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Modos de lectura; o cómo recuperar el hábito.

Los medios de comunicación nos dicen a menudo (por si se nos olvida) que estamos perdiendo capacidad de concentración o de atención, si es que son cosas diferentes. Algunas madres amigas mías, que eran aficionadas a la lectura, no leen como antes por una mezcla de falta de tiempo y de adquirir aficiones que compiten con la lectura de libros. Destaca leer desde el móvil: redes sociales, mensajería instantánea… Desde mi experiencia de haber perdido el hábito lector y haberlo recuperado varias veces en la vida por causas muy diferentes, aquí dejo algunas ideas para ayudar a que vuelva.

En primer lugar, ¿qué es la atención? Voy a parafrasear a Héctor Ruiz Martín, a quien podéis leer aquí. Os lo recomiendo, tiene muchísima información en un formato ameno. Este profesor habla de la «memoria de trabajo», que es «el espacio mental» ocupado en una tarea determinada en un momento determinado. Ahora me estás leyendo, por ejemplo. La memoria de trabajo no es multitarea: si estás, por ejemplo, leyendo y a la vez viendo la televisión, tu atención pasará con una velocidad variable de una cosa a la otra, como haciendo zapping. Podrás hacer las dos tareas mejor o peor, pero nunca tan bien o tan rápido como harías primero una y luego otra. Lo que nos ocurre cuando nos cuesta mucho leer (y estoy simplificando un montón) es que tenemos poco control sobre qué está en la memoria de trabajo. Estamos leyendo y la mente «se nos va». El nombre técnico de la capacidad de no dejarnos distraer, si queréis rebuscar en el twitter de Héctor, es «control inhibitorio».

La excepción a la imposibilidad de trabajar en varias cosas a la vez son las tareas que tenemos muy automatizadas. Puedes hablar, mascar chile y caminar a la vez. En la lectura, hay una parte automatizada, que es el reconocimiento de las letras, el nivel más elemental (y sobre niveles de lectura tengo que hacer otra entrada).

Es decir: tienes automatizado leer y esa capacidad no se pierde, sólo has perdido la costumbre de leer un determinado tipo de texto y de no intentar hacer varias cosas a la vez. En mi experiencia, desarrollamos diversos modos de lectura según la ocasión, que no están basados en la longitud o dificultad del texto tanto como en nuestra intención.

  1. Buscar información específica. La «lectura en diagonal» buscando un dato. Imagina buscar tu nombre en una lista de premiados.
  2. Leer de forma rápida y superficial, generalmente por entretenimiento o para conocer el tema general de un texto o colección de textos. En papel, sería la lectura de prensa del corazón, de titulares de prensa, la relectura de una novela ligera. Casi toda la lectura que hacemos online es de este tipo. Cuando leemos estados de facebook, los comentarios a una foto de Instagram, una noticia sobre un tema que ya conocemos… podemos leer mucho tiempo seguido así, y podemos interrumpir en cualquier momento porque el texto es muy fácil o es una colección de textos muy breves.
  3. Lectura selectiva cuando estudiamos o necesitamos seguir unas instrucciones. Es la técnica que nos hace falta cuando queremos resumir o subrayar, cuando unas partes nos resultan familiares y otras no. También es la que necesitamos cuando somos investigadores (yo lo aprendí con la tesis) y estamos buscando en textos largos información que no es particularmente relevante. Es similar al primer modo, pero en textos complejos en los que nuestra tarea incluye comprender además de seleccionar.
  4. Leer poesía, sobre todo lírica, tiene su propia técnica porque es una lectura especializada de textos breves.
  5. Estudiar: una lectura que busca la memorización de textos normalmente largos.
  6. Leer por placer textos largos. Esta es la madre del cordero: fíjate que el problema no es hacer la misma tarea mucho rato seguido (seguro que puedes pasarte una hora leyendo titulares, tweets, estados de facebook), es que según vas leyendo, no puedas cambiar de tema porque si no, pierdes el hilo. A mí me pasó algo diferente cuando opositaba: perdí el placer de la lectura, porque como todo lo que leía eran temas de oposición (textos escritos por mí, muy cohesionados y de entre 2000 y 3500 palabras), se me fue la capacidad de leer sin concentrarme. Era como olvidarme de cómo se anda sin tacones altos.

Antes leías con una variedad de técnicas y has perdido alguna de ellas. Pero como se fue, puede volver. Y ahora, ya sí, los consejos.

  1. Busca momentos concretos para leer. No tiene por qué ser todos los días, pero sí que sea en las mismas circunstancias. Ayuda a leer más. Antes de nacer mi hijo, esos momentos eran el desayuno y el verano. Si te acostumbras a leer en un momento donde ahora coges el móvil o lo consideras un tiempo muerto, antes de que te des cuenta te habrás acabado un libro.
  2. Acostúmbrate a leer en ambientes con distracciones. El móvil o la televisión tienen una influencia demasiado poderosa, pero si tienes muchas obligaciones o un niño pequeño y esperas a disfrutar de un ambiente silencioso y apartado, no empezarás nunca. Puedes leer en el transporte público, en cafeterías, en el parque, en casa mientras el niño juega. Si puedes estar medio pendiente de varias pantallas de navegador a la vez, si puedes mantener a la vez varias conversaciones de Whatsapp, puedes leer mientras otros hacen ruido.
  3. Cambia de libro tan a menudo como lo necesites. Alterna entre varios y abandona los que no te enganchen.
  4. Busca lecturas ligeras o que sean naturalmente «fraccionarias». Algunas de las que he probado yo son libros infantiles, cuentos cortos, antologías de ensayo, y cómic. También puede servir la relectura.
  5. No tengas miedo a leer poesía. Una de sus ventajas es que los textos suelen ser breves.
  6. Haz listas. Digital o en papel, apunta lo que vas leyendo. A lo mejor es más de lo que piensas.

Lo que a mí me ocurrió es que cuando se me acabó la baja maternal, pensé que podía empezar un libro corto y leer mientras desayunaba, como siempre. Fue imposible y no he vuelto a leer desayunando con la misma regularidad, porque repasaba con el móvil los mensajes que no había contestado el día anterior, o simplemente no me concentraba, el libro no me apetecía. Tarde cuatro meses en leer 150 páginas, porque me atasqué en una escena, un poco porque era tan bello, tan triste, tan poético todo que mi cabecita posparto no se veía capaz de hacerle justicia como lectora. Ahora pienso que podría haber saltado tres páginas o cambiar de libro.

El año siguiente, según Goodreads leí 37 libros. ¿Dónde está el truco? En diversificar. Trece eran audiolibros. De los 24 restantes, ya ves qué cosa, dos al mes, solo ocho eran largos y unificados (novelas, biografía). Los dieciséis restantes, una combinación de infantiles cortos, poesía, cómic, cuento… Yo necesitaba recuperar el hábito, y para mejorar la confianza en que podría hacerlo, quería aumentar la cantidad de libros y leer lo más deprisa posible. En 2019, parecido. 47 libros, solo ocho que respondieran a la idea de «libro» que tienes en la cabeza: un texto ininterrumpido de más de 200 páginas. Este año, quiero aprovechar la necesidad de leer de forma interrumpida para leer el texto fragmentario más largo y más clásico que conozco: la Biblia. Por qué no, es otra mitología más.

Espero que estos consejos te sean útiles. Feliz lectura.

Qué he leído en 2019

Un estante con cómics, ordenados por tamaño y no por tema u orden alfabético porque si estuvieran bien colocados, no cabrían.

Este año ha sido una mejora en cantidad respecto al pasado, de 32 libros a 47 nada menos, y eso que los audiolibros han pasado de catorce a solo cuatro. Lo que no mejora es mi propósito de reducir la cantidad de libros pendientes, no porque haya comprado muchos (37) sino porque he leído mayoritariamente libros prestados. Sí, con todo lo que tengo en casa, qué le vamos a hacer, tenemos esas incongruencias.

Participé en un solo reto que no necesitaba mucho en cuanto a compras nuevas, el #LeoOrgullo, del que hice entrada en verano. Y he descubierto maravillas de la editorial Cerbero, de la que destaco el pequeño cuento casi infantil La Ladrona de Tomates, perfecto para una lectura en la playa.

A ver qué he leído: Como siempre, procuro que cada lectura sea lo más distinta posible que la anterior, si he leído una novela lo siguiente es un ensayo, y así. Sin embargo este año ha habido más más literatura de evasión (la suma de fantasía, terror y ciencia ficción antes se llamaba así y voy a recuperar la etiqueta porque PUEDO) porque me interesaban algunas novedades. He leído:

  • Diez novelas,
  • siete cuentos o recopilaciones de cuentos,
  • seis ensayos,
  • trece cómics,
  • cuatro poemarios,
  • tres biografías,
  • tres infantiles,
  • y una obra de teatro.
  • 24 libros escritos por hombres,
  • 20 libros escritos por mujeres.
  • Sólo tres autores repetidos: Javier fernández Panadero, Neil Gaiman y Arthur Conan Doyle. Qué trío, madre.
  • Sólo 18 libros de 16 autores que ya conociera antes de empezar el año. Lo de ampliar horizontes lo llevamos bien.
  • Varias novedades (para mí) que me han emocionado o me han gustado con locura: La hoguera de las vanidades de Wolfe, La Casa de Daniel Torres (una historia de la vivienda en forma de cómic), Debut de Christina Rosenvinge, Los Huéspedes de pago de Sarah Waters, Rialto 11 de Belén Rubiano.
  • Libros que me han decepcionado muchísimo, entre los que puedo mencinar Invisible Women de Caroline Criado-Pérez.

Y esto es todo. Ojalá pueda mantener un buen ritmo de lectura el año que viene, no ya por leer muchos libros sino por disfrutar de todo lo que tengo ahí quietecito esperando en las estanterías.

Orgullo, prejuicio y chelines: ¿cuánto vale el dinero de las novelas clásicas?

Cuando leemos un libro, o vemos películas o series de época, a veces se pierde la noción de la importancia de las cosas según su precio. ¿Cien denarios eran una fortuna, o una pieza de pan?(1). Esto llega al máximo cuando disfrutamos de la literatura y la historia de una cumbre del materialismo: Gran Bretaña, siglo XIX. En novelas, series, películas, biografías, constantemente se menciona el dinero, ya sean precios, salarios, rentas o posesiones. Si no tenemos ni idea del valor del dinero por entonces, nos estaremos perdiendo parte de lo que el público contemporáneo pillaba enseguida, igual que si escribo “un bar con las cervezas a tres euros” sabes dónde está y hasta la pinta del camarero.

Lo primero que hay que saber es que una libra son veinte chelines, un chelín veinte peniques, y que las guineas eran la unidad de venta de artículos de lujo concretos pero se acuñaron por última vez en 1813. En la época que nos ocupa, una guinea eran 21 chelines. Donde leas guinea, entiende “libras pagadas antes de 1800 o para comprar cosas especialmente caras”.

El dinero va perdiendo poder adquisitivo, pero no tan deprisa como en la época actual. Hay calculadoras online para decir “cuánto dinero de ahora mismo equivale a estas libras de 18 nosécuántos”, aunque ahora no tengo localizada ninguna. Una buena aproximación es que un chelín equivalía a cinco euros, pero hay que tener en cuenta algunas diferencias como que se daba un salto muy grande del precio de los artículos de primera necesidad a los de lujo, y que los salarios eran muy bajos. Es decir, el sistema estaba montado para que fuera difícil o imposible ascender de clase social solamente ahorrando.

Un peón podía ganar un chelín al día si iba por libre, pero tenía que pagarse casa y comida (un chelín cinco euros, 25 días de trabajo 125 euros, esto no cuadra con nuestro nivel de vida pero es que mucha gente era así de pobre). Una criada cobraba 10 libras al año como mínimo. Los criados bastante más. Una institutriz unos 25. El servicio doméstico tenía manutención también.

Veamos cómo funcionaba la cosa en las novelas de Jane Austen. Como es bastante antes que en la época victoriana, la versión fácil es que un chelín son unos 7 euros, más que 5. Una libra, cerca de 150€.

Primero Sentido y Sensibilidad: según empieza la novela sabemos que las tres Miss Dashwoods y su madre cuentan con 13.000 libras en total. Eso es más o menos millón y medio de euros… para cuatro personas que en teoría no pueden trabajar, porque lo único que pueden hacer es ser institutrices o algo parecido y eso las expulsa de la clase media. Ya no podrían ni quedar con sus amigos, ni casarse, y dificulta las posibilidades de matrimonio de las hermanas pequeñas porrque la familia entera pierde prestigio. 25 libras al año no merecen ese sacrificio. Las 13.000 libras se meten en el banco y se vive del interés, que son 500 libras (cómo sabemos esa relación lo veremos con Lizzie Bennett y el primo Collins, unos párrafos más abajo). Quinientas libras = 50.000 €. «Pues con 50.000 euros, cuatro personas de clase media viven bien». Ojo ahí. Para seguir siendo clase media necesitan criados (el sueldo de un hombre y una mujer, lo que coman, sus uniformes). Y lo importante es que ese dinero no va a crecer, y no tienen dote. Tienen lo justo para vivir. Al lado de esto, las 2.000 al año (unos 200-300.000 €) del Coronel Brandon son una salvación. Ahorrando un poquito se puede poner dote a la hija pequeña, y si Elinor nunca se casa, ella y su madre se apañan con algún regalo que les hagan los Brandon.

Ahora analicemos con más detalle Orgullo y Prejuicio. Personajes y narrador no paran de hablar de dinero. Primera cifra: Mr Bingley tiene una gran fortuna, es del norte de Inglaterra y ha alquilado una mansión que llevaba tiempo vacía. El lector de aquel momento lo sitúa socialmente al milímetro, y no está exactamente en la cumbre de la pirámide. Si ha alquilado una mansión y no se dice «Mr Bingley de Nosecuantitos Hall», no tiene tierras. Si es del norte, la fortuna puede venir de minas (no puede ser, porque no tiene tierras) o industria textil (bueno, aceptamos barco) o comercio internacional (que sería algo nivel «no hables de eso que estamos comiendo»). «4 o 5000 al año» = medio millón al año, mínimo. Es decir: Papá Bingley, que cuando empieza la narración está muerto, tenía una fábrica textil o plantaciones de caña de azúcar en el Caribe, porque era un poco pronto para hacerse rico de verdad comerciando con la India. Y hasta que no invierta una buena parte de ese dinero en comprar una mansión con terrenito, no formará parte de la auténtica buena sociedad pata negra.

Las hermanas Bingley «tenían una fortuna de 20.000 libras y gastaban más de lo que debían». Si las Dashwood obtenían 500 libras de sus 13000, las Bingley sacan 800 de sus 20000. Eso sí: como una de ellas vive con su hermano y la otra está casada, ese equivalente de 100.000€ se lo pueden gastar entero en caprichos. No es la mejor idea posible porque no saben si van a tener seis hijas cada una, y a ver de dónde salen esas dotes.

  1. Vamos a ver a la familia Bennett. Disponen de: Las tierras, que van a pasar al primo Collins porque lo dice el testamento de quien se las dejó a Mr Bennett. Sí, estar atadas a la línea masculina no era una condición legal de las tierras a estas alturas sino una condición que se podía poner en los testamentos.
  2. 2000 al año, es decir unos 300.000€, más que suficientes para vivir con discreción y además ahorrar para dejarle dote a las niñas. Se insiste en que no les ha dado la gana (algunos detalles caros: libros, profesor de piano, nunca es un problema comprar ropa nueva, caballos)
  3. Las 4000 libras (total, no renta) de Mrs Bennett aportan un interés de 160 al año = unos 20.000 euros. Al nivel de vida de la clase media acomodada es poco dinero, pero en 15 años de ahorro tienes 2.400 para la dote de una hija. Casas a la mayor o a la más guapa con el hombre más rico que puedas encontrar, y los contactos y el prestigio de esa unión facilitan las bodas (y la supervivencia) de las demás. Esto la novela no te lo explica, lo sobreentiende.

Por eso se insiste tanto en que Mrs Bennett es tonta (y mala madre por mimar en exceso a sus hijas), que Mr Bennett pasa de todo (y es un mal padre porque no ha sabido gestionar su casa) y por qué las tres mayores han tenido una educación excelente: una buena cultura general y saber música o canto te hacen quedar mejor en fiestas donde conseguir un novio. Pero eso, que estaría muy bien si hubieran tenido un hermano para que heredara la fortuna familiar, sirve para muy poco cuando todo el mundo sabe que tú sola eres pobre, que lo único que tienes es tu apellido. Esto se lo restriega el primo Collins a Lizzie, en lo que en términos austenianos es de los peores insultos de su obra: «sé que lo único que tienes son mil al año al cuatro por ciento». Ese “cuatro por ciento” se menciona de pasada en otros lugares como el interés más habitual que te daría un banco por tener tu dinero quieto. En este caso son 40 libras al año, y con eso Lizzie no tiene ni para pipas. Al contrario que su hermana Mary, le faltan habilidades para ser institutriz. Lo tiene realmente crudo, y no hacía falta recordárselo. Ya sabéis algo más sobre por qué es odioso el primo Collins: no es que hablar de dinero sea ordinario, es que la está llamando muerta de hambre.

Ahora, los Darcy. Las 10.000 libras al año de Mr Darcy son una cantidad simbólica de OH DIOS MÍO ATENCIÓN CHICAS, ESTÁ PODRIDO DE PASTA. Alrededor de un millón de euros al año. Es verdad que en pagar criados, coches de caballos y todo eso se va bastante. La fortuna (no renta) de Miss Darcy son 30.000 libras, que dan 1200 de interés al año.

Terminemos con la cuestión de cuánto dinero era suficiente para tener el estilo de vida de los personajes principales, y por qué son importantes las maquinaciones de Wickham. Resumiendo, Wickham tiene una herencia modestísima, apenas suficiente para hacerse un hueco en la clase media. Pero él no ha nacido para trabajar, e intenta seducir a Miss Darcy. Cuando no le funciona, le echa la caña a Lizzie Bennet hasta que descubre que es pobre (la educación de ella engañaría a cualquiera) o tal vez solo quería jugar. Dejando a un lado cuestiones morales, fugarse con Lydia es un grado de irresponsabilidad absurdo, porque no puede beneficiarle económicamente, y el único sentido de escaparse juntos es casarse. Cualquier otra cosa podrían hacerla a escondidas Tal vez solo le importe pasárselo bien un rato y abandonarla.

Los Bennet y sus íntimos saben muy bien qué necesita Lydia para sobrevivir y qué puede llegar a pedir Wickham. Tomemos información de otras novelas. Las tres hermanas Dashwood y su madre (Sentido y Sensibilidad) vivían muy justas con 500 libras al año. Edward Ferrars y Elinor Dashwood se casan y se las apañan con 450 al año. El coronel Brandon se casa con Marianne y 2000 al año es desahogado. Nos queda bastante claro que con 500 al año sobrevives si eres clase media; las mujeres son un partidazo muy serio nivel «solo se casa con ella por su dinero» a partir de unos 1000 al año. Los hombres puede asegurar una vida cómoda a su familia con unos 2000. Ahora sabemos que los 1200 al año de Miss Darcy son suficiente para un matrimonio responsable o comenzar un negocio, pero quizá no suficiente como para darse la gran vida, que es lo que Wickham querría.

Sigamos. Cuando Wickham pone condiciones económicas a Mr Bennett para casarse con Lydia, quiere las mil de ella, que le tocan porque las heredaría de su madre, y cien más de renta. Eso suma 140 anuales, un tercio de lo que necesitan para sobrevivir. El padre no se lo cree: «Wickham es imbécil si se la queda por menos de diez mil». ¿por qué esa cifra? ¿Porque es redonda? No, porque la renta de 10.000 son 400 y es la cantidad mínima con la que Wickham podría vivir sin trabajar. Y tachán: se da a entender que precisamente 10.000 es el soborno que le da Darcy.

Se dice muy al final que cuando Mr Bennett le pasa cien al año a Wickham, no es mucho más de los que le costaba mantener a su hija, entre criarla y que la madre le pagaba todos los caprichos. En una familia con unos ingresos modestos, esos 15.000 en dinero moderno es una barbaridad.

Para terminar, se dice que Wickham tenía mil libras en deudas. Además de decir que equivale a unos 100.000 euros, una cantidad que no nos cabe muy bien en la cabeza, también podéis calcular que un profesional modesto vivía con 500, uno acomodado con 2.000. Es un poco como gastarse el doble del sueldo anual de un profesor de hoy día. Por si tenéis curiosidad: un hombre que se gastara demasiado dinero en cosas inconfesables se lo dejaba en alcohol, prostitutas y juegos de azar. Si el hombre en la novela enferma o muere, se sobreentiende que más lo primero que lo último.

(1) Sabemos gracias al edicto de precios máximos de Diocleciano, de 301 d.c., que 50 denarios era el jornal diario de un trabajador cualificado o la tarifa mensual por alumno de un maestro de enseñanza elemental. Con 100 denarios podías comprar unas botas. Gracias a @Carmen_caesaris por facilitarme el documento.

Día de las escritoras

El lunes más cercano al 15 de octubre, día de Teresa de Ávila, es el Día de las Escritoras, por una iniciativa de la Biblioteca Nacional. Me pregunto si también es el día de las escritoras que han dejado de escribir. Y es que es el día de muchos tipos de escritoras.

Día de las escritoras que no creen ser lo bastante buenas.

Día de las escritoras con tres manuscritos sin publicar.

Día de las escritoras de diarios en forma de notitas. Día de las escritoras de hilos de tuiter, de cuentos para sus hijos, de cartas, que no se consideran escritoras.

Día de las escritoras de un libro firmado por otro. Día de la publicación con seudónimo o con iniciales.

Día de las escritoras que escriben Juvenil porque «las mujeres no escriben fantasía ni ciencia ficción».

Día de las escritoras que escriben cuando el niño se ha dormido.

Día de la única escritora reconocida de su estilo, país o generación. Día de la Pitufina.

Día de «es demasiado personal», «es demasiado corto», «es demasiado pesado» «es demasiado específico» y «lo escribí hace demasiado tiempo».

Día de que el género literario que te interesa no sea ni prestigioso ni comercial. Y es cosa individual tuya, por supuesto.

Día de no conseguir publicar. Día de publicar y que no te hagan promoción. Día de que la editorial no te promocione y la crítica no te haga caso. Día de ser una adelantada a tu tiempo y de haber nacido una generación demasiado tarde.

Feliz día a todas.

Reto de lectura LGBT: #LeoOrgullo

Me enteré de que había salido, con motivo del mes de reivindicación de los derechos LGBT, un reto de lectura muy amplio que consiste en leer libros escritos por autores no heterosexuales, o con temática relacionada con este tema. Me encantan los retos de lectura, los he hecho geográficos, por orden alfabético, por géneros literarios, de todo tipo. Son una buena manera de dar variedad a lo que se lee. Y la verdad es que estas iniciativas hacen falta, porque creo que no es casualidad que casi todas mis lecturas han sido de editoriales muy pequeñas. Así que en junio y parte de julio he leído lo que tenía por casa y alguna compra más. Esta ha sido mi experiencia.

1 36, Nieves Delgado. En Editorial Cerbero. No suelo leer ciencia ficción y todo lo que recuerdo son distopias, así que me falta base para hacer una buena crítica. Me ha gustado, tiene un planteamiento original y una historia que engancha. Recomendable: para quien ya le guste la ciencia ficción, para quien quiera experimentos con la identidad de género.

2. Vida en Martes, de Beatriz Sevilla, en Episkaia. Poesía con un poco de hilo conductor: una semana en la vida de una mujer recién independizada, superada por la adultez y la vida en general. A ratos bonito, a ratos terrible. Se lee rápido, pero luego deja poso. Es un libro extraño por cuánto revela. Cuando decimos «soy un desastre», o «la vida es una mierda», casi siempre es con humor o con rabia; Beatriz no. Solo lo suelta, de la manera más aséptica posible, cuando no parece que esté en plena crisis de ansiedad. Da un poco de pudor, una sensación de «yo no debería estar enterándome de esto» o de «ah, que no me ha pasado solo a mí». Qué valor requiere verbalizar, echar fuera y luego encima compartir tantos temores. Recomendable: muchísimo.

3. Los huéspedes de pago, Sarah Waters. NoveLÓN. Esta autora nunca sé por dónde va a salir, tiene las historias más entretenidas y las más deprimentes que conozco. Esta en una intriga magnífica, a ratos un poco lenta. Una de las cosas que más me han gustado es cómo se describe la relación entre las varias mujeres sáficas que aparecen (uau, una novela con más de un personaje LGBT): amistad, recelo, enamoramiento, la comodidad de una relación amorosa ya hecha rutina. Y también cómo la autora se transforma para escribir al estilo de la década en cuestión. Recomendable: si te gustan los novelones tochos que se tarda un verano en leer, y las películas clásicas a lo Hitchcock.

4. A Tale for the time being, Ruth Ozeki (en español tiene el absurdo título de El Aleteo de una mariposa en Japón) entra en el reto por los pelos, porque un personaje secundario es bisexual y esa es una de las causas de que la narradora la admire, pero no tiene ningún efecto sobre la trama. Su mayor defecto es que es un poco lento y repetitivo. Es muy triste, y no se lo recomiendo a quien esté deprimido o tenga ideas suicidas. Hace un uso brillante de perspectivas múltiples y de saltos atrás en el tiempo.

5. Good Omens. Da igual si consideramos a Aziraphale y Crowley asexuales, homosexuales, aces enamorados… entra en el reto. No puedo decir nada que no esté dicho ya. Es un libro maravilloso, del que ya hablé en mi guía de lectura a Neil Gaiman.

6. Los deseos afines, VVAA. Es una recopilación de cuentos africanos con personajes LGBT. Es muy variada en enfoques y temáticas. Los cuentos casi se dividen en «tristes» y «encuentros sexuales casuales». De los más sexys solo me gustó uno. De los tristes, variaba mucho. La verdad es que no me ha dejado con ganas de investigar a los autores de cada cuento.

7. Vidas Trans, VVAA, ed. Antipersona. Una recopilación de ensayos autobiográficos que sirve como introducción mínima a la situación y los problemas de las personas trans en España. Cada ensayo tiene un tema; por ejemplo el de Alana Portero es sobre el trabajo y el de Atenea Bioque, sobre el sistema médico. Sabe a poco porque es muy corto (no llega a cien páginas) y bastante básico, pero precisamente así debe llegar a más gente que no sabe nada sobre esta cuestión. Recomendable: mucho.

¿Por qué leer libros escritos por hombres?

En esta época de ferias del libro surge otra vez la discusión sobre si leer a autoras porque sí, porque si no hacemos un esfuerzo consciente se las ningunea y olvida, o porque aportan un punto de vista «nuevo» o «diferente». ¿Pero diferente de qué? Llevamos con este mismo tema dos siglos, aunque antes se trataba de que había temas sobre los que una dama no debía escribir. Y hablemos claro: no es que las mujeres escriban sobre temas muy nuevos o con estilos muy característicos, sino que los temas favoritos de muchos autores hombres están deshilachados de tanto uso.

He leído a autores hombres, en narrativa, en poesía lírica y en ensayo, hasta que sus problemas e intereses se me han salido por las orejas. La vida es corta, y mi tiempo, limitado. Hay cosas que no quiero leer más veces. Y esta es una lista parcial:

  • No quiero leer más veces a fans de Neruda. Quiero decir que no quiero leer más veces la visión poética del sexo heterosexual presentada por un hombre joven con el mismo dialecto que yo. No quiero leer un desglose de las partes del cuerpo de una mujer joven. Y de verdad, lo más importante: no quiero leer más petrarquismo, en serio, ya me he enterado de qué os gusta y lo que os frustra.
  • No quiero leer más veces otro remake de Grandes Esperanzas. No quiero leer otra vez que el mayor problema de un varón blanco heterosexual occidental joven y guapo es ser de clase obrera, y quiere dejar de serlo. Tampoco quiero volver a leer que desea casarse/acostarse con una mujer más rica que él.
  • No quiero volver a leer personajes femeninos que solo son símbolos de estatus. La esposa amable pero imperfecta, la amada inalcanzable que simboliza sus ansias de superación, la pareja de su amigo que simboliza quién ha triunfado en la vida.
  • No quiero leer novelas protagonizadas por un hombre cuyo mundo interior se desmenuza hasta lo subatómico sin que sepamos nunca qué aspiraciones tienen los personajes femeninos. Están ahí, eso basta.
  • No quiero leer novelas en las que el protagonista tiene un bajón que se supera teniendo una relación sexual o romántica con una mujer joven y bella.
  • No quiero leer cómo un hombre blanco viaja a lugares exóticos, se siente un poco fuera de lugar, conoce a una bella mujer exótica, y cambia a mejor la vida de los que le rodean antes de volver a casita.
  • No quiero leer ningún libro en el que sea clave la muerte de una mujer antes de que comience la acción principal. Especialmente si esa mujer no tenía una sexualidad socialmente aceptada.
  • No quiero leer que tu madre no estaba ahí para ti. Sobre todo si estaba muerta.
  • No quiero leer que tu padre era un héroe para ti hasta que lo pillaste bostezando y entendiste que no era más que otro señor mayor, muy cansado.
  • No quiero leer que el miedo a no dar la talla, el miedo al rechazo social, o un rechazo amoroso, han sido las experiencias más traumáticas de tu vida. Y así durante trescientas páginas.

Virginia Woolf habla en una Habitación Propia de la sensación maravillosa de leer en una novela «A Chloe le gustaba Olivia», es decir, una mención de pasada y sin mayor importancia de una amistad femenina, algo poco frecuente en los clásicos escritos por hombres. Han pasado noventa años y seguimos como Woolf: explicando que leemos a mujeres porque hablan de nosotras. Hablemos más de que la tendencia de algunos hombres de contarnos siempre, una y otra vez, la misma historia más que superada.

Panteón.

Nos asiste la Santísima Trinidad
de la almendra, la grasa y el cacao.
Su sustento continuo, su cíclico consuelo.

La fuerza de las hermanas mayores
y los bajistas
que dan ritmo y forma a los días,

Los amaneceres.
La búsqueda del único hombre bueno.
Lo que sueñan los bebés dormidos,
Lucien,
Jane Austen,
un buen plato de lentejas.

Lecturas de 2018.

Hace mucho tiempo que mi principal reto lector no es leer una cantidad de libros, sino «reducir la pila de libros pendientes». Durante mucho tiempo, eso ha significado tener el autocontrol de no comprar los libros de 15 en 15. Leía unos 50-70 libros al año, todos físicos y muy pocos prestados. Más recientemente, ha habido cambios muy grandes en mi manera de leer. Para empezar, leo la mitad que antes porque no tengo tanto tiempo libre. También leo mucho prestado y escucho audiolibros.

Este año he adquirido 20 libros de papel. Tres son ensayos sobre desarrollo infantil; cuatro son cómics; dos son infantiles; dos, poesía; tres, ensayo. Los demás son narrativa.

He leído 32 libros, de los que nada menos que catorce, casi la mitad, han sido audiolibros. Los escucho en inglés, con auriculares, camino del trabajo, y mientras limpio la casa. Soy muy conservadora con ellos, porque necesito un lector que me guste mucho para entenderlo bien y no aburrirme. Neil Gaiman tiene prioridad sobre cualquier otra cosa; si hay algo en audio suyo que no haya escuchado, no hay «lista de pendientes» que valga. También me vale en radioteatro, aunque algunas voces puedan ser más difíciles de entender. Este año he escuchado cinco libros suyos, algunos de los cuales aún no tengo en papel. Y de aquí sale uno de mis libros favoritos del año, que es su versión de los mitos nórdicos. El segundo autor importante de mis audios ha sido Arthur Conan Doyle en la versión de Stephen Fry. Fry es un lector excelente al que le gustan los proyectos ambiciosos; ya leyó los siete libros de Harry Potter y aquí no solo lee todo Sherlock Holmes sino que además pone prólogos mezclando comentario a las obras con su experiencia personal como aficionado sherlockiano desde niño.

Sobre los otros audiolibros que he escuchado, The Power tiene una voz por cada punto de vista (tres o cuatro voces en total, es llevadero) y son tan buenas que me gustó más que en papel. Call me by your name… bueno, se lee y se escucha como poesía lírica amorosa. Es mucho de golpe. Casi prefiero la película, o escuchar trocitos sueltos. Y Food era un podcast de antropología e historia de la alimentación, muy entretenido.

Los libros en papel no siguen más lógica que una manía: que cada uno sea lo más distinto posible del anterior. Después de cómic, poesía. Después de una novela ligerita, un ensayo sesudo. Así han caído:

Sólo dos de poesía, Poemanuario, de Loli Molina Muñoz y Nieve antigua de María Sotomayor. A ver si el año que viene leo más libros completos en vez de coger y soltar.

Cuatro cómics, que quitando Sandman tenían en común ser tristones.

Un par de biografías: Fugas de James Rhodes (aún no he leído Instrumental, he empezado por el final) y Léxico familiar, de Natalia Ginzburg, que me aburrió. Lástima.

Casi todo lo demás tenía en común ser narrativa de lectura bastante fácil, con la excepción de Jonathan Strange y Mr Norrell, que aunque fuera una lectura fluida y maravillosa, al ser tan largo a ratos se me atascaba. O simplemente era demasiado grande para llevármelo a la cama  o meterlo en el bolso.

No puedo prever si el año que viene leeré más o menos. Todo dependerá de qué tal nos las apañemos con el cuidado del nene, que ya no es un bebé pequeñito.

Esta fruta

Esta fruta
que pudo haber sido
metáfora del deseo, de lo prohibido
en épica, en lírica,
en canción.

Esta fruta
que tal vez pudo haber sido
metáfora del descanso tras el trabajo
que con un poco de esfuerzo y originalidad
habría incluso ejemplificado
una explotación neocolonial.

Esta fruta no satisfizo sus ansias
de llegar a musa.

En su lugar se la comió
una madre que despertó tres veces en la noche
(de la segunda ni se acuerda, medio sonámbula)
y comió sobras calentadas
tras una mañana
que incluyó juegos en la plaza
y no recuerda poemas
sin gatitos ni trenes.
Fue compartida con un niño
que pedía MÁS
y aún no sabía
decir CIRUELA.

Neil Gaiman, segunda parte: guía audiovisual.

Los protagonistas de la adaptación televisiva de Buenos Presagios (en preparación)

En el post sobre Neil Gaiman hablé de su producción escrita, que es mucha y variada. Aquí hablaré de la audiovisual, que también tiene miga. Como la vez anterior, no es una guía completa, solo lo que me parece más interesante.

Los audiolibros.

Que yo sepa, todos los libros de Gaiman (los cómics no, claro) están disponibles en inglés en forma de audiolibro. Casi siempre los lee él (hay excepciones como la edición de Coraline que lee Dawn French). Tiene una voz bonita, una dicción clara, y un acento británico suavizado por décadas de vivir en Estados Unidos. Es perfecto si estas empezando a escuchar inglés sin apoyo visual, como subtítulos. Aquí un vídeo para que te hagas una idea:

(Resumo; Neil cuenta qué tres libros le cambiaron la vida, y son las Crónicas de Narnia, Stormbringer de Michael Moorcock y el cómic de Alan Moore La Cosa del Pantano)

Yo es que soy muy fan, pero de verdad, hay cosas de Gaiman, sobre todo los cuentos, que mejoran cuando las lee. Tengo por ahí una actividad nivel A2 con The Day I Swapped My Dad For Two Goldfish que… pero bueno, sigamos.

Música.

An evening with Neil Gaiman and Amanda Palmer y A Prelude to an evening with Neil Gaiman and Amanda Palmer (2011-2012). Neil y Amanda se fueron de gira y combinaron los espectáculos de ella con las lecturas de él en un show mixto. Hay canciones de Amanda Palmer, populares e inéditas hasta el momento; colaboraciones de ambos en canciones cómicas; Gaiman leyendo cuentos, alguno inédito, y algún poema también; diálogo humorístico; interacción con el público. Es larguísimo todo, casi siete horas en total. También me parece una buena introducción a Amanda Palmer, con arreglos que me gustan más que algunos de los discos originales.

Radioteatro.

La diferencia con los audiolibros es que son versiones para la radio, resumidas, con actores para los diversos personajes. Todas son de la BBC. Son muy entretenidos pero más difíciles de entender que un audiolibro porque te tienes que hacer al acento de cada actor, y en algunos casos varían muchísimo.

Neverwhere (2013): Dramatización de la novela. El acento escocés del actor que hace del protagonista, James McAvoy, puede echar para atrás pero dentro de lo escocés es bastante accesible. También están Natalie Dormer, Sophie Okonedo, Benedict Cumberbatch… toda una superproducción. 6 episodios de unos 45 minutos (es decir casi 4 horas; el libro leído son casi 14, para que te hagas una idea de lo resumido que está).

Anansi Boys (2017). Lo tengo a medio escuchar. Es muy entretenido. Han puesto cuidado en dar papeles a actores y actrices con acentos representativos y auténticos, más o menos (africanos, caribeños),  y a veces puede ser un poco difícil de seguir si no estás acostumbrado. Después de un episodio lo pillas bien.

How the marquis got his coat back (2016): un cuento situado en el mundo de Neverwhere. El original solo está disponible en una antología de temática picaresca editada por George R. R. Martin, Rogues, y en algunas reediciones nuevas de Neverwhere.

Stardust (2016) y Good Omens (2017): No las he escuchado y los actores no son muy famosos, pero aquí os la dejo para que sepáis que existen.

Ahora las cosas que puedes ver dobladas.

Televisión.

American Gods (2017). Adaptación de la novela. El libro da pie a según lo interpretes a más humor, más terror… la serie lo coge todo por un lado más de sexo-y-violencia. Alguien lo interpretó como influencia de Juego de Tronos; a mí estas cosas siempre me parecen un intento de conseguir prestigio atrayendo público más adulto. En cualquier caso, yo aviso. Me encanta el libro, pero no pasé de un capítulo de la serie. Demasiado violenta para mí.

Cine

Por orden de edad recomendada de visionado, como siempre.

Coraline. (2009) Adaptación de cuento infantil. Una película buenísima aunque odio el final (no quiero reventártelo, pero es distinto del libro).

Mirrormask / La máscara de cristal (2005): Guión. Dirigida por el ilustrador Dave McKean. No está basada en una historia original. Tiene un aire a película de fantasía de los 80, con efectos especiales cutrecillos y mucho encanto.

Stardust (2007). Adaptación de novela infantil-juvenil. Recuerda, de nuevo, a historias del tipo de La Princesa Prometida. Cine de palomitas del mejor.

Beowulf (2007). Guión, a partir de poema épico del S XI (aprox). Se toma muchas libertades con el texto del poema y la estética, en fin, se hace rara. A mí me gustó pero no soy imparcial.

En preparación están una serie y una película. La serie se basa en Buenos Presagios y es de la BBC. Gaiman adapta su novela coescrita con Terry Pratchett y produce. Se emitirá en 2019. La película es una adaptación de su cuento How to talk to girls at parties y se estrena en primavera. El cuento es divertidísimo así que sin saber más, me parece recomendable.

Hala, ya podéis ir buscando algo para ver o escuchar, que hay mucho donde elegir.