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21 días, día 21 y conclusiones.

PHOTO_20160129_133404Parte de la decoración de la entrada en estos días.

La primera vez que hice este seguimiento de lo que hago todos los días en el trabajo escribí unas conclusiones. Mantengo casi todo, y las cosas que ahora son diferentes se deben a los cambios en mis grupos. Estas son las conclusiones que saco ahora:

1. He trabajado 105,5 horas en 20 días, incluidos un día acortado por tener que ir al médico. Esto supone una jornada laboral en abstracto y en teoría de 35 horas, pero como no contabilizo descansos y mi jornada matinal rara vez los tiene, si incluyéramos descansos hablamos de 37,5 horas, que es más o menos lo que la ley supone que hago. Debido a interrupciones y necesidades vitales variadas, cumplir con un horario así implica trabajar fines de semana, incluso si te propones, como yo, estar en el instituto unas 30 horas semanales.

2. El recuento que he hecho de las tareas usando trello no es completo: cada cinco días o así elimino tareas que he hecho, añado las que hayan ido surgiendo y me acuerde. Las que no me acuerdo de apuntar o he resuelto antes de abrir trello no figuran. Ha habido un ligero descenso, de 32 a 20. He hecho de todo: meterle el diente a tareas amplias y abiertas que no se terminan nunca, poner y corregir exámenes, cosas muy concretas como una llamada de teléfono. El trabajo no se termina nunca, y trabajar 8 horas al día no sirve para avanzar, que incluiría también hacer regularmente tareas más imaginativas que las del libro. Puedo hacerlas, pero muy de vez en cuando. De todas maneras, el trello es una ayuda magnífica, unque lo use poco.

3. Me paso la vida riñendo y creo que no soy la única. Dar clase en primero y a veces en segundo supone pasar más tiempo poniendo orden (en todos los sentidos, no solo la disciplina sino recordando, por ejemplo, qué día hay que entregar algo) que enseñando la materia.

4. El nivel de estrés es muy alto, para los profesores y para los alumnos. En los profesores se traduce en problemas de salud, que das clase peor, que riñes más y que no te concentras ni en el instituto ni en casa: hace dos años, con niños más mayores y más tranquilos, hacía más horas en casa. En los alumnos, en problemas de salud del tipo de ataques de nervios y dolores leves de cabeza o de barriga, en el ruido que hacen todo el día, y en peleas a las que ellos rara vez dan importancia. No sé qué habría que hacer para reducir el estrés aparte de aumentar los descansos y reducir las horas de clase.

5. Trabajar en un instituto pequeño (320 alumnos, 30 profesores, 4 grupos en 1º) y pasar la mayor cantidad posible de horas en el centro facilita la comunicación con otros profesores más que las reuniones regladas, porque en esas hay un orden del día que hay que seguir y consisten más bien en que alguien superior te transmite información. Poder tomarte un café o cruzarte en un cambio de clases con el tutor de ese niño que da problemas o con la Jefa de Estudios es lo que puede salvar un curso.

6. Otra cosa que puede salvar un curso es la atención personalizada. No es tan importante si tienes clases grandes o pequeñas (a 20 alumnos tampoco les das atención personalizada) como que tengas tiempo de llevar un registro de su trabajo y sus circunstancias, conocerlos, hablar con ellos en privado, hablar con sus familias y comunicarles si trabajan o no, hablar con los otros profesores del mismo niño, prepararles tareas aparte si es necesario, etc. Para mí la diferencia entre un grupo de 28 o un grupo de 20 no está en la clase en sí, sino en si al final tengo que echar cuentas de 130 niños o de 90. Ahí sí hay una diferencia, y estas tres semanas he observado un cambio de actitud grande en algunos alumnos/as que han recibido la clase de atención a la que me refiero. Eso sí, no es una fórmula mágica.

7. Doy clase con un método muy tradicional, pero cualquier pequeña ruptura con la monotonía, como una canción (que también es método tradicional), se percibe como la cumbre de lo innovador. Es como una boda por la iglesia, con todos sus perejiles, en la que la novia lleve un vestido rosa: dentro de una maquinaria que siempre hace lo mismo de la misma manera, los cambios más pequeños se notan muchísimo.

8. La clave de una clase de idiomas es usarlo. Todo lo demás son trucos de magia para que el alumnado no se aburra ni desmotive.

9. No me considero mala profesora, ni tampoco muy buena, pero no me veo puntos fuertes. Mis puntos más débiles son enseñar a hablar y a leer. El seguimiento de los 21 días me ha hecho mucho más organizada.

10. Hasta ahora me había parecido que las quejas del tipo “pasamos más tiempo haciendo papeleos y burocracia que dando clase” eran un poco exageradas. Ya no me lo parecen.

21 días, día 20. Repesca.

Tengo náuseas desde anoche y no se me han pasado por la mañana. Antes de empezar, me paso un momento por la biblioteca pública para entregar el listado de alumnos que van a ir a sacarse el carnet.

Llego al instituto y hablo con una profesora de dos alumnos con problemas que compartimos en dos clases; me viene bien conocer su punto de vista (y si alguien trabaja con una de las dos sí y con la otra no). Hablo con la profesora de “apoyo”, de lo mismo. Mi jefe de departamento me consulta si resolví dos cuestiones cuando la jefa era yo, el año pasado.

Imprimo y fotocopio las letras de canciones que voy a usar en clase, y planeo qué voy a hacer en tutoría.

Entre unas cosas y otras, vomito el desayuno. Estoy mareada pero ya no tengo tanta fatiga. Me planteo irme a casa pero no sé que es peor, si poner patas arriba mis planes de hoy e irme a hacer cola a urgencias a por un justificante, o esperar a que se me pase, que los viernes son cortitos. El problema es, sobre todo, que lo que no haga hoy lo tendré que hacer el lunes o dejarlo sin hacer.

Primero. Vamos a la biblioteca porque quiero proyectar algunas fotos, escuchar una canción y quizá enseñar alguna página web si hay tiempo, y en su aula el ordenador se rompió hace un par de semanas. Vienen rápidos y en orden. Cuesta mucho empezar la actividad, pero cuando pongo la canción (Tom’s Diner) se quedan muy callados. Nunca han oído nada igual, lo sé. Algunos no apuntan nada, ni una palabra nueva de vocabulario, en toda la hora. Una niña se enfada muchísimo cuando le digo que deje de distraer al la compañera, y más tarde se niega a leer en voz alta. Pero en conjunto es de los días que mejor se han portado y más atentos han estado.

Recreo. Lo tengo libre, pero como no me apetece café me quedo en la sala de profesores. No tengo ganas de nada y se me pasa volando.

Segundo. Hoy es el único día que podemos dedicar a lectura porque los lunes y los jueves pregunto verbos, y los textos de lectura cogen la hora entera. El de hoy va de las diferencias entre ser un niño ahora y hace 30 años. Les cuento cómo era el sistema educativo antes; les digo que antes había “octavo de Primaria” y que la educación obligatoria se acaaba a los catorce. Dos repetidores dicen muchas veces que eso sería mucho mejor porque así podrían irse a trabajar al campo. Cuesta que se centren, pero cuando por fin lo consigo entienden el texto más o menos bien.

Primero. Este grupo había olvidado que la clase era en la biblioteca. Ay. Tardamos quince minutos en estar instalados y empezar. Mientras tanto, un chico está muy alterado, hasta agresivo, porque gente de cuarto les ha bloqueado el paso cuando iban de una optativa a su aula principal. No pasa a menudo, ni siquiera todos los años, pero si los alumnos de cuarto le hacen algo a los de primero, es eso: cortar el pasillo. Nunca había visto a uno de los chiquitos tan enfadado; ninguno de sus amigos está como él. Intento que se tranquilice pero le dura toda la hora.

Aquí Tom’s Diner no tiene el mismo éxito. Gusta, pero hay por lo menos tres corrillos de gente hablando y no los puedo separar bien porque estamos faltos de mesas. Dos niños que suelen ser muy buenos se pelean, no sé si en broma, y hay que separarlos por lo menos tres veces. No da tiempo de corregir.

Tutoría. Lo primero, como siempre, es que media clase no quiere sentarse donde les he puesto. Cedo en unos casos sí y en otros no. No hay nada urgente ni obligatorio previsto, así que dedico un buen rato a hacer una relajación como la de las clases de yoga. Como meto ideas nuevas, no se callan, pero al final sale. Luego les leo lo que dice Beppo en Momo sobre cómo barrer una calle entera, diciendo que es un libro sobre una niña que combate a unos vampiros del tiempo de los demás. Mi resumen les suena a In Time, la película. Está calladísimos mientras escenifico ese monólogo, y al final alguno aplaude en broma. Aprovecho para repasar mi particular versión de “cómo priorizar tareas” apta para las agendas apretadas de 2º de ESO. En los últimos 20 minutos vemos el principio de Vida de Pi. Luego pienso que debería haber pensado en decorar la clase. Vuelvo a casa agotada, con el cerebro frito.

En casa, me dedico a corregir cuadernillos de pendientes. Los alumnos con una o dos materias suspensas de cursos anteriores pueden pasar al curso siguiente, pero las tienen que recuperar. Esto también afecta a los alumnos que han pasado curso automáticamente, porque no se puede “trepetir”. Es decir, un alumno que por ejemplo haya repetido 1º, y en septiembre le hayan quedado cuatro, pasa a segundo con esas cuatro pendientes, y repetirá segundo si no las aprueba. Inglés 1 e Inglés 2 son dos materias diferentes a este respecto, ojo. Eso sí: se suele aplicar la regla de que aprobar la asignatura mayor convalidaría la menor. Desde hace alrededor de diez años, a cada alumno con asignaturas pendientes hay que hacerle un seguimiento que significa que no se lo juegan todo a un examen de recuperación en primavera. A veces hay que entregar un cuadernillo de tareas en febrero y hacer un examen en mayo, a veces hay dos cuadernillos, o dos exámenes. Es algo que decide cada departamento.

Lo habitual es que los alumnos se descuelguen e intenten, como mucho, hacer el examen de mayo o el de septiembre. Este año, como tengo muchos alumnos que arrastran la asignatura y el idioma tiene la ventaja de que se recicla, cada vez que pongo deberes en segundo y en tercero me detengo en recordar a qué tema de cursos inferiores corresponde el que estamos dando. Así, el tema 2 de tercero es el 3 de sgundo y los 7 y 8 de primero. Redondeando, de mis 70 alumnos que no son de primero, 20 tienen inglés arrastrando y 5 me han entregado a tiempo el cuadernillo de febrero. Puede que la semana que viene recoja alguno fuera de fecha. Corrijo tres, los demás me los he dejado en el trabajo. Están bastante bien, pero incompletos.

Horas lectivas: 4
Horas no lectivas: ninguna.
Horas reales trabajadas: 7:30.
Tareas pendientes: alrededor de 20.

Mañana no habrá 21 días. Pondré unas conclusiones el domingo o el lunes.

 

21 días, día 19. Papeles y cartelitos.

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Me gustan los jueves porque me dejan bastante tiempo para hacer cosas en el trabajo, son bastante relajados, como los martes. Dos horas de clase, dos de permanencia, dos clases. Mi grupo de las 2 suele portarse mejor de lo esperable a esas horas.

Primero. Casi nadie ha hecho los deberes, así que dejo la corrección para el lunes. Pregunta alguien que si para mañana. No, repito una vez más. Del lunes al jueves, y del jueves al lunes. Un niño de los que han hecho la tarea pregunta si ha hecho bien un ejercicio y observo por sus errores que no se ha leído las instrucciones de ninguno. Dedico un rato a demostrar que no se puede hacer un ejercicio sin leer las instrucciones y que no es lo mismo “no entiendo el enunciado” que “no sé qué tengo que hacer” poniendo el ejemplo de hacer el pino: no es lo mismo entender la instrucción que saber hacerlo. Añado una tarea: construir frases sueltas siguiendo un pequeño modelo que les doy.  Pongo en la pizarra una estructura abstracta, y dos ejemplos que construimos paso a paso, y finalmente palabras sueltas de vocabulario como modelos para la tarea de los que hacen trabajo más fácil. Sí, prefiero la deducción a la inducción cuando doy instrucciones, soy muy antigua para eso.

Nos queda media hora. Estoy entre hacer ejercicios de presente continuo pero llevo demasiado rato hablando de grámatica y deberes así que paso a ver un vocabulario de preposiciones de lugar. Hago dibujos horribles en la pizarra. Explico y pongo ejemplos en dos idiomas pero no da tiempo a hacer ejercicios. Me doy cuenta un poco tarde de que hay un par de personas que no están copiando nada porque están mirando las musarañas. Castigo a venir a completar en el recreo; creo que es la primera vez en mi vida.

Tercero. Los deberes son comprobar que han repasado la lista de los verbos. Les doy una lista que incluye lo que tienen que hacer cada día, con fechas y todo. Repasar verbos irregulares van a ser los únicos deberes previstos para este trimestre, o casi. Hacemos ejercicios de comparativo y vemos un vocabulario que cierra la teoría de la unidad. Hacer esta crónica me permite comprobar que el alumno más tímido lee muchísimo mejor ahora. Insisto en que solo queda practicar y que si faltan la semana que viene por los carnavales no moveré la fecha del examen. Me aseguran que vendrán como mínimo el lunes, que será cuando escuchemos Hotel California.

La siguiente hora está oficialmente reservada a asuntos de tutoría. Hago una llamada de teléfono a una madre preocupada y me doy media hora de descanso para tomar un café y pensar en mis cosas. En los minutos que quedan, ordeno papeles y fotocopio un examen “plan B” para alumnos que estaban enfermos el día que lo puse.

Me voy a la biblioteca. Echo hora y media entre el recreo y la hora siguiente, en la que estoy libre. Es muy poco frecuente tener un hueco que no se ocupe con una tarea administrativa; es consecuencia de problemas que hubo al principio del curso para cuadrar el horario de tres o cuatro profesores. Durante el recreo, viene el niño castigado a enseñarme que ha copiado los apuntes de alguien en un intercambio y le dejo irse. El niño que se llevó el cómic de Aliens lo devuelve y le recomiendo otro; lo hojea y estudia a la vez, y al final le encanta y se lo lleva. Vienen un par de niños de los que solo quieren dar guerra y se sientan justo al lado de los que trabajan. Me erizo como un gato, pero me callo. Uno de ellos se lleva un manga.

Cuando acaba el recreo, me avisan de que la madre de un alumno ha venido a verme. Acompaña a un chico expulsado que le ha dicho que tiene que hacer un examen; es el examen “plan B”. Los expulsados tienen la obligación de venir si tienen un examen,  pero no lo hacen en su aula, sino un una sala separada. Yo me llevo a este muchacho con los demás que tienen el plan B y nadie da problemas. Les pongo su examen, Y lo hacen mientras yo sigo con mis papeles.

Tengo dos métodos de trabajo: empezar por lo más urgente o ir procesando papeles según los saco del bolso tanto si son urgentes o importantes como si no. Hoy es día del segundo. No paso las faltas de asistencia al programa informático porque la conexión de la biblioteca va muy lenta hoy, así que me pongo a hacer cartelitos con unos folios que imprimí en casa. La decoración de la biblioteca es una de mis asignaturas pendientes porque soy muy cutre, muy torpe, nada dotada para la decoración ni para nada que sea visual. Los intentos de cartelería del alumnado ayudante no suelen acabarse, más que nada porque cada niño viene una vez cada quince días, y ¿qué da tiempo a hacer en un recreo? No continúan el trabajo del niño de ayer, sino que hacen el suyo propio. En fin. Es mejor tener carteles cutres que ninguno, y he empezado a imprimir en casa. Cojo los folios impresos, los pego sobre cartulina y los voy colocando. Un solo cartel es decorativo y los demás son informativos. Al principio de llevar la biblioteca le dedicaba muchísimo tiempo, pero ahora descuido todo lo que no sea puro servicio de préstamo.

La hora termina sin que me dé tiempo a nada más. El expulsado se va con su madre, los demás a su clase. Me cruzo con un tutor que me dice que una niña enferma va a estar mucho tiempo sin venir, que solo podrá asistir a los exámenes y que si puedo hacerle unas fichitas de trabajo o un guión de qué vamos a ver en clase este mes.

Segundo. Primero verbos irregulares con la misma fotocopia que en tercero, luego un vocabulario relacionado con la biografía de un famoso (nacer, estudiar, trabajar, grabar un disco, casarse, divorciarse, morir) y por último pasar de ese ejercicio a “cómo contarme la biografía de tu cantante favorito sin que te ponga un cero por copiar o traducir cachos enteros de wikipedia”. Para esta tercera parte de una clase tan densa, les doy algunas instrucciones generales como “no pongas en tus trabajos nada que no comprendas”, y hacemos entre todos el guión de una biografía de David Bowie a partir de lo que dice la wikipedia. Tengo que reñir mucho, porque es la temida quinta hora y están revoltosos y cansados. Amenazo con poner partes y consigo que terminemos. Un chico que apenas trabaja y se pasa la clase distrayendo a quien tenga alrededor se fija en que los datos clave están en forma de “ficha de datos” en el lateral y que la redacción podría consistir en fijarse solo en esos datos, sin duda un método más sencillo que extraer los datos de la entrada. Al final creo que lo han entendido, pero

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La clase siguiente se parece mucho a la que acabo de tener, con dos pequeñas diferencias: las peleas por ir al baño y que la amenaza no es con poner partes sino con que si no termino de explicar hoy no terminaré de dar instrucciones sobre cómo hacer la redacción y se tendrán que apañar solos. Casi funciona.

Al salir hablo un momento con la otra profesora que da clases en primero. Yo voy retrasada respecto a su planificación, cosa de una o dos semanas.

Por la tarde, comparo el excel con las notitas a mano para apuntar quién ha hecho los deberes y quién tiene negativos de conducta. Uso la aplicación online para avisar a los padres de quienes llevan dos semanas seguidas sin traer deberes. Preparo lo que necesito para la sesión de Hotel California del lunes: busco por internet tres fichas de trabajo ya hechas, me quedo con la mejor y le añado más ejercicios. Y finalmente, repaso en la agenda cuáles son las cosas más urgentes que tengo que hacer mañana por la mañana.

Horas lectivas: 4.
Horas no lectivas: 1:30.
Horas reales trabajadas: 8.
Tareas pendientes: 25 (misma cantidad que el domingo, aunque sean tareas diferentes).

21 días, día 18. A rastras.

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Empiezo el día muerta de sueño. Todo lo hago tarde y mal y acabo por ir a trabajar en coche, una medida de días extremos.

Tercero. Acabo con la teoría del tema: toca ver el uso de “too” y “enough”. No contestan claro cuando les pregunto si les suena, y corto en seco una perorata sobre los males y penurias de la clase de inglés de años anteriores. La culpa de todo siempre es de quien impartió clase el año pasado…. en fin. Empiezo repasando cuándo decimos very, much, y many, porque un error común es querer usar very para todo. Les hago muchas preguntas y voy llenando la pizarra con lo que ellos dicen, ordenado en un esquema.

A continuación, paso del ejemplo del libro, que es muy soso. Les hago entender “too big” y “big enough” preguntando su número de pie. Escribo tres nombres de voluntarios, sus números de pie y dibujo (fatal) tres zapatones. Les digo, siempre en inglés, que hay un par de deportivas chulísimas del 40. “Demasiado grandes para ti, demasiado pequeñas para ti, lo bastante grandes para ti”. Muchas bromas sobre el chico alto que calza un 46. Parece que lo han entendido. Pongo ejemplos con nombres y verbos: “tengo demasiados deberes, trabajo demasiado”. Intentan despistarme y que no hagamos ningún ejercicio haciéndome preguntas sobre temas de actualidad. Contesto una o dos y hacemos un ejercicio del libro. Lo han entendido. Bien.

Primero. Toca devolver el examen que corregí ayer. Les digo la nota media de la clase, la cantidad de suspensos, e intento dar ánimos a los que no trabajan nada. Los suspensos más bajos rondan el 3.

Tenemos una interrupción maravillosa: viene el técnico a arreglar la pizarra digital. No estaba rota: un empujón había descolgado el enchufe. Mientras, copian la cabecera de su examen, similar a la foto que veis ahí arriba. Quiero que se acuerden de una vez para otra en qué sección del examen flojean. Ha pasado mucho rato; llevamos cuarenta minutos de clase cuando por fin nos ponemos a otra tarea: corregir deberes. Me preguntan la hora y si vamos a cantar hoy cada dos o tres minutos y todas las veces digo que cantaremos si terminamos con los deberes. La canción es Wonderful World de Sam Cooke, y qué va, hablan demasiado, corregimos despacio y al final nos sobra un minuto, insuficiente para poner la canción. Veo que un niño tiene la partitura de Moon River, que han tocado a la flauta en Música.

Recreo. La biblioteca está muy tranquila. Relleno información sobre alumnos para que sus tutores se la pasen a los padres, además de llevar el préstamo, como siempre.

Reunión de tutores con orientación. La orientadora, como ha hecho otras veces, solo nos da unas líneas generales sobre qué hacer esta semana y las próximas, y dice que nos pasarán información por la plataforma online. Es algo que me interesa y desconozco: el servicio de mediación que lleva solo un año montado. La directora viene a comunicar algo más lúdico: venta de claveles en San Valentín a beneficio de la excursión de 4º de ESO. Al sobrar tiempo, me dedico a un par de papeleos: poner tareas a un alumno expulsado, hablar con la tutora de un niño que da problemas, y pedirle al administrativo un listado de los alumnos de primero para que les hagan el carnet en la biblioteca pública. Mi jefe de departamento me pide que repasemos la película que dedicamos anualmente a cuestiones de género, porque el capítulo de Buffy que he utilizado varios años en 4º no encaja con su nueva programación ni con las necesidades de los alumnos.

Otra vez a primero. Todos los grupos están muy revoltosos a quinta hora (a sexta lo que están es cansados). Vamos a trabajar el mismo texto que el otro grupo leyó ayer. Empezamos tarde, porque no se sientan y se callan y estoy vigilando no gritar. Aparte de que esté mal, me duele demasiado la garganta. A media clase entran dos que se han peleado y estaban en el pasillo con un profesor, y una tercera persona que más que de mediadora, estaba consolando a la parte ofendida. Todo el mundo está mucho más pendiente de los peleados que de lo que tienen que hacer. La clase también se interrumpe constantemente por el turno de pedir permiso para ir al baño. Sí, en serio. Solo pueden ir de uno en uno, y quieren ir casi todos. Además quieren que yo gestione el turno, es decir, que recuerde o apunte a quién le toca ir después de quién. La única manera de que una clase a quinta hora o justo antes del recreo no se convierta en una pelea constante por el permiso para ir al baño es prohibir hablar del tema: cada vez que alguien entra en el aula, se disparan al techo seis manitas y yo señalo una al azar. Y esa persona sale, y nadie protesta ni pregunta. A cambio, salen todos los que lo piden (hay quien no deja salir a nadie, o solo a 3-4 personas por hora). ¿Querías leer sobre innovación educativa? Lo siento, algunas horas a veces son así, y cuando 350 personas conviven en un espacio estrecho, estas cuestiones llevan mucho tiempo.

Extraemos vocabulario del texto, pero no da tiempo a contestar ninguna de las preguntas de comprensión porque se distraen demasiado. No sé si dar el texto por liquidado; una hora por textito debería ser suficiente para entenderlo, lo que importa es trabajar en entenderlo tanto si contestas las preguntas como si no.

Por la tarde  me centro en una de las tareas que quería hacer. Los dos grupos de primero van a usar Tom’s Diner para trabajar el presente continuo y ya tenía preparada una ficha de trabajo que suelo usar en tercero, con tres actividades. La tercera no siempre sale bien en tercero, así que la sustituyo por otra que me invento, más fácil. Esa canción es una mina de eterno bien, bondad, y niños que cantan en inglés. A ver qué tal lo hacemos el viernes.

Horas lectivas: 4.
Horas no lectivas: 1:30.
Horas totales trabajadas: 6.

21 días, día 17. Biblioteca y copieteo.

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Los martes empiezo a las 11.30 y los dos anteriores llegué al trabajo muy temprano. Hoy me lo tomo con más calma. Empiezo por ir a la biblioteca pública, que no está muy retirada de mi camino al instituto, a concretar una fecha para que los grupos de primero vayan a sacarse el carnet. Es casi la única actividad estraescolar que organizo, ya sea de inglés o de biblioteca. Por el camino también me cruzo con el padre de un ex-alumno, que me pregunta amablemente: “¿sigues aquí?”. De los profesores que no somos del pueblo se espera que juntemos puntitos para el concurso de traslado y huyamos lo antes posible. No es hostilidad en absoluto, es a lo que están acostumbrados.

Una vez en el instituto, corrijo trabajos sobre los animales. Algunos son bonitos; me decepciona que algunos se han limitado a copiar un párrafo de wikipedia. Hago algún otro papeleo menor, y me voy a abrir la biblioteca. Hoy tenemos un recreo tranquilo, así que por primera vez en ni se sabe el tiempo, añado aplicaciones pedagógicas al catálogo. Estoy consiste en etiquetar los libros en el programa informático si me parece que pueden ser útiles a alguna asignatura. Empecé el año pasado, solo he repasado la cuarta parte de los libros, y Plástica ha sido la primera materia que ha utilizado mi información para recomendar lecturas optativas. También saco un pdf de la lista de retrasos en la devolución y mando un mail interno a ver si algún profesor sabe algo porque hay libros que no están registrados.

En la hora siguiente, un hueco, hago un horario de los verbos que voy a preguntar en empiezo a corregir exámenes de un grupo de primero, pero me interrumpe una reunión improvisada sobre un conflicto que afecta a un grupo entero. Doy mi versión, recojo la biblioteca, y a clase.

En primero, reparto los trabajos corregidos, explico otra vez (la tercera o cuarta) qué es un plagio y porqué uno de los trabajos lo devuelvo sin nota, y pasamos a hacer una lectura del libro que recuerdo que ha funcionado bien otros años. Sirve para introducir muchísimo vocabulario útil y a otras clases de años anteriores les gustó. El problema es que ahora quieren trabajar en español y algunos están muy nerviosos, haciendo bromas y distrayendo a quienes sí quieren trabajar.

En tercero, ejercicios a partir de la teoría de ayer. Un conflicto con alguien que se niega a leer en voz alta, a mirarme a la cara, a contestarme cuando le hablo, se deja sin resolver y con un cero en expresión oral. Para que la clase sea menos pesada, dedicamos los últimos diez minutos a ver cómo funciona Freerice y qué secciones son más útiles para ellos.

En casa, corrijo un examen de primero. Los resultados, igual que en la otra clase que corregí el fin de semana, mejoran el examen del tema 2. Tienen errores típicos de quien está interiorizando conceptos nuevos y no hay exámenes en blanco. Estoy muy contenta.

Horas lectivas: 2.
Horas no lectivas: 1:30.
Horas totales trabajadas: 6.

21 días, día 16. Movimiento perpetuo.

Los lunes, como ya he dicho, son muy duros, pero este me lo he tomado con cierta tranquilidad.

Tercero. Faltan muchos, y los que han venido no han hecho los deberes (una autoevaluación de verbos irregulares). Hoy toca algo un poco pesado y aburrido: ver toda seguida del tirón la gramática del tema en el que estamos, el comparativo. El libro apenas incluye ejemplos, así que uso la ropa que llevan puesta. Cuadro la clase con el timbre y me voy a….

segundo. Seguimos con los verbos, y después teoría. Nada muy significativo. Llego tarde a….

primero. Hay un corrillo de niñas en la puerta porque alguien ha tirado una bomba fétida. Conseguir que se callen, que saquen el libro y el cuaderno, y que se enteren de cuáles son los deberes para el jueves nos lleva más de un cuarto de hora. Pasamos el resto del tiempo haciendo dos (uno y dos y ni uno más) ejercicios de gramática bastante tradicionales. En uno de ellos hay que adivinar en qué ciudades o países están una serie de personas: en el Big Ben, el Louvre, y así. Les explico en inglés qué es el Louvre y en español qué tiene de especial Venecia. Sobre Venecia me hacen muchas preguntas. Les digo que si siguen así nos quedamos sin recreo porque quiero acabar el segundo ejercicio. Una niña pasa casi toda la clase con un ataque de ansiedad (ojos llorosos, cara descompuesta y temblores) pero prefiere quedarse en el aula. Por los pasillos un tutor me pregunta algo sobre un niño; yo le pido algo a un profsor de mi tutoría. Llego tarde a

la biblioteca en el recreo. Me como un yogur en la puerta, compruebo que todos los libros que están en préstamo faltan de la estantería (a veces alguien los guarda sin devolverlos en el programa informático) y veo una noticia del Guardian que podría ser un ejercicio para tercero: un ancianito chino, modelo de ropa diseñada por su nieto. Amenazo con echar a un cuarteto maravilla que ha venido a charlar. Mis asistentes se han olvidado de que les tocaba. Cuando toca, parece que el ruido vaya a echar el instituto abajo. Espero a que pase la estampida antes de entrar en…

segundo. Está aquí un alumno que se ha pasado meses sin venir. Le gusta hacer bromas cuando los demás se equivocan y caminar en la cuerda floja entre hacerse el gracioso y faltar al respeto al profesor. Me dice si venir a cuento que me ve un poco alterada. Sé que cree que si me dice que debo tranquilizarme, me molestará. Le digo “tú no me has visto a mí alterada, ni falta que hace”. La clase se ríe y yo sigo a lo mío. Revisamos otro grupito de verbos y hacemos ejercicios. Más tarde, el mismo niño me pregunta en qué idioma leo habitualmente, y le digo que depende del libro. La manera de corregir es que tienen que leer una frase entera toda seguida, sin pausas y sin palabras en español, y si se equivcan no importa. Un chico dice que él no va a leer en inglés, que no y que no y que eso es lo que hay. No es timidez, es cabezonería. Quiero obligarlo (siempre lo consigo y al final normalizo la lectura) pero toca el timbre y se libra. Yo voy a mi última clase con…

primero. Me encuentro a un niño que no levanta metro y medio del suelo haciendo el saludo nazi. En esta clase pasa mucho. Les cuento así por encima alguna cosa que hicieron los nazis. Han visto El Niño del Pijama de Rayas, una película que detesto, pero no la critico, sino que expando a partir de lo que saben. Algunas ideas (la invasión de países de origen de compañeros de clase, el exterminio de los discapacitados, el destino de los niños en los campos de concentración) provocan caras de horror. Matar judíos no les impresiona, y la película del pijama de rayas al parecer tampoco. Pasamos de aquí a hacer ejercicios gramaticales. Doy las instrucciones unas cinco veces por ejercicio, y repito una y mil veces cómo se forma el presente continuo. Alrededor de una cuarta parte de la clase no trabaja. Hablamos de planes para el carnaval. Es posible que la semana que viene se la cojan de vacaciones por la cara.

Y así termina la mañana. Me marcho rápidamente porque por la tarde tengo que volver.

Tengo dos familias citadas; vienen una pareja y luego una madre sola. En el primer caso, no soy la tutora pero los padres están preocupados por una hija muy estudiosa pero de bajo rendimiento. Les doy un poco de guía sobre cómo organizo las tareas y los deberes y dónde debe insistir más al estudiar. La segunda es una entrevista bastante rutinaria. Me quedo luego un ratito, pasando notas sueltas a ordenador y llamando por teléfono a padres de niños que no hacen los deberes.

En casa, hago algunas cosas mecánicas como subir a la web del instituto un solucionario para 2º, y algo relajado que llevaba mucho posponiendo: seleccionar algunas fotos de la biblioteca para la pantalla informativa de la entrada, y diseñar un par de cartelitos porque tengo la biblioteca pelona. Los imprimo en casa, porque no sé si se puede imprimir a color en el trabajo. Si hay una impresora a color, yo no tengo acceso a ella.

Ha sido de lo mejor que puede ser un lunes.

Horas lectivas: 5.
Horas no lectivas: 1.30.
Horas reales trabajadas: 7.30

 

 

 

21 días, días 14 y 15. Casi descansando.

El sábado decidí dármelo entero libre. El domingo quería hacer muchas cosas, pero también quise reservar tiempo para cuestiones personales y al final no trabajé mucho.

He subido a Soundcloud una canción cantada por mis alumnos de primero, y he corregido un examen también de un grupo de primero. Aprueban un poco más de la mitad, y la media es el aprobado raspadito. Estoy muy satisfecha porque el tema no era fácil y además tuvimos que dividirlo debido a las vacaciones de Navidad.

Me da muchísimo coraje no haber podido hacer nada más, pero bueno, el lunes seguimos.

Horas lectivas y no lectivas: 0.
Horas reales trabajadas: 2.
Tareas pendientes: 25 (hace una semana eran 22).

21 días, día 13. Día de la Paz.

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Hoy tendría el recreo libre y cuatro horas de clase pero es el día escolar de la paz y tenemos una celebración al final de la jornada.

Primero. Hoy toca que me entreguen un trabajo que han hecho por equipos, sobre animales. Recojo, tomo nota de quién no ha participado en ningún trabajo, y doy algunas indicaciones sobre la diferencia entre buscar información y plagiar. Dos de los trabajos han consistido en copiar largos párrafos de wikipedia, en inglés o en español, usando traductores online. Intento mediar entre gente que tenía que coordinarse y no lo hizo, y doy unas pautas sobre cómo hacer un trabajo así sin hacer trampa. Fundamentalmente: no copies nada que no entiendas.

Se nos va casi toda la clase con esto. Los que tienen intención de hacer tarde o de mejorar su trabajo toman nota. Empezamos un ejercicio, pero solo da tiempo a explicar cómo se hace. Se queda para la semana que viene.

Me quedo sin recreo porque algunos profesores nos tenemos que reunir con la dirección para abordar algunos problemas muy generales de rendimiento y de conducta de un grupo concreto. Qué pena el cafelito que no me he podido tomar…

Segundo. Están un poco distraídos y tengo que decirles a casi todos, de uno en uno y por su nombre, que saquen el cuaderno de inglés. Esta vez trabajamos casi todo en español: les explico mientras copian (o solo escuchan) la teoría del pasado simple. Hoy no hay verbos irregulares. Remato toda la teoría del tema y ahora solo nos queda practicarlo las próximas semanas. Da gusto cuando se trabaja bien. Hacemos dos ejercicios, uno en afirmativa y otro con preguntas. Cada vez tenemos menos problemas para que lean en voz alta aunque sea con errores.

Primero. La clase es casi igual que la que tuve antes del recreo, pero más corta, porque a y media nos vamos al patio. Me limito a comprobar quién me entrega el trabajo y quién no.

En el patio, pasamos una hora al sol con distintas actividades relacionadas con el día de la paz: leer un manifiesto, escuchar a alumnos bilingües leer unas frases en sus lenguas maternas (árabe, portugués, rumano… cerca de una docena), ver una coreografía a una canción sobre la paz, lo típico de esta ocasión. A las dos y media, recogemos y los niños tienen un rato libre hasta que nos vamos a las tres. Y a lo largo de la mañana de hoy, día de la paz, he separado por lo menos cuatro peleas, casi todas a patada limpia, casi todas en broma…

En casa, escribo un pequeño documento sobre lo que se habló en la reunión del recreo. Y cierro por hoy. Mi plan para el fin de semana es no hacer nada de trabajo el sábado, y hacer muchas cosas el domingo.

Horas lectivas: 4.
Horas no lectivas: ninguna.
Horas reales trabajadas: 5.30

21 días, día 12. El peso de mis bolsas.

Los jueves son el único día en el que tengo que estar en el centro todas las horas: tengo dos clases, una hora de permanencia, el recreo (teóricamente de papeleo; lo dedico a la biblioteca), una hora teóricamente libre y dos clases más. La hora a la que estoy teóricamente libre la tengo reservada para usar la biblioteca, y si descanso es el la que teóricamente estoy haciendo papeleo.

Primero. Todos los miércoles salgo a las dos creyendo que mi trabajo es inútil y todos los jueves me reconcilio un poco con ellos; la verdad es que de 1 a 2, a la quinta hora de clase, ni están ni pueden estar en su mejor momento. Empiezo con los deberes: los han hecho tres personas. Llevan dos semanas con la misma confusión: el primer día de clase del trimestre, les dije que en dos semanas (mañana viernes) tenían que entregar un póster creado por equipos. Eso ha provocado que cada día, todos los días desde entonces, se hagan un lío sobre los deberes que mando un par de veces a la semana, cortos, fáciles e individuales, y El Trabajo De Los Animales, un trabajo amplio, creativo y para hacer en grupo. Me han preguntado cada día cuándo había que entregarlo, cómo había que hacerlo… y ha sido la razón de que no hagan los deberes “normales”, porque no les cabe en la cabeza que ponga dos tareas distintas, una corta para mañana y una larga para dentro de dos semanas. No es una cuestión de que no tengan tiempo de hacerlas (esa no es su protesta en absoluto). Además, me están haciendo unas preguntas muy precisas sobre la presentación. Explico por enésima vez que valoro la presentación y el uso de fotos o dibujos con el 25% de la nota, pero que la técnica es libre.

A continuación remato el vocabulario de las partes de la ciudad con una comparativa entre qué entienden ingleses y americanos por “pub” y “bar” y algunas diferencias entre esos y otros locales de restauración españoles y extranjeros. La semana que viene quiero trabajar con Tom’s Diner y quiero que conozcan de antes la palabra “diner”. Por último, vemos la teoría del presente continuo que el otro grupo de primero vio ayer.

Tercero. Tienen un examen. El profesor que da Alternativa a la Religión en mi tutoría, un 2º, me dice que si le dejo una película de la biblioteca o del departamento de Inglés, que le ofrecí anteriormente. 2º y 4º, regidos por la LOE, tiene una hora de estudio semilibre a la semana; 1º y 3º tienen ética. Él vigila mi examen mientras escojo una película para mi clase. Mientras vigilo el examen, preparo una temporalización de lo que queda de trimestre empezando por tercero. Me veo corta de horas y hay festivos que no me esperaba. Me dicen que piensan asistir a clase en Carnaval y uno me avisa de que va a faltar dos semanas enteras de mayo, para irse al Rocío.

Hora de papeleos. Dedico un ratito a hablar con la profesora de “apoyo” (su materia no se llama realmente así). Los alumnos con peores dificultades, da igual la naturaleza de las mismas, pasan en su aula un número de horas que depende de la gravedad de su caso. Un par de alumnos están allí más de la mitad de la jornada; otros, una o dos horas al día. Podría dedicarse solo a los casos más graves, pero esta compañera llena el “aforo” de su pequeña clase. Hoy faltan muchos, por resfriado, y está prácticamente sola. Comentamos la evolución de tres o cuatro alumnos que tenemos en común.

Paso el resto de la hora rellenando el cuaderno de tutoría. Los tutores tenemos que llevar un registro de qué actividades se han hecho cada hora semanal de tutoría. También tenemos que levantar acta de cada reunión individual con una familia y con alumnos. Yo me he despistado un poco y hace varias semanas que no hago el registro de lo que hacemos en clase. Cojo un calendario y mis apuntes, hago memoria y hala, completo.

Recreo. Hoy hay muchísimo ruido en el pasillo, porque como hace frío, no quieren salir al patio. Hay gente sentada en el suelo comiendo bocadillos y tirando mini tetrabricks al suelo. Después de mucho insistir, se van. Dentro de la sala hay corrillos charlando o trabajando. Una niña de primero de las que vieron las láminas de Lucien Freud vuelve a coger el libro para montar un coro de risitas mientras su amiga estudia, o lo intenta. Cojo el libro y lo meto en un cajón. Si estuvieran calladas me daría igual, lo que no soporto es el corrillo de alborotadores fastidiando a los que trabajan o leen. Un niño que estaba en apoyo mientras hablaba con su profesora me devuelve un cómic que no le ha gustado, y se lleva otro “porque quiere estar siempre leyendo algo”. Espero que disfrute de los monstruitos que se lleva.

Mi hora libre la he usado para poner un examen a cinco de primero que faltaron por enfermedad el día que tocaba. Me hacen más preguntas sobre aspectos nimios del trabajo que me tienen que entregar mañana: en ninguno de los dos grupos han entendido de verdad que la técnica era libre. Mientras hacen el examencito, quiero corregir exámenes pero no me da tiempo: me paso casi toda la hora ordenando papeles, sobre todo fajos de exámenes. Hay cosas que tengo que llevar al departamento, otras a mi casillero y otras me las tengo que quedar yo, y doy unos cuantos paseos cuando los cinco terminan el examen. Los trastos que llevo pesan una tonelada, menos mal que las clases que me quedan son las dos sin radiocassette.

Segundo. Empiezo por preguntarle a la alumna angloparlante si quiere corregir la parte que es tipo test de los exámenes de primero, y dice que sí, bendita sea. Si hacemos una actividad comunicativa me gusta que participe, pero hoy toca algo un poco machacón. Es la primera vez que voy a comprobar que han estudiado los verbos en casa; casi dos tercios los han hecho. El proceso que sigo es darles un grupo de verbos irregulares con algún punto en común (terminados en -t, la vocal se transforma en -o-, etc) en clase. Sólo infinitivos. Pregunto las traducciones al conjunto de la clase. Pongo en la pizarra digital el listado completo, infinitivos, pasados, participios y traducciones, los leo y repiten después de mí. A continuación, los lunes y los jueves voy a (porque se traen el papelito a clase) que se han hecho un pequeño auto-test para ver si los recordaban. Empezamos con los verbos que tienen las tres formas iguales (cut/cut/cut) y hoy tocan los que acaban en -t (bend/bent/bent). No sé si este método va a funcionar, pero de momento tiene un inconveniente respecto al tradicional de darles la lista y preguntar para ver si se la están estudiando: consume muchísimo tiempo. Tardamos media hora entre comprobar si han revisado el primer grupo, y darles el segundo. Esto significa dedicar la mayor parte de las próximas 3-4 semanas a introducir la lista. Creo que va a merecer la pena, pero se supone que tengo que dar un temario de nueve temas en un año y veo claro que voy a tener que sacrificar no ya uno, sino casi seguro que dos. ¿Dar una programación más completa o que se aprendan esta vez de verdad sí los verbos? Ay. De ahí pasamos a las instrucciones de una redacción. Montan mucho alboroto.

Última clase del día.  Repito casi lo mismo que he hecho en la clase anterior, con la diferencia de que ponen más interés pero charlan entre ellos mucho más. Estoy afónica.

En casa, peso mis bultos. 8 kilos sin contar el reproductor de CD.

Horas lectivas: 4.
Horas no lectivas: 1.30
Horas reales trabajadas: 6:30.

21 días, día 11. Preparando el Día de la Paz.

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El día empieza con tercero. Los deberes son una autoevaluación de verbos irregulares, que la mayoría ha hecho. Pasamos a otro grupito de verbos, lo repasamos y la autoevaluación se queda para el lunes. Pasamos a un ejercicio de escucha que cuesta muchísimo hacer porque no podemos reproducir sonido desde el ordenador (pizarra digital rota o desconectada, no lo sé), y el CD portátil se niega  reproducir el disco, el original de la editorial. Creo que está en las últimas. Leo el guión de medio ejercicio y el otro medio se deja escuchar desde el aparato. Corregimos; éste les ha costado. Intento hacer un poco de conversación, pero me miran como si hablara en ruso; el tema no les interesa. Paso a introducir la próxima cuestión gramatical que vamos a ver la semana que viene.

Primero. Arrancamos bastante bien; corregimos deberes (muy sencillo: hacer dos listas, una de tiendas y locales que tu pueblo no tiene y otra que sí). La mitad de la clase no los ha hecho. Hoy toca el presente continuo; presento toda la gramática de un tirón, en español cuando quiero comparar la gramática de los dos idiomas y en inglés cuando pido o pongo ejemplos. Tienen muchas ganas de participar y cuesta que no lo hagan todos a la vez. Damos toda la gramática de una unidad didáctica en dos patadas, los felicito y se alegran. Hacemos un ejercicio, y eso ya les cuesta más.

Segundo: tutoría. Hoy nos toca hacer una tarea que nos ha mandado Orientación para preparar el día escolar de la paz, el 30 de enero. Estoy desanimada porque todo queda siempre en buenas intenciones, son días en los que hay que cubrir el expediente y tengo más ganas de ir al dentista ahora mismo que de hablar de Paz con mayúscula. Tenemos que pensar en varios lemas y decorar una o varias palomas de las que tenemos la silueta en una fotocopia. Les insisto en que no podemos entender la paz como lo opuesto de la guerra que ocurre en países lejanos. Pongo la definición de la RAE en la pizarra digital cortando las definiciones religiosas y les pregunto qué rompe la paz en el instituto. A base de ir haciendo preguntas y estimulando cierto debate la pizarra acaba con tres columnas: una de problemas (peleas), otra de causas (discriminación, ruido) y otra de soluciones (saber escuchar, igualdad). Cuando hablamos de discriminación hablan espontáneamente de machismo y racismo y yo introduzco el clasismo y la homofobia, que conocen como ideas aunque las palabras sean nuevas. Convertimos la tercera columna, la de las soluciones, en lemas. Son muy originales. Insisten mucho en que el “lema de la clase” (sus palabras) que decora el tablón de corcho tiene que ser el lema ganador que entreguemos a la Orientadora. Ellos no lo saben, pero es el imperativo categórico kantiano formulado en términos coloquiales (pórtate como quieres que lo haga todo el mundo). Unos voluntarios  hacen pósters. Mucha gente señala quiénes deben dibujar, es bonito ver que se aprecian unos a otros. Es todo un poco caótico al final, pero en conjunto ha salido bien.

Recreo en la biblioteca. Hay más gente de lo habitual. Mis ayudantes devuelven los libros a su sitio. Echo a un par de niños que han venido a “hacer un sorteo” (!!) y se van la mitad. Todo el mundo hace mucho ruido. Es inevitable si están trabajando en equipo; no saben hablar en voz baja.

Después del recreo, me encuentro en el pasillo con una niña que llora hipando (no es la misma de ayer). Parece otro ataque de ansiedad, pero es un disgusto por una pelea. Estos ataques aparatosos no son tan frecuentes como enfermedades misteriosas, dolores de cabeza y de barriga, mareos… cada día, por lo menos un par de alumnos vuelven enfermos a su casa o pasan una horita en el sillón de la entrada.

Reunión de tutores con Orientación. Hoy apenas hay novedades. Esto pasa a veces; como algunas reuniones tienen que estar en el calendario semanal, no siempre hay novedades, mientras que para otras que a lo mejor hacen falta hay poco tiempo. Es una consecuencia inevitable de las pocas horas presenciales-pero-no-lectivas que tenemos. Cuando la orientadora termina de informarnos sobre algo que pasará la semana que viene, aprovecho para pasar faltas de asistencia a la aplicación informática, actualizar la hoja de cálculo de las clases usando mi cuadernito, y enviar avisos por SMS a las familias de los alumnos que han acumulado muchos “negativos” de conducta o de falta de trabajo. Tengo el tiempo justo para esas tareas administrativas: toca el tiembre en cuanto termino.

Primero. Terminamos en veinte minutos el ejercicio de escucha que no pudimos hacer en el examen del viernes pasado. Tardan muchísimo en estar listos. Les entrego el ejercicio en forma de papelito, separado del examen original, y cuando termino, intento hacer lo mismo que en el otro grupo: la teoría más básica del presente continuo. Aquí es más difícil. Charlan, no trabajan, o se pierden. Sobre todo, muchos no están copiando lo que pongo en la pizarra. Es el cuarto tema y saben ya que desmenuzo la gramática mucho más que el libro (que no tiene explicaciones teóricas de ningún tipo, por otra parte). Los que no están escribiendo es porque están distraídos, porque esperan una orden directa y dirigida a ellos (JUAN, copia eso)… me enfado mucho con un niño que ha arrancado una hoja del cuaderno con los esquemas a medias y ha empezado a copiar de nuevo. No hay ningún problema en la hoja arrancada. Esto es algo que al principio hacían todos: el cuaderno tiene que estar perfecto y además incluir todas las respuestas a todos los ejercicios, tanto si los han hecho como si solo están copiando sin pensar. Vuelvo a repetir una vez más, en español, para qué sirve el cuaderno y que el objetivo no es que quede “bonito”.

Me voy a casa de mal humor. He dado casi todas las clases a gritos. No riñendo, no, solo gritando sin darme cuenta por encima del ruido constante. Me duele la garganta el resto del día.

En casa, hay muchas cosas que quiero hacer pero no tengo tiempo de ninguna, entre cuestiones personales y que quiero descansar. Estoy intentando dormir todas las horas que me pida el cuerpo y cerrar todo lo que sea trabajo a las nueve como muy tarde; no hay manera de hacer eso y  adelantar trabajo. Dos clases empiezan a impacientarse porque quieren que corrija exámenes o prepare trabajo con canciones, pero hoy no va a ser el día. Creo que es el primero desde que empecé este experimento en el que no hago horas extras.

Horas lectivas: 4.
Horas no lectivas: 1:30
Horas reales trabajadas: 5:30