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El problema de la “revisión de privilegios”

El post de hoy es la traducción de un artículo de Tom Midlane, que me llamó la atención por lo acertado de su crítica al fenómeno de la “revisión de privilegios” entendida como eje y centro de la izquierda, del activismo, o de la práctica de la justicia social. Es de las mejores críticas que he leído hacia el activismo online, a pesar de que el autor no se refiere específicamente a lo que hacemos en Internet. También me gusta porque no critica activismos concretos; leo con demasiada frecuencia cosas del estilo de “el problema del feminismo online es…” y no veo ese tipo de escrutinio para casi nada más.

En lo que no estoy de acuerdo con el autor es en la simplificación que da título: “mientras nosotros discutimos, ellos nos roban nuestros derechos”. Hay problemas más complejos detrás de cómo y por qué la derecha ha ocupado el poder sin mucha reacción en contra. No creo que la dinámica de la revisión de privilegios, particularmente en redes sociales, sea principal responsable de ello, ni tampoco de la proverbial división de la izquierda.

Sobre la “revisión de privilegios” mi pregunta es ¿y luego qué? Dejadme que compare con la religión. En el catolicismo, primero pides perdón, entonces eres perdonado y entonces realizas algún tipo de reparación de tus errores. Esta es una dinámica con la que todos en España estamos familiarizados aunque no seamos católicos. En el calvinismo, el reconocimiento de tu pecado, que no es un acto sino que forma parte de tu impura naturaleza de ser despreciable, no sirve para mucho. Tú por tus propios medios no puedes hacer nada para “reparar” tu condición. La “revisión de privilegios” funciona exactamente así. No cumple ningún propósito útil ni para ti ni para los demás más allá del masoquismo de decir “yo para esto no valgo”. Y quien más alto dice “yo reviso mi privilegio” es quien más ha expiado sus culpas. Mira, pues no.

Y ya os dejo con el artículo.

***

El problema de la revisión de privilegios.
Mientras nos preocupamos por nuestros posibles prejuicios, no estamos luchando contra la Coalición.

La izquierda, hay que decirlo, tiene una larga tradición de luchas internas. Grupos separados por diferencias ideológicas mínimas se separan en facciones rivales, defendiendo agresivamente su interpretación de La Ruta Verdadera. Es el ejemplo perfecto de lo que Freud llamó “el narcisismo de las pequeñas diferencias”: comunidades adyacentes y con objetivos aparentemente idénticos, que están en una disputa constante, adoptando poses extravagantes para distinguirse unas de otras.

Durante un tiempo, parecía que la caída del Muro de Berlín y el auge de internet podrían traernos una nueva era de protestas: más comunal, con menos apoyo en los viejos dogmas. Pero en el mundo de internet, individualista, anárquico, y frecuentemente anónimo, los progresistas modernos se han topado con un medio muy efectivo de dividirse entre sí: la revisión de privilegios.

Para los no iniciados: “revisar tu privilegio” consiste en mantener una alerta permanente sobre las formas en las que puedes estar obteniendo algún tipo de beneficio social, cultural o económico como resultado de tus orígenes: tu clase social, raza, género, orientación sexual, y así sucesivamente. Si alguien habla cuando no le toca, se le dará la orden de revisar sus privilegios. Es una colleja, una manera de decir: “piensa en cómo tus circunstancias personales influyen en lo que estás diciendo”.

En Octubre [de 2012], Ariel Meadow Stallings, fundadora de Offbeat Empire (una serie de blogs sobre estilos de vida alternativos) escribió un post brillante llamado “Activismo para matones: revisión de privilegios y riñas semánticas como deporte online”. Meadow Stallings diagnosticó el problema como que los progresistas se pasaban en su entusiasmo por revisar sus privilegios hasta atacarse unos a otros, pero yo no estoy tan seguro. A pesar de que la idea surge, obviamente, de unas intenciones honorables, creo que todo el discurso alrededor de los privilegios es destructivo por su propia naturaleza – en el mejor de los casos, una distracción colosal, y en el peor, un medio para auto-investirnos a todos de guardianes morales dispuestos a regular las palabras y la conducta hasta de nuestros compañeros de viaje.

¿Te preguntas porqué importa esto? La respuesta es simple: importa porque la revisión de privilegios ha infectado absolutamente el pensamiento progresista. Mientras una amplia sección de la izquierda está atacando obsesivamente deslices verbales en Twitter, la derecha está actuando: desmontando sistemáticamente no sólo el Estado del Bienestar sino el Estado mismo.

La revisión de privilegios asume la peligrosa falacia posmoderna según la cual sólo podemos entender aquello de lo que tenemos experiencia directa. Sin conceptos como la empatía y la imaginación, que nos ayudan a reconocer nuestra humanidad compartida, nos atomiza en una serie de grupos taxonómicos cada vez más pequeños: transexual de clase obrera, mujer negra discapacitada, hombre heteronormativo.

Peor aún, bloquea la actividad política. Una amistad mía, con mucho talento, leyó Chavs de Owen Jones y dijo que le hizo “muy consciente de mis privilegios de clase media”. A mí me hizo querer prenderle fuego al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Mi amistad es profundamente activista, pero para muchos, simplemente ser conscientes de su privilegio cubre la misma función que firmar en una petición online: una manera de creer que has hecho algo sin implicarte de verdad.

En muchos respectos, el sistema de revisión de privilegios es el espejo perverso del capitalismo salvaje: mientras que la creencia absoluta en el libre mercado requiere una actitud de triunfalismo y una agresiva falta de empatía, los “privilegios” requieren una actitud de autohumillación constante digna de alguien en Alcohólicos Anónimos.

Ni por un momento estoy defendiendo que los prejuicios sean irrelevantes. Creo firmemente en que hay que llamarle la atención a la gente que utilice términos que inciten al odio, pero una cosa es imponer consecuencias a expresar opiniones racistas, sexistas o transfóbicas, y otra distinta ladrarle a alguien que revise sus privilegios porque se han expresado de manera un poco torpe. Sin detenerse al acusarnos a todos de intolerancia y discriminación, la revisión de privilegios busca convertirnos en detectives privados a la búsqueda constante de errores lingüísticos.

La revisión semántica quisquillosa que nos anima a hacer el “privilegio” es un pensamiento distante, desconectado de cuestionar o intentar cambiar el orden hegemónico. Es una política de la identidad que asume la posición post-ideológica como un hecho y acepta que nada va a cambiar excepto pequeños detalles. Dentro de la red de seguridad adoptada a priori, se te concede un parque en el que jugar a juegos de palabras divisivos y deliberadamente confusos. Los lobbies corporativos no podrían haber inventado un sistema mejor para neutralizar la acción colectiva.

En esta concepción del “privilegio” está implícita una idea simple: cuantos más puntos tengas en el bingo, menos peso tiene tu opinión. Esto tiene el efecto catastrófico de convertir debates sobre racismo, sexismo, transfobia, clase y discapacidad en un juego de piedra-tijera-papel, pero también es importante que descarta la larga historia de reformadores sociales, de Karl Marx a Tony Benn, con orígenes privilegiados.

El privilegio se convierte en un círculo vicioso: cualquier intento de criticar esta dinámica se da con la acusación “como tienes privilegios puedes permitirte no pensar en el tema”. Pero esa no es la cuestión. Siempre he sido consciente de que al ser el hijo de una familia blanca y de clase media, mi vida es más fácil que la de otras personas – pero es que es precisamente eso lo que me empuja a buscar la justicia social por los que han tenido menos suerte que yo. Los prejuicios existen. Vivimos en un mundo tremendamente injusto. Pero convertir nuestras circunstancias personales en una especie de concurso no consigue absolutamente nada.

Aquí, un ejemplo de lo ridícula que puede llegar a ser la cultura de la revisión de privilegios. Gethin Jones, un hombre transexual, escribió esto sobre transfobia en la web feminista The F Word. “al ser un hombre trans, [blogueras transfóbicas] me han acusado de ser misógino, querer obtener privilegios masculinos y de ser una lesbiana reprimida (algo poco probable teniendo en cuenta que soy bisexual). Que me acusen de haber transicionado para obtener privilegios me irrita, considerando el privilegio cis que he perdido en el proceso”.

Es un ejemplo de libro de esta clase de pensamiento llevada a su conclusión lógica. ¿Así es como queremos vivir, comparando toda y cada una de nuestras acciones con alguna lista teórica? La ironía cósmica de todo esto es que el mismo concepto de “privilegio” es inherentemente privilegiado, y requiere una comprensión sofisticada de ideas sociológicas complejas sobre la raza, el género y la sexualidad.

Mientras tanto, allá en el mundo real, están desmantelando la Seguridad Social, el sector público se está privatizando, van a romper en pedazos cualquier resto de bienestar social, y todavía les quedan recortes por hacer. En lugar de convertir cada cosa que decimos en un problema, dejemos de lado nuestras diferencias y contraataquemos.

Cerrar capítulos

Glasgow clock

He vivido en tres países y ocho casas; diez mudanzas, o un número en realidad infinito, porque la vida de los tres a los trece años nunca cerró la maleta.

Se me da bien llegar, me adapto enseguida. Se me pegan trozos del acento, añadiendo giros sueltos al collage anterior. Los nuevos amigos (más los extranjeros que los españoles) notaban qué rápido llamo “mi casa” a un piso sin amueblar. Llego bien, me voy casi siempre a disgusto, y cuando aterrizo en el siguiente destino, empiezo un capítulo nuevo. Desde cero.

Esta adaptación tiene sus partes siniestras. Además de no sentirme de verdad de ningún sitio (no, de Sevilla tampoco), me acostumbro fácilmente a cerrar fases. Como si fueran capítulos. Esto afecta a más cosas que las mudanzas: relaciones y aficiones que a veces terminan, carpetazo, y como si nunca hubieran existido.

No es que se me dé mal mantener relaciones a distancia. Siempre hay amigos queridos que hacen de ancla sujetándome a algún lugar al que quiero volver. Es más bien la sensación de “hasta aquí hemos llegado”, de final absoluto, cuando no continúo algo que había sido vital hasta entonces, y cómo los reencuentros, cuando los hay, parecen relecturas de libros terminados hace muchísimo tiempo. Esa otredad. Aquella amiga, aquel grupito, los años dedicados obsesivamente a una afición, ¿realmente me ocurrieron a mí? ¿tanto me importó todo eso?

Toca cambiar de agenda de papel, lo que más se parece a esos cierres de capítulo,  y lo que se queda atrás provoca a veces la satisfacción de dejarlo todo limpio y ordenado, y a veces algo de pena. Este año es de los segundos.

Quiero hacer cambios y empezar proyectos sin cerrar ningún libro, sin terminar ninguna de las relaciones que tengo ahora.

Quiero empezar, pero no desde cero.

No quiero sentirme a la deriva.

Ancladme.

Propósitos de año nuevo: revisión.

El año pasado hice aquí una lista de propósitos, que sin pretenderlo cumplía algunas de las condiciones que deben tener este tipo de buenas intenciones. Simplificando: deberían ser pocas, concretas, y medibles. Mejor que “apuntarme al gimnasio” es “ir al gimnasio dos veces a la semana”.

Veamos lo que conseguí y lo que no.

  1. Mantener la tasa de aprobados: lo conseguí, aunque lo tenía fácil al tener apenas 70 alumnos en vez de los habituales 100-120. Y con tres grupos de 2º ciclo, donde los resultados suelen ser mejores que en el 1º.
  2. Conseguir cien libros más para la biblioteca escolar: lo conseguí con ayuda. Solo no puedes, con amigos sí.
  3. Terminar la tesis doctoral: Pues no, no ha podido ser, pero casi. Me falta un capítulo, revisar, y concluir.
  4. Evitar los problemas de salud que está en mi mano evitar: psché. Podría ser peor.
  5. Seguir haciendo ejercicio: también psché. Hago un poco más de la mitad de lo previsto.
  6. Vaciar el cesto de la costura: JAJAJAJA. No. Apenas lo he tocado.
  7. Leer más de lo que compro (o me regalan). Pues tampoco. Redondeando lo leído (y en diez días que le quedan al año, puedo hacerlo), serían treinta leídos del montón acumulado y cincuenta nuevos. Echadle la culpa al Algarve Book Cellar: los libros de segunda mano son mi perdición.
  8. Leer más variado: esto sí. Estilos variados (mucho ensayo que no tenía que ver con la tesis, también), y autores también. Sin contar antologías, he leído a casi 20 autores desconocidos para mí, y apenas he repetido autores.
  9. Escribir semanalmente en los 3 blogs que mantenía en ese momento. No lo he hecho por dos motivos: por una parte, la biblioteca escolar no genera tanta información ni tanto tráfico, y una media de 2 posts al mes (o 15 al año) es más que suficiente. Lo importante es que si hay información, se incluya ahí. Respecto al blog de cocina, mantenerlo ahora mismo es una tarea demasiado ambiciosa considerando el tiempo que consume la tesis. En este blog llevo casi 70 entradas, superando ampliamente la media de una semanal.

Es decir: tres cumplidos, cinco que no se han cumplido pero me he acercado o al menos lo he intentado, uno que no, ni de lejos.

Este año no quiero ser demasiado ambiciosa. No quiero mezclar propósitos con deseos, y en realidad, mantengo casi todo lo que dije el año pasado. Este año quiero conseguir lo mismo, y un par de cosas más:

Una, dejar de tirarme del pelo. Me tiro del pelo como quien se muerde las uñas, sobre todo cuando estoy estresada.
Dos, pasar menos tiempo en internet. Que deje de ser mi principal distracción / forma de ocio. Este no es un propósito bien formulado porque debería ser medible, pero bueno. Así se queda, al menos de momento.

Hay un par de cosas más, pero son más deseos que intenciones, así que se quedan fuera. A ver qué tal sale todo.

Introducción elemental al presupuesto doméstico.

comprar o hipotecarLa clase de consejo sobre economía que no necesitas con 18 años.

Cuando estuve de Erasmus, la universidad me mandó un pequeño librito informativo con unas páginas sobre economía doméstica que se pueden resumir en: no gastes mucho en emborracharte, aprende a cocinar, si tienes compañeros de piso comparte gastos, pide regalos prácticos a los adultos(1) que se ofrezcan a ayudarte.  Y ya está. El siguiente tipo de consejo económico que recibimos pasa a ser el de la foto. Hablando con gente joven desde adolescentes a universitarios, y comparando recuerdos de infancia con amigos, observo que los consejos que vendrían entre “no te lo gastes todo en salir” y “ventajas de la hipoteca variable frente a la fija”, tampoco se suelen dar en casa, llevados por esa idea que tanto interesa a quien sí tiene dinero que “hablar de estas cosas es de mala educación”, o que esas no son cosas que deban saber los hijos de la casa. Cada persona que se independiza aprende a manejar su dinero desde cero, con la influencia, como mucho, de la imitación inconsciente o el rechazo de las manías y prejuicios de los padres. Así que aquí van unos consejillos elementales sobre cómo hacer un presupuesto doméstico, que es algo que cualquiera puede necesitar.

La idea de este post no es enseñar a ahorrar, ni decirte que si estás mal de dinero es porque no sabes organizarte. No hay ingresos tan bajos que no admitan aprender a hacer un presupuesto, pero sí hay ingresos con los que no se puede sobrevivir o con los que no se puede ahorrar. Igual que saber cocinar no garantiza que puedas poner comida en la mesa.

Como voy a mantener mi explicación a un nivel muy básico, voy a usar como ejemplo a un estudiante con beca, que tiene 5000 euros al año, es de un pueblo lejos de cualquier capital (como mis alumnos) y pasa 10 meses al año en una ciudad universitaria. Tiene 500 euros al mes, por lo tanto. Lo que he dicho sobre “dos adultos, 1900 euros” es parecido, pero voy a suponer que mi estudiante tiene familia y no necesita presupuestar salud o emergencias. Los dos posts se pueden leer juntos, saca tus propias conclusiones.

El primer paso está hecho: convierte ingresos anuales en mensuales. Se puede trabajar por semanas, pero como los alquileres son mensuales yo prefiero los meses. Primero descontamos los gastos fijos, luego calculamos un margen para los “fijos variables” y luego repartimos lo que sobra, si sobra.

Los gastos fijos son el alquiler, el teléfono, internet, luz/agua/gas (que pueden estar incluidos en tu alquiler), transporte. Supongamos que son 200 alquiler, 50 transporte, 50 lo demás, redondeando. 300. A mí me liaba cuando contaba cada cosa según me llegaban los recibos a lo largo del mes, porque no todo se lo cobraban el día 1. Lo mejor es no contar con este dinero nunca, sácalo de todas las cuentas. No existe. Fuera.

Por otra parte, debes añadir a los gastos fijos, si los tienes, los anuales. Si eres un estudiante no tendrás muchos. Puede haber cosas como el seguro del coche o la moto, libros de texto…. Si tienes ingresos mensuales, se cogen los gastos fijos anuales, se dividen entre 12, y se consideran parte fija, apartándolos a una hucha hasta que haga falta.

Los gastos “fijos variables” son las compras del supermercado: comida, higiene, limpieza de la casa. Ya dije que con 250 euros dos adultos comen bien, con carne y pescado. Vamos a dejarlo en 100, redondeando. Es apurado, lo sé. Puedes ajustarlo más adelante. Aquí tienes algunos consejos.

Te quedan otros 100 euros para los demás gastos. Aquí puedes contar por semanas, y te sale 25, o por días, que te sale 3 y sobra un poquito. Yo lo tengo planteado por días, pero dispongo de más dinero. Lo que metemos aquí es todo lo demás: todo lo que comas fuera de casa, material escolar y libros, ocio, ropa, regalos, etc. Cuando tengas que comprar algo que no se gasta, si puedes, recuerda la Ley de Vimes. Si puedes.

Ahora te haces una hoja de cálculo o simplemente una cuadrícula en papel o en un documento de texto y apuntas en dos columnas lo que te vas gastando, y en qué. Una columna es para comida e higiene, y la otra para todo lo demás. A mí hacer una cuenta atrás me resulta angustioso, prefiero ir sumando aunque el resultado sea el mismo. Una vez a la semana o al mes, suma todo para ver si vas bien o si te pasas. Se trata de no pasarte del presupuesto que has establecido. Si un día no gastas, al siguiente tienes el dinero de ese día acumulado; evidentemente no es necesario gastar cada día el dinero asignado, pero sí no pasarte. Apuntarlo todo, absolutamente todo, al menos los primeros meses, sirve para darnos cuenta de “en qué se va el dinero”. También para saber si puedes permitirte hacer cambios, o si tus predicciones no eran realistas.

Con unos ingresos tan justitos ahorrar es dificilísimo. Sobre eso, lo único que te puedo decir es que si puedes apartar aunque sea un par de euros al mes, todo se acumula. Algunas webs que he leído sobre esto recomiendan ahorrar entre el 10% y el 15% de tus ingresos, pero eso no siempre es posible. Eso sí, a mí la hucha de los céntimos me ha sacado de algún apuro serio.

Qué hacer si llega dinero inesperado, un regalo por ejemplo: depende de cuánto sea y de cuánto tengas. Lo primero, cubrir deudas si hay alguna. Lo segundo, pensar si nos va a venir pronto algún gasto importante que normalmente nos cueste mucho hacer, y reservar el dinero para eso. Luego, escoger entre simplemente integrarlo a los gastos comunes, darnos un capricho, o ahorrar, dependerá de cuánto dinero sea y cómo nos pille ese momento.

A qué renunciar si algo sale mal: en mi caso, lo primero es el alcohol. Lo último, ultimísimo, es lo que facilite contacto humano: el móvil, internet, el transporte.

Está claro que llevar un presupuesto no es una fórmula mágica. Es un poco como limpiar la casa: es aburrido y parece que podrías haberlo hecho mejor y más eficazmente. Lo que propongo aquí es una propuesta para quien no sabe, y nunca ha tenido que controlar sus gastos. También para que quienes no necesitáis contar cada euro tengais una pildorita roja. Si tenéis algún consejo más, ahí están los comentarios.

Ser pobre (John Scalzi)

P1020949Ahora ya no soy realmente pobre, pero aún no me atrevo a tirar zapatos.

John Scalzi me ha dado permiso para traducir su texto “Being Poor“, del que os recomiendo el original. También os recomiendo Imagínate, que Comandante Vimes escribió sin conocer el de Scalzi.

Hay más traducciones por ahí, pero no he podido resistirme.

Ser pobre es saber exáctamente el precio de todo.

Ser pobre es enfadarte con tus hijos por pedirte toda la mierda que ven por la tele.

Ser pobre es tener que comprar coches de 800 dólares porque son lo que te puedes permitir, y que te dejen tirado, porque no hay en América un solo coche de 800 dólares que merezca la pena.

Ser pobre es tener la esperanza de que deje de dolerte una muela.

Ser pobre es saber que tu hijo va a casa de sus amigos pero nunca se trae a los amigos a casa.

Ser pobre es ir al servicio antes de ponerte en la cola del comedor escolar para que tus amigos te adelantes y no te oigan decir “el mío es gratis” cuando llegues a la caja.

Ser pobre es vivir al lado de la autopista.

Ser pobre es volver al coche con los niños en el asiento trasero, aferrándote a esa caja de cereales que acabas de comprar, pensando en cómo vas a hacer que entiendan que la caja les tiene que durar.

Ser pobre es preguntarte si tu hermano el rico te miente cuando dice que no le importa que le pidas ayuda.

Ser pobre son juguetes de marca blanca.

Ser pobre es una estufa en una sola habitación de la casa.

Ser pobre es saber que no te puedes dejar 5 dólares encima de la mesa cuando vienen tus amigos.

Ser pobre es desear que tus hijos no peguen un estirón.

Ser pobre es robar carne en el supermercado, freírla antes de que tu madre llegue a casa, y entonces decirle que no tiene que hacer la cena porque no tienes hambre.

Ser pobre es usar ropa interior de segunda mano.

Ser pobre es que no haya espacio para toda la gente que vive contigo.

Ser pobre es sentir que las suelas se despegan de tus zapatos comprados en el supermercado, cuando corres por el parque.

Ser pobre es que el colegio de tus hijos sea el de los libros de hace 15 años, el que no tiene aire acondicionado.

Ser pobre es pensar que 8 dólares la hora es un chollo.

Ser pobre es depender de gente a la que importas una mierda.

Ser pobre es un turno de noche con luz fluorescente.

Ser pobre es encontrar la carta que tu madre le mandó a tu padre, rogándole que le pasara la pensión.

Ser pobre es vaciar la bañera en el váter.

Ser pobre es parar el coche para coger una lámpara que has visto en la basura.

Ser pobre es hacerle un bocadillo a tu hijo y que una cucaracha pase por encima del pan, y mirar al niño a ver si se ha dado cuenta.

Ser pobre es creer que tener el título de Secundaria sirve para algo.

Ser pobre es que la gente se enfade porque estás dando una vuelta por el centro comercial.

Ser pobre es que la policía haga una redada en el piso de al lado.

Ser pobre es no hablar con esa chica porque se va a reír de tu ropa.

Ser pobre es esperar a que te inviten a cenar.

Ser pobre es rechazar un trabajo porque no tienes a nadie que pueda quedarse con tus hijos.

Ser pobre es una acera con muchos trozos de cristal marrón.

Ser pobre es que la gente crea que te conoce por cómo hablas.

Ser pobre es necesitar ese aumento de 35 céntimos la hora.

Ser pobre es que el maestro de tu hijo presuponga que no hay libros en tu casa.

Ser pobre es que te falten seis dólares para pagar la factura de la luz y no tener forma de tapar el agujero.

Ser pobre es llorar porque se te ha caído un plato de macarrones al suelo.

Ser pobre es saber que trabajas tanto y tan duro como cualquiera.

Ser pobre es que la gente se sorprenda al darse cuenta de que no eres idiota.

Ser pobre es que la gente se sorprenda al darse cuenta de que no eres un vago.

Ser pobre es esperar seis horas en urgencias con un niño enfermo en brazos.

Ser pobre es no comprar nunca nada que no han comprado otros antes.

Ser pobre es comprar ramen de 10 céntimos y no de 12 porque así son dos paquetes más por dólar.

Ser pobre es tener que vivir con las consecuencias de decisiones que no sabías que estabas tomando cuando tenías 14 años.

Ser pobre es cansarte de que la gente quiera que estés agradecido.

Ser pobre es saber que te juzgan.

Ser pobre es una caja de lápices de colores y un libro de colorear de un Papá Noël del centro cívico del barrio.

Ser pobre es mirar la salida de monedas de cada máquina de refrescos que ves.

Ser pobre es pensar que se puede basar una relación en tener un lugar a donde ir.

Ser pobre es saber que no deberías gastarte ese dólar en lotería.

Ser pobre es esperar que te devuelvan hasta el último céntimo del cambio.

Ser pobre es sentirte impotente cuando tus hijos cometen los mismos errores que tú, y no te escuchan cuando les suplicas que no lo hagan.

Ser pobre es una tos que nunca se va del todo.

Ser pobre es tener mucho cuidado de no dejar caer nada sobre el sofá, por si tienes que devolverlo.

Ser pobre es un adelanto de 200 dólares de un compañía que te va a cobrar 250.

Ser pobre son cuatro años de clases en el turno de noche para sacarte un título de dos años.

Ser pobre es un futón con bultos.

Ser pobre es saber dónde está el banco de alimentos.

Ser pobre es que haya gente que nunca lo ha sido, preguntándose porque tú has decidido ser así.

Ser pobre es saber lo difícil que es dejar de serlo.

Ser pobre es ver qué pocas opciones tienes.

Ser pobre es correr en el sitio.

Ser pobre es que la gente se pregunte por qué no te fuiste.

En contra del turismo

DSC_0020Un bar cerrado desde hace meses en el centro de Ayamonte (Huelva).

Seguramente has oído decir que no está bien basar la economía en el turismo. Esto a veces se dice como “turismo y servicios”. No suscribo esto, no me parece que el conjunto del sector servicios se pueda tratar como la industria turística. Y el sector turístico, desde luego, hay que aprovecharlo económicamente. Pero aquí tienes algunas razones para no tratarlo como principal motor económico.

1. El turismo siempre está subordinado a que las personas de los países donde te has dado publicidad tengan dinero de más. Ir de vacaciones es un lujo. Por eso, ante una crisis económica es de lo primero que sufre. Dependes mucho del bienestar ajeno. No vale bajar los precios: ser turismo barato es peligroso a largo plazo. Quienes desean unas vacaciones baratas siempre las van a encontrar más baratas aún en otro país. Ah, ¿todavía te creías que vienen porque les gusta España?

2. El turismo y la hostelería pueden usarse para el desarrollo, pero no es lo más frecuente. No es que “no produzca”; el sector servicios tampoco. Pero un abogado resuelve conflictos, una médica cura, una peluquera me corta el pelo, sin el transporte no funciona nada más. Son cosas que mejoran la calidad de vida de la gente. El turismo podría estar relacionado con el desarrollo, sobre todo el cultural: restauración de monumentos, museología, gastronomía, por ejemplo. Pero sabemos que no es lo que se suele hacer. Tenemos hoteles, bares, chiringuitos y hamburgueserías. Nada de esto supone una mejora en el bienestar de los habitantes del país. Y en el bienestar de los usuarios…. qué quieres que te diga, no me parece que emborracharse y quemarse al sol sean actividades muy enriquecedoras.

3. Visto por el lado del conocimiento: es la más clara expresión del “que inventen ellos”. Si lo que quieres desarrollar, en un esfuerzo global y sistemático, es el turismo, sobre todo el barato, estás cortando la capacidad de creación de conocimiento del país. Repito: con excepciones en lo cultural y gastronómico, que no son el grueso del turismo en España.

4. Casi todo el trabajo relacionado con la hostelería y el turismo es poco cualificado. Eso significa que estará mal pagado y que los trabajadores son fáciles de sustituir. Además es muy estacional, si dependes de que la gente vaya a la playa. En conjunto es un empleo muy frágil.

5. El turismo aumenta el coste de la vida en la zona turística, lo que es un problema para la población local. Algunas de las zonas con más pobreza de España son muy turísticas. Eso no trae riqueza: sirves hamburguesas por el salario mínimo y los pisos están el doble de caros que a 50 km.

6. El turismo ahuyenta a la población local, convirtiendo ciudades antes estupendas en parques temáticos hostiles a quienes llevaban allí toda la vida. Algunos ejemplos muy conocidos son Venecia y Barcelona.

7. El turismo, especialmente el playero, agrede el medio ambiente.

8. Las soluciones tipo “parque de atracciones/megacomplejo turístico” no son rentables. Hay una fuerte inversión al principio, y luego pérdidas. En España hay cuatro (Isla Mágica en Sevilla, Terra Mítica en Benidorm, Parque Warner en Madrid y Port Aventura en Salou). De los cuatro, sólo Port Aventura da beneficios.

Los únicos que sacan tajada de verdad de todo esto son los constructores, y alguna multinacional instaladora de franquicias. Un ejemplo de cómo se nos ha convencido de que la industria turística española tiene algún sentido es la normalización de la segunda residencia, que para una familia de ingresos medios es económicamente un despropósito. Suponte que pagas 400 euros al mes por la hipoteca y los gastos del piso de la playa. Por doce meses, 4800 euros. ¿Qué vacaciones de lujo no te darías con ese dinero?

No estoy en contra del turismo, así, en bloque. Está muy bien ir de vacaciones. Está muy bien que haya bares y hoteles. Lo que no está nada bien, porque es mentira, es convertirlo en la clave de la economía de un país, que es lo que está ocurriendo. Sólo va a servir para hundirnos más.

De tesis y zombies.

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Obras completas de Dickens. Cada pestaña de color marca un acto de violencia doméstica o de género. 

Hace muchos años que doy el mismo consejo. Lo mejor que puedes hacer con una tesis es no empezarla. La tesis es como los gatos, no es tuya, eres tú de ella. La tesis es como las drogas duras, los que se enganchan son los pringaos, tú puedes, tú controlas, tú vas a ser ESE doctorando único y especial que va a tener los subidones de poderío intelectual y nunca las resacas, las bajonas y las crisis.

Ya.

Claro.

Y el caso es que yo estoy intentando terminar la mía, si se deja. Veremos.

Nunca se sabe por dónde empezar. Un comienzo puede ser que empecé Filología Inglesa, una carrera que conduce de forma clara a la docencia, sin querer tener nada que ver con adolescentes, así que una de las opciones que quedaban era la universidad. La carrera me gustaba mucho, yo tenía un expediente muy bueno, y oye, tal como estaban las cosas en 199x parecía que la ruta era fácil y empezaba por ahí, por el doctorado.

En aquel momento la carrera tenía cinco años. El cuarto, me fui de Erasmus y pasaron dos cosas. Una, que la nota media me bajó del 9.5 al 8.5. Dos, que muchos de mis nuevos amigos me preguntaban: “¿cuál va a ser el tema de tu tesis?” Yo en aquel momento no tenía ni idea, pero me quedé un poco mosca. Y en el verano entre cuarto y quinto, me decidí. Sabía que quería hacer algo panorámico más que monográfico, no por ambición sino porque mi capacidad de atención y de análisis tiende más a buscar paralelismos y patrones entre objetos dispares y campos amplios, que a la disección precisa de cuestiones pequeñas y sutiles. Sabía que quería trabajar con narrativa, porque la poesía me parecía demasiado subjetiva y personal, y no confiaba en mi capacidad para analizar teatro, siempre cambiante, siempre dependiente de la ejecución. Sabía que no quería estudiar nada que me gustase muchísimo porque no quería arriesgarme a cogerle manía. Y sabía mucho más de lo que deseaba saber sobre violencia de género. Así que cuando mi madre me dijo “¡haz un estudio sobre violencia de género en Shakespeare!”, en mi cabeza triangularon dos lecturas de infancia y una reciente, y la respuesta fue: “sí, violencia de género en Dickens“.

Empecé a trabajar en ello en 5º de carrera. Conseguí una beca que me vino bien porque tenía que justificar algún tipo de trabajo, y lo que hice fue elaborar una base de datos a partir de las novelas. Es decir: cada vez que un personaje insultaba o pegaba a otro, a la base de datos que iba. En 5º no trabajé mucho en ello, tenía que estudiar, pero adelanté algo y me compré los materiales básicos de la tesis: los libros. Dickens escribió 14 novelas y montones de cuentos.

Estas fueron las circunstancias al principio. Teníamos el siglo recién estrenado, y la vida era bella. Veamos algunas circunstancias posteriores algo más deprisa.

1º curso: Hay que empezar por estudiar los cursos de doctorado. Entonces no había trabajo de fin de carrera para casi nadie. Pasé de los trabajos de unas 3000 palabras de la carrera a hacerlos de unas 5000. Me leí las 14 novelas, apuntando en la base de datos cada acto de maltrato. Tardé año y medio, más o menos.

2º curso: Me fui con una beca a una universidad americana, donde cursé dos asignaturas, una porque necesitaba completar créditos y otra porque quería cogerme algo que tuviera que ver con psicología, que necesitaba para la tesis. La asignatura fue absolutamente inútil para la tesis, pero aprendí muchísimo, así que me alegro de haberla cogido. Escogí tema para la “tesina” (algo así como una tesis de Máster que hay que hacer antes de la tesis de verdad), comparando a dos parejas en las que hay violenta sacadas de una novela de juventud y otra de madurez. Y aproveché que estaba en una universidad fabulosa para leer, leer y leer todos los libros que remotamente tuvieran algo que ver con mi tema de investigación. Cada vez que encontraba un dato útil, lo copiaba. Empecé algunos borradores de lo que luego han sido capítulos de la tesis.

3º curso: Cursar los últimos créditos que me faltaban en clases, pedir y no conseguir becas (¿recuerdas ese año Erasmus? la bajada de las notas supuso que no pudiera conseguir becas de investigación, tuve mucha suerte con la beca americana), buscar trabajo, y escribir la tesina. En esto último tardé un poco más de un curso, cosa de cuatro o cinco trimestres. Sobre el trabajo, malviví dando clases particulares.

4º curso:  la primera mitad, terminando la tesina. Fue una suerte tener tanta información recopilada en Estados Unidos porque la biblioteca de mi universidad se quedaba corta para mis necesidades. Con la tesina acabada, en teoría debía continuar con la tesis, pero estaba cansada y desanimada, porque en este tiempo habían cambiado bastantes cosas. La principal, que era muy obvio que los cambios en la Universidad y mis circunstancias personales hacían imposible la ruta profesional que era la principal razón por la que empecé todo esto. En realidad estaba claro desde bastante antes: profesionalmente, no necesitaba una tesis. Al contrario, era un obstáculo que me tenía apartada del mercado laboral.

Y aquí vino un parón absoluto de tres años. Uno para preparar las oposiciones, otro para empezar en el trabajo, y otro porque después de dos años de parón, estaba muy desentrenada. Allá que se fueron el quinto, sexto y séptimo año. El siguiente hice algo,  el siguiente casi nada. Y llevo dos años intentando terminar. Trabajar en otra cosa y hacer una tesis a la vez es agotador y desmotiva. Alarga la jornada laboral hasta el infinito. ¿por qué sigo? Porque me da pena dejarla sin terminar, porque sé lo que quiero decir y sólo tengo que escribirlo, y porque sé que si fuera un libro escrito por otra, me encantaría leerlo. Supongo que si volviera a 200X haría las cosas de otra manera, pero aquí, la única salida es terminar.

De aquí te puedo dar un par de consejos. No sé si hace diez años los habría seguido, pero allá van. Los tienes en esta entrada.

 

Cultura emprendedora

Hace un tiempo, iba yo dando una vuelta por mi barrio una mañana. Tenía que ir al supermercado y es más práctico y agradable andar que coger el coche si no tengo que cargar con pesos grandes. Entonces me crucé con un niño y una niña de unos seis años, que habían pinchado en un tablón pulseras y collares hechos por ellos con bolitas de plástico. Me hizo mucha gracia y compré un colgante: un búho plateado colgado de un cordón de plástico negro. La confección no era de muy buena calidad, pero bueno, el detalle. He vuelto a ver a estos niños otros días, siempre en vacaciones.

Para mí era un ejemplo de cómo no es nada, nada fácil eso de “emprender”. Parece muy sencillo, pero estos dos nenes estaban disfrutando de unas condiciones privilegiadas de las que no creo que disfruten la mayoría de niños españoles.

Viven en un barrio, no en una urbanización. Eso permite que haya adultos y jóvenes que caminan por delante de su casa, ya sea con un destino concreto o simplemente paseando. El conjunto de la ciudad en la que estamos invita al paseo.

El barrio es razonablemente seguro. Se puede dejar salir a los niños a la calle porque la visibilidad es buena y la acera es ancha (el tráfico, eso sí, es muy peligroso). Además los padres permiten a los dos niños salir a la calle. Los padres del varón permiten que tenga un hobby que puede considerarse “afeminado”. Los padres de la niña dejan que se quede sola en la calle.

Los niños cuentan con suficientes recursos como para hacer sus colgantitos.

Todo esto es necesario sólo para que los niños saquen el tablón a la calle. Para vender, necesitan haber tenido una educación que les anime a acercarse a un adulto desconocido a invitarle a mirar la mercancía y al mismo tiempo ser lo bastante listos como para entender que a muchos adultos es mejor no acercarse. Y ciertas habilidades sociales para hacer el trabajo entre dos, claro. Y que los adultos y jóvenes de la zona tengan dinero para gastar.

No basta con desearlo. No basta con esforzarse.  Si empezaste tu empresa en el garage de tus padres, es porque tenías garage y padres. Afortunado tú.

¿Son 1900 euros al mes un salario realmente alto?

DSC_0027Lujos. Tras una buena noticia, reventé el presupuesto del mes y le hice una foto a mi autoregalo. Mayo 2013.

En las últimas semanas, me he encontrado con dos visiones muy optimistas del coste de la vida. Primero, una mujer muy joven que está haciendo un ciclo formativo relacionado con cuidados me contó sus planes de independizarse tan pronto como consiga su primer empleo. Y en segundo lugar, Pablo Iglesias dijo “Ningún eurodiputado se atreverá a decir que en España no se puede vivir con 1.930 euros al mes, sobre todo cuando te pagan las dietas”, una frase tan tautológica como “todo es falso salvo alguna cosa”. Evidentemente, si te pagan las dietas tus ingresos no son de 1900 al mes, son mayores.

Luego he visto por ahí cosas como “un sueldo digno”, una expresión que me suena tan rara como “un sueldo cuadrado” o “un sueldo azul”. En mi opinión, el dinero no tiene dignidad, ni indignidad, ni moral, ni nada de eso. Las ocupaciones puede que sí. Mi salario no me enorgullece ni me dignifica, y tampoco me avergonzaba  o era indigna cuando ganaba el salario mínimo. Mi actual trabajo, sí. Cualquier cuestión moral en un salario está en quien lo paga: el ruin, o quien podría sentirse bien, es quien trata bien (?) a sus trabajadores.

Pero veamos, ¿qué tal se vive con 1900 al mes? Aquí hay truco. ¿Cuántas personas pueden vivir con ese dinero? Porque si asumimos que en una casa entran varios sueldos, ya estamos haciendo trampa. Con dos sueldos de 1900 ya no hablamos de 1900, sino de 3800.  A continuación, lo que vamos a ver no es si con 1900 se puede vivir, que sabemos que se puede, sino si es realmente un sueldo alto. Supongamos dos adultos sin hijos ni otras cargas familiares que viven en una zona metropolitana y tienen 1900 euros al mes. Asume dos sueldos mileuristas o que uno de los dos está en paro, nos va a dar igual. Puede que alguna de las cosas que voy a presupuestar te parezcan un lujo, pero lo que estamos viendo es si se puede vivir BIEN con ese dinero.

Hipoteca o alquiler. 500 euros por decir una cantidad redonda. Si te parece poco, sigue leyendo. Nos quedamos con 1400.
Un teléfono fijo con internet y dos móviles. Sólo las facturas, el móvil nos lo regalaron. 90 euros. 1310.
La luz, el agua, el gas, todos esos gastos fijos redondeamos a la baja a 110. 1200.
La pareja tiene un coche, viejo o heredado. Si prorrateamos 500 euros (seguro, ITV, un redondeo para alguna avería) entre 12 meses nos salen 40 euros al mes. Si añadimos la gasolina presupuestamos 200 en total al mes para todos los gastos que da el coche. 1000.
Comida. 250 euros. Esto supone comer un poco, no mucho, de carne y pescado frescos. Mucha verdura y ningún precocinado. 750.
Esta pareja es precavida y reserva unos 50 euros al mes para salud. No tienen un seguro privado, pero piensan en una visita al dentista, unas gafas nuevas, un medicamento, anticoncepción…. 700.

Suponte que piensas en hipotecas mucho más caras. Vamos a invertirlo: la hipoteca son 700 y el dinero libre a fin de mes son 500. Sólo intento calcular un coste medio de una zona metropolitana no  muy cara.

De estos 700 (o 500) euros sale: ahorrar. Comprar ropa. El ocio. Ir de vacaciones. Emergencias, como por ejemplo arreglar cualquier cosa que se rompa. Sustituir lo que se rompe definitivamente. Cortarnos el pelo. Comprar regalos (a la familia, a la compañera que se jubila, al amigo que se casa…). Comisiones en el banco, si las hay (si uno de los dos no tiene nómina, su cuenta casi seguro que cobra gastos). La posible formación académica de quien no trabaje. Te lo digo ya: o ahorras un poco para las emergencias, o tienes margen para el ocio. Las dos cosas no. Es simple. Un par de cervezas y una tapita en el bar de la esquina, varias veces a la semana, son 100 euros al mes. Una semana de vacaciones con avión y hotel, bastante más que eso si lo ahorras y lo planeas. Y así sucesivamente. Se puede vivir con 1900 al mes, siempre que le des muchas vueltas a cada gasto. Muchas, muchas vueltas. Y que no vivas en Madrid, Barcelona, o algún otro lugar con la vivienda muy cara.

Ante esto, hay dos opciones inteligentes compatibles entre sí. Una es exigir que la mayor cantidad posible de bienes y servicios sean públicos y gratuitos. De lo presupuestado, pienso en la telefonía, la luz, el agua, el gas, los gastos por salud, la formación. La segunda cosa, es luchar porque aumenten los salarios de quien gana menos que esto. Protestar por los ingresos de quien gana un poco más que la media no va a beneficiar en nada a quienes ganen menos que ellos. Tu enemigo no es el dosmileurista, precisamente.

Propósitos

Me encantan las listas, qué le vamos a hacer, y hacer resoluciones. Esto no tiene mucho interés para nadie, más que para mí, pero ponerlo en el blog es una manera de hacerlo real y obligarme a cumplirlo.

Trabajo:

  1. Quiero mantener e incluso superar la tasa de aprobados del año pasado. No porque sí, sino porque sé que con los alumnos que tengo, se puede.
  2. Y quiero 100 libros más en la biblioteca. No sé de dónde van a salir, es más un deseo que una resolución. Pero los quiero.
  3. Terminar mi tesis doctoral, ese zombie.

Salud:

  1. Evitar todo lo que sea consecuencia del estrés, o de descanso o ejercicio insuficiente.
  2. Seguir haciendo ejercicio ahora que he dejado el baile; caminar 25 km a la semana.

Hobbies:

  1. Ver el fondo del cesto de la costura. Ni siquiera es la parte creativa de aprender a hacerme ropa, no. Son esas cosas que necesitan una puntada, un botón….
  2. Leer más libros de los que compro. Con reducir el montón me vale. Ahora son casi 250.
  3. No me fijo cantidades de libros que quiero leer, pero… leer más variado. Menos narrativa, más poesía y ensayo.
  4. Ahora mantengo tres blogs: el de la biblioteca escolar, éste, y el de cocina lo tengo abandonado. Publicar un post semanal en cada uno. Este año han sido 126 aquí, 13 de cocina, y 5 (incluyendo las páginas en pestañas) en el de la biblioteca, 144 en total, así que no es un objetivo tan distinto de lo que ya estoy haciendo.

Escribir muchísimo, leer bastante, hacer un poco de ejercicio. Mantener, mejorando un poquito.

Suerte a todos, y feliz año nuevo.