pensabas comprar pollo pero están de oferta el pavo, pues pavo. Si hay 3 x 2 en pasta, pues compra para que dure. Y así.

A la hora de cocinar y comer, unos cuantos consejos:

– Evita las salchichas, los fiambres, y demás inventos. Parecen baratos porque se comen porciones pequeñas, pero mira los ingredientes y el precio por kilo. Es comprar agua, fécula de patata, harina de soja, tendones y grasa a precio de carne (3).

– Evita, o programa al mínimo, los precocinados. Los hay de calidad, pero todos salen caros. Los semipreparados (por ejemplo, verdura troceada) no salen a cuenta tampoco si lo que quieres es ahorrar.

– En el supermercado mira el precio por kilo de todo, sobre todo lo fresco. Puede que manzanas en bandeja, manzanas a granel y manzanas en una bolsa tengan precios diferentes.

– Los fritos caseros gastan una cantidad de aceite muy grande. Yo como cosas fritas casi siempre que tapeo, porque me encantan, pero intento no freír en casa. Una especialidad de la comida de supervivencia: la tortilla de patata cocida.

– Cocina para reutilizar. Ahorras tiempo y gas. Por ejemplo: haz el doble de patatas cocidas y con la segunda parte haz ensalada, revuelto, sopa… Otros platos muy reciclables son la sopa, el caldo, la salsa de tomate, el pisto, el arroz blanco. La pasta cocida sobrante está buena frita en tortilla, mejor que recalentada.

– Aprende a trocear bien el pollo. En un momento en el que convivíamos 3 personas, con un pollo hacía: caldo con las alas y la carcasa (sopa y ropavieja o empanada con la carne pegada al hueso); un guiso con los cuartos traseros (para comer con arroz y verdura) y salteado como comida china con las pechugas. Entre 4 y 5 comidas. Entre 8 y 15 raciones, por alrededor de 8 euros (sólo la carne).

– Plantea las comidas más o menos así: 1/3 hidratos de carbono, 1/3 proteínas que no tienen por qué ser animales, 1/3 verdura. Fruta de postre. Esto, si no hay ningún problema nutricional. Es variable, pero no reduzcas la cantidad de verdura. Si piensas en un esquema con “cajones” que tienes que llenar, planear el menú y no comer siempre lo mismo es más fácil. Varía la manera de preparar la parte de hidratos de carbono (arroz blanco, caldoso, en guiso, en ensalada, en sopa…)

– Trabaja las recetas y las técnicas básicas como fórmulas con “variables” que rellenar. Por ejemplo: mucha gente sabe hacer crema de calabacín: un poquito de puerro o cebolla se rehoga con aceite, 1/3 de papas y 2/3 de calabacín, agua, sal, cocemos 20 minutos, trituramos, queso. ¿sí? Pues esto no es la receta de la crema de calabacín, sino la de todas las verduras del mundo. Te puedes inventar la crema de coliflor, o la de espinacas. Y así hasta el infinito.

– Si comes muchos días a la semana fuera de casa, llevarte tupper a diario puede ser pesado, siempre bocadillo es poco sano, y siempre comer fuera es carísimo. Si llegas al extremo de comer fuera 4 días en semana, por ejemplo, puedes alternar. Un día bocadillo (mira, una fórmula para hacer bocadillos ricos), un día comedor universitario, dos días tupper.

– El consejo “usa especias, así no te aburrirás” es cierto. Y salsas. Aprender a hacer salsa de tomate casera o a adornar (con mostaza, especias….) una mayonesa de bote puede apañarte muchos menús y dar variedad. C. M. O. T. Dibbler tenía razón: con suficiente cebolla frita y salsa, nos comeríamos cualquier cosa.(4)

– El café, ese pilar de la dieta del estudiante. La cafetera italiana que se pone al fuego es barata y el café, muy fuerte. La de émbolo también puede ser barata, y el café, más flojo, más o menos igual que el café de filtro, pero es un sistema más rápido. El café de filtro es el de peor calidad. Una cafetera expreso como las de los bares es la máquina más cara, pero si adoras el café fuerte y quieres que te quedo como en los bares, pide que te regalen una. Una cafetera expreso de cápsulas puede tener un precio intermedio pero las cápsulas pueden salir muy caras, y a menudo sólo puedes usar las cápsulas concretas de la marca de tu máquina. Y genera mucha basura, una cápsula por taza de café. Es decir: ahorradores de café fuerte, italiana. Ahorradores de café flojo, francesa o filtro. Fanáticos del café gourmet, pide que te regalen una expreso pequeña pero de verdad, sin cápsulas.

(cita 1) La Ley de Vimes: La razón por la que los ricos eran ricos, razonaba Vimes, era que se las arreglaban para gastar menos dinero.

Tomemos el caso de las botas, por ejemplo. Él ganaba treinta y ocho dólares al mes más complementos. Un par de botas de cuero realmente buenas costaba cincuenta dólares. Pero un par de botas, las que aguantaban más o menos bien durante una o dos estaciones y luego empezaban a llenarse de agua en cuanto cedía el cartón, costaban alrededor de diez dólares. Aquélla era la clase de botas que Vimes compraba siempre, y las llevaba hasta que las suelas quedaban tan delgadas que le era posible decir en qué lugar de Ankh-Morpork se encontraba durante una noche de niebla, solo por el tacto de los adoquines.

Pero el asunto era que las botas realmente buenas duraban años y años. Un hombre que podía permitirse gastar cincuenta dólares disponía de un par de botas que seguirían manteniéndole los pies secos dentro de diez años, mientras que un pobre que solo podía permitirse comprar botas baratas se habría gastado cien dólares en botas durante el mismo tiempo y SEGUIRÍA TENIENDO LOS PIES MOJADOS.

Esa era la teoría “Botas” de la injusticia socioeconómica del capitán Samuel Vimes. (Terry Pratchett en Hombres de Armas)

(2) En La Verdad, se explica que los enanos no se casan hasta que pueden pagar a sus futuros suegros el coste entero de haber criado a su pareja. Luego pueden recibir un regalo, pero lo importante es que entras en el “mundo adulto” saldando toda la deuda que supuso la crianza. Y esta es la reacción de un humano al saberlo:

-Supongo que para un humano, eso suena un poco…. frío – dijo William.
Buenamontaña lo miró otra vez con atención. – ¿Quieres decir, en comparación con la maneras cálidas y maravillosas en las que los seres humanos resuelven sus asuntos? – dijo- No hace falta que contestes.

(3) Olían bien. Siempre pasaba. Y entonces mordías una, y descubrías una vez más que Voy-A-La-Ruina Escurridizo podía encontrar usos para partes de un animal que el animal no sabía que tenía. Moving Pictures.

(4) De Moving Pictures. Pero Dibbler no decía “salsa” sino, concretamente, mostaza.

This is just to say – ejemplos.

Estos son algunos de los poemas basados en This is Just to Say de William Carlos Williams que he compuesto en clase, con mis alumnos, en una lección basada en el mismo. Los originales son las versiones en inglés; los cambios en las traducciones son deliberados.

***
You will find
frozen soup, pizza and icecream,
enough for two days
while I’m away.
Buy fruit.
Wash up.
Think of me.
I’ll miss you.

En el congelador tienes
sopa, pizza y helado,
que deberían bastar
hasta que vuelva.
Compra fruta.
Friega los platos.
Te echaré de menos.
Piensa en mí.

***************

The technician came
and fixed the heater.
You know what?
I’m cold, even so.

Maybe you’re to blame.
Maybe the stone walls.
I’m not staying to figure it out.

I’m not sorry.
I want softness.
I need warmth.

Vino el técnico
y arregló la caldera.
¿Sabes qué pasó?
Sigo teniendo frío.

No sé si es culpa tuya.
No sé si es la humedad.
No me voy a quedar para averiguarlo.

No lo siento.
Quiero algo suave.
Necesito calor.

******************

There was a cat
barely a kitten
skinny but clean
out in the hallway.

I have locked it
in the bathroom,
the only place
with nothing to scratch.

Forgive me
if it’s too sudden.
Its green eyes
are so like yours.

Había un gatito
cosita de nada
canijo, limpito
en la calle.

Está encerrado
en el baño.
Es el único sitio
fácil de limpiar.

Lo siento
por no avisar.
Tiene los ojitos verdes
como tú.

********************

Your mother called
with news.
I’m afraid your dad
is worse.
Your sister picked up
the kids.
Go to the hospital,
now.

Llamó tu madre
a las tres.
Dicen que tu padre
va peor.
Tu hermana se llevó
al bebé.
Vete al hospital,
ya.

Abuelas y brujas en las películas de Studio Ghibli

sophie old
Las protagonistas femeninas de las películas de Studio Ghibli han sido analizadas a menudo como ejemplos de cine feminista. Van desde mujeres jóvenes (Nausicaa o la princesa Mononoke) a niñas muy pequeñas, casi bebés, como Ponyo. Las más populares están al borde de la pubertad; por ejemplo, Chihiro. Es verdad que no salen muchas mujeres adultas y que no suelen ser protagonistas, pero en estas películas hay una gran variedad de ancianas, caracterizadas de manera positiva e imaginativa, casi siempre como personajes secundarios.

Estos personajes se pueden dividir en dos grupos:

El principal son las ancianas sabias o cuidadoras. La primera es Obaba, en Nausicaa. Aparece por primera vez cuando su familia se reúne con Lord Yupa, y Obaba interpreta para ellos la leyenda local de un héroe vestido de azul que llegará rodeado de luz dorada, a salvar al Valle y a su gente. Obaba es valiente pero algo fatalista; reta a los invasores del Valle a matarla, y cerca del final de la película parece resignada a que su pueblo desaparezca, ya sea por la invasión extranjera, por enfermedades relacionadas con las plantas tóxicas, o por el ataque de los insectos gigantes. En cualquier caso, llama la atención que el personaje escogido para ser la voz simbólica de la cultura del valle sea una anciana, en lugar de un sabio o un guerrero.

En La Princesa Mononoke el tema es parecido: se trata del conflicto creado por una ciudad industrial cuya prosperidad depende de la explotación de un bosque mágico. La anciana sabia aquí es Hii-sama. Intenta aplacar, sin éxito, al espíritu de un jabalí poseído que maldice a Ashitaka, y decide que el protagonista debe dejar el lugar y buscar una cura en el Oeste. Como Ashitaka se va para no volver, Hii-sama no reaparece. De nuevo, el personaje enriquece la película. Si vemos a hombres y mujeres de todas las edades, ¿por qué no también ancianas?

A veces, estas mujeres ancianas no entran en un tipo de “sabias”, sino que son sencillamente bondadosas, cuidadoras, y la historia las trata con mucha ternura. Es el caso de la Abuela en Mi Vecino Totoro, y de las muchas mujeres que viven en la residencia donde trabaja Lisa en Ponyo en el acantilado. En la ausencia forzosa de la madre de Satsuki y Mei debido a un enfermedad, la abuela de Okagi les da el amor y la atención que necesitan. Al mimo tiempo, la película nunca da a entender que cuidar de los niños sea un tarea exclusivamente femenina, puesto que desde el principio de la misma vemos a las niñas haciendo la mudanza y bañándose con su padre, en un modelo de paternidad positivo y realista, algo poco frecuente en la ficción. Aquí y en Ponyo, estas amables vecinas forman una comunidad que da un apoyo emocional muy necesario a niños y niñas pequeños, con familias que los quieren pero están muy ocupadas.

El papel de las ancianas como cuidadoras también está en sus familias biológicas, en Mis Vecinos los Yamada. Es una película costumbrista compuesta de anécdotas desconectadas entre sí. Tenemos a la familia Yamada con Takashi, el padre, Matsuko la madre, Shige la abuela materna, Noburu, el hijo adolescente, y Nonoko, la hija pequeña. Hacia el final de la película, Noburu bromea diciendo que la familia funciona porque los tres adultos están locos, pues si alguno no lo estuviera, se rompería el equilibrio. Algo de razón tiene, porque hay tensiones entre los adultos que serían insoportables si sólo fueran dos, o si no hubiera mucho amor en la familia. El conflicto entre Shige y su yerno surge pronto en la película: La propiedad en la que viven es de ella, pero él construyó la casa. Aquí y en otros casos, Matsuko no toma partido, y trata de detener la pelea. Por su parte, madre e hija discuten por las tareas de la casa (que ambas odian). Aunque Shige es muy ocurrente y a menudo muy divertida, no todo es de color de rosa: por ejemplo, uno de los “cortos” tiene como tema la melancolía que produce la proximidad de su muerte y la enfermedad de una amiga también mayor.

En El Viaje de Chihiro, encontramos un ejemplo de cada categoría, con lo que pasamos a la segunda: las enemigas o antagonistas ambiguas. En esta película hay dos hermanas gemelas, Yubaba y Zeniba. Su edad es dudosa: parecen muy mayores, pero Yubaba tiene un bebé. De un modo que recuerda ligeramente a Lady Eboshi en La Princesa Mononoke, es ante todo una mujer de negocios. Su mayor defecto es la avaricia, pero no es verdaderamente mala. No quiere causar daños innecesarios, y siempre cumple su palabra, aunque proteste de que eso la perjudica. Su hermana Zeniba irrumpe en la acción como antagonista, atacando a Haku y transformando al hijo de Yubaba en ratón, pero más tarde se vuelve amistosa y maternal, enfadada sólo con su hermana por haberle robado. Esto da complejidad e interés al personaje, mostrando que las abuelas cuidadoras y cariñosas también tienen intereses y necesidades.

En El Castillo Ambulante de Howl hay tres ancianas, en una relación no tan simétrica. La primera de ellas es Sophie, la protagonista, transformada en anciana por la Bruja del Oeste. Así empieza la parte central de la película, puesto que Sophie busca una forma de romper el hechizo, y así encuentra a Howl y su castillo. Como en El Viaje de ChihiroPonyo, el hechizo se rompe con amor, que no es precisamente muy original. Lo interesante de Sophia es cómo una chica tímida, práctica e insegura encuentra un trabajo doméstico que le gusta, en el que se encuentra cómoda, pero sólo después de un hechizo que la convierte en anciana. Esto, en el contexto del conjunto de la obra de Studio Ghibli, sugiere de nuevo la asociación entre la ancianidad y los valores de cuidado y ternura. Aquí están compensados por la Bruja del Oeste, un personaje poco común porque es mayoritariamente (o completamente) mala, sin rasgos positivos. Y finalmente, Madame Suliman, de edad indeterminada (tiene el pelo blanco pero parece más joven que las otras dos), una maga poderosa que fue la maestra de Howl.

captain dola

El Castillo en el Cielo incluye un personaje ambiguo que es, probablemente, la más divertida y transgresora de todas las ancianas de Studio Ghibli: Dola, pirata del aire. Inicialmente, parece un personaje negativo, pero más adelante se une a los protagonistas, Sheeta y Pazu, contra el verdadero villano de la historia, Muska. Como en cualquier historia de piratas, ella lo que quiere es robar tesoros. Muestra un gran amor por sus hijos, su marido actúa como un compañero en una relación compenetrada y positiva, y es amable con Sheeta mientras sigue siendo una auténtica pirata de película clásica. Es, probablemente, lo más memorable de esta película.

A pesar de la repetición de patrones, con todas estas brujas y abuelitas, la caracterización de las ancianas en la obra de Studio Ghibli nunca es estereotipada. Si las heroínas Ghibli muestran al público infantil que las niñas pequeñas pueden ser listas, valientes y admirables, estos personajes secundarios muestran que el encanto y el valor no se van con la edad.

Haikus de barrio

Al principio, mis haikus eran todos retratos de personas (y ahora puedo decirlo, bastante malos). Más adelante empezaron a ser sobre sentimientos. Llevaba escritos cosa de 30 o 40 haikus a lo largo de más o menos un año cuando empecé a describir, de vez en cuando, las cosas que me rodeaban.

Ahora vivo en un barrio con mucha animación. Siempre hay gente en la calle. Mucho material para cualquiera con un mínimo interés en el costumbrismo. Creo que el haiku se da bien a esas viñetas. Y esta es una selección de lo que he escrito sobre mi barrio.

Niños discuten.
Gorrioncillos ruidosos
en la placita.

Cafetería.
Abuelas desayunan,
libres al fin.

Ropa tendida.
A lo lejos se oye un trueno,
maldiciones cerca.

Bajo la lluvia
rebusca en la basura
el gitanillo.

¿Lengua de signos?
No, el corro de vecinas
se escandaliza.

Ellos al fútbol
ellas con muñequitas
la estatua mira.

Niños en bici,
Niñas sobre patines.
Mirar furtivo.

Fachada oeste
Las sillas a la calle
Tarde de barrio

Por alegrías.
Patio de vecinas
media mañana.

Abuelo fuma
el niño con chupete
niña con chicle

Entre jazmines,
murmurando a la sombra
“y ella me dijo…”

A la luz rosa
mujer del moño alto
chilla a los niños.

Coche amarillo
muchachito rapado
que lo contempla.

Terraza del bar
“no tengo nada que decir”
pero lo dice.

Hierve el puchero
Se oyen las lavadoras
de mis vecinas.

Hijas y nueras: apuntes de sociología andaluza

A menudo se intenta justificar determinados modelos de familia con la excusa de que son naturales o inevitables. Una muestra de que esta supuesta “naturalidad” de las familias no lo es tanto es la diversidad para resolver la cuestión de qué hacer con los viejos. Algunos ejemplos: en China, la familia tradicional estaba montada en torno al respeto a los más viejos, sobre todo los hombres, pero eso se esta desmoronando. En la India, las viudas son un estorbo. En Occidente, dependiendo del país se van a una residencia. Los británicos que conozco pasan mucho tiempo solos, y valoran su independencia. ¿Y aquí? Varía bastante, y lo que mejor conozco es la situación andaluza.

En una familia andaluza, puede variar si la persona con más autoridad es el padre o la madre. Lo que no varía tanto es que hay un vínculo fortísimo entre madres e hijas. Si hay varias hijas, puede que a la más mayor le endosen el rol de “la responsable” y la pequeña sea “la niña” para siempre. Pero una cosa que está clara es que las madres y las hijas tienden a estar muy unidas. Esta unión se hace muy evidente cuando la hija heterosexual se empareja: en circunstancias normales, ninguna andaluza quiere irse lejos de su madre. Los hombres tampoco, la verdad, pero si el novio es de Villagrande y la novia es de Villachica, la novia hará lo que sea para vivir en Villachica. ¿y por qué? Porque quien va a ayudar en los problemas domésticos iniciales y en el momento clave en el que lleguen los bebés va a ser la madre de la novia. Las abuelas paternas, hasta donde yo sé, se inhiben. Miman, juegan, visitan, pero no cambian pañales ni hacen de canguro habitual si hay abuela materna.

En otras palabras: la madre andaluza, que ha creado un fuerte vínculo con su hija, trata a los hijos de ella como unos nietos más auténticos. En parte es por lo que dicen los refranes: los hijos de mis hijas, mis nietos son; los hijos de mis hijos, puede que no. Hijo de mi hija, mi nieto. Hijo de mi hijo, quién sabe. El hijo de mi hija, mi nieto será, el de mi hijo, Dios lo sabrá. Y por otra parte, es un seguro de culo limpio. Yo te ayudo a cuidar a tus bebés, y tu me vas a cuidar a mí y si hace falta, a tu padre, cuando yo sea vieja. Los hombres quedan al margen, porque aquí si algo está claro es que los hombres no limpian culos.

Entonces, el orden natural de las cosas es ése: el cuidado (sólo el cuidado, nunca el poder) se transmite por vía matrilineal, lo que tiene algunas ventajas. Es medianamente sostenible: los cuidados marchan adelante y atrás en las generaciones y en teoría, cuidar de tus hijas, que son un recurso propio, no externo, te garantiza cuidados cuando seas dependiente. Es kármico, y para esto también hay refranes. De tus hijos solo esperes, lo que con tus padres hicieres. Hijo eres y padre serás; cual hicieres te harán. No es frecuente, como en otros lugares, que se estimule que una hija quede soltera para cuidar de los padres. Es cohesionador: amplía la red de cuidados más allá de una generación, reduciendo la inseguridad e indefensión de la mujer recién independizada, o madre primeriza (siempre está el problema de que madre, suegra, gine, pediatra y amiga te van a dar cinco opiniones diferentes, eso sí).

Hasta aquí, todo bien, con un par de problemas fundamentales: qué pasa si no hay hijas, qué pasa si las hijas no dan nietos. Y otro día os hablo del síndrome de la abuela esclava. Pasemos a otra cuestión. Entra en escena la cuñada (o nuera): la pareja del hijo. Esta mujer, evidentemente, tiene una madre y a toda una familia detrás, y consciente o inconscientemente, sus planes incluyen coger a su novio y barrer para casa. Para la madre del hijo, la nuera oscila entre una aliada poco fiable y su peor enemiga. Una cuñada siempre es una extraña, una intrusa, en el mejor de los casos, y en el peor, una mala de cuento con la capacidad de dividir familias.

Y esto, ¿por qué? En parte por machismo. No es un hombre que pueda aportar dinero, poder o protección. En una cultura machista, una mujer con una posición económica o social superior a la del novio es irrelevante, o humillante. En cuanto a virtudes domésticas, no aporta nada a la casa porque es una extraña y no se espera de las nueras que sean cuidadoras. Y además, la nuera está bajo sospecha de querer “secuestrar” al hijo. Es decir: se lo llevará a vivir cerca de sus padres, para que su madre la ayude, y continuar con su propia cadena de cuidados. Ello va a influir en aspectos como el calendario de vacaciones y fiestas: los padres de ella tienen prioridad en cumpleaños, navidades, etc.

Una nuericuñada puede tener razones para llevarse bien con su familia política: malas relaciones con la propia, que su pareja esté muy unido a los suyos, que le caigan bien y piense que por qué no, o simple sentido de la justicia. Nunca se espera que las nueras entren en la cadena de cuidados, así que su rol debe ser distinto al de la hija: lo más sencillo y lo mejor que puede hacer es dejar que los nietos estén disponibles para los abuelos, y demostrar que es una buena cuidadora de su pareja. También es posible la amistad con sus cuñadas, y en menor medida sus cuñados.

Para concluir, en los últimos años tenemos una novedad con la mejora de la aceptación social de las parejas homosexuales. Será interesante ver, en unos años, cómo se recibe a yernos y nueras de parejas del mismo sexo en las familias andaluzas.

Esto empezó en una conversación por twitter. Gracias a @vorticemarxista, @yourspanishman, Clara, @anitaruiz77 y @xiscally.

Haikus de día de playa.

Todos compuestos en una vista a Praia do Barril, Julio 2013. No son una secuencia.

Peleas de machos.
Tragedias en la orilla.
Cangrejo manco.

El niño huye
rebozado de arena
sin calzoncillos.

Sopla con fuerza.
Atraviesa, poniente,
cuerpos y penas.

Cielo plateado.
Olas transparentes,
La mente en blanco.

Flota en el agua,
como un mal pensamiento,
una medusa

Rodeada de azul
surfea en el horizonte
la vela roja.

¿Piropos feministas?

Cuando se tiene poca o ninguna idea sobre desigualdades sociales, es fácil y frecuente pensar que las discriminaciones son todas agresiones reconocibles, con intención dañina, con la agresión física como principal y más grave ejemplo. El piropo o acoso callejero es un ejemplo de que esto no es, en absoluto, así.

piropo 1El piropo callejero a una desconocida es un recordatorio de que “ella es su cuerpo”. No importa si es apreciativo, o más o menos sexual. Las mujeres somos valoradas por nuestro cuerpo, por ser bellas, o bonitas; somos decoración. Es algo muy difícil de explicar mediante metáforas o analogías, como “imagínate que te lo dice un hombre homosexual”, porque no entra solo la amenaza más o menos plausible de agresión sexual, sino la falta de respeto, la opinión que no has pedido, el recordatorio de que quien te interpela pertenece a un grupo social con ventajas sobre el tuyo, que ese comentario o mirada se suma a todos los demás que has vivido.

piropo 2Pero si tú, amable lector hombre, o mujer que no se ha planteado nunca esto, te preguntas, ¿y no es posible el piropo feminista? ¿no le puedo decir nunca a una mujer que está guapa?, no sufras más. Aquí tienes una pequeña guía para poder halagar con gracia, estilo, y feminismo.

  1. Piropea a tus iguales. A gente en situación de inferioridad, no. Por ejemplo, ahórrate los comentarios a una empleada si eres jefe, o a una camarera, dependienta, etc. Esa persona no te lo puede devolver, no te puede contestar, y seguramente le han dicho muchas cosas parecidas aunque no sea con tu elegancia y con tu buena intención. Si por lo que sea, no puedes resistirse a elogiar a esa persona, hazlo al irte. Cuando despachaba en una freiduría, no era lo mismo un saludo con una broma que una despedida con una broma.
  2. No lo hagas en una situación de la que la mujer no puede salir. Por ejemplo, un medio de transporte. Sí, tú eres un encanto y tienes unas intenciones de lo más honorable. Pero si me haces algún comentario en el autobús, sería de lo más normal que me sintiera atrapada.
  3. A mí me gusta más que se refieran a lo que hago o tengo que a mi cuerpo. Me resulta menos sexual, y por lo tanto menos amenazador. Además, estoy acostumbrada a que otras mujeres comenten la ropa que llevamos, no sé si sería así en todas partes.
  4. Dime qué te gusta de mí, no qué te gustaría hacerme o que yo hiciera.
  5. Dirígete a mí, no a mis acompañantes. La de veces que mi marido y yo nos hemos reído después a espaldas de algún imbécil que ha intentado establecer con él algún tipo de solidaridad masculina por hablar con él de mí como si yo no estuviera delante.
  6. No piropees en un auditorio, y mucho menos profesional. Estás hablando de algo personal; no lo pases al ámbito público. Uno de los momentos más desagradables de mi vida profesional tuvo lugar cuando un inspector de educación se dirigió a una clase de alumnos míos de 3º de ESO comentando sus opiniones sobre mi cara, mi sonrisa y mi juventud. Tartamudeando.
  7. Elogiar a mujeres que conoces muy, muy poco, bueno. Elogiar a completas desconocidas, no, nunca. Yo llevaría muy bien algo dicho por el padre de un alumno, el dependiente en una tienda, el amigo de un amigo… y casi siempre me va a sentar mal algo dicho por la calle sin venir a cuento.

Pregunté por twitter a varias mujeres si alguna vez les habían dicho un piropo agradable, no amenazador, y esto fue lo que respondieron (edito lo justo para fundir varios tweets)

@Child_Deirdre: A mí el otro día me dijeron que debería usar lentillas porque con gafas se me ven menos los ojos y los tengo muy bonitos.Fue el amigo de una amiga, en un pub.

@Xiscally: Ya lo he contado muchas veces, pero un señor muy mayor en un supermercado qué me dijo “Tiene usted unos ojos preciosos, soñadores”. No resultó invasivo ni amenazador, en parte porque parecía una persona muy frágil, recuerdo pensar cómo podía venir a comprar solo. Y venía a ser una suerte de agradecimiento por haberle enseñado dónde estaba el pan, que no lo encontraba. O al menos yo lo vi así.

@Angua: no sé si cuenta pero un compañero de la radio al que no conocía mucho me dijo que tenía una voz muy bonita. No es un piropo al uso.

@MartaRichy: “Se me cuida, se me lava y me guarda el agua para hacer perfume”. El que más me ha gustado, me lo dijo una amiga chilena ^^

@Noeliammz: Los q te piropeen por la calle, en vez de llamarte tía buena, deberían llamarte tía inteligente.(Un compañero de clase hace 18 años)

@undivaga: el jardinero de la urbanización, un señor de unos 60 años, al verme salir de casa por la mañana: “tu sonrisa me alegra el día”. Me gustó porque más que un piropo, era una forma de decirme que me apreciaba como persona y le gustaba verme contenta.

@HelenaconH: Una vez me cruzó con dos chicos y uno le dijo al otro para que yo lo oyera y mirándome: mira que chavala más guapa. Ya.
@Hablaqueescucho: Lamentablemente, no recuerdo. Tampoco es que me entere mucho xD. Bueno, una cursilada dicha con cariño sobre ojos como estrellas xD.
¿Y el mío? Bueno, quizá éste: