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Haibun

Demasiado lejos de la ruta monumental para atraer el interés de los turistas, demasiado viejo para facilitar la entrada de los coches, el barrio contiguo al centro histórico languidece, mezcla de solares, ruinas y fachadas. Dos pisos de la misma manzana anuncian prostíbulos, uno con neones rosas y el otro con un corazón gigante pintado en una persiana.

Donde los neones, dos mujeres cuarentonas, gorda y delgada, con sujetadores de colores y moños, salidas de una foto de los años ochenta, llaman a dos jovencitos barbudos de paseo. “¡Guapos!”. Los chicos saludan y bromean. En el balcón del corazón, una niña juega con una muñeca. le cuelgan las piernecillas, y está completamente sumergida en su conversación con el juguete hasta que oye las risas de los barbuditos y dice: “hola, ¿llamo a mi mamá?”.

Refresca la tarde.
En el balcón del prostíbulo
la niña crece.

Gracias por las correcciones a la experta en haibun.

Alan Spence y los libros que te llaman.

Cuando vivía en Glasgow tardé en hacer una visita a Edinburgo, ciudad de postal a la que tenía manía por motivos que no vienen al caso. Me decidí cuando supe que había una feria del libro, junto con el famoso festival de artes escénicas, y que un autor que entonces me gustaba iba a dar una charla. Así que me planté allí, sobre la marcha, y me quedé con las ganas porque el evento era pagando una entrada que no me podía permitir. Mirando sin ganas las estanterías, leí con sorpresa un lomo que decía

GLASGOW ZEN.

Ir a Edinburgo para leer aquello. De verdad, parecía un chiste sobre la rivalidad entre las dos ciudades. Hojée el libro, un volumen muy pequeño de poesia experimental. Me lo llevé de recuerdo junto con otro del mismo autor, éste menos innovador, quizá: haikus. Seasons of the heart. Del segundo me llamó más la atención la portada, una instalación de Andy Goldsworthy. Hojas rojas tapizando una piedra en mitad de un río gris.

Intenté comprar otros libros de Spence en las librerías de Glasgow. Yo era asidua de la Waterstones de la calle Sauchiehall y algo menos de la Borders de Buchanan. Ambas son parte de cadenas, iguales a sí mismas en todo el país, pero en este caso con la ventaja de ser inmensas y tener un fondo muy amplio y secciones variadas. En ninguna de las dos habían oído hablar de Spence y yo no tenía tiempo de encargar nada antes de volver a España. Al menos tenía los dos libros de poemas.

Me olvidé de buscar más, de momento. Me fui a Estados Unidos a estudiar. Pasé días enteros metida en la biblioteca Olin, la de Humanidades. Siete plantas, y largos pasillos en los que perderte. No recuerdo si busqué a Spence en el catálogo, o si me topé con él buscando otra cosa, pero sí recuerdo que el corazón me dio un salto al ver que el poeta había escrito una novela.

Way to Go es una novela sobre la muerte. Sí, sobre la muerte en abstracto. La anécdota, la narración, es lo de menos. La realidad no es la sucesión de acontecimientos, es el hombre consciente de que es mortal desde la primera línea del libro. I sat in the coffin, reading a comic and eating a sherbet fountain. Esa lectura me llevó a comprar todo lo que pudiera de Spence, por difícil que fuera. Sólo tenía dos maneras de comprar: encargos a tiendas físicas (un libro, mientras aún estaba en Estados Unidos) y compras online. Aquí fue cuando descubrí que los libros dejan de publicarse. Qué tontería, ¿no? Claro que dejan de publicarse. Pero yo no me lo podía creer: ¿cómo podía ser que un autor tan bueno, tan brillante, y que iba escribiendo libros nuevos lento pero seguro, progresivamente más popular y prestigioso, no viera sus primeros libros reeditados?

Tengo ocho libros de Alan Spence, y sólo tres los compré nuevos: todos los demás los compré a librerías de segunda mano que venden por internet. He regalado varias veces Way to Go, siempre de la misma manera.

Es cada vez más raro descubrir un autor desconocido. Recomendar algo que no conoce nadie. Explorar una estantería y sorprenderme. Visitar una librería que no sea una franquicia. Comprar a ciegas. Comprar un libro que no sea ni novedad ni un clásico. Incluso ver una portada que no sea lo mismo de siempre (más y todavía más). Los libros se convierten en copias hasta el infinito, por dentro y por fuera, igual que las tiendas, incluidas las librerías. Me entristece esa uniformidad, porque lo que quiero no es que leas a Alan Spence, es que puedas perderte en una librería, que un título te salte encima y te agarre, que te lo tengas que llevar, que te obsesiones con él, que vuelvas a la librería y preguntes si hay más cosas parecidas y que el librero sepa de qué le estás hablando.

No quiero que leas a Alan Spence. No tiene que gustarte su mezcla de Glasgow y Zen. Quiero que encuentres a tu Spence particular, ese autor o ese libro íntimos tuyos. Búscalo. Tiene que estar ahí, donde menos te lo esperas.

Dedicado con cariño a Cristina Riera y la librería Sant Jordi.

 

Ghazal del cuchillo

La mejor herramienta es un cuchillo.

Déjame que te enseñe a coger un cuchillo.

Siente el peso del mango en la mano.

Si es de una sola pieza, mejor es el cuchillo.

Cada uso requiere distinto diseño.

Aún así, es bueno que sean grandes, los cuchillos.

Vigila a los niños. Enséñales bien.

Puede ser peligroso darles un cuchillo.

Concentración y una tabla.

Relaja y distrae picar a cuchillo.

Pueden ser algo siniestros. Lo admito.

Nunca me he visto al otro lado del cuchillo.

Taller de haikus

El pasado abril fue la undécima edición de NaPoWriMo, o “National Poetry Writing Month”, una iniciativa de la poetisa Maureen Thorson para escribir un poema al día todo el mes de abril. Este año yo he intentado hacerlo con un taller de haikus, pensado para quienes no conocieran la forma. Me ha encantado leer en twitter los poemas del #tallerhaiku. Al final, no completé el mes, dejándolo en 25 sugerencias con su correspondiente poema de ejemplo. No todos son verdaderos haikus, alguno son repetitivos o bastante malos, pero me alegro de haber llegado a 25.

Esta es la lista de sugerencias que puse, con los ejemplos.  Especial cotillas: los que tienen un asterisco son cosas que vi u ocurrieron realmente, sin asterisco son sólo imaginadas. Es para que se vea que los poemas deben partir de la observación, que hay mucha más observación de lo que nos rodea que arte luego para componer.

1 Escribe una sola frase describiendo algo que causa emoción. Olvida la métrica. No nombres la emoción. Los haikus son, a menudo, una fotografía de un sentimiento. Nunca lo nombran. Ese efecto de “adivinanza” es lo que buscamos.

Un hojaldre relleno de crema de frutos secos tiene un ligero punto salado.*

Llevo todo el día posponiendo salir a hacer un recado, y justo cuando no debo entretenerme más, se pone a llover.*

Me estiro, me doblo sobre mí misma, llego mucho más lejos que la última vez, suspiro hondo.*

2 Una frase como la de ayer (expresa una emoción, olvida la métrica) que incluya alguna referencia estacional que te guste. Un haiku clásico incluye una referencia a la estación del año, que se llama “kigo”. Puede ser directa (mayo) o sutil (fresas).

En el suelo se confunde el arroz de la boda y los azahares caídos.
Voy a comer cerezas hasta decir basta.*
Vuelvo a coger mi abrigo favorito; tiene los bolsillos rotos por dentro y un euro entre la tela y el forro.
La tormenta mueve tanto las copas de los árboles que unas ramas rozan la ventana.

3 Toma alguna de las frases que has creado hasta ahora e intenta encajarlas en un esquema de 5/7/5 sílabas.

Puerta de iglesia
Azahar y arroz lanzado
se confunden.

4 Piensa en una yuxtaposición de al menos dos elementos que contrasten. Un objeto o persona en un lugar, o dos objetos juntos.

En el balcón
pajarito enjaulado
niña jugando.*

5 Crea una frase o haiku que transmita movimiento.

Cae la lluvia
Olas diagonales
viento visible*

6 Una frase o un haiku en el que la meteorología pueda conectarse con algún sentimiento.

En este sol
espaldas sudorosas
cerveza fría.

7 Describe a una persona realizando alguna actividad. No pares mucho en detalles: lo que importa es la actividad.

Habla el maestro
La niña hace dibujos
de calaveras.*

8 Un haiku con una larga enumeración de sustantivos.

Risas y gritos,
sudor, a veces sangre
los niños juegan.*

9 Escribe un haiku (o una frase si un haiku te resulta muy difícil) sobre un animal.

En la retama
escapada de un cuento
blanca lechuza.

10  Un haiku sobre la muerte. Propia o ajena. Evita las referencias a sentimientos.

Frente a tu tumba
respirando silencio
pasando frío

11 Escribe un haiku, o una frase, sobre algo que siempre ocurre por la mañana. El desayuno, el amanecer, lo que te motive.

Café hirviendo
las tostadas quemadas
lluvia de lunes.

12 Escribe un haiku sobre la primera señal de un cambio de estación. Un frío inesperado, las primeras sandalias….

Llegó el calor
sobran los calcetines
duelen los pies*

13 Un haiku sobre beber. Puede ser alcohol o no, o sobre tener sed.

Olor a sal.
Sientan bien en la playa
cervezas frías.

14 Un haiku sobre el tiempo. Llegar tarde, demasiado pronto, ir con prisas, el momento adecuado…..

Tarda en llegar,
primavera del norte.
No tiene prisa.

15 Piensa en un recuerdo de infancia. Congela una escena, en un haiku o en una sola frase si haiku es muy difícil.

En el parque,
mojándose entre aspersores,
dos niños.*

16 Un haiku o una frase sobre una tarea fastidiosa. Éste es fácil. Basta con nombrarla, se entenderá que es algo molesto.

Tarde tranquila.
Justo cuando hago planes
llegan visitas.*

17 Escribe un haiku sobre algo que está solo, desconectado, desparejado.

Azul, naranja
y una sola flor blanca
en el jardín

Irises-Vincent_van_Gogh

18 Piensa en un autor favorito. Piensa en uno de sus temas favoritos. Escribe un haiku sobre ese mismo tema.

(este fue el único haiku que no me salió en ese momento; quizá la idea inicial era demasiado amplia)

19 Escribe un haiku sobre una bebida alcohólica.  Puede serlo también sobre estar borracho. En mi caso, evitaré que sea sobre cerveza para no repetirme.

Cocinando
un poco de vino al guiso
y más para mí.*
*
Copa de vino
La luna en la terraza
limpia de niebla.

20 Escribe un haiku sobre dormir o descansar. Puede ser sobre tener sueño, ver dormir a otra persona….

Madre cansada.
Tras un largo viaje,
niño insomne.

21 Un haiku o una sola fresa descriptiva sobre una casa. U otro lugar donde se vive, una madriguera por ejemplo.

Llegar a casa.
Quitarme los zapatos
y los disfraces.*

22 Un haiku o una frase sobre lo que inspira escuchar o tocar música.

Auriculares.
Un punto de baile en los pies
y en la sonrisa.*

23Un haiku sobre elementos naturales que no sean seres vivos. Arena, nubes…

Pies descalzos.
Arena entre los dedos
cosquillas de agua.

24 no forma parte estrictamente del haiku clásico, pero intentemos erótico. Mantengamos la regla: descripción -> sentimiento. Así que adjetivos los justitos, y nada de decir cómo te sientes. La imagen habla sola.

Me acerco
sudor, temblor, un beso
me alejo.*

25 Un haiku sobre algo que está vacío. O sobre una ausencia.

Juegos de gatos
tirado por el suelo
nido vacío. *

Y para terminar, algunas introducciones teóricas al haiku.

Guía para componerlos.
Una lista poco ordenada de reglas que pueden ser utilizadas como guía de composición.

I Will Wade Out, e. e. cummings.

Cruzaré el agua
··································hasta que se me empapen los muslos en flores en llamas
Cogeré el sol con la boca
Y saltaré en el aire maduro
·····························vivo
·····························….····con los ojos cerrados.
para chocar con la oscuridad
··········································en las curvas dormidas de mi cuerpo
entrarán dedos de suave maestría
con la castidad de sirenas
··········································¿Completaré el misterio
··········································de mi carne
Me levantaré
····················· después de mil años
besando
flores
········· y le hincaré los dientes a la plata de la luna.

El original, aquí.

Ghazal del cielo.

AranskyEl ghazal es una forma poética de origen persa; más tarde se incorporó a la poesía árabe. Es una serie de entre seis y doce pareados de la misma longitud, en los que los versos 1 y 2, y todos los pares, terminan con la misma palabra. Al final, el autor se nombra, ya sea con su nombre o utilizando la primera persona. Suelen ser poesía lírica, amorosa, sobre amores no correspondidos.

Luz refractada da color al cielo.
Del negro al rosa, misterioso cielo.

Demasiada luz roba las estrellas,
Las ciudades se han quedado sin cielo.

Posponer los problemas tomando el sol,
Prohibida la pena si está azul el cielo.

Gris plomo de nieve, gris claro de lluvia:
No hay otro destino escrito en el cielo.

Si existe un Dios, nos mira desde lejos.
No es un consuelo imaginar el cielo.

El granjero no ve ninguna nube.
A sus plantas secas las mata el cielo.

El exiliado ve las constelaciones.
Alumbran su casa desde otro cielo.

Los aviones vuelan de aquí al futuro.
Yo no los alcanzo, mirando al cielo.

Mirlas

Anoche tuve que echar a una mirla del salón. La muy tonta no quería salir: si la espantaba hacia la puerta, se subía a lo alto de los muebles. Así nos pasamos media hora, hasta que le solté encima un trapo, y la saqué al jardín.

Esta mañana, se oía en la casa un piar muy alto. No era una canción, era más bien un “iik-iik”. Era my obvio que se trataba de un mirlito chico, avisando de que tenía hambre. Por eso la mirla de ayer no quería irse: no podía dejar atrás a su cría. Tardé mucho en encontrar al pajarito escondido detrás de unos libros. No era muy pequeño, tenía todas sus plumas adultas en las alas pero aún no en el cuerpo. Su absoluto desaliño me recordó a un adolescente. No fe difícil envolverlo en el mismo trapo que a su madre y dejarlo en una esquina tranquila del jardín. Enseguida, un mirlo muy negro (macho, por tanto), voló hasta el centro del jardín y se puso a cantar muy fuerte y muy rápido.En segundos, al menos tres pájaros se habían acercado a ayudar al pollo, empujándolo hacia un arbusto para que se escondiera.

Catorce madres:
Mirlas al rescate
del pollito caído.

Poema-nota: Things to make and do.

Compuesto durante una lección basada en el poema de William Carlos Williams.

Things to make and do.

Book a holiday.
Get a haircut.
Buy a miniskirt.
Call my friends.
Change the lock.
Pack his clothes.
Block his number.

Tareas pendientes.

Unas vacaciones.
Cortarme el pelo.
Comprarme una minifalda.
Llamar a mis amigos.
Cambiar la cerradura.
Hacerle las maletas.
Bloquear su número.