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Ellas los prefieren malotes… pero se casan con los angelitos.

A los efectos de este post, “clase media” significa grupo social prestigioso que necesita trabajar para vivir pero no realiza trabajo manual. Es una definición sociológica que no tiene nada que ver con lo económico. La clase media en sentido económico no existe. Socialmente es un gran separador de obreros según si trabajan sentados o de pie.

Este post fue inicialmente el guión de una charla que di en dos versiones: para el alumnado de Bachillerato del IES Juan de Mairena (Sevilla) y en la Facultad de Filología Inglesa de la Facultad de Sevilla.

Llevamos alrededor de una generación observando que nuestra cultura hace una distinción entre dos clases de hombre: los sexualmente atractivos para las mujeres son agresivos, incluso violentos, o de algún modo malas personas, y los simpáticos, tímidos o buenas personas (como si esto fuera relacionado u homogéneo) que se dice que no son atractivos, al menos para las mujeres jóvenes. Resumiendo: las mujeres somos tontas y no sabemos elegir, o “el atractivo sexual masculino se vincula a ser una persona indeseable para cualquier otro contacto social”. Qué nos lleva a escoger pareja lo estudian algunos biólogos y psicólogos. No sé cuál es la verdad, lo que sí sé es que esa selección de hombres agresivos proviene en buena parte de modas literarias. Comencemos por Jane Austen.

“Es una verdad universalmente reconocida que un hombre soltero en posesión de una buena fortuna debe buscar esposa (…) Esta verdad está tan bien fijada en las mentes de las familias de los alrededores, que se lo considera la legítima propiedad de alguna de sus hijas”. Jane Austen, Orgullo y Prejuicio.

La cita nos recuerda qué querían las madres. Y las hijas, ¿querían lo mismo? En aquel momento, el amor fuera del matrimonio no existía en la sociedad elegante. Era sencillamente impensable. El siglo XVIII había sido mucho más entretenido, pero estamos en una época de culto a los recién creados valores familiares. Además, las novelas inglesas eran mucho más pudorosas que las del resto de Europa. En España estaba La Regenta, Francia tenía Madame Bovary, Rusia tenía Anna Karenina. Las novelas inglesas son una excepción a esto. Un segundo factor, éste internacional, es que las mujeres no tenían una alternativa económica al matrimonio. Solteras, sobrevivir era difícil, y mantener un estilo de vida por encima de la pobreza era imposible con los sueldos que se pagaban a las mujeres. Había mujeres trabajadoras: en la agricultura, donde casi todo el empleo era estacional. En el servicio doméstico, en las fábricas. Se cosía, y empezaban a surgir las ocupaciones del sector servicios del tipo de camarera y dependienta en las que tantas trabajan hoy día. ¿Y en la clase media? Profesoras, institutrices, algunos trabajos de oficina escasísimos, y periodismo o escritura más escasos aún.
Y
eso
era
todo.

Y sobre todas, siempre, la amenaza de la prostitución, la criminalidad y la pobreza. No sé cómo iba la cosa en otros países, pero la prostitución británica solía ser intermitente y alternada con trabajo estacional… a menos que te pillara la policía, porque te fichaban y te obligaban a hacerte controles periódicos. Resumiendo: casarse no era una opción, era un seguro de vida. Y para el lector de novelas en el siglo XIX, la boda de la heroína no era uno entre varios finales felices posibles. Era una necesidad narrativa para que la heroína no muriera tirada por la calle. Un matrimonio bien avenido era solo el principio de un final feliz, y el amor, un extra.

Pasemos ahora a comentar un poco a Jane Austen. Intentaré ahorraros los spoilers; aquí tenéis una guía de lectura bastante detallada. Lo relevante ahora es que todas las novelas presentan una o varias heroínas casaderas, y al menos un triángulo amoroso entre ella, un hombre aburrido, borde, estirado o como mínimo muy pasivo, y otro hombre simpático, divertido, muy popular y que se lanza a por ella. A veces la corteja más de un hombre y a veces se añade un pesado que quiere ser divertido y ocurrente sin éxito, pero lo fundamental no cambia. El más soso y distante al principio es la pareja más adecuada para nuestra protagonista, y el hombre encantador puede ser inconstante, un cazafortunas profesional, alguien con el propósito de herirla porque sí, o simplemente mala persona. Y esto, ¿por qué?

Primero, porque da tensión. Si quien sea que parece un partidazo ES un partidazo, la novela necesita tener conflictos por otro lado o no tienes historia. Por otro lado, a Austen le encantaban las estructuras neoclásicas, simétricas, y los triángulos se prestan a ello. Y sobre todo, quiere ser educativa y entretenida a la vez (¿he dicho “neoclásica” ya?). La moraleja de toda esta repetición de triángulos es clara: no te fíes de las apariencias, porque un tío con el que tontear y un buen marido no tienen las mismas cualidades. Un tonteo es muy divertido, pero tú lo que necesitas un buen marido.

Y de aquí pasamos a las hermanas Brontë, o más bien a Charlotte y Emily, porque Anne no estaba nada de acuerdo con lo que voy a contar (y Charlotte la llamó de todo menos bonita por ello, pero eso es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión). Si a las heroínas brontëanas se les da a elegir entre un hombre aburrido y uno emocionante, prefieren al segundo, aunque suponga su destrucción. No se busca que el amor produzca uniones duraderas; eso es secundario al hecho mismo de amar. De hecho, como veremos no siempre se casan con el hombre al que aman, y tampoco importa para el desarrollo de la novela. Ahí es nada: historias de amor correspondido que da igual si se consuma o no.

Emily Brontë solo escribió una novela, Cumbres Borrascosas. La historia es mucho más complicada, pero las elecciones amorosas van así:

  1. Catherine ama a Heathcliff, que es pobre, sin educación, brutal, y como se ve más adelante, violento. El amor es mutuo, pero como él es pobre no se pueden casar. Ella se casa con el elegante Edgar Linton, un tipo razonablemente normal.
  2. Heathcliff se hace rico, da igual cómo. Se casa con Isabella Linton, sólo por hacer daño a los Linton y a Catherine. Catherine muere en el parto de su hija, tras mucho sufrimiento emocional.
  3. Segunda generación. Cathy, la hija de Edgar y Catherine, se hace amiga del hijo de Heathcliff y Cathy, Linton. Heathcliff los obliga a casarse para unir las dos propiedades. Mientras, todo el mundo trata a Hareton (un sobrino de Catherine e hijo del enemigo de juventud de Heathcliff) a medio camino entre un criado un un animal doméstico.
  4. Linton se muere. Hareton y Cathy se hacen amigos. Heathcliff se muere, entre alucinaciones, recordando a Catherine. Hareton y Cathy se casan. Queda en la duda si se aman realmente, pero al menos son la única pareja que no sufre de todo el libro.

Y te tienes que creer que Heathcliff es un personaje seductor, un héroe romántico en todos los sentidos de la palabra, y que esta es una historia de amor. No, en serio. Te lo tienes que creer.

Charlotte escribió cuatro novelas y solo una, Jane Eyre, es popular. Jane, pobre, fea, huérfana; un cuadro, vaya, tiene que escoger entre Rochester, que es rico, tiene un oscuro pasado, violentos cambios de humor, y que le ha demostrado que es capaz de guardar secretos muy chungos y de contar unas mentiras gordísimas, y St John, que admite que no la quiere pero que desea que sea su compañera en la vida y en el trabajo, algo que socialmente solo es aceptable si se casan. Jane escoge a Rochester y es feliz (recomiendo la lectura del ensayo “Can Jane Eyre be happy?” de John Sutherland, para tener una visión crítica de ese final feliz).

A veces la heroína no tiene esta elección, como en Villette. Aquí, Lucy Snowe ama a dos hombres y es correspondida por el menos atractivo. Se insinúa que la relación no prospera, el final es abierto. En Shirley, una de las dos heroínas tiene tres pretendientes: un barón, el dueño de una fábrica (no demasiado rico), y un maestro (hermano del anterior, por cierto). Ella prefiere al hombre que considera más admirable intelectual y moralmente, aunque su amistad haya sido turbulenta y a trompicones porque los dos tienen un carácter muy fuerte.

Y todo esto, ¿tiene moraleja? Para empezar, es una visión del amor que admite que las mujeres pueden, y deben, ser libres al elegir a su pareja. A veces les sale bien, y a veces no. Lo que importa es la libertad de sentir y de expresar los sentimientos, que es lo que las dignifica y las hace verdaderamente humanas. Y en el caso de Charlotte, no es fatalista, es decir, ellas no dicen “no puedo evitar amar y no puedo controlarme cuando estoy en tu presencia”. En Cumbres Borrascosas los sentimientos son más poderosos que la gente, pero en mi opinión las protagonistas de Charlotte hacen algo precioso que es decir “yo decido aceptar que amo, decido disimular o declarar mi amor, decido cómo tratarte, decido casarme”. El sentimiento es intenso, pero no las anula, al contrario.

Nos quedan los novelistas masculinos. Los ejemplos más representativos son Charles Dickens, William Makepiece Thackeray y Thomas Hardy. Dickens y Thackeray eran Realistas; Dickens era más popular y Thackeray más prestigioso y menos comercial. Hardy era más cercano al Naturalismo. Sin entrar en el análisis de novelas individuales (las de Dickens las he comentado ya), su visión del amor es que las mujeres no pueden elegir. No deben y no saben. Si escogen ellas, se equivocan y van a por alguien inapropiado que no las hace felices, o por un maltratador. Eso no significa que no puedan encontrar el amor, solo que los demás deben elegir por ellas. Si una heroína es el interés romántico de un personaje masculino positivo, y ella es secundaria a él, la relación puede que funcione. Es decir: la heroína es secundaria al protagonista, y la amada del amigo del héroe está en un plano aún más discreto. Si hay conflictos, son externos: una decisión entre amor y la obligación de cuidar a un padre anciano, por ejemplo.

Estas novelas no pretendían tener un mensaje moral y educativo, sino que partían de ideas vigentes sobre hombres y mujeres y las aplicaban a la ficción. Había un miedo muy real a que dar a las mujeres la más mínima chispa de libertad significaría que serían incapaces de controlarse. Los hombres podían aprender autocontrol, pero las mujeres no.

Veamos qué pasa ahora. El público lector contemporáneo quiere finales felices tanto como el del siglo XIX, pero ahora, “felicidad” no significa lo mismo que entonces. Algunas de las asunciones de la literatura romántica moderna, incluida la dirigida a adolescentes, son las siguientes:

  1. El amor todo lo puede. El amor vence los obstáculos externos y consigue que cualquier relación funcione.
  2. El amor es, o debería ser, difícil. Emocionante. No estamos hablando de amor, sino de pasión.
  3. El amor puede funcionar entre dos personas de origen social muy diferente, incluso contrapuesto. De hecho, esto es lo deseable. La mujer está en posición de inferioridad respecto al hombre.
  4. El dinero, los bienes materiales, incluso al nivel imprescindible para la supervivencia, no deben formar parte del proceso para escoger pareja.

No todas las relaciones en las que ocurre esto son nocivas o de maltrato, pero tienen muchas papeletas para serlo. Rocío Vega hace aquí un buen análisis de ese problema. Yo sigo centrándome en la parte más literaria.

Todo esto es un fenómeno más americano que inglés. En la literatura juvenil inglesa hay mucha más fantasía y mucho menos amor. Por ejemplo, Harry Potter. No tenemos triángulos amorosos aquí: el triángulo central es una amistad. Sí tenemos a Ginny Weasley, una heroína en este sentido dickensiana: ama a Harry en secreto y sin molestar a nadie hasta que él se da cuenta de que también la quiere. Ginny y Hermione son personajes activos cuando no se trata de amor. De todos modos, las mayores influencias de la literatura juvenil inglesa no están en los clásicos “para adultos” del siglo XIX, sino en una tradición fantástica que empieza quizá con Alicia en el País de las Maravillas, llega a Tolkien, pasa a continuación por Roald Dahl, y aterriza en Terry Pratchett. Añade un poco de fascinación nostálgica por la naturaleza (El Viento en los sauces, Mi familia y otros animales) y ya lo tienes.

Pues eso. Que el triángulo amoroso juvenil es una tendencia casi exclusivamente americana. Una razón es que las autoras del subgénero han estudiado el grado de “English” o un Máster de Escritura Creativa en la universidad y se han leído los principales clásicos. También que allí no hay una carrera de Periodismo o de Comunicación como la entendemos aquí y que el estudio de la literatura, inglesa o universal, se considera troncal en las humanidades a nivel universitario. Todos los guionistas de tus series favoritas se empollaron las novelas que acabo de mencionar en primer ciclo de sus respectivas carreras.

Veamos algunos ejemplos de lo repetidas que pueden llegar a ser copiando un triángulo amoroso de tipo Brontëano:

  1. Crepúsculo: Bella tiene que elegir entre el amor de Edward Cullen, que le dice varias veces que él no le conviene, la acosa, en un momento dado la abandona contándole una mentira, y ya de paso ES UN VAMPIRO QUE SE LA QUIERE COMER, y Jacob, que decide que su misión en la vida es protegerla. Ella escoge a Edward. Los tres primeros libros son una reescritura de Jane Eyre, y el cuarto es más independiente. La historia tiene dos derivaciones: Cincuenta Sombras de Grey y After, que no presentan triángulos pero tienen mucha influencia de Crepúsculo.
  2. The Selection (La Selección), Kiera Cass. America (toma ya) está enamorada de Aspen, pero se ve forzada a participar en la selección de una esposa para el heredero del trono, Maxon. Aspen quiere cuidar de ella (esto no pinta bien) y son amigos desde la infancia (esto pinta peor), y Maxon se porta como alguien que piensa que es normal organizar una competición forzada para casarse con él, ordena palizas a las que incumplen las normas, y tiene ataques de ira. America se casa con Maxon y ambos son amigos de Aspen.
  3. Shadowhunters (Cazadores de Sombras), Cassandra Clare. El mejor amigo de Clarissa Fray es Simon Lewis. Él está enamorado de ella, pero ella está en una relación con Jace Wayland. En el cuarto libro de la serie, Simon se monta un triángulo que se resuelve en el quinto. ¿Y Jace? Bueno, qué sería de una historia de amor en la que el potagonista no quiere matar a su amada. Pues eso mismo: parecía que no, pero en el cuarto libro Jace tiene pesadillas en las que mata a Clary porque hay unos demonios controlándolo. Esto qué iba a ser aquí si no.
  4. The Vampire Diaries (Crónicas Vampíricas) by LJ Smith. Dos hermanos vampiros, Stefan y Damon (uno con nombre de santo y el otro con un nombre que suena parecido a “demon”, muy práctico para distinguirlos) se pelean por el amor de una chica humana, Elena. Ella suele preferir a Stefan pero gran parte del conflicto está en su incapacidad de decidirse, o visto de otro modo, en la incapacidad de Damon de dejarlos a ella y a Stefan en paz.

Hay una moda también de libros que aunque no muestren triángulos, toman la idea de una chica buena o inocente y un chico malo, o “chica humana y ser sobrenatural que es peligroso para ella”. Aquí de nuevo está la creencia de que el amor apasionado debe ser algo aventurero, peligroso, y que el varón es mejor que sea superior a la mujer, porque en estas historias él siempre es más fuerte que ella, no se une a un ser sobrenatural pero débil. Ellos son como superhéroes. En historias tradicionales o mitológicas nos encontramos también el inverso: la Sirenita, por ejemplo. Esa tendencia es una rareza en los bestsellers actuales.

En las historias con chico malo humano, destaca por su éxito A tres metros sobre el cielo. En las historias con chica y ser sobrenatural, además de los ya mencionados vampiros y hombres lobo, en Obsidian de Jeniffer Armentrout el amado es un extraterrestre y en Hush hush de Becca FitzPatrick es un ángel caído.

He localizado un solo ejemplo de triángulo austenita: Los Juegos del Hambre. Katniss está demasiado ocupada y traumatizada para tener una historia de amor, la verdad, pero se siente muy unida por amistad, lealtad, y sentido del deber a dos hombres: Peeta, que es tímido y cariñoso, y Gale, que es valiente y bastante chulo. Escoge a Peeta cuando ve que Gale, aunque la quiera, no tiene compasión con los demás.

Es decir: lo que observamos en la literatura juvenil contemporánea es el triunfo del estereotipo Brontëano, que cuando se creó era solo una forma minoritaria de escapismo romántico entre otras muchas disponibles. El mito de “ellas los prefieren malotes” se alimenta a sí mismo, porque las lecturas, las películas, etc. son la educación sentimental de mucha gente. Si te muestran que el amor es sufrir, cuando sufras creerás que es amor. Si te muestran que el amor es cuidar, divertirte o compartir aficiones, cuando cuides, te diviertas o tengas intereses comunes llamarás a eso “amor”. Por eso lo deseable es tener la mayor diversidad posible en literatura juvenil, algo a lo que la industria no parece muy dispuesta.

Entrevista a Galicia Méndez, limpiadora

La limpieza profesional une cuestiones centrales al feminismo: los cuidados y las condiciones de trabajo de los empleos típicamente femeninos. Muchas mujeres limpian casas para que otras tengan tiempo de trabajar fuera. Muchas mujeres limpian nuestros lugares de trabajo para que los demás tengamos un ambiente higiénico. Son la base misma del sistema productivo, y a pesar de ello su trabajo se considera fácil, “no cualificado”. La falta de formación oficial es sintomática de este desprecio; la LOMCE ha creado una Formación Profesional Básica, un título muy elemental, para estudiantes que por sus circunstancias no van a superar la ESO. Hasta la creación de este grado básico, que no voy a analizar ahora, no existía formación oficial dedicada a la limpieza, ni siquiera a la limpieza industrial (que ahora veremos qué es). Esto, en un país que busca que el sistema educativo incluya todas las habilidades que un joven puede necesitar. Se ve que se saber limpiar o llevar una casa no es tan importante.

Hoy entrevistamos a Galicia Méndez, que es limpiadora y lucha por los derechos de estas profesionales.

Galicia retrato Cesar Viteri MultimaniacoGalicia fotografiada por César Viteri.

¿Qué tipos de limpieza has hecho? Casas, oficinas, hoteles….
​He trabajado en casas, de manera intermitente. Las mujeres de mi familia han tocado varios palos más, pero yo he tenido suerte y no he tenido que moverme mucho de los trabajos.​

¿Cómo has estado contratada? “En negro”, en plantilla, subcontrata, autónoma…
​He trabajado en negro y, actualmente por suerte, con contrato. Establecerte como autónoma es un suicidio, pero las empresas de limpieza tampoco es que sean mejores. ​En casa, como he dicho, varias de mis familiares trabajan en el sector o han trabajado en él. Las subcontratas cumplen la ley a rajatabla, pero ni te renuevan ni te tratan como una persona. Las empresas de limpieza, depende. Ambas tienen en común que explotan a los trabajadores de una manera bestial. Te dan un tiempo para limpiar el sitio, esté como esté. Por supuesto, las condiciones laborales son de risa y cuando entras a trabajar y te pones el mono o bata dejas de ser un humano. Por ponerte un ejemplo, en Murcia en un edificio estatal en pleno verano se apagaba el aire acondicionado cuando se iban los funcionarios “porque no quedaba personal”. Los de la limpieza no son personal. Es verdad que cotizas, pero ni te reconocen enfermedades profesionales ni tienes casi ningún derecho. En las casas el rollo es más duro, porque si quieres cotizar “te lo pagas tú” y punto pelota. Por supuesto, las vacaciones pagadas son un lujo del que casi ninguna trabajadora dispone y yo, que tengo encima dos pagas extra, soy como la persona más afortunada de España. Mi jefe no solo cumple el convenio, lo mejora en bastantes ocasiones. Otra cosa es la limpieza industrial (donde, curiosamente, el porcentaje de hombres es mayor). Aquí me apunta una familiar que ha trabajado en el ramo que los hombres de la limpieza industrial suelen tener siempre puestos de “más responsabilidad” y cobran más. No sé, casualidad.

¿A qué se llama limpieza industrial y qué la diferencia del resto?

La limpieza industrial es la que se produce, valga la redundancia, en la industria. Consiste desde la limpieza profunda de fábricas hasta la descontaminación en centrales nucleares. ​Es un trabajo copado por hombres, mucho más cualificado y mejor pagado. Si vas a páginas web en las que se ofrecen este tipo de servicios, todas las fotos son de señores muy profesionales haciendo cosas muy importantes. Limpiar una casa, un gimnasio o un colegio, sin embargo, es un trabajo poco adecuado para hombres, que sólo trabajan en puestos de mantenimiento como conserje. Es otro techo de cristal. Las mujeres en la casa, los hombres en la industria.

limpieza industrial

limpieza doméstica

limpieza profesionalUna búsqueda Google revela que la limpieza industrial la hacen hombres concentrados, la limpieza doméstica mujeres sonrientes, y la limpieza profesional, guantes de goma sin cuerpo.

¿Cuáles son las enfermedades profesionales más habituales? ¿Alguna vez se reconocen?
​Por ejemplo, el síndrome del túnel carpiano que ahora está empezando a ser reconocido aunque creo que todavía no entra dentro del grupo de profesiones que “pueden causarlo” y no sé si en el grupo de limpiadoras de hogar se ha reconocido. ​

​También enfermedades relacionadas con el aparato respiratorio, dermatitis y diferentes problemas con la piel, sobre todo la de las manos. Aunque uses guantes es una exposición continua y un riesgo que está ahí. Sé que es una anécdota viejísima y que ahora, por fortuna, ya no se produce este problema, pero es mítico lo de las lavanderas ciegas por las emanaciones de lejía. Mi tatarabuela era lavandera. Te puedes imaginar que la vista no la tenía bien, precisamente.

¿Qué tipos de trabajo te gustan más y menos? ¿Cuáles son sus ventajas e inconvenientes?
​A mí me encanta mi trabajo en general. Me gusta mucho ser minuciosa, y limpiar me ayuda a ordenar la cabeza. Lo que más odio es limpiar los cristales porque tengo muchísimos metros cuadrados de cristales por limpiar. Me gusta trabajar en casas porque te proporciona un ambiente seguro, sueles estar sola y el trabajo es bastante rutinario. Eso me permite ser mucho más cuidadosa con los detalles. Trabajar en oficinas o para empresas de limpieza no me dejaría nada de tiempo para serlo y además me tendría que enfrentar a los escuadrones de cotilleo (que no llevo nada, pero nada bien). Quizás lo que más me entretiene es ordenar. Cada vez que tengo ocasión me meto en el vestidor de mis jefes y lo reordeno. Si tengo un mal día, corro un poco con lo demás y me pongo a ordenar. Me viene de fábula.

¿Crees que tus jefes asumen que limpiar está necesariamente asociado a más tareas, como por ejemplo cuidar niños? Si es así, ¿qué tareas te han pedido o han supuesto?
​¡Mis jefes me contrataron para más cosas! La limpieza me ocupa una buena porción de la jornada pero también hago la compra (y no, no es solamente meter cosas en un cesto y luego pagar por ellas), cocino si me lo piden, arreglo cosillas eléctricas e informáticas (soy una maga), coso, me ocupo de pequeños recados y de coordinar que la casa esté perfectamente en todo momento. Pero esto quedó claro en el momento en el que acordamos las condiciones del trabajo. Nunca me han pedido nada que me pudiera ocasionar incomodidad y son muy cuidadosos con mi horario y la carga de trabajo. Me consta que no siempre es así, y que se asume de manera genérica que limpieza y cuidado de menores o dependientes es un pack indivisible. Tengo constancia de muchos casos en los que delegan en la limpiadora cuidado de personas dependientes o de bebés porque “total, no dan mucho la vara y se pueden manejar las dos cosas”. Muchas veces nos extralimitamos en lo que deberían ser nuestras funciones y nos transformamos en cuidadoras, enfermeras, cocineras, niñeras… Y no lo hacemos por amor a la profesión. Es que no hay otra; o te adaptas o te hundes en la mierda. ¿Y eso se paga? No. No podemos ser el sostén de una sociedad que va tan deprisa para producir que necesita explotar al tejido social más desprotegido para seguir su huida hacia el rendimiento máximo. Y normalmente este trabajo, además, es en negro. Conozco un caso concreto de una mujer con un riesgo de exclusión tremendo que está trabajando cuidando a un anciano y hace tareas del hogar porque el anciano no se mueve y la familia cree que si no hace algo más están tirando el dinero. Por supuesto, le pagan una miseria y está en negro. Limpia la casa, asea al anciano, le da de comer, lo acuesta y, además, le hace compañía. Todo esto sin tener conocimientos geriátricos ni herramientas ni fuerza para hacerlo. Pero claro, es lo que hay.

¿Crees que es necesaria formación específica? ¿De qué tipo?
​Sí, lo creo. Hace falta conocer normas de seguridad en el hogar, no en vano es el lugar en el que más accidentes ocurren. Hace falta saber planchar (tender la ropa muy estirada no sirve), un poco de cocina española (especifico porque muchas inmigrantes saben cocinar pero nada de la comida típica de aquí y eso es un problema), hace falta saber organizar el trabajo y las tareas. Saber cómo planificar las tareas y estimar qué tiempo te van a llevar es crucial. Cómo realizar correctamente la limpieza para no comprometer la salud de nadie. Parece que nos olvidamos que en este trabajo se higieniza el hogar y de ello depende la salud de los que viven en él. También hacer pequeñas reparaciones puede ser un plus.Sé que quizás parece una tontería que pongan en el proyecto de FPB de servicio doméstico que aprender a usar la lavadora entra en el temario, pero es que poner una lavadora en “automático” no es saber lavar. Las sábanas blancas deben quedar blancas, y según el tejido tienen un programa específico u otro. Hay pantalones de mi jefe que tengo que lavar aparte. Y también tienes que saber lavar a mano, y qué cosas se lavan en seco, porque si no igual le jodes una colada a tu empleador y eso significa un montón de pasta tirada a la basura. Por supuesto, aprenderte tus derechos y deberes como trabajador. Eso me parece vital. Un amigo abogado está empezando en el campo laboral ahora mismo y todos sus casos son de mujeres empleadas en el hogar a las que han intentado estafar.

Has dicho alguna vez que limpiar es “el acto más subversivo y feminista que puedes hacer”. ¿Por qué?
​Sí. Lo estuve pensando mucho cuando lo retomé. He estado trabajando de muchas cosas diferentes relacionadas con la comunicación pero volví, por cuestiones personales, a la limpieza, y lo viví como un fracaso. Era como un talento perdido pero sin el como. ​Mi madre, mi abuela, mi bisabuela, mi tatarabuela… Todas habían trabajado o trabajan en la limpieza y yo pensaba que iba a romper ese círculo, que iba a tener reconocimiento social. Y empezaron los compadecimientos “al menos es un trabajo” “bueno, podrías estar peor”. Hasta que me harté, porque me encontré a mí misma dando explicaciones sobre que no era una sierva. He usado todos los conocimientos que nos dan para ser la esposa perfecta para darle una patada en el culo a todo. Soy una mujer independiente, con un trabajo estable. Soy una persona a la que sus empleadores respetan y escuchan. Hago un trabajo que permite a otras personas vivir cómodamente y a mí tener independencia. El feminismo, o al menos esa es mi percepción, ha huido del trabajo doméstico por todo la historia de explotación de la que proviene, pero es un error. Este es un sector eminentemente femenino, invisibilizado. A mi madre la han cortado en una conversación sobre trabajo para mentir sobre su puesto y decir que era administrativa porque les daba vergüenza que dijera que era limpiadora. Mi madre, una señora que se moviliza dos casas completas y encima estudia cuando puede.  Yo no voy a dejar que nadie me diga eso. No voy a dejar que nadie me trate como una esclava cuando soy más libre de lo que él se pueda imaginar. Soy mujer, obrera, limpio y soy feminista. Y todo lo que nos han enseñado para ser oprimidas ahora lo vamos a usar para romper las cadenas que nos oprimen.  A mí es que siempre me ha gustado combatir el fuego con fuego.

Es decir, que si te entiendo bien lo liberador y feminista no es tanto limpiar como dignificarlo como profesión, ¿es así?
​Este es un trabajo tradicionalmente denostado. Somos sirvientas, sólo tienes que ver “Los Santos Inocentes” para ver lo que era servir en una casa de ricos. Ahora de manera más sibilina somos igualmente despreciadas. Y creo que es feminista reclamar la pasta que nos corresponde por hacer este trabajo que hemos hecho tanto en nuestra casa como en las ajenas  a cambio de lo mínimo o gratis. ​

Hay quien dice que no debería haber trabajo doméstico porque cada uno debería ir recogiendo lo que tira; es decir que su posible indignidad viene de la falta de higiene u organización de los usuarios. ¿Qué opinas de esto?
​Que es una tontería como una casa que viene de la imagen del señorito y la criada. El trabajo doméstico es necesario en muchas casas porque permiten a los integrantes desocuparse de tareas vitales. Es como si yo dijera que coser es una indignidad porque todos deberían saber hacer las prendas con las que se visten o que todo el mundo debería saber arreglar su coche o su ordenador. El hecho es que el dinero compra tiempo a través de los servicios. Nosotros tenemos ocio porque subcontratamos servicios a otras personas. ¿Que puedes ocuparte de tu casa? Seguro. ¿Te renta en términos de tiempo y preocupación? Quizás no. Eso tampoco quiere decir que dejes todo por ahí ni que trates a la limpiadora como una esclava pero es un punto que tampoco me sorprende en un mundo en el que sigue existiendo personas que se piensan que los camareros o las dependientas son sus sirvientes porque él es el consumidor.

¿Y la viabilidad económica? Al fin y al cabo, una familia con sueldos medianos no puede pagar un buen sueldo a su vez.
Acabas de dar con el motivo por el que la profesión del servicio doméstico no tiene mejores condiciones. ¿Te imaginas lo que pasaría si todas las personas que están trabajando en servicio doméstico estuvieran con el contrato que les corresponde? Muchas familias tendrían problemas para gestionar su vida. Ahora mismo el tema es viable económicamente porque siempre hay alguien que lo hace más barato, más en negro y más deprisa. La limpieza doméstica es un paradigma del liberalismo más salvaje. Aquí, mariquita el último. Y eso que las condiciones son de risa: 400 euros, 6h, sin contrato, sin vacaciones, sin bajas para limpiar la casa (planchar, hacer la comida) y el negocio. Y llega alguien y te lo hace. Porque lo están haciendo. Claro que son perfiles al borde de la exclusión social; es eso o el Caos. Mujeres que se divorcian y se quedan en la nada después de haber estado criando a los hijos, mujeres viudas, con maridos problemáticos, inmigrantes o, simplemente, pobres. Y claro, 400 euros es mejor que 0 euros. O sea, que la viabilidad económica bien. Las clases medias están sajando bien al lumpen para seguir viviendo su idilio de hipotecas y vacaciones en la sierra.

¿Qué solución ves a este conflicto de intereses, concretamente con la limpieza doméstica, que es mucho más difícil de inspeccionar que en negocios? ¿Qué dice el convenio? ¿Qué crees que es lo más justo? Pienso también en las familias que no quieren una empleada sino sólo unas horas en semana.
​Nosotras somos el único colectivo que a pesar de tener un trabajo por cuenta ajena no cotizamos para tener derecho a subsidio por desempleo. Somos como una especie de falsas autónomas pero en legal, tenemos el privilegio -y digo privilegio porque se ha conseguido hace apenas unos años- de tener asistencia sanitaria pública, baja por maternidad, accidente y enfermedad. Además, cotizamos para tener una (mierda de) pensión en el futuro. ​

​La ley contempla que es el empleador el que debe dar de alta al empleado. El convenio es bastante confuso para mí, que no soy especialista, y tengo la suerte de tener un único empleador, por lo que me quito de bastantes problemas. ¿La solución para evitar las irregularidades? La solución no pasa por apretar a nuestro colectivo. Pasa por asegurar más derechos y una mejor Justicia para nosotras. El problema básico es que la mayoría de limpiadoras de hogar están en una situación que raya la exclusión social y aunque entiendo que estamos en un sistema que prima la producción fuera de casa, es inmoral aprovechar la falta de papeles, la falta de pasta o una situación familiar jodida para que la chica que viene a tu casa se ajuste a tu presupuesto. ¿Qué se necesita? Que puedas denunciar sin miedo, que puedas dejar de sentir miedo porque no tienes papeles y te van a deportar si denuncias tus condiciones. Que las mujeres se organicen como se hace en el sector de limpieza pública que copan grandes empresas y se hace necesario presionar al conjunto de la sociedad para que se reconozcan los derechos básicos que tenemos. No se pide más.

¿Cuáles crees que son las mayores necesidades laborales de las limpiadoras en España?
​Derechos laborales. En esas dos palabras se resume casi todo lo necesario. Y por supuesto, visibilización. Si estás limpiando en una oficina, en una casa o en donde sea, si sacas a tu familia adelante con ese dinero sudando cada euro tienes toda mi admiración. ​Para mí, las limpiadoras son heroínas con bata.

¿Y se te ocurre el modo de conseguir mejores derechos laborales?
​En dos palabras: ORGA​NIZACIÓN SINDICAL

¿Sirve al feminismo que las mujeres lleguen al poder?

Un encuentro de la Unión Europea en Alemania, 2013.
Un encuentro de la Unión Europea en Alemania, 2013.

Cuando una mujer obtiene poder político, a veces se celebra como si fuera un triunfo de todas. Otras veces tenemos a los medios de comunicación y a los políticos ocupados con las cuotas para mujeres y con las listas cremallera. Se discute sobre si eso es positivo para las instituciones que lo practican, o si es justo. Es de justicia que las mujeres lleguen al poder y no discuto eso, sino algo más profundo: ¿beneficia al conjunto de la sociedad, o de las mujeres, que haya algunas en posiciones de poder político o económico? Veamos algunos de los argumentos que he escuchado alguna vez.

1. Las mujeres en el poder son como mínimo un síntoma de que se ha alcanzado la igualdad ante la ley, aunque luego socialmente se comentan todo tipo de discriminaciones e injusticias.
Bueno… esto es verdad. A menos que el cargo sea heredado. Ser la hija del rey, del ministro o del empresario, que tienen poder para cambiar o retorcer las leyes, puede conceder muchas ventajas respecto al conjunto de las mujeres y no “abrir camino” para nadie más. Antes de alegrarnos por la situación de ninguna mujer concreta, habría que preguntarse si la pusieron donde están sus relaciones familiares. En tal caso, no se trata de un logro “para la mujer” en absoluto. Te recomiendo comprobar cuántas de las mujeres más ricas del mundo lo son por herencia, ahí está la lista Forbes.

En cualquier caso, la llegada al poder por méritos propios de mujeres en un sistema democrático y con igualdad ante la ley es síntoma de que algunas mujeres han sido capaces de sortear las zancadillas que la vida les ha puesto a ellas y a las demás, ya sean en forma de discriminaciones directas, acoso, dificultades para trabajar y cumplir a la vez con otras obligaciones, etc. No quiere decir que esos obstáculos hayan desaparecido, ni que vayan a desaparecer, ni que otras mujeres tengan sus estrategias o su suerte.

2. Las mujeres con poder son más sensibles que los hombres. Más “femeninas”. Más colaboradoras, menos autoritarias.
Esto es una estupidez. A las mujeres se nos educa en eso, hasta ahí es verdad. Pero no todas somos así. Y cuando no lo somos, cuando una mujer es “dura”, se enfrenta a acusaciones de que no es una “verdadera mujer”. Una mujer no es lo que tú digas, ni lo que se ajuste a tu concepto de feminidad. Hay libros y debate sobre esto, pero no existe la ética femenina, la sensibilidad femenina, ni ninguna de esas patochadas que nos han hecho creer. Si fuera así, no habrían existido ni Isabel Bathory, ni Bloody Mary, ni Pilar Primo de Rivera, ni las monjas que torturaban niños en orfanatos franquistas. Ni Christine Lagarde. Todas estas son tan mujeres como la que más.

3. Bueno va, pero contribuyen a la conciliación. Y les preocupan los temas “femeninos”. Tienen más empatía con las “cosas de mujeres”.
Perdonadme que recurra al estereotipo más fácil. La medida que hizo famosa a Margaret Thatcher como ministra de Educación fue eliminar un suministro de leche gratis en los colegios. Y además del conjunto de su carrera, está la famosa declaración de que “la sociedad no existe. Hay hombres y mujeres individuales, y luego hay familias”, que en contexto quería decir que el Estado no tiene la obligación de velar por nadie, ni por los más débiles ni por nadie. La carrera entera de Margaret Thatcher es una demostración de que esa empatía y preocupación está subordinada a las ideas políticas previas. También dijo que no le debía nada al feminismo; la mayoría de la gente piensa que se ha ganado lo que tienen por sus propios logros individuales, y las mujeres poderosas no son la excepción.

Otro ejemplo más cercano son las diputadas del Partido Popular que votaron a favor de una ley del aborto que nos habría obligado a llevar a término y parir en todos los casos de malformación, incluidos los más graves, y dijeron que eso era apoyo a la maternidad. Hasta aquí la empatía y la solidaridad.

Sobre contribuir a la conciliación y demás problemas asociados a la mujer: la realidad es que las mujeres ricas lo tienen más fácil. Han podido pagar cuidados para sus hijos, han tenido familias que las han apoyado (si no, difícilmente estarían donde están), y luego llaman “organización” a renunciar al permiso de maternidad y a seguir trabajando quince horas diarias. Ojo, no critico: que cada una se organice como quiera y pueda. Solo que este estilo de vida desmiente que tener mujeres en puestos de poder contribuya a una mayor sensibilidad hacia los problemas de las demás.

Hay muchos ejemplos de países donde la participación política de las mujeres es alta y su desigualdad económico-laboral, también.

4. Ver que hay mujeres en el poder inspira respeto a los hombres porque demuestra que las mujeres pueden ser sus iguales o sus superiores. Ya no somos muñequitas sumisas.
Algunos países con participación política de las mujeres superior a la española (en términos relativos, comparadas con los hombres), son Nicaragua, Bolivia, Sudáfrica, India y Bangladesh. No parece que la existencia de mujeres poderosas influyan mucho en esos países, particularmente en los dos últimos, a la hora de respetar a las mujeres.

5. Que haya mujeres en el poder es un triunfo de todas que inspira solidaridad. Es un motivo de alegría porque es una de las nuestras.
No para mí, ya que estamos hablando de la pura subjetividad. Que haya mujeres capaces de reducir los salarios, de aumentar la desigualdad, de explotar laboralmente a otras mujeres, y así, no me llena de orgullo sino de desconfianza. Los mayores problemas de las mujeres están relacionados con la pobreza, la falta de independencia económica y la conciliación de todas nuestras obligaciones, y no veo que las mujeres con poder económico hagan nada por remediar esto. No son de las nuestras.

6. Las mujeres en el poder son un estímulo a las que vienen detrás. Ver que hay mujeres que mandan inspira a las niñas y jóvenes.
Pues no lo sé. A lo mejor. Sí que contribuye a la normalización. Esas fotos con 20 trajes grises y una sola chaqueta de color son muy tristes. Pero la foto con doce trajes grises y ocho chaquetas de colores es solo eso: una foto.

No al feminismo de la foto.

 

Cosas que no decir a las aspirantes a madre

Ahora mismo, al menos tres mujeres de mi entorno cercano quieren tener hijos y están teniendo dificultades para ello. Digo mujeres y no parejas porque no conozco a todos los hombre implicados. Las mujeres hablamos más de estas cosas, y también se nos pregunta y se nos exige más.

Es fácil explicar que es de pésima educación meter miedo o echar sermones a las mujeres que no planean tener hijos, ya sea porque han decidido no tenerlos o porque “ahora no”. El tema no se toca, y ya está. Pero ¿qué decir cuando sabes que una mujer (o una pareja) quiere tener niños, y no pueden? Si tienes confianza como para saber algo tan íntimo, seguro que quieres consolar o aconsejar, pero te arriesgas a decir algo que lo empeore. A continuación, unas cuantas cosas que es mejor que no digas,  y luego algo más constructivo.

“¿Has pensado en la adopción?”. A ver. La adopción es una opción tan obvia, tan pública, que es como preguntar si sabe cómo se hacen los niños. De verdad que no necesita que se la recuerdes. Si no ha intentado adoptar todavía, tendrá sus razones.

“¿Has pensado en la fecundación in vitro?”. A menos que te haya contado su historial médico y el de su pareja también, no tienes ni idea de por qué no tiene niños. Igual hay contraindicaciones. Igual es caro. Igual los recovecos del sistema de salud de donde ella vive la dejan fuera de la cobertura. Además, hay parejas que no lo consiguen a pesar de que sobre el papel ambos son fértiles. De nuevo, ella ya sabe que esto existe.

Cualquier cosa que signifique “si deseas quedarte embarazada, no te quedas. Te quedarás cuando no pienses en ello”. Además de cruel, es mentira. Puede que el estrés tenga algún efecto que dificulta la concepción, pero el cuerpo no va a distinguir “estrés por exceso de trabajo” de “estrés por ganas de quedarse embarazada”. Lo único que consigues es culpabilizarla. Y ¿no es curioso que en un mundo que repite que la voluntad es mágica y todo lo consigue, justo esto se gafa si lo deseas? Venga ya.

“Todavía eres joven” a las mujeres de más de treinta y pico. Sobre todo si ella dice que no se siente joven o que siente que se le acaba el tiempo. Da igual si tienes razón o no, porque no estamos en una conversación filosófica sobre si la juventud es un estado de ánimo, sino sobre las posibilidades objetivas de tener un embarazo con éxito.

“Mi prima tuvo tres abortos espontáneos y ahora tiene un bebé”. “Mi prima lo intentó diez años y tuvo un bebé con 47”. “Mi prima lo consiguió con su tercer marido”. Nos alegramos mucho por tu prima. Sabemos que es posible tener niños después de mucho esperar y mucho sufrimiento. Pero ahora mismo, los niños de los demás y las historias de terror sobre embarazos complicados son la última y la penúltima cosa de las que apetece hablar.

Cualquier consejo médico si no eres su médico. Primero porque igual te equivocas. Segundo porque la concepción es cosa de dos y no sabes si pasa algo con la segunda persona.

“A lo mejor no te quedas porque estás gorda/demasiado delgada”. Esto suele venir acompañado de un “mi prima no se quedaba porque estaba gorda/demasiado delgada, se lo dijo el médico”. Sin comentarios.

Y estas son algunas cosas que puedes decir, además de “sé que es muy duro, lo estás pasando muy mal. ¿Quieres un café?”.

¿Te ha visto el médico? ¿te han dicho por qué os pasa esto? Si estás preocupada, ve al médico si aún no lo has hecho. Hay muchos problemas que tienen una solución muy sencilla, como tomar medicación.

Algún comentario positivo sobre su pareja o su relación que NO sea “bueno, vosotros ya sois felices juntos sin tener niños”. Es decir, algo del estilo de “os queréis mucho, se os ve bien juntos, cuando vengan será un buen padre, esto es muy duro pero seguro que os dais mucho apoyo”.

“Todavía eres joven” acerca de la crianza. Algo que se resuma en “ahora tienes más experiencia de la vida que con 25 años, y cuando vengan, serás una buena madre”.

“Hacer dieta/hacer ejercicio puede que te haga sentirte mejor, y si te quedas embarazada estarás más sana y mejor preparada”. No hablo de recomendar hacer dieta a una mujer gorda porque está gorda, sino de animar a quien lleva una vida sedentaria, o a quien no está comiendo sano, a hacerlo por sí misma, no por sus supuestos beneficios para la concepción.

Sugerencias de cosas concretas, útiles y agradables que alivien el estrés y la ansiedad, si tiene.

“A mí me pasó lo mismo que a ti”. Cuando es relevante, claro.

Y si estás en esta situación y has llegado aquí buscando consejo, ve al médico. Y si no te da solución, busca otro. Si eso ya está controlado, mucho ánimo y suerte.

Sobre lenguaje activista y sus problemas

Te das una vuelta por internet (incluyendo el glosario feminista de este blog, que necesita una limpieza de polvo y telarañas) y te encuentras con unas cuantas palabras que a fuerza de uso repetido acaban usándose mal, o demasiado, y extendiendo sus significados hasta que significan “lo bueno” y “lo malo” de una manera que solo sirve para crear confusión. Lo que voy a decir es una reflexión personal sobre los peligros de este proceso, y sé que muchas compañeras no van a estar de acuerdo conmigo. Allá voy.

Un privilegio no es toda ventaja injusta. Si quieres que lo tenga todo el mundo, no es un privilegio. Es un derecho, y su ausencia, discriminación. Por ejemplo, trabajo estable, vacaciones, o la posibilidad de desplazarte con seguridad por las calles. Si quieres eliminarlo, pero todos reconocemos que es injusto, o que es ilegal, es una injusticia, o una ventaja injusta. Sigue sin ser un privilegio. Por ejemplo: si dices algo que parezca terrorismo etarra vas a la cárcel, si dices que las mujeres maltratadas se merecen todo lo que les pase no. Si lo tiene poca gente y  está amparado por leyes, rompiendo con todo principio legal de igualdad, eso sí es un privilegio. Por ejemplo, en España la Iglesia no paga IVA ni IBI, y eso es legal. Por lo tanto, es un privilegio. El rey es inviolable según la Constitución: otro privilegio.

Muy despacito para que lo entiendan los despistados del fondo: el privilegio es legal y desearías que desapareciera. Los privilegios son malos y no quieres extenderlos, quieres que no existan. Si llamas “privilegio” a un salario dices que quieres que no exista, si llamas “privilegio” a que no te peguen una paliza por la calle estás diciendo que las palizas por la calle deberían formar parte de la normalidad. Privilegio no es desigualdad, sino un tipo muy concreto de la misma. Si lo que quieres es tener tú eso que otros disfrutan, no lo llames privilegio, porque no lo es. Llámalo derecho.

Esto nos lleva a la expresión “revisar privilegios”, que ya he criticado en más ocasiones. En el enlace traduzco un artículo que analiza los problemas de ese proceso, pero aquí mis críticas son solo semánticas, puesto que la frase en cuestión significa varias cosas contradictorias entre sí. ¿Qué me ordena alguien que me dice que revise mis privilegios?Lo primero sería hacerme consciente de ellos, y después quizá un proceso que en el catolicismo se llama examen de conciencia. Es decir, para una persona que piense que privilegio quiere decir “derecho, ventaja, lo contrario de discriminación”, sería para empezar mi admisión de “sí, mi vida es más fácil por ser blanca, cis, adulta y sin discapacidades”. Examen de conciencia terminado.

Hay quien va más allá. En el enlace del párrafo anterior comparo la revisión de privilegios con el calvinismo. “Revisar mis privilegios” suele querer decir que debo sentirme culpable de ser blanca, cis, etcétera,  y tengo que aceptar que las ventajas que he obtenido a lo largo de la vida por ello me impiden trabajar en igualdad con quienes están peor que yo. Existe una brecha insalvable, de la que soy responsable aunque esa no sea mi intención. Esto se llama depravación total. No es “pecado original” porque éste se perdona con el bautismo, y los privilegios no se “perdonan” tras la revisión, como mucho se eliminan (un día dejaré de ser joven, por ejemplo).

“Revisarse” puede estar conectado con el autoexamen y ser también un proceso más activo, más orientado al exterior. Si observo cómo mis circunstancias afectan al mundo que me rodea, y a mí también, “toma de conciencia” es sólo el principio de cómo podríamos llamar a esto. Pero ya dejaría de ser un proceso de autoexamen, con lo que el uso de la palabra “revisión” dejaría de tener sentido. Una revisión del coche no es una reparación.

La verdad es que no sé qué quieren decir las personas que dicen “¡revísate los privilegios!”, y si se están refiriendo a un proceso solo mental o a una puesta en práctica. Y un concepto tan amplio y deformable se vuelve inútil y peligroso.

De adopciones, acogidas, y sus mitos.

annieAnnie (1982) y sus amigas del orfanato esperaban unas a sus padres y otras, una adopción.

Sobre la adopción y la acogida pesa un mito que se puede resumir así:

El mundo en general y los países pobres en general está lleno de niños que necesitan y desean ser adoptados. Si adoptar es caro y difícil, es porque hay graves restricciones a la demanda, es decir, porque para ser adoptante te “exigen” muchísimo.

Sobre la segunda mitad de este mito, no tengo nada que decir. Este post está encaminado a destripar la primera mitad. Es algo que trabajadores sociales y otros expertos seguro que harán mejor que yo, pero me lo he encontrado varias veces seguidas, y también es algo que las mujeres sin hijos nos encontramos cuando alguien bienintencionado nos dice: “¿has pensado en adoptar?”. Así que haré lo que pueda por aclarar un poco la cuestión.

En primer lugar, un concepto. “Acogida” puede significar “pre-adopción, adopción en pruebas” y también tener la guarda de un menor que ni es “tuyo”, en el sentido de que no le vas a poner tus apellidos, ni lo va a ser nunca. Hay acogidas puntuales (emergencias), temporales y permanentes según la legislación y las necesidades del menor. También hay acogida internacional para que niños de zonas del mundo muy concretas pasen sus vacaciones en España (dos ejemplos son los saharauis y sus “Vacaciones en paz” y los bielorrusos de la zona de Chernobyl). En este post usaré solo este significado y no el de “preadopción”.

Volviendo al principio: los niños. Para tener menores sin padres necesitas quitárselos a la familia, o que los abandonen padres desprovistos de una red de apoyo familiar. Otra opción es que la madre muera en ausencia de la mencionada red de apoyo. Os adelanto: en España es extraordinariamente raro, por no decir insólito, que a alguien “le quiten” los niños. Por ejemplo, no le quitan los niños a la gente que no los escolariza, ni a quienes les niegan tratamiento médico, ni a los maltratadores (o asesinos) de su pareja. Resumiendo, a casi nadie. Lo más frecuente que los niños completamente desatendidos queden de facto a cargo de un familiar. Sólo cuando toda la familia es un puro horror o cuando la madre está muy sola, sin abuelas ni tías ni amigas, se nota que hay niños desatendidos. En un sistema así, los servicios sociales se basan en que lo peor para los niños es el desarraigo familiar y que intervenir consiste en educar o apoyar a la familia. Puedes tener sistemas de servicios sociales que aparten a los hijos de los padres con más facilidad, pero corren un grave riesgo de ser clasistas y de centrarse en las familias pobres y en las madres solteras.

En cualquier caso, acabas teniendo menores institucionalizados porque algunos sí salen de esas familias que no cuidan de ellos. Estos niños no van a ser bebés: vas a tener una madre que por razones diversas no quiere o no puede cuidar de sus hijos, a veces varios, y desatiende a todos o a parte de ellos tras una temporada de intentarlo o de que la situación se le vuelva insostenible. Te preguntarás por qué cuando esos menores ingresan en algún centro, no se los “da” en adopción. Primero, porque la madre no ha perdido la “titularidad” última sobre ellos. Se espera que cuando salga del bache los reclame, se la evalúe y los recupere, y algunas de las situaciones que provocan estas acogidas son breves, o de naturaleza temporal. Segundo, porque pasada cierta edad se piensa que no es una gran idea dar en adopción. Ponte en el lugar de un niño de diez años: no quiere simplemente “amor adulto”, quiere el amor de SU madre, la que él conoce. No es tan sencillo decir “ah, qué bien, esta señora dice que ahora me va a querer ella”. Cada caso es diferente, por supuesto. Para esos niños, la acogida con familias voluntarias es el término medio que se va buscando: un ambiente familiar que se espera que sea temporal pero a veces no lo es. Resumiendo: no es nada fácil adoptar niños españoles porque apenas hay, y no los hay porque el sistema se basa en no quitárselos a sus padres biológicos y casi nadie los abandona, y mucho menos cuando son muy pequeños.

Mucha gente tiene la vaga noción de que no hay niños españoles adoptables, y entonces se plantea la adopción internacional. Y volvemos a las tres razones para que un niño no tenga padres: abandono o muerte en ausencia de familiares, y retirada por los poderes públicos. Vamos a por el primero: ¿por qué piensas que las mujeres extranjeras tienen más ganas que las españolas de abandonar a sus hijos? ¿por su particular cultura, o porque son pobres?

Observémoslo desde el principio. Para tener un sistema que facilite que se entreguen niños en adopción, necesitas un país que no esté en guerra para que la burocracia pueda funcionar eficazmente. También que no haya anticonceptivos fáciles de conseguir, ni aborto legal o accesible. Estar embarazada es molesto, y puede tener riesgos como que al padre no le guste la idea, o que te echen del trabajo. ¿Qué mujer mantendría un embarazo no deseado si puede evitarlo o terminarlo? Una vez nacido el niño, necesitas que la madre no pueda mantener a la criatura, es decir, que sea pobre,  y ausencia de red familiar de apoyo. Para facilitar el abandono, la entrega a las autoridades, o la retirada del menor, también debes tener una cultura entera con cierto desprecio por la vida, y un sistema social autoritario que se haga cargo de embarazadas, recién paridas y bebés. Para facilitar las adopciones internacionales necesitas que no haya familias locales que quieran quedarse con esos niños en su país de origen. Creer que el mundo está lleno de orfanatos como los de Annie, lleno de niños pequeños guapos y exóticos cuyo gobierno está encantado de venderte o regalarte es una idea muy colonialista, porque asume una serie de pequeños pensamientos, como ladrillos, para construir ese orfanato de tu mente: “las mujeres de países pobres no quieren o no saben usar anticoncepción. Esas mujeres abandonan bebés con gran facilidad, quizá es porque en sus culturas no se siente tanto amor por los niños. También es una cultura en la que a esposos, abuelos, etc., les parece bien que se abandone a los niños de la familia; o será porque nadie quiere a esas mujeres. Las autoridades que no tienen medios para cuidar de ella (trabajo, servicios sociales) sí los tienen para crear una red de orfanatos. Quizá lo que ocurre es que en su país, a las madres muy pobres o solteras el gobierno les roba a sus hijos, aunque eso no lo podemos saber y casi mejor que no enterarse. En cualquier caso, esos niños están mejor aquí que en su país. Quedarnos los niños es más inmediato que arreglar los problemas que los han sacado de su familia”.

Según las mujeres van consiguiendo más derechos, la cantidad de países que cumplen los requisitos indicados es cada vez más pequeña. Por eso la adopción internacional es cada vez más difícil, porque aunque nos guste pensar lo contrario, no existen esos orfanatos llenos a rebosar de bebés que nos esperan.

La gente que ya está embarcada en una adopción, internacional o no, tiene mi admiración por su valentía y su paciencia. Para los que se lo están planteando como una manera de arreglar el problema de la pobreza y el desamparo infantil, olvídate.  No sirve. Te propongo dos opciones: la fácil es colaborar con ONGs que se dediquen a promocionar la anticoncepción o a cuidar de niños. Dependiendo de la ONG y de ti puede ser colaborar en tiempo o en dinero. Evita que los niños de otros países necesiten llegar a ser adoptados. La difícil es informarte sobre las acogidas en tu comunidad autónoma. Puede que las haya temporales, urgentes, de larga duración… quizá puedas hacerle la vida más agradable temporalmente a un crío necesitado.

Las acogidas internacionales me las recordó @versoblanco.

Entrevista a Nía Cortijo (Las XL)

las XL

Las XL (o equisele, también) son un dúo de actrices, Nía Cortijo y Marta Sitjà, que han creado el espectáculo músico-teatral “Abandónate mucho”, que tuve el placer de ver la primavera pasada dentro del festival LaTeatral.  El espectáculo trata sobre el amor de una manera muy gamberra y con una buena dosis de feminismo. Quedamos en que las entrevistaría después, y por estas cosas que tiene la vida lo hemos dejado hasta ahora. Inauguramos con ellas la parte más feminista del nuevo curso escolar.

¿Qué habíais hecho antes de este espectáculo?

La verdad es que miro atrás y no me quejo, he trabajado siempre como actriz y simplemente eso me hace sentir bastante afortunada, porque en este país y en este gremio es muy difícil dedicarse a la cultura sin tener que buscarse un plan B en algún momento. Actores y actrices somos verdaderos supervivientes y luchadores, la realidad resulta desalentadora, y más hoy. Pero bueno, ¡he dicho que no me iba a quejar!

Así que te contaré que he trabajado como actriz en varias compañías, la mayoría de Granada, ciudad en la que vivo: LasaL, Lavíebel, Vagalume, Alsuroeste… y en ellas he hecho de todo: teatro clásico, piezas contemporáneas, teatro infantil, de calle, cabaret, en verso, creaciones colectivas… Adoro el teatro en todas sus formas. Y en estos años de profesión, más de 12, he aprendido a amarlo conociendo todas sus facetas y todo el engranaje que hace posible un espectáculo: los técnicos (y técnicas) de luces, de sonido, la dirección, la gestión, distribución, escenografía, vestuario,  todas las piezas que configuran el puzzle, que son muchas. Y estuve varios años gestionando la Sala de teatro EL APEADERO en Granada donde conocí a Marta, mi compañera en las XL.

¿Cómo os conocisteis? ¿cómo surgió el espectáculo?

Trabajamos juntas en el proyecto del APEADERO y montamos algunas piezas cortas para los cabarets que organizábamos. Éramos un grupo de mujeres y nos hacíamos llamar “Las Chotillas”. Hicimos 4 ó 5 cabarets con temática femenina, en los que intercambiábamos propuestas, intereses y curiosidades varias. En aquella época Marta tenía una compañía y necesitaban una sustituta porque la actriz se había quedado embarazada, así que entré yo. Ahí empezamos a trabajar juntas a tope.

El espectáculo surge después de un gran batacazo amoroso y profesional; va a ser verdad aquello de que los estados de crisis son una fuente de inspiración estupenda. Se me inflamó la glándula y decidí dejar Granada para instalarme en Madrid, convencida de que no me iba a resultar díficil encontrar un hueco. ¡¡¡Madre mía, benditos aquellos que aguantan en la capital!!! Qué rollo tener que venderse, ser la number one, ir a los estrenos siempre estupenda y simpatiquísisma, uff. Recuerdo la rabia que me daba verlos a ellos ataviados con deportivas y cazadora de cuero, tan cómodos, mientras nosotras debíamos lucir maquilladas como si de la Gioconda se tratara y tacones cuanto más imposibles, mejor. La verdad es que no tuve paciencia y decidí inventarme el trabajo en lugar de buscarlo.

El desengaño amoroso tuvo lugar en ese momento, así que llamé a Marta y le propuse montar un show todoterreno, que pudiéramos hacer en cualquier sitio, cómodo, barato y divertido. Ella me rió las gracias, y preguntarnos de qué queríamos hablar, surgió con  fluidez que hablaríamos de lo que hablamos siempre en nuestra vida, del AMOR.

¿Vuestros padres han visto el espectáculo? Y si sí, ¿qué opinaron? (tengo que preguntar esto, he coreado EL CLÍTORIS ES ASÍ sentada con toda la familia).

Claro que sí. Además, ¡ estaban encantados! ¡Me daba más apuro a mí que a ellos!

El amor al teatro lo he mamado en la teta, mi madre también hizo teatro y los dos han sido profesores de filosofía, ¡así que imagínate qué caldo de cultivo! Mi único hermano es músico, algo habrán hecho ellos también para que nos dediquemos a la cultura con tanto amor. La verdad es que les estoy muy agradecida, siempre me dejaron hacer lo que me gustaba, me han ayudado mucho y lo siguen haciendo.

He de reconocer que mi madre estaba preocupada porque el show fuera excesivo, pero cuando lo vio tuvo que reconocer que eran sus miedos. Aunque es cierto que nos ponemos brutas todo está muy pensado y medido, nada es gratuito.

Os he visto hacer muchas cosas diferentes, particularmente a Marta, porque la conozco desde hace más tiempo: actuar, circo, y ahora cantary bailar. ¿Qué es lo que más te gusta?

Me gusta todo.   Como decimos en el espectáculo: “¡Me cabe Troyaaaaa!”. Pero hay muchos lenguajes, muchas maneras de contar las cosas y comulgo con todas siempre que el mensaje me parezca auténtico y necesario. Lo que más me gusta es trabajar para la gente desde una actitud sincera. Considero clave hablar de lo que nos preocupa, inspirarnos en la vida que está llena de situaciones muy ricas, para dar energía de la buena a todo el que mira. Lo importante para mí es el QUÉ.

En el espectáculo podemos escuchar todo tipo de música, desde copla a Barricada. Obviamente tiene que ver con lo que es necesario en cada momento de la historia que contáis. ¿Cuál es vuestra música favorita? ¿Hicisteis algún descubrimiento preparando Abandónate Mucho?

¡Descubrimientos muchos! ¡¡Descubrimos que somos feministas!! ¡¡Que una mujer si muestra interés por conocerse, obligatoriamente ha de ser feminista!! Bueno, no quiero entrar en debates de terminología, pero para mí fue el descubrimiento mayor. Sabía muy poco del movimiento feminista, a nivel teórico sigo estando bastante pez, pero fue muy revelador decidir hablar del amor y encontrarnos con una cantidad de roles impuestos, de prejuicios y demás “perlitas” asumidas por mi parte y que no me generan más que dolor, frustración y otras lindezas.

Sobre la música, me gustan muchos tipos, no tengo una favorita.

¿Qué parte del show es la preferida del público? ¿y vuestra?

“Las punkies” triunfan bastante, también “las yonquis del amor”. Yo me lo paso genial en ese momento, ¡la risa del público es lo mejor!

Es difícil elegir un sólo momento porque todo está muy hilado, aunque las transiciones me gustan mucho porque es cuando sorprendemos; el público cree que todo va en una dirección y de repente ¡flash!, cambio radical. También el final, con la canción de “Yo soy aquella”, que resume todo el recorrido que hacemos para autoafirmarnos en positivo; la parte reflexiva minimalista donde reconocemos que sufrimos mucho con la concepción del amor que nos viene dada me emociona. Ahí me sale la vena dramática y lo disfruto porque siento que el público respira conmigo, que llevo la nave, y aunque lo que decimos es duro, el objetivo es aceptarlo para superarlo. En general es un espectáculo muy disfrutón, porque es muy nuestro y porque el mensaje que damos empodera.

Si pudierais prohibir, borrar, olvidar para siempre una forma de arreglo personal (depilarse, por ejemplo) ¿cuál sería?

La depilación se lleva la palma, sin duda. Aunque el maquillaje o los condenados tacones también los enterraría para siempre.

¿Qué crítica al espectáculo (buena o mala) se os ha quedado grabada?

Recuerdo al único hombre ofendido que nos lo ha hecho saber. Se quejaba de que en nuestro videoclip de “El Clítoris” la referencia a los hombres es “pequeños capullos”. Lo mejor es que a su crítica contestaron varios hombres indicándole razones varias: por un lado el contexto en el que está dicho, desde el humor ácido y autocrítico, desde el punkarrismo salvaje y ciego. Uno de ellos añadía que era lo mínimo que se despacha si tenemos en cuenta la de siglos de machaque que llevamos las mujeres. ¡Me encantó ese espontáneo! Y me gusta mucho que se genere debate y polémica, eso es lo que queremos: empezar a romper ciertos tabúes y llamar a las cosas por su nombre.

También vino una chica que nos veía por segunda vez, muy jovencita, y nos dijo que había sido el segundo día más feliz de su vida, ¡y que el primero fue la otra vez que nos vio! Me puso los pelos de punta porque ese tipo de agradecimientos son los que para mí dan sentido a este trabajo.

Habéis dicho que el  feminismo, al menos el teórico, había sido para vosotras un descubrimiento a raíz de crear Abandónate Mucho. ¿Me contáis algo más de cómo fue eso? ¿Habéis conocido a alguna autora o teoría que os guste especialmente?

Gracias a nuestra amiga Paloma Tosar, especialista en el tema, leímos a Clara Coria, su librito El amor no es como nos contaron y fue muy revelador. También leímos a Lucía Etxebarría, Ya no sufro por amor, que nos inspiró mucho. A mí me dio subidón teórico y compré Para mis socias de la vida de Marcela Lagarde, pero aún no me lo he terminado, es más denso y me cuesta. Mi último descubrimiento ha sido una granaína: Ana Belén Rivero ha publicado un cómic divertidísimo que se llama Somos pobres en euros pero ricos en pelos de coño. ¡Lloré de la risa!

“Abandónate Mucho” nos enseña una galería de efectos secundarios del amor. ¿Habéis averiguado cómo evitarlos? No me digáis que sin amor, que eso no vale.

La mejor receta para evitarlos es saber que son inevitables. Parece una contradicción, pero la vida es contradictoria. El amor y por tanto la felicidad tienen más que ver con dejar de luchar ante esa contradicción y aceptarla, que con intentar evitarla. Al menos eso voy aprendiendo yo.

¿Hay actuaciones previstas próximamente?

Sí, esperamos estar en Madrid en otoño, volveremos a Barcelona al festival de Poblenou, a Cardedeu. ¡Y estamos disponibles para todo el que nos quiera!!

Y para terminar, ¿amáis sin fin?

Lo intento, con todas mis fuerzas. No siempre lo consigo. Es un objetivo en mi vida pero a veces se aleja, a veces se acerca. ¡Lo importante es no perderlo de vista!

Mujeres que mueren, asesinos innombrables.

Dar noticias sobre delitos violentos no es fácil. Hay que evitar entrar en la intimidad de los implicados, especialmente si son menores de edad, no caer en el morbo fácil, y no cargarse la presunción de inocencia, algo que a veces lleva a meteduras de pata graves. A esto se añade que en el caso de la violencia de género, se diría que para la prensa española, la violencia de género, es decir, que tu pareja o ex-pareja te mate, es algo que las mujeres “nos” hacemos. A continuación, y para simplificar, no me voy a referir a la cuestión de la presunción de inocencia, sino a quién realiza la acción y quiénes deberían ser el centro de los titulares y de las noticias.

Empecemos por el núcleo de la oración: el verbo. Las opciones son morir, matar y asesinar. Morir coloca a la persona que fallece en el centro de atención. Hablando de delitos deberíamos reservarlo para accidentes o casos en los que no hay intención de matar, o de matar a alguien concreto. Matar te obliga a añadir quién realiza la acción, y por ello, o se indica que no hubo culpa, o entenderemos que el acto fue deliberado o negligente. Como los titulares deben ser concisos, evitaremos usar “matar” si no hay intención ni negligencia, pero lo preferiremos a “morir” si hay sujeto conocido de la acción. Por último, asesinar debe ser reservado para unos casos muy específicos: por recompensa o promesa (hay asesinos a sueldo, no homicidio a sueldo ni muertes a sueldo), con premeditación, con alevosía que quiere decir que el asesino tomó medidas especiales para tener éxito, o con especial crueldad. Si no sabemos cuáles fueron las circunstancias, es mejor no hablar de asesinato.

Veamos cómo contrastar estos verbos en casos que no son violencia de género.

Un accidente:
Seis trabajadores mueren en un accidente laboral en la fábrica de X (una pena, cosas que pasan; o también, ya les vale, ¿aplicaban las medidas de seguridad?).
Un accidente laboral mata a seis trabajadores en la fábrica de X (los accidentes laborales son una cosa terrible y hay que acabar con ellos).

Algo que escapa a nuestro control, o quizá queremos implicar que no:
Tres asistentes al concierto mueren en la avalancha.
La avalancha mata a tres asistentes al concierto (no implica intención pero sí que la avalancha tiene agencia, podría haberse evitado, la noticia hablará de la seguridad en la sala o el tono será sensacionalista).

Dos negligencias:
Mujer cordobesa muere tras una demora en Urgencias (vete a saber por qué, puede que ya estuviera muy grave)
Las demoras en Urgencias matan a una mujer cordobesa (el culpable es claro; recordemos que el slogan es “los recortes matan”, no “Con los recortes nos morimos”).
*
Tres muertos en accidentes de tráfico este fin de semana.
Los accidentes de tráfico / la carretera / un conductor borracho mata a tres personas este fin de semana (se insinúa o se declara que hay culpa).

Un atentado terrorista (hay intención de matar pero no a personas concretas).
Cinco policías mueren en un atentado en Roma (¿a que esto suena raro?)
Un atentado mata a cinco policías en Roma (vale, pero, ¿¡de quién!?)
Un atentado asesina a cinco policías en Roma (poco correcto: asesina la gente, no las acciones).
La banda terrorista GLAF asesina a cinco policías en Roma (está clarísimo quiénes son los malos, y los policías están claramente libres de toda participación en su muerte)

Un homicidio:
Muere un joven turista inglés en una pelea en las fiestas de la Villa (pudo ser un accidente, no tenemos ni idea de quién participó, al fin y al cabo en una pelea podía haber mucha gente).
Un homicidio en la fiesta de la Villa acaba con la vida de un turista inglés (un poco más de información)
Turistas ingleses, acusados de matar a un compatriota en las fiestas de la Villa (suavizamos con “acusados” pero estamos atribuyendo culpa clarísimamente).
Cualquier uso de “asesinato” es un error porque en una pelea no hay ni premeditación ni alevosía (a menos que lo sepáis con mucha seguridad).

Si comparamos estos casos inventados con la violencia de género, concluiremos que deberían estar en un plano superior de intencionalidad al del atentado terrorista, porque la víctima es escogida, y al del homicidio, porque hay clara intención de matar y a veces asesinato. En cambio, nos encontramos con titulares de prensa que una y otra vez convierten la violencia en una especie de clima, una circunstancia incontrolable en el que las mujeres tenemos la mala suerte de vivir. Como los accidentes. También hay un intento tras otro de volver invisibles a los agentes de esa violencia.

VG_titular_ABC_1ABC. 12/08/2015. Muere una mujer en Castelldefels apuñalada por su expareja. El presunto agresor ha pasado a disposición de los Mossos, que han abierto una investigación. Apuñala mortalmente a su expareja en Castelldefels. La Policía Local de Castelldefels ha detenido este miércoles a un hombre como presunto autor de la muerte….

Antes de entrar en el cuerpo de la noticia, el primer sujeto es una mujer que muere. El agresor, dos veces presunto, se oculta en estructuras pasivas (apuñalada por), acciones que se sufren (pasar a disposición), y sujetos elípticos (Apuñala… ¿quién apuñala?). Si hay que nombrarlo, es “presunto”. Si se lo oculta mediante la sintaxis, no (no se nos dice “presuntamente apuñalada”). En el cuerpo de la noticia, además, conocemos cuatro datos personales de ella (edad, otros familiares, barrio de residencia), y de él, solamente algunas de las agresiones que realizó. No es más que un monstruo que se vuelve invisible si lo miras de frente.

La misma noticia:VG_tuit_elpaís_1
VG_titular_elpaís_1El País, online y en twitter. 12/08/2015. Un hombre mata a su expareja con un machete en plena calle. Detenido un hombre por apuñalar a su exparej en la calle en Castelldefels. Los Mossos investigan un incendio en el piso de la víctima y de su coche hace unos meses. Un hombre mata a tiros a su esposa y a sus dos hijos y se suicida en Barcelona.

Aquí, además de que la mujer no se muere, sino que la matan, el cuerpo de la noticia nos da la misma cantidad de datos personales de ambos y más detalles sobre lo que ha debido ser un acoso grave y prolongado antes de que su expareja la matara. El agresor no es un accidente: es una persona y además aparentemente muy normal. El contraste entre los dos medios es muy intenso.

Con algunos ejemplos más se comprueba que cuando un hombre mata a una mujer, la noticia es sobre ella. Que vivía con él o no, que lo denunció o no, que había mantenido el contacto con él o no, que tenía una nueva pareja o no, y de la que sabemos como mínimo edad, nacionalidad y número de huérfanos que deja. De ellos no. Estos titulares dan a entender o que los titulares de VG dan a entender que las víctimas son responsables, pues son el agente del hecho (morir, romper una relación, denunciar), o que la violencia de género es un accidente que no tiene agente. En cualquier caso, se trata de ocultar tanto como sea posible que los agresores son hombres normalísimos en la mayor parte de los casos. Las noticias que como la de El País detallan el acoso en lugar de detallar las estrategias de supervivencia de la víctima son una excepción.

VG_titular_lainformación_2La Información, 12/08/2015. 790 mujeres han sido asesinadas en España por sus parejas o exparejas desde 2003. Al menos ocho niños han muerto a manos de sus padres, o los novios o exnovios de sus madres, sólo en lo que va de año. En todo caso, 2015 seguiría siendo el año con menos feminicidios desde 2003.

No se dice “790 hombres han asesinado a sus parejas en España desde 2003″(Serían más porque hay hombres que han asesinado a sus parejas homosexuales). No se dice “X hombres han asesinado a ocho niños, hijos suyos o de sus parejas”. Los feminicidios “son”, ni siquiera se cometen.

Hay cierta tendencia a indicar la actuación legal. Las mujeres se mueren y los hombres son detenidos.

VG_efe_3EFE, 29/06/2015. A la cárcel el marido de la mujer hallada muerta en el puerto de Barcelona.

Entre otras perlas esta noticia dice que un coche “se había precipitado, no de forma accidental, al mar”. Ni siquiera “el coche había sido empujado al mar intencionadamente”. No.

VG_palma_4Diario de Palma, 31/07/2015. Detenido por degollar a su expareja en Palma. Los hechos han ocurrido sobre las 4:15 en el domicilio de la víctima, ubicado en el número 115 del Camí de Sant Jordi. Este es el primer crimen de violencia de género que se registra en Baleares en 2015.

¿Detenido quién? Y de nuevo, tenemos más datos personales de la víctima que del agresor.
VG_lasprovincias_5Las Provincias, 06/08/2015. SUCESOS. Accidentes de tráfico. Violencia de género. Crímenes. Detenido un concejal de Serra por la muerte de su mujer en un incendio intencionado.

¿La noticia es que un concejal asesina a su mujer, que los incendios matan, o que los asesinos son detenidos? ¿Por qué no “Se investiga si un Concejal de Serra asesinó a su mujer en un incendio intencionado”, un titular menos confuso, o “Detenido por matar”?

Cambiar los titulares por otros en los que las mujeres dejen de ser las agentes de sus propias muertes no va a reducir la cantidad de asesinatos. Dejar de centrar la noticia en el grado de distanciamiento que la víctima consiguió de su agresor no va a sustituir que las que siguen vivas tengan una protección más eficaz. Se trata de que tenemos que cambiar cómo hablamos de la violencia de género para hablar menos de víctimas y más de agresores. De lo contrario, estaremos para siempre oscilando entre considerarlo una aberración monstruosa o un incidente banal, cotidiano. Sin método eficaz para entenderlo y sin medios reales para ponerle fin.

Eso que llamas cosificación masculina… no lo es.

Una crítica a las mujeres que a veces se usa para quitar importancia a nuestra cosificación es, resumiendo, “a las mujeres también os gustan los hombres atractivos”. “A las mujeres les gustan las piernas de los futbolistas”, “pues anda que las fans de [inserte aquí cantante de moda]”. Esto iguala dos fenómenos diferentes: la cosificación, que es perniciosa, evitable, y en nuestra sociedad ocurre más a mujeres que a hombres, y el atractivo sexual de las personas famosas, que no es necesariamente malo y que aunque afecte a los hombres, lo hace de manera ventajosa para ellos.

Empecemos por delimitar bien qué es cosificar.  Encontrar a otra persona sexualmente atractiva no lo es.  No tratamos a todas las personas bellas como a objetos, y no todas las imágenes las transforman en cosas. Muchos ejemplos de esto se encuentran en la publicidad.

Siguiendo a Sociological Images, hay algunos elementos que pueden “diagnosticar” cosificación. Por ejemplo, mostrar sólo partes de un cuerpo sexualizado.

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Publicidad de colonia masculina.

sexist -comic-assCómic.

Beachvolley doubleJugadoras olímpicas de voleibol. La imagen izquierda es del Independent, diario británico “serio” que tiende a la izquierda, y la derecha del Sun, tabloide sensacionalista de derechas. Cosificar une.

Otras rasgos cosificadores: mostrar a personas o partes del cuerpo como si fueran intercambiables: “colecciones” de cosas. Aquí hay buenos ejemplos.

ryanair-calendario-sexista8--478x270Anuncio de Ryanair.

post20itAquí la “colección” no sale, pero te la imaginas.

También vemos a personas sexualmente disponibles, indefensas, pasivas o sometidas más o menos violentamente. De esto no me apetece mostrar imágenes. Dentro de una estética menos violenta os recomiendo páginas sobre cómo salen los personajes femeninos en los cómics de superhéroes: Hawkeye Initiative Escher girls, y el post ya referido de Sociological Images.

Entre los ejemplos de mujer como objeto, son reveladores los de las mujeres comestibles y las mujeres como superficie para pintar o escribir.

jerte--644x362Campaña de cereza del Jerte retirada tras protestas.

wash-me-lynxAnuncio de un gel de baño dirigido a hombres.

El post de Sociological Images no lo nombra (sí en otro punto de la página web) pero por último yo incluiría el uso de mujeres como decoración. Esto lo ha observado Aita Sarkeesian:

Sarkeesian habla de ficción, de videojuegos. Hay mujeres como decorado entregando premios deportivos, “mujeres florero” en televisión (y la sola existencia de la frase hecha es reveladora). Mi impresión es que cada vez hay menos lugares donde se demande que las mujeres sean una figura decorativa, aunque quizá me equivoco.

Bien, hasta aquí sólo para explicar que si no se dan este tipo de elementos no estamos cosificando. Siguiente cuestión: ¿puede ser que dar importancia al atractivo físico de una persona cuestione el resto de su valía? En dos palabras: para las mujeres casi siempre. Para los hombres rara vez.

rugby femenino

Cate Blanchett le dice a la cámara que quiere sacar un plano de su vestido: “¿A los tíos le hacéis eso?” 00:30

ScarlettRueda de prensa en la promoción de Los Vengadores. Scarlett Johanson reacciona cuando un periodista hace preguntas “profundas y existenciales” sobre Tony Stark a Robert Downey Jr. y a ella le preguntan sobre su dieta.

cecile-duflotCecile Duflot, una ministra francesa que recibió una pitada del Parlamento francés por llevar este vestido.

Las mujeres somos, en primer lugar, guapas o feas. En segundo, disponibles (simpáticas) o no. Y en tercer lugar, ya si eso, profesionales de lo nuestro.  La exigencia de belleza es a todas las mujeres, y no a los hombres. Ser feo o no ser físicamente atractivo nunca es un obstáculo para que un hombre sea un profesional de éxito (habrá casos extremos, desde luego, y desgraciadamente esto parece estar cambiando).

Podemos comprobarlo en la industria del espectáculo. Las actrices tienen que ser, o parecer, siempre jóvenes y además impecables: limpias, perfumadas, peinadas y planchadas. Los hombres, pues no. Alguna recomendación de lectura: hay un solo modelo de belleza femenina, y muchos de hombres. Todos los personajes femeninos de todas las películas de Pixar tienen la misma cara (que es, añado, bonita e infantil). En el apocalipsis zombie, seguimos depilándonos.

Volvamos al inicio, a la atracción física de las mujeres por hombres ricos, famosos y poderosos. Para empezar, ellos siempre son más ricos que las mujeres equivalentes (aquí una noticia sobre discriminación salarial en Hollywood; aquí fútbol femenino) y tienen más poder (aquí una explicación de qué es el informe sobre desigualdad de género y cómo funciona). Para quien ya tiene dinero y poder, ser deseado es un extra. Puede ser un problema si ese atractivo es feminizante o infantilizante (se me ocurren Justin Bieber, Leonardo diCaprio, e Íñigo Errejón, por ejemplo) pero más allá de alguna broma, no perjudica a una carrera profesional.

Veamos algún ejemplo para terminar el argumento. Pensemos en algunos hombres considerados atractivos y recordemos su edad: tras preguntar en twitter, algunas respuestas destacadas fueron Michael Fassbender (38), George Clooney (54), Clive Owen (50). Actores. Como deportistas, David Beckham (40) y Xabi Alonso (33). Y un político, Yannis Varoufakis (54).

Clive & Clooney

George Clooney y Clive Owen.

Pregunto:

1. ¿Estás acostumbrado a ver imágenes de estos hombres u otros utilizadas rutinariamente como mero decorado? ¿Aparecen en imágenes denigrantes? ¿Adoptan poses que los convierten en un receptor pasivo, indefenso,  para el disfrute de otros? ¿Alguien ha dicho que su dignidad, su derecho a ser respetados, depende de que no muestren demasiada carne en público?

2. ¿La carrera de estos hombres depende de ser bellos?¿Pueden ser profesionales de aquello a lo que se dediquen sin ser muy guapos de una forma que está estandarizada? ¿Pueden dedicarse a su trabajo sin que el foco mediático y la atención de sus jefes, productores, etc. esté puesta en su belleza? ¿Se les insulta o humilla porque son guapos, o no-tan-guapos-como-antes?

3. ¿Son todos muy parecidos entre sí? ¿Su tipo de belleza sólo puede conseguirse tras largas sesiones de cuidados profesionales? ¿Se ven obligados a mantener la misma clase de belleza que tenían a los 20 años? ¿Su belleza está fuera del alcance de la mayor parte de los hombres?

¿Has contestado a todo que sí? Entonces estamos hablando del nivel de exigencia aplicable a las mujeres.

Termino. He señalado que resultar físicamente atractivos no denigra a los hombres ricos y famosos, pero eso no significa que no pueda haber hombres tratados como objetos. Aquí, el único ejemplo que he encontrado recientemente (gracias, Octubrista). En un pub escocés, los camareros dejan de llevar kilt para evitar el acoso de las clientas.  Es decir, la cosificación masculina es posible, siempre y cuando reunamos a hombres y a personas que se sienten sexualmente atraídas por ellos en una relación de poder muy desigual. Dado que eso es infrecuente, también lo es la cosificación masculina. Esperemos que siga siéndolo.

Nota: con el post publicado, @Zezenzuska me señala un perfil en El Mundo de un político español, Raül Romeva, cuyo único parecido con Varoufakis es la calvicie, a mi entender. Es una mezcla de obsesión por el físico, falta de respeto, conversión de la política en un juego tonto, y al mismo tiempo idealización: “deberá empezar a pensar en descansar un poco. Sobre todo si este madrileño de nacimiento quiere cumplir con las altas expectativas que sobre él recaen como nuevo héroe de la causa independentista”. Llama la atención que el final quiere insistir en que la belleza masculina representa liderazgo: “apreciamos la belleza de un hombre por su capacidad de lucha, su fortaleza y virilidad . . . Esta apariencia les convierte en “buenos cazadores”, protectores y líderes, algo que por naturaleza provoca atracción”. Es decir, a mi entender lo denigrado es aquí la política convertida en un espectáculo, no Romeva, “el líder”.

Microfeminismos del día a día.

De vez en cuando, observar a un hombre realizar una acción que beneficia a las mujeres, o percibir pequeños detalles de machismo a mi alrededor, me hace pensar en formas de contrarrestar los “micromachismos”, esas motas de polen en el aire, imperceptibles pero constantes, que molestan por acumulación y ni siquiera te das cuenta de por qué. La mayoría de las acciones feministas son igual de pequeñas.

En esta lista, evito deliberadamente las “tomas de conciencia” y las acciones negativas. No se trata en la lista de hoy de que pienses; se trata de que hagas. Pensar, no hacer, callarte… pueden ser necesarios, pero no son de lo que quiero hablar ahora. Por eso voy a hablar de cosas pequeñas, mínimas. Casi obvias. Casi.

  1. Sobre sexo. Practica y busca obtener consentimiento entusiasta. He hablado sobre evitar violencia sexual aquí. Y sobre si es posible hacer piropos feministas o no amenazadores, aquí.
  2. Ten amigas.
  3. Haz tareas de la casa. Muchas y a menudo. Haz más de lo que crees que te corresponde, a veces. Las que no sepas hacer, aprende. Recoge lo que tiras. Si contratas servicio doméstico, paga su seguro y págale bien.
  4. Es a veces difícil de definir, pero hay algo que podemos llamar “trabajo emocional” que suele caer del lado de las mujeres. Te pongo dos ejemplos elementales: el matrimonio en el que ella compra los regalos de Navidad de toda la familia, la suya y la de su marido; y que en mi trabajo como profesora de Secundaria, observo que las chicas tienden a ser mediadoras espontáneas de conflictos entre compañeros y entre la clase y yo. Observa en qué situaciones consolar, mediar, animar, decir algo amable, etc. lo hace siempre una mujer, y adelántate. U observa cuáles de tus relaciones necesitan más de esto, y hazlo tú.
  5. Lee teoría feminista. Hay mucha, con mucha variedad de temas, niveles de profundidad y dificultad, agresividad y “radicalidad”. Es decir: hay textos muy “radicales” pensados para principiantes, textos filosóficos abstractos  y complicadísimos, teoría política y económica, crítica de cine. Blogs y libros y DE TODO. Si no te gusta un libro/autora/corriente, no te preocupes, que hay más.
  6. Mantente informado sobre noticias y acontecimientos que afectan a las mujeres. Busca más de una fuente de información.
  7. Aprende sobre salud femenina y salud sexual y reproductiva (de hombres y de mujeres).
  8. Si tienes la responsabilidad de llevar el botiquín, los pequeños gastos comunes, el papel higiénico, etc. de un lugar de trabajo, asegúrate de que hay compresas y tampones.
  9. Habla con quienes tengan ideas erróneas sobre las mujeres o el feminismo. A ti te van a hacer más caso que a nosotras, casi seguro.
  10. Ve a manifestaciones o participa en otras campañas de protesta por los derechos de la mujer.
  11. Ofrécete voluntario para cosas que normalmente solo hacen mujeres.
  12. Si tienes hijos, cuídalos. Cógete el permiso de paternidad.
  13. Si las tienes cerca (en tu familia, entre tus amigos), pasa tiempo con niñas. Dedícales atención, juega con ellas, enséñales cosas.
  14. Lleva a tus hijos a colegios mixtos. Lo ideal es que sean públicos; que sean mixtos es fundamental. Anima a tus familia y amigos a llevar a sus hijos a colegios mixtos. Lo mismo va para actividades de ocio.
  15. Cuida de las mujeres de tu familia. Hazles caso, escúchalas.
  16. En el trabajo, en casa, de compras, en un lugar de atención al público, casi siempre preferimos que nos atienda una mujer. Parecen más accesibles… y las interrumpimos más. A los hombres se los interrumpe menos, parece que siempre estén muy ocupados con cosas más importantes. Evita interrumpir a una mujer. Si te pueden atender igualmente un hombre y una mujer, moléstalo a él.
  17. Apoya y difunde el trabajo hecho por mujeres. Esto va a depender de tu ocupación, y de tus circunstancias; puede variar mucho. Piensa en las mujeres que te rodean, en un trabajo y en tus aficiones, y si estás tratándolas con justicia. El trabajo de las mujeres a menudo pasa desapercibido, o no se valora lo suficiente.
  18. Si te molesta la existencia de un espacio no-mixto concreto, participa en uno que sea equivalente, mixto, y feminista (o en el que las mujeres sean bienvenidas), y si no existe cerca de ti, créalo.

Es posible pensar en más cosas, seguro. A ver cuáles se te ocurren a ti.