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Cosas que no decir a las aspirantes a madre

Ahora mismo, al menos tres mujeres de mi entorno cercano quieren tener hijos y están teniendo dificultades para ello. Digo mujeres y no parejas porque no conozco a todos los hombre implicados. Las mujeres hablamos más de estas cosas, y también se nos pregunta y se nos exige más.

Es fácil explicar que es de pésima educación meter miedo o echar sermones a las mujeres que no planean tener hijos, ya sea porque han decidido no tenerlos o porque “ahora no”. El tema no se toca, y ya está. Pero ¿qué decir cuando sabes que una mujer (o una pareja) quiere tener niños, y no pueden? Si tienes confianza como para saber algo tan íntimo, seguro que quieres consolar o aconsejar, pero te arriesgas a decir algo que lo empeore. A continuación, unas cuantas cosas que es mejor que no digas,  y luego algo más constructivo.

“¿Has pensado en la adopción?”. A ver. La adopción es una opción tan obvia, tan pública, que es como preguntar si sabe cómo se hacen los niños. De verdad que no necesita que se la recuerdes. Si no ha intentado adoptar todavía, tendrá sus razones.

“¿Has pensado en la fecundación in vitro?”. A menos que te haya contado su historial médico y el de su pareja también, no tienes ni idea de por qué no tiene niños. Igual hay contraindicaciones. Igual es caro. Igual los recovecos del sistema de salud de donde ella vive la dejan fuera de la cobertura. Además, hay parejas que no lo consiguen a pesar de que sobre el papel ambos son fértiles. De nuevo, ella ya sabe que esto existe.

Cualquier cosa que signifique “si deseas quedarte embarazada, no te quedas. Te quedarás cuando no pienses en ello”. Además de cruel, es mentira. Puede que el estrés tenga algún efecto que dificulta la concepción, pero el cuerpo no va a distinguir “estrés por exceso de trabajo” de “estrés por ganas de quedarse embarazada”. Lo único que consigues es culpabilizarla. Y ¿no es curioso que en un mundo que repite que la voluntad es mágica y todo lo consigue, justo esto se gafa si lo deseas? Venga ya.

“Todavía eres joven” a las mujeres de más de treinta y pico. Sobre todo si ella dice que no se siente joven o que siente que se le acaba el tiempo. Da igual si tienes razón o no, porque no estamos en una conversación filosófica sobre si la juventud es un estado de ánimo, sino sobre las posibilidades objetivas de tener un embarazo con éxito.

“Mi prima tuvo tres abortos espontáneos y ahora tiene un bebé”. “Mi prima lo intentó diez años y tuvo un bebé con 47”. “Mi prima lo consiguió con su tercer marido”. Nos alegramos mucho por tu prima. Sabemos que es posible tener niños después de mucho esperar y mucho sufrimiento. Pero ahora mismo, los niños de los demás y las historias de terror sobre embarazos complicados son la última y la penúltima cosa de las que apetece hablar.

Cualquier consejo médico si no eres su médico. Primero porque igual te equivocas. Segundo porque la concepción es cosa de dos y no sabes si pasa algo con la segunda persona.

“A lo mejor no te quedas porque estás gorda/demasiado delgada”. Esto suele venir acompañado de un “mi prima no se quedaba porque estaba gorda/demasiado delgada, se lo dijo el médico”. Sin comentarios.

Y estas son algunas cosas que puedes decir, además de “sé que es muy duro, lo estás pasando muy mal. ¿Quieres un café?”.

¿Te ha visto el médico? ¿te han dicho por qué os pasa esto? Si estás preocupada, ve al médico si aún no lo has hecho. Hay muchos problemas que tienen una solución muy sencilla, como tomar medicación.

Algún comentario positivo sobre su pareja o su relación que NO sea “bueno, vosotros ya sois felices juntos sin tener niños”. Es decir, algo del estilo de “os queréis mucho, se os ve bien juntos, cuando vengan será un buen padre, esto es muy duro pero seguro que os dais mucho apoyo”.

“Todavía eres joven” acerca de la crianza. Algo que se resuma en “ahora tienes más experiencia de la vida que con 25 años, y cuando vengan, serás una buena madre”.

“Hacer dieta/hacer ejercicio puede que te haga sentirte mejor, y si te quedas embarazada estarás más sana y mejor preparada”. No hablo de recomendar hacer dieta a una mujer gorda porque está gorda, sino de animar a quien lleva una vida sedentaria, o a quien no está comiendo sano, a hacerlo por sí misma, no por sus supuestos beneficios para la concepción.

Sugerencias de cosas concretas, útiles y agradables que alivien el estrés y la ansiedad, si tiene.

“A mí me pasó lo mismo que a ti”. Cuando es relevante, claro.

Y si estás en esta situación y has llegado aquí buscando consejo, ve al médico. Y si no te da solución, busca otro. Si eso ya está controlado, mucho ánimo y suerte.

Libros de espera.

Has leído poesía romántica y novelas de detectives. Has leído cuentos infantiles y hasta filosofía. Deja que entre en tu vida un nuevo género literario: el libro de salas de espera. Es un género exigente, pero quién sabe si de aquí saldrá tu nuevo libro favorito.

Necesitas un libro, eso por descontado. El móvil se queda sin batería y sin cobertura; el periódico abulta demasiado; tus acompañantes y tú, por muchas cosas que tengáis que contaros, caeréis en el embrujo espeso del local y quedaréis mudos y desganados. Puede que mañana retoméis la comunicación, pero en la sala, olvídalo. Los auriculares te desconectan de que te avisen de tu turno. La conversación con desconocidos no te la recomiendo, tiende a derivar a criticar al personal, a la salud, o a la política. Acabarás de peor humor del que entraste. Lleva un libro.

El libro de esperas debe ser pequeño, para que no te pese en el bolso, pero largo, para que no te dé tiempo a terminarlo horas antes de que te llamen. No hay nada peor que estar en la sala de espera, cerrar el libro, y no tener absolutamente nada que hacer hasta que te llamen. Eso significa que descartamos la poesía, el teatro, las ediciones ilustradas y las tapas duras. Texto largo (ensayo, biografía, narrativa) y en bolsillo.

Los libros episódicos, fraccionarios, son ideales; así los puedes coger y soltar en función de las interrupciones. Las novelas muy largas pero sin demasiados personajes y subtramas también sirven el mismo propósito. A algunas personas nos gustan los libros con poca acción, pero puede que eso te aburra.

Escoge cuidadosamente el contenido. No leas nada que sepas que termina mal, ni nada en lo que la enfermedad sea parte central del argumento. Por lo que más quieras, no leas autoayuda, y mucho menos, autoayuda relacionada con tu razón para estar en una sala de espera. Puede que leas que todo te va a salir bien a ti, escogido de los dioses, amado del Universo, pensador positivo, predestinado gozoso, justo antes de que te digan que no, que tu mundo se ha hundido irremediablemente. Habrías estado mejor leyendo una novela, créeme. O incluso un texto religioso, que por lo menos no suele decirte que todo se va a arreglar en este mundo y a corto plazo.

Si tienes que trabajar en vez de leer por placer, escoge aquello que te permita cargar con menos materiales diferentes. Sólo leer mejor que leer y tomar notas.

Lecturas optimistas sí, ligeras sí. Ni ligero ni optimista son sinónimos de bobo.

Nadie quiere estar en una sala de espera, pero la sala llega, siempre llega. Que no te pille sin haberte preparado.

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En los últimos 10 meses he leído en salas de espera:

Furari, Jiro Taniguchi.
Americanah, Chimamanda Ngozi Adichie.
Remarkable Creatures, Tracy Chevalier.
Life of Pi, Yann Martel.
Parte de la trilogía de las matronas de Jennifer Worth.
Partes de siete novelas de Mundodisco.

Tengo que escoger el próximo.

 

 

 

 

Un libro mejor: Paulo Coelho y la ficción de autoayuda.

Hace meses, propuse el hashtag #unlibromejor para tener algunas conversaciones sobre libros populares pero de bastante mala calidad. Uno de los debates que tuvimos fue acerca de Paulo Coelho y la ficción de autoayuda. Estas son algunas de las contribuciones. Todas me parecen utilísímas para una biblioteca escolar. Lamentablemente, he perdido la lista de quiénes aportaron estas sugerencias.

Cualquiera de narrativa de Oscar Wilde. Y De Profundis para los algo mayores…
Rebelión en la granja o 1984, de George Orwell.
‘Temblor’ de Rosa Montero.
Algunas cosas de Neil Gaiman y de Terry Pratchett. Mi preferido en este sentido sería The Amazing Maurice and his educated rodents (Pratchett).
El silencio de las palabras de Jean Kwok.
Herman Hesse, sobre todo quizá Demian y El lobo estepario.
Momo y La Historia interminable, de Michael Ende.
El Perfume, Patrick Süskind
La Metamorfosis de Kafka.
Filosofía que resulte entretenida. Bertrand Russell es muy accesible.
La colección “Filosofía para profanos”.
Canciones para una armónica, de Barbara Wersba.
Crónicas Marcianas de Ray Bradbury
Roald Dahl, Sobre todo Matilda.
El Principito.
El guardián entre el centeno, JD Salinger.
Dune, la saga entera.
El juego de Ender.

Recomendaciones globales a autores:
Quino, Michael Ende, Jostein Gaarder, Carl Sagan, Marguerite Yourcenar, María Gripe, Miguel Delibes.