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21 días, día 9. Otro lunes infernal.

nighthawks

Como ya he dicho, mis lunes son terribles. Al lío.

Tercero: hoy toca acabar de ver cómo cuenta el libro el vocabulario que empezamos el jueves, hacer un ejercicio de escucha (sí, otro) y probar una técnica nueva para aprendernos los verbos irregulares. Teóricamente esa lista de verbos es materia de 2º, y hay profesores que la convierten en llave para aprobar (con la LOMCE no sé, pero con la LOE me parece ilegal del todo). Esta clase, en conjunto, no la domina, algo bastante habitual en tercero. Haber intentado memorizarla en un curso no basta, hay que utilizar las palabras para comunicarse, leer sobre todo. También repaso deberes. los ha hecho más gente que la última vez, pero no muchos. El tiempo se me va, porque a raíz de un ejercicio del libro me preguntan por el contexto cultural de la película Criadas y Señoras (les explico por qué me parece mala y tramposa), El niño del pijama de rayas (peor aún) y por cuestiones sociales relacionadas con la Segunda Guerra Mundial. Hablamos de Mengele, de la banalidad del mal y del diario de Ana Frank , que no han leído pero conocen por un documental. Me despisto y me dejo enredar un poco; eso se come el tiempo del ejercicio de escucha. Les cuento cómo vamos a trabajar los verbos irregulares a partir de ahora: unos minutos en clase para repasar, y una autoevaluación en clase. La idea la reciben con apatía.

Segundo: ruido, mucho ruido. Primero compruebo si han hecho los deberes y les digo que voy a poner las soluciones en la plataforma online del instituto. Corregir es aburridísimo y llevamos mareando los mismos ejercicios una semana. Leemos las respuestas a otro del libro, y pasamos a los verbos irregulares. Les hago un repaso ultrarrápido de cómo funciona el pasado simple de los regulares, comprueban que está tirado de fácil, y les detallo cómo vamos a estudiarlos (repasos en clase 2 veces en semana, los deberes van a ser autoevaluaciones). He separado los verbos en grupos de los que se conjugan parecido y empezamos con los que tienen tres formas iguales (cut-cut-cut: cortar, por ejemplo). entre todos ven que se saben la mayoría de los significados. Todo bien por aquí.

Primero: nadie está sentado en su sitio y me lío a poner negativos. Me he buscado un cuadernito para dejar de usar papeles sueltos en las clases en las que no hay ordenador. Me hacen tantas preguntas absurdas y tengo que llamar al orden tantas veces que empezamos casi a menos cuarto. Empezamos tema con vocabulario: las partes de la ciudad. Son casi todo nombres de tiendas (panadería, librería…) y cosas como parque y colegio. Les hago que me vayan diciendo las que saben, y en vez de dar una lista corta y simple como el libro, las separamos en tiendas, sitios divertidos, y todo lo demás. No va mal, salvando que me tengo que pasar la hora mandando callar y les obligo a quedarse un par de minutos de recreo para terminar.

Recreo en la biblioteca. Estoy cansadísima y no hago casi nada aparte de ordenar devoluciones. Me chivan (no hay otro nombre: me lo dicen ml y a escondidas) que unas niñas están viendo «cosas que no deben»: es un libro de láminas de arte, poco accesible, con pintura figurativa del siglo XX, así que hay un par de desnudos frontales masculinos, hombres feos, tipo Lucien Freud. A las niñas las conozco, son de primero y están más bien nerviosas y un poco escandalizadas. No les parece divertido y no quieren gastarme ninguna broma como quizá sí harían si tuvieran un par de años más. Les explico con el libro cerrado o con una de las imágenes a medio tapar que es natural que resulte chocante una figura humana mostrada de una manera que no es bonita; lo que yo creo que el artista quiere expresar y qué opinan ellas sobre que ese libro esté en la biblioteca y se pueda coger si a uno no le desagradan esas pinturas tan chocantes. Otras veces he tenido problemas con cómics que mostraban desnudos. Los retiro de la circulación, no por el desnudo sino porque algunos chicos vienen a verlos, reírse y molestar a quienes leen o estudian. Las láminas de arte, en cambio, vuelven a la estantería.

Segundo. Se repite casi la misma clase que en el otro grupo con poca diferencia. Están completamente incrédulos ante mi manera de introducir los verbos irregulares. Una repetidora dice: «¡pero si nos vamos a autoevaluar va a aprobar todo el mundo!». Más incredulidad cuando les digo que suelo dar aprobados generales de vez en cuando (me pasa en cuarto: otro resultado es un fracaso para mí). Bromeo con que «la página de los verbos en el libro es tó fea» y sugieren arrancarla; les prometo que si se portan bien veremos El Club de los Poetas Muertos. No se saben muy bien lo que significan los primeros verbos. Sobra tiempo y hacemos un ejercicio de escucha que nadie entiende. Un niño quiere dar todas las respuestas de absolutamente todo y dice que no piensa cambiar cuando le digo que deje hablar a los demás.

Primero: otra ronda de puntitos negativos a los que no se sientan. La clase va justo como la anterior, pero sorprendentemente y a pesar de la hora se portan muchísimo mejor. Me sobran cinco minutos para dar la misma materia y ellos mismos han dado extra de vocabulario así que añado una explicación de las diferencias entre pub inglés, bar americano y «bar» en español. Les enseño el típico cuadro de Hopper para que vean qué es un diner americano.

Antes de irme a comer, dejo puesta tarea para un alumno que sale expulsado. Cuando un alumno acumula avisos por mal comportamiento, se puede acabar expulsándolo, pero no es imprescindible. En estos casos, hay que dejar apuntadas actividades para que el niño no pierda clase.

Esta tarde, además de tres familias tengo claustro. Afortunadamente dos madres vienen juntas y muy pronto y las puedo ver antes de la reunión. Más tarde viene un padre separado que no convive con su hijo y acuerdo que lo voy a tener informado con emails. Una madre no viene a verme a mí, pero ya que nos cruzamos me saluda y hablamos de cuánto ha mejorado su hija. Es bonito y me sienta muy bien que me reconozcan el trabajo, la verdad.

Un claustro es una reunión de todos los profesores de un centro educativo. Hay al menos un par por trimestre, rara vez más de uno al mes. El de Enero consiste en ver estadísticas de resultados de la primera evaluación, por grupos, por niveles y por departamentos; comentar un informe sobre las faltas de convivencia; comunicar y si hace falta debatir y cambiar el calendario de actividades del trimestre; y en este caso, organizar qué vamos a hacer por el Día de la Paz y el Día de Andalucía.

No llego a casa hasta las siete. Llevo once horas dando vueltas. Hago un par de tareas prioritarias: meto en la hoja de cálculo los puntos que he puesto en el día, y envío vía online un SMS a las familias de alumnos especialmente revoltosos o que llevan dos semanas enteras sin hacer los deberes. Es más rápido que ponerles una nota en la agenda a los niños.

Horas lectivas: 5.
Horas no lectivas: 1.30
Horas reales trabajadas: 8

 

 

 

21 días, días 7 y 8. Horas extras en fin de semana.

Normalmente, evito corregir en fin de semana. A veces hago otras tareas, ya sean urgentes o creativas. Lo que ocurre ahora mismo es que la semana que entra voy a tener ocupadas dos tardes y la mañana del martes con cuestiones imprevistas o no laborales, así que intento adelantar. Es difícil mantener un equilibrio entre hacer algo más que llevar lo básico al día, por un lado; y ser consciente de que el trabajo no se termina nunca, e impedir que absorba todo el tiempo disponible, por otro.

Me dedico a corregir exámenes de segundo: mitad aprobados y mitad suspensos como en la otra clase, pero más heterogeneidad, notas más altas y más bajas. Actualizo la lista de tareas, aunque norecojo el mar de papelitos que invade mi mesa y mi bolso, solo los junto todos en el mismo sitio. Como tenemos un solo CD con los listenings de los exámenes para dos profesoras y cuatro clases, grabo dos CDs a partir de los mp3 que hice por seguridad hace mucho tiempo, y también un pendrive para mí porque siempre hace falta un plan B. También hago una ficha de lectura para la alumna de la adaptación ya mencionada, refundiendo una que me han dejado y una que veo por internet, y cortopego la letra de Hotel California (ya haré una ficha de actividades otro día). Preparo tres listas diferentes para repasar verbos irregulares, y las subo a la plataforma del instituto, un «aula virtual» que sirve para que los alumnos descarguen material sin tener que fotocopiarlo.

Lo más importante de lo que se me ha quedado por hacer es una temporización de las clases. Ya he puesto las fechas de los próximos exámenes y necesito esa temporización para encajar cada tema en esas semanas. Ni he tocado los exámenes de primero.

Horas lectivas y no lectivas: ninguna.
Horas reales trabajadas: 5.
Tareas pendientes: 22 (hace una semana eran 32).

 

 

21 días, día 6. Accidentes e imprevistos.

A mi tutoría le gusta que ponga esta música como fondo cuando hacemos ejercicios de relajación.

Los viernes son, en teoría, el único día en el que puedo descansar en el recreo. La biblioteca la abre alguien del equipo de apoyo: 5 profesores que se turnan en ello. Lo hacen sin que conste en su horario: oficialmente están descansando. La única ventaja que consiguen son puntos para el concurso de traslados. Esto es algo bastante frecuente en algunas tareas que realizamos.

Hoy, sin embargo, en el recreo abro yo porque mis compañeros ya se encargaron ayer mientras yo estaba en el médico. Es importante para mí que la biblioteca abra todos los días, ya que solo se abre al público en los recreos. Además hoy llueve y no hay apenas sitio donde estar en esos casos.

Mi jornada empieza a las 10:30, pero me levanto muy temprano para corregir exámenes. Termino con un grupo, meto las notas en la hoja de cálculo que también me sirve para hacer una pequeña estadística. Hay un 0,9 y luego todas las demás notas están entre el 2,7 y el 6.3. Media: 4.6. Aprobados: justo la mitad. Descanso un rato, sigo con el otro grupo, y me voy al instituto.

Examen de primero. Quieren colocarse en filas separadas que empiecen en la pared de delante, bloqueando la puerta y todo el camino de salida del aula. Les digo que se echen para atrás. Se colocan, reparto, y doy instrucciones. Les pregunto a ellos que expliquen de uno en uno qué hay que hacer en cada ejercicio. Mi experiencia es que no las leen, esperan a que yo explique. Están muy alterados y resulta casi imposible que se callen del todo y no hagan ruido. No están haciendo trampa, solo ruido. Me preguntan hasta cuatro veces dudas de vocabulario y les digo todas ellas que no les voy a contestar. Me preguntan seis veces cómo se hace el ejercicio 11 y les digo que hay que poner signos de puntuación. Entonces, el desastre: en la funda donde llevo los CDs del libro de texto falta el de los exámenes de primero, el que pone «5 out of 5». Lo busco por todas partes. No está. Los niños me dan sugerencias sobre qué hacer, todas inútiles. Le pido a uno que busque al maestro de guardia, que viene en un par de minutos, y me voy a buscar el CD. Me cruzo con mis compañeros de departamento: nadie tiene un ejemplar. El problema es que esos CDs están pegados al libro del profesor, que por distintos motivos yo no llevo nunca a las clases, así que metí los CDs en una de esas fundas pensadas para llevar CDs en el coche.

Encuentro un CD 5 en el departamento, pero cuando intento reproducirlo en el examen, está rayadísimo y no reconoce el corte. Me hacen más malas propuestas y les digo que les pondré el listening en ficha aparte el lunes, en diez minutillos. Terminan antes de la hora, parece que el examen me ha quedado corto.

Recreo. Niñas que tienen libros desde diciembre vienen a renovarlos. Un profesor que coordina una reunión a la que no pude asistir viene a pedirme unos datos y se los doy de memoria. Recomiendo Mort a dos que bichean estanterías. hago una copia a mp3 del corte que no se dejaba reproducir en la clase anterior y lo grabo en un pendrive. Recuerdo difusamente una época en la que podía catalogar en los recreos.

Me voy al grupo de segundo del que he corregido el examen y lo entrego. Cuando digo que los tengo, un par de ansiosos preguntan repetidamente «¿y están bien?». No me dejan hablar. Les enseño la estadística en la hoja de cálculo, les reparto el examen, y les echo el enésimo discurso motivador: sois mejores en inglés de lo que creéis. Un par protestan por no haber hecho el examen adaptado. En un caso no negocio (el examen adaptado ha cumplido su función y ya no estás descolgada) y en el otro sí (haz tu trabajo diario y da menos guerra; el examen adaptado no es un capricho que me puedas exigir). A continuación, mi chasco: nadie, o casi, ha hecho los deberes. Dejo su corrección para el lunes y les digo que si ellos me dan disgustos, yo les daré disgustos a ellos (sí, es poco pedagógico y motivador, pero a veces me sale el ramalazo). Les cuento por encima de qué trata el próximo tema. En dos palabras, que el Past Simple es fácil, que la lista de los verbos irregulares hay que aprenderla sí o sí, y que las próximas seis semanas deberían estudiar inglés a diario si esperan enterarse de algo, no ya aprobar.

Entre aclarar las dudas con el examen y el anuncio del tema 3 (deberes míos para el fin de semana: preparar una plantilla. Ya os contaré), son casi menos veinte. Entre las cosas que puedo improvisar, ya que no quiero corregir deberes, está el vocabulario que introduce el tema 3. Por cierto, si estoy empezándolo no es porque sea muy lenta: he dado los temas 1, 2 y 8 porque me parecía más claro y pedagógico. El tema es la familia y es rápido y fácil poner el típico árbol genealógico en la pizarra. Aclaro las dudas, insisto en los sitios donde sé por otros años que más errores hay, y a poner un examen al otro grupo de primero.

Se ha roto la pizarra digital. Sí, la nueva, la que lleva instalada desde septiembre, cuando nos quitaron el proyector del ordenador que funcionaba perfectamente (cosas de la Junta: hay que usar pizarras digitales, no ordenadores conectados a un cañón proyector, aunque no necesites las funciones de una pizarra digital). Sí, esa pizarra en la que se instalaron esta misma semana los libros de texto digitales. Les digo que tienen que hacer el examen muy calladitos porque estoy muy cansada, y todo transcurre sin novedad, salvo que hacen veinte veces la misma pregunta. Me dan dos versiones sobre la posible causa de la avería: una pelea en broma acabó con una colisión múltiple A empuja a B -> B cae sobre C -> C golpea sin querer la pizarra, y que un niño (con nombre y apellidos) de otra clase vino y la estuvo aporreando. Se lo digo por el pasillo a la jefa de estudios, que dice que habrá que hablar con los respectivos tutores. Los compadezco, o quizá no, porque ellos han salido ya y a mí me queda por dar una clase.

Segundo. Soy la tutora, y a pesar de que ya tuvimos sesión de tutoría el miércoles, pretenden que reorganice ahora cómo se sientan. No me dejo engatusar, pero tengo que dedicar unos minutos a supervisar agendas y citas con sus padres. Compruebo los deberes: no los ha hecho casi nadie aquí tampoco. Los dejo para el lunes, y les doy la misma introducción a los verbos irregulares que hice en la otra clase. Antes del vocabulario sobre la familia, hacemos una relajación con música. Pongo The velocity of love, que ya la conocen. Son capaces de cerrar los ojos hasta con un vídeo de youtube y el proyector encendido.

La diferencia en el repaso del vocabulario sobre la familia es que al comentar el género gramatical father vs. parent hago una broma sobre su típico error «my fathers» y acabamos con un brevísimo debate y muchas preguntas sobre el matrimonio igualitario y la educación de los hijos de parejas del mismo sexo. Algunos arrugan la nariz porque sea posible; otros se escandalizan de que el matrimonio igualitario y la adopción por homosexuales no sean universalmente reconocidas. Un niño dice «pues yo no estoy de acuerdo» «¿con qué?» «con la homosexualidad». En el coro de protestas escojo a la voz que dice «…derecho a su opinión». Zanjo esto con que no todo es opinable, y que no podemos tener  un debate sobre los derechos más básicos de la gente. Decir «imagínate que tenemos un compañero de clase gay» ayuda.

Mi bolsa es un caos de papelitos, notas, agendas, exámenes. Eso me agobia muchísimo. La ordeno un poco, lo justo para separar el trabajo que merece la pena llevarme a casa.

Horas lectivas: 4.
Horas no lectivas: ninguna.
Horas reales trabajadas: 6.30

 

21 días en un instituto: el retorno.

 

una pila de exámenes y otros trabajos, primer trimestre 2015-2016.
Una pila de libros de texto, exámenes y otros trabajos, primer trimestre 2015-2016.

Hace dos años, empecé el segundo trimestre haciendo una pequeña crónica de mi trabajo diario como profesora de inglés en un instituto de secundaria, una experiencia que tenéis aquí. Han cambiado bastantes cosas desde entonces, y creo que merece la pena repetir la experiencia.

Algunas cosas van a estar repetidas de aquella ocasión. Os refresco la memoria: en esta localidad turística de 20.000 habitantes, en la que veo Portugal desde mi casa y desde el trabajo, hay dos institutos, el grande y el chico. El mío es el chico: redondeando hacia abajo, 300 alumnos de la ESO. Yo doy clase a 120, repartidos en 5 grupos: dos de 1º, dos de 2º, y uno de 3º. Soy también la tutora de un 2º y la coordinadora de la biblioteca escolar. Tengo 30 compañeros profesores. También hay dos conserjes y un administrativo. Hay cafetería en el instituto, y ninguna externa cerca.

Además del día a día de las clases, voy a hablar bastante del papeleo y de las horas que trabajo. Sobre las horas, una pequeña explicación: oficialmente, tengo 21 horas de clase, pero dos se dedican a cuestiones de tutoría, así que tengo 19 en realidad, y 6 horas presenciales en las que no doy clase: una para atender a familias del alumnado, dos para la biblioteca, dos para otras reuniones, y una para la tutoría. No libro los recreos de lunes a jueves.  A este horario de 25 horas semanales se le suman el «horario no regular», 5 horas semanales que se reservan para actividades intermitentes: reuniones que no sean semanales, excursiones, y formación.

La otra vez comenté  que había tareas no urgentes que estuvieron pendientes de hacer las tres semanas en las que hice seguimiento (os recomiendo que leáis mis conclusiones de hace dos años). Como ahora uso trello, una aplicación para listas de tareas, puedo hacer u conteo bastante preciso de lo atrasada que voy en todo lo que no sea urgente. No voy a ser muy insistente con esto, lo indicaré solo de vez en cuando.

He escogido el principio del segundo trimestre porque es el momento más tranquilo del curso: ya conozco a mis grupos y no tengo reuniones de evaluación. La semana de las evaluaciones no sería representativa. La primera vez que hice este experimento escogí deliberadamente tres semanas sin exámenes, algo que tampoco refleja bien de qué va este trabajo. Espero que os guste, y que a los que queréis ser profesores os resulte educativo.

Voy a empezar hoy domingo con el conteo de las horas. He preparado un examen para 2º de ESO, en versiones estándar (procuro no llamarlo «normal») y adaptada. Daré más detalles sobre cómo es eso de poner exámenes a lo largo de la semana.

Horas lectivas: 0.
Horas no lectivas: 0.
Horas trabajadas: 1.
Tareas pendientes apuntadas en trello: 32.

 

Propósitos de año nuevo, otra vez.

Llevo varios años poniendo por aquí una lista de propósitos de Año Nuevo. Es una manera de que la lista esté localizada y poder recordarla. Suelo cumplir unos cuantos, más que nada porque intento ser realista. Este año ha sido desastroso en muchas cosas personales (salud mía y de familiares, principalmente), pero algo he podido hacer. Mantuve la tasa de aprobados, aunque lo tenía fácil, con tres grupos de 4º de ESO. Terminé la tesis, de la que solo me queda defender. Con una mezcla de ejercicio físico y control del estrés conseguí no caer enferma de verdad. Sobre el eterno «quiero leer más libros de los que compro y reducir la altura del montón de pendientes», pues este año ha ido mejor, porque el montón invencible al menos mantiene la altura sin crecer. Sigo tirándome del pelo cuando estoy nerviosa, y he empezado a medir el tiempo que paso online así que ahora podría empezar a reducirlo. Y algo importante: no he roto relaciones, no he cerrado capítulos.

Y estos son los de este año:

Trabajo, dinero, y demás cosas prosaicas:

  1. Mantener la tasa de aprobados en junio es imposible. Subirla al 70% desde el 50% actual sería todo un logro.
  2. Hacer actividades más variadas y más comunicativas.
  3. Volver a ahorrar. Ya sé cómo, y se me da bien, pero una serie de gastos en 2015 me han desequilibrado las cuentas y hay que volver a echarlas.

Salud:

  1. Pues lo de siempre: mantenerla. Que no es igual para todo el mundo, pero en mi caso depende mucho de mí.
  2. Derivado de lo anterior: seguir haciendo ejercicio. Aumentar las distancias que camino sin esfuerzo (este año pasó de casi 5 a 8 kilómetros). Hacer yoga como mínimo en días alternos, y si es a diario mejor.

Hobbies y demás cosas importantes y divertidas:

  1. Como siempre, leer más libros de los que compro. Con reducir el montón me vale. Ahora son casi 280.
  2. Seguir escribiendo en los blogs; resucitar el blog de cocina.
  3. Vaciar el cesto de la costura es mucho pedir… por lo menos empezarlo.
  4. Volver a hacer algún tipo de trabajo manual, como joyería, que la tengo muy abandonada.
  5. Pasar menos tiempo viendo bobadas online y más tiempo viendo series o películas.

La verdad es que me cuesta distinguir «propósitos» de deseos este año, pero aquí están. Lista y preparada para que las cosas cambien.

Propósitos de año nuevo: revisión.

El año pasado hice aquí una lista de propósitos, que sin pretenderlo cumplía algunas de las condiciones que deben tener este tipo de buenas intenciones. Simplificando: deberían ser pocas, concretas, y medibles. Mejor que «apuntarme al gimnasio» es «ir al gimnasio dos veces a la semana».

Veamos lo que conseguí y lo que no.

  1. Mantener la tasa de aprobados: lo conseguí, aunque lo tenía fácil al tener apenas 70 alumnos en vez de los habituales 100-120. Y con tres grupos de 2º ciclo, donde los resultados suelen ser mejores que en el 1º.
  2. Conseguir cien libros más para la biblioteca escolar: lo conseguí con ayuda. Solo no puedes, con amigos sí.
  3. Terminar la tesis doctoral: Pues no, no ha podido ser, pero casi. Me falta un capítulo, revisar, y concluir.
  4. Evitar los problemas de salud que está en mi mano evitar: psché. Podría ser peor.
  5. Seguir haciendo ejercicio: también psché. Hago un poco más de la mitad de lo previsto.
  6. Vaciar el cesto de la costura: JAJAJAJA. No. Apenas lo he tocado.
  7. Leer más de lo que compro (o me regalan). Pues tampoco. Redondeando lo leído (y en diez días que le quedan al año, puedo hacerlo), serían treinta leídos del montón acumulado y cincuenta nuevos. Echadle la culpa al Algarve Book Cellar: los libros de segunda mano son mi perdición.
  8. Leer más variado: esto sí. Estilos variados (mucho ensayo que no tenía que ver con la tesis, también), y autores también. Sin contar antologías, he leído a casi 20 autores desconocidos para mí, y apenas he repetido autores.
  9. Escribir semanalmente en los 3 blogs que mantenía en ese momento. No lo he hecho por dos motivos: por una parte, la biblioteca escolar no genera tanta información ni tanto tráfico, y una media de 2 posts al mes (o 15 al año) es más que suficiente. Lo importante es que si hay información, se incluya ahí. Respecto al blog de cocina, mantenerlo ahora mismo es una tarea demasiado ambiciosa considerando el tiempo que consume la tesis. En este blog llevo casi 70 entradas, superando ampliamente la media de una semanal.

Es decir: tres cumplidos, cinco que no se han cumplido pero me he acercado o al menos lo he intentado, uno que no, ni de lejos.

Este año no quiero ser demasiado ambiciosa. No quiero mezclar propósitos con deseos, y en realidad, mantengo casi todo lo que dije el año pasado. Este año quiero conseguir lo mismo, y un par de cosas más:

Una, dejar de tirarme del pelo. Me tiro del pelo como quien se muerde las uñas, sobre todo cuando estoy estresada.
Dos, pasar menos tiempo en internet. Que deje de ser mi principal distracción / forma de ocio. Este no es un propósito bien formulado porque debería ser medible, pero bueno. Así se queda, al menos de momento.

Hay un par de cosas más, pero son más deseos que intenciones, así que se quedan fuera. A ver qué tal sale todo.

Calendario: una actividad para animar el fin de trimestre.

El mes de diciembre en un centro de enseñanza es un momento un poco raro, y a veces bastante duro. Todo el mundo está cansado, y después de una semana de exámenes, te quedan entre una o dos semanas que es poco didáctico llenar con materia del 2º trimestre. Entonces es cuando llegan las actividades «navideñas», que no siempre son originales y no siempre apetecen. Porque estamos en un centro muy multicultural, porque ya van a cantar villancicos en clase de Música, porque la profesora odia cordialmente las navidades, por lo que sea, queremos hacer algo especial pero que no sea con Papás Noeles ni niños Jesuses. He probado esta actividad una sola vez con gran éxito en 1º de la ESO: crear un calendario de pared para el año siguiente.

Como en otra ocasión, si quieres usar mi idea en una programación didáctica te curras tú la parte teórico-metodológica (Objetivos/contenidos/competencias/evaluación/yatúsabes). Y si la usas, por favor, deja un comentario, me encantará saber qué tal te fue.

Nivel: En plástica, Básico; más que elemental y menos que intermedio; funciona en 1º de ESO y podría utilizarse también en 2º. En cualquier lengua extranjera: elemental, si usas la actividad para repasar o aprender los meses del año y los días de la semana.

Recursos y materiales: Cartulinas de colores. Una ilustración a tamaño folio, que puede ser foto, dibujo, o collage. Un ordenador y una impresora, si se trabaja a ordenador. Escuadra, cartabón, lápiz, rotulador y fotocopiadora, si se trabaja a mano. Pegamento. Grapadora.

Qué vamos a aprender o practicar: Los días de la semana. Los meses del año. Las estaciones. Técnicas de estudio y de organización del tiempo: cómo utilizar un calendario de pared grande para ponernos recordatorios.

La Actividad.

  1. Crear o copiar una imagen tamaño folio. Tema y técnica, libres. Puede ser vertical u horizontal, pero horizontal queda mejor.
  2. Recortar un trozo de cartulina de un color que quede bonito, dejando un margen de un par de centímetros todo alrededor, y medio cm. más en la parte de abajo. Pegar el dibujo centrado sobre la cartulina.
  3. Hacer una cuadrícula de 7 x 7 en un papel no más ancho que el folio. Es decir: tamaño folio como mucho en dibujo horizontal y tamaño cuartilla para dibujo vertical. Esta cuadrícula tiene que tener un margen superior lo bastante ancho como para que se puedan grapar las hojas y además escribir el nombre de los meses. las casillas deben ser todo lo grandes que te quepan sin dejar márgenes laterales, sólo arriba. calendario plantilla Cuando tengamos una hoja bien hecha, hacer once fotocopias, o repetir once veces si es muy importante que quede perfecto (esta es la tarea más difícil).
  4. Si se ha hecho todo a mano, escribir los días del mes sobre las fotocopias, con mucho cuidado de no equivocarnos con el día en el que empiezan los meses (esta tarea no es tan pesada como parece, mis alumnos tardaron muy poquito rato).
  5. Grapar los folios a la cartulina.
  6. Hacer dos agujeritos y coser a ellos un hilo para colgar, o simplemente pegar a la pared con cinta adhesiva.

Os dejo las fotos paso a paso de mi calendario, una plantilla, y un par de fotos que me dieron los alumnos. Son malillas, pero es todo lo que pudieron hacer así que hay que agradecérselas.

Una última nota: esta actividad es lo bastante fácil como para hacerse individualmente a ese nivel, pero el grupo puede tender a ayudarse y repartirse tareas espontáneamente. A menos que sea muy importante evaluar cómo hacer la parte de dibujo técnico, déjalos a su bola. Lo importante es pasarlo bien y llevar un calendario a casa.

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calendario

Introducción elemental al presupuesto doméstico.

comprar o hipotecarLa clase de consejo sobre economía que no necesitas con 18 años.

Cuando estuve de Erasmus, la universidad me mandó un pequeño librito informativo con unas páginas sobre economía doméstica que se pueden resumir en: no gastes mucho en emborracharte, aprende a cocinar, si tienes compañeros de piso comparte gastos, pide regalos prácticos a los adultos(1) que se ofrezcan a ayudarte.  Y ya está. El siguiente tipo de consejo económico que recibimos pasa a ser el de la foto. Hablando con gente joven desde adolescentes a universitarios, y comparando recuerdos de infancia con amigos, observo que los consejos que vendrían entre «no te lo gastes todo en salir» y «ventajas de la hipoteca variable frente a la fija», tampoco se suelen dar en casa, llevados por esa idea que tanto interesa a quien sí tiene dinero que «hablar de estas cosas es de mala educación», o que esas no son cosas que deban saber los hijos de la casa. Cada persona que se independiza aprende a manejar su dinero desde cero, con la influencia, como mucho, de la imitación inconsciente o el rechazo de las manías y prejuicios de los padres. Así que aquí van unos consejillos elementales sobre cómo hacer un presupuesto doméstico, que es algo que cualquiera puede necesitar.

La idea de este post no es enseñar a ahorrar, ni decirte que si estás mal de dinero es porque no sabes organizarte. No hay ingresos tan bajos que no admitan aprender a hacer un presupuesto, pero sí hay ingresos con los que no se puede sobrevivir o con los que no se puede ahorrar. Igual que saber cocinar no garantiza que puedas poner comida en la mesa.

Como voy a mantener mi explicación a un nivel muy básico, voy a usar como ejemplo a un estudiante con beca, que tiene 5000 euros al año, es de un pueblo lejos de cualquier capital (como mis alumnos) y pasa 10 meses al año en una ciudad universitaria. Tiene 500 euros al mes, por lo tanto. Lo que he dicho sobre «dos adultos, 1900 euros» es parecido, pero voy a suponer que mi estudiante tiene familia y no necesita presupuestar salud o emergencias. Los dos posts se pueden leer juntos, saca tus propias conclusiones.

El primer paso está hecho: convierte ingresos anuales en mensuales. Se puede trabajar por semanas, pero como los alquileres son mensuales yo prefiero los meses. Primero descontamos los gastos fijos, luego calculamos un margen para los «fijos variables» y luego repartimos lo que sobra, si sobra.

Los gastos fijos son el alquiler, el teléfono, internet, luz/agua/gas (que pueden estar incluidos en tu alquiler), transporte. Supongamos que son 200 alquiler, 50 transporte, 50 lo demás, redondeando. 300. A mí me liaba cuando contaba cada cosa según me llegaban los recibos a lo largo del mes, porque no todo se lo cobraban el día 1. Lo mejor es no contar con este dinero nunca, sácalo de todas las cuentas. No existe. Fuera.

Por otra parte, debes añadir a los gastos fijos, si los tienes, los anuales. Si eres un estudiante no tendrás muchos. Puede haber cosas como el seguro del coche o la moto, libros de texto…. Si tienes ingresos mensuales, se cogen los gastos fijos anuales, se dividen entre 12, y se consideran parte fija, apartándolos a una hucha hasta que haga falta.

Los gastos «fijos variables» son las compras del supermercado: comida, higiene, limpieza de la casa. Ya dije que con 250 euros dos adultos comen bien, con carne y pescado. Vamos a dejarlo en 100, redondeando. Es apurado, lo sé. Puedes ajustarlo más adelante. Aquí tienes algunos consejos.

Te quedan otros 100 euros para los demás gastos. Aquí puedes contar por semanas, y te sale 25, o por días, que te sale 3 y sobra un poquito. Yo lo tengo planteado por días, pero dispongo de más dinero. Lo que metemos aquí es todo lo demás: todo lo que comas fuera de casa, material escolar y libros, ocio, ropa, regalos, etc. Cuando tengas que comprar algo que no se gasta, si puedes, recuerda la Ley de Vimes. Si puedes.

Ahora te haces una hoja de cálculo o simplemente una cuadrícula en papel o en un documento de texto y apuntas en dos columnas lo que te vas gastando, y en qué. Una columna es para comida e higiene, y la otra para todo lo demás. A mí hacer una cuenta atrás me resulta angustioso, prefiero ir sumando aunque el resultado sea el mismo. Una vez a la semana o al mes, suma todo para ver si vas bien o si te pasas. Se trata de no pasarte del presupuesto que has establecido. Si un día no gastas, al siguiente tienes el dinero de ese día acumulado; evidentemente no es necesario gastar cada día el dinero asignado, pero sí no pasarte. Apuntarlo todo, absolutamente todo, al menos los primeros meses, sirve para darnos cuenta de «en qué se va el dinero». También para saber si puedes permitirte hacer cambios, o si tus predicciones no eran realistas.

Con unos ingresos tan justitos ahorrar es dificilísimo. Sobre eso, lo único que te puedo decir es que si puedes apartar aunque sea un par de euros al mes, todo se acumula. Algunas webs que he leído sobre esto recomiendan ahorrar entre el 10% y el 15% de tus ingresos, pero eso no siempre es posible. Eso sí, a mí la hucha de los céntimos me ha sacado de algún apuro serio.

Qué hacer si llega dinero inesperado, un regalo por ejemplo: depende de cuánto sea y de cuánto tengas. Lo primero, cubrir deudas si hay alguna. Lo segundo, pensar si nos va a venir pronto algún gasto importante que normalmente nos cueste mucho hacer, y reservar el dinero para eso. Luego, escoger entre simplemente integrarlo a los gastos comunes, darnos un capricho, o ahorrar, dependerá de cuánto dinero sea y cómo nos pille ese momento.

A qué renunciar si algo sale mal: en mi caso, lo primero es el alcohol. Lo último, ultimísimo, es lo que facilite contacto humano: el móvil, internet, el transporte.

Está claro que llevar un presupuesto no es una fórmula mágica. Es un poco como limpiar la casa: es aburrido y parece que podrías haberlo hecho mejor y más eficazmente. Lo que propongo aquí es una propuesta para quien no sabe, y nunca ha tenido que controlar sus gastos. También para que quienes no necesitáis contar cada euro tengais una pildorita roja. Si tenéis algún consejo más, ahí están los comentarios.

21 días, día 8. Exámenes y ACIS.

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Ayer terminé el examen de 4º. Hoy me pongo con el de 1º de ESO. Los exámenes de 1º de ESO tienen una dificultad extra para mí: hacer, aparte, la versión para los alumnos con una adaptación.

Los alumnos que necesitan una adaptación del material tienen unas necesidades muy diferentes. A veces simplemente necesitan más tiempo, y lo van a necesitar siempre. Otras veces es que por el motivo que sea han entrado en la ESO con muy bajo nivel, y tienen un retraso en lo académico de uno o dos cursos. En inglés empezamos casi de cero, pero llegan desanimados y a veces no hay quien los motive. Y en tercer lugar están los niños y niñas que tienen dificultades del aprendizaje y no pueden superar los mismos objetivos que el resto de la clase, ni siquiera con un poquito de ayuda extra.

Este año, sólo tengo dos alumnos con ACI (adaptación curricular individualizada), que coloquialmente llamamos «alumnos de apoyo». Estoy obligada a adaptarles ligeramente las tareas que hacemos. En los exámenes, eso quiere decir que tengo una versión normal y una versión fácil. A menudo le pongo el examen fácil al tercio inferior de la clase, o lo uso como motivación: «si te portas bien, te pongo el examen fácil». En realidad, no hay tanta diferencia porque estamos en un nivel muy elemental. El examen fácil tiene más preguntas tipo test, la sección «vocabulario» puntúa más, y a veces no tienen que hacer una redacción. Al nivel que tenemos en 1º de ESO es muy difícil simplificar.

Tardo hora y media en revisar y cambiar cosas en el examen que puse el año pasado por estas fechas. No me quito de la cabeza a los «niños de apoyo», la verdad es que mi objetivo es poner un examen que sean capaces de hacer. Separo una lista con los alumnos, adaptados o no, que van muy mal en mi clase. Como el examen es el viernes, el lunes les diré que si me demuestran que han estudiado les prepararé unas fotocopias de refuerzo.

Después de un descanso, preparo las cosas que me van a hacer falta esta semana. Me hago un esquema de qué voy a hacer cada día, imprimo los exámenes y los guiones, y compruebo que en las clases donde voy a utilizar el libro, los ejercicios son adecuados y no tengo que modificar nada.

Horas lectivas: 0
Horas no lectivas: 0
Horas reales: 2.

21 días, día 5. Hoy tengo deberes.

Los jueves tengo: hueco, biblioteca, hueco, dos horas de clase. Llego una hora demasiado pronto porque sé que tengo muchas cosas que hacer.

En la sala de profesores está alguien que ha faltado tres días. No tiene buena cara. Dice que ha tenido gripe y que no se ha recuperado. Por faltar un día para ir al médico y por el par de días siguientes no pierdes sueldo, pero si falta más de 3 días o si le dan la baja, la de verdad, pierde el 50% del sueldo de todos esos días, desde la primera falta. Así que después de 3 días, ha vuelto.

Empiezo mi tiempo extra de hoy con una lista de tareas. Algunas son muy breves, pero son muchas y no me quiero olvidar. Me salen un poco más de 20 cosas. Empiezo por las más sencillas. Casi todo es papeleo. En algún momento hago un descanso cortito.

Tengo una vista de una madre. Normalmente, las reciben los tutores, pero siempre hay alguien que quiere ver a todos los profesores que han suspendido a su hijo o hija. Yo dejo hablar, esta madre viene con mucho que decir, y además yo quiero que todo quede muy claro. La atiendo durante unos 40 minutos y me quedo sin tiempo para ninguna de las tareas de peso que iba a hacer hoy. Ese es uno de los problemas de aprovechar los huecos: solo puedes dedicar ratitos breves, toca el timbre y a clase.

En la biblioteca hay más jaleo que de costumbre. Me siento el tiempo justo de registrar devoluciones y préstamos. Coordino a 6 niños que me ayudan en tareas diferentes (mover libros de sitio para colocarlos bien, pegar tejuelos). Mis ayudantes son un turno rotatorio, dos personas al día, y si hoy son tantos es porque hay más alumnos que se aburren y me preguntan si pueden ayudar en algo.

El día termina con dos horas seguidas de clase en 4º. Las dos clases trabajan por grupitos, muy tranquilamente. Yo superviso, voy de grupo en grupo y contesto dudas. Hay un poco de debate sobre porqué es machista y clasista llamar «señorita» a las profesoras. Dedicamos un rato a cantar.

Me voy a casa con una de las dos conserjes porque nos coge de camino. Me comenta algo sobre la vida social de la semana que viene y charlamos de naderías. Lo menciono porque sé que en otros centros, el profesorado y el personal no docente no se relaciona, pero en este instituto sí.

Las principales tareas que me llevo para casa son terminar de poner tres exámenes. Les doy mucha importancia y nunca pongo sin más los que vienenen el libro del profesor, les cambio cosas. Cuanto más me distancio del libro de texto en clase, más tengo que poner de mi parte al crear exámenes. En casa, completo el examen de tercero, y hago partes de los de cuarto y primero. El examen de cuarto me da muchos problemas: no usamos libro de texto y es muy fácil inventar ejercicios de gramática y vocabulario, pero los textos de comprensión lectora que tengo a mano (libros del profesor, internet) no se ajustan nada a lo que hemos hecho en clase últimamente. Tengo tres días más. Termino el día imprimiendo un par de cosas porque en el trabajo las impresoras están todas o rotas o desconectadas. No es habitual que les pase a todas a la vez.

Horas lectivas: 2.
Horas no lectivas: 2:30.
Horas reales trabajadas: 7:30 excluidos todas las pausas. Termino de trabajar sobre las 7:30.
Recursos que he echado en falta: un ordenador en el despacho. La calefacción. Una impresora sin tinta, dos estropeadas o desconfiguradas. No tener ordenador ni pizarra digital en dos aulas.