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Lecturas de 2018.

Hace mucho tiempo que mi principal reto lector no es leer una cantidad de libros, sino “reducir la pila de libros pendientes”. Durante mucho tiempo, eso ha significado tener el autocontrol de no comprar los libros de 15 en 15. Leía unos 50-70 libros al año, todos físicos y muy pocos prestados. Más recientemente, ha habido cambios muy grandes en mi manera de leer. Para empezar, leo la mitad que antes porque no tengo tanto tiempo libre. También leo mucho prestado y escucho audiolibros.

Este año he adquirido 20 libros de papel. Tres son ensayos sobre desarrollo infantil; cuatro son cómics; dos son infantiles; dos, poesía; tres, ensayo. Los demás son narrativa.

He leído 32 libros, de los que nada menos que catorce, casi la mitad, han sido audiolibros. Los escucho en inglés, con auriculares, camino del trabajo, y mientras limpio la casa. Soy muy conservadora con ellos, porque necesito un lector que me guste mucho para entenderlo bien y no aburrirme. Neil Gaiman tiene prioridad sobre cualquier otra cosa; si hay algo en audio suyo que no haya escuchado, no hay “lista de pendientes” que valga. También me vale en radioteatro, aunque algunas voces puedan ser más difíciles de entender. Este año he escuchado cinco libros suyos, algunos de los cuales aún no tengo en papel. Y de aquí sale uno de mis libros favoritos del año, que es su versión de los mitos nórdicos. El segundo autor importante de mis audios ha sido Arthur Conan Doyle en la versión de Stephen Fry. Fry es un lector excelente al que le gustan los proyectos ambiciosos; ya leyó los siete libros de Harry Potter y aquí no solo lee todo Sherlock Holmes sino que además pone prólogos mezclando comentario a las obras con su experiencia personal como aficionado sherlockiano desde niño.

Sobre los otros audiolibros que he escuchado, The Power tiene una voz por cada punto de vista (tres o cuatro voces en total, es llevadero) y son tan buenas que me gustó más que en papel. Call me by your name… bueno, se lee y se escucha como poesía lírica amorosa. Es mucho de golpe. Casi prefiero la película, o escuchar trocitos sueltos. Y Food era un podcast de antropología e historia de la alimentación, muy entretenido.

Los libros en papel no siguen más lógica que una manía: que cada uno sea lo más distinto posible del anterior. Después de cómic, poesía. Después de una novela ligerita, un ensayo sesudo. Así han caído:

Sólo dos de poesía, Poemanuario, de Loli Molina Muñoz y Nieve antigua de María Sotomayor. A ver si el año que viene leo más libros completos en vez de coger y soltar.

Cuatro cómics, que quitando Sandman tenían en común ser tristones.

Un par de biografías: Fugas de James Rhodes (aún no he leído Instrumental, he empezado por el final) y Léxico familiar, de Natalia Ginzburg, que me aburrió. Lástima.

Casi todo lo demás tenía en común ser narrativa de lectura bastante fácil, con la excepción de Jonathan Strange y Mr Norrell, que aunque fuera una lectura fluida y maravillosa, al ser tan largo a ratos se me atascaba. O simplemente era demasiado grande para llevármelo a la cama  o meterlo en el bolso.

No puedo prever si el año que viene leeré más o menos. Todo dependerá de qué tal nos las apañemos con el cuidado del nene, que ya no es un bebé pequeñito.

Los jóvenes y el cine: algunos consejos para educadores.

Jacobo Dopico, profesor de Derecho Penal en la Universidad Carlos III de Madrid y cinéfilo, tiene un problema. Sus alumnos no le entienden.

Tomado de Twitter. En la Universidad de Roma, sus alumnos no entienden una referencia humorística a la cita “¡Qué escándalo, aquí se juega!” de Casablanca.

Él se empeña en instruir deleitando a los juristas en formación. Es una lástima que su entusiasmo sea recibido con este desagrado:

Tomado de Twitter. Un alumno de máster rechaza el visionado de Anatomía de un Asesinato como actividad en clase porque es antigua y en blanco y negro.

Lo que le pasa al profesor Dopico lo hemos vivido infinidad de veces los profesores de Secundaria, aunque lo contemos con menos gracia. Ay, mis alumnos que llamaban a Drácula de Bram Stoker “una película antigua”. Ellos habían nacido aproximadamente el año del estreno. Estas son algunas de las películas más taquilleras en torno al año en el que nací yo: Rocky, Carrie, Star Wars, Roger Moore como James Bond, Superman, Grease, Alien, Aterriza como puedas. Películas inescapables. Si tienes más de 35 años, o las has visto o por lo menos te suenan.

Lo que está ocurriendo con niños y adolescentes respecto al cine es una desconexión generacional y una falta de formación cultural terrible, a la que nadie hace mucho caso porque el cine se ve sobre todo como entretenimiento, y porque como es bastante caro de hacer y distribuir (en salas), se puede culpar a factores económicos de difícil solución, como el precio de las entradas.

Aunque parezca que no, los niños y adolescentes son receptivos a casi todos los medios de transmisión cultural de sus padres, además de los suyos propios. Los niños leen libros; no todos los niños, pero se siguen vendiendo y leyendo libros infantiles y juveniles. Ven series y les gustan las telecomedias (he pasado muchos años asumiendo que si no entiendo un chiste en clase es que salió en La Que Se Avecina). Ven telebasura, tipo realities, y programas musicales de talentos. También consumen productos que sus padres desconocen o rechazan, como los “youtubers” o los videojuegos (*).

Los libros tienen la ventaja de ser físicos. Están ahí. Si al hermano mayor le compraron las lecturas obligatorias del colegio, si hay biblioteca escolar, si va a hacer los deberes a la biblioteca pública, si fueron lectores de niños y en la adolescencia perdieron la costumbre, los libros hacen guardia sin exigir mucho, esperando que alguien los coja. El libro no corre peligro. Algunos modos de lectura sí, pero libros hay y habrá.

La música también sigue ahí aunque no se compre en soporte físico. Ha cambiado el mercado y ahora los jóvenes se niegan a pagar por ella. Nadie la adquiere en soporte físico. Pero mientras haya formas de escuchar música gratis que recicle éxitos de décadas pasadas, como Kiss FM y equivalentes, los niños y jóvenes podrán escuchar clásicos si quieren. Por otro lado, una canción dura de 2 a 6 minutos. No te aburres de ella tan deprisa.

El cine, en cambio, no. Desde que en una casa con medios económicos suficientes hay más de una pantalla por persona(**), ninguna otra forma de transmisión cultural ha sufrido tanto. El proceso ha sido paulatino: primero, llegó el VHS así que se podía poner una película que no estuviera en televisión. Luego, las televisiones privadas, que justificaron tener más de un aparato (supongamos el del salón y el de uno de los padres). Muchos de mis alumnos tienen televisión en su cuarto, supuestamente para jugar a la videoconsola. Su uso es irrelevante; la clave es que ya no hay tanta motivación para que el ocio familiar sea en el salón, con la tele encendida, donde quizá echen una película que se queda puesta de fondo. Si no te gusta lo que hay, te vas a tu cuarto o coges el móvil con auriculares. Pero ahora no hay ningún motivo para ver en la televisión algo escogido por otra persona, además de que los canales generalistas ponen pocas películas clásicas, de calidad, sin anuncios y a un horario que nos convenga.

La educación cinematográfica de los jóvenes se basa en tres o cuatro clases de películas. Para empezar, las infantiles, sobre todo las de dibujos animados. La animación 3D engancha más que los dibujos animados tradicionales y éstos más que la imagen real. Los niños ahora ven muchísimos menos largometrajes que generaciones anteriores: tras la televisión vino el VHS, tras éste el DVD, tras éste internet doméstico y ahora tenemos los móviles, donde se ven vídeos cortos de Youtube. En cualquier caso, sí ven películas, de  Disney, Pixar, Dreamworks y Studio Ghibli en ese orden de importancia. Las conocen desde que nacieron y forman parte de su paisaje. Algunas les gustan por una cuestión nostálgica: las asocian a cuando eran pequeños. No tienen mucho interés en películas nuevas, y no son “fans de Disney” como pueden ser fans de un cantante, un equipo deportivo o una marca de ropa.

En segundo lugar, las películas comerciales modernas, lo que se puede ver en el multicine del centro comercial. Para los gustos e intereses de los adolescentes, el cine es caro, y se reserva para ocasiones especiales. Casi todo el cine a su alcance es infantil, de acción o de terror. Podríamos discutir sobre si “cine de superhéroes” es un género; evidentemente, Guardianes de la Galaxia y Logan, por decir ejemplos extremos, no van de lo mismo ni van dirigidas al mismo público. Pero tienen en común que forman parte de series, que están vinculadas a obras anteriores que sólo son cine en parte, que crean merchandising, y que medio multicines tiene películas parecidas. Por dar un ejemplo, Terminator compartió cartelera en invierno de 1985 con Érase una vez América, Los gritos del silencio, Amadeus, Dune, y multitud de comedias españolas mejores y peores. Las películas de acción actuales son el centro de la cartelera. A pesar de que estas películas sí tienen fans, la inmensa mayor parte de su público es ocasional y las consideran un producto de puro entretenimiento. Los jóvenes no se consideran ni fans del cine de acción, ni del de superhéroes, ni de un personaje. Lo único que sí genera algo de división y por lo tanto un sentimiento identitario, aunque muy leve, es el cine de terror.

Por último, están las películas que se ven en clase. Para que una película se proyecte en un aula de Secundaria necesita reunir una serie de condiciones. Tiene que estar relacionada con la materia que enseñamos, aunque sea de una forma más bien elástica y los profesores de idiomas tengamos en esto el margen más amplio. Tiene que presentar unos valores coincidentes con los que informan el sistema educativo; por ejemplo, de respeto a la diversidad, igualdad entre hombres y mujeres, o por decir algo mucho más reciente, de espíritu emprendedor. Además, no puede ser ni demasiado violenta, ni tener escenas fuertes, por ejemplo de sexo o de consumo de drogas (las risitas o la incomodidad pueden estropear el ambiente). Es mejor que sean recientes, o lo parezcan (como muestra el caso del profesor Dopico). Todo lo que les parezca “antiguo” será rechazado. He tenido cierto éxito con películas que se salen un poco de esto, como el musical “Oliver!”, pero son excepciones.

Todo esto se puede resumir en que incluso los jóvenes a los que no les gusta leer pueden tener una conciencia de que hay libros que sirven para estudiar, clásicos que casi siempre se leen sólo por obligación, y libros más ligeros que se leen por diversión aunque ese no sea tu caso, y además con estos últimos no importa mucho si son recientes o no mientras sean de tu estilo favorito. Con el cine no ocurre esto: el cine se divide en películas infantiles, entretenimiento de usar y tirar sin ningún valor, y la nada, “lo antiguo”, que es despreciable porque su “vejez” es un aviso de aburrimiento.

Este proceso de degradación del cine como medio de transmisión cultural es irreversible. No hablo de la calidad de las películas sino de cómo son percibidas. Si quieres que los niños que te rodean aprendan a disfrutar del cine como lo hiciste tú, mi consejo como profesora y amante del cine es que veas con ellos películas cuando más antiguas y variadas mejor. Nadie más que tú las pondrá a su alcance. No me parece importante que vean tal o cual película concreta, sino que conozcan la visión del cine que se acabó hace unos 15-20 años.

¿Qué método usar? Lo mismo que si queremos aficionarlos al deporte o la lectura, pero con más guía, porque lo ideal es ver una película juntos. Un niño que lee puede volver atrás y preguntarte cosas a la mañana siguiente, pero con el cine es todo mucho más inmediato. Algunos consejos:

  1. Que los niños vean desde muy pequeños que a ti te gusta el cine. Ten DVDs en casa, habla de las películas que has visto, comentad trailers, como te surja de forma natural.
  2. Haz que algunas de esas películas tengan una estética “antigua”. Por ejemplo, ponte una película en blanco y negro mientras estáis haciendo vuestras cosas por el salón. Que no le parezca raro. Recupera los clásicos que te gustaron hace años.
  3. Enséñale que la biblioteca pública tiene audiovisuales. Coge una película prestada de vez en cuando.
  4. Crea “la tarde semanal de cine y palomitas” y conviértela en un ritual de estar juntos. Puede convertirse en un día para invitar a amiguitos pero también tiene su encanto hacerla en familia.
  5. Cuando en una serie o unos dibujos animados salga un elemento que parodia o recicla un clásico, díselo. Si el original es muy largo o complejo, enséñale un clip de youtube o un trocito de la película original. Que comprenda que las obras modernas que le gustan proceden de una tradición.
  6. Si una película le aburre o no le gusta, se puede dejar de fondo mientras se hacen otras cosas o se puede quitar, pero no se obliga a terminarla. Esto no son los deberes. Tampoco insistas con géneros que no le gusten. Si se niega a ver cine en blanco y negro, o sólo quiere ver comedias, ya ampliará sus intereses más adelante.
  7. Los niños pequeños pueden ver películas adultas según su madurez y si están acompañados para poder comentar lo que no entiendan, lo que les dé miedo…
  8. Las listitas, el diario de visionado, los “¿qué quieres que haga de cenar el Día de Ver Pelis?”, el cineclub temático “este mes vamos a ver pelis de miedo”… son una manera de planear qué hacer y de darle interés al tema.
  9. Si no sabes por dónde empezar, búscate un libro como “Cien películas de adultos para ver con niños”, uno de esos “Mil nosecuántos que hay que hacer antes de morir”, o clásicos del cine infantil. Hay muchas guías, en libro y por internet.
  10. A los obsesos con un género o una película concreta, negocia alternar su favorito con novedades relacionadas.
  11. Soy un poco ambivalente respecto a ver la tele con el móvil en la mano. Lo mejor es que aprendan de tu ejemplo. Si estás con los niños, procura dejar tu pantallita para luego. Mi experiencia es que muchas actividades manuales son compatibles con ver una película: mi madre cosía, por ejemplo. Pero el móvil toma nuestra atención más de lo que creemos.

Sobre las versiones originales y el aprendizaje de idiomas: como podemos prescindir de la televisión, un niño muy pequeño se puede educar en la bendita ignorancia del cine doblado. Esto se puede graduar: si un niño muy pequeño se educa en un ambiente bilingüe, se puede hacer que todo el cine incluido el infantil sea en versión original con subtítulos en el idioma que más os convenga. Si el niño de edad preescolar no tiene una presencia fuerte de idiomas extranjeros en su día a día, pero los padres quieren que los perfeccione o que no rechace las versiones originales, se puede tener la misma costumbre que en muchos países: vemos el cine infantil doblado, y el adulto subtitulado. En un niño que aún no lee con soltura, esto es una ocasión de pasar un rato juntos porque necesita que un adulto le explique lo que va pasando. Para cuando lea bien ya se habrá convertido en costumbre. Esto sirve para apreciar mejor las películas, para practicar idiomas, y para tener mejor acceso al cine en idiomas que no se suelen subtitular.

Espero que con esta guía disfrutéis mucho juntos. Que de eso se trata, de disfrutar.

(*) Ya sé que hay personas en edad de ser padres que juegan a videojuegos.
(**) Al escribir este texto conté la cantidad de pantallas de mi casa. Somos dos adultos y un niño, y tenemos seis pantallas. Ninguna de las pantallas está asignada al niño de forma permanente. Todavía.

Cultura libre, innovación educativa.

cursos_bibhuelvaCursos de introducción al uso de internet en la Biblioteca Pública de Huelva.

Inauguramos el curso escolar con una colaboración de Undívaga, que dio estas opiniones en forma de tuits el 30 de agosto. Donde ella dice “cultura libre”, yo leo “innovación educativa”. Y me lo aplico hasta donde alcanzo. Bienvenidos al nuevo curso.

La cultura libre no es solamente ponerte un sellito de copyleft en el blog. Es sobre todo luchar por una educación pública de calidad.

Cultura libre es dotar adecuadamente las bibliotecas y dejar que se llenen de gente con ganas de leer.

Cultura libre es dotar de recursos a los institutos para inspirar a los jóvenes que pasan allí la etapa más creativa de su vida.

Cultura libre es que recibir una beca no te condene a trabajar para evitar morir de hambre y perder la beca al año siguiente.

Cultura libre es que el hijo del burgués quiera entrar en FP.

Cultura libre es que ningún niño llegue sin desayunar al colegio.

Cultura libre es luchar (de verdad) para acabar con el fracaso escolar en España. Y no, esto no tiene que ver con la “cultura del esfuerzo”.

Cultura libre es no permitir que los niños más vulnerables tengan miedo o vergüenza de ir al colegio.

Cultura libre es, por último, permitir que vuelvan al sistema educativo todos los que un día se marcharon de él para pasar a sostenerlo.

Memoria de la biblioteca escolar, 2.

La semana pasada hice recuento de las cosas que hemos hecho en la biblioteca este año. Estas son las que quiero corregir, o incorporar el año que viene. Es una versión retocada del documento oficial que se incorpora a la Memoria de Dirección de mi centro.

En relación al espacio físico:

  1. Quitar las puertas de cristal de las estanterías. Dificultan el acceso a los libros, la circulación dentro de la sala, y pueden provocar accidentes.
  2. Retirada de las mesas con soporte para escribir y sustitución por más escritorios. Actualmente contamos con 7, y los alumnos los prefieren.
  3. Decoración de la sala. Hay algún cartelito suelto, pero se la ve de lo más sosa.

En relación a la comunidad educativa:

  1. Mejora de la comunicación con los departamentos, acerca de actividades de fomento de la lectura,  necesidades de dotación de fondos, y recursos de la biblioteca.
  2. Información a la comunidad educativa sobre convocatorias de concursos literarios o de divulgación.
  3. Formación de usuarios en 1º ciclo de la ESO acerca de las normas de la biblioteca, el servicio de préstamo, y el equipo de voluntarios.
  4. Organización de un calendario de actividades complementarias y extraescolares repartidas a lo largo del curso (visitas a la biblioteca municipal local, a la de Huelva en caso de actividad para público juvenil, etc)
  5. Creación de un equipo estable de alumnado ayudante para los recreos. Estos alumnos podrían recibir al final del trimestre un premio similar al del concurso Aula Limpia (un desayuno, una salida del centro).

 Funcionamiento interno y nuevas adquisiciones:

  1.  Puesta por escrito de los criterios para la adquisición de nuevos fondos. Yo sé porqué compro lo que compro, pero estaría bien tenerlo en un documento por si me lo piden en Inspección o algo así.
  2. Recopilación de materiales de interés creados por los propios alumnos (en concursos literarios, etc).
  3. Catalogación de los fondos de los departamentos. Esto sólo cambiaría su ubicación el tiempo imprescindible para catalogarlos. La puesta en préstamo sería una decisión de cada departamento.
  4. Creación de un catálogo consultable (en papel o digital) de los departamentos que presten sus materiales.
  5. Mejora y nueva redacción de las reglas de uso y funcionamiento de la biblioteca. Incorporación a las normas del centro. En particular: acostumbrar a los alumnos a no formar grupos en el pasillo de la biblioteca durante el recreo. Este año se ha experimentado con permitir utilizar un banco en ese pasillo y ha presentado inconvenientes (basura, ruido que molesta a los que estudian).

El balance de mi primer año como bibliotecaria es que, como casi todo, he tenido que aprender el trabajo sobre la marcha. He cometido algunos errores, y empecé a trabajar de verdad bastante tarde. Tengo ganas de seguir el año que viene y seguir convirtiendo la biblioteca en una parte activa del instituto.