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Guía de lectura a las novelas de las hermanas Brontë

brontessmVIENDO PASAR TÍOS BUENOS CON LAS BRONTË, de Kate Beaton. -Mira ése. -Tú qué coño miras. -Me gusta. -¿Verdad? -¡Ese tío era un capullo! -En serio, Anne, no tienes gusto. -Sólo digo lo que hay -¿Y aquél? -Qué apasionado. -Qué misterioso. -Si te gustan los alcohólicos gilipollas. -¡Anne, qué modales! -No me extraña que nadie compre tus libros(*). -Oye, mira ese -Qué inquietante.

De las hermanas Brontë ya he hablado por aquí, pero ahora voy a sintetizar una guía de lectura a sus seis principales novelas (la séptima no la he leído). No me gusta mucho dar importancia a la biografía de los artistas, pero en el caso de las Brontë puede ser relevante. En total eran cinco hermanas y un varón, hijos de un sacerdote protestante, de origen irlandés, y una hija de comerciantes acomodados de Cornualles, que murió cuando su hija mayor tenía siete años y la más pequeña era un bebé. Se ha discutido si el padre era muy estricto o no. En cualquier caso, cuando la madre murió, su hermana fue a ayudar a cuidar de los niños y allí se quedó el resto de su vida. Los quiso mucho y dejó una buena herencia a las sobrinas que le sobrevivieron, que fue lo que les permitió intentar vivir de escribir y dejar sus trabajos de profesoras e institutrices.

Por el trabajo del padre, toda la familia residía en Haworth, un pueblito en el norte de Inglaterra. Las tres hermanas escritoras viajaron bastante por trabajo, no eran precisamente unas reclusas, pero su obra deja claro que allí es donde se sentían felices y el paisaje siempre es un personaje más. Nada tiene de extraño, se puede poner de ejemplo el Londres de Dickens como una ciudad literaria siempre de fondo, hasta cuando no sale.

Las dos hermanas que murieron de niñas enfermaron en un colegio para hijas de sacerdotes donde el trato y la educación eran pésimos, y murieron poco después. Las dos más jóvenes, Emily y Anne, murieron con 30 y 29 años respectivamente, de tuberculosis. Y Charlotte murió, según a quién preguntes, de una enfermedad infecciosa o de las complicaciones de un embarazo difícil. El hermano, Branwell, fue un pintor frustrado, alcohólico y quizá adicto al opio también. Las escritoras dedicaron gran parte de sus esfuerzos profesionales, como artistas y como profesoras, a mantenerlo.

Y ya pasamos a las novelas.

Charlotte Brontë.

Jane Eyre. En su momento fue muy polémica por mostrar a una mujer en la tierra de nadie entre la clase obrera y la burguesía, una huérfana que trabaja de institutriz para sobrevivir, que muestra abiertamente sus sentimientos y que exige ser tratada con respeto. Casi nada. Mi madre, que me la recomendó incansablemente hasta que me la leí, dice que cada personaje muestra un trastorno o enfermedad mental distinto, que es todo un tratado en ese sentido, y creo que tiene razón. No hay depresión mejor contada en literatura que la de Jane. Y eso aparte de la historia de amor, el suspense y todo lo demás. Hay infinidad de adaptaciones a cine. La de 1996 cumple con mostrar un primer tercio deprimente y una Jane fea. La de 2011 tiene unos actores que le dan un punto personal que se agradece, más original y menos académico.
¿Me la leo? Si quieres una historia complicada de amor apasionado con protagonistas que no siempre hacen lo correcto.

Shirley: Una historia coral con preocupaciones sociales. Shirley y Caroline son amigas (mira que es raro encontrarte amigas en una novela, como decía Virginia Woolf). Shirley es rica y de fuerte personalidad; Caroline es huérfana, tímida, y vive al cuidado de su tío que es cura; avanzada la novela se deprime por una mezcla de soledad y de no saber muy bien qué hacer con su vida. Ambas son amigas de los hermanos Moore, el mayor que intenta montar una fábrica textil y tiene problemas con los luditas y el pequeño que es profesor y por lo tanto pobre pobrísimo. El relato de estos cuatro personajes intenta reflejar los cambios en la sociedad rural. Algo así como qué pasó en los idílicos pueblitos de Jane Austen, cincuenta años más tarde.
¿Me la leo? Sólo si te han apasionado todas las demás. Le sobran cien páginas, se puede hacer un poco pesada.

Villette: Lo que pasaría si Jane Eyre cogiera un trabajo de profesora de inglés en el continente. Lucy Snowe es inteligente, más segura de sí misma pero también más reservada que Jane, y trabaja en un internado de señoritas finas en Bélgica. Esta vez la historia de amor es menos relevante que el costumbrismo; es ua novela en la que apenas pasa nada.
¿Me la leo? Si te gustan los novelones y Jane Eyre te supo a poco. Yo la prefiero a Villette.

 Emily Brontë.

Cumbres Borrascosas. La novela cuenta la relación, muy complicada, entre un par de familias de terratenientes y un extraño, Heathcliff, tratado más o menos como un hijo adoptivo por una de ellas. Heathcliff tiene una relación destructiva y chunguísima con Cathy, que se casa con otro, y esa relación frustrada destruye todo lo que toca. Todo, o casi, en dos generaciones de dos familias. No está mal. Esta entrada en Tumblr lo clava así que casi que me voy a limitar a adaptar muy libremente su segundo párrafo: Emily Brontë no habla de relaciones familiares ni sanas ni normales sino de antihéroes Byronianos. Y su problema es que siglo y medio de lectoras han creído que una historia sobre la pérdida, la represión, la mutilación emocional y encontrar tu lugar, geográfico y social, en el mundo, es una historia de amor y pasión. No lo es. Es una historia sobre gente mala que se hace daño.   Hay películas pero ninguna me convence.
¿Me la leo? Si te gustan los malos muy malos y las historias con un punto de culebrón.

Anne Brontë

Agnes Grey: Las experiencias de una institutriz en casas de la clase alta, basadas en anécdotas reales de la autora. Con una estructura episódica propia de una escritora con poca experiencia, y mucha moralina, es quizá el peor de los seis libros, aunque es una lectura ligera.
¿Me la leo?: Casi que no. O bueno, si te gustan los culebrones en los que una heroína muy buenita sufre mucho, mucho. Nivel literatura juvenil de medio siglo más tarde (Frances Hodgson Burnett, ese rollo)

La Inquilina de Wildfell Hall: En algunos aspectos es más convencional que las novelas de sus hermanas (la búsqueda de una vida tranquila, el amor como efecto secundario no buscado, el rechazo de la pasión) y en otros es la menos convencional de todas. No conozco una novela inglesa que describa tan a las claras la violencia contra la mujer, los efectos del alcoholismo, y el repertorio completo de vicios al alcance de quien pudiera pagarlos. Este sensacionalismo supuso que la novela tuviera un gran éxito de ventas y al mismo tiempo muchas críticas. Y las peores, las que dañaron la reputación académica posterior de Anne, fueron las de su hermana Charlotte, a la que el libro no le gustaba nada no por sí mismo, sino porque se había atrevido a escribirlo la hermanita pequeña, que había etiquetado como la dulce, suave y tímida. Además de impedir que se publicara una segunda edición un par de años después de la primera, Charlotte le hace un traje a Agnes en la “Nota biográfica” que acompaña a la edición conjunta de Cumbres Borrascosas y Agnes Grey de 1850, cuando las autoras ya habían muerto:

“La Inquilina de Wildfell Hall tuvo una recepción desfavorable(*). No me sorprende. La elección del tema fue un completo error. No se podría haber buscado algo más discordante con la naturaleza de la autora (…) había contemplado, de cerca y por mucho tiempo, los terribles efectos que tienen el talento malgastado y las facultades maltratadas; su naturaleza era sensible, reservada y triste; lo que vio la impresionó profundamente y le hizo daño (…) Su bienintencionado deseo (de ser fiel a la realidad) fue lo que la llevó a error”.

No está mal para ponerlo como prólogo de la segunda edición de la otra novela, la que sí te gusta, de tu hermana muerta. Con amigos así. Lo que Charlotte no dice es que si Anne conocía talento malgastado de primera mano era a travñes de su hermano Branwell, y hay críticos que dicen que lo que Charlotte no quería era ver publicada una novela basada en trapos sucios familiares. En fin, la consecuencia de todo esto es que Anne es más conocida por la peor de sus dos novelas.
¿Me la leo? Si tienes interés en la historia de la violencia de género. Si te gustó Jane Eyre o Grandes Esperanzas. Si te gustan las novelas epistolares. Si quieres morbo, y mucho, en una novela victoriana.

(*) El fracaso comercial de Anne es un bulo creado por Charlotte y aceptado por la crítica. Una novela de la que el editor quiere hacer una segunda edición no puede ser un fracaso.

Resumiendo, hay tres novelas que recomiendo (Jane Eyre, La Inquilina y Cumbres Borrascosas, en ese orden), una que está bien (Villette) y dos que no recomiendo tanto (Agnes Grey, Shirley). Casualmente coincide con las historias que muestran personajes apasionados y malos malísimos, y las que no. Jane Eyre y Cumbres Borrascosas son imprescindibles para entender la historia del drama romántico tal como lo entendemos ahora, ya sea en literatura o en cine.

Cosas que no decir a las aspirantes a madre

Ahora mismo, al menos tres mujeres de mi entorno cercano quieren tener hijos y están teniendo dificultades para ello. Digo mujeres y no parejas porque no conozco a todos los hombre implicados. Las mujeres hablamos más de estas cosas, y también se nos pregunta y se nos exige más.

Es fácil explicar que es de pésima educación meter miedo o echar sermones a las mujeres que no planean tener hijos, ya sea porque han decidido no tenerlos o porque “ahora no”. El tema no se toca, y ya está. Pero ¿qué decir cuando sabes que una mujer (o una pareja) quiere tener niños, y no pueden? Si tienes confianza como para saber algo tan íntimo, seguro que quieres consolar o aconsejar, pero te arriesgas a decir algo que lo empeore. A continuación, unas cuantas cosas que es mejor que no digas,  y luego algo más constructivo.

“¿Has pensado en la adopción?”. A ver. La adopción es una opción tan obvia, tan pública, que es como preguntar si sabe cómo se hacen los niños. De verdad que no necesita que se la recuerdes. Si no ha intentado adoptar todavía, tendrá sus razones.

“¿Has pensado en la fecundación in vitro?”. A menos que te haya contado su historial médico y el de su pareja también, no tienes ni idea de por qué no tiene niños. Igual hay contraindicaciones. Igual es caro. Igual los recovecos del sistema de salud de donde ella vive la dejan fuera de la cobertura. Además, hay parejas que no lo consiguen a pesar de que sobre el papel ambos son fértiles. De nuevo, ella ya sabe que esto existe.

Cualquier cosa que signifique “si deseas quedarte embarazada, no te quedas. Te quedarás cuando no pienses en ello”. Además de cruel, es mentira. Puede que el estrés tenga algún efecto que dificulta la concepción, pero el cuerpo no va a distinguir “estrés por exceso de trabajo” de “estrés por ganas de quedarse embarazada”. Lo único que consigues es culpabilizarla. Y ¿no es curioso que en un mundo que repite que la voluntad es mágica y todo lo consigue, justo esto se gafa si lo deseas? Venga ya.

“Todavía eres joven” a las mujeres de más de treinta y pico. Sobre todo si ella dice que no se siente joven o que siente que se le acaba el tiempo. Da igual si tienes razón o no, porque no estamos en una conversación filosófica sobre si la juventud es un estado de ánimo, sino sobre las posibilidades objetivas de tener un embarazo con éxito.

“Mi prima tuvo tres abortos espontáneos y ahora tiene un bebé”. “Mi prima lo intentó diez años y tuvo un bebé con 47”. “Mi prima lo consiguió con su tercer marido”. Nos alegramos mucho por tu prima. Sabemos que es posible tener niños después de mucho esperar y mucho sufrimiento. Pero ahora mismo, los niños de los demás y las historias de terror sobre embarazos complicados son la última y la penúltima cosa de las que apetece hablar.

Cualquier consejo médico si no eres su médico. Primero porque igual te equivocas. Segundo porque la concepción es cosa de dos y no sabes si pasa algo con la segunda persona.

“A lo mejor no te quedas porque estás gorda/demasiado delgada”. Esto suele venir acompañado de un “mi prima no se quedaba porque estaba gorda/demasiado delgada, se lo dijo el médico”. Sin comentarios.

Y estas son algunas cosas que puedes decir, además de “sé que es muy duro, lo estás pasando muy mal. ¿Quieres un café?”.

¿Te ha visto el médico? ¿te han dicho por qué os pasa esto? Si estás preocupada, ve al médico si aún no lo has hecho. Hay muchos problemas que tienen una solución muy sencilla, como tomar medicación.

Algún comentario positivo sobre su pareja o su relación que NO sea “bueno, vosotros ya sois felices juntos sin tener niños”. Es decir, algo del estilo de “os queréis mucho, se os ve bien juntos, cuando vengan será un buen padre, esto es muy duro pero seguro que os dais mucho apoyo”.

“Todavía eres joven” acerca de la crianza. Algo que se resuma en “ahora tienes más experiencia de la vida que con 25 años, y cuando vengan, serás una buena madre”.

“Hacer dieta/hacer ejercicio puede que te haga sentirte mejor, y si te quedas embarazada estarás más sana y mejor preparada”. No hablo de recomendar hacer dieta a una mujer gorda porque está gorda, sino de animar a quien lleva una vida sedentaria, o a quien no está comiendo sano, a hacerlo por sí misma, no por sus supuestos beneficios para la concepción.

Sugerencias de cosas concretas, útiles y agradables que alivien el estrés y la ansiedad, si tiene.

“A mí me pasó lo mismo que a ti”. Cuando es relevante, claro.

Y si estás en esta situación y has llegado aquí buscando consejo, ve al médico. Y si no te da solución, busca otro. Si eso ya está controlado, mucho ánimo y suerte.

Los agradecimientos de la #tesiszombie

El germen de esta tesis está en la lectura infantil de obras que en ediciones resumidas o íntegras han estado en casa de mis padres desde que tengo memoria. Sólo por eso el primer agradecimiento es para mis padres. De mi madre ha sido, además, documentación médica.

Una parte fundamental de la documentación la obtuve en la Universidad de Cornell. Allí también tuve la generosa ayuda del profesor James Eli Adams, que me animó con lo más difícil, que es empezar. Mi introducción a la psicología vino del profesor Daryl Bem, que hizo atrayente un campo completamente nuevo para mí y me recomendó algunas lecturas. En Sevilla, el profesor Rafael Portillo hizo recomendaciones sobre la relación entre la novela victoriana y el teatro, y la importancia del melodrama.

Dice Umberto Eco en Cómo se hace una tesis que al director de una tesis no hay que nombrarlo en los agradecimientos porque sólo hace su trabajo, y se le presupone. Así que aquí sólo agradeceré a María Ángeles Toda Iglesia su paciencia y amabilidad. Puedo decir lo mismo de Ana Luisa Martín Bejarano. Las dos hacen mucho más de lo que se supone que es su obligación.

El profesor Carlos Portillo Fernández me prestó un libro con todas las ilustraciones originales de las novelas de Charles Dickens. Tras su muerte, tan lamentada, su hermano José Ramón quiso que lo conservara yo. Esas ilustraciones, aun quedando fuera del ámbito de estudio de esta tesis, han sido una inspiración que ha facilitado el análisis de los personajes.

Enrique Salom Marco sugirió cómo mejorar algunos aspectos de la bibliografía y a organizar fases finales del trabajo. Fernando de Sagarra me aclaró dónde buscar algunas comparaciones con la novela francesa. María García-Puente Sánchez localizó para mí documentación médica y me enseñó a usar PubMed. María García, César González-Pérez, María Jesús del Río y Ana Sáez dieron opiniones que mejoraron el Anexo. César también ayudó con los gráficos y me animó a escribir y compartir reflexiones personales que, si bien quedan fuera de esta tesis, me decidieron a terminarla.

La lista de amigos que han dado apoyo moral es demasiado larga para citarla entera. Sin sus preguntas esto no habría llegado a ninguna parte, especialmente “¿por qué estás haciendo una tesis? ¿para qué es?”. Gracias por ayudarme a matar la #TesisZombie.

Toni ha hecho más de lo que se podría esperar de nadie.

Esta tesis no se podría haber escrito sin las Suites para Cello de Johann Sebastian Bach en la interpretación de Yo-Yo Ma. Thank you, Mr. Ma.

Terry Pratchett y sus mujeres.

the witches of lancreLas brujas de Lancre y de la Caliza. Portada del juego de mesa de Treefrog “The Witches”.

Los fans de Terry Pratchett a menudo coincidimos en su arte como creador de personajes memorables, carismáticos, admirables pero con un punto de antihéroes (y a veces, más que un punto). Casi todos los personajes más populares de Mundodisco son profesionales, y excelentes en lo que sea que hacen. El Comandante Vimes es un policía muy bueno. Vetinari es un buen gobernante, por lo menos para lo que le conviene a él. Húmedo von Mustachen es un especialista en sobrevivir. Por contra, Mort, protagonista de una sola novela, es divertidísimo en su torpeza… y desaparece en el éter cuando pierde un trabajo. Casi todos los personajes más recordados de Pratchett son trabajadores, y los personajes femeninos no son menos.

El ambiente más feminizado de todos los descritos en Mundodisco es el de las brujas de Lancre, que se introducen en Ritos Iguales, el tercer libro. Ritos es un juego de palabras entre rights (derechos) y rites (ritos), y se trata de la historia de una niña que más que aptitudes para bruja, las tiene para maga. Hay más personajes femeninos que se abren paso en profesiones que en Mundodisco son masculinas, algo que se mezcla a veces con problemas derivados de que no son seres humanos; Angua y Jovial Culopequeño en la Guardia de Ankh-Morpork son los mejores ejemplos. El escritor las trata con bastante cariño y muchísima solidaridad, y su profesionalidad nunca se cuestiona.

Las trabajadoras a las que Pratchett presta más atención se parecen mucho a sus personajes masculinos: son muy inteligentes, perfeccionistas, poco sociables, a veces cortantes. Y le interesa más su trabajo que cualquier otro aspecto de sus vidas. Si nos fijamos en las brujas, tenemos a Yaya Ceravieja, que no parece tener aficiones ni vida privada. Es el centro de la acción. Tata Ogg sí tiene vida social, y una familia de la que el narrador nos habla pero a la que apenas vemos. Y finalmente, el puesto de bruja joven (porque son la virgen, la madre y… la otra, como a veces se nos recuerda) es de Magrat Ajostiernos, sustituida por Agnes Nitt/Perdita y luego por Tiffany Dolorido. Magrat intenta compaginar una aventura con su nuevo papel de madre en una novela (Carpe Jugulum), pero no me parece un intento muy logrado. Pratchett sí conseguiría hablar de forma divertida de conciliación familiar con Vimes, quizá porque tenía el intento previo ya hecho.

Los personajes como Yaya Ceravieja o Angua parecen modelos algo anticuados de “supermujeres” que sacrifican lo personal, pero si las comparamos con masculinos equivalentes, como Vetinari, Vimes, o Ponder Stibbons, comprobamos que Pratchett se limita a crear, con gran acierto, versiones femeninas de sus modelos favoritos de trabajador incansable. Se dice de Jason Ogg “lo malo de ser el mejor herrero del mundo es tener que ser el mejor” y de ser bruja, “podías decir que era injusto, y lo era, pero al Universo le daba igual porque no sabía qué significaba la justicia. Es era el problema de ser bruja, que dependía de ti. Siempre dependía de ti”.  Da lo mismo ser herrero o policía o cocinera o bruja. No son simples caricaturas, tópicas “strong female character” cuya principal característica es resistir con entereza toda clase de desgracias haciéndolo todo muchísimo mejor que los hombres. Y algo maravilloso, por extraño que parezca, es que tienen defectos y aún así nos caen bien porque están retratadas con simpatía. En este sentido os recomiendo este artículo de aquí, que no habla de Pratchett sino de ese estereotipo de heroína de acción que está felizmente ausente de Mundodisco.

Un patrón que se repite con las suficientes variaciones como para que no canse son las mujeres que cuidan de los demás, unido a mujeres que tienen miedo de hacer daño. Entre las cuidadoras, por supuesto las hay profesionales (de nuevo, las brujas, que trabajan como parteras, médicas, veterinarias…) y otras que no. Lady Ramkin es criadora de dragones; es, en principio, una parodia del estereotipo de aristócrata británica dedicada a los caballos y los perros, pero en seguida trasluce una verdadera preocupación por el sufrimiento ajeno, animal o humano. No lo vemos mucho, pero sabemos que tiene amigas, algo que ya notó Virginia Woolf que era muy poco frecuente en la ficción.   También hay mujeres que tienen miedo de hacer daño a los demás, o de volverse malas. Yaya, la bruja más poderosa jamás conocida (hasta que Tiffany crezca un poco más), es una. Otros personajes dicen que no es mala porque elige no serlo. Angua la mujer loba es otra luchadora contra sus demonios internos, y también Agnes Nitt, que tiene una personalidad desdoblada. Su manifestación segura de sí misma, Perdita, es egoísta y demasiado cínica para la tranquilidad de Agnes.

Las relaciones amorosas en Mundodisco reciben un tratamiento variadísimo, y en mi opinión, comparado con su agudeza para observar todos los aspectos de las relaciones humanas, aquí falta algo. Veamos algunos casos: Mort hace muchas tonterías porque se enamora de una princesa, pero acaba emparejado con una chica con la que al principio se lleva fatal. Hasta ahí bastante clásico y bastante bien. El esquema de “pareja que desconfía, que se pelea, y luego se gusta” se repite de una manera muy diferente, muy bien llevada, en la relación de Húmedo von Mustachen y Adora Buencorazón. Angua y Zanahoria mantienen un noviazgo muy, muy largo, y muy muy cauteloso, provocado en parte por las circunstancias personales de Angua y en parte porque Carrot pone sus obligaciones por delante de lo personal. Magrat y Verencio se sobreponen a la tremendísima timidez de ambos. Y finalmente, el Comandante Vimes y Lady Sibyl Ramkin tienen una relación en la que se nos oculta todo el romance y se nos muestra la convivencia entre un hombre cariñoso pero demasiado ocupado y una esposa paciente y entregada pero que mantiene sus intereses anteriores al matrimonio. A veces tienen alguna escena tierna, más bien pequeños detalles que muestran que se quieren, más que diálogos o explicaciones del narrador. Es sutil y realista.

Las relaciones amorosas pratchettianas tienen, sin embargo, algunos puntos débiles. . Una novela, La Corona de Hielo, muestra varios de ellos de forma muy exagerada. Aquí, Pratchett recurre a un planteamiento de las relaciones entre hombres y mujeres que choca de lleno con la caracterización de muchos personajes creados anteriormente (aquí una reseña lo menciona de pasada, respecto al gato Greebo) . A saber: las hembras (mujeres y animales) nacen sabiendo seducir. Hay una sola manera femenina de seducir: la altivez, hacerse la estrecha. Esto siempre funciona: ante una mujer estirada, los hombres caen sin remedio. Además, los machos (incluye animales) son tontos, y enamorados más tontos. Y toleran la agresividad de las hembras que desean, se cohíben ante ellas. Un par de citas, que no son chistes sueltos sino que forman parte de una visión conjunta, coherente, que la novela da del amor.

“El cortejo es muy importante, tú sabes. Básicamente es la manera en la que el chico se puede acercar a la chica sin que ella lo ataque y le quiera sacar los ojos”.

 “Las chicas de la Creta no huían a menudo de un muchacho lo bastante rico como para tener su propio caballo – o no mucho rato y no sin dejarse alcanzar”. 

“No deberías tener miedo de él. Es él el que debería tener miedo de ti . . . ¡Porque eres una chica! Muy mal tienen que irnos las cosas si una chica lista no puede tener a un chico comiendo de su mano. Está loquito por ti. Podrías destrozarle la vida con una sola palabra”.

Aquí habla un Nac Mac Feegle intentando explicar a otro cómo funcionan las relaciones humanas (los Nac Mac Feegle tienen una especie de Abeja Reina por comunidad así que de amor humano no entienden nada), el narrador, y Tata Ogg, así que la visión es común a la novela entera, no simplemente una anécdota o la visión de un solo personaje. La Corona de Hielo es la 35º novela de Mundodisco, la tercera protagonizada por Tiffany, y la novena de las brujas, así que es poco probable que alguien empiece a leer por aquí. Como ya digo, chirría respecto al conjunto, aunque hay detalles que sí conocemos de antes, como la idea de que las personas enamoradas hacen muchas tonterías independientemente de su género.

Pratchett nos ha dejado. Se ha ido al mismo sitio que Aristófanes,  Fernando de Rojas, William Shakespeare, Jane Austen, Roald Dahl, Astrid Lindgren, y durante muchas generaciones leeremos a Yaya Ceravieja y a todas las demás como a la Celestina, Pippi Calzaslargas, Portia, Lizzie Bennett, Matilda, o Lisístrata. Todas ellas divertidas, reales, originales y al mismo tiempo un espejo en el que mirarnos. Gracias, Terry Pratchett.

Presumir de cicatrices.

Violencia de género quería decir Ana Orantes en llamas. Desde luego, no quería decir que tras la mordedura de un perro en una urbanización pija, mi mayor preocupación fuera la reacción de él cuando se enterase. Y tenía razón: reaccionó mal, aunque no por mi accidente. Fui a recogerlo a la estación tras un viaje, llegué tarde por culpa de la cojera, y estuvo un par de horas sin hablarme.

A las mordeduras no se les pueden poner puntos porque son heridas muy sucias y coser atraparía las posibles bacterias dentro, así que me tocó pasar alrededor de tres días sangrando y diez más con vendajes, hasta que la herida cerró. El primer día libre de todo aquello, estábamos invitados a casa de unos amigos. Eran los tiempos de la Universidad, cuando una casa sin padres era fiesta obligada, pero como estábamos todos emparejados y éramos pocos y vagos, el plan era tranquilo, pizzas y vídeos. En aquella ocasión estaban allí mi prima, su novio, y dos o tres personas más que yo conocía poco. Comenté la mordedura, y la raza del perro. Nadie se creía que un pastor alemán fuera capaz de atacar con tanta saña, yo estaba segura de que el perro no podía ser ninguna otra cosa, y la discusión fue cortada en seco por él. “Bueno, ya está bien, ninguno de nosotros puede saber qué raza era”. Cambio de tema.

Cuando se fue de allí toda la gente que yo no conocía, me bajé la cinturilla elástica del pantalón para enseñarle la cicatriz a mi prima. Aquel horror me quedaba a la altura de donde habría tenido bolsillos un pantalón que no fuera esa especie de pijama de verano. Y sin más, nos fuimos.

La casa de la fiesta quedaba a medio camino entre mi casa y la de él. No recuerdo porqué tuve que llevarlo a su casa. Quizá su coche estaba roto o algo así. Nos montamos en el coche y él sólo decía frases cortas y desagradables. Estaba acostumbrada al silencio como castigo, y apenas empezaba a darme cuenta de que era una estrategia deliberada. Me recordó al día de la recogida en la estación y a alguna vez en la que comenté que prefiero pelear a los muros de silencio. Le pregunté que qué pasaba. Esta vez había dos problemas.

Problema número uno: yo era una niñata prepotente que siempre quería tener razón, como demostraba mi empeño en discutir sobre la raza del perro que me había mordido y del que llevaba dos semanas hablando con vecinos de los dueños, médicos y una abogada.

Problema número dos: yo le había enseñado el culo al novio de mi prima. Sí, ese novio que llevaba con ella desde el colegio y al que yo llamaba ante extraños “mi cuñado” había visto mi provocativo culo al enseñarle la cicatriz fresca de la herida. Porque yo iba provocando. Queriendo o sin querer. Porque yo no sabía estar en los sitios.

A estas alturas yo había detectado una maniobra que consistía en machacar preguntas que sólo se podían contestar con sí o no, e insistir si la respuesta no era la deseada. Yo hice lo mismo, pero sin insistencia, despacio. El coche había salido del pueblo y bajaba la amplia cuesta en dirección a la ciudad cuando  le hice la pregunta definitiva.

– Entonces, ¿te avergüenzas de mí?
– Sí, Eugenia, ¡me avergüenzo de ti!.

Ese fue el momento en el que corté con él, pero él no lo sabía. No tenía nada más que decir. No recuerdo si él dijo algo. A dos semáforos de su casa, pensé que la única decisión que me quedaba por tomar era si comunicarle que acababa de romper con él. Al día siguiente había una fiesta familiar en su casa, un cumpleaños infantil, y consideré por un momento darle plantón. No lo hice. En la puerta de su bloque y sin salir del coche tuve lo que quise que fuera nuestra última conversación (no lo fue, hubo algunas más y me insultó en todas ellas).

– Me has dicho que te avergüenzas de mí y por eso no quiero verte nunca más.

Repetí la misma frase, quizá con distintas palabras, hasta que salió del coche.

A continuación, pensé que tenía un problema. Tenía que garantizar a toda costa que no me iba a arrepentir de lo que acababa de hacer y que ninguna presión iba a conseguir que volviera con él. Puse música, algo calculado para no asociarlo a nada, bueno o malo, de nuestra relación. Tenía suerte de llevar en el coche un disco nuevo, recién comprado, más bien alegre y sin canciones de amor. Y repetí todo el camino de vuelta: “acabo de cortar con él”.

Eran las tres de la mañana cuando llegué a casa. Mis padres dormían y mi hermano no estaba. Marqué el número de teléfono de mi mejor amiga; sabía que estaría de fiesta en la playa. Ruido de bares.

– He cortado con él.
– Qué dices.
– Que he cortado con él.
– Un momento. Me estás diciendo una cosa muy rara. No sé. Espérate. Vuelve a empezar.

Supongo que le conté los detalles, pero me quedé con los pies fríos. En adelante, ella no me sugirió nunca que volviéramos, pero su actitud fue ambigua. Para ella, habíamos tenido una ruptura de las normales. Me quedé con ganas de más y llamé a mi hermano. Más ruido. Otro bar. Otro “espérate” y una conversación muy diferente. Me dijo que llamara a mis padres, que se iban a alegrar. Yo no lo creí. No me parecía que mis padres se alegraran por nada últimamente. Pero por probar, cuantas más veces lo dijera, cuanta más gente lo supiera, más real sería lo que había hecho.

En la habitación a oscuras me senté en el lado de la cama donde estaba mi padre. Mi madre estaba escuchando, pero eso sólo lo supe más tarde. De entrada, se hizo la dormida. Les conté a los dos lo que había pasado esa noche. Ellos ya me habían visto cada vez más irritable y agresiva los meses anteriores, e imagino que se hacían una idea de lo que estaba pasando. Más adelante no les he contado detalles, sólo los efectos de todo aquello.

En días posteriores, me dediqué a salir muchísimo y pasármelo lo mejor que pude. En eso tuve todo el apoyo de mi prima y de su pandilla de toda la vida. Un grupo-burbuja de gente que se conocía desde hacía 15 años se abrió un instante para absorber a alguien nuevo, y se cerró a mi alrededor. Debieron entender que era un caso desesperado.

Él me persiguió sin mucha insistencia durante varios meses. Siempre seguía el mismo patrón. Tenemos que hablar, yo ya te he dicho todo lo que tenía que decirte, eres una niñata egoísta. Una vez y otra. Meses más tarde, por curiosidad, continué la conversación, y así fue como supe que todo lo que has leído es mentira. Sí, como lo oyes, mentira. Yo no le dejé, me dejó él a mí, porque yo tenía miedo al compromiso.

La cicatriz sigue ahí. Es muy fea, pero pequeña, se ha desdibujado todo menos el centro. Solo la ves si sabes buscarla. A veces da sin avisar un dolor como pinchazos. Quién me mandaba a mí confiar en aquel perro.

Lobezno (James Mangold, 2013)

wolverine_jackman_660Género: Acción.

Idioma original: Inglés americano. Algo de japonés.

Argumento: Tras el final de X-Men 3, Lobezno se quita de enmedio, pero ¿le dejan? Qué va. Tiene que matar gente y rescatar damiselas.

Cumple el Test de Bechdel: Por los pelos. Pero hay una amistad femenina.

Violencia sexual: Ninguna.

Otras formas de violencia: Muchas peleas, algo de sangre. Lobezno tortura a un par de esbirros para que le den información, algo que me pareció innecesario.

Usos en educación secundaria: Nada recomendable, ni siquiera como entretenimiento. Es entretenida, pero yo no pondría una película tan violenta en clase sin algo educativo que la justificara.