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De todo un poco Política

Mujeres, política y la búsqueda del traje perfecto.

A principios de abril, la ministra Yolanda Díaz era criticada en algunos medios y redes sociales por dar una rueda de prensa vestida de este modo:

La Ministra de Trabajo con un vestido rojo, junto al Ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, con traje gris y corbata que tiene un dibujo indistinguible de color morado, o azul y rojo. Imagen de moncloa.gob.es

He escogido esta foto y no una en la que salga Díaz sola, o desde más cerca, porque me interesa mostrar el contraste entre ella y su colega. El traje de los políticos es el traje de los hombres que van «arreglados». Hay matices, y un traje puede llevarse «bien» o «mal». Sin embargo, salvando los entierros y su propia boda, un hombre con traje y corbata que no sea de dibujos chillones está bien siempre. Las mujeres no tenemos eso, ni siquiera las jóvenes y delgadas. Nunca. Es difícil apreciar la enormidad que supone que en nuestra cultura, no hay (y no sé si la hubo en el pasado) una prenda neutra, símbolo de la clase alta o las ocasiones formales, que siempre resultase correcta. Las mujeres no tenemos ropa que no signifique nada, y ello presenta una enorme dificultad para vestir «formalmente». yendo ahora a lo que nos interesa, una mujer política debe cumplir el código de lo formal, con pocas guías, muchas limitaciones, y muchas posibilidades de hacerlo mal y ser criticada por ello.

El traje debe ser formal pero no parecer de fiesta. Es aceptable que diga algo sobre su ideología.

Irene Montero (Podemos), Ana Pastor (PP), Ana Pastor (moderadora), Inés Arrimadas (Cs), María Jesús Montero (PSOE) y Rocío Monesterio (Vox), casi uniformemente de los colores de sus respectivos partidos. Los colores de Podemos y Vox en representación mucho más apagada que en el logo. ¿Como distinguimos a la presentadora? Porque su traje va sin mangas y así ya no parece «de oficinista». Foto de La Sexta.

Es importantísimo que estén guapas, que parezcan jóvenes pero no demasiado, elegantes pero no de fiesta, monas pero no de una manera frívola, nunca «sexys», al menos no de diario o solo hablaremos de eso. No demasiado arregladas si la ocasión es una tragedia, tampoco. Pero jamás desaliñadas. Con el pelo eso es casi imposible, aunque en España hemos llegado a una aceptación esperanzadora del pelo rizado natural y de las colas de caballo para retirar todo el pelo de la cara. Esto puede parecer una tontería, pero un peinado con mechas, un poco de onda y más o menos movimiento como hemos estado acostumbrados a ver durante años, necesita maña, tal vez una peluquera profesional, y un buen rato de secado. Todo lo que has visto en un pantalla y te parecía pelo natural ha requerido mucho tiempo de peluquería, y hasta una delicada melena lisa al viento está planchada, lacada y un poco así con los dedos para que no quede muy artificial.

Disculpad la cutrez del montaje. Mujeres relevantes en la política española de hace unos 10 años: Arriba Esperanza Aguirre y Ana Botella del PP y abajo Carme Chacón y María Teresa Fernández del PSOE. Para este peinado, si tienes rizos necesitas alisar y si tienes pelo liso necesitas crear volumen donde no existe.

El pelo tiene la ventaja de que una vez que encuentras tu peinado, que te gusta porque te favorece o porque es fácil de mantener, ya no tienes que pensar más y no importa si vas siempre igual. Con la ropa, desgraciadamente, no ocurre así, y hay que vestirse distinto todos los días. Muchas mujeres que se dedican a la política tienen en cuenta que van a salir por televisión, y por ello tienen en cuenta algunos trucos.

Uno de ellos es vestir de rojo, que tiene muchas ventajas. Son conscientes de que tal vez sean la única mujer de la foto, y el rojo las distingue de los hombres enchaquetados. Además, no infantiliza, que sería pecado mortal. Es llamativo, pero no «cuqui». Como decíamos con los problemas de salir en televisión, sale bien en todas las pantallas de toda resolución. Es importante también que combina perfecto con todos los no-colores, es decir, puedes tener complementos grises o negros o marrones o crudo o azul marino. Intenta eso con un vestidito de medio luto gris con un detalle lila.

Lo mejor del rojo es que es una gama entera. Encuentras TU rojo, desde un poco tirando hacia escarlata o casi naranja, a casi morado, pero no hay mujer a la que no le pegue algún tono de rojo. Puede ser también el color de una prenda comodín en algo que afecta en a las políticas y no a las mujeres profesionales: la jerarquía. Estaría feo ir más arreglada a un acto que la Jefa de Estado, por ejemplo. Un vestido de cóctel (rojo) o un traje de chaqueta (rojo y a lo Merkel) siempre quedarán por debajo, sin pensar mucho.

Angela Merkel tiene muchas, muchas chaquetas rojas .

El segundo truco de las políticas es el «color block»: nada de estampados, color liso brillante, a veces contrastando varios colores. Algunos ejemplos internacionales, y repito con merkel. No estoy segura de si es la «creadora» del estilo pero se la identifica totalmente con él. Le permite también prescindir de abrigo, que es un engorro:

Theresa May (Reino Unido): casi siempre liso, casi siempre colores brillantes.
Cristina Kirchner (Argentina).

Tengo la impresión de que este estilo colorido que también tenemos en España no se da en Francia, donde la ropa es más discreta. No sé si mis hallazgos son casualidad. Personalmente me resulta llamativa la chaqueta rosa de Lagarde, que con su diseño obviamente de Chanel parece decir: «que no cunda el pánico, hoy visto de color pero la prenda vale 5.000 euros».

Christine Lagarde.

No busco dar consejo u opinar sobre si determinadas mujeres visten bien o mal, sino hacer ver que ponerse una prenda u otra siempre es una decisión, es todo consciente, no es fácil, y para el gusto de alguien siempre te vas a equivocar. Va a ser demasiado frívolo, informal, pijo, serio, pasado de moda, demasiado atrevido. Siempre.

Termino con un caso práctico, un desafío. Imagina a una mujer que se ha dedicado a otra cosa, porque no queremos políticos profesionales. No es ni rica ni famosa ni nada parecido. Ahora ocupa un cargo público y sale por televisión muy a menudo. Hasta hace seis meses apenas dedicaba dinero o atención a su vestuario. Tiene 45 años y la talla 46. ¿Qué tiene que tener en el armario para cogerlo sin mirar y que no se le pueda poner una pega?

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Política

Cindy Otis: cómo superar una avalancha de malas noticias.

Hoy es un buen día para explicar cómo lidiar con la avalancha, en apariencia interminable, de noticias deprimentes. Estos consejos se basan en mi experiencia como analista en la CIA, donde trabajaba a diario con información muy desagradable.

La sobrecarga de información negativa presenta varios riesgos:

  1. Complacencia. Acostumbrarte hasta que te parece normal.
  2. Parálisis. Es decir, estar tan sobrepasado que no sabes qué hacer o cómo salir de ahí.
  3. Perspectiva de crisis. Estás tan atrapado por el ciclo de las noticias urgentes que todo te parece una crisis y el fin del mundo.
  4. Depresión, trastorno de estrés postraumático. No hace falta estar en el rente para tener uno, otro o ambos. Enterarte de lo que está ocurriendo puede tener un efecto similar al de estar ahí.

Puede haber también consecuencias físicas serias en una vida sobrecargada de información negativa. Tuve un compañero que no sabía que tenía cáncer porque los síntomas se parecían al estrés de nuestras vidas: agotamiento, fiebre, estrés, mareos. Así que, ¿qué hacer?

En primer lugar, te recomiendo que no desconectes de las noticias. La ignorancia es una de las razones por las que tenemos la sociedad que tenemos. No hará que los problemas desaparezcan y no contribuye nada a resolverlos. Ahora que eso está claro, veamos cómo hacerlo más fácil de sobrellevar:

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Educación Política

Sistemas educativos y modelos productivos.

El Ministro de Educación acaba de decir que en España hay demasiados universitarios. Esto lo han rebatido los rectores y lo ha matizado el partido al que pertenece el ministro. Tampoco es verdad que haya pocos titulados de FP, al menos si se compara con países de nuestro entorno. Esto da pie a observar la evolución que nuestro sistema educativo ha tenido en los últimos cuarenta años, y que nos ha llevado a la situación de ahora.

Hay una relación estrecha entre el sistema educativo de un país y su modelo productivo. Los escolares son los trabajadores de dentro de veinte años, y los gobiernos lo saben. Esta es una razón importante de algunas reformas educativas, sobre todo en países en los que el punto de partida es malo. Si pensamos en un país en vías de desarrollo, en tiempo de paz, recién democratizado o planeando una expansión económica, se hace necesaria una reforma educativa. La mejora empieza por la educación primaria, buscando la alfabetización universal. Esto supone una mejora y expansión de la enseñanza de Magisterio. Las carreras universitarias de las que salen los profesores de la enseñanza secundaria no importan tanto al principio y las reformas universitarias tienen una naturaleza muy diferente. Lo primero, tanto cronológicamente como en importancia, es tener muchos más maestros y maestras de Primaria y con mejor formación que antes, sobre todo si vamos a escolarizar a más niños que antes o durante más tiempo. En España ocurrieron las dos cosas en los 70 porque la EGB prolongó la educación primaria que se daba antes.  Y por ello tenemos la creación de los maestros especializados en matemáticas, en ciencias sociales, etc. que entraron a dar clase a los alumnos de tercer ciclo de EGB en los 80, niños que antes habrían ido a Bachillerato o habrían terminado sus estudios. Además de un aumento en el acceso a la universidad de las mujeres, desde los 80, y en parte dirigido a la carrera de Magisterio.

La segunda fase suele ser una reforma del bachillerato, del conjunto de la educación secundaria, o de las «rutas» que el alumnado sigue desde la primaria hacia la educación superior. En España se reformó en el año 70 primero (se eliminaron todas las reválidas y se creó Selectividad, que determina qué se estudia el último año de Secundaria), en 1990 después (la LOGSE creó la Secundaria Obligatoria) y por último en 2013 (la LOMCE limita el acceso a Bachillerato según la optatividad en ESO). Ha habido más reformas, pero estas son las que controlan las puertas de acceso. Sin centrarnos en el caso español, la primera reforma en este sentido es la más importante para el desarrollo posterior porque está dirigida a que los nuevos bachilleres estudien carreras universitarias y sean los nuevos profesores de la enseñanza secundaria en expansión, hasta cubrir la demanda. Aquí se producen unos cuantos fenómenos: la nueva educación secundaria parece más fácil porque reduce contenidos que eran importantes en la Secundaria no reformada. ntenta ser una educación más práctica y más centrada en conocimientos del mundo moderno (menos lenguas clásicas y más ciencia, por ejemplo). Y las primeras promociones de la nueva secundaria están masificadas por falta de centros educativos o de profesores.

Imagina a los niños que entraron en el sistema educativo bastante al principio de la reforma. Imagina a alguien nacido en España muy a finales de los 60, que formara parte de una promoción de EGB desde 1972, BUP en 1980, Selectividad en 1984, una carrera de Humanidades, da igual cuál, terminada en seis años y te da 1990, CAP, oposición, y a eso de mediados de los 90 el sistema tiene lo que quería: un aumento masivo de la alfabetización, una prolongación de la escolarización porque el mercado laboral deja de querer niños en sus filas, y mucho personal formado para ser educadores. Esto es común a toda reforma educativa que quiera pasar de una economía atrasada, agrícola, o destruida, a una avanzada. Luego ya tienes las peculiaridades nacionales. Pongo el ejemplo de la LOGSE: en el momento de su creación, debido a la epidemia de toxicomanías de los años 80, había un problema de delincuencia juvenil que creaba gran alarma social, no sé cómo de real o exagerado. También teníamos el eterno problema del paro juvenil. Y además, la edad mínima legal para trabajar eran los 16 años, igual que ahora, mientras que la escolarización obligatoria se acababa a los 14. Había una «bolsa» de menores de edad que eran considerados un problema serio. La LOGSE introdujo la escolarizacióobligatoria hasta los 16, prolongable hasta los 18 en caso de repetición. También se buscó aumentar el estudio de FP sin reducir el de universitarios.

A esta altura de la película, es decir, a los 25-30 años aproximadamente del  inicio de las reformas en profundidad, el Estado tiene un problema. Estudiar es más agradable que trabajar, y los trabajos que requieren estudios suelen ser más estables, más seguros y mejor pagados que los que no, así que la educación post obligatoria se vuelve muy atractiva y estudia más gente de la que la economía preexistente puede absorber. Se crea una bolsa indeseable de gente sobrecualificada. A esto se le pueden dar varias soluciones, de las que destacaré tres. La solución más fácil es alargar la vida universitaria con posgrados que una generación antes, el mercado laboral no exigía. Esto ha caracterizado la universidad americana y se está empezando a aplicar en el sistema español. En EEUU es peor: carreras como Derecho, todas o casi todas las profesiones sanitarias, y muchos estudios que en España son una ingeniería, no es que requieran un máster: es que son un posgrado, de diferente longitud según el caso, y tienes que estudiar una carrera genérica primero.

La peor manera de resolver el problema es retroceder en el proceso de reforma y volver a endurecer las condiciones que convierten a los escolares en universitarios. Esto puede venir acompañado de un aumento de las tasas que a veces ocurre sin una crisis económica como excusa. En Reino Unido a finales de los 90 se eliminaron becas y se aumentaron las tasas. En España, se ha hecho todo casi a la vez: establecer las reválidas, establecer rutas en Secundaria que impiden el acceso a la universidad, y encarecer las tasas. Las tasas de los máster son mucho más caras que las de los grados, también.

La mejor manera de arreglarlo es transformar el el sistema económico para que absorba a esos universitarios o bachilleres extra. Es decir, invertir en ciencia, en investigación y desarrollo. Mejorar los servicios públicos más allá de los básicos en Sanidad y Educación. Crear o dar mejoras al Estado del Bienestar. Aumentar la producción y la exportación de tecnología. Todo esto necesita un buen programa de inversión a largo plazo, y mucho dinero público y privado. Justo eso es lo que hace falta ahora en España. No hay que cambiar el número de universitarios,dado que ahora mismo sin estudios no encuentras trabajo de ninguna clase, y con estudios encuentras empleo de mala calidad. Lo que hace falta es aumentar los inversores para la engordada bolsa de autónomos, PYMES, y emprendedores, y, ehem, educar a quienes tienen mucho dinero parque lo empleen en esto.

Dinero hay: recordemos que España es el 20º país del mundo en cantidad de grandes fortunas. Los nombres están aquí. Veamos de dónde sale su dinero: tenemos tres nombres y dos empresas (inditex, Mango) dedicadas al textil. Producen ropa barata fuera de España y generan mucho empleo de mala calidad. Una buena cantidad de empresas de construcción e ingeniería (cuento seis). Una empresa, Nortia, dedicada a los juegos de azar, los hoteles, la inmobiliaria, y la agricultura. Una distribuidora de alimentación y supermercados (ellos no producen nada). Más hostelería. Minería. Seguridad. Es decir, en su mayoría negocios conservadores, anticuados, que requieren empleo poco cualificado y de mala calidad (pensemos en cuántos albañiles y camareras de piso hacen falta por cada arquitecto si construimos un hotel). Otra lista incluye más empresas de alimentación y comercio minorista, pero las conclusiones son las mismas.

En lugar de culpar al adolescente que quiere ir a la universidad y llegar a un mercado laboral que no lo necesita, veamos la cuestión por el lado del poder. La gran empresa privada, ¿invierte en empleo cualificado de calidad? ¿crea fundaciones u otros organismos que inviertan en I+D de forma masiva? También podrían crear más empleo aunque fuera poco cualificado, si dejaran de emplear a una persona para hacer el trabajo de tres. Y ahora los poderes públicos: si obligaran a estas empresas a pagar sueldos altos en condiciones laborales de calidad, tendríamos más cotizaciones y las pensiones no serían un problema tan urgente (y se reduciría el estereotipo según el cual el empleo poco cualificado tiene peores condiciones de trabajo que los que requieren estudios superiores).  Si pagaran más impuestos (insisto: son multimillonarios), los poderes públicos podrían crear más empleo público con lo recaudado.

Pero en lugar de fijarnos en quienes tienen el poder, nos fijamos en las víctimas. En la chica que ve que su única salida del pueblo está en estudiar una carrera. Pero cómo se atreve.

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Feminismo Política

Pasar a la acción.

Es fácil encontrar por internet explicaciones a la violencia contra la mujer ilustradas por imágenes similares a ésta:

piramide-de-la-violencia-contra-la-mujer es decir, el mensaje más sencillo consiste en que los micromachismos o formas sutiles de discriminación son muy importantes porque sustentan el resto.  Ten en cuenta este dato para continuar leyendo.

Si eres feminista, te sugiero que te plantees algunas cosas:

  1. Cuál crees que es el problema más grave de las mujeres (o del feminismo) ahora. De todas en general.
  2. Cuál crees que es el problema más grave de las mujeres que hay en tu entorno.
  3. Cuál crees que es el problema de las mujeres (o del feminismo) que es más fácil de arreglar.
  4. ¿Tu práctica feminista, tu activismo, es coherente con tu respuesta a las tres cuestiones anteriores?

Ahora, vuelve a la pirámide. Le falta una cosa. Piensa cuál es. La voy a escribir en blanco y para leerla tienes que seleccionar texto. No hay indicativo alguno de pobreza o de desigualdad económica.

Lo dicho. Piensa en qué necesitas, qué necesitamos y qué estás haciendo. No pido milagros, solo coherencia y que no te rindas.

Y no, no estoy hablando solamente de feminismo.

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Feminismo Política

¿Sirve al feminismo que las mujeres lleguen al poder?

Un encuentro de la Unión Europea en Alemania, 2013.
Un encuentro de la Unión Europea en Alemania, 2013.

Cuando una mujer obtiene poder político, a veces se celebra como si fuera un triunfo de todas. Otras veces tenemos a los medios de comunicación y a los políticos ocupados con las cuotas para mujeres y con las listas cremallera. Se discute sobre si eso es positivo para las instituciones que lo practican, o si es justo. Es de justicia que las mujeres lleguen al poder y no discuto eso, sino algo más profundo: ¿beneficia al conjunto de la sociedad, o de las mujeres, que haya algunas en posiciones de poder político o económico? Veamos algunos de los argumentos que he escuchado alguna vez.

1. Las mujeres en el poder son como mínimo un síntoma de que se ha alcanzado la igualdad ante la ley, aunque luego socialmente se comentan todo tipo de discriminaciones e injusticias.
Bueno… esto es verdad. A menos que el cargo sea heredado. Ser la hija del rey, del ministro o del empresario, que tienen poder para cambiar o retorcer las leyes, puede conceder muchas ventajas respecto al conjunto de las mujeres y no «abrir camino» para nadie más. Antes de alegrarnos por la situación de ninguna mujer concreta, habría que preguntarse si la pusieron donde están sus relaciones familiares. En tal caso, no se trata de un logro «para la mujer» en absoluto. Te recomiendo comprobar cuántas de las mujeres más ricas del mundo lo son por herencia, ahí está la lista Forbes.

En cualquier caso, la llegada al poder por méritos propios de mujeres en un sistema democrático y con igualdad ante la ley es síntoma de que algunas mujeres han sido capaces de sortear las zancadillas que la vida les ha puesto a ellas y a las demás, ya sean en forma de discriminaciones directas, acoso, dificultades para trabajar y cumplir a la vez con otras obligaciones, etc. No quiere decir que esos obstáculos hayan desaparecido, ni que vayan a desaparecer, ni que otras mujeres tengan sus estrategias o su suerte.

2. Las mujeres con poder son más sensibles que los hombres. Más «femeninas». Más colaboradoras, menos autoritarias.
Esto es una estupidez. A las mujeres se nos educa en eso, hasta ahí es verdad. Pero no todas somos así. Y cuando no lo somos, cuando una mujer es «dura», se enfrenta a acusaciones de que no es una «verdadera mujer». Una mujer no es lo que tú digas, ni lo que se ajuste a tu concepto de feminidad. Hay libros y debate sobre esto, pero no existe la ética femenina, la sensibilidad femenina, ni ninguna de esas patochadas que nos han hecho creer. Si fuera así, no habrían existido ni Isabel Bathory, ni Bloody Mary, ni Pilar Primo de Rivera, ni las monjas que torturaban niños en orfanatos franquistas. Ni Christine Lagarde. Todas estas son tan mujeres como la que más.

3. Bueno va, pero contribuyen a la conciliación. Y les preocupan los temas «femeninos». Tienen más empatía con las «cosas de mujeres».
Perdonadme que recurra al estereotipo más fácil. La medida que hizo famosa a Margaret Thatcher como ministra de Educación fue eliminar un suministro de leche gratis en los colegios. Y además del conjunto de su carrera, está la famosa declaración de que «la sociedad no existe. Hay hombres y mujeres individuales, y luego hay familias», que en contexto quería decir que el Estado no tiene la obligación de velar por nadie, ni por los más débiles ni por nadie. La carrera entera de Margaret Thatcher es una demostración de que esa empatía y preocupación está subordinada a las ideas políticas previas. También dijo que no le debía nada al feminismo; la mayoría de la gente piensa que se ha ganado lo que tienen por sus propios logros individuales, y las mujeres poderosas no son la excepción.

Otro ejemplo más cercano son las diputadas del Partido Popular que votaron a favor de una ley del aborto que nos habría obligado a llevar a término y parir en todos los casos de malformación, incluidos los más graves, y dijeron que eso era apoyo a la maternidad. Hasta aquí la empatía y la solidaridad.

Sobre contribuir a la conciliación y demás problemas asociados a la mujer: la realidad es que las mujeres ricas lo tienen más fácil. Han podido pagar cuidados para sus hijos, han tenido familias que las han apoyado (si no, difícilmente estarían donde están), y luego llaman «organización» a renunciar al permiso de maternidad y a seguir trabajando quince horas diarias. Ojo, no critico: que cada una se organice como quiera y pueda. Solo que este estilo de vida desmiente que tener mujeres en puestos de poder contribuya a una mayor sensibilidad hacia los problemas de las demás.

Hay muchos ejemplos de países donde la participación política de las mujeres es alta y su desigualdad económico-laboral, también.

4. Ver que hay mujeres en el poder inspira respeto a los hombres porque demuestra que las mujeres pueden ser sus iguales o sus superiores. Ya no somos muñequitas sumisas.
Algunos países con participación política de las mujeres superior a la española (en términos relativos, comparadas con los hombres), son Nicaragua, Bolivia, Sudáfrica, India y Bangladesh. No parece que la existencia de mujeres poderosas influyan mucho en esos países, particularmente en los dos últimos, a la hora de respetar a las mujeres.

5. Que haya mujeres en el poder es un triunfo de todas que inspira solidaridad. Es un motivo de alegría porque es una de las nuestras.
No para mí, ya que estamos hablando de la pura subjetividad. Que haya mujeres capaces de reducir los salarios, de aumentar la desigualdad, de explotar laboralmente a otras mujeres, y así, no me llena de orgullo sino de desconfianza. Los mayores problemas de las mujeres están relacionados con la pobreza, la falta de independencia económica y la conciliación de todas nuestras obligaciones, y no veo que las mujeres con poder económico hagan nada por remediar esto. No son de las nuestras.

6. Las mujeres en el poder son un estímulo a las que vienen detrás. Ver que hay mujeres que mandan inspira a las niñas y jóvenes.
Pues no lo sé. A lo mejor. Sí que contribuye a la normalización. Esas fotos con 20 trajes grises y una sola chaqueta de color son muy tristes. Pero la foto con doce trajes grises y ocho chaquetas de colores es solo eso: una foto.

No al feminismo de la foto.

 

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Política

Esto no es un Estado del Bienestar

A los que seáis tan jóvenes que no habéis crecido con la sensación de que la vida os debe algo, y que un día tendríais trabajo fijo y un adosado en las afueras, os explico: el Estado del Bienestar es un concepto europeo de Estado que facilita muchos servicios que son esenciales para la supervivencia en un mundo industrializado, que hacen la vida un poco más fácil, y que van más allá de las necesidades mínimas que tiene el propio Estado (relaciones internacionales, policía, etc.) Es una expresión que utilizan a menudo los políticos, el PSOE mucho más que el PP. En España se resume en el dúo «Educación y Sanidad», de los que se garantiza la cobertura pero no la gestión pública. Cuando estos dos partidos quieren expresarse con una retórica de triples, PP dice «Sanidad, Educación y Pensiones» y el PSOE «Sanidad, Educación y Dependencia».

Podríais pensar que si no vivimos en un Estado del Bienestar es por culpa de la crisis en la que llevamos casi una década. Os quiero recordar que España no ha sido nunca un estado bienestante. No, ni en los mejores tiempos de la socialdemocracia. No, ni en mitad de un boom económico.

Voy a asumir que quien me lee es un adulto cuyos padres viven. Si no es tu situación, te puedes hacer una idea igualmente.

Imagina que mañana, tu madre, tu padre, o algún otro adulto que es familiar directo tuyo, resbala y se convierte en gran dependiente. Seis meses de cama mínimo. ¿Cuánto trastocaría eso tus planes? ¿Tu vida? Y además de ti, ¿cuánto cambiaría la vida de las personas que conviven con el enfermo?

Repite la pregunta con un embarazo tuyo. O de tu pareja.

Repite la pregunta contigo mismo.

Piensa en la ayuda que te ha dado tu familia los últimos seis meses. Eso incluye tu pareja si la tienes. Económica, logística, lo que sea. Prestarte el coche, dejarte dinero, limpiarte la casa, llevarte al médico porque estabas enfermo. Lo que sea. ¿Habrías podido apañarte sin nada de todo eso? ¿Cuánto habrías tenido que pagar por ello?

¿Cómo de probable ves que un niño chabolista vaya a la universidad? Sí, estamos en crisis. Imagina que el niño nació en 1995. ¿Cómo ves de probable que haya podido empezar un pequeño negocio? (legal, por supuesto) ¿Y un niño nacido en un pueblo de mil habitantes a hora y media de una capital de provincia?

¿Cuánto destrozaría tus planes de esta semana quedarte sin coche? ¿Y a los padres del niño del pueblo de mil habitantes?

Ahí donde vives, ¿qué puede hacer gratis un niño? ¿Y además de gratis, solo, sin adultos? ¿A qué distancia vives del lugar más cercano donde un niño puede estar entretenido gratis o casi gratis de forma segura? ¿Y los adultos, qué pueden hacer gratis?

¿Cómo de fácil te parece que es vivir de un trabajo artístico o creativo? Lo mismo me da artes plásticas que escénicas.

Piensa en todos los productos culturales que te has descargado «ilegalmente» en lo que va de año. ¿podrías haberlos comprado? ¿Podrías haberlos conseguido gratis por vías legales?

¿Cómo de fácil te parece que es vivir de ser terapeuta? Me refiero a cosas como fisioterapeuta, psicólogo, logopeda, nutricionista. La tercera línea de la medicina después del especialista. Y con «fácil» me refiero a conseguir un empleo estable y de calidad sin ser autónomo. ¿Y acceder a terapias para las personas que te he ido perfilando? El gran dependiente de la primera pregunta, el niño de la chabola, el niño del pueblo de mil habitantes. Tú.

Si necesitas una conclusión: somos un país donde se sobrevive bien si tienes red de apoyo familiar, vives en una localidad grande y bien comunicada, no tienes nada crónico grave, y tienes ingresos fijos. El resto no solo no vive ahora el «Estado del Bienestar»: es que nunca lo han conocido.

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Costumbrismo Literatura Política

El descanso de la clase obrera, y sus jueces.

La sociedad victoriana mantuvo un intenso debate social acerca del descanso dominical, que tuvo dos vertientes fundamentales. La socialista y obrera estaba a favor de un aumento del tiempo libre y una reducción de la jornada laboral, contra la voluntad, por supuesto, de los empresarios y de la clase media. Las jornadas industriales eran muy largas: doce horas, seis días a la semana era corriente. Las más largas eran las del servicio doméstico: unas quince horas diarias, seis días en semana, y medio día los domingos. No todo el mundo tenía jornadas tan largas pero el fin de semana de dos días no era la norma.

El debate en la clase media no era si las jornadas eran largas o cortas, sino qué era adecuado hacer en el tiempo libre. Aquí nos encontramos a Charles Dickens, que en sus escritos periodísticos tomó partido en varias ocasiones. A Dickens  no le interesaba demasiado el derecho al descanso laboral, que presuponía, sino el libre disfrute del tiempo de ocio. Cuando este autor escribía (1830-70) existía una opinión dominante, la de los sabbatarians, un nombre derivado del nombre hebreo del sábado (Sabbat). Éstos eran cristianos, normalmente protestantes evangélicos, que hacían una interpretación muy restrictiva de la norma religiosa y pensaban que el domingo tenía que cerrar todo. Era aún pronto para que alguien pensara en garantizar el descanso de los trabajadores de la incipiente industria del ocio, y ese no era el motor de los sabbatarians, sino obligar a la gente a ir a misa porque literalmente no habría nada más que hacer. O vas a misa o te quedas en casa. Además, consideraban que muchas diversiones eran pecado, siempre o en el Día del Señor. El sabbatarianismo tenía cierto arraigo a mediados del siglo XIX, y en otros novelistas, como Anne Brontë, leemos que había incluso gente que iba a la iglesia mañana y tarde.

¿Qué podía hacer la mayor parte de la población un domingo por la tarde? En los pueblos, era fácil ir al campo y llevarte un picnic, si hacía sol. En ciudad, necesitabas un parque público en tu barrio, algo que no era habitual: los bloques de pisos iban comiendo terreno a campo que nunca había sido muy acogedor. De hecho, los parques públicos nacen a menudo como parte del altruismo de las clases altas que donan todo o parte del jardín de una mansión, para que los pobres disfruten de un poco de verde. Lo mismo tienes el Parque de María Luisa en Sevilla que el Duthie Park en Aberdeen.

¿Y si llueve? Había pubs, que servían alcohol. Los restaurantes eran más bien para ricos, y una hostelería del placer, que no fuera parte de las necesidades de los viajeros, estaba casi recién inventada. Dickens escribió sobre la necesidad de  crear un término medio entre el pub y el restaurante caro, para los obreros. Cuando la gente de cualquier clase social quedaba con sus amigos, casi siempre era en sus casas. Las fiestas eran a menudo bailes.

También estaba el teatro, que iba desde las obras clásicas a las modernas (normalmente muy populares y de no demasiada calidad literaria) y el teatro de variedades. A la ópera iban los ricos, y a las operetas, pantomimas y musicales iba todo el mundo.

Sobre el ocio de la clase obrera, Dickens veía con acierto que era una cuestión de lucha de clases. Los ricos podían hacer fiestas, estar en sus jardines, ir al campo en coche de caballos, leer libros, sentarse al piano, aunque alguna madre severa indicara que la lectura y la música deberían ser de temas religiosos o como mínimo serios. Los obreros no tenían nada de todo esto: un par de horas en la iglesia, y el resto del día mano sobre mano. Por eso le parecía que mantener parques públicos, pubs, y otros entretenimientos obreros abiertos en domingo era una necesidad urgente.

Siglo y medio más tarde, supuestamente con jornadas más cortas, aún debatimos sobre qué es ético que hagan los demás con su descanso. Concentrémonos en alargarlo. Todo lo demás es sabatarianismo.

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Feminismo Política

Sobre lenguaje activista y sus problemas

Te das una vuelta por internet (incluyendo el glosario feminista de este blog, que necesita una limpieza de polvo y telarañas) y te encuentras con unas cuantas palabras que a fuerza de uso repetido acaban usándose mal, o demasiado, y extendiendo sus significados hasta que significan «lo bueno» y «lo malo» de una manera que solo sirve para crear confusión. Lo que voy a decir es una reflexión personal sobre los peligros de este proceso, y sé que muchas compañeras no van a estar de acuerdo conmigo. Allá voy.

Un privilegio no es toda ventaja injusta. Si quieres que lo tenga todo el mundo, no es un privilegio. Es un derecho, y su ausencia, discriminación. Por ejemplo, trabajo estable, vacaciones, o la posibilidad de desplazarte con seguridad por las calles. Si quieres eliminarlo, pero todos reconocemos que es injusto, o que es ilegal, es una injusticia, o una ventaja injusta. Sigue sin ser un privilegio. Por ejemplo: si dices algo que parezca terrorismo etarra vas a la cárcel, si dices que las mujeres maltratadas se merecen todo lo que les pase no. Si lo tiene poca gente y  está amparado por leyes, rompiendo con todo principio legal de igualdad, eso sí es un privilegio. Por ejemplo, en España la Iglesia no paga IVA ni IBI, y eso es legal. Por lo tanto, es un privilegio. El rey es inviolable según la Constitución: otro privilegio.

Muy despacito para que lo entiendan los despistados del fondo: el privilegio es legal y desearías que desapareciera. Los privilegios son malos y no quieres extenderlos, quieres que no existan. Si llamas «privilegio» a un salario dices que quieres que no exista, si llamas «privilegio» a que no te peguen una paliza por la calle estás diciendo que las palizas por la calle deberían formar parte de la normalidad. Privilegio no es desigualdad, sino un tipo muy concreto de la misma. Si lo que quieres es tener tú eso que otros disfrutan, no lo llames privilegio, porque no lo es. Llámalo derecho.

Esto nos lleva a la expresión «revisar privilegios», que ya he criticado en más ocasiones. En el enlace traduzco un artículo que analiza los problemas de ese proceso, pero aquí mis críticas son solo semánticas, puesto que la frase en cuestión significa varias cosas contradictorias entre sí. ¿Qué me ordena alguien que me dice que revise mis privilegios?Lo primero sería hacerme consciente de ellos, y después quizá un proceso que en el catolicismo se llama examen de conciencia. Es decir, para una persona que piense que privilegio quiere decir «derecho, ventaja, lo contrario de discriminación», sería para empezar mi admisión de «sí, mi vida es más fácil por ser blanca, cis, adulta y sin discapacidades». Examen de conciencia terminado.

Hay quien va más allá. En el enlace del párrafo anterior comparo la revisión de privilegios con el calvinismo. «Revisar mis privilegios» suele querer decir que debo sentirme culpable de ser blanca, cis, etcétera,  y tengo que aceptar que las ventajas que he obtenido a lo largo de la vida por ello me impiden trabajar en igualdad con quienes están peor que yo. Existe una brecha insalvable, de la que soy responsable aunque esa no sea mi intención. Esto se llama depravación total. No es «pecado original» porque éste se perdona con el bautismo, y los privilegios no se «perdonan» tras la revisión, como mucho se eliminan (un día dejaré de ser joven, por ejemplo).

«Revisarse» puede estar conectado con el autoexamen y ser también un proceso más activo, más orientado al exterior. Si observo cómo mis circunstancias afectan al mundo que me rodea, y a mí también, «toma de conciencia» es sólo el principio de cómo podríamos llamar a esto. Pero ya dejaría de ser un proceso de autoexamen, con lo que el uso de la palabra «revisión» dejaría de tener sentido. Una revisión del coche no es una reparación.

La verdad es que no sé qué quieren decir las personas que dicen «¡revísate los privilegios!», y si se están refiriendo a un proceso solo mental o a una puesta en práctica. Y un concepto tan amplio y deformable se vuelve inútil y peligroso.

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Los costaleros y la responsabilidad

COSTALEROS_SOLIDARIOSUn ensayo de costaleros en Bornos (Cádiz). De bornos.es.

Para los que no estén familiarizados con la Semana Santa tal como se celebra en Andalucía Occidental, existe la costumbre de colocar estatuas grandes de madera sobre un pedestal muy ornamentado, que unos hombres, llamados costaleros porque la protección de la cabeza se llama costal, cargan a hombros, sí, sobra la nuca, como los bueyes el yugo. He puesto una foto de un ensayo para que se observe bien la técnica, ya que las estatuas con todos sus adornos llevan faldones que impiden ver lo que se hace ahí dentro. Los costaleros, además de cargar con mucho peso, tienen un extra: van haciendo paradas a descansar, y si lo que van cargando es una estatua de María, que son cerca de la mitad, lo levantan pegando un salto. En este vídeo muy breve puede apreciarse un poco la dificultad:

Antiguamente, los costaleros eran de pago, gente como por ejemplo cargadores del puerto que se sacaban un dinero extra. Ser costalero era vergonzoso, porque eran pobres (ABC) y no eran una figura nada popular. Ahora son voluntarios llevados por un sentimiento religioso. Cargan con un peso de entre 30 y 50 kilos por persona (Diario de Sevilla), haciendo turnos en un recorrido que puede durar unas doce horas.

Como os podéis imaginar, este esfuerzo puede suponer lesiones físicas graves y permanentes. Los principales riesgos son las lesiones musculares desde el cuello a las piernas, y las hernias discales en los peores casos. También heridas en el cuello, por el roce, y las derivadas del esfuerzo físico intenso (agotamiento, bajadas de tensión, desmayos). Ante una conducta así, que supone un riesgo para la salud, se podría esperar que se tratara a los costaleros de irresponsables, incluso de temerarios, como si fueran por ahí en coche sin cinturón, o si fumaran, o cualquier otra conducta libremente asumida y que es mala para la salud. Quizá podríamos esperar un «que cada uno haga las locuras que quiera, pero que corra luego con las consecuencias». Pues no, ni una cosa ni otra. Es más, los Colegios de Fisioterapeutas dan apoyo a los costaleros, información y tratamientos (aquí Sevilla y aquí Madrid).  También se puede ver a niños y bebés disfrazados de costaleros para la ocasión; no cargan ningún peso, claro, pero se considera más alegre y bonito que vestirlos de nazareno o monaguillo.

Sería inimaginable dar a los costaleros el mismo trato que para otras personas que tienen conductas peligrosas para sí mismos, como fumar, o incluso un discurso sobre la responsabilidad personal como el que encuentran quienes necesitan un aborto, una práctica que no tiene nada que ver pero en la que se habla de responsabilidad y de «asumir las consecuencias de tus actos». No hay un mandato de  «asumir las consecuencias de tus actos» a quienes realizan una práctica peligrosa cuando la misma es socialmente aceptada. Por ejemplo, un «debería contarse con la opinión de su familia. Al fin y al cabo están arriesgando su vida», ni tampoco un «no tengo nada en contra, pero que se lo paguen ellos, que la fisioterapia es carísima».

La verdad es que me caen bien los costaleros en la medida en la que su hobby no colapse la ciudad. Echan las tardes en una actividad física con los amigos, no hacen daño a nadie más que a sí mismos (al contrario de, por ejemplo, un conductor a 120 por la circunvalación), y para el que le guste, los pasos de Semana Santa son un espectáculo (sí, hay una sevillana muy, muy escondida dentro de mí). Pero son un ejemplo de que cuando hablamos de responsabilidad personal, no contamos la historia completa. No llames «falta de responsabilidad» a no actuar como tú quieres.

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De todo un poco Feminismo Política

Introducción elemental a la postmodernidad.

En el principio, eran los grandes relatos. Eran muchos, y aunque se contradecían entre sí, todos estaban de acuerdo en una cosa: la vida tiene sentido y se dirige a un fin. Algunos de estos grandes relatos son el cristianismo, la Ilustración, el marxismo, y el capitalismo. Explicaciones morales, sociales y económicas que dicen no sólo de dónde venimos, sino sobre todo, a dónde vamos. Sigue estas reglas y llegarás a la meta. Por cierto, las cosas que están orientadas a un fin se llaman teleológicas. Los grandes relatos son teleológicos, no confundir con «teológicos». Esto no tiene nada que ver con que sean optimistas: hay corrientes de pensamiento, o personas concretas, que creen que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero porque hemos dejado de cumplir las reglas como antes. O porque hubo un progreso, y una Era Clásica, pero ya se acabó. Eso no es negar la idea de progreso: es ser pesimista.

Entonces llegó el siglo XX, dos guerras mundiales y el fascismo, y eso obligó a cambiar las ideas anteriores. Se abandonaron los discursos globales, oponiendo microvisiones, una defensa de lo pequeño, cambiante o único. Así surgió la posmodernidad.

Algunos de los teóricos que formularon ideas relacionadas con esto son Adorno, Lyotard y Vattimo. A mí me gusta Foucault. Otros que ya me gustan menos son Lacan y Derrida. No voy a explicar las ideas de ninguno de ellos, sino a dar características generales del conjunto de lo posmoderno junto con algunas de sus consecuencias.

La posmodernidad no cree en el progreso. No es que crea que desde principios del siglo XX estamos en crisis y cuesta abajo: es que todas las ideas anteriores de «progreso» eran falsas.  Descubrir América no fue un progreso para los nativos (y para los esclavos africanos, ya me dirás).

La posmodernidad se niega a ser definida. Desgraciadamente, muchos textos posmodernos (ya sean de «teoría sobre qué es la posmodernidad» o una crítica de cine, por poner un ejemplo) son deliberadamente confusos. Más allá de esto, lo posmoderno asume que no es posible hallar explicaciones del mundo que sean coherentes, globales y sistemáticas. Eso afecta a la propia posmodernidad. En el mejor de los casos, es una búsqueda de la importancia de lo olvidado, lo pequeño y lo múltiple. De aquí se deriva el valor que damos hoy día a la multiculturalidad y a los derechos de las minorías. Cualquier discusión acerca de si es posible la coexistencia pacífica de grupos diferentes, si es necesario que las minorías se «integren», si podemos convivir sin aplastarnos, viene de aquí. Todo esto es posmoderno (no la existencia de minorías, sino tener estos debates teóricos).

¿Alguna vez has leído o escuchado que Esto-O-Aquello es una construcción cultural? Posmodernidad pura. La idea de que, por ejemplo «las mujeres no somos como vosotros nos habéis definido» es muchísimo más antigua (Mary Wollstonecraft ya lo decía hace dos siglos) pero la posmodernidad la lleva al máximo. Asumir que casi todo lo que crees que es natural es una construcción cultural es la base de muchas teorías feministas y sobre los géneros (cuidado, que los trans nos han enseñado que no todo es cultural en el género).

La posmodernidad rechaza la alta cultura, o pone otras manifestaciones al mismo nivel. Lo moderno es pensar que los clásicos educan, nos hacen mejores personas, transmiten los valores más importantes de la civilización. Lo posmoderno, que el gusto por las obras de arte está completamente desconectado de la moral y la bondad. Se pueden poner ejemplos sobre la relación de los nazis con el arte clásico. Una consecuencia de dejar de atribuir unos valores especiales a la alta cultura es el interés por estudiar otras expresiones culturales (series, anuncios, videojuegos) con el mismo rigor que antes se reservaba para lo clásico.

La posmodernidad desconfía de la ciencia como forma de progreso. La ciencia trae cosas buenas, pero también cámaras de gas, la bomba atómica y el cambio climático. El negacionismo científico, lo «ecológico», etc. , no son una vuelta a una era tradicional premoderna, sino un rechazo posmoderno.

La posmodernidad cree que la comunicación es imposible, o muy difícil. Que siempre es un problema. Que nadie puede conocer de verdad a otra persona. Estudiar la relación y desconexión entre lenguaje y pensamiento, o la diferencia entre conocer o estudiar algo y que eso te haya pasado a ti, es posmoderno.

¿La posmodernidad se ha acabado? Bueno… hay quien piensa que esta época es posmoderna aunque no te guste, y quien piensa que se terminó con la globalización y el actual auge del neoliberalismo. Si le preguntas a un neoliberal medio si cree que hay reglas claras para el progreso, te dirá que sí.

¿La posmodernidad es mala o buena? Ni una cosa ni otra. Ha dado lugar a mucha basura, muchas tonterías, entre las que destacaría todo lo anticientífico, los escritos innecesariamente complejos hasta lo incomprensible, y llevar el relativismo a extremos absurdos o dañinos. Además, ¿cómo defender la justicia social si no crees en el progreso? Pero creo que ha aportado suficientes buenas ideas.

¿El feminismo es posmoderno? O dicho de otro modo, ¿hay feminismo posmoderno? Por supuesto. Aunque sus expresiones son, como no podría ser de otra manera, múltiples. Definir un feminismo como posmoderno lo único que hace es situarlo en los últimos 60 años. Usar el término para insultar no aclara nada.

Esta entrada ha contado con la colaboración imprescindible de @octubrista (al que he copiado la idea general y algunas frases); Indvbio, que escribió otra introducción a la posmodernidad; @annngst; e @ismamullor.