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Experiencias y consejos tras diez años en el aula.

Así de repente, hace diez años que soy profesora de Secundaria. En este tiempo, mis puestos y funciones han sido menos variados que la media, porque he tenido la suerte de trabajar en solo dos centros, en lugar de que el sistema me tenga dando vueltas por cada instituto de Andalucía. He sido tutora de bachillerato y de la ESO (y siempre me toca 2º, oye), solo he dado clases de inglés, he sido jefa de departamento como alguna vez nos toca a todos, y coordino la biblioteca. En dos institutos bastante buenos de pueblos grandes y prósperos, un instituto muy grande y otro tirando a pequeño. Y más o menos eso es todo.

Estas son algunas de las cosas que he aprendido:

Sobre orden y organización:

No vas a tener un espacio propio donde quepan todas tus cosas y vas a tener que acostumbrarte a trabajar donde te pille. Seguramente tendrás taquilla, la posibilidad de dejar tus cosas en el departamento, cosas del trabajo en tu casa, y cosas que necesitas llevar al aula. Por eso, necesitas mantener el orden. Dedica un rato a la semana a despejar tu rincón o rincones favoritos.

Las taquillas tienden a convertirse en cementerios de papelotes. Se reproducen y tienen hijitos ahí. Es una tentación, pero no se lo permitas. Lo mismo pasa con los bolsos.

Sobre bolsos, yo uso dos: el que va del trabajo a casa y el que uso por el instituto. Así tengo las manos libres en lugar de llevar un bolso, un montoncito de libros y un estuche por el centro, y no corro el riesgo de llevarme cosas del trabajo a casa. Con esto no me refiero a “no trabajar en casa”, que inevitablemente ocurre, sino por no cargar con pesos innecesarios.

En las salas de profesores suele haber varios ordenadores. No trabajes en el de al lado de la impresora: te van a interrumpir “un momentito de nada” quienes necesitan usarla para imprimir y quienes tengan cualquier duda técnica para imprimir en red.

Si algo está roto, avisa a quien está encargado de repararlo porque si no, no se enterará.

Entérate tan rápidamente como puedas de qué equipamiento electrónico e informático funciona, qué no, y cómo se usan las cosas que son nuevas para ti.

Sobre gestión del tiempo:

El trabajo es inabarcable. En serio. No es posible hacerlo todo y hacerlo bien. Vive con ese conocimiento, y prioriza.

Lo que más se va a notar si está hecho o no es el papeleo.

Lo que más tiempo consume es la tutoría.

Lo segundo que más tiempo consume es preparar clases de algo que no dominas.

No calcules a mano las notas medias aunque parezca muy fácil. Consume muchísimo más tiempo del que parece, sobre todo si haces una variedad de pruebas y tienes una media ponderada complicadilla. Usa una hoja de cálculo. Si no sabes, pide a alguien que te la diseñe o usa una aplicación para profesores.

Cuando tengas tu horario, seguramente tendrá “huecos”, es decir, horas de permanencia obligatoria en el centro para hacer tareas administrativas. Intenta hacer siempre lo mismo en los mismos días; por ejemplo, ordenar papeles los viernes después del recreo.

Descansa en los recreos, pero evita los corrillos en las horas muertas.

Evita en lo posible llevarte trabajo a casa. Una opción para ello es estar en el centro la jornada completa. Es decir, llega a las 8:15 y vete a las 14:45 o 15:00 todos los días tanto si tienes clases como si no. Haz llamadas a familias, prepara clases, corrige, lo que sea que tengas que hacer, sin llevártelo a casa.

Relacionado: el peor horario posible es entrar y salir cada día a una hora diferente.

Usa agenda. A mí me gusta usar Trello para mis cosas y una agenda de papel para apuntar lo mismo que los alumnos. Trello al ser una aplicación la puede ver en el móvil y en el ordenador, y la agenda de papel está entre las cosas que no salen del instituto.

Separa agendas para tus asuntos personales y laborales, por si se la cedes a un sustituto o se la enseñas a alguien a quien no le importa cuándo cumple años tu padre.

Sobre salud laboral:

Necesitas un termo de infusión o una botella rellenable con agua. Los alumnos bromearán al principio porque son opacas y no saben qué estás bebiendo. Pasa de ellos, se acostumbrarán. No lleves café, es fácil pasarse y además mancha, ni bebidas dulces: acabas por tener más sed. Agua o infusiones. En cantidad.

En tus primeros años, ve a un logopeda o a clases de cómo cuidarte la voz. Pide al centro de formación de profesores que organice un curso sobre el tema. Aplica lo que te enseñen.

Te pasas el día de pie y cargas pesos moderados. Este trabajo no es tan sedentario como parece. Necesitas una actividad física agradable que compense las sobrecargas y te despeje la cabeza.

Prevé los días que vas a quitar trastos del departamento, o de tu aula si tienes una tutoría, a principio y al final del curso. Lleva calzado deportivo y ropa que pueda mancharse.

El color rojo es muy cansado de leer. Si tus correcciones son algo más que números y X, es decir, usa bolígrafo verde u otros colorines raros como turquesa.

Es bastante probable que tengas ansiedad, depresión, o una sobrecarga de estrés muy gorda en pocos años. Si te parece que tu relación con el trabajo cambia bruscamente, que las cosas han cambiado de forma que ya no sabes cómo llevarlas, te pones a llorar al llegar a casa o te da angustia volver el lunes, ve al médico. Son baches, todo el mundo los tiene, y se sale de ellos.

Sobre relaciones con los compañeros:

Siempre te van a decir que en este centro todo el mundo se lleva bien. Es fácil darse cuenta de cuándo no es verdad.

Asume que nada de lo que haga el equipo directivo es personal. Solo están haciendo su trabajo. Que te digan que has metido la pata no quiere decir que les caigas mal o que te la guarden.

Aprende rápido la dinámica de trabajo de Conserjería. Son muchos, son pocos, quién hace rápido las fotocopias, si alguien se escaquea. Tu vida depende de este personal.

Cuando dejes algo para que te lo fotocopien, aunque lo expliques, apunta exactamente qué es. “7 copias por las dos caras para Eugenia del Depto de Inglés, es para mañana”.

Sobre tus materiales:

Si usas pizarra blanca, nunca tienes suficientes rotuladores.

Las tizas resecan las manos hasta romper la piel y las uñas. Lávate las manos varias veces al día y usa crema de manos.

Necesitas guardar en la taquilla un par de calcetines por si llueve camino del instituto.

A veces, los centros tienen material escolar para el alumnado (por ejemplo en el mío las cartulinas para pósters y cosas así). Nunca les des material escolar tuyo solo porque se les ha olvidado. Tampoco un pañuelo. Tienes cien alumnos, no puedes ser el plan B de todos.

Sobre el alumnado:

Tienes alumnos a los que pegan en su casa. Hay familias que pegaron a los chicos hasta que crecieron demasiado y ya les dio reparo. Bastantes problemas de convivencia se deben a que ya no saben “disciplinar” porque se han quedado sin recursos.

Tienes alumnos que no están nada acostumbrados a que alguien les lleve la contraria.

¿Los alumnos te han mentido alguna vez? Pues imagínate a sus familias. Ante la duda,  creerán a su hijo o te dirá que es culpa tuya por no avisar antes.

Tienes alumnos que pasan hambre o que están desnutridos. Ellos han normalizado la pobreza y sus familias la disimulan. Sí, aunque tengan smartphones o ropa de marca.

Tener smartphone no significa tener acceso a internet. Muchos de tus alumnos tienen una tarifa de datos que racionan para acceder a redes sociales, sin internet en casa.

No, no todo el mundo puede estudiar lo que quiera. Las becas no son suficiente manutención para ir a la universidad. Si no estás en una ciudad, la elección de ciclos formativos está condicionada por la oferta local, que es muy reducida. La mayoría de tus alumnos suele ser consciente, aunque sea vagamente, de estos condicionantes, desde que son muy pequeños.

Los niños a veces llaman “estudiar” a ir a la universidad. Al principio de la ESO creen que después de Primaria vienen seis cursos preuniversitarios. Al final, que después de la ESO hay dos cursos preuniversitarios. Vas a tener que trabajar duro para cambiar ese prejuicio, que a menudo comparten en su casa.

A pesar de todo lo que he dicho, tus alumnos son gente que merece la pena. Mucho.

Haz lo que te dé la gana con el lenguaje inclusivo (yo en este post uso unos cuantos masculinos genéricos) pero usa “familias” mejor que “padres”. He tenido tutorías con: padre, madre, ambos, madre y su pareja, padre y su pareja, abuelo, abuela, adoptantes no oficiales. Si haces en clase una tarea que incluya mencionar a sus progenitores y no estás 100% seguro de lo que tienes entre manos, deja claro que si quieren pueden hablar de “vuestros abuelos, o quien vosotros queráis”.

Gestión del aula.

Ayuda mucho que el principio y el final de las clases sean siempre iguales. También que por ejemplo los lunes siempre hay lectura, los martes siempre deberes y los jueves siempre juegos.

Siempre hay problemas para dar permiso para ir al baño, sobre todo si hay una norma de dejar salir al alumnado de uno en uno. Yo doy prioridad a las chicas por si tienen la regla y para compensar, si necesito algo de conserjería, me lo trae un chico.

No hay un solo método correcto y efectivo para mantener el orden.

No hay un solo método correcto y efectivo de relacionarse (o no) con el alumnado en redes sociales. La única certeza es que te van a buscar, y te encontrarán. Puede que te agreguen, y puede que solo te espíen.

Asegúrate de que el alumnado usa la agenda.

Todas las clases que he dado de “técnicas de estudio” han sido de gestión del tiempo. Aprender a priorizar es dificilísimo y a los alumnos les cuesta.

Busca cualquier lista de “frases típicas de profesores” y evita decirlas. Todas. No importa si tienes muletillas, pero que no sean esas.

Nunca amenaces sin consecuencias. “A la próxima te voy a […]” tiene que cumplirse siempre. En general, esto sorprende, porque están muy acostumbrados a que los adultos les amenacen sin cumplir, les retiren los castigos inmediatamente… sé coherente y sobre todo previsible.

No seas sarcástico nunca jamás, aunque para ti sea solo una forma de hacer humor o de reñir. Es innecesariamente cruel y los más pequeños no te entienden.

Gritar está mal y lo sabes, pero alguna vez perderás los nervios y ocurrirá. Si te has pasado mucho con la bronca, discúlpate. Puede que seas el único adulto que lo haya hecho en sus vidas.

Y fin. De momento.

Si dejáis comentarios los añadiré a la entrada principal. Y mañana habrá una entrada invitada  sobre papeleos y trucos para interinos, gestión de tutorías y relaciones con las familias.

Que tengáis muy buen curso.

 

De embarazos y eufemismos

Una expresión que me desagradaba muchísimo cuando estaba embarazada era la frase hecha “las molestias del embarazo”. Una picadura de mosquito es una molestia; lo del embarazo es otra cosa.

Un listado de todas las cosas que cambian en el cuerpo durante el embarazo está siempre incompleto, porque cada embarazo es diferente, incluso para la misma mujer. Hay dos carreras universitarias dedicadas a este tema (las especialidades de matrona en enfermería y obstetricia y ginecología en medicina). Pero por dar una idea de cuántas cosas pueden cambiar, aquí están las que me han pasado a mí o a gente que conozco. No cuento nada sobre el parto, porque eso sí que es inabarcable.

Pelo: A muchas no se nos cae en meses, lo que da una melenaza impresionante. Después del parto se espera que se caiga todo a la vez, hasta volver a su estado anterior al embarazo. Casi dos meses tras el nacimiento, el mío está fatal: seco, de aspecto despeinado siempre, feo. Conozco casos de mujeres que han perdido el rizo con los embarazos.

Piel: Pueden salir manchas en la cara: no son pecas sino que tienen forma de “careta” o de cachetes colorados a lo Heidi. Mis chapetas se agravaron con el nacimiento, luego se pusieron marrones, y ahora siempre parece que me haya puesto colorete. No sé si se irán algún día. Una de las dos mejillas tiene una leve “telaraña” (cuperosis). Creo que eso no ya no se va.

Mientras la barriga crece puede que la piel, al estirarse, pique o moleste. Luego están las estrías y la piel descolgada de la barriga. Las estrías son para siempre. La piel descolgada, puede que sí o que no. Una cosa que me ha sorprendido de las estrías es que esa zona está muy sensible. Escuece, pica, por ejemplo con el sudor, el roce de los elásticos de la ropa… Esto ha ido a peor después del nacimiento.

Ojos: La retención de líquidos y la relajación de los músculos y ligamentos puede modificar un poco la visión. No suele ser permanente. No se recomienda graduar la vista ahora, ni tomar medidas para poner lentillas.

Sistema nervioso: Muchas embarazadas tienen pérdidas de memoria, despistes, menos capacidad de concentración… luego se recupera, pero tarda, sobre todo porque con un bebé duermes poco e interrumpido. Bueno, cuando estás embarazada también. Te duelen cosas, puedes tener ansiedad, te estorba la barriga, o porque sí. Yo dormía fatal. Además, aunque duermas bien puede ocurrir que tengas mucho sueño todo el rato, sobre todo en el primer trimestre. Yo dormía nueve horas de noche, y siesta.

No sé hasta qué punto esto es nervioso o no, pero aquí lo pongo: los cambios en la forma del cuerpo alteran tu cetro de gravedad y tu autopercepción de una forma que favorece que pierdas el equilibrio. Hay que tener cuidado con las caídas.

He visto en muchas páginas web que las embarazadas tienden a sufrir estrés y ansiedad. Se suma el miedo a que os pase algo, el desequilibrio hormonal, y que cada vez se vuelve más difícil cumplir con tus obligaciones o rutinas habituales con un cuerpo más y más cansado y dolorido.  Quiero decir que no son solo “las hormonas” sino una suma de factores que es normal que te pesen. Dependiendo del médico, te dirán que puedes tomar ansiolíticos o que no. Lo que no puedes tomar son antidepresivos. Existe la “depresión gestacional”, que se va con el parto. Hay que pasarla tal cual o con psicoterapia.

Dientes: Se estropean más, por los vómitos, la sequedad de boca y los cambios alimentarios. También porque se aflojan en la encía. Pueden salirte caries o caerse. Se recomienda hacer un par de revisiones. Eso sí, no te pueden hacer radiografías (unos dentistas piensan que en caso de necesidad merece la pena hacer alguna y que el riesgo no es tanto).

Problemas digestivos: Algunas embarazadas tienen náuseas al principio, y otras todo el embarazo. Algunas solo por la mañana, y otras todo el día. A veces te lo provocan alimentos concretos (yo dejé de comer queso y de beber café). “Náuseas” puede ir desde “sensación de asco que se pasa comiendo algún alimento ligero” a que vomites todo lo que comes. Algunas mujeres no son capaces de retener nada, ni los líquidos, lo que es una situación grave que requiere control médico. Vomitar varias veces al día destroza los dientes y hace que te duela la zona del diafragma. No sabes lo horrible que es hasta que te pasa. En algunos casos te sientes llena y empachada con unos bocados, y con ganas de vomitar o muy debilucha si estás hambrienta, así que te pasas el día haciendo comidas pequeñitas.

El tercer trimestre, el útero ha crecido hasta empujar al estómago hacia arriba. A partir de ahora lo que se tiene es reflujo. Yo pasé mucho peor los dos últimos meses que el resto del embarazo. Comer cantidades normales me hacía vomitar porque la comida no me cabía dentro. Todo lo que comía me daba ardor de estómago.

La digestión se vuelve más lenta para obtener la máxima cantidad posible de nutrientes. Eso provoca estreñimiento y gases. La suma de problemas de tránsito y circulatorios suele producir hemorroides o empeorar las que ya tuvieras. Y si no te pasa en el embarazo, espérate al parto.

Hay muchos alimentos que hay que eliminar, modificar o reducir. Este artículo lo explica muy bien. Mucha gente sabe lo del jamón, pero ¿te habían contado que verdura cruda sin pelar tampoco? ¿Y comida que habitualmente se coma fría o del tiempo? Je. Lee, lee.

Desarreglos endocrinos: Si tenías hipotiroidismo antes, suele empeorar. Si no, el embarazo puede provocarlo y puede ser permanente. Puedes desarrollar diabetes gestacional y ésta se puede volver permanente, o desaparecer con un poco de suerte, tras el parto.

La diabetes gestacional se produce más a menudo en embarazadas con sobrepeso previo, antecedentes familiares o dieta alta en hidratos de carbono, pero a algunas les toca sin tener esas características. Es una lotería.

Circulación: Pueden salirte varices o empeorar las que ya tuvieras. Y no sólo en las piernas, pueden ser pélvicas. La tensión arterial baja al principio del embarazo, y si eras hipotensa de antes eso provoca desmayos y mareos. A mí me pasaba a menudo, sin avisar y sin haber hecho esfuerzos. También puede subir, sobre todo en el tercer trimestre. Los desajustes de la tensión pueden dar dolores de cabeza.

La retención de líquidos provoca hinchazón en las piernas y los pies. Eso a veces duele o molesta, y otras no.

Son frecuentes los calambres en las piernas, sobre todo de noche. A mí me daba tan fuerte que por la mañana tenía agujetas.

Aparato respiratorio: En el tercer trimestre, la presión del útero contra el resto de órganos desplaza los pulmones hacia arriba. Pierden capacidad y te ahogas, te quedas sin aire. Esto puede ocurrir incluso en reposo; en mi caso no parecía conectado con hacer esfuerzos, pasaba porque sí. También puedes tener la sensación de que te dan un puñetazo al plexo solar con ciertos movimientos. En mi caso, los dos últimos meses, cada vez que me sentaba.

Cuidado con los resfriados. Primero, porque si te da fiebre es peligroso para el feto. Segundo, porque a partir de que tengas barriga la tos y los estornudos duelen; los abdominales están sobrecargados y el “impacto” va hacia abajo. Yo sentía los estornudos como puñaladas en la pelvis.

Aparato locomotor: Vale, aquí tenemos para largo.

Síndrome del tunel carpiano. En serio, no me lo invento: tiene que ver con el estado de los ligamentos y con la retención de líquidos, surgen inflamaciones donde menos las esperas. Dolores en las costillas (patadas del bebé o presión del útero hacia arriba). Dolores de espalda, sobre todo lumbares. Hernias de disco. Ciática. Dolores en la pelvis y en las caderas. Llega un punto en el que abres ligeramente las piernas al andar y al sentarte y levantarte, lo que provoca dolores en los muslos, sobre todo en la cara interna, o en las rodillas. Duelen los pies como si hubieras estado todo el día caminando. Todo esto hay que pasarlo son analgésicos o con dosis bajas de paracetamol, depende de lo que te diga el médico.

Desde el final del 1º trimestre puedes tener el que se conoce coloquialmente como “dolor del ligamento”, que afecta a toda la banda baja de la barriga (casi el pubis).  Se debe a que la zona se está estirando. Aunque se dé en la misma parte del cuerpo, es distinto a la disfunción de la sínfisis púbica, que es un dolor muy intenso, en forma de pinchazos o continuo, muy abajo, en el mismísimo pubis. En el embarazo o ya en el parto, la estructura de la pelvis se puede ensanchar para siempre y aunque pierdas todo el peso te puedes quedar con una o dos tallas más de pantalón. Lo mismo le puede pasar a los pies. De todo esto, está claro que lo peor por ser irreversible son las hernias de disco, y a veces la ciática, pero los tres o cuatro meses de dolor articular constante (no molestias: dolor) tienen su miga.

Sobre la pérdida de movilidad. Primero no puedes tumbarte boca abajo, tan pronto como te empieza a salir barriga (unos 3 meses). Luego no puedes tumbarte boca arriba, porque el útero presiona el resto de órganos y te ahogas. Luego no puedes doblarte por la cintura, por ejemplo para coger algo del suelo. Luego no puedes sentarte con las piernas juntas o cruzadas.

Aparato reproductor: Las mamas no son reproductivas, pero aquí lo digo: duelen, o se ponen muy sensibles.

Una cantidad alta de embarazos, más o menos el 25%, acaba en aborto espontáneo. Siento ser así de dura, pero el primer trimestre es “de prueba”. Como para no creerte nada hasta que veas la ecografía de la semana 10-12.

En el primer trimestre lo normal es que te duela la barriga más o menos igual que con la regla, solo que seguido, durante semanas. La progresión es que primero te duele así, luego ya no duele durante un par de meses, y luego el dolor es más bien muscular, como describo en la sección anterior (lumbares, cara interna del muslo, ligamentos). En mi experiencia, el paracetamol no alivia estos dolores musculares, y te dicen que no debes tomar ningún otro analgésico; desde luego, ibuprofeno nunca.

Desde el principio del tercer trimestre puedes tener contracciones falsas. Es una buena señal. El dolor empieza muy arriba, donde antes estaba tu cintura, y baja en forma de ola o calambre. Dura unos segundos y son más frecuentes si estás cansada. Finalmente, hacia el final del embarazo la barriga entera te puede doler entera y de una forma sorda. Si el feto se encaja bien, listo para salir, alrededor del octavo mes, se te puede clavar en el pubis y duele. A mí eso me daba dentera.

La presión del útero hacia abajo daña el suelo pélvico, sobre todo si tienes varios hijos o realizas tareas pesadas en el embarazo o los meses siguientes. Eso te puede provocar incontinencia, temporal o permanente, ahora o más adelante.

Hacia el final del embarazo, las “pataditas” duelen, porque el feto no cabe. Dan en cualquier parte, lo mismo en las costillas que abajo del todo.

Sistema inmune: Te bajan las defensas. Eso te hace más proclive a coger infecciones; muchas amigas mías han tenido candidiasis  durante meses. También altera los síntomas de las enfermedades autoinmunes. Si eras alérgica de antes, los síntomas pueden empeorar.

Aspecto físico, imagen corporal: Algunas embarazadas se ponen muy guapas, o se ven ellas así. No va a ser todo malo. Luego está el tema del peso. Hay quien engorda mucho y es todo retención de líquidos; quien engorda mucho y lo pierde con la lactancia; quien engorda mucho y no pierde. Algunas embarazadas, sobre todo si estábamos gordas y comemos en el embarazo una dieta saludable y no muy alta en calorías, perdemos peso. Comparando con amigas he visto que engordar o adelgazar está más desconectado que nunca de cuánto comemos. Está desaconsejado hacer dieta de adelgazamiento porque podrías privarte a ti y al feto de nutrientes esenciales, pero las recomendaciones sobre qué debes comer se parecen bastante a hacer dieta, y si tienes náuseas no vas a tener muchas ganas de comer de todos modos.

Enfermedades previas y sobrevenidas; medicación. Espero que no cojas ninguna enfermedad que requiera algo más que paracetamol, porque en el primer trimestre médicos y farmacéuticos te cogen con unas pincitas y te dicen “eso en el primer trimestre no se puede”. Ánimo, que dura poco tiempo.

Si tienes una enfermedad crónica es muy probable que el embarazo la afecte, y al revés, que tu problema o tu medicación habitual afecten al feto. Esto lo lleva tu especialista habitual, no el ginecólogo. Cada situación es diferente.

Concluyo: la sensación básica de un embarazo sano y normal se parece a combinar resaca y agujetas. Como si el día anterior hubieras ido al gimnasio y luego de borrachera. Pero hoy no es domingo, no puedes pasar el día en el sofá, y estoy no es solo ahora, va a ser así durante semanas. Cuarenta.

Cosas que no decir a las aspirantes a madre

Ahora mismo, al menos tres mujeres de mi entorno cercano quieren tener hijos y están teniendo dificultades para ello. Digo mujeres y no parejas porque no conozco a todos los hombre implicados. Las mujeres hablamos más de estas cosas, y también se nos pregunta y se nos exige más.

Es fácil explicar que es de pésima educación meter miedo o echar sermones a las mujeres que no planean tener hijos, ya sea porque han decidido no tenerlos o porque “ahora no”. El tema no se toca, y ya está. Pero ¿qué decir cuando sabes que una mujer (o una pareja) quiere tener niños, y no pueden? Si tienes confianza como para saber algo tan íntimo, seguro que quieres consolar o aconsejar, pero te arriesgas a decir algo que lo empeore. A continuación, unas cuantas cosas que es mejor que no digas,  y luego algo más constructivo.

“¿Has pensado en la adopción?”. A ver. La adopción es una opción tan obvia, tan pública, que es como preguntar si sabe cómo se hacen los niños. De verdad que no necesita que se la recuerdes. Si no ha intentado adoptar todavía, tendrá sus razones.

“¿Has pensado en la fecundación in vitro?”. A menos que te haya contado su historial médico y el de su pareja también, no tienes ni idea de por qué no tiene niños. Igual hay contraindicaciones. Igual es caro. Igual los recovecos del sistema de salud de donde ella vive la dejan fuera de la cobertura. Además, hay parejas que no lo consiguen a pesar de que sobre el papel ambos son fértiles. De nuevo, ella ya sabe que esto existe.

Cualquier cosa que signifique “si deseas quedarte embarazada, no te quedas. Te quedarás cuando no pienses en ello”. Además de cruel, es mentira. Puede que el estrés tenga algún efecto que dificulta la concepción, pero el cuerpo no va a distinguir “estrés por exceso de trabajo” de “estrés por ganas de quedarse embarazada”. Lo único que consigues es culpabilizarla. Y ¿no es curioso que en un mundo que repite que la voluntad es mágica y todo lo consigue, justo esto se gafa si lo deseas? Venga ya.

“Todavía eres joven” a las mujeres de más de treinta y pico. Sobre todo si ella dice que no se siente joven o que siente que se le acaba el tiempo. Da igual si tienes razón o no, porque no estamos en una conversación filosófica sobre si la juventud es un estado de ánimo, sino sobre las posibilidades objetivas de tener un embarazo con éxito.

“Mi prima tuvo tres abortos espontáneos y ahora tiene un bebé”. “Mi prima lo intentó diez años y tuvo un bebé con 47”. “Mi prima lo consiguió con su tercer marido”. Nos alegramos mucho por tu prima. Sabemos que es posible tener niños después de mucho esperar y mucho sufrimiento. Pero ahora mismo, los niños de los demás y las historias de terror sobre embarazos complicados son la última y la penúltima cosa de las que apetece hablar.

Cualquier consejo médico si no eres su médico. Primero porque igual te equivocas. Segundo porque la concepción es cosa de dos y no sabes si pasa algo con la segunda persona.

“A lo mejor no te quedas porque estás gorda/demasiado delgada”. Esto suele venir acompañado de un “mi prima no se quedaba porque estaba gorda/demasiado delgada, se lo dijo el médico”. Sin comentarios.

Y estas son algunas cosas que puedes decir, además de “sé que es muy duro, lo estás pasando muy mal. ¿Quieres un café?”.

¿Te ha visto el médico? ¿te han dicho por qué os pasa esto? Si estás preocupada, ve al médico si aún no lo has hecho. Hay muchos problemas que tienen una solución muy sencilla, como tomar medicación.

Algún comentario positivo sobre su pareja o su relación que NO sea “bueno, vosotros ya sois felices juntos sin tener niños”. Es decir, algo del estilo de “os queréis mucho, se os ve bien juntos, cuando vengan será un buen padre, esto es muy duro pero seguro que os dais mucho apoyo”.

“Todavía eres joven” acerca de la crianza. Algo que se resuma en “ahora tienes más experiencia de la vida que con 25 años, y cuando vengan, serás una buena madre”.

“Hacer dieta/hacer ejercicio puede que te haga sentirte mejor, y si te quedas embarazada estarás más sana y mejor preparada”. No hablo de recomendar hacer dieta a una mujer gorda porque está gorda, sino de animar a quien lleva una vida sedentaria, o a quien no está comiendo sano, a hacerlo por sí misma, no por sus supuestos beneficios para la concepción.

Sugerencias de cosas concretas, útiles y agradables que alivien el estrés y la ansiedad, si tiene.

“A mí me pasó lo mismo que a ti”. Cuando es relevante, claro.

Y si estás en esta situación y has llegado aquí buscando consejo, ve al médico. Y si no te da solución, busca otro. Si eso ya está controlado, mucho ánimo y suerte.

21 días, día 21 y conclusiones.

PHOTO_20160129_133404Parte de la decoración de la entrada en estos días.

La primera vez que hice este seguimiento de lo que hago todos los días en el trabajo escribí unas conclusiones. Mantengo casi todo, y las cosas que ahora son diferentes se deben a los cambios en mis grupos. Estas son las conclusiones que saco ahora:

1. He trabajado 105,5 horas en 20 días, incluidos un día acortado por tener que ir al médico. Esto supone una jornada laboral en abstracto y en teoría de 35 horas, pero como no contabilizo descansos y mi jornada matinal rara vez los tiene, si incluyéramos descansos hablamos de 37,5 horas, que es más o menos lo que la ley supone que hago. Debido a interrupciones y necesidades vitales variadas, cumplir con un horario así implica trabajar fines de semana, incluso si te propones, como yo, estar en el instituto unas 30 horas semanales.

2. El recuento que he hecho de las tareas usando trello no es completo: cada cinco días o así elimino tareas que he hecho, añado las que hayan ido surgiendo y me acuerde. Las que no me acuerdo de apuntar o he resuelto antes de abrir trello no figuran. Ha habido un ligero descenso, de 32 a 20. He hecho de todo: meterle el diente a tareas amplias y abiertas que no se terminan nunca, poner y corregir exámenes, cosas muy concretas como una llamada de teléfono. El trabajo no se termina nunca, y trabajar 8 horas al día no sirve para avanzar, que incluiría también hacer regularmente tareas más imaginativas que las del libro. Puedo hacerlas, pero muy de vez en cuando. De todas maneras, el trello es una ayuda magnífica, unque lo use poco.

3. Me paso la vida riñendo y creo que no soy la única. Dar clase en primero y a veces en segundo supone pasar más tiempo poniendo orden (en todos los sentidos, no solo la disciplina sino recordando, por ejemplo, qué día hay que entregar algo) que enseñando la materia.

4. El nivel de estrés es muy alto, para los profesores y para los alumnos. En los profesores se traduce en problemas de salud, que das clase peor, que riñes más y que no te concentras ni en el instituto ni en casa: hace dos años, con niños más mayores y más tranquilos, hacía más horas en casa. En los alumnos, en problemas de salud del tipo de ataques de nervios y dolores leves de cabeza o de barriga, en el ruido que hacen todo el día, y en peleas a las que ellos rara vez dan importancia. No sé qué habría que hacer para reducir el estrés aparte de aumentar los descansos y reducir las horas de clase.

5. Trabajar en un instituto pequeño (320 alumnos, 30 profesores, 4 grupos en 1º) y pasar la mayor cantidad posible de horas en el centro facilita la comunicación con otros profesores más que las reuniones regladas, porque en esas hay un orden del día que hay que seguir y consisten más bien en que alguien superior te transmite información. Poder tomarte un café o cruzarte en un cambio de clases con el tutor de ese niño que da problemas o con la Jefa de Estudios es lo que puede salvar un curso.

6. Otra cosa que puede salvar un curso es la atención personalizada. No es tan importante si tienes clases grandes o pequeñas (a 20 alumnos tampoco les das atención personalizada) como que tengas tiempo de llevar un registro de su trabajo y sus circunstancias, conocerlos, hablar con ellos en privado, hablar con sus familias y comunicarles si trabajan o no, hablar con los otros profesores del mismo niño, prepararles tareas aparte si es necesario, etc. Para mí la diferencia entre un grupo de 28 o un grupo de 20 no está en la clase en sí, sino en si al final tengo que echar cuentas de 130 niños o de 90. Ahí sí hay una diferencia, y estas tres semanas he observado un cambio de actitud grande en algunos alumnos/as que han recibido la clase de atención a la que me refiero. Eso sí, no es una fórmula mágica.

7. Doy clase con un método muy tradicional, pero cualquier pequeña ruptura con la monotonía, como una canción (que también es método tradicional), se percibe como la cumbre de lo innovador. Es como una boda por la iglesia, con todos sus perejiles, en la que la novia lleve un vestido rosa: dentro de una maquinaria que siempre hace lo mismo de la misma manera, los cambios más pequeños se notan muchísimo.

8. La clave de una clase de idiomas es usarlo. Todo lo demás son trucos de magia para que el alumnado no se aburra ni desmotive.

9. No me considero mala profesora, ni tampoco muy buena, pero no me veo puntos fuertes. Mis puntos más débiles son enseñar a hablar y a leer. El seguimiento de los 21 días me ha hecho mucho más organizada.

10. Hasta ahora me había parecido que las quejas del tipo “pasamos más tiempo haciendo papeleos y burocracia que dando clase” eran un poco exageradas. Ya no me lo parecen.

Propósitos de año nuevo, otra vez.

Llevo varios años poniendo por aquí una lista de propósitos de Año Nuevo. Es una manera de que la lista esté localizada y poder recordarla. Suelo cumplir unos cuantos, más que nada porque intento ser realista. Este año ha sido desastroso en muchas cosas personales (salud mía y de familiares, principalmente), pero algo he podido hacer. Mantuve la tasa de aprobados, aunque lo tenía fácil, con tres grupos de 4º de ESO. Terminé la tesis, de la que solo me queda defender. Con una mezcla de ejercicio físico y control del estrés conseguí no caer enferma de verdad. Sobre el eterno “quiero leer más libros de los que compro y reducir la altura del montón de pendientes”, pues este año ha ido mejor, porque el montón invencible al menos mantiene la altura sin crecer. Sigo tirándome del pelo cuando estoy nerviosa, y he empezado a medir el tiempo que paso online así que ahora podría empezar a reducirlo. Y algo importante: no he roto relaciones, no he cerrado capítulos.

Y estos son los de este año:

Trabajo, dinero, y demás cosas prosaicas:

  1. Mantener la tasa de aprobados en junio es imposible. Subirla al 70% desde el 50% actual sería todo un logro.
  2. Hacer actividades más variadas y más comunicativas.
  3. Volver a ahorrar. Ya sé cómo, y se me da bien, pero una serie de gastos en 2015 me han desequilibrado las cuentas y hay que volver a echarlas.

Salud:

  1. Pues lo de siempre: mantenerla. Que no es igual para todo el mundo, pero en mi caso depende mucho de mí.
  2. Derivado de lo anterior: seguir haciendo ejercicio. Aumentar las distancias que camino sin esfuerzo (este año pasó de casi 5 a 8 kilómetros). Hacer yoga como mínimo en días alternos, y si es a diario mejor.

Hobbies y demás cosas importantes y divertidas:

  1. Como siempre, leer más libros de los que compro. Con reducir el montón me vale. Ahora son casi 280.
  2. Seguir escribiendo en los blogs; resucitar el blog de cocina.
  3. Vaciar el cesto de la costura es mucho pedir… por lo menos empezarlo.
  4. Volver a hacer algún tipo de trabajo manual, como joyería, que la tengo muy abandonada.
  5. Pasar menos tiempo viendo bobadas online y más tiempo viendo series o películas.

La verdad es que me cuesta distinguir “propósitos” de deseos este año, pero aquí están. Lista y preparada para que las cosas cambien.

Bukowski interrumpido.

bukowski 1El propietario original iba marcando qué libros tenía, pero luego donó éste.

Una vez, en un mercadillo de libros de segunda mano, me llevé uno de Charles Bukowski, más que nada por curiosidad por su poesía y porque me gustó el título. Play the Piano Drunk Like a Percussion Instrument Until the Fingers Begin to Bleed a Bit. Hasta que no llegué a casa y examiné despacio la compra del día no me di cuenta de que en el índice había una nota a lápiz junto al título del poema “5 dollars””:

5 dollars BukowskiGave to Steve Daniels on eve of move to Bulgaria at the Ritz. Aug 1995
Se lo di a Steve Daniels en el Ritz antes de la mudanza a Bulgaria. Aug 1995.

La sintaxis es ambigua. No permite saber quién se iba a Bulgaria, si el fan de Bukowski o Daniels, pero por lógica, si el libro se compró en los 90 en Estados Unidos y allí fue donde lo adquirí yo diez años más tarde, la mudanza era de Daniels. ¿A qué fue Steve Daniels a Bulgaria? Y ¿de qué trata 5 dollars?

Busqué el poema en Google sin éxito, y conté la anécdota en mi blog de entonces. Más o menos un año más tarde, alguien me mandó el poema por email. Aquí está. No sé si tiene algo que ver con la relación entre el fan de Bukowski y Steve Daniels, o si era simplemente un recuerdo para que le trajera buena suerte. En cualquier caso, el poema me fascina, y por eso os lo traduzco al final.

I am dying of sadness and alcohol
he said to me over the bottle
on a soft Thursday afternoon
in an old hotel room by the train depot.

I have, he went on, betrayed myself with
belief, delude myself with love
tricked myself with sex.

the bottle is damned faithful, he said,
the bottle will not lie.

meat is cut as roses are cut
men die as dogs die
love dies as dogs die,
he said.

listen, Ronny, I said,
lend me 5 dollars.

love needs too much help, he said.
hate takes care of itself.

just 5 dollars, Ronny.

Hate contains truth. beauty is a facade.

I’ll pay you back in a week.

stick with the thorn
stick with the bottle
stick with the voices of old men in hotel rooms.

I aint’s had a decent meal, Ronny, for a couple of days.

stick with the laughter and horror of death.
keep the butterfat out.
get lean, get ready.

Something in my gut, Ronny, I’ll be able
to face it.

To die along and ready and unsurprised,
that’s the trick.

Ronny, listen–

that majestic weeping you hear
will not be for
us.

I suppose not, Ronny.

The lies of centuries, the lies of love,
the lies of Socrates and Blake and Christ
will be your bedmates and tombstones
in a death that will never end.

Ronny, my poems came back from the
New York Quarterly.

That is why they weep,
without knowing.

Is that what all that noise is, I said,
my god shit.

^^^^^^^^^^

Me muero de tristeza y alcohol,
Me dijo agarrado a la botella
En una suave tarde de jueves
En una vieja habitación de hotel
Junto al cementerio de trenes.

Me he, siguió, traicionado a mí mismo con
Creencias, me he engañado con amor,
Me he estafado con sexo.

La botella es sincera que te cagas, dijo,
La botella no miente.

Se corta carne como el que corta rosas
Los hombres mueren como perros
El amor muere como un perro,
Dijo.

Oye, Ronny, dije yo,
préstame cinco dólares.

El amor necesita demasiada ayuda, dijo.
El odio se las apaña solo.

Sólo cinco dólares, Ronny.

El odio es de verdad. La belleza es una fachada.

Te los devuelvo en una semana.

Hazle caso a la espina.
Hazle caso a la botella.
Hazles caso a las voces de viejos en habitaciones de hotel.

No he comido nada en dos días, Ronny.

Quédate con la risa y el horror a la muerte.
No comas grasas.
Adelgaza, prepárate.

Con llenarme la barriga, Ronny, podré
enfrentarme a esto.

Morir estando preparado, que no te coja de sorpresa,
Ahí está el truco.

Ronny, escucha…

Ese llanto majestuoso que oyes
No será por
Nosotros.

Supongo que no, Ronny.

Las mentiras de siglos, las mentiras de amor,
Las mentiras de Sócrates y Blake y Cristo
Serán tus compañeras de cama y lápidas
En una muerte sin final.

Ronny, me han devuelto los poemas que mandé al
New York Quarterly.

Por eso lloran,
Sin saberlo.

Por eso hay tanto ruido, dije,
Dios mío, mierda.

Guía escéptica a la meditación

Hace poco, una persona muy querida decía que ojalá pudiera meter sus sentimientos en una cajita y seguir con su vida, por un rato. Mientras no estemos en un cuento en el que el ogro esconde su corazón y el héroe va a buscarlo, lo más parecido a poner nuestros sentimientos en pausa es la meditación. Esta persona es atea, así que para ella y para cualquiera que se pueda beneficiar, aquí va una pequeña introducción, sin religión y sin ninguna filosofía concreta, a la práctica de la meditación.

Es difícil establecer correctamente cuáles son los beneficios de la meditación, sobre todo porque la calidad de la práctica de los principiantes es escasa, y es difícil encontrar veteranos que no tengan conductas que sabemos que son buenas para la salud: dieta vegetariana o moderada, practicar actividad física, pertenecer a una comunidad (como les pasa a los meditadores por motivos religiosos). Se han hecho algunos estudios con personas que meditaban fuera de una práctica religiosa colectiva y parece que hay datos como para defender que sí es tan positivo como cualquier otra actividad relajante, o más.

Sobre los efectos para la salud mental, una advertencia: creo que alivia y previene la ansiedad, si es leve. No creo que ayude en nada una vez que una persona está enferma. Esto es como las lesiones deportivas: la actividad física te mantiene en forma, hacer deporte estando lesionado es mala idea.

Dicho esto, hay dos clases fundamentales de meditación: lo que vulgarmente llamaríamos “dejar la mente en blanco” o dejar los pensamientos pasar, fluir, por una parte; y concentrar nuestra atención en un solo pensamiento, por otra. Voy a empezar por esta última, que es el tipo que me resulta fácil a mí.

La meditación concentrándonos en una imagen, frase, o pensamiento es frecuente en la práctica religiosa. Los budistas usan mantras; los católicos hacen algo parecido. A mí me ayuda a no distraerme. A otro meditador que conozco lo agobia y estresa, le recuerda demasiado a tener pensamientos obsesivos. En cualquier caso, para este tipo de meditación escoge una frase muy breve. Puede ser una afirmación personal, un verso que te guste. Se pueden usar sílabas sin sentido (si te gustan canciones en idiomas que no entiendes, un verso sería perfecto). No tiene que ser verbal, puede ser una imagen o un concepto (uno sencillo y positivo). No analices tu idea. Puedes recitarla, o solo repetirla mentalmente. Si se te va la cabeza a otras cosas, tráetela de vuelta.

La otra clase de meditación, algo más pura, y para mí más difícil, tiene muchísimos estilos diferentes. Intentar dejar la mente en blanco es tan difícil como obedecer a la orden “no pienses en un elefante”. Por eso, nos concentramos en cosas como mantener perfectamente la postura inicial sin movernos, seguir el ritmo de la respiración, o dejar los pensamientos pasar. Sobre esto último se dice “que los pensamientos pasen como las nubes en el cielo”. Los observas y los dejas ir. Como decía una profesora mía “no mantengo conversaciones con mis pensamientos”.

En cualquiera de los dos casos, sesiones de 20 minutos son un buen objetivo para principiantes sin instructor. Ponte en una postura cómoda pero no demasiado. No te tumbes, porque te vas a dormir. Tiene que ser una postura que puedas mantener indefinidamente sin forzar, es decir, sentada (no importa si en silla o en el suelo) o quizá arrodillada si tienes mucha flexibilidad. Hay quien usa música creada al efecto; yo prefiero el silencio. Dicen que lo ideal es por la mañana muy temprano, algo que a mí no me va nada. En cualquier caso, totalmente desaconsejado después de comer, porque te vas a dormir, ni cerca de la hora de acostarte, porque te puede poner inquieto y darte insomnio. La cabeza se te va a ir, pero no te desanimes. El proceso es eso: te concentras, la concentración se va, la recuperas. La sostienes, o no, y vuelta a empezar. Ni siquiera los que llevan años haciéndolo a diario lo hacen “perfecto”.

Meditar no es fácil. Ni siquiera es divertido. Pero a veces, es lo que pide el cuerpo. De hecho creo que parte de la moda actual de correr fondo y medio fondo está provocada por una necesidad de pasar largo rato sin distracciones. Así que os recomiendo que lo probéis.