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Cómo empezar de cero una biblioteca escolar.

La biblioteca que coordino, lista para empezar el curso.

Casi todos los bibliotecarios escolares que he conocido fueron el primero de su centro, o el primero en muchos años, y comenzaron con una biblioteca que era un almacén de trastos hasta que la pusieron en marcha. No sé si eso será la norma, pero sí es muy frecuente. Además, la legislación educativa nacional no dice casi nada de las bibliotecas escolares, cuyo día a día queda a criterio de las comunidades autónomas. Que alguien me corrija si me equivoco, pero en ninguna parte de España existe la figura del bibliotecario escolar, es decir, una persona con esas funciones exclusivas o casi. Lo que tenemos son “coordinadores de biblioteca”, profesorado que dedica parte de su horario a esa función. En este post sobre las guardias explico cómo nuestro horario se divide en clases, guardias, reuniones, y diversas tareas. Pues cuando llevas la biblioteca, normalmente se hace en el horario en el que no das clase; en algunos centros estar en la biblioteca es un tipo de guardia y le toca por turnos a todo el mundo.

¿Formación? La que hagamos voluntariamente. Cuando estudias y opositas, las bibliotecas escolares no existen. ¿Medios? Los que ponga el equipo directivo de cada centro. La biblioteca existe solamente por la buena voluntad de quienes participan en ella. ¿Y por qué lo hacemos? Por gusto, para no hacer otro tipo de tareas no lectivas, porque da puntos para el concurso de traslado, o porque nos lo han pedido. Aclarado esto, me voy a dirigir a un profesor que llega nuevo al centro, pregunta por la biblioteca y le dicen que no se usa.

Lo primero, dile al equipo directivo que quieres hacerte cargo. Los primeros días del curso hace falta adjudicar jefaturas de departamento, coordinaciones, y otros asuntos de ese estilo. Si nadie mantiene la biblioteca abierta, estás resolviendo un problema. Entérate de cuál es tu reducción horaria. Puede que sean 2 o 3 horas de la parte no lectiva del horario, o quizá tengan que asignarte menos guardias; dependerá de la comunidad autónoma. Decide si quieres que esas horas sean en el recreo, para abrir al público, o si el primer año no vas a abrir. Yo que tú abría 4 recreos, que son dos horas. Y claro, que no te pongan en el cuadrante de las guardias de recreo. Según cómo sean las cosas en tu comunidad autónoma, busca un equipo de apoyo, es decir, más profesorado que se comprometa a ayudarte aunque sea un poquito. En qué te van a ayudar va a depender de lo que necesites y lo que ellos sepan y puedan hacer, así que ahí no entro aún. En fin, este es el momento de mirar la legislación que se te aplique en tu comunidad, que seguramente te diga que tienes que hacer un plan de trabajo. A veces se te exige un formato concreto; al menos como documento para ti, como una especie de programación de aula, te propongo un esquema. Intento que mis posts sean muy ordenados, pero por una cuestión de fluidez desde aquí va a haber un poco de desajuste entre el orden del esquema, que me parece claro cuando ya tienes las ideas hechas, y el orden en el que os expongo cómo puedes actuar.

  1. Evaluación de la situación previa.
  2. Nombre y funciones del profesorado de apoyo.
  3. Funciones del alumnado de apoyo.
  4. Objetivos.
    1. Medios básicos y acondicionamiento de la sala.
    2. Organización del fondo.
    3. Formación bibliotecaria del alumnado.
    4. Comunicación con el profesorado y los departamentos.
    5. Relación con el resto de la comunidad educativa (familias, antiguo alumnado).
    6. Relación con la comunidad (bibliotecas públicas y otras instituciones).
  5. Criterios para la adquisición de nuevos fondos.
  6. Criterios para el expurgo.
  7. Calendario de actividades.
  8. Actividades extraescolares.
  9. Autoevaluación.

En esta web de la Junta de Andalucía hay algunos manuales de referencia, muy elementales, en los que destacan los dos primeros para estas tareas iniciales.

Además de un plan de trabajo más o menos teórico, te recomiendo usar un cuaderno, un simple cuaderno de papel o quizá tu medio electrónico favorito, y cada vez que hagas una tarea, lo apuntes, con su fecha. Lo que completas se vuelve invisible y la sensación de que no has progresado desmotiva mucho.

A continuación mira a ver la sala y saca sin compasión la basura. Todo lo que esté roto, o se arregla o fuera. Todo lo que no te haga falta en la biblioteca, se lo dices al secretario y que vaya a otro sitio. No puedo insistir suficiente: una biblioteca no puede funcionar bien con trastos estorbando. Tiene que ser un sitio acogedor. Si las estanterías tienen cristales, FUERA. No quieres que se den un cabezazo con ellas. Con los recursos materiales que tengas ahora mismo, según empiezas, plantéate dividir zonas de trabajo para los alumnos, y tu esquina. Necesitas un escritorio, y un ordenador a ser posible con conexión a internet. Vas a necesitar sitio y materiales para escribir a mano, y una impresora, aunque no tienes por qué tenerla aquí si la hay común en otra parte del centro.

Volvamos a la zona que usan los alumnos. Debería haber mesas grandes, o pupitres agrupados. No debe parecer un aula, aunque sea necesario usarla a veces para dar clase (los profesores que la utilicen se adaptarán a ella, y no al revés). Y por supuesto, no debe usarse NUNCA como el cuarto al que se manda a los alumnos expulsados de clase. Si a la biblioteca se va castigado, no se irá a otra cosa. Al principio de todo tu objetivo es que se pueda entrar sin ningún obstáculo, que no haya nada que no deba estar allí, y que haya sitios en los que sentarse a charlar tranquilos, leer o hacer un trabajo en equipo. La decoración mejor la pospones o la delegas, a menos que te guste mucho.

Ahora vamos a fijarnos en los libros. En dos aspectos: qué tenemos y si está catalogado en un programa informático útil. El que se nos recomienda es ABIES. Reconozco que hay detalles técnicos que olvido de una vez para otra, como por ejemplo la instalación de una lista de alumnos. Pero Abies es fácil de usar una vez que te pones a ello. Si no lo tienes, solicítalo. No te doy un enlace porque depende, de nuevo, de tu comunidad autónoma. Si lo tienes, enhorabuena. Te toca comprobar si los libros están catalogados. ¿Que sí? Bueno… a menos que la biblioteca estuviera en uso, te recomiendo comprobar que las fichas están bien hechas. En mi biblioteca había duplicados porque se había intentado poner en marcha en 2005 y 2010, y muchas incoherencias con libros introducidos como “Historia Interminable, La” o “La Historia Interminable”. En serio, repásalos. Y ni que decir tiene que un catálogo en fichas de papel solo te sirve a la desesperada. Usa el programa que quieras, pero hazlo a ordenador.

Si el catálogo no está hecho o está incompleto, es la tarea prioritaria. Habrá quien piense que hay que involucrar al alumnado, a las familias, hacer actividades de fomento de la lectura, y cosas así. Todo eso es muy importante, pero tu primera responsabilidad es la biblioteca y sin catálogo, lo que tienes un almacén desordenado. Es una tarea invisible y lenta, así que te puedes organizar para hacer, si tienes 3 horas por ejemplo, dos de catalogar y una de otras actividades. Date tiempo y no te agobies.

Cuando empieces a catalogar, empieza por tener claro cómo quieres clasificar. Te explico cómo lo hago yo. Uso la CDU, la Clasificación Decimal Universal, con algunas modificaciones. Tenemos una sección de narrativa juvenil que incluye libros infantiles; narrativa general, con los libros “adultos”. Siempre hay solapamiento, así que ante la duda el libro es juvenil, porque narrativa adulta puede intimidar un poco. Se me ocurren algunas circunstancias en las que necesites distinguir infantil de juvenil:

  1. En un colegio de Infantil y Primaria.
  2. En un centro rural que imparta hasta 2º de ESO.
  3. En un centro privado o concertado de los que tienen a los niños desde los 3 a los 18 años.
  4. En un Instituto de Secundaria con muchos alumnos con trastornos de aprendizaje. Es una pena que haya pocas lecturas muy fáciles que no tengan temática infantil, pero bueno.
  5. En un Instituto de Secundaria donde se impartan algunos ciclos formativos de la familia profesional de servicios socioculturales y a la comunidad, como por ejemplo el de educación infantil.

Si estás en un instituto de Secundaria, tanto si hay Bachillerato como si no, no te molestes. De verdad.

Aparte de esas narrativas, tenemos cómic, poesía y teatro. Y luego, todo lo demás está organizado según la CDU. Eso significa que si tienes una colección, por ejemplo Las Maravillas de la Naturaleza, no se guarda como colección. Separas Física de Biología de Matemáticas de Astronomía.  Algunos solapamientos: como si se tratara de un juego de piedra, tijera, papel, cómic gana a todo. Si parece un cómic da igual si es Historia o Matemáticas: va a Cómic. ¿Por qué? Porque es la categoría más popular. Así mientras buscan un Astérix, o un bikini furtivo, o -dios mío- un desnudo, se encuentran con la biografía de Marie Curie. Y si cuela, cuela.  Y ya puedes ponerte a clasificar y a poner tejuelos.

Ah, los tejuelos. Se pueden imprimir pegatinas y códigos de barras. Yo, como no tengo lector de códigos de barras y tengo alumnos dispuestos a hacer de voluntarios con cinta adhesiva, imprimo en folios y recortamos. Abies te genera los pdf de tejuelos automáticamente. Yo los imprimo cada vez que catalogo 20 o 30 libros, los recorto, los meto en la primera página del libro correspondiente, y le doy el montón a un grupo de voluntarios para que los peguen. Si usas pegatinas, yo que tú usaba cinta adhesiva o forro encima del lomo, porque del manoseo se ponen feas.

Recapitulemos un poquito. Tienes otros profesores que pueden ayudarte, una sala sin basura (no hemos mirado los libros todavía) y sabes cómo catalogar o corregir el catálogo que ya tienes. Siguiente paso: el expurgo, que debes hacer antes de catalogar, o al mismo tiempo. Expurgar es quitar de la biblioteca los materiales que no sirven. En mi primer expurgo hacía las dos cosas a la vez: pila de libros, cogía uno, y lo catalogaba o al montón. Antes de empezar debes tener una lista de criterios, por ejemplo:

  1. Material obsoleto.
  2. Material deteriorado.
  3. Ejemplares repetidos dependiendo de su interés (a lo mejor es un libro muy demandado o una lectura obligatoria; yo no tendría repetido Anna Karenina, pero Colmillo Blanco sí).

Puedes tener más criterios. Es conveniente ponerlos por escrito. En serio, si te parece que en la vida lo va a querer coger nadie, FUERA. Lo que esté en buen estado pero no coincida con vuestros intereses se puede vender en un mercadillo y así tienes dinero para comprar.

Ah, comprar libros. Al principio tómatelo con calma. Tienes que familiarizarte con lo que hay, con las necesidades de los profesores y los intereses de los alumnos.  Cuando te parezca que ya controlas la situación, le preguntas al secretario con cuánto puedes contar. Si la biblioteca no la ha llevado nadie en mucho tiempo, será insuficiente. Si tienes tiempo y ganas, pide libros directamente a quien te los pueda dar: alumnado y familias que den libros que ya no quieren, un mercadillo con los expurgos o con donaciones… yo he pedido con cierto éxito en redes sociales y a algunas editoriales. También puedes hablar con los departamentos que tienen lecturas obligatorias, para que dediquen parte de su presupuesto a comprar unos cuantos ejemplares pero que estén en la biblioteca. No puedo darte de sopetón unos criterios sobre qué adquirir, porque cada centro es diferente. Un buen objetivo son 10-15 libros por alumno, de manera que si en tu centro hay 200 alumnos empezarás a notar que tienes una colección adecuada a partir de los dos mil ejemplares. También deberías buscar un equilibrio entre los libros populares entre los alumnos, libros de estilo similar que ellos no conocen y podrían gustarles, las partes de la colección que no son narrativa juvenil, las lecturas obligatorias y los libros de consulta. Pero todo esto es a largo plazo.

Han pasado diez días sin sentir, y empiezan las clases. Las decisiones que tienes que tomar son:

  1. ¿Vas a abrir la sala? ¿los recreos o en algún otro horario? ¿con qué reglas? Mi sugerencia es la más laxa: prohibido comer y molestar. Se puede trabajar, leer, charlar, y si crees que funciona, jugar a juegos muy tranquilos que requieran una mesa.
  2. ¿Vas a prestar libros desde el principio?¿Con qué reglas?
  3. ¿Decoras? ¿Tú, el alumnado, o mitad y mitad?
  4. ¿Vas a buscar un equipo de apoyo de alumnos que hagan tareas auxiliares?
  5. ¿Por qué medio vas a informar al alumnado de las funciones de la biblioteca? Una posibilidad es una pequeña circular, o cartelesYo hago un miniconcurso para los de 1º de ESO, un pequeño cuestionario que dejan en una urna, y entre las respuestas correctas rifo un desayuno en la cafetería, o material escolar.

Y ya tienes todo lo básico para empezar tu “año cero”. Tómatelo con calma. Luego ya podrás colaborar con la biblioteca municipal, hacer extraescolares y crear todo tipo de actividades. La biblioteca puede ser el corazón del instituto o simplemente un rincón tranquilo para refugiarse del alboroto del patio.  Te deseo muchos buenos momentos en ella.

21 días, día 9. Otro lunes infernal.

nighthawks

Como ya he dicho, mis lunes son terribles. Al lío.

Tercero: hoy toca acabar de ver cómo cuenta el libro el vocabulario que empezamos el jueves, hacer un ejercicio de escucha (sí, otro) y probar una técnica nueva para aprendernos los verbos irregulares. Teóricamente esa lista de verbos es materia de 2º, y hay profesores que la convierten en llave para aprobar (con la LOMCE no sé, pero con la LOE me parece ilegal del todo). Esta clase, en conjunto, no la domina, algo bastante habitual en tercero. Haber intentado memorizarla en un curso no basta, hay que utilizar las palabras para comunicarse, leer sobre todo. También repaso deberes. los ha hecho más gente que la última vez, pero no muchos. El tiempo se me va, porque a raíz de un ejercicio del libro me preguntan por el contexto cultural de la película Criadas y Señoras (les explico por qué me parece mala y tramposa), El niño del pijama de rayas (peor aún) y por cuestiones sociales relacionadas con la Segunda Guerra Mundial. Hablamos de Mengele, de la banalidad del mal y del diario de Ana Frank , que no han leído pero conocen por un documental. Me despisto y me dejo enredar un poco; eso se come el tiempo del ejercicio de escucha. Les cuento cómo vamos a trabajar los verbos irregulares a partir de ahora: unos minutos en clase para repasar, y una autoevaluación en clase. La idea la reciben con apatía.

Segundo: ruido, mucho ruido. Primero compruebo si han hecho los deberes y les digo que voy a poner las soluciones en la plataforma online del instituto. Corregir es aburridísimo y llevamos mareando los mismos ejercicios una semana. Leemos las respuestas a otro del libro, y pasamos a los verbos irregulares. Les hago un repaso ultrarrápido de cómo funciona el pasado simple de los regulares, comprueban que está tirado de fácil, y les detallo cómo vamos a estudiarlos (repasos en clase 2 veces en semana, los deberes van a ser autoevaluaciones). He separado los verbos en grupos de los que se conjugan parecido y empezamos con los que tienen tres formas iguales (cut-cut-cut: cortar, por ejemplo). entre todos ven que se saben la mayoría de los significados. Todo bien por aquí.

Primero: nadie está sentado en su sitio y me lío a poner negativos. Me he buscado un cuadernito para dejar de usar papeles sueltos en las clases en las que no hay ordenador. Me hacen tantas preguntas absurdas y tengo que llamar al orden tantas veces que empezamos casi a menos cuarto. Empezamos tema con vocabulario: las partes de la ciudad. Son casi todo nombres de tiendas (panadería, librería…) y cosas como parque y colegio. Les hago que me vayan diciendo las que saben, y en vez de dar una lista corta y simple como el libro, las separamos en tiendas, sitios divertidos, y todo lo demás. No va mal, salvando que me tengo que pasar la hora mandando callar y les obligo a quedarse un par de minutos de recreo para terminar.

Recreo en la biblioteca. Estoy cansadísima y no hago casi nada aparte de ordenar devoluciones. Me chivan (no hay otro nombre: me lo dicen ml y a escondidas) que unas niñas están viendo “cosas que no deben”: es un libro de láminas de arte, poco accesible, con pintura figurativa del siglo XX, así que hay un par de desnudos frontales masculinos, hombres feos, tipo Lucien Freud. A las niñas las conozco, son de primero y están más bien nerviosas y un poco escandalizadas. No les parece divertido y no quieren gastarme ninguna broma como quizá sí harían si tuvieran un par de años más. Les explico con el libro cerrado o con una de las imágenes a medio tapar que es natural que resulte chocante una figura humana mostrada de una manera que no es bonita; lo que yo creo que el artista quiere expresar y qué opinan ellas sobre que ese libro esté en la biblioteca y se pueda coger si a uno no le desagradan esas pinturas tan chocantes. Otras veces he tenido problemas con cómics que mostraban desnudos. Los retiro de la circulación, no por el desnudo sino porque algunos chicos vienen a verlos, reírse y molestar a quienes leen o estudian. Las láminas de arte, en cambio, vuelven a la estantería.

Segundo. Se repite casi la misma clase que en el otro grupo con poca diferencia. Están completamente incrédulos ante mi manera de introducir los verbos irregulares. Una repetidora dice: “¡pero si nos vamos a autoevaluar va a aprobar todo el mundo!”. Más incredulidad cuando les digo que suelo dar aprobados generales de vez en cuando (me pasa en cuarto: otro resultado es un fracaso para mí). Bromeo con que “la página de los verbos en el libro es tó fea” y sugieren arrancarla; les prometo que si se portan bien veremos El Club de los Poetas Muertos. No se saben muy bien lo que significan los primeros verbos. Sobra tiempo y hacemos un ejercicio de escucha que nadie entiende. Un niño quiere dar todas las respuestas de absolutamente todo y dice que no piensa cambiar cuando le digo que deje hablar a los demás.

Primero: otra ronda de puntitos negativos a los que no se sientan. La clase va justo como la anterior, pero sorprendentemente y a pesar de la hora se portan muchísimo mejor. Me sobran cinco minutos para dar la misma materia y ellos mismos han dado extra de vocabulario así que añado una explicación de las diferencias entre pub inglés, bar americano y “bar” en español. Les enseño el típico cuadro de Hopper para que vean qué es un diner americano.

Antes de irme a comer, dejo puesta tarea para un alumno que sale expulsado. Cuando un alumno acumula avisos por mal comportamiento, se puede acabar expulsándolo, pero no es imprescindible. En estos casos, hay que dejar apuntadas actividades para que el niño no pierda clase.

Esta tarde, además de tres familias tengo claustro. Afortunadamente dos madres vienen juntas y muy pronto y las puedo ver antes de la reunión. Más tarde viene un padre separado que no convive con su hijo y acuerdo que lo voy a tener informado con emails. Una madre no viene a verme a mí, pero ya que nos cruzamos me saluda y hablamos de cuánto ha mejorado su hija. Es bonito y me sienta muy bien que me reconozcan el trabajo, la verdad.

Un claustro es una reunión de todos los profesores de un centro educativo. Hay al menos un par por trimestre, rara vez más de uno al mes. El de Enero consiste en ver estadísticas de resultados de la primera evaluación, por grupos, por niveles y por departamentos; comentar un informe sobre las faltas de convivencia; comunicar y si hace falta debatir y cambiar el calendario de actividades del trimestre; y en este caso, organizar qué vamos a hacer por el Día de la Paz y el Día de Andalucía.

No llego a casa hasta las siete. Llevo once horas dando vueltas. Hago un par de tareas prioritarias: meto en la hoja de cálculo los puntos que he puesto en el día, y envío vía online un SMS a las familias de alumnos especialmente revoltosos o que llevan dos semanas enteras sin hacer los deberes. Es más rápido que ponerles una nota en la agenda a los niños.

Horas lectivas: 5.
Horas no lectivas: 1.30
Horas reales trabajadas: 8

 

 

 

21 días, día 3. De aquí para allá.

A los martes los llamo “el día tonto”, porque solo tengo dos horas de clase: de una a tres. Eso sí, tengo que abrir la biblioteca en el recreo, así que me he puesto una hora de gestión de la biblioteca a las doce. Muchos martes llego antes de la hora que me toca, para poder adelantar trabajo aquí en vez de en casa.

Tengo tres sitios para elegir: la sala de profesores, el departamento de inglés, y la biblioteca si no la ocupa nadie. En la sala de profesores hay un solo ordenador que funcione y hasta hace nada la impresora no funcionaba; en el departamento funciona todo; en la biblioteca no va la impresora (tengo que pedirle a quien lleva esas cosas que me compre un tóner) y la conexión a internet es lenta e intermitente por un problemilla técnico. Me voy a la biblioteca porque es la sala más cálida, pero en un cuarto de hora me piden que me vaya para proyectar algo: en una clase funciona la pizarra digital… sin sonido. He perdido ese cuarto de hora en arrancar el ordenador, sacar mis cosas, e intentar abrir un programa que se resiste.

En el departamento, empiezo por algo importante. Si en una evaluación suspenden más del 60% de los alumnos de un grupo en una materia, el profesor que la imparta tiene que hacer un documento explicando las causas, y sobre todo, qué piensa hacer para cambiar esto. En mi caso esto afecta a dos de cinco grupos. Otras veces, la redacción del documento ha estado sujeta a reglas estrictas, o ha sido una plantilla que no conservo. Esta vez la redacción es libre, lo que es quizá peor porque te lo pueden echar para atrás si no gusta el formato escogido, si las propuestas que haces se consideran insuficientes, o si más tarde proponen un esquema común. Redacto mi propia versión del documento, imprimo, saco copia para mí, y también imprimo el informe de autoevaluación de la biblioteca que lleva hecho diez días. Pensándolo bien, en el informe de mejoras hay cambios que podría hacer en todos los grupos, no solo en los que tienen muchos suspensos. Me tomo un café en diez minutos mal contados y dedico todo el tiempo que queda hasta el recreo en llamar por teléfono a los padres de 20 alumnos que se retrasan en devolver libros a la biblioteca. Estos retrasos me amargan la vida. La semana pasada alguien devolvió un libro que tenía desde primeros de noviembre.

En el listado en papel junto al teléfono de Secretaría, el formulario permite hasta cuatro números de teléfono, pero por cada alumno suele venir un solo número de fijo y otro de móvil. Son su casa y su madre. Consigo hablar con cinco madres, un solo padre y una abuela. Una de las madres se alarma y no se cree que su hija tenga un libro prestado, “debe ser de la otra niña de su clase con un nombre parecido, mi hija tiene en casa todos los libros que necesita y lee los que le compramos”. No me queda tiempo ni energía de explicar para qué sirve una biblioteca. Consigo hablar con todas las familias que me cogen el teléfono en horario de mañana. Me quedan cinco, y llevo paseando esta lista tres días lectivos.

Recreo. A la biblioteca. El ruido siempre es un problema porque no les obligo a estar en silencio y no saben hablar suavemente, pero hace poco descubrí que hacen mucho menos ruido si pongo música suave a un voumen muy bajo. Como la conexión a internet no me deja fiarme de Youtube ni de Spotify, abro iTunes para copiar algunos CDs míos que he traído de casa. Dice que hay una actualización pero no se dejan descargar. Abandono internet y copio Cosilas de Moby, Enya y John Coltrane: mi plan es hacer días temáticos, lunes de jazz, martes de clásica, algo así. Escribo en la pizarra “Hoy escuchamos un recopilatorio de chill out pop” sin decir nada y eso provoca preguntas y peticiones de que suba el volumen. Mi ayudante del día es un muchachín de 1º que aprende a colocar los libros por orden alfabético de autor. Una niña que no es de mi tutoría dice que su madre quiere hablar conmigo; eso es un caso poco frecuente. De todas maneras le cojo la cita.

Termina el recreo. Tengo una hora supuestamente para seguir en la biblioteca, pero he acordado con una alumna de 2º que para evitar que vaya a clases particulares la voy a supervisar individualmente un ratito de los martes. No tengo ninguna obligación de hacerlo, pero estoy harta de que las carencias se arreglen con clases particulares,  así que aquí estoy. Es nuestra segunda semana. Ha hecho los deberes extra que le puse y trabajamos el verbo have got como si no lo hubiera visto en su vida; de hecho, no recuerda una instrucción explícita como la que le acabo de dar. Está de buen humor y parece motivada. La semana que viene, el presente simple. Catalogo unos libros que compré justo antes de las vacaciones, y quiero picar algo en el cuarto de hora que me queda, pero no puedo: una familia (o quizá la niña) se han equivocado con el día en el que les tocaba venir a hablar conmigo y tengo que atenderlos sobre la marcha. Sólo quieren información general y yo suspiro por el yogur que me estaba esperando en el frigorífico de la sala de profesores.

Mientras, un drama. En mi tutoría, un grupo que jugaba a forcejear con una puerta, a bloquearla para no dejar pasar a los demás, le ha pillado un brazo a una niña que salía de una optativa para volver a su aula. No le han hecho mucho daño pero le han roto la camiseta. No se sabe quiénes eran ni cómo se les podría sancionar. Tengo que arreglarlo yo, que para algo soy la tutora, pero ahora no. Llego tarde a dar clase en primero.

En este grupo no hay ordenador con proyector o pizarra digital, sino una pizarra digital que no necesita ordenador. Funciona más o menos como un smartphone o tablet de dos metros de altura, y es infinitamente menos práctica que un ordenador. No se le podían poner DVDs o CDs así que para hacer ejercicios de audición necesitaba llevar a cuestas el radiocasette. Ayer le instalaron el libro digital, lo que me facilitará corregir ejercicios y hacer los “listenings”.

La clase empieza tarde por mi retraso, y además están un poco alterados. Quieren hablarme todos a la vez. Una niña ha perdido la agenda y no menos de cinco se levantan a buscarla o me dicen que ellos no la tienen. Hay una cadena infinita de gente pidiéndome permiso para ir al baño (solo pueden ir de uno en uno y no se puede ir en la hora anterior a ésta). Hay dos o tres grupitos que se pasan la hora entera cuchicheando con el compañero por más veces que les mando callar. La clase no empieza de verdad hasta que llevo allí diez minutos. Les informo de que vamos a tener un par de normas disciplinarias nuevas; no aviso de cuáles van a ser las novedades positivas para ellos, porque se me olvida y además no estoy de buen humor. Sí me acuerdo de sacar una hoja de pegatinas y ponerle una en la agenda a un niño de bajo rendimiento que hoy se entera de todo. Un niño aplicado protesta porque él también quiere una.

Hacemos un ejercicio de escuchar sobre unos niños que juegan con gatos. A pesar de lo revoltosos que están, el ejercicio les ha gustado. Me gusta preguntar “¿quién no se ha enterado de nada?” al final de las escuchas y hoy solo se levanta una mano. Después de corregirlo con nuestro recién estrenado libro digital, repasamos el vocabulario que no nos dio tiempo ayer y lo amplío un poco en la pizarra.

Tercero. Estoy agotada y trabajo sin ganas en un ejercicio de comprensión lectora. Un clásico: cómo es el trabajo de un adiestrador de animales. Parece que les gusta mucho y lo entienden bien. Se adelantan y en lugar de escribir las respuestas en sus cuadernos, me las dicen espontáneamente, la mayoría en español. No me importa porque me están dejando claro que entienden el texto.

Me voy a casa llevándome gran cantidad de material de trabajo. Habitualmente voy andando, lo que es un límite muy bueno a la tentación de ir con papeles arriba y abajo, pero hoy me llevan en coche. Una vez en casa, se me quitan las ganas de todo y solo hago una cosa: añadir ejercicios al examen para primero que empecé ayer (versión estándar y adaptada), pero no lo termino.

Horas lectivas: 2.
Horas no lectivas: 1:30
Horas reales trabajadas: 6:30.

La biblioteca a pleno rendimiento

PHOTO_20141110_114414Ayudantes al principio del curso.

Las bibliotecas escolares, al menos las andaluzas, son cosa del azar. Se mantiene por la buena voluntad de un puñado de docentes, formados a trompicones, con dedicación parcial arañada aquí y allá al resto del horario. Hace tres años que llevo la mía, y casi todas las que conozco funcionan desde hace poco. Cuando eres “el bibliotecario nuevo”, lo primero que tienes que casi siempre es catalogar.

En mi centro, la historia es entrecortada. Un experimento en 2005, y hace unos cinco años, por fin la coordinadora anterior a mí, que catalogó casi todo lo que faltaba. Ella dejó el puesto y continué yo. Aunque la catalogación informatizada era casi completa, tardé un año en tener la biblioteca verdaderamente operativa, y otro, para que la usaran con normalidad mis alumnos (los estudiantes a los que yo no daba clase apenas la utilizaban). Este año, por primera vez, la biblioteca está normalizada como un espacio y un servicio más del centro. Influye que los primeros alumnos para los que el préstamo y la encargada única fueron una novedad llevan ya tres años: el curso que viene, no quedará alumnado que la haya visto cerrada.

Hago muy pocas actividades de fomento de la lectura. Abro los recreos, echo a los que molestan, presto libros y recomiendo. Casi siempre está llena. He acabado por pensar que lo único que necesitas para meter a un crío en la biblioteca es que no le resulte ajena. Si no lo echas, entrará. Naturalmente, hay muchas maneras de “echar” a un crío de una biblioteca, y la mayoría son invisibles.Un factor importante es que los niños y adolescentes huyen de la biblioteca si creen que “no va nadie”. “Nadie” incluye niños pequeños, y cualquier adulto.

Hay rasgos fáciles de cumplir que atraen a un alumno a la biblioteca escolar. Por ejemplo,  el horario de apertura sea predecible y amplio y el personal permanente. Dicho de otro modo, si cada día de la semana vigila la sala alguien distinto, los niños vienen menos, aunque no interactúen con esa persona. Imagino que un bibliotecario permanente, que además es un profesor que conocen aunque sea de vista, les da cercanía, reduce la timidez y transmite más la sensación de que es un servicio para ellos y no un profesor “de guardia”, vigilando. También, curiosamente, si la biblioteca presta servicios variados es más probable que los niños acudan aunque sólo les interese uno de ellos. Es decir, por raro que parezca, una biblioteca que preste libros es más popular como sala de estudios que una sala de estudios pura. tendrá que ver con esas sensaciones indefinibles que hacen que un lugar sea acogedor o no…

Y ahora, a repasar cosas que van bien y mal. Lo bueno:

  1. He tenido un equipo de apoyo fantástico. Profesoras que han hecho un hueco en su horario y se hacían cargo de la biblioteca sólo por ayudar.
  2. Como dije antes, que los alumnos se han acostumbrado a usar la sala para estudiar o como un lugar más tranquilo que el patio para pasar el recreo.
  3. Muy poco a poco, las actividades de animación tienen una estructura y un sentido. No son muchas: carteles mensuales con recomendaciones, un taller puntual de creación literaria para 2º ESO y una salida a que el alumnado de 1º de ESO se saque el carnet de la biblioteca pública. Quiero expandir a una actividad por trimestre, o por nivel. Alguna de las ideas que tengo pensadas son un reto literario (un juego de preguntas), un podcast. También es necesario distinguir qué actividades fomentan la lectura (las recomendaciones y la excursión a la biblioteca claramente consiguen lectores) y las actividades de animación (un reto literario puede ser divertido pero es para alumnado que ya es aficionado a leer). He comprobado que lo que más anima a leer es, sencillamente, tener a disposición de los lectores potenciales material de lectura que se adapte a sus gustos. No se trata de hacer actividades divertidas sin más, sino de conectar para que descubran “su” libro.
  4. El fondo empieza a parecerse a lo que yo querría. Narrativa juvenil muy moderna, más cómic, más no-ficción. Todavía queda mucho por hacer, pero estamos en ello.

Cosas que quiero mejorar:

  1. La comunicación con los profesores que no forman parte de equipo de apoyo. La comunicación de lo que hago es un problema en más sitios, no sólo en la biblioteca; cuántas veces hago una actividad que funciona muy bien, pienso “esto es para ponerlo en el blog”… y se queda en el limbo. En este caso es una cuestión de cambiar mi método habitual de trabajo, ser más sistemática, e incorporarlo a la rutina semanal o trimestral.
  2. El préstamo ha bajado muchísimo desde el año pasado, y la verdad es que no sé por qué.
  3. No he tenido equipo estable de alumnado de apoyo.
  4. Necesito más cartelería, algo me que da una pereza infinita. Véase el punto anterior.
  5. La participación de las familias. Llevo todo este tiempo queriendo estimular el uso adulto de la biblioteca. El año que viene toca empezar de verdad.
  6. El ruido en la sala a menudo impide trabajar. Echo a los que vienen solo a molestar (son muy pocos pero muy insistentes), pero  no puedo pedir silencio porque veo a muchos preguntarse la lección o hacer trabajos en equipo. Pero hablan a gritos, o charlan.  Tengo que enseñarles a hablar en voz baja.

En conjunto, ha sido un buen año, aunque haya sido más de continuidad que de crecer. Tengo ganas de continuar el próximo.

Propósitos de año nuevo: revisión.

El año pasado hice aquí una lista de propósitos, que sin pretenderlo cumplía algunas de las condiciones que deben tener este tipo de buenas intenciones. Simplificando: deberían ser pocas, concretas, y medibles. Mejor que “apuntarme al gimnasio” es “ir al gimnasio dos veces a la semana”.

Veamos lo que conseguí y lo que no.

  1. Mantener la tasa de aprobados: lo conseguí, aunque lo tenía fácil al tener apenas 70 alumnos en vez de los habituales 100-120. Y con tres grupos de 2º ciclo, donde los resultados suelen ser mejores que en el 1º.
  2. Conseguir cien libros más para la biblioteca escolar: lo conseguí con ayuda. Solo no puedes, con amigos sí.
  3. Terminar la tesis doctoral: Pues no, no ha podido ser, pero casi. Me falta un capítulo, revisar, y concluir.
  4. Evitar los problemas de salud que está en mi mano evitar: psché. Podría ser peor.
  5. Seguir haciendo ejercicio: también psché. Hago un poco más de la mitad de lo previsto.
  6. Vaciar el cesto de la costura: JAJAJAJA. No. Apenas lo he tocado.
  7. Leer más de lo que compro (o me regalan). Pues tampoco. Redondeando lo leído (y en diez días que le quedan al año, puedo hacerlo), serían treinta leídos del montón acumulado y cincuenta nuevos. Echadle la culpa al Algarve Book Cellar: los libros de segunda mano son mi perdición.
  8. Leer más variado: esto sí. Estilos variados (mucho ensayo que no tenía que ver con la tesis, también), y autores también. Sin contar antologías, he leído a casi 20 autores desconocidos para mí, y apenas he repetido autores.
  9. Escribir semanalmente en los 3 blogs que mantenía en ese momento. No lo he hecho por dos motivos: por una parte, la biblioteca escolar no genera tanta información ni tanto tráfico, y una media de 2 posts al mes (o 15 al año) es más que suficiente. Lo importante es que si hay información, se incluya ahí. Respecto al blog de cocina, mantenerlo ahora mismo es una tarea demasiado ambiciosa considerando el tiempo que consume la tesis. En este blog llevo casi 70 entradas, superando ampliamente la media de una semanal.

Es decir: tres cumplidos, cinco que no se han cumplido pero me he acercado o al menos lo he intentado, uno que no, ni de lejos.

Este año no quiero ser demasiado ambiciosa. No quiero mezclar propósitos con deseos, y en realidad, mantengo casi todo lo que dije el año pasado. Este año quiero conseguir lo mismo, y un par de cosas más:

Una, dejar de tirarme del pelo. Me tiro del pelo como quien se muerde las uñas, sobre todo cuando estoy estresada.
Dos, pasar menos tiempo en internet. Que deje de ser mi principal distracción / forma de ocio. Este no es un propósito bien formulado porque debería ser medible, pero bueno. Así se queda, al menos de momento.

Hay un par de cosas más, pero son más deseos que intenciones, así que se quedan fuera. A ver qué tal sale todo.

Resumen y autoevaluación del año en la biblioteca

Poster Memoria Biblioteca 2014_2

Este ha sido mi segundo año coordinando la biblioteca del instituto. El primer año me centré en catalogar; el segundo, en corregir errores y en adaptar a un sistema más coherente y homogéneo la catalogación de la caótica sección de “Ensayo”.

El póster de la foto lo hice los últimos días, y tiene su historia.

Hay 2840 ejemplares de 1943 libros. Al principio parecía que había más. Tuve que dedicar casi todo el primer trimestre a cotejar el catálogo. Cosas que pasan; había una pequeña cantidad de pérdidas y más de 100 libros que estaban catalogados por duplicados. Son los accidentes inevitables cuando no hay una buena coordinación.

Me parece mentira tener 348 libros nuevos, y además tantísimos de ellos (casi 300!) regalados. Los principales donantes han sido @nouso@japartero, @darkor_LF y @elmasminimo. Muchísimas gracias a ellos y a cualqueira que me esté olvidando. Y a @Katiesony por hacer de mensajera. Me parece tremendo que la gente se moleste en donar libros a una biblioteca que les pilla en la otra punta del país.

Además hay una buena cantidad de libros comprados. Las cosas funcionan así; el secretario del centro asigna un presupuesto a cada Departamento, a veces a partes iguales y a veces en función del número de alumnos o de horas de clase que damos (no es lo mismo la necesidad en Matemáticas que en Portugués). Ahora que está a pleno rendimiento, la biblioteca cuenta como un departamento “grande”. El dinero del que se dispone son cuatro perras, estamos funcionando con alrededor de un 30% menos de dinero que hace 3 años, pero la directiva de mi centro se ha tomado la biblioteca en serio y yo he estirado el dinero hasta casi 60 libros nuevos. Necesitamos de todo, principalmente cómic y “no ficción”.

140 libros prestados, el equivalente de uno al día durante el curso escolar, puede parecer poco, pero el punto de partida era… nada. El año pasado fueron 106 y el anterior la biblioteca no abría al público, y ¿hay alguien que se deje llevar más que un adolescente? El año pasado, quienes cogían libros prestados eran mis alumnos de 1º. Este año, alumnos de 1º y de 2º. Se tardan años en normalizar algo así, en que nose vea como algo raro, y en que no se asocie a “los pequeños”. Por lo menos un par de años de un trabajo tan constante como el de ahora. La asociación de la biblioteca al primer ciclo se observa en quiénes leen más. La lectura media en 3º es de 4 libros por clase, pero casi todos los libros los leyó una sola persona, y las lecturas de 4º fueron casi todas obligatorias.

Sobre lecturas favoritas, hay unas tendencias muy claras: los cómics, y los libros basados en una película que les ha gustado. También hay interés en la educación sexual y sentimental, el Diario Rojo de Carlota es sólo el ejemplo más popular del interés en diarios y otras historias con protagonistas femeninas. No entra por los pelos Joan Manuel Gisbert, que es a quien recomiendo siempre que me piden algo de misterio.

De todo estoy estoy muy contenta, ¿y ahora qué? Pues ahora que he terminado de catalogar, queda hacer cosas más creativas. La que más cuesta arriba se me hace es decorar la sala. El póster de arriba deja bastante claro que mis habilidades ahí andas escasas. Lo mejor sería implicar a los alumnos, pero lo veo complicado. Un grupo estable me ayudaba a tejuelar, aunque ahora no tengo trabajo para ellos. Y he comprobado que no funciona hacer cartelería sólo en el recreo, es muy poco rato y no lo aprovechan. Así que de momento, nada de alumnos asistentes. El trabajo de los carteles a lo mejor se puede hacer a través de clase de Plástica.

En segundo lugar, implicar a más gente. Hay un equipo de apoyo con pocas tareas asignadas. También veo necesario informar mejor a las familias de los alumnos, y colaborar con la biblioteca municipal. Por ejemplo, podría llevar a los alumnos de 2º o 3º a sacarse todos el carnet.

 Y por último, planear actividades para celebrar “días de”, aniversarios literarios, y recomendaciones.

Ha sido un gran año. Lo que queda por hacer es menos visible, pero sigo con ganas.

Dickens: un mapa para entrar en el bosque.

lizzie hexamIlustración original de Our Mutual Friend por Marcus Stone. Los Hexam pescan restos en el Támesis.

Charles Dickens es un autor incomprendido. Fue muy popular en su tiempo, más adelante criticado por ser demasiado sentimental y simplista en su visión de problemas sociales, y más adelante recuperado sobre todo como autor infantil. Casi todo el mundo lo conoce como “el autor de Oliver Twist” y de ahí se generaliza a “libros juveniles, protagonistas niños, problemas sociales, finales felices”. Bueno…. ahí aciertas más o menos la mitad.

En este novelista tan prolífico (catorce novelas, media docena de novelas cortas o cuentos, una vida entera de periodismo) se entrecruzan varias tendencias: el humor con tintes grotescos, el melodrama, y la preocupación por la reforma social. Dickens aprendió a escribir novelas desde el periodismo, y según mejora la calidad de la estructura de sus novelas, se aprecia cómo se va volviendo más pesimista y más interesado en cuestiones globales que en las aventuras de personajes individuales. Por eso, hacia el final de su obra no todos los finales son positivos (alguna novela de juventud tampoco termina bien).

Es muy importante también que todas sus novelas se publicaron por entregas. Una novela se publicaba normalmente en 20 entregas mensuales, es decir, cosa de año y medio. Y Dickens al principio escribía sobre la marcha, sin saber dónde iba a llegar, por lo que controlaba muy bien la estructura de cada entrega pero no tanto la de la novela completa. Como un guionista actual de series.

Con tantas novelas donde elegir, ¿por dónde empezar? Las voy a separar en los clásicos imprescindibles, las joyas poco conocidas y las que mejor que continúen en el olvido de las obras menores. Los números indican orden y año de publicación.

 Los clásicos:

Oliver Twist. (2; 1839) La que todo el mundo conoce, y quizá por eso malentendida como la más representativa. ¿Niño protagonista? El primero de dos… en una carrera con catorce novelas. ¿Ambientes marginales? La única novela que muestra el mundo de la delincuencia. ¿Fábricas, el efecto de la revolución industrial? Una de tres novelas en las que se habla, más o menos y tampoco mucho, de industrialización. Oliver Twist empieza satírica, irónica, escrita por un Dickens cercano al periodismo. Y según fue escribiendo, cambió hacia el modo que lo hizo más popular: sentimental y melodramático. Parecen dos novelas en una. Hay que leerla aunque sólo sea para darte cuenta de que no es un libro para niños.

Cuento de Navidad (A Christmas Carol, 1843) no me gusta mucho, quizá por haber leído/visto/escuchado demasiadas veces. Eso sí, es el único de los cuentos de navidad que merece la pena. Hay cuatro más.

David Copperfield (8, 1850). Probablemente la mejor. Empieza como alguna de las novelas de juventud, como la biografía de un muchacho desde que nace o se queda huérfano, pero se diferencia de ellas en que el sentimentalismo está más controlado, el autor sabe desde el primer momento a dónde nos quiere llevar, y los argumentos secundarios no se van por las ramas. Tiene algunos de los personajes mejor descritos de toda la carrera del autor, particularmente Mr Murdstone, el malvado padrastro del protagonista.

Casa Desolada (Bleak House, 9, 1853). Aunque tenga su mérito, no es de mis favoritas. Desde el punto de vista formal, un experimento: alternan un narrador impersonal que escribe en presente en vez de en pasado, con una narradora en primera persona, que es más un personaje secundario testigo de lo que ocurre que una protagonista. El argumento: cómo un pleito que se eterniza destruye una familia. Muy pesimista, y con un catálogo de secundarios que no se acaba nunca.

Tiempos Difíciles (Hard Times, 10, 1854). Una de las más cortas y quizá por eso muy buena para empezar. Es la única que habla algo, y no mucho, de la revolución industrial, pero es apenas una excusa para criticar el pensamiento de la época y no el sistema económico. El problema para Dickens no era la industria o el capitalismo, sino el énfasis en lo utilitario y no en, digamos “valores humanos”. Es significativo que vemos por dentro con más detenimiento una escuela que una fábria (las otras novelas que hablan de educación son Nicholas Nickleby, Dombey e Hijo, David Copperfield, Grandes Esperanzas y Our Mutual Friend)

La Pequeña Dorrit (11, 1857) tiene cierta relación con Casa Desolada porque es otra historia con gente que está esperando, esperando, sin hacer nada. Amy Dorrit, la “pequeña” del título, no es la protagonista: el libro a punto estuvo de llamarse “Nobody’s Fault” (No es culpa de nadie). Tanto Amy Dorrit como el protagonista, Clennam, son de un pasivo que dan ganas de zarandearlos, ambos dañados por unas familias desastrosas.

Historia de dos ciudades (A Tale of Two Cities, 12, 1859) Las dos ciudades son Londres y París, y la mayor parte de la acción sucede durante la fase llamada “El Terror” de la Revolución Francesa. Aquí se ve un rasgo muy dickensiano, la desconfianza ante las revoluciones y cierta francofobia. El Antiguo Régimen es una pesadilla dirigida por sádicos, y la revolución…. también. En cualquier caso, es una lectura amena y una de las novelas más cortas.

Grandes Esperanzas (Great Expectations, 13, 1861). En la Universidad, por una cuestión de tiempo, suelen mandar una de las tres novelas un poco más cortas, y a mí me tocó ésta. Me encantó y no me canso de releerla. Las “esperanzas” del título son las de Pip: un aprendiz de herrero con un misterioso benefactor que lo manda a Londres a vivir como un caballero. Pip está convencido de que su mecenas es Miss Havisham, la tutora legal de Estella, de quien él está enamorado desde niño. Al nivel de David Copperfield en “jovencito espabila a bofetones de realidad”, pero ésta es bastante más amarga.

 Los que merece la pena explorar:

 Los papeles del Club Pickwick. (The Pickwick Papers, 1, 1837) A mí no me gusta mucho, pero tiene sus fans. Me recuerda a algo que tampoco es mi género favorito: las novelas inglesas del siglo anterior. No tiene un argumento propiamente dicho: Mr Pickwick, un amable caballero, funda un “club” informal con sus amigos para salir de excursión y se mete contra su voluntad en toda clase de absurdas aventuras. Quizá si recordamos que se trata de un serial y que no se pensó como una novela se puede apreciar su falta de estructura global.

Dombey e Hijo (Dombey and Son, 7, 1848). Es de mis favoritas. Tengo debilidad por ella. Si se divide la obra de Dickens en dos mitades, juventud y madurez, ésta es la novela de la transición. Es la primera vez que el autor empezó a escribir con una idea aproximada del conjunto del argumento y sabiendo cómo quería terminar, porque hasta ahora el serial era entero improvisado. Esta es la historia de un empresario cuya mayor ilusión es tener un hijo para que el “Dombey e Hijo” de la empresa familiar vuelva a ser realidad. Y lo tiene, pero es un niño débil y enfermizo. Mientras tanto, su hija mayor, Florence, crece sin que nadie le haga mucho caso. Una novela con personajes que tienen todas las necesidades básicas cubiertas, excepto el amor, con los resultados que te puedes imaginar. Y la primera obra que se sepa con la estructura tan típica en Hollywood de las películas de millonarios sin vida familiar que pierden todo para darse cuenta de qué es lo importante.

Nuestro común amigo (Our Mutual Friend, 14, 1865) No tengo ni idea de por qué no es tan famosa como el resto de obras de madurez. Bastante descargada de melodrama y con menos sentimentalismo que la mayoría, la parte “social” y “realista” se centra en las cloacas de la revolución industrial, literalmente: el submundo de quienes viven de pescar restos en el Támesis, y el destino de una herencia en la que la parte principal son…. montones de basura, quizá estiércol o cenizas. El argumento es lo de menos: es para dejarse llevar por sus personajes, unos realistas, otros grotescos, y sus andanzas.

Obras menores, evítalas, hazme caso:

 Nicholas Nickleby (3, 1839). Déjala pasar sin remordimientos. Nicholas, un muchacho joven, bueno pero impulsivo, se queda huérfano. Él y su hermana Kate tienen que trabajar para vivir y tienen una serie de aventuras nada conectadas entre sí; si esto de ir pasando de trabajo en trabajo y la estructura episódica te suena a novela picaresca española, acertaste, pero el tono no es tan cómico y hay un fuerte mensaje moral.

Almacén de Antigüedades (The Old Curiosity Shop, 4, 1841) Abrir a lo bestia el grifo del sentimentalismo puso a Dickens en la cima de la popularidad. Veamos: Nell y su abuelo tienen una tienda, la que da nombre al libro. Por razones largas de contar, huyen de Quilp, un enano grotesco. Hay secundarios cómicos y mucho, mucho sentimentalismo.

Barnaby Rudge (5, 1841) Un intento de novela histórica sobre unas revueltas populares anticatólicas sesenta años atrás. Mucho mejor que las dos novelas anteriores, pero aún así, sólo apta para muy fans.

Martin Chuzzlewit (6, 1844) Por un lado, tiene la mayor parte de los defectos de las novelas de juventud: Martin es un muchacho valeroso que tiene aventuras y se enamora de una chica que no tiene un duro y a la que acosa un indeseable. Los argumentos secundarios crecen en todas direcciones como la mala hierba. Pero tiene un noséqué, un principio de lo que va a ser el desarrollo de personajes en las obras de madurez.

Y por redondear con la aplicación en secundaria, ¿cuáles son las más relevantes a ese nivel? Pues Oliver Twist, y las cortas: Cuento de Navidad, Historia de dos ciudades, Tiempos Difíciles, y quizá Grandes Esperanzas. Mejor leer una novela corta que una adaptación, aunque haría una excepción por David Copperfield.

21 días, día 16. De reuniones.

DSC_0041Hoy tengo lo de todos los lunes, y reuniones de propina por la tarde. Las grandes novedades son la calefacción y que el despachito del departamento de inglés vuelve a tener ordenador. Eso sí, no lo apagamos por si luego no se puede volver a encender.

Empezamos con 4º. Les comento muy brevemente los resultados desastrosos de sus exámenes, les hago un simulacro de qué nota tendrían si el curso acabara hoy (suspenderían 5 de 15) y les digo quién debe repetir la redacción para mejorar esa nota. Se lo toman bien, nadie protesta. Uso unas fotos sacadas de internet para que vean en el proyector cómo era el teatro isabelino, y vemos unos 45 minutos de Romeo y Julieta. Llegamos a la muerte de Mercuccio y me encanta verlos serios y sorprendidos.

En mi hora de biblioteca, recatalogo. Es un trabajo que he tenido que aprender sobre la marcha. La coordinación de la biblioteca se le asigna a algún voluntario o a quien la directiva considere adecuado, y la formación es escasa y parcheada. Los cursos de formación son para todos los niveles, desde Infantil, y aúnan fomento de la lectura con gestión de la biblioteca. Es todo demasiado amplio. Yo he estado en tres o cuatro minicursos presenciales de “Plan de Lectura y Bibliotecas” y nunca me han dado información de gestión bibliotecaria propiamente dicha. Podría haber hecho algún curso no presencial, pero por unas cosas o por otras no lo he hecho, y por eso todo ha ido improvisado, sobre la marcha. La catalogación de los libros de “no ficción” ha sufrido por ello. Cuando llegué, estaban sin catalogar casi todos y yo los añadí a las categorías “Ensayo” y “Otros”. Entonces descubrí la clasificación decimal universal y con la ayuda de algunos tuiteros como @srpichon y @marmota_llorona, reordené esa sección. Tengo bien clasificada la mitad. Son muy pocos libros y muy en su mayoría muy poco útiles en un centro de Secundaria, donaciones y cosas así. Más tarde, en el recreo, mis ayudantes pegan tejuelos en estos libros.

En 3º, algunos alumnos no paran de reírse e incordiar en toda la hora. Explico un tema de teoría que  mí me parece complejo pero no hacen preguntas ni ponen pegas. Cuando alguien dice que un tipo de ejercicio se le da mal, les cuento lo que a mí me enseñaron en la carrera: que para alcanzar un nivel “intermedio” en una lengua extranjera hay que trabajarla, se dice, unas 4,000 horas. Calculamos cuántas llevan ellos: desde que entraron en el colegio, unas 1200. Les pongo como tarea para Junio que calculen aproximadamente las horas de este curso, redondeando las vacaciones, y separando leer, escribir, escuchar, hablar y gramática, y que busquen maneras de aumentar la parte comunicativa con canciones, películas, etc. Digo “Si no habéis hecho miles de horas, no podéis decir que se os da mal: sólo es que no habéis trabajado lo suficiente”. Por sus caras, parece que me creen.

Termino la mañana con 1º. Están muy revoltosos y se enteran de las cosas regular. El nivel está muy dividido en tres tercios, y se nota. Un niño que va bien me interrumpe y me pide que vaya a su mesa para contarme naderías como si fueran secretos importantes. Esta necesidad de contar cosas en privado, de que se les preste atención individualizada,  veces es muy agobiante en este nivel, pero en esta clase pasa poco. Algunas niñas no trabajan; si se les pregunta, dicen que no sabían qué tenían que hacer.

Por la tarde, tenemos reuniones de equipo educativo. Antes, se convocaban cuando el tutor lo consideraba necesario para comentar algún problema concreto de la clase pero ahora las tenemos todos a la vez en mitad de trimestre. Sirven para comentar la marcha general de los grupos, conflictos que haya, propuestas de mejora tanto sencillas como cambiar la distribución de la clase o protocolos que necesitan de la intervención de la orientadora. Y se comentan también los problemas individuales de los alumnos. Es una información muy valiosa porque interesa saber si tal o cual alumno tiene problemas en general o sólo contigo, por ejemplo.

Estamos citados a las 4:30, con una lista ordenada de los grupos, que no están programados cada uno a una hora sino todos seguidos para ahorrar tiempo. Eso nos obliga a pasar la tarde entera en el centro por si ya le toca a un grupo en el que nosotros demos clase. Cada reunión dura alrededor de media hora. Antes de que los profesores lleguemos, los alumnos de 4º han puesto el tenderete de la foto, con su termo de café y su leche, para vendernos la merienda y pagar su excursión de fin de curso. Me recuerdan a ese eslogan que decía “ojalá los ejércitos se financiaran con rifas y pasteles y en los colegios no faltara de nada”.

Entre reunión y reunión, corrijo los exámenes de 1º. Efectivamente la clase está muy dividida, unos muy bien y otro muy mal. Lectura y escucha bien, vocabulario muy bien, gramática y escribir entre mal y muy mal. Nadie lo deja en blanco. Entre 2 y 5 personas tienen problemas de comprensión o motivación que empiezan a parecerme insalvables.

Cuando termino mi última reunión, a algunos compañeros aún les queda otra hora. Dos alumnos de 4º, chico y chica, esperan pacientemente a que alguien les compre trozos de la media tarta que les queda.

Horas lectivas: 3.
Horas no lectivas: 1:30
Horas reales trabajadas: 8:30.

 

Un libro mejor: Paulo Coelho y la ficción de autoayuda.

Hace meses, propuse el hashtag #unlibromejor para tener algunas conversaciones sobre libros populares pero de bastante mala calidad. Uno de los debates que tuvimos fue acerca de Paulo Coelho y la ficción de autoayuda. Estas son algunas de las contribuciones. Todas me parecen utilísímas para una biblioteca escolar. Lamentablemente, he perdido la lista de quiénes aportaron estas sugerencias.

Cualquiera de narrativa de Oscar Wilde. Y De Profundis para los algo mayores…
Rebelión en la granja o 1984, de George Orwell.
‘Temblor’ de Rosa Montero.
Algunas cosas de Neil Gaiman y de Terry Pratchett. Mi preferido en este sentido sería The Amazing Maurice and his educated rodents (Pratchett).
El silencio de las palabras de Jean Kwok.
Herman Hesse, sobre todo quizá Demian y El lobo estepario.
Momo y La Historia interminable, de Michael Ende.
El Perfume, Patrick Süskind
La Metamorfosis de Kafka.
Filosofía que resulte entretenida. Bertrand Russell es muy accesible.
La colección “Filosofía para profanos”.
Canciones para una armónica, de Barbara Wersba.
Crónicas Marcianas de Ray Bradbury
Roald Dahl, Sobre todo Matilda.
El Principito.
El guardián entre el centeno, JD Salinger.
Dune, la saga entera.
El juego de Ender.

Recomendaciones globales a autores:
Quino, Michael Ende, Jostein Gaarder, Carl Sagan, Marguerite Yourcenar, María Gripe, Miguel Delibes.

La Biblioteca recomienda… terror.

Biblioteca recomienda terrorLos libros fueron seleccionados entre los fondos de la biblioteca escolar del IES González de Aguilar, por los alumnos del equipo de asistentes. Unos libros se los han leído, y otros simplemente les llamó la atención su título o su portada.

Stephen King – La danza de la muerte. Una novela bastante larga, sobre la que hay una miniserie de televisión, sobre los efectos de una epidemia que mata a casi toda la humanidad.

El Fantasma de la Ópera – Gaston Leroux. Es más de intriga que de miedo. Un ser misterioso vive en la Ópera de París y se obsesiona con la bella e inocente cantante Christine…. una historia de amor tormentoso con un musical teatral de mucho éxito. Una versión para cine no adapta la novela, sino este musical.

Otra Vuelta de Tuerca – Henry James. Una niñera está al cuidado de dos niños en una casa encantada. ¿O es que ve visiones?

El Secreto del Hombre Muerto. Joan Manuel Gisbert. Un autor español de libros infantiles y juveniles preciosos y con mucha fantasía. Las chicas escogieron éste por su título y porque ocurre en Venecia. Uuuuhhh, secretos en Venecia. Me lo leo seguro. ¿O es que la maestra no puede leer libros infantiles?

La Leyenda de Sleepy Hollow. Washington Irving. A muchos alumnos les gusta la historia porque tenemos una adaptación muy fácil para leer en inglés, de nivel 1º de ESO. Si se portan bien, les podemos poner la película de Tim Burton.