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James Joyce, una introducción.

james-joyce-640James Joyce mirándote fijamente.

Esta semana ha sido el «Bloomsday», un día celebrado por los fans de James Joyce porque… bueno, eso luego.

James Joyce es el mejor escritor en inglés de la literatura irlandesa (Oscar Wilde no cuenta), y junto con Virginia Woolf, el mejor autor de prosa de las vanguardias de principios de siglo. He dicho. Su obra no es muy abundante, debido a su perfeccionismo, sus problemas de salud, y que por falta de éxito comercial tuvo que trabajar en otras cosas casi toda su vida.

A continuación un repaso, no de sus obras completas sino de las que a mí me parecen interesantes o recomendables, con algún toque biográfico.

Dublineses (Dubliners, 1914). Hay varias traducciones al español y la de Alianza no está mal. Es una colección de cuentos que en su momento fueron considerados naturalistas, situados alrededor de una década antes de la fecha de publicación. Pretenden denunciar lo que para el autor era la parálisis en la que vivían los dublineses. En muchos cuentos algún personaje quiere hacer algo y ni lo intenta, o sale mal. La intención es reflejar este proceso en todas las edades: cuentos sobre la infancia, juventud, madurez, y el último, The Dead, «Los Muertos».

  • Recomendado si: te gustan el naturalismo, el realismo muy contenido, las películas donde «parece que no pasa nada», la precisión lingüística, los finales tristes.
  • Películas: The Dead (1987) de John Huston es fabulosa. Digamos que es como El Festín de Babette pero al revés: una fiesta donde las buenas intenciones se quedan en nada. Todo sutileza.

Retrato del artista adolescente (A Portrait of the Artist as a Young Man, 1916). Recomiendo la traducción de Dámaso Alonso, disponible en Alianza y también en RBA. Alonso consultó sus dudas al traducir al propio Joyce. El Retrato pertenece a un género literario muy concreto: el Künstlerroman. Bildungsroman es una novela sobre el paso de la juventud a la madurez; por ejemplo, Jane Eyre, o por decir algo mucho más moderno, El Juego de Ender. Lo vemos mucho en películas, se me ocurre El Indomable Will Hunting. Künstlerroman es una historia así pero con un artista, que pasa de la niñez a la juventud, o de la juventud a la madurez, y descubre su destino de artista. Un ejemplo inglés muy optimista es David Copperfield. El Retrato es una Kunstlerroman terriblemente cínica, que machaca pero bien a su protagonista, Stephen Dedalus, un alter ego del autor, que aprovecha la distancia de sus treintaypocos años y su absoluto convencimiento de su genialidad para burlarse, y mucho, de cómo era él de jovencito. Un pringao. Muy, muy pringao.

No es una novela fácil de leer, sobre todo las primeras páginas. No está en primera persona, pero sí en un estilo indirecto en el que el narrador se adapta al lenguaje que utilizaría Stephen en cada momento de su vida. Así que al principio, se expresa como un niño pequeño.

  • Recomendado para: aficionados a literatura vanguardista y juegos retóricos sin pasarse mucho. Interesados en novelas sobre adolescencias cutres.

Ulises (Ulysses, 1918-1922). Hay varias traducciones, al menos tres. Esto son ya palabras mayores y aquí está el Bloomsday del principio. Toda la novela, y es bien larga, ocurre en un solo día: 16 de junio de 1904. Según a quién le preguntes tiene uno o dos protagonistas. Yo interpreto que son dos: Stephen Dedalus de nuevo, pobre mío, y Leopold Bloom, un comercial que trabaja en un periódico, captando anunciantes.

La novela tiene 18 capítulos, más o menos uno por hora con un salto atrás: primero leemos la mañana de Stephen, y el capítulo 4 salta tres horas atrás y el día vuelve a empezar con Leopold. Los dos están juntos desde el capítulo 15. Aquí hay una guía que puede facilitar la lectura, y en inglés recomiendo la edición anotada de Penguin. Cada uno de los capítulos está escrito en un estilo diferente, y sin embargo son extrañamente coherentes. Para mí destacan el 4º, que no es muy difícil de entender y hace que Bloom te caga irremediablemente simpático; el sexto, tristísimo, casi todo él un monólogo interior de Bloom en el cementerio; el 14º, en el que se hace un paralelismo entre un parto y la historia de la lengua inglesa, parodiando estilos de autores clásicos desde la Edad Media; y el último, un intento de reproducir el pensamiento libre, sin reglas gramaticales, de la mujer de Bloom justo antes de quedarse dormida.

  • Recomendado si: te gustó El Retrato del Artista Adolescente y quieres más.
  • Película: hay una protagonizada por Stephen Rea en el papel de Bloom (Bloom, 2003, dirige Sean Walsh) que no está mal, pero su estilo completamente realista, por más que sí recoja los acontecimientos, no refleja lo que el libro transmite. Puede que un buen orden sea leer el Retrato, ver esta película, y entonces leer Ulises porque ya vas a entender el argumento mucho mejor.

Finnegans Wake. Lo comento sólo como curiosidad. Es una obra experimental. El Retrato y con más profundidad Ulises juegan con el estilo, el punto de vista, y un poco, sólo un poco, con la sintaxis, pero no modifican el lenguaje: son novelas enteramente escritas en inglés perfectamente reconocible, con alguna licencia. Finnegans Wake no. Empieza así: » riverrun, past Eve and Adam’s, from swerve of shore to bend of bay, brings us by a commodius vicus of recirculation back to Howth Castle and Environs.» Es decir: cada palabra es un juego de palabras, una alusión o ambas cosas. A pesar de su enorme dificultad, es curioso leerlo en voz alta, o escucharlo.

  • Recomendado para: joyceanos recalcitrantes.

Biografías de Joyce: Comento tres:

  • La de Ellman. Un tocho inmenso, casi 750 páginas en mi edición, sin contar las notas al final. De Ellman tengo atascada la biografía de Oscar Wilde. Escribe de una manera fácil, pero con tantos, tantos datos que me pierdo. De nuevo: para estudiosos, recalcitrantes, y fans-muy-fans de leer biografía.
  • Dublinés, de Alfonso Zapico. Un cómic muy ameno y recomendable.
  • Nora, película de Pat Murphy protagonizada por Ewan McGregor y que se centra en la relación de Joyce con su mujer. No está mal. No la veas si no te gusta mucho McGregor.

Para concluir: Si te han dicho que James Joyce es un clásico y que hay que leerlo y bla bla bla, o si tienes curiosidad por lo que acabo de contarte, un orden cronológico te va a ayudar porque Joyce asume que conoces las obras anteriores. Incluso hay personajes de Dublineses que repiten en Ulysses. Además, el nivel de dificultad y de retorcimiento del lnguaje es progresivamente mayor. Busca ediciones anotadas y resúmenes online; algunos profesores universitarios odian esas ayudas porque como toda interpretación, son discutibles, pero muchos necesitamos las pistas que dan.

Para terminar con la aplicación en educación secundaria: creo que Dublineses puede estar al alcance de un nivel 2º de Bachillerato al que guste mucho leer y quiera iniciarse con la literatura adulta. Y también el cómic de Zapico.

 

Dickens: un mapa para entrar en el bosque.

lizzie hexamIlustración original de Our Mutual Friend por Marcus Stone. Los Hexam pescan restos en el Támesis.

Charles Dickens es un autor incomprendido. Fue muy popular en su tiempo, más adelante criticado por ser demasiado sentimental y simplista en su visión de problemas sociales, y más adelante recuperado sobre todo como autor infantil. Casi todo el mundo lo conoce como “el autor de Oliver Twist” y de ahí se generaliza a “libros juveniles, protagonistas niños, problemas sociales, finales felices”. Bueno…. ahí aciertas más o menos la mitad.

En este novelista tan prolífico (catorce novelas, media docena de novelas cortas o cuentos, una vida entera de periodismo) se entrecruzan varias tendencias: el humor con tintes grotescos, el melodrama, y la preocupación por la reforma social. Dickens aprendió a escribir novelas desde el periodismo, y según mejora la calidad de la estructura de sus novelas, se aprecia cómo se va volviendo más pesimista y más interesado en cuestiones globales que en las aventuras de personajes individuales. Por eso, hacia el final de su obra no todos los finales son positivos (alguna novela de juventud tampoco termina bien).

Es muy importante también que todas sus novelas se publicaron por entregas. Una novela se publicaba normalmente en 20 entregas mensuales, es decir, cosa de año y medio. Y Dickens al principio escribía sobre la marcha, sin saber dónde iba a llegar, por lo que controlaba muy bien la estructura de cada entrega pero no tanto la de la novela completa. Como un guionista actual de series.

Con tantas novelas donde elegir, ¿por dónde empezar? Las voy a separar en los clásicos imprescindibles, las joyas poco conocidas y las que mejor que continúen en el olvido de las obras menores. Los números indican orden y año de publicación.

 Los clásicos:

Oliver Twist. (2; 1839) La que todo el mundo conoce, y quizá por eso malentendida como la más representativa. ¿Niño protagonista? El primero de dos… en una carrera con catorce novelas. ¿Ambientes marginales? La única novela que muestra el mundo de la delincuencia. ¿Fábricas, el efecto de la revolución industrial? Una de tres novelas en las que se habla, más o menos y tampoco mucho, de industrialización. Oliver Twist empieza satírica, irónica, escrita por un Dickens cercano al periodismo. Y según fue escribiendo, cambió hacia el modo que lo hizo más popular: sentimental y melodramático. Parecen dos novelas en una. Hay que leerla aunque sólo sea para darte cuenta de que no es un libro para niños.

Cuento de Navidad (A Christmas Carol, 1843) no me gusta mucho, quizá por haber leído/visto/escuchado demasiadas veces. Eso sí, es el único de los cuentos de navidad que merece la pena. Hay cuatro más.

David Copperfield (8, 1850). Probablemente la mejor. Empieza como alguna de las novelas de juventud, como la biografía de un muchacho desde que nace o se queda huérfano, pero se diferencia de ellas en que el sentimentalismo está más controlado, el autor sabe desde el primer momento a dónde nos quiere llevar, y los argumentos secundarios no se van por las ramas. Tiene algunos de los personajes mejor descritos de toda la carrera del autor, particularmente Mr Murdstone, el malvado padrastro del protagonista.

Casa Desolada (Bleak House, 9, 1853). Aunque tenga su mérito, no es de mis favoritas. Desde el punto de vista formal, un experimento: alternan un narrador impersonal que escribe en presente en vez de en pasado, con una narradora en primera persona, que es más un personaje secundario testigo de lo que ocurre que una protagonista. El argumento: cómo un pleito que se eterniza destruye una familia. Muy pesimista, y con un catálogo de secundarios que no se acaba nunca.

Tiempos Difíciles (Hard Times, 10, 1854). Una de las más cortas y quizá por eso muy buena para empezar. Es la única que habla algo, y no mucho, de la revolución industrial, pero es apenas una excusa para criticar el pensamiento de la época y no el sistema económico. El problema para Dickens no era la industria o el capitalismo, sino el énfasis en lo utilitario y no en, digamos “valores humanos”. Es significativo que vemos por dentro con más detenimiento una escuela que una fábria (las otras novelas que hablan de educación son Nicholas Nickleby, Dombey e Hijo, David Copperfield, Grandes Esperanzas y Our Mutual Friend)

La Pequeña Dorrit (11, 1857) tiene cierta relación con Casa Desolada porque es otra historia con gente que está esperando, esperando, sin hacer nada. Amy Dorrit, la “pequeña” del título, no es la protagonista: el libro a punto estuvo de llamarse “Nobody’s Fault” (No es culpa de nadie). Tanto Amy Dorrit como el protagonista, Clennam, son de un pasivo que dan ganas de zarandearlos, ambos dañados por unas familias desastrosas.

Historia de dos ciudades (A Tale of Two Cities, 12, 1859) Las dos ciudades son Londres y París, y la mayor parte de la acción sucede durante la fase llamada “El Terror” de la Revolución Francesa. Aquí se ve un rasgo muy dickensiano, la desconfianza ante las revoluciones y cierta francofobia. El Antiguo Régimen es una pesadilla dirigida por sádicos, y la revolución…. también. En cualquier caso, es una lectura amena y una de las novelas más cortas.

Grandes Esperanzas (Great Expectations, 13, 1861). En la Universidad, por una cuestión de tiempo, suelen mandar una de las tres novelas un poco más cortas, y a mí me tocó ésta. Me encantó y no me canso de releerla. Las “esperanzas” del título son las de Pip: un aprendiz de herrero con un misterioso benefactor que lo manda a Londres a vivir como un caballero. Pip está convencido de que su mecenas es Miss Havisham, la tutora legal de Estella, de quien él está enamorado desde niño. Al nivel de David Copperfield en “jovencito espabila a bofetones de realidad”, pero ésta es bastante más amarga.

 Los que merece la pena explorar:

 Los papeles del Club Pickwick. (The Pickwick Papers, 1, 1837) A mí no me gusta mucho, pero tiene sus fans. Me recuerda a algo que tampoco es mi género favorito: las novelas inglesas del siglo anterior. No tiene un argumento propiamente dicho: Mr Pickwick, un amable caballero, funda un “club” informal con sus amigos para salir de excursión y se mete contra su voluntad en toda clase de absurdas aventuras. Quizá si recordamos que se trata de un serial y que no se pensó como una novela se puede apreciar su falta de estructura global.

Dombey e Hijo (Dombey and Son, 7, 1848). Es de mis favoritas. Tengo debilidad por ella. Si se divide la obra de Dickens en dos mitades, juventud y madurez, ésta es la novela de la transición. Es la primera vez que el autor empezó a escribir con una idea aproximada del conjunto del argumento y sabiendo cómo quería terminar, porque hasta ahora el serial era entero improvisado. Esta es la historia de un empresario cuya mayor ilusión es tener un hijo para que el “Dombey e Hijo” de la empresa familiar vuelva a ser realidad. Y lo tiene, pero es un niño débil y enfermizo. Mientras tanto, su hija mayor, Florence, crece sin que nadie le haga mucho caso. Una novela con personajes que tienen todas las necesidades básicas cubiertas, excepto el amor, con los resultados que te puedes imaginar. Y la primera obra que se sepa con la estructura tan típica en Hollywood de las películas de millonarios sin vida familiar que pierden todo para darse cuenta de qué es lo importante.

Nuestro común amigo (Our Mutual Friend, 14, 1865) No tengo ni idea de por qué no es tan famosa como el resto de obras de madurez. Bastante descargada de melodrama y con menos sentimentalismo que la mayoría, la parte “social” y “realista” se centra en las cloacas de la revolución industrial, literalmente: el submundo de quienes viven de pescar restos en el Támesis, y el destino de una herencia en la que la parte principal son…. montones de basura, quizá estiércol o cenizas. El argumento es lo de menos: es para dejarse llevar por sus personajes, unos realistas, otros grotescos, y sus andanzas.

Obras menores, evítalas, hazme caso:

 Nicholas Nickleby (3, 1839). Déjala pasar sin remordimientos. Nicholas, un muchacho joven, bueno pero impulsivo, se queda huérfano. Él y su hermana Kate tienen que trabajar para vivir y tienen una serie de aventuras nada conectadas entre sí; si esto de ir pasando de trabajo en trabajo y la estructura episódica te suena a novela picaresca española, acertaste, pero el tono no es tan cómico y hay un fuerte mensaje moral.

Almacén de Antigüedades (The Old Curiosity Shop, 4, 1841) Abrir a lo bestia el grifo del sentimentalismo puso a Dickens en la cima de la popularidad. Veamos: Nell y su abuelo tienen una tienda, la que da nombre al libro. Por razones largas de contar, huyen de Quilp, un enano grotesco. Hay secundarios cómicos y mucho, mucho sentimentalismo.

Barnaby Rudge (5, 1841) Un intento de novela histórica sobre unas revueltas populares anticatólicas sesenta años atrás. Mucho mejor que las dos novelas anteriores, pero aún así, sólo apta para muy fans.

Martin Chuzzlewit (6, 1844) Por un lado, tiene la mayor parte de los defectos de las novelas de juventud: Martin es un muchacho valeroso que tiene aventuras y se enamora de una chica que no tiene un duro y a la que acosa un indeseable. Los argumentos secundarios crecen en todas direcciones como la mala hierba. Pero tiene un noséqué, un principio de lo que va a ser el desarrollo de personajes en las obras de madurez.

Y por redondear con la aplicación en secundaria, ¿cuáles son las más relevantes a ese nivel? Pues Oliver Twist, y las cortas: Cuento de Navidad, Historia de dos ciudades, Tiempos Difíciles, y quizá Grandes Esperanzas. Mejor leer una novela corta que una adaptación, aunque haría una excepción por David Copperfield.

La denuncia falsa.

Había una vez una sociedad en la que las denuncias por violación o violencia de género tenían un peso social tan grande, y eran una acusación tan grave, con tal estigma, que los hombres vivían aterrorizados ante la posibilidad de la calumnia.

– Pero vamos a ver, ¿tú qué le has hecho a ella para que te denuncie?
– ¿Yo? Yo, nada, de verdad tío, yo no le he hecho nada.
Bueno, algo le habrás hecho, ¿no? No te va a denunciar por las buenas, hay que calentar mucho a una mujer para que haga una cosa tan extrema como esa.
– En serio, que no. No le hice nada. Salimos a dar una vuelta, nos tomamos algo como siempre, la dejé en su casa como siempre, me fui, y lo siguiente que sé es que tengo a la policía en casa tomándome muestras biológicas hasta del cielo de la boca.
– Jodeeeeeerrrrrr, pero es que cómo se te ocurre. ¿Qué bebiste?
– Pero eso qué tiene que ver.
– Pues tiene todo que ver. Tú vas, te emborrachas, te pasas, te crees que ella tiene ganas, no las tiene, y ¡POM!, la violaste. Y encima es tu novia, o sea que es violencia de género. Da gracias a que la denuncia es por la violación nada más y no por maltratador.
– ¿Cómo te tengo que decir que no la violé? Que no es que ella no consintiera, que es que no hubo sexo, ni del bueno ni del malo. No. Sexo.
– Eso es lo que dices ahora, tío que soy tu amigo y creo que no tienes mala intención, pero si habías bebido, ¿cómo sabes que no la violaste?
– A ver, si te pones así, uno no está nunca seguro de nada, en fin, ni del suelo bajo los pies, yo qué sé, si hubiera habido sexo me acordaría.
– Aparte es que tú, también, es que da igual, es que eso es ir provocando. Vas y te tomas unas cervezas, y luego os vais a su casa, y claro, por aquellas calles tan vacías, pues ella, normal. Se asusta. Le entra miedo, y hace, pues lo normal en una situación así. Se asusta,  va y te denuncia.
– Pero ¿tú de parte de quién estás?
– Es que no es cuestión de parte de quién estoy, que sabes que eres mi amigo y me importa lo que te pase, pero es que tíos como tú sois los que nos dan mala fama a los demás. ¿Por qué no me llamaste para que fuera con vosotros? Yo también estaba por la parte de los bares, nos vamos los tres a su casa y ya está. Tienes tranquilidad, un testigo, y la seguridad de que no la violas. A ver, como si no te hubieran dicho mil veces que uno no se puede quedar solo con una mujer. Vamos, desde chicos en el colegio.
– ¿Y si nos acusa a los dos?
– Venga ya, que Silvia no es de esas. Silvia es legal.
– Será todo lo legal que tú quieras, ¡pero me acaba de calumniar!
– Ehhhhhh, que calumniar es una palabra muy gorda. Te ha denunciado.
– Me vas a venir a mí con qué palabras son gordas. ¡Que me han puesto un cartel al cuello!
– Venga, no dramatices. Espera a que se le pase un poco el enfado, hablas con ella, le pides perdón, y a ver si retira la denuncia, que yo creo que sí, que es una persona razonable y si le explicas tu versión, te comprenderá.
– Entre los que decís que algo hice y la culpa es mía, y los que decís que las mujeres no pueden evitarlo, y la culpa no es de ella, me tenéis todos harto ya. Voy a ver qué ponen en la tele.

En un canal de televisión hay un documental que se centra en los aspectos más tristes del día a día en prisión de hombres denunciados por violación y violencia de género. Todas las mujeres que aparecen son funcionarias de prisiones, juezas, y mujeres policía.

En otro canal están echando una comedia donde algunas actrices hacen chistes sobre un hombre que es demasiado feo para calumniarlo: no querrían que nadie las relacionara con él.

En otro canal donde también hay una película, es un drama romántico. Una mujer seduce a un hombre. Lo amenaza con denunciarlo, tras lo cual él se enamora de ella, seducido por su chantaje.

En otro canal hay un debate sobre la función que el sistema educativo debe tener enseñando a los chicos a evitar ponerse en situaciones que les lleven a ser calumniados, ya que se produce una escalada del “rumor” a la “acusación” al “chantaje” a la “denuncia” que los chicos deben saber detectar y frenar antes de que sea grave. En ningún momento se dice “las mujeres denuncian”, sino “los hombres reciben denuncias”.

– Estoy harto de toda la mierda antimasculina y calumniante que echan.
– Nah, no tendrías que ser tan radical. Tomátelo más a la ligera que no es algo personal, tío.

La forma correcta de comer un mango.

Es necesario tener:

Hambre. Los mangos son una fruta grande; no comas más con los ojos que con la boca. No busques algo que en realidad no te apetece. Hay que desearlo, pues ¿quién es el loco que se lanza a por lo que no quiere realmente?

Un mango en el momento adecuado. Será en parte verde y en parte amarillo con alguna mancha roja. Cede levemente a la presión, sobre todo cerca del rabito. Sin embargo, es mucho más difícil saber si quien está contigo es la persona adecuada o el momento adecuado. A veces hay que lanzarse, porque puedes llevarte una sorpresa.

Un cuchillo de hoja fina y a ser posible flexible. Siempre es mejor ser flexible. Sacas más jugo de la vida (y de los mangos). Puedes apurar mucho mejor lo que se queda pegado al hueso.

Qué hacer:

Clava el cuchillo en el mango y pártelo por la mitad. Tendrás la mitad grande con el hueso y la pequeña sin él. La mitad pequeña es más fácil de comer y debe ser para la persona más tímida, pasiva, aquel de los dos que necesita algo de ayuda. Si tienes el cuchillo, lo más probable es que esa persona no seas tú. Felicidades. Aunque por supuesto, que te den las cosas hechas tiene su encanto.

Coge la mitad sin hueso y corta una cuadrícula sobre la carne, diagonal a las fibras. Sé suave. Ten cuidado. Si aplicas demasiada fuerza cortarás la corteza y no quedará igual de limpio. Hazlo con mimo. Recuerda que lo estás haciendo para quien comparte este mango delicioso contigo. Ahora, presiona ligeramente desde la corteza hacia dentro para «darle la vuelta». Quedará con un dibujo de rombos.

Pásaselo. Disfruta de su mirada de placer, anticipación, y hambre. Puedes jugar a no dárselo, pero no mucho tiempo, no seas cruel.

Coge la mitad que te queda. Corta tajaditas alrededor del hueso (¿ves cómo necesitabas un cuchillo flexible?). Introduce con cuidado el cuchillo entre el hueso y la carne para crear otra mitad como la que has dado. Córtale una cuadrícula y vuélvelo del revés como la otra mitad.

Muerde los cuadraditos. Come con los dedos y lámetelos. No se te ocurra coger un tenedor.

¿Quieres gemir de placer? Hazlo. ¿Quieres mirar a quien ya está acabándose la otra mitad y sonreír? Hazlo. Nunca ha comido mango antes, y está sorprendido. Cuéntale cómo fue tu primera vez (el mango estaba verde y fue una enorme decepción). Lame sin que te dé vergüenza las gotas de zumo que van a gotearte por la mano.

Ya que tu acompañante empezó a comer mientras tú todavía cortabas, terminará antes. Seguro que te pide más. Valora qué es más importante, tus ganas de comer mango o tus ganas de satisfacer. Actúa con generosidad, dale un pedacito, aunque sea haciéndote de rogar.

No hay mejor forma de acabar una comida que compartir un mango.

Un libro mejor: Paulo Coelho y la ficción de autoayuda.

Hace meses, propuse el hashtag #unlibromejor para tener algunas conversaciones sobre libros populares pero de bastante mala calidad. Uno de los debates que tuvimos fue acerca de Paulo Coelho y la ficción de autoayuda. Estas son algunas de las contribuciones. Todas me parecen utilísímas para una biblioteca escolar. Lamentablemente, he perdido la lista de quiénes aportaron estas sugerencias.

Cualquiera de narrativa de Oscar Wilde. Y De Profundis para los algo mayores…
Rebelión en la granja o 1984, de George Orwell.
‘Temblor’ de Rosa Montero.
Algunas cosas de Neil Gaiman y de Terry Pratchett. Mi preferido en este sentido sería The Amazing Maurice and his educated rodents (Pratchett).
El silencio de las palabras de Jean Kwok.
Herman Hesse, sobre todo quizá Demian y El lobo estepario.
Momo y La Historia interminable, de Michael Ende.
El Perfume, Patrick Süskind
La Metamorfosis de Kafka.
Filosofía que resulte entretenida. Bertrand Russell es muy accesible.
La colección «Filosofía para profanos».
Canciones para una armónica, de Barbara Wersba.
Crónicas Marcianas de Ray Bradbury
Roald Dahl, Sobre todo Matilda.
El Principito.
El guardián entre el centeno, JD Salinger.
Dune, la saga entera.
El juego de Ender.

Recomendaciones globales a autores:
Quino, Michael Ende, Jostein Gaarder, Carl Sagan, Marguerite Yourcenar, María Gripe, Miguel Delibes.

Jane Austen: ¿por dónde empiezo?

Sense-and-SensibilityJane Austen es una escritora inglesa que escribió solamente seis novelas hace ahora doscientos años, y que siempre ha sido muy popular, aunque ha estado más «de moda» desde que en 1995 se hiciera una magnífica versión para cine de «Sentido y Sensibilidad» y en 1996 se publicara la novela «El Diario de Bridget Jones», que es un remake de Orgullo y Prejuicio.

El estilo de la autora es difícil de clasificar. Su estilo cuidado y elegante y su defensa del sentido común, la moderación, y (hasta cierto punto) la educación femenina son neoclásicos. Su interés en el amor, en el matrimonio basado en la compatibilidad de caracteres, y en los sentimientos como formadores del carácter, la vincula al romanticismo y la hace continuación de la «novela de sentimientos», un subgénero romántico. La importancia de los sentimientos se ve en que sus protagonistas crecen y mejoran como personas debido a experiencias emocionales, a veces sufriendo, a veces no.

Todas sus obras tienen un tema único, pero eso no significa que todas sigan el mismo esquema. Lo que comparten casi todas es esto: una chica de la burguesía rural está soltera y en edad de merecer. Tiene algún problema para casarse; normalmente, que aunque su posición social sea buena, su familia no tiene dinero. Ella está muy engañada sobre su personalidad, la de otros, o qué hombre realmente le conviene. Al final, su unión es feliz, pero algunos de los personajes secundarios pueden no terminar bien.

El interés de Jane Austen para cualquiera a quien simplemente le guste leer buenas novelas es su uso de un lenguaje elegante pero fácil de entender, la caracterización de los personajes, y ya que ya sido reciclada hasta el aburrimiento por las autoras de novela romántica, es interesante irse a la fuente. Y ahora, una guía sobre las novelas en sí, en un orden recomendado de lectura.

* Sentido y Sensibilidad. Tengo debilidad por ella y en cuanto a calidad, me resulta intercambiable con Orgullo y Prejuicio, la más popular de todas. Las protagonistas son dos hermanas: Elinor, práctica y Marianne, romántica. La película de Ang Lee protagonizada por Emma Thompson y Kate Winslet toma algunas decisiones bastante libres sobre los personajes (malas muy malas, amigas muy cursis, la relación entre las dos hermanas). Es excelente, y puede ser mejor ver primero la película.

* Orgullo y Prejuicio. Aquí las películas, sintiéndolo mucho, no están a la altura. Hay una de 1940 que ha envejecido mal, y una de 2005 protagonizada por la mandíbula de Kiera Knightley donde ella transmite una especie de enfado constante. Su personaje no es en absoluto la rebelde que esa película nos transmite. La mejor opción para la pantalla es la miniserie de la BBC de 1995, algo cansina porque dura seis horas y pretende leernos al oído el libro entero. Es mejor leer el libro y dejar las adaptaciones para después, si nos apetece. Sintetizando el argumento, «Orgullo» es Mr Darcy, y «prejuicio», Elizabeth Bennet, que harían buena pareja si no fuera porque se han caído instantáneamente mal. Están acompañados de un coro de secundarios fa-bu-lo-so, y eso es precisamente la razón para no recomendarlo como primera lectura: tanta descripción podría aburrir.

* Persuasión: la más agridulce de todas, y la última que Austen completó. Anne era rica, se enamoró de un soldadito, y la persuadieron (ay) de que él era poco para ella. Han pasado diez años, la familia de ella conserva el prestigio pero ni un duro, y él es el soltero de oro, un apuesto capitán. Recomendable para fans del naturalismo, porque la novela no es naturalista pero se observa bien cómo los personajes están atrapados en sus posiciones. Hay una película bastante prescindible.

*Emma: En cuanto a películas, Clueless es tan buena o mejor que la protagonizada por Gwyneth Paltrow. Emma es la única protagonista de Jane Austen sin problemas serios que le impidan ser feliz o encontrar pareja… más allá de que es una niña mimada insoportable.

* Mansfield Park: tiene demasiada carga moral. La protagonista, Fanny Price, se va a vivir con sus tíos ricos para educarse mejor y tener más posibilidades de casarse cuando crezca. Su familia y sus amigos viven vidas vacías, coqueteando para pasar el rato y haciéndose daño como por juego. Aquí los secundarios no son tan divertidos como en otros libros, aunque tiene la novedad de mostrar más a las claras el punto de vista de «las malas amigas» y de Henry Crawford, el Don Juan. La película de 1999 intenta entremezclar con poco éxito la autobiografía de Austen con el personaje protagonista; hay una adaptación de la BBC de 2007 que no he visto.

* Northanger Abbey: es la primera novela de Austen, y se nota (se publicó póstumamente). Es una parodia de las novelas góticas: la protagonista se empeña en ver misterios donde no los hay. Pretende ser humorística, pero se queda corta, y tiene la protagonista más boba y menos interesante de las seis novelas. Tiene su punto, pero es la única que no he releído. Hay una película, y el guionista es el mismo que el de la versión de seis horas para la BBC de Orgullo y Prejuicio, así que anque no la he visto, podría merecer la pena.

Las tres novelas con protagonista «listilla que necesita que le den una lección» son más entretenidas y populares que las tres novelas con «bobita que necesita espabilarse» (aunque a mí me gusta mucho más Persuasión, con protagonista ingenua, que Emma, con protagonista cabezona). Leer a Jane Austen y cogerle gusto tiene dos inconvenientes: cuando te acabes las seis novelas no hay más, y todas las historias de amor de la tradición occidental posteriores la copian, así que te van a resultar más predecibles, planas y sosas. No digas que no avisé.

La música de Trainspotting

Me refiero solamente a la novela, no a la película. La banda sonora de Trainspotting (la peli) es magnífica; muchas de sus canciones son muy buenas, y todas, incluso las que no me gustan mucho para escuchar, quedan perfectas en su contexto, en cada escena. El libro, por otra parte, también tiene banda sonora, porque los personajes escuchan música a menudo. En Spotify, he creado una lista de reproducción a la que iré añadiendo cada referencia musical del libro, en Youtube otra, y aquí pondré comentarios y enlaces a Youtube. Mientras no termine el libro, disculpa el polvo y el desorden.

La primera referencia musical del libro se da bien pronto, en la página 7: «Ah’m seek ay that new Elvis Costello, bit ah cannae stoap playing the cunt». Eso lo dice Johnny Swan, la Madre Superiora, el camello de la pandilla. Traducido, «estoy harto del nuevo de Elvis Costello, pero no puedo dejar de escuchar al cabrón». Como quien no quiere la cosa, esto pone fecha al libro. Elvis Costello publicó Blood & Chocolate en 1986 y Spike en 1989, y como sabemos que la acción ocurre a finales de los 80, es quizá más acertado pensar que Swanney se refiere al disco más antiguo de los dos. La segunda referencia es a Heroin, el clásico de The Velvet Underground. Renton, el narrador, deja claro que se trata de una versión en directo de Lou Reed en solitario. Le gusta la canción, pero no quiere escucharla mientras se pincha.

Más adelante se repite que Renton, en pleno mono y buscando droga, oye una canción que le gusta pero no quiere oír en ese momento: Golden Years, de David Bowie, de fondo en los auriculares del Walkman de una chica en el autobús.

Pasamos a Sick Boy. Su monólogo interior tiene más referencias a cine que a música. Cuando Renton y él están haciendo planes para quedar, y viendo pasar a las chicas, nuestro baboso ligón recuerda una energética canción de Kiss, «I Was Made for Lovin’ You». Mucha testosterona. También piensa en una horterez horrible de Kool & The Gang, que sirve para que el lector con buena cultura musical ochentera vea que el gusto de Renton es mejor y más variado.

«Victory on New Year’s Eve» sucede en una fiesta de Nochevieja. Steve no está tan borracho como los demás, está de visita porque ahora vive en Londres, y el ambiente lo deprime, incluidas las canciones patrióticas como «I loved a lassie», muy antigua, y otras más modernas, de los Wolfe Tones. Steve se anima y pone The Proclaimers cuando se siente más integrado en la fiesta.

Iggy Pop sale en el libro también, no sólo en la película. Pero no Lust for Life, sino con Neon Forest. «La selva de neón es mi hogar» Tommy es un chico menos drogado que los demás. Tras el concierto de Iggy Pop eso va a cambiar.

Spud es el narrador de un capítulo centrado en el aburrimiento y la violencia que se va incubando un día pegajoso de verano. Su verdadero nombre es Danny, y cuando va de visita, su abuela le canta Danny Boy, la canción tradicional. Spud recuerda a su abuelo, que lo sentaba en sus rodillas y le cantaba «rebel songs». Más tarde, se cruza con un grupo de nazis y de unionistas que cantan canciones racistas o contra el IRA.

El cap. «el primer polvo en siglos» (The first shag in ages) además de ser muy divertido, tiene mucha música. Empieza en un bar; canijo y pelirrojo, Renton quiere parecerse a Ziggy Stardust. En el bar suena The Farm. Renton piensa que para eso, mejor escuchar techno. A Dianne le gustan los Simple Minds y Renton no hace mejor cosa que ponerlos a parir. Y nos lo pone peor comparando a Simple Minds con U2. Llenar estadios es mal. ¿Renton es hipster? Al final del capítulo, mientras ven discos en una tienda, a Dianne le gusta casi todo, y a él nada.