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Studio Ghibli y largometrajes anime: una guía de visionado.

Poco a poco, las películas de Studio Ghibli han ido creando fans en España. Crean un universo bello, imaginativo, con personajes maravillosos y con modelos femeninos más interesantes que los de Disney. Sus obras también son excepcionales en Japón, donde la inmensa mayoría de los largometrajes de animación son obras de consumo fácil, vinculadas al manga y a series de televisión, aunque gracias a la influencia de Ghibli han surgido otras películas en la misma línea, de éxito y calidad variable.

No todas las películas de Studio Ghibli están pensadas para el mismo tipo de público ni son adecuadas para niños pequeños. Voy a comentar todas las de Ghibli y todas los largometrajes japoneses de animación que me parece que resisten la comparación, por orden de grupo de edad al que van dirigidas. Dentro de cada grupo de edad, las ordeno según me gustan más o menos. Están dirigidas por Hayao Miyazaki mientras no diga lo contrario. Las que tienen asteriscos no son de Studio Ghibli.

Películas para preescolares:

totoroMi Vecino Totoro.

Ponyo en el acantilado (2008): El remake feminista de La Sirenita. En el cuento original no sobrevive a salir del agua y se convierte en espíritu del aire, con un príncipe bastante egoísta y bobo. En Disney, el amor es la entrega absoluta, pero eso sí, ganas al príncipe y te quedas el reino. Studio Ghibli presenta otra visión, con un niño encantador que sabe lo que es amar mucho mejor que todos los príncipes azules. Y con Ponyo, una sirenita maravillosa. Una película de verdad, de verdad, para todas las edades.

Mi vecino Totoro (1988): Olvida los mensajes didácticos y la “educación en valores” (que la hay, y mucha). Una fantasía pequeña, preciosa, sobre cosas que dan miedo pero al final salen bien. Por eso me parece buena para niños pequeños: ¿habrá algo que dé más miedo que una enfermedad de tu madre?

Películas infantiles pero con algo más de complicación:

wolf-childrenLos niños lobo.

El viaje de Chihiro (2001): Lo que me gustaría que inspirase el próximo siglo de cine infantil. Perfecta, redonda.

La princesa Mononoke (1997): Puede que el principio le dé miedo a niños pequeños. Una maravilla sin comparación con nada.

Porco Rosso (1992): Puede ser una buena introducción al cine bélico clásico y a las guerras mundiales porque es accesible a niños muy pequeños. Admite muchos visionados porque la entenderán mejor según crezcan.

El Castillo ambulante de Howl (2004): En la línea de fantasía de Chihiro y Mononoke, pero un poco más sombría.

El Castillo en el cielo (1986): una fantasía algo absurda en la que destaca la primera de las “Ancianas Ghibli que parece que van a ser malas pero luego resulta que no”, la abuela pirata.

Los niños lobo*** (Mamoru Hosoda, 2012): Un cuento tan triste a ratos, que parece de Takahata: la historia de una mujer humana cuyos hijos son niños-lobo. Una historia muy bonita. Fuera de Ghibli, de lo más adecuado para menores de diez-doce años.

El cuento de la princesa Kaguya (Takahata, 2013): estéticamente preciosa, dividida en dos mitades, la primera más divertida y la segunda más melancólica.

Arietty y los diminutos (Hiromasa Yonebayashi, 2010): Los Diminutos están en la misma situación que los tanukis: viven en los cimientos de una casa y dejan de tener una vida tranquila. En lugar de usar animalitos o un bosque, esta vez el mensaje ecológico es una metáfora con seres imaginarios.

El niño y la bestia*** (Hosoda, 2015): Chihiro + Karate Kid = Esto. Muy entretenida y a un nivel imaginativo y de calidad muy alto.

Pompoko (Isao Takahata, 1994): La película más divertida de su director. Los protagonistas son “tanukis”, un animal japonés de aspecto similar a un perro o un mapache. En el folklore se dice que son listos y pueden transformarse en cualquier cosa, sobre todo en personas, y los tanukis protagonistas usan ese poder para intentar impedir que se urbanice el bosque donde viven. Es una de las películas con mensaje conservacionista más claro.

Kiki’s Delivery Service (Kiki, aprendiz de bruja) (1989): Flojea un poquito, aunque tiene el encanto de todas las historias de aprendices de brujos y brujas, niños solos que se las apañan en el mundo adulto…

Cuentos de Terramar (2006): La única película de Ghibli de la que he visto malas críticas, pero se deja ver.

Películas adecuadas para preadolescentes y jóvenes: Seguramente habrá niños que disfruten de estas películas. No es que tengan contenido inadecuado, ya que son casi todas bastante blanditas, sino que no están hechas con niños pequeños en mente.

nausicaaNausicaa del valle del viento.

Nausicaa del valle del viento (1984). El mensaje ecologista tan frecuente en Ghibli está mezclado aquí con un ambiente postapocalíptico.

Tokyo Godfathers*** (Satoshi Kon, 2003): una pequeña maravilla: la aventura navideña de tres personajes callejeros intentando localizar a los padres de un bebé abandonado. Toca algunos temas duros (empezando por el abandono de la niña). No tiene elemento sobrenatural, pero se basa mucho en la idea de las coincidencias y casualidades.

La tumba de las luciérnagas (Takahata, 1988): probablemente la película más famosa de Takahata. No sé si pasará en más sitios, pero mis alumnos llegan a una edad, a la altura de 2º o 3º de ESO, en la que se obsesionan con la Segunda Guerra Mundial. Es algo “guay”, es la guerra más importante que conocen y quizá la mayor de la historia, Hitler tiene tintes de villano de cómic… esta es una película que puede educar sobre cómo son las guerras de verdad.

La colina de la amapola (Goro Miyazaki, 2011): Quizá la mejor de las tres historias de instituto. Uno de sus sub-argumentos tiene que ver con el conservacionismo… urbano: el instituto lucha contra la demolición del viejo edificio que usan para alojar sus clubs y asociaciones juveniles.

La chica que saltaba a través del tiempo*** (Hosoda, 2006): Lo mejor de las historias costumbristas de instituto con un añadido sobrenatural cuando una chica descubre que puede viajar en el tiempo a momentos anteriores de su vida. Para los acostumbrados a Ghibli, la heroína puede ser un poco irritante: más pasiva, más dependiente, más… tonta. A pesar de ello es una película bonita.

Summer Wars*** (Hosoda, 2009): El “Juegos de Guerra” de esta generación. En serio, si de pequeño te gustó Juegos de Guerra haz un programa doble con niños, pizzas y palomitas. Aquí el malo en vez de ser la política internacional son los virus y el robo de datos personales. Tiene su historia sentimental con adolescentes que se hacen amigos o se enamoran, su encantador Japón rural, su drama familiar de fondo…

Puedo escuchar el mar (Tomomi Mochizuki, 1993), Susurros del corazón (Yoshifumi Kondo, 1995): Historias sencillas y realistas de amor adolescente.

Haru en el reino de los gatos (Hiroyuki Morita, 2002): el contrapunto de fantasía al costumbrismo de Susurros del corazón: la película del cuento que escribe la chica protagonista de Susurros.  Puede ser infantil pero tiene algo más de sentido si hemos visto Susurros primero.

Cuando Marnie estuvo allí / El recuerdo de Marnie (Hiromasa Yonebayashi, 2014): Con un punto de partida frecuente en Ghibli, la mudanza de una niña de ciudad a un pueblo, se cuenta una historia un poco triste paralela a cómo la chica se integra. Menos original que otras de la productora.

Películas de temática adulta: Si son adecuadas para adolescentes ya es cuestión de la madurez y los gustos de cada uno.

paprikaUna escena onírica de Paprika.

El viento se levanta (Miyazaki, 2013): La biografía de un ingeniero que diseñó los principales avances aeronáuticos japoneses para la Segunda Guerra Mundial. Se trata de pasada el conflicto ético que ello supone; Jiro Horikoshi era un técnico que quería hacer máquinas voladoras bellas, y tras la guerra continuó, de hecho, haciendo aviones de transporte civil. Lo que la hace menos adecuada para niños que Porco Rosso o incluso La Tumba de las Luciérnagas es su ritmo muy lento y la inserción de una historia de amor que al principio es lenta, frenando la acción principal, y luego se vuelve muy triste.

Mis vecinos los Yamada (Tahakata, 1999): Para mí, muy divertida aunque con un humor muy peculiar que va de lo ridículo a lo surrealista con muchas dosis de costumbrismo. Los Yamada son una especie de Simpsons japoneses, metidos en aventuras como perder a su niña pequeña en el supermercado o protestar porque la madre siempre pone lo mismo para cenar.

Paprika*** (Satoshi Kon, 2006): Con un argumento que es casi una excusa (un invento para grabar sueños sale mal cuando un error permite entrar en la conciencia de los usuarios) se crea una obra con una estética bellísima y un desarrollo muy original. Para gente sensible a estos temas aviso que hay violencia sexual hacia personas inconscientes.

Ghost in the Shell*** (Mamoru Oshii, 1995): Para hacer un programa doble, o triple, con Blade Runner y Matrix. Acción, ciencia ficción, reflexiones filosóficas sobre la inteligencia artificial y el poder de la tecnología para controlar nuestras vidas… Tiene un modo de contar más anticuado (o menos occidentalizado) que las demás películas de esta lista, se nota diferente, pero la incluyo porque sigue siendo buenísima.

Recuerdos del ayer (Takahata, 1991): Me han contado que hay muchos japoneses urbanos que pasan sus vacaciones en la zona rural de donde sea originalmente su familia, y allí trabajan en el campo. Un poco por recuperar sus raíces o por patriotismo, para mejorar la productividad de la zona. Esta es la historia de una mujer que sigue esta costumbre y se enfrenta a sus recuerdos de infancia y a la posibilidad de tener una relación amorosa. Una historia costumbrista, bonita, completamente pensada para público adulto, pero muy tierna.

Millenium Actress*** (Kon, 2001): Quizá la más confusa de las películas del director, parte de una entrevista a una ficticia actriz,  ya anciana, y sirve para repasar la historia de Japón, a través de su vida y de sus películas.

Si he contado bien, son veintinueve películas. ¿Cómo redondearías hasta treinta?

Microfeminismos del día a día.

De vez en cuando, observar a un hombre realizar una acción que beneficia a las mujeres, o percibir pequeños detalles de machismo a mi alrededor, me hace pensar en formas de contrarrestar los “micromachismos”, esas motas de polen en el aire, imperceptibles pero constantes, que molestan por acumulación y ni siquiera te das cuenta de por qué. La mayoría de las acciones feministas son igual de pequeñas.

En esta lista, evito deliberadamente las “tomas de conciencia” y las acciones negativas. No se trata en la lista de hoy de que pienses; se trata de que hagas. Pensar, no hacer, callarte… pueden ser necesarios, pero no son de lo que quiero hablar ahora. Por eso voy a hablar de cosas pequeñas, mínimas. Casi obvias. Casi.

  1. Sobre sexo. Practica y busca obtener consentimiento entusiasta. He hablado sobre evitar violencia sexual aquí. Y sobre si es posible hacer piropos feministas o no amenazadores, aquí.
  2. Ten amigas.
  3. Haz tareas de la casa. Muchas y a menudo. Haz más de lo que crees que te corresponde, a veces. Las que no sepas hacer, aprende. Recoge lo que tiras. Si contratas servicio doméstico, paga su seguro y págale bien.
  4. Es a veces difícil de definir, pero hay algo que podemos llamar “trabajo emocional” que suele caer del lado de las mujeres. Te pongo dos ejemplos elementales: el matrimonio en el que ella compra los regalos de Navidad de toda la familia, la suya y la de su marido; y que en mi trabajo como profesora de Secundaria, observo que las chicas tienden a ser mediadoras espontáneas de conflictos entre compañeros y entre la clase y yo. Observa en qué situaciones consolar, mediar, animar, decir algo amable, etc. lo hace siempre una mujer, y adelántate. U observa cuáles de tus relaciones necesitan más de esto, y hazlo tú.
  5. Lee teoría feminista. Hay mucha, con mucha variedad de temas, niveles de profundidad y dificultad, agresividad y “radicalidad”. Es decir: hay textos muy “radicales” pensados para principiantes, textos filosóficos abstractos  y complicadísimos, teoría política y económica, crítica de cine. Blogs y libros y DE TODO. Si no te gusta un libro/autora/corriente, no te preocupes, que hay más.
  6. Mantente informado sobre noticias y acontecimientos que afectan a las mujeres. Busca más de una fuente de información.
  7. Aprende sobre salud femenina y salud sexual y reproductiva (de hombres y de mujeres).
  8. Si tienes la responsabilidad de llevar el botiquín, los pequeños gastos comunes, el papel higiénico, etc. de un lugar de trabajo, asegúrate de que hay compresas y tampones.
  9. Habla con quienes tengan ideas erróneas sobre las mujeres o el feminismo. A ti te van a hacer más caso que a nosotras, casi seguro.
  10. Ve a manifestaciones o participa en otras campañas de protesta por los derechos de la mujer.
  11. Ofrécete voluntario para cosas que normalmente solo hacen mujeres.
  12. Si tienes hijos, cuídalos. Cógete el permiso de paternidad.
  13. Si las tienes cerca (en tu familia, entre tus amigos), pasa tiempo con niñas. Dedícales atención, juega con ellas, enséñales cosas.
  14. Lleva a tus hijos a colegios mixtos. Lo ideal es que sean públicos; que sean mixtos es fundamental. Anima a tus familia y amigos a llevar a sus hijos a colegios mixtos. Lo mismo va para actividades de ocio.
  15. Cuida de las mujeres de tu familia. Hazles caso, escúchalas.
  16. En el trabajo, en casa, de compras, en un lugar de atención al público, casi siempre preferimos que nos atienda una mujer. Parecen más accesibles… y las interrumpimos más. A los hombres se los interrumpe menos, parece que siempre estén muy ocupados con cosas más importantes. Evita interrumpir a una mujer. Si te pueden atender igualmente un hombre y una mujer, moléstalo a él.
  17. Apoya y difunde el trabajo hecho por mujeres. Esto va a depender de tu ocupación, y de tus circunstancias; puede variar mucho. Piensa en las mujeres que te rodean, en un trabajo y en tus aficiones, y si estás tratándolas con justicia. El trabajo de las mujeres a menudo pasa desapercibido, o no se valora lo suficiente.
  18. Si te molesta la existencia de un espacio no-mixto concreto, participa en uno que sea equivalente, mixto, y feminista (o en el que las mujeres sean bienvenidas), y si no existe cerca de ti, créalo.

Es posible pensar en más cosas, seguro. A ver cuáles se te ocurren a ti.

Terry Pratchett y sus mujeres.

the witches of lancreLas brujas de Lancre y de la Caliza. Portada del juego de mesa de Treefrog “The Witches”.

Los fans de Terry Pratchett a menudo coincidimos en su arte como creador de personajes memorables, carismáticos, admirables pero con un punto de antihéroes (y a veces, más que un punto). Casi todos los personajes más populares de Mundodisco son profesionales, y excelentes en lo que sea que hacen. El Comandante Vimes es un policía muy bueno. Vetinari es un buen gobernante, por lo menos para lo que le conviene a él. Húmedo von Mustachen es un especialista en sobrevivir. Por contra, Mort, protagonista de una sola novela, es divertidísimo en su torpeza… y desaparece en el éter cuando pierde un trabajo. Casi todos los personajes más recordados de Pratchett son trabajadores, y los personajes femeninos no son menos.

El ambiente más feminizado de todos los descritos en Mundodisco es el de las brujas de Lancre, que se introducen en Ritos Iguales, el tercer libro. Ritos es un juego de palabras entre rights (derechos) y rites (ritos), y se trata de la historia de una niña que más que aptitudes para bruja, las tiene para maga. Hay más personajes femeninos que se abren paso en profesiones que en Mundodisco son masculinas, algo que se mezcla a veces con problemas derivados de que no son seres humanos; Angua y Jovial Culopequeño en la Guardia de Ankh-Morpork son los mejores ejemplos. El escritor las trata con bastante cariño y muchísima solidaridad, y su profesionalidad nunca se cuestiona.

Las trabajadoras a las que Pratchett presta más atención se parecen mucho a sus personajes masculinos: son muy inteligentes, perfeccionistas, poco sociables, a veces cortantes. Y le interesa más su trabajo que cualquier otro aspecto de sus vidas. Si nos fijamos en las brujas, tenemos a Yaya Ceravieja, que no parece tener aficiones ni vida privada. Es el centro de la acción. Tata Ogg sí tiene vida social, y una familia de la que el narrador nos habla pero a la que apenas vemos. Y finalmente, el puesto de bruja joven (porque son la virgen, la madre y… la otra, como a veces se nos recuerda) es de Magrat Ajostiernos, sustituida por Agnes Nitt/Perdita y luego por Tiffany Dolorido. Magrat intenta compaginar una aventura con su nuevo papel de madre en una novela (Carpe Jugulum), pero no me parece un intento muy logrado. Pratchett sí conseguiría hablar de forma divertida de conciliación familiar con Vimes, quizá porque tenía el intento previo ya hecho.

Los personajes como Yaya Ceravieja o Angua parecen modelos algo anticuados de “supermujeres” que sacrifican lo personal, pero si las comparamos con masculinos equivalentes, como Vetinari, Vimes, o Ponder Stibbons, comprobamos que Pratchett se limita a crear, con gran acierto, versiones femeninas de sus modelos favoritos de trabajador incansable. Se dice de Jason Ogg “lo malo de ser el mejor herrero del mundo es tener que ser el mejor” y de ser bruja, “podías decir que era injusto, y lo era, pero al Universo le daba igual porque no sabía qué significaba la justicia. Es era el problema de ser bruja, que dependía de ti. Siempre dependía de ti”.  Da lo mismo ser herrero o policía o cocinera o bruja. No son simples caricaturas, tópicas “strong female character” cuya principal característica es resistir con entereza toda clase de desgracias haciéndolo todo muchísimo mejor que los hombres. Y algo maravilloso, por extraño que parezca, es que tienen defectos y aún así nos caen bien porque están retratadas con simpatía. En este sentido os recomiendo este artículo de aquí, que no habla de Pratchett sino de ese estereotipo de heroína de acción que está felizmente ausente de Mundodisco.

Un patrón que se repite con las suficientes variaciones como para que no canse son las mujeres que cuidan de los demás, unido a mujeres que tienen miedo de hacer daño. Entre las cuidadoras, por supuesto las hay profesionales (de nuevo, las brujas, que trabajan como parteras, médicas, veterinarias…) y otras que no. Lady Ramkin es criadora de dragones; es, en principio, una parodia del estereotipo de aristócrata británica dedicada a los caballos y los perros, pero en seguida trasluce una verdadera preocupación por el sufrimiento ajeno, animal o humano. No lo vemos mucho, pero sabemos que tiene amigas, algo que ya notó Virginia Woolf que era muy poco frecuente en la ficción.   También hay mujeres que tienen miedo de hacer daño a los demás, o de volverse malas. Yaya, la bruja más poderosa jamás conocida (hasta que Tiffany crezca un poco más), es una. Otros personajes dicen que no es mala porque elige no serlo. Angua la mujer loba es otra luchadora contra sus demonios internos, y también Agnes Nitt, que tiene una personalidad desdoblada. Su manifestación segura de sí misma, Perdita, es egoísta y demasiado cínica para la tranquilidad de Agnes.

Las relaciones amorosas en Mundodisco reciben un tratamiento variadísimo, y en mi opinión, comparado con su agudeza para observar todos los aspectos de las relaciones humanas, aquí falta algo. Veamos algunos casos: Mort hace muchas tonterías porque se enamora de una princesa, pero acaba emparejado con una chica con la que al principio se lleva fatal. Hasta ahí bastante clásico y bastante bien. El esquema de “pareja que desconfía, que se pelea, y luego se gusta” se repite de una manera muy diferente, muy bien llevada, en la relación de Húmedo von Mustachen y Adora Buencorazón. Angua y Zanahoria mantienen un noviazgo muy, muy largo, y muy muy cauteloso, provocado en parte por las circunstancias personales de Angua y en parte porque Carrot pone sus obligaciones por delante de lo personal. Magrat y Verencio se sobreponen a la tremendísima timidez de ambos. Y finalmente, el Comandante Vimes y Lady Sibyl Ramkin tienen una relación en la que se nos oculta todo el romance y se nos muestra la convivencia entre un hombre cariñoso pero demasiado ocupado y una esposa paciente y entregada pero que mantiene sus intereses anteriores al matrimonio. A veces tienen alguna escena tierna, más bien pequeños detalles que muestran que se quieren, más que diálogos o explicaciones del narrador. Es sutil y realista.

Las relaciones amorosas pratchettianas tienen, sin embargo, algunos puntos débiles. . Una novela, La Corona de Hielo, muestra varios de ellos de forma muy exagerada. Aquí, Pratchett recurre a un planteamiento de las relaciones entre hombres y mujeres que choca de lleno con la caracterización de muchos personajes creados anteriormente (aquí una reseña lo menciona de pasada, respecto al gato Greebo) . A saber: las hembras (mujeres y animales) nacen sabiendo seducir. Hay una sola manera femenina de seducir: la altivez, hacerse la estrecha. Esto siempre funciona: ante una mujer estirada, los hombres caen sin remedio. Además, los machos (incluye animales) son tontos, y enamorados más tontos. Y toleran la agresividad de las hembras que desean, se cohíben ante ellas. Un par de citas, que no son chistes sueltos sino que forman parte de una visión conjunta, coherente, que la novela da del amor.

“El cortejo es muy importante, tú sabes. Básicamente es la manera en la que el chico se puede acercar a la chica sin que ella lo ataque y le quiera sacar los ojos”.

 “Las chicas de la Creta no huían a menudo de un muchacho lo bastante rico como para tener su propio caballo – o no mucho rato y no sin dejarse alcanzar”. 

“No deberías tener miedo de él. Es él el que debería tener miedo de ti . . . ¡Porque eres una chica! Muy mal tienen que irnos las cosas si una chica lista no puede tener a un chico comiendo de su mano. Está loquito por ti. Podrías destrozarle la vida con una sola palabra”.

Aquí habla un Nac Mac Feegle intentando explicar a otro cómo funcionan las relaciones humanas (los Nac Mac Feegle tienen una especie de Abeja Reina por comunidad así que de amor humano no entienden nada), el narrador, y Tata Ogg, así que la visión es común a la novela entera, no simplemente una anécdota o la visión de un solo personaje. La Corona de Hielo es la 35º novela de Mundodisco, la tercera protagonizada por Tiffany, y la novena de las brujas, así que es poco probable que alguien empiece a leer por aquí. Como ya digo, chirría respecto al conjunto, aunque hay detalles que sí conocemos de antes, como la idea de que las personas enamoradas hacen muchas tonterías independientemente de su género.

Pratchett nos ha dejado. Se ha ido al mismo sitio que Aristófanes,  Fernando de Rojas, William Shakespeare, Jane Austen, Roald Dahl, Astrid Lindgren, y durante muchas generaciones leeremos a Yaya Ceravieja y a todas las demás como a la Celestina, Pippi Calzaslargas, Portia, Lizzie Bennett, Matilda, o Lisístrata. Todas ellas divertidas, reales, originales y al mismo tiempo un espejo en el que mirarnos. Gracias, Terry Pratchett.

Guía para conversaciones familiares navideñas.

Estos días se han popularizado los artículos en prensa, a veces hasta con asesoría de psicólogos, sobre cómo “sobrevivir a las navidades”. Se parte de la base de que nos van a hacer preguntas incómodas, y que es nuestra tarea sonreír y esquivar. Nunca he visto una lista que asuma que el incordio somos nosotros. Como dice Luis Rull, todos somos el cuñado de alguien.

La querida Mysterymoor largó un desahogo en twitter satirizando algunas preguntas que nos hacen a la parte joven de la familia (y a los doctorandos),  y de ahí saqué inspiración para una lista de normas que puedes seguir en los próximos días para facilitar la paz familiar.

  1. El viejo “no hables de política ni de religión” no significa “barre para casa esperando que te den la razón o se callen”.
  2. No preguntes a los jóvenes cuándo se casan ni a las mujeres cuándo van a tener (más) hijos. Nunca. Jamás. No. Nein.
  3. Si hay solteros con pareja no presente, pregunta “¿Qué tal está TuPareja?”. Y fin. No preguntes “¿sigues con TuPareja?”
  4. La respuesta a “tengo un problema” no es “poyó estoy peor”.
  5. Tampoco es “anda ya, te quejas de vicio”.
  6. Haz preguntas abiertas sobre las aficiones de los demás. Asume buena fe.
  7. Pasa por lo menos un cuarto de hora recogiendo la cocina. Pregunta “¿en qué te ayudo?” por lo menos dos veces.
  8. Laeme: si vas de invitado, no te inmiscuyas en la organización. Ayuda si te lo piden.
  9. Pasa un rato con los niños. Los jóvenes no son niños.
  10. Fijo que hay una abuela o mujer de su generación que apenas habla. Sácale conversación a ella.
  11. Si no comes de algo, aunque sea el principal, no pidas una alternativa. Hay comida de sobra. Come más de otra cosa.
  12. AGC: Si alguien no come alguna cosa, no castigues a los demás por ello. Que se apañe con el resto de la comida.
  13. Thisispeli: Está muy feo interrogar a alguien o hacer chistecitos sobre su dieta. Lo que come alguien o no es asunto suyo.
  14. Por lo que más quieras, no repitas varias veces seguidas el mismo chiste.
  15. No sugieras a los parados que monten un negocio a menos que propongas financiarlo tú. Y en ese caso, propón quedar otro día.
  16. El invitado “de fuera” se sabe TODOS los chistes sobre su lugar de origen. Ese tan gracioso también.
  17. Juan José Saénz: Ahórrate los comentarios desagradables o supuestamente graciosos sobre el aspecto físico, la ropa, la gordura y la delgadez.
  18. ¿Te creías que esto iba por tu cuñao cincuentón solamente? Nop. Va por ti, cari.

Espero que, con o sin consejos, paséis unas buenas fiestas. En buena compañía, ante todo.

Viejas

Todos los días me cruzo por la calle con muchas mujeres mayores. Se puede distinguir su nivel socioecómico más fácilmente que a los hombres: es decir, con los hombres viejos no es tan fácil distinguir pobres de no-tan-pobres, ni extranjeros de nacionales. A veces veo una pareja de ancianos y sé que son turistas por ella, no por él, que podría parecer español hasta que abre la boca.

¿Que por qué me fijo en esta distinción? Porque me revela algunas de las terribles injusticias que se han cometido contra las mujeres pobres, en este país y en otros. Se ve a la legua, os explico. La mayoría de las ancianas no andan con soltura. Esa rigidez puede variar: algunas arrastran los pies, y otras se tambalean de lado a lado, como barcos, como palios en Semana Santa. Algunas, debido a la rigidez de la cintura, se tambalean o hacen pequeños movimientos innecesarios al caminar, sólo de cintura para arriba. Otras, pocas, cojean. Siempre tienen chepita, o los hombros caídos. No caminan con la espalda recta. Nunca parecen del todo cómodas. Muestran inseguridad. A menudo están gordas, con una distribución corporal de esa gordura distinta de las mujeres jóvenes, y de las mujeres más ricas que vienen a hacer turismo. Es, creo, la suma de flaccidez con acumulación de grasa. Esto se añade a la sensación de torpeza, dolor e incomodidad que transmiten.

No suelen ir de luto, pero sí van vestidas de manera discretamente fea. Muchos no-colores. Ropa barata (la que hay). Poca ropa que ajuste al cuerpo y defina las formas. Muy rara vez pantalones. Muy rara vez ropa que esté de moda. Sólo las muy ricas son elegantes. Las de en medio, las que no son pobres, tienen su propia forma de vestir, condicionada en primer lugar por qué está disponible en su talla, y en segundo, por la discreción. Algunas se pintan. Muchas se tiñen el pelo, mal, y en casa. Tienen el pelo corto, pero no como los hombres: lo llevan corto y sin forma. Son frecuentes, en las que se lo pueden permitir, las joyas de oro que son más un indicativo de clase que un complemento que embellezca.

Esto no es una necesidad de la vejez. Las viejas españolas parecen veinte o treinta años mayores que las turistas extranjeras de su misma edad. Esto es lo que pienso sobre las experiencias vitales, desde la infancia, que hacen que sea tan fácil identificar el origen o la clase social de las ancianas.

Los zapatos. De qué calidad han sido. Con cuánta frecuencia han podido renovarlos. ¿Han tenido un solo par de zapatos, el mismo para todos los días, sin poder alternar? ¿Han tenido que usar zapatos que les quedaban pequeños? ¿Han usado mucho zapato de tacón? Fíjate cuado veas una vieja por la calle: es probable que use zapatillas de estar por casa para salir, negras o marrones para que parezcan verdaderos zapatos. Todo lo demás les duele, y no están educadas para usar zapatos deportivos. Además, las zapatillas son más baratas.

El ejercicio físico.
¿Iban al colegio y había educación física? ¿Han hecho deporte por placer? Las tareas domésticas no cuentan: son un ejercicio asimétrico e irregular. Esa es otra cuestión: ¿cuánto tiempo han dedicado a tareas domésticas que pueden dañar la espalda o las articulaciones, del tipo de como fregar suelos, cargar pesos o lavar a mano? ¿qué edad tenía tu abuela cuando usó por primera vez una lavadora? ¿qué edad tenía una mujer holandesa o inglesa de la generación de tu abuela?

Un lenguaje corporal orientado a ocupar poco espacio. Esto no ha pasado de moda; recuerdo, por ejemplo, unas manos detrás de mí juntándome discretamente los codos contra el cuerpo alrededor del año 2000. Las viejas españolas han sido educadas en bajar la mirada, en caminar con pasos cortos, poco eficientes. A no pasar más que el tiempo justo en la calle. No están acostumbradas a ocupar el espacio público. ¿Han salido solas a hacer algo que no fuera un recado?

La comida.
Las viejas españolas se han criado a base de caldo, pan, dulce, legumbres, grasa. Esto conduce a desarrollar poca masa muscular. Cuando más adelante en us vidas hubo mayor cantidad de alimentos, su salud en parte mejoró, pero por otra parte  engordaron más rápidamente y con una distribución distinta a la que tendrían si hubieran tenido acceso a alimentos de buena calidad cuando eran más jóvenes.

El cuidado dental. Sobra cualquier comentario.

Los embarazos. ¿cuántos tuvieron, y cuántos hijos? ¿qué cuidados prenatales tuvieron? ¿cómo fue la asistencia al parto? ¿cómo pudieron recuperarse después?

La ropa, sobre todo la ropa interior.
¿Qué ropa interior usaron de jóvenes? ¿Fajas que las oprimían, que quitaban libertad de movimientos? ¿Qué edad tenían cuando empezó a ser normal que las mujeres usaran pantalones? ¿Y cuando fue normal que las mujeres usáramos ropa deportiva?

Una vida entera de sacrificio, poco ejercicio, poco acceso al espacio público, poco o ningún acceso al poder, ropa restrictiva, calzado de mala calidad, comida de mala calidad, nos han dado varias generaciones de viejas enfermas y cansadas, que asumen la enfermedad como un hecho de la vida a pesar de que sus maridos no están tan estropeados, o al menos no de la misma manera.

Me dan envidia, sí, las turistas. Y me entristece ver a las ancianas de mi familia arrastrar los pies. No me basta con haberme “liberado” yo, porque sé que es consecuencia de la crianza, bastante privilegiada, que he tenido. Si dentro de treinta años, yo camino más como una turista que como mis vecinas, habremos fracasado.

Abuelas y brujas en las películas de Studio Ghibli

sophie old
Las protagonistas femeninas de las películas de Studio Ghibli han sido analizadas a menudo como ejemplos de cine feminista. Van desde mujeres jóvenes (Nausicaa o la princesa Mononoke) a niñas muy pequeñas, casi bebés, como Ponyo. Las más populares están al borde de la pubertad; por ejemplo, Chihiro. Es verdad que no salen muchas mujeres adultas y que no suelen ser protagonistas, pero en estas películas hay una gran variedad de ancianas, caracterizadas de manera positiva e imaginativa, casi siempre como personajes secundarios.

Estos personajes se pueden dividir en dos grupos:

El principal son las ancianas sabias o cuidadoras. La primera es Obaba, en Nausicaa. Aparece por primera vez cuando su familia se reúne con Lord Yupa, y Obaba interpreta para ellos la leyenda local de un héroe vestido de azul que llegará rodeado de luz dorada, a salvar al Valle y a su gente. Obaba es valiente pero algo fatalista; reta a los invasores del Valle a matarla, y cerca del final de la película parece resignada a que su pueblo desaparezca, ya sea por la invasión extranjera, por enfermedades relacionadas con las plantas tóxicas, o por el ataque de los insectos gigantes. En cualquier caso, llama la atención que el personaje escogido para ser la voz simbólica de la cultura del valle sea una anciana, en lugar de un sabio o un guerrero.

En La Princesa Mononoke el tema es parecido: se trata del conflicto creado por una ciudad industrial cuya prosperidad depende de la explotación de un bosque mágico. La anciana sabia aquí es Hii-sama. Intenta aplacar, sin éxito, al espíritu de un jabalí poseído que maldice a Ashitaka, y decide que el protagonista debe dejar el lugar y buscar una cura en el Oeste. Como Ashitaka se va para no volver, Hii-sama no reaparece. De nuevo, el personaje enriquece la película. Si vemos a hombres y mujeres de todas las edades, ¿por qué no también ancianas?

A veces, estas mujeres ancianas no entran en un tipo de “sabias”, sino que son sencillamente bondadosas, cuidadoras, y la historia las trata con mucha ternura. Es el caso de la Abuela en Mi Vecino Totoro, y de las muchas mujeres que viven en la residencia donde trabaja Lisa en Ponyo en el acantilado. En la ausencia forzosa de la madre de Satsuki y Mei debido a un enfermedad, la abuela de Okagi les da el amor y la atención que necesitan. Al mimo tiempo, la película nunca da a entender que cuidar de los niños sea un tarea exclusivamente femenina, puesto que desde el principio de la misma vemos a las niñas haciendo la mudanza y bañándose con su padre, en un modelo de paternidad positivo y realista, algo poco frecuente en la ficción. Aquí y en Ponyo, estas amables vecinas forman una comunidad que da un apoyo emocional muy necesario a niños y niñas pequeños, con familias que los quieren pero están muy ocupadas.

El papel de las ancianas como cuidadoras también está en sus familias biológicas, en Mis Vecinos los Yamada. Es una película costumbrista compuesta de anécdotas desconectadas entre sí. Tenemos a la familia Yamada con Takashi, el padre, Matsuko la madre, Shige la abuela materna, Noburu, el hijo adolescente, y Nonoko, la hija pequeña. Hacia el final de la película, Noburu bromea diciendo que la familia funciona porque los tres adultos están locos, pues si alguno no lo estuviera, se rompería el equilibrio. Algo de razón tiene, porque hay tensiones entre los adultos que serían insoportables si sólo fueran dos, o si no hubiera mucho amor en la familia. El conflicto entre Shige y su yerno surge pronto en la película: La propiedad en la que viven es de ella, pero él construyó la casa. Aquí y en otros casos, Matsuko no toma partido, y trata de detener la pelea. Por su parte, madre e hija discuten por las tareas de la casa (que ambas odian). Aunque Shige es muy ocurrente y a menudo muy divertida, no todo es de color de rosa: por ejemplo, uno de los “cortos” tiene como tema la melancolía que produce la proximidad de su muerte y la enfermedad de una amiga también mayor.

En El Viaje de Chihiro, encontramos un ejemplo de cada categoría, con lo que pasamos a la segunda: las enemigas o antagonistas ambiguas. En esta película hay dos hermanas gemelas, Yubaba y Zeniba. Su edad es dudosa: parecen muy mayores, pero Yubaba tiene un bebé. De un modo que recuerda ligeramente a Lady Eboshi en La Princesa Mononoke, es ante todo una mujer de negocios. Su mayor defecto es la avaricia, pero no es verdaderamente mala. No quiere causar daños innecesarios, y siempre cumple su palabra, aunque proteste de que eso la perjudica. Su hermana Zeniba irrumpe en la acción como antagonista, atacando a Haku y transformando al hijo de Yubaba en ratón, pero más tarde se vuelve amistosa y maternal, enfadada sólo con su hermana por haberle robado. Esto da complejidad e interés al personaje, mostrando que las abuelas cuidadoras y cariñosas también tienen intereses y necesidades.

En El Castillo Ambulante de Howl hay tres ancianas, en una relación no tan simétrica. La primera de ellas es Sophie, la protagonista, transformada en anciana por la Bruja del Oeste. Así empieza la parte central de la película, puesto que Sophie busca una forma de romper el hechizo, y así encuentra a Howl y su castillo. Como en El Viaje de ChihiroPonyo, el hechizo se rompe con amor, que no es precisamente muy original. Lo interesante de Sophia es cómo una chica tímida, práctica e insegura encuentra un trabajo doméstico que le gusta, en el que se encuentra cómoda, pero sólo después de un hechizo que la convierte en anciana. Esto, en el contexto del conjunto de la obra de Studio Ghibli, sugiere de nuevo la asociación entre la ancianidad y los valores de cuidado y ternura. Aquí están compensados por la Bruja del Oeste, un personaje poco común porque es mayoritariamente (o completamente) mala, sin rasgos positivos. Y finalmente, Madame Suliman, de edad indeterminada (tiene el pelo blanco pero parece más joven que las otras dos), una maga poderosa que fue la maestra de Howl.

captain dola

El Castillo en el Cielo incluye un personaje ambiguo que es, probablemente, la más divertida y transgresora de todas las ancianas de Studio Ghibli: Dola, pirata del aire. Inicialmente, parece un personaje negativo, pero más adelante se une a los protagonistas, Sheeta y Pazu, contra el verdadero villano de la historia, Muska. Como en cualquier historia de piratas, ella lo que quiere es robar tesoros. Muestra un gran amor por sus hijos, su marido actúa como un compañero en una relación compenetrada y positiva, y es amable con Sheeta mientras sigue siendo una auténtica pirata de película clásica. Es, probablemente, lo más memorable de esta película.

A pesar de la repetición de patrones, con todas estas brujas y abuelitas, la caracterización de las ancianas en la obra de Studio Ghibli nunca es estereotipada. Si las heroínas Ghibli muestran al público infantil que las niñas pequeñas pueden ser listas, valientes y admirables, estos personajes secundarios muestran que el encanto y el valor no se van con la edad.

Hijas y nueras: apuntes de sociología andaluza

A menudo se intenta justificar determinados modelos de familia con la excusa de que son naturales o inevitables. Una muestra de que esta supuesta “naturalidad” de las familias no lo es tanto es la diversidad para resolver la cuestión de qué hacer con los viejos. Algunos ejemplos: en China, la familia tradicional estaba montada en torno al respeto a los más viejos, sobre todo los hombres, pero eso se esta desmoronando. En la India, las viudas son un estorbo. En Occidente, dependiendo del país se van a una residencia. Los británicos que conozco pasan mucho tiempo solos, y valoran su independencia. ¿Y aquí? Varía bastante, y lo que mejor conozco es la situación andaluza.

En una familia andaluza, puede variar si la persona con más autoridad es el padre o la madre. Lo que no varía tanto es que hay un vínculo fortísimo entre madres e hijas. Si hay varias hijas, puede que a la más mayor le endosen el rol de “la responsable” y la pequeña sea “la niña” para siempre. Pero una cosa que está clara es que las madres y las hijas tienden a estar muy unidas. Esta unión se hace muy evidente cuando la hija heterosexual se empareja: en circunstancias normales, ninguna andaluza quiere irse lejos de su madre. Los hombres tampoco, la verdad, pero si el novio es de Villagrande y la novia es de Villachica, la novia hará lo que sea para vivir en Villachica. ¿y por qué? Porque quien va a ayudar en los problemas domésticos iniciales y en el momento clave en el que lleguen los bebés va a ser la madre de la novia. Las abuelas paternas, hasta donde yo sé, se inhiben. Miman, juegan, visitan, pero no cambian pañales ni hacen de canguro habitual si hay abuela materna.

En otras palabras: la madre andaluza, que ha creado un fuerte vínculo con su hija, trata a los hijos de ella como unos nietos más auténticos. En parte es por lo que dicen los refranes: los hijos de mis hijas, mis nietos son; los hijos de mis hijos, puede que no. Hijo de mi hija, mi nieto. Hijo de mi hijo, quién sabe. El hijo de mi hija, mi nieto será, el de mi hijo, Dios lo sabrá. Y por otra parte, es un seguro de culo limpio. Yo te ayudo a cuidar a tus bebés, y tu me vas a cuidar a mí y si hace falta, a tu padre, cuando yo sea vieja. Los hombres quedan al margen, porque aquí si algo está claro es que los hombres no limpian culos.

Entonces, el orden natural de las cosas es ése: el cuidado (sólo el cuidado, nunca el poder) se transmite por vía matrilineal, lo que tiene algunas ventajas. Es medianamente sostenible: los cuidados marchan adelante y atrás en las generaciones y en teoría, cuidar de tus hijas, que son un recurso propio, no externo, te garantiza cuidados cuando seas dependiente. Es kármico, y para esto también hay refranes. De tus hijos solo esperes, lo que con tus padres hicieres. Hijo eres y padre serás; cual hicieres te harán. No es frecuente, como en otros lugares, que se estimule que una hija quede soltera para cuidar de los padres. Es cohesionador: amplía la red de cuidados más allá de una generación, reduciendo la inseguridad e indefensión de la mujer recién independizada, o madre primeriza (siempre está el problema de que madre, suegra, gine, pediatra y amiga te van a dar cinco opiniones diferentes, eso sí).

Hasta aquí, todo bien, con un par de problemas fundamentales: qué pasa si no hay hijas, qué pasa si las hijas no dan nietos. Y otro día os hablo del síndrome de la abuela esclava. Pasemos a otra cuestión. Entra en escena la cuñada (o nuera): la pareja del hijo. Esta mujer, evidentemente, tiene una madre y a toda una familia detrás, y consciente o inconscientemente, sus planes incluyen coger a su novio y barrer para casa. Para la madre del hijo, la nuera oscila entre una aliada poco fiable y su peor enemiga. Una cuñada siempre es una extraña, una intrusa, en el mejor de los casos, y en el peor, una mala de cuento con la capacidad de dividir familias.

Y esto, ¿por qué? En parte por machismo. No es un hombre que pueda aportar dinero, poder o protección. En una cultura machista, una mujer con una posición económica o social superior a la del novio es irrelevante, o humillante. En cuanto a virtudes domésticas, no aporta nada a la casa porque es una extraña y no se espera de las nueras que sean cuidadoras. Y además, la nuera está bajo sospecha de querer “secuestrar” al hijo. Es decir: se lo llevará a vivir cerca de sus padres, para que su madre la ayude, y continuar con su propia cadena de cuidados. Ello va a influir en aspectos como el calendario de vacaciones y fiestas: los padres de ella tienen prioridad en cumpleaños, navidades, etc.

Una nuericuñada puede tener razones para llevarse bien con su familia política: malas relaciones con la propia, que su pareja esté muy unido a los suyos, que le caigan bien y piense que por qué no, o simple sentido de la justicia. Nunca se espera que las nueras entren en la cadena de cuidados, así que su rol debe ser distinto al de la hija: lo más sencillo y lo mejor que puede hacer es dejar que los nietos estén disponibles para los abuelos, y demostrar que es una buena cuidadora de su pareja. También es posible la amistad con sus cuñadas, y en menor medida sus cuñados.

Para concluir, en los últimos años tenemos una novedad con la mejora de la aceptación social de las parejas homosexuales. Será interesante ver, en unos años, cómo se recibe a yernos y nueras de parejas del mismo sexo en las familias andaluzas.

Esto empezó en una conversación por twitter. Gracias a @vorticemarxista, @yourspanishman, Clara, @anitaruiz77 y @xiscally.