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¿Por qué leer libros escritos por hombres?

En esta época de ferias del libro surge otra vez la discusión sobre si leer a autoras porque sí, porque si no hacemos un esfuerzo consciente se las ningunea y olvida, o porque aportan un punto de vista «nuevo» o «diferente». ¿Pero diferente de qué? Llevamos con este mismo tema dos siglos, aunque antes se trataba de que había temas sobre los que una dama no debía escribir. Y hablemos claro: no es que las mujeres escriban sobre temas muy nuevos o con estilos muy característicos, sino que los temas favoritos de muchos autores hombres están deshilachados de tanto uso.

He leído a autores hombres, en narrativa, en poesía lírica y en ensayo, hasta que sus problemas e intereses se me han salido por las orejas. La vida es corta, y mi tiempo, limitado. Hay cosas que no quiero leer más veces. Y esta es una lista parcial:

  • No quiero leer más veces a fans de Neruda. Quiero decir que no quiero leer más veces la visión poética del sexo heterosexual presentada por un hombre joven con el mismo dialecto que yo. No quiero leer un desglose de las partes del cuerpo de una mujer joven. Y de verdad, lo más importante: no quiero leer más petrarquismo, en serio, ya me he enterado de qué os gusta y lo que os frustra.
  • No quiero leer más veces otro remake de Grandes Esperanzas. No quiero leer otra vez que el mayor problema de un varón blanco heterosexual occidental joven y guapo es ser de clase obrera, y quiere dejar de serlo. Tampoco quiero volver a leer que desea casarse/acostarse con una mujer más rica que él.
  • No quiero volver a leer personajes femeninos que solo son símbolos de estatus. La esposa amable pero imperfecta, la amada inalcanzable que simboliza sus ansias de superación, la pareja de su amigo que simboliza quién ha triunfado en la vida.
  • No quiero leer novelas protagonizadas por un hombre cuyo mundo interior se desmenuza hasta lo subatómico sin que sepamos nunca qué aspiraciones tienen los personajes femeninos. Están ahí, eso basta.
  • No quiero leer novelas en las que el protagonista tiene un bajón que se supera teniendo una relación sexual o romántica con una mujer joven y bella.
  • No quiero leer cómo un hombre blanco viaja a lugares exóticos, se siente un poco fuera de lugar, conoce a una bella mujer exótica, y cambia a mejor la vida de los que le rodean antes de volver a casita.
  • No quiero leer ningún libro en el que sea clave la muerte de una mujer antes de que comience la acción principal. Especialmente si esa mujer no tenía una sexualidad socialmente aceptada.
  • No quiero leer que tu madre no estaba ahí para ti. Sobre todo si estaba muerta.
  • No quiero leer que tu padre era un héroe para ti hasta que lo pillaste bostezando y entendiste que no era más que otro señor mayor, muy cansado.
  • No quiero leer que el miedo a no dar la talla, el miedo al rechazo social, o un rechazo amoroso, han sido las experiencias más traumáticas de tu vida. Y así durante trescientas páginas.

Virginia Woolf habla en una Habitación Propia de la sensación maravillosa de leer en una novela «A Chloe le gustaba Olivia», es decir, una mención de pasada y sin mayor importancia de una amistad femenina, algo poco frecuente en los clásicos escritos por hombres. Han pasado noventa años y seguimos como Woolf: explicando que leemos a mujeres porque hablan de nosotras. Hablemos más de que la tendencia de algunos hombres de contarnos siempre, una y otra vez, la misma historia más que superada.

Violencia de género e independencia económica.

Todos los años, en torno al 25 de noviembre se insiste con el consejo más básico contra la violencia de género: si te maltratan, rompe la relación y denuncia. Desde hace unos años esto se ha vuelto algo menos simple, con listas de listas de señales de alerta ante el maltrato psicológico y conductas posesivas, cuya intención es educar, sobre todo a las chicas más jóvenes, sobre que el maltrato empieza mucho antes de la primera bofetada. También tenemos listas de medidas para protegernos al salir de casa, por si nos agrede un desconocido. En todas esas listas de medidas de autoprotección, algo que no he visto nunca son indicaciones sobre la imprescindible independencia económica. Ser independiente económicamente no nos protege del maltrato, pero sí facilita escapar de una relación que nos atrapa. ¿A dónde vas a huir sin amigos y sin un duro? No se puede olvidar que una relación de maltrato está basada en el control, y es más difícil controlar a alguien que tiene sus propios medios de subsistencia. También influye educar a las chicas en que no necesitan a un hombre para ser miembros plenos de la sociedad (y ya me sé lo problemático de identificar al individuo con su trabajo productivo, pero aquí estamos hablando de dinero y otro día hablaremos de otra cosa).

Empecemos por consejos que son útiles a todas las mujeres, también si no tienen pareja o si están en una relación positiva y amorosa:

  1. No dejes los estudios. Estudia hasta el máximo nivel que tus capacidades y tu economía permitan.
  2. No estudies algo que dependa de dónde vive o qué disponibilidad tiene tu pareja. Supongamos que tu pareja quiere desplazarse para estudiar y tú no: no le sigas. Supongamos que para estudiar lo que quieres te tienes que desplazar: te desplazas. Si te planteas que lo que te interesa es en turno de tarde pero entonces sólo lo verías los fines de semana, pues a tu turno de tarde. Tus estudios son para siempre. Los novios quién sabe.
  3. Ahorra. Ten una hucha, física o en el banco, a la que tu pareja no tenga acceso. En una relación cordial es bueno que sepa que existe, pero si es sólo tuya, se limitan las tentaciones de usarla. Una opción es tener tu cuenta, tu pareja la suya, y una cuenta común en la que se pone el dinero de los gastos domésticos. Así, tu cuenta personal hace de hucha.
  4. Busca trabajo de lo que puedas y te guste. Véase el consejo sobre los estudios.
  5. No dejes de trabajar por tener pareja, aunque gane dinero suficiente para ambos. Y muchísimo menos si tienes hijos.
  6. No aproveches que te has quedado sin trabajo para tener hijos: busca trabajo y cuando lo tengas, a por el bebé. Es más fácil luchar por una readmisión si te despiden embarazada que por un contrato cuando eres madre.
  7. No pidas reducción de jornada cuando tengas un hijo, si puedes evitarlo.

Algunas conductas relacionadas con lo económico que alertan de que tu pareja te controla en exceso, o te maltrata:

  1. Es un problema para él que seas estudiosa.
  2. No le gusta que tengas ambiciones profesionales. Te critica, te gasta bromas, le hace sentir incómodo.
  3. Quiere que estar con él sea más importante que estudiar, trabajar, buscar mejores opciones profesionales…
  4. Te hace chantaje emocional relacionado con el tiempo, esfuerzo o dinero que dedicas a tus estudios o tu trabajo.
  5. Quiere que dejes de trabajar para cuidarlo a él, la casa o los niños.
  6. Critica tu manera de administrar tu dinero, ya sea para decir que eres muy derrochona o muy avariciosa.
  7. Quiere controlar cuánto ganas o cuánto tienes. Se enfada si no lo sabe.
  8. Mira tus datos bancarios sin tu permiso, o los sitios donde guardas dinero en metálico.
  9. Utiliza, vende, gasta o intercambia sin tu permiso tus objetos de valor o tu dinero, o es el encargado oficial de guardártelos.
  10. Tiene mucho más control de los bienes comunes de la pareja que tú.
  11. No podéis gastar dinero (o ahorrar) en nada que sea idea tuya o que sólo te beneficie a ti, como por ejemplo ahorrar para comprar una casa o hacerte un arreglo dental. Nunca hay para tus cosas, o lo que quiera él siempre es más importante.
  12. Cosas importantes y de valor compradas con tu dinero están a nombre de tu pareja.
  1. La manera más segura de ahorrar dinero sin que tu pareja lo sepa es tener una cuenta bancaria en un banco online. Contrata un apartado postal en una oficina de Correos si necesitas dar una dirección física para poder abrirla. Otra opción es guardar dinero en metálico, mejor fuera de casa.
  2. Si compras algo caro con tu dinero, ponlo a tu nombre. Incluso si estáis casados en régimen de gananciales y haya que tenerlo en cuenta para un reparto, en el supuesto de que salgas por pies con ese objeto, que muy bien puede ser tu coche, no podrá reclamártelo.

Una de las bases de la prevención de la violencia de género ha sido educar en contra del amor «romántico», posesivo, dependiente. La idea de un amor absoluto e incondicional nos ha hecho daño. El siguiente paso ha sido el análisis de la masculinidad tradicional. Ojalá la prevención de la violencia contra la mujer se centre lo antes posible en cómo se crean jerarquías económicas sexistas dentro de la pareja.

 

Violencia de género y coerción reproductiva.

Un dato conocido por quienes estudian violencia entre parejas es que el embarazo dispara las posibilidades de que la pareja de una mujer la agreda. El embarazo de la mujer suele desencadenar o empeorar un ciclo de violencia. Hay muchos motivos para ello, dado que el nacimiento de un hijo puede desestabilizar una relación, cuanto más una tan tensa y frágil como las basadas en la dominación.  Esto puede ocultar una realidad: el embarazo también es un elemento de control de la mujer maltratada. En inglés se llama reproductive coercion a un aspecto de la VG: obligar a la pareja a tener hijos, o impedírselo contra su voluntad. Podemos llamar a esto coerción reproductiva, porque si hablamos de «violencia reproductiva» puede confundirse con «violencia obstétrica» (la ejercida por el sistema sanitario) o con la ejercida por instituciones públicas.

No es que los maltratadores no deseen ser padres. Eso para este caso es irrelevante, unos quieren serlo y otros no o les da igual. Lo importante en estos casos es que el maltratador desea controlar a la mujer y por ello un embarazo puede ser un medio de tener a su pareja sometida. Los agresores pueden utilizar estrategias como el chantaje emocional, con insistencias del tipo «si me querrías tendrías un niño conmigo»; sabotear la anticoncepción, estropeando o no poniéndose preservativos; o violar a su pareja.
La mujer embarazada que ya sufría de maltrato anteriormente está en una posición especialmente peligrosa. Arriesga su posición o su acceso al mercado laboral, y por lo tanto su posible independencia económica, y los hijos son legalmente de los dos por lo que tendrá con su agresor un vínculo permanente y obligaciones respecto a él incluso si se separa o divorcia. Los agresores no tienen por qué ser conscientes de todo ello, pero son factores que deben tenerse en cuenta.
¿Y la situación contraria, el agresor que impide a su pareja tener hijos? No se considera maltrato si un hombre no quiere ser padre, ya que es una decisión común de la pareja. Hablamos de coerción reproductiva o maltrato en caso de aborto contra la voluntad de la mujer (provocado mediante violencia física, amenazas, chantaje o engaño), o esterilización forzada.
No es nada fácil romper con una pareja que te maltrata. Con hijos en común, puede ser imposible. Así que esta es una razón más para salir de una relación abusiva cuanto antes.

La «carga mental» de las tareas domésticas en Navidad

¿Recordáis aquello de la carga mental y el «habérmelo pedido»? Si no sabes de qué hablo, te lo explico. El pasado mayo, la dibujante Emma Clit hizo un cómic que tienes aquí, sobre cómo para las mujeres, cada tarea de la casa es, como mínimo, doble: saber que hay que hacerla, coordinarla, delegarla, supervisarla, por un lado; y hacerla si es nuestra responsabilidad, por otra. Su título, «Me lo podías haber pedido», se refería a parejas masculinas que creen que hacen «la mitad de las tareas de la casa», pero nunca se encargan de nada por iniciativa propia.

Las fiestas son una época de enorme carga mental para quien administre las tareas domésticas, y aquí os sugiero una lista de tareas para que se observe cómo debe ser un reparto justo. Cada casa es diferente, pero estas son, en general, las tareas más habituales.

  1. Decidir donde y con quién se celebra cada festivo. Sólo decidir, sin organizar.
  2. Hacer regalos.
    1. Decidir qué comprar.
    2. Comprarlo.
    3.  Envolverlo.
    4. Multiplica por tu familia, la de tu pareja, y vuestros hijos en común si los hay.
  3. Organizar vuestro transporte.
    1. Sólo organizarlo. ¿Vais a viajar? ¿Os vais a encontrar atascos? ¿Qué hacer para evitarlos?
    2. Si vais en coche, ponerlo a punto. Si vais en transporte público, comprar billetes o comprobar horarios.
    3. Hacer las maletas de cada miembro de la familia.
    4. Si vais en coche, conducir.
  4. Saber quién está invitado a vuestra casa, y cuándo. Sí, saber quién viene a merendar el día 2 de enero es una tarea, porque hay que coordinar con todas las tareas restantes.
  5. Planear qué se va a comer durante toda la quincena, y comprar los ingredientes.
  6. Cocinar.
  7. Tener la casa lista para recibir invitados.
    1. Decoración.
    2. Limpieza, orden, suministros de todo.
  8. Limpieza post-fiesta.
  9. Tener lista la ropa de fiesta.
    1. Puede ser comprarla, o asegurarnos de que está limpia y planchada y es la talla correcta.
    2. La tuya.
    3. La de tu pareja.
    4. La de los niños.
  10.  Mantener una comunicación fluida con todas las personas con las que vais a quedar, en sus casas, las vuestras, o en la calle.
    1. Enviar felicitaciones, si queréis.

Lo que aquí queda formulado como diez tareas puede expandirse si se considera el trabajo de cada uno de los días festivos, pero sirve como aproximación general. A lo mejor se te ocurren más tareas, sobre todo si tienes hijos.

Ahora puedes hacer lo de siempre, es decir, hacerlo casi todo y maldecir, y decir que el año que viene la Nochebuena la va a organizar Rita porque tú te quedarás en casa viendo pelis tú sola, o puedes coger el toro por los cuernos. Coge esta lista e imprímela. Ahora coge la agenda, el móvil, papel, bolígrafos, y a tu pareja en un momento de buen humor y con tiempo por delante. Y explícale que  lo justo es que hagas la mitad de las tareas, y que eso no es «yo cocino y tú limpias».

Cuando hayáis hablado todo lo que tengáis que repartir, haz la mitad. Sólo la mitad. Presta especial cuidado a la coordinación y cubriros el uno al otro si os comunicáis un despiste. Apuntad recados en un lugar bien visible. Pero sobre todo, no hagas más de la mitad.

Felices fiestas.

Romanticismo y sorpresas.

Tengo una amiga, A (de anónima), y ella tiene otra amiga, M (de más anónima) y un compañero, P (de Pesado). Han quedado juntos en un grupo grande dos o tres veces, y P tiene interés en ver más a M, que no es del todo consciente de lo que hay. Sí, ya sé que suena un poco adolescente, pero creedme, es verdad. la semana pasada, P le comentó a A que pensaba ir por sorpresa a un partido de M, que practica un deporte de competición. A le dijo que a M no le gustaría una visita sorpresa, por muchos motivos entre los que están que la competición es tensa, que es una ocasión de estar con las amigas, y que si están apenas empezando a tantear sus sentimientos, sorprenderla sería agobiarla. A esto, P reaccionó muy mal. Se enfadó, dijo que los sentimientos deben expresarse con espontaneidad, y al mismo tiempo negó toda intención romántica respecto a M.

En este blog ya se ha hablado de que los piropos son una invasión del espacio de las mujeres. Ahora hablo de otra cosa considerada romántica y que es en realidad una falta de educación: las sorpresas románticas, las visitas sin avisar, especialmente de alguien a quien conocemos poco. El novio reciente que viene a verte inesperadamente a tu lugar de trabajo o estudios.

Habrá mujeres a las que les guste esto, pero es en principio una mala idea. Veamos algunos motivos. El primero, nuestra seguridad. Tú tienes unas intenciones de lo más caballerosas, pero una chica que te conoce poco no puede distinguir tu actitud de una conducta muy frecuente en acosadores, ex-novios cabrones y otra gente peligrosa. ¿Te parece que exageramos? Luego no digas que no sabemos calar a los malotes, porque una señal fácil de detectar de los hombres con los que no se puede tener una relación pacífica es que son demasiado impulsivos.

El segundo, que es de mala educación pensar que nuestro tiempo está a tu servicio, que hasta que no llegues no vamos a tener nada que hacer. En nuestro caso, M a lo mejor ha quedado con otras personas a celebrar la victoria, si gana. La chica a la que vas a ver a la salida del trabajo a lo mejor quiere ir al gimnasio, a la peluquería, a casa a poner los pies en alto, o a cualquier otro plan que no incluya sonreírte. Piénsalo en masculino. ¿Harías lo mismo con un hombre con el que tuvieras el mismo grado de confianza, es decir, te presentarías te visita proponiendo un plan divertido sin avisar? ¿A que no? Claro, porque es una intromisión en su vida privada, por apasionante que sea el plan que has hecho.

Otro más es que a lo mejor queremos estar mentalizadas cuando aparezcas. Queremos arreglarnos, o tener en cuenta que si vas a venir con la moto mejor nos ponemos pantalones, avisar a alguien de dónde vamos a estar y cuándo volvemos, en fin, prepararnos. Igual hoy le duele la cabeza y no tiene ganas de ver a nadie.

Volvamos a mis A, M y P. P defiende la espontaneidad, pero él no es espontáneo: está preparando con antelación sorprender a M. Exige que M sea espontánea cuando él llegue. La visita romántica sorpresa requiere preparación para encontrar a una mujer de hábitos predecibles (¿qué pasa si cuando llegas no está? Conozco a alguien a quien le montaron una bronca por eso), que no tiene mada mejor que hacer que dejarse llevar sumisamente, en lo que a ti te parece espontaneidad, por tus planes cuidadosamente trazados. La espontaneidad es lo que pasa cuando ya estáis juntos y ella se lo pasa tan bien que uno de los dos propone algo nuevo, no lo que tú organizas antes de verla. Esto también sirve online, claro, como un chateo que se convierte en «oye, ¿y por qué no quedamos ahora mismo?», siempre y cuando estés dispuesto a aceptar un no.

Así que en este mundo moderno en el que contamos con mil canales de comunicación, no des sorpresas. Avisa de que te apetece quedar. Y por supuesto, acepta un «hoy no me viene bien». Es lo mínimo.

POSTDATA: Ha pasado un mes desde esta entrada. No conozco de nada a M, pero A me ha contado que P está mandándole mensajes de whatsapp muy largos en los que le dice cosas como «no me tienes que dar explicaciones pero necesito saber si te has acostado con X», exigiéndole que no estropee el «clima de confianza» entre ambos, y acusándola de «no haber querido nada con él», donde nada significa sexo, después de haberse creado una convivencia más o menos amistosa. Es decir, era mentira que solo quisiera amistad, y menos de dos meses después de conocerla (no después de sentar la primera piedra de una relación romántica o amistosa, no: de verla por primera vez) el deseo de  dar sorpresas (que asume disponibilidad) pasa a ser deseo de control con estrategias múltiples. Por qué no me sorprende.

Los maltratadores y sus perfiles psicológicos.

Cuando se habla de violencia de género una forma frecuente de culpar a las víctimas es decir que a las mujeres, ya sea a todas o a las adolescentes, nos gustan los hombres a los que se ve a la legua que son violentos, los llamados «malotes». De muestra, un botón. Como dije en otro lugar, se dice que “el atractivo sexual masculino se vincula a ser una persona indeseable para cualquier otro contacto social”. Quien crea esta estupidez seguirá

creyéndola; su error de base es creer que a los maltratadores «se los ve venir» o pertenecen en su mayoría a un tipo concreto, violento, chulesco, y demás características negativas. Las dos cosas son falsas. En lo siguiente me voy a referir sobre todo a las investigaciones de Donald Dutton, un psicólogo muy recomendable para estos temas.

Alrededor de un tercio de los hombres que maltratan a sus parejas son violentos a menudo, y con otras personas. Son los que más fácilmente recurren a la violencia física. Es probable que sean delincuentes, pero eso no quiere decir que sean necesariamente de las capas más pobres de la sociedad. Dicho de la manera más simple, su problema y el de quienes les rodean es que no saben controlarse. Expresan su desagrado ante la menor frustración con violencia que en muchos casos, es más un desahogo de su malestar que un intento de manipular o atemorizar a los demás, sobre todo cuando las víctimas no son de su círculo íntimo.

¿Por qué se siente una mujer atraída a un hombre así? Porque con ella es diferente, al principio). Porque ella se ha educado en un ambiente violento y le parece normal. Porque cree que puede cambiarlo, y recordad que a las niñas se las educa en dar ejemplo y facilitar las cosas a los demás. Pero aquí lo principal es que los maltratadores que pueden responder a un estereotipo de «malote» es, como mucho, un tercio del total.

El segundo tipo son los maltratadores cíclicos, que son de los más estudiados. También son alrededor de un tercio del total. Sus ciclos consisten en fases de acumular tensión en las que todos a su alrededor van de puntillas, descarga de esa tensión en forma de violencia, y fase de «luna de miel» en la que se deshacen en disculpas y en gestos románticos. Los maltratadores de este tipo son los que más recurren a decir que se arrepienten, y a amenazar con hacerse daño a sí mismos, como una de las formas de «enganchar» a sus víctimas en la fase de luna de miel. Son también los más manipuladores, porque en la fase posterior al estallido violento harán lo que sea con tan de recuperar una situación de aparente calma o equilibrio.

Mientras que las mujeres del primer tipo son escasas, sí que hay mujeres con una personalidad como la que estoy describiendo, aunque no sean maltratadoras de sus parejas. Y hay familias enteras, y lugares de trabajo con dinámicas parecidas.

¿Y por qué las mujeres se enamoran de un hombre así? Porque las fases de tensión y de descarga violenta no se activan hasta que la pareja está afianzada. La relación empieza en modo «luna de miel» y la mujer aprende a identificar a su pareja con el de los primeros tiempos. Luego, con la relación afianzada, llega la rutina, la confianza, y al igual que en las relaciones sanas, la fricción ante cualquier pequeño conflicto, y el agresor descarga su tensión en la víctima. Antes no ha sido violento porque eso no funciona como estrategia de «enganche» y porque no lo necesitaba como medio de control. Después de una temporada de relación positiva, a la mujer se la convence que las tensiones y los estallidos son culpa suya, o como mínimo algo que ella puede reducir. Os recuerdo (y van dos) que a las niñas se las educa en agradar a los demás y en que el peso emocional de las relaciones les toca a ellas, y que si algo va mal es culpa suya. Pero también influye que cuando nos hemos hecho una impresión de una persona, los cambios posteriores nos parecen accidentes. El maltratador es «de verdad» como se muestra los días buenos.

El tercer tipo no corresponde a ningún estereotipo utilizado habitualmente por Hollywood o los medios de comunicación para caracterizar a los maltratadores, hasta que salta un asesino en serie o un tipo más repulsivo que la media. Estos agresores no tienen ciclos, no pasan por fases de luna de miel. Sí tienen en común con el segundo tipo que se reprimen la mayor parte del tiempo, y están o tranquilos o enfadados hasta que estallan sin avisar. Son poco expresivos, «reprimidos», en sus emociones y en cómo las manifiestan. También son los que menos recurren a la violencia física. Estas personas suelen ser rígidas, intransigentes, y a menudo camuflan su inseguridad con perfeccionismo. No cambian,  y no se disculpan porque o eso que dices nunca ocurrió, o tú te lo buscaste, o muy frecuentemente, lo hicieron por tu bien.

Violencia de género, estado de alerta.

En España, tenemos estados de especial alerta en algunas situaciones predecibles. Por ejemplo, las fechas en las que mucha gente sale de vacaciones y hay que vigilar más el tráfico. Fechas de calor, frío o precipitaciones. Pero hay una situación predecible que no genera alertas: la suma de vacaciones y calor que hace que más hombres maten a sus parejas en verano (y también que más hombres y mujeres maten a sus familiares más vulnerables, como niños y ancianos). Se ha desmentido que las competiciones deportivas (un momento que une consumir alcohol con los ánimos exaltados) aumente las agresiones, pero sí es verdad que la mayoría de los feminicidios se registran en verano o en fin de semana. Ahora no tenemos ese problema, pero dejola entrada publicada para cuando sea relevante. A lo mejor es útil en diciembre, con tantos festivos. A continuación voy a usar indistintamente «violencia de género», y violencia familiar, para tener en cuenta a quienes son víctimas de alguien que no es su pareja.

Si conoces algún caso de violencia de género, ofrece ayuda especialmente en esos momentos. Es complicado porque a menudo, si le insistes a una mujer víctima en lo malo que es su pareja para ella, puede sentirse obligada a defenderlo. Es una reacción esperable: ella puede sentirse culpable de que él sea violento, culpable de haber elegido a una pareja que la maltrata, en fin, puede sentirse obligada a justificarse. Qué tipo de ayuda es útil depende mucho de la situación. Algunas mujeres necesitan tomar conciencia de lo atrapadas que están y de que lo que ocurre no es culpa suya. Otras ya están listas para dar el salto y pueden necesitar apoyo material. Siempre es útil ofrecer apoyo material, información, pasar unos días en tu casa, etc. En días festivos, no sabemos si poder pasar un rato fuera de casa, o no dejarla a solas con su maltratador, podría salvarle la vida.

Puede que quien lee esto sea víctima de violencia familiar. El «síntoma» más fácil de explicar es que tienes miedo de tu pareja (o de tus padres, o de quien sea que convive contigo). Piensa bien si es tu caso. Si eres víctima de violencia, seguro que ya sabes predecir los arranques de tu agresor. Te has preparado para ello. Quizá te has dado cuenta ya de que si tenéis que pasar mucho tiempo juntos, como en vacaciones, o cuando viene una ola de calor, el mal humor aumenta y una consecuencia es que se ponen más violentos contigo. Si te estás planteando cortar con tu agresor, planifícalo bien si puedes, y pide ayuda material a gente en la que confíes. Ahora puede ser tu momento.

Puede que no estés preparada para romper o que tengas miedo de las consecuencias que tenga para ti hacerlo. Es verdad que las rupturas son peligrosas, pero no más que continuar la convivencia. De todos modos, si no puedes romper la relación, piensa en estrategias para pasar menos tiempo juntos. Quédate en donde más apoyos tengas.

Desgraciadamente, hay que tener en cuenta que son momentos en los que a lo mejor es más difícil conseguir apoyo institucional. Servicios sociales tienen sus vacaciones, los sanitarios están bajo mínimos, y la policía también o pueden estar muy ocupados con la Operación Salida y otras emergencias propias de las fechas. Por eso también pienso que si estás dudando sobre terminar la relación, si ya tienes un plan o una sospecha, ponte en marcha antes del fin de semana o el día festivo.

Espero que en un futuro, alguien con responsabilidades en el tema examine con cuidado las estadísticas y establezca planes de prevención específicos en torno a momentos que son más peligrosos por este tipo de causas externas.

 

Prevenir o reducir la violencia de género. España en un contexto internacional.

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Mujeres víctimas de violencia de género en Europa.

Hace unos veinte años, coincidiendo con el caso de Ana Orantes, que la violencia de género está presente en España en los medios de comunicación, el discurso político y el sistema educativo. No todo el mundo le da la misma importancia, pero por fin se reconoce que existe y que es un problema grave. Por eso puede resultar algo sorprendente saber que en España hay menos denuncias y menos feminicidios que en otros países de Europa. Establecer el grado de violencia familiar en una sociedad es muy difícil por todo lo que no se denuncia, así que podemos tener varias hipótesis. De momento no estoy defendiendo ninguna de ellas, solo las expongo.

1. La violencia de género es un fenómeno que busca el poder y el control. En sociedades con mujeres más igualadas a los hombres, la inseguridad de los hombres que tengan tendencias violentas, psicopáticas, etc. los llevará a agredir a sus parejas. La sociedad española es en algunos aspectos bastante igualitaria y en otros muy poca. No es un aspecto en el que nuestro país destaque.

2. Las mujeres españolas sufren una desigualdad económica muy alta, y a menudo dependen económicamente de su agresor, por lo que les resulta más difícil denunciar. Además la posibilidad de que la mujer salga de la relación es uno de los factores que según la OMS puede aumentar el riesgo de feminicidio.

3. Hay más feminicidio en los países donde el acceso a armas de fuego es muy fácil, en los países con mucha violencia interpersonal independientemente de la causa, y donde la criminalidad en general es alta. Ninguno de los tres factores se da en España. Somos un país de gente excepcionalmente pacífica.

4. El alcohol y el uso de drogas también son un catalizador (ojo: no son una causa, sino un factor para el empeoramiento). En España el consumo de drogas es bastante alto pero el alcoholismo es más bajo que en el Este y Norte de Europa.

5. La falta de servicios sociales es un factor que disuade a las mujeres de denunciar o de salir de una relación violenta. Ejemplo: te animas a denunciar porque puedes dejar a los niños en la guardería. O vas a Urgencias en un país en el que el médico puede denunciar por ti.

6. La presencia de hijos de relaciones anteriores de la mujer. Es decir: un hombre con tendencias violentas será más violento hasta llegar al feminicidio si su actual pareja trae hijos de una relación anterior. En España, factores como los noviazgos largos y la natalidad tardía hacen que esto sea menos frecuente.

En resumen, no podemos saber con los medios de los que disponemos si somos un país «moderadamente violento» en lugar de muy violento, o si somos un país en el que hay tanta violencia como en otros que quedan peor sobre el papel, solo que aquí no se denuncia.

Dicho esto, para situarnos, ¿qué podemos hacer para reducir el nivel de violencia? La verdad es que los expertos a nivel internacional todavía no lo tienen muy claro. En estudios a nivel mundial, se observan una serie de factores relacionados con la violencia en una sociedad en su conjunto, y que está vinculados también a la violencia contra la mujer. Es decir: una sociedad muy violenta en general también produce más violencia de los hombres contra sus parejas. Reducir niveles globales de criminalidad, violencia interpersonal, alcoholismo, drogadicción, desigualdad económica y discriminación de la mujer baja los niveles de violencia de género hasta un suelo, pero no más. Un ejemplo lo da Japón: tiene tasas bajísimas de todo lo malo, y niveles de violencia contra la mujer que no descienden. Así que, ¿qué soluciones hay? Tenemos que distinguir la protección para que la violencia no llegue a producirse por un lado, y la capacidad de las mujeres de salir de una situación violenta por otro.

Para lo primero, casi toda la responsabilidad está en la educación de los niños varones, y en la conducta de los hombres adultos. ¿Cómo me protejo de empezar una relación con un hombre violento? Está claro que no es posible.  No puedo aislarme de los hombres, especialmente si soy una mujer que desea tener relaciones románticas con ellos, y los que tienen un potencial agresor no llevan un cartel. Además están los casos en los que él ataca precisamente porque ella no quiere epezar la relación: un par de ejemplos. Desgraciadamente, «educación contra la violencia de género» suele querer decir «educación en el entorno escolar para que las adolescentes aprendan a salir de relaciones que ya se han vuelto violentas». En este sentido, se deben dan a conocer las señales tempranas de maltrato, salir por pies antes de que la cosa vaya a más, y ahí quedó. La realidad es que por más que se diga que «esto se arregla con educación», tenemos varios problemas.

  1. Esa educación tiene que ser de los varones, por las razones expuestas. Las mujeres y las chicas jóvenes no pueden protegerse de todos los hombres ni tampoco identificar rápidamente a los agresores antes de que sea tarde. No es malo educar a las chicas, pero es muy insuficiente.
  2. Esa educación tiene que ser necesariamente en el entorno familiar. La educación escolar al respecto llega muy tarde, y es poca.
  3. Nadie tiene del todo claro qué ocurre en la educación de los hombres maltratadores para que hayan llegado a ser así. Hay muchas teorías distintas.

Sí, ya sé que es difícil.

Sigamos. Una vez que la violencia es inevitable y frecuente (en España, parece que menos frecuente que en otros sitios), ¿qué hacemos para que sea fácil y seguro salir de ella? Partamos de estudios internacionales unidos a las particularidades de este país.

  1. Red de apoyo. La víctima necesita tener a quien recurrir. Familia, amigos, servicios sociales, en ese orden. Primero emocional y luego estratégico, económico…
  2. Un sistema sanitario preparado para prevenir y detectar, trabajando en conjunción con servicios sociales. Servicio de salud mental en condiciones.
  3. Una policía muy bien preparada y en la que las víctimas puedan confiar.
  4. Un sistema judicial eficaz.
  5. Un mercado laboral igualitario y que funcione. Para ambos: el desempleo del hombre es factor de riesgo para el feminicidio, y la desigualdad social de las mujeres contribuye a que haya más violencia en total. Una mujer independiente económicamente podrá también salir antes de una relación.
  6. El alcoholismo y el consumo de drogas del agresor son factores de riesgo, no para que haya más casos de violencia sino para agravar los ya existentes, por lo que es necesaria una buena política social de prevención de ambas cosas.
  7. Fácil acceso a la anticoncepción para la mujer. No tener hijos facilita salir de la relación. También hay agresores que utilizan la concepción o los hijos para aislar, privar de libertad o maltratar a la mujer.
  8. Una sociedad en la que creamos a las mujeres y eliminemos los tópicos sobre qué tipo de hombre puede ser un agresor. Es imprescindible que cuando hablamos de «educación», sobre todo a nivel escolar, dejemos clarísimo a las chicas que no hay ninguna relación entre ser un agresor y el estereotipo de los «malotes». Hay agresores de todas las personalidades (en apariencia) y de todas las clases sociales.

Todo esto está entre lo utópico y las declaraciones vagas de buenas intenciones, pero son un mínimo para reducir tanto la cantidad de muertes como la violencia en su conjunto. NI los manifiestos, ni los actitos oficiales, ni las campañas escolares de un día al año nos sacarán de ésta.

Studio Ghibli y largometrajes anime: una guía de visionado.

Poco a poco, las películas de Studio Ghibli han ido creando fans en España. Crean un universo bello, imaginativo, con personajes maravillosos y con modelos femeninos más interesantes que los de Disney. Sus obras también son excepcionales en Japón, donde la inmensa mayoría de los largometrajes de animación son obras de consumo fácil, vinculadas al manga y a series de televisión, aunque gracias a la influencia de Ghibli han surgido otras películas en la misma línea, de éxito y calidad variable.

No todas las películas de Studio Ghibli están pensadas para el mismo tipo de público ni son adecuadas para niños pequeños. Voy a comentar todas las de Ghibli y todas los largometrajes japoneses de animación que me parece que resisten la comparación, por orden de grupo de edad al que van dirigidas. Dentro de cada grupo de edad, las ordeno según me gustan más o menos. Están dirigidas por Hayao Miyazaki mientras no diga lo contrario. Las que tienen asteriscos no son de Studio Ghibli.

Películas para preescolares:

totoroMi Vecino Totoro.

Ponyo en el acantilado (2008): El remake feminista de La Sirenita. En el cuento original no sobrevive a salir del agua y se convierte en espíritu del aire, con un príncipe bastante egoísta y bobo. En Disney, el amor es la entrega absoluta, pero eso sí, ganas al príncipe y te quedas el reino. Studio Ghibli presenta otra visión, con un niño encantador que sabe lo que es amar mucho mejor que todos los príncipes azules. Y con Ponyo, una sirenita maravillosa. Una película de verdad, de verdad, para todas las edades.

Mi vecino Totoro (1988): Olvida los mensajes didácticos y la «educación en valores» (que la hay, y mucha). Una fantasía pequeña, preciosa, sobre cosas que dan miedo pero al final salen bien. Por eso me parece buena para niños pequeños: ¿habrá algo que dé más miedo que una enfermedad de tu madre?

Películas infantiles pero con algo más de complicación:

wolf-childrenLos niños lobo.

El viaje de Chihiro (2001): Lo que me gustaría que inspirase el próximo siglo de cine infantil. Perfecta, redonda.

La princesa Mononoke (1997): Puede que el principio le dé miedo a niños pequeños. Una maravilla sin comparación con nada.

Porco Rosso (1992): Puede ser una buena introducción al cine bélico clásico y a las guerras mundiales porque es accesible a niños muy pequeños. Admite muchos visionados porque la entenderán mejor según crezcan.

El Castillo ambulante de Howl (2004): En la línea de fantasía de Chihiro y Mononoke, pero un poco más sombría.

El Castillo en el cielo (1986): una fantasía algo absurda en la que destaca la primera de las «Ancianas Ghibli que parece que van a ser malas pero luego resulta que no», la abuela pirata.

Los niños lobo*** (Mamoru Hosoda, 2012): Un cuento tan triste a ratos, que parece de Takahata: la historia de una mujer humana cuyos hijos son niños-lobo. Una historia muy bonita. Fuera de Ghibli, de lo más adecuado para menores de diez-doce años.

El cuento de la princesa Kaguya (Takahata, 2013): estéticamente preciosa, dividida en dos mitades, la primera más divertida y la segunda más melancólica.

Arietty y los diminutos (Hiromasa Yonebayashi, 2010): Los Diminutos están en la misma situación que los tanukis: viven en los cimientos de una casa y dejan de tener una vida tranquila. En lugar de usar animalitos o un bosque, esta vez el mensaje ecológico es una metáfora con seres imaginarios.

El niño y la bestia*** (Hosoda, 2015): Chihiro + Karate Kid = Esto. Muy entretenida y a un nivel imaginativo y de calidad muy alto.

Pompoko (Isao Takahata, 1994): La película más divertida de su director. Los protagonistas son «tanukis», un animal japonés de aspecto similar a un perro o un mapache. En el folklore se dice que son listos y pueden transformarse en cualquier cosa, sobre todo en personas, y los tanukis protagonistas usan ese poder para intentar impedir que se urbanice el bosque donde viven. Es una de las películas con mensaje conservacionista más claro.

Kiki’s Delivery Service (Kiki, aprendiz de bruja) (1989): Flojea un poquito, aunque tiene el encanto de todas las historias de aprendices de brujos y brujas, niños solos que se las apañan en el mundo adulto…

Cuentos de Terramar (2006): La única película de Ghibli de la que he visto malas críticas, pero se deja ver.

Películas adecuadas para preadolescentes y jóvenes: Seguramente habrá niños que disfruten de estas películas. No es que tengan contenido inadecuado, ya que son casi todas bastante blanditas, sino que no están hechas con niños pequeños en mente.

nausicaaNausicaa del valle del viento.

Nausicaa del valle del viento (1984). El mensaje ecologista tan frecuente en Ghibli está mezclado aquí con un ambiente postapocalíptico.

Tokyo Godfathers*** (Satoshi Kon, 2003): una pequeña maravilla: la aventura navideña de tres personajes callejeros intentando localizar a los padres de un bebé abandonado. Toca algunos temas duros (empezando por el abandono de la niña). No tiene elemento sobrenatural, pero se basa mucho en la idea de las coincidencias y casualidades.

La tumba de las luciérnagas (Takahata, 1988): probablemente la película más famosa de Takahata. No sé si pasará en más sitios, pero mis alumnos llegan a una edad, a la altura de 2º o 3º de ESO, en la que se obsesionan con la Segunda Guerra Mundial. Es algo «guay», es la guerra más importante que conocen y quizá la mayor de la historia, Hitler tiene tintes de villano de cómic… esta es una película que puede educar sobre cómo son las guerras de verdad.

La colina de la amapola (Goro Miyazaki, 2011): Quizá la mejor de las tres historias de instituto. Uno de sus sub-argumentos tiene que ver con el conservacionismo… urbano: el instituto lucha contra la demolición del viejo edificio que usan para alojar sus clubs y asociaciones juveniles.

La chica que saltaba a través del tiempo*** (Hosoda, 2006): Lo mejor de las historias costumbristas de instituto con un añadido sobrenatural cuando una chica descubre que puede viajar en el tiempo a momentos anteriores de su vida. Para los acostumbrados a Ghibli, la heroína puede ser un poco irritante: más pasiva, más dependiente, más… tonta. A pesar de ello es una película bonita.

Summer Wars*** (Hosoda, 2009): El «Juegos de Guerra» de esta generación. En serio, si de pequeño te gustó Juegos de Guerra haz un programa doble con niños, pizzas y palomitas. Aquí el malo en vez de ser la política internacional son los virus y el robo de datos personales. Tiene su historia sentimental con adolescentes que se hacen amigos o se enamoran, su encantador Japón rural, su drama familiar de fondo…

Puedo escuchar el mar (Tomomi Mochizuki, 1993), Susurros del corazón (Yoshifumi Kondo, 1995): Historias sencillas y realistas de amor adolescente.

Haru en el reino de los gatos (Hiroyuki Morita, 2002): el contrapunto de fantasía al costumbrismo de Susurros del corazón: la película del cuento que escribe la chica protagonista de Susurros.  Puede ser infantil pero tiene algo más de sentido si hemos visto Susurros primero.

Cuando Marnie estuvo allí / El recuerdo de Marnie (Hiromasa Yonebayashi, 2014): Con un punto de partida frecuente en Ghibli, la mudanza de una niña de ciudad a un pueblo, se cuenta una historia un poco triste paralela a cómo la chica se integra. Menos original que otras de la productora.

Películas de temática adulta: Si son adecuadas para adolescentes ya es cuestión de la madurez y los gustos de cada uno.

paprikaUna escena onírica de Paprika.

El viento se levanta (Miyazaki, 2013): La biografía de un ingeniero que diseñó los principales avances aeronáuticos japoneses para la Segunda Guerra Mundial. Se trata de pasada el conflicto ético que ello supone; Jiro Horikoshi era un técnico que quería hacer máquinas voladoras bellas, y tras la guerra continuó, de hecho, haciendo aviones de transporte civil. Lo que la hace menos adecuada para niños que Porco Rosso o incluso La Tumba de las Luciérnagas es su ritmo muy lento y la inserción de una historia de amor que al principio es lenta, frenando la acción principal, y luego se vuelve muy triste.

Mis vecinos los Yamada (Tahakata, 1999): Para mí, muy divertida aunque con un humor muy peculiar que va de lo ridículo a lo surrealista con muchas dosis de costumbrismo. Los Yamada son una especie de Simpsons japoneses, metidos en aventuras como perder a su niña pequeña en el supermercado o protestar porque la madre siempre pone lo mismo para cenar.

Paprika*** (Satoshi Kon, 2006): Con un argumento que es casi una excusa (un invento para grabar sueños sale mal cuando un error permite entrar en la conciencia de los usuarios) se crea una obra con una estética bellísima y un desarrollo muy original. Para gente sensible a estos temas aviso que hay violencia sexual hacia personas inconscientes.

Ghost in the Shell*** (Mamoru Oshii, 1995): Para hacer un programa doble, o triple, con Blade Runner y Matrix. Acción, ciencia ficción, reflexiones filosóficas sobre la inteligencia artificial y el poder de la tecnología para controlar nuestras vidas… Tiene un modo de contar más anticuado (o menos occidentalizado) que las demás películas de esta lista, se nota diferente, pero la incluyo porque sigue siendo buenísima.

Recuerdos del ayer (Takahata, 1991): Me han contado que hay muchos japoneses urbanos que pasan sus vacaciones en la zona rural de donde sea originalmente su familia, y allí trabajan en el campo. Un poco por recuperar sus raíces o por patriotismo, para mejorar la productividad de la zona. Esta es la historia de una mujer que sigue esta costumbre y se enfrenta a sus recuerdos de infancia y a la posibilidad de tener una relación amorosa. Una historia costumbrista, bonita, completamente pensada para público adulto, pero muy tierna.

Millenium Actress*** (Kon, 2001): Quizá la más confusa de las películas del director, parte de una entrevista a una ficticia actriz,  ya anciana, y sirve para repasar la historia de Japón, a través de su vida y de sus películas.

Si he contado bien, son veintinueve películas. ¿Cómo redondearías hasta treinta?