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Guía de visionado: David Lynch

Hoy tenemos postinvitado de Marina Pibernat, cuyo blog Lady Aguafiestington se centra en temas políticos y feministas. Le pedí que contribuyera a las guías de lectura y visionado de este blog y nos ha dado un post con las películas ordenadas en orden de dificultad. Ella deja las series aparte, pero en mi opinión, Twin Peaks original está a la altura aproximada a la que pone Dune.

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David Lynch es raro, sí. Y no sólo por lo extrañas que son algunas de sus diez películas, también porque a veces nos planta en los morros una historia de lo más simple, pero profundamente humana y de gran belleza. Además de desenvolverse excelentemente en diversos registros cinematográficos, ha reinventado contenidos televisivos, elevándolos a la categoría de arte.

Esta guía de visionado de la obra de Lynch no seguirá un orden cronológico, igual que sus películas, en las que en muchos casos el tiempo lineal es alterado. Nos adentraremos en su obra de lo más accesible a lo más complejo. A quien se le ocurra empezar por Inland Empire, su último largo, lo más probable es que a la media hora concluya que este tipo está como una regadera, y que vaya mierda incomprensible. Que mejor un remake o un taquillazo blandito. Así que vamos.

El Hombre Elefante, Corazón Salvaje y Una Historia Verdadera

Algunas de las obras menos complejas de Lynch están basadas en hechos reales. Ejemplo de ello es El Hombre Elefante (1980). Ésta cuenta la historia de Joseph Merrick, un inglés nacido en 1862 con una horrible malformación, exhibido en el circo por un feriante le trata como a un animal. Un médico se conmueve al verlo y consigue sacarlo de ahí y hacer que confíe en él, con el fin de mejorar su vida. La relación que establecen hará aflorar la verdadera personalidad de Merrick, un hombre sensible, bueno, y con gustos refinados. Pero la sociedad que le convirtió en animal de feria sigue ahí, en todas partes… Si no lloras con esta película, no tienes alma.

Corazón Salvaje (1990) está basada en una novela adaptada libremente por Lynch. Es una road movie protagonizada por una pareja de jóvenes que básicamente aspiran a follar, bailar y conducir por todo el país. En su periplo, huyendo de personajes espantosos, se irán encontrando con otros peores, y vivirán episodios violentos que determinarán su destino. Es una historia de amor salvaje, como su título indica, tan salvaje como los bailes desquiciados que se marca la pareja. En una de las escenas a la vez más divertidas, tiernas e intensas, la radio del coche empieza a desgranar las desgracias del día, y la protagonista, hecha una fiera por lo que está oyendo, para el coche gritando y él busca una emisora con las canciones que les gusta bailar. Y ahí, en el arcén, bailan para olvidar la realidad. Quédense con esto de huir de la realidad y las carreteras.

Una Historia Verdadera (1999), en cambio, va de enfrentarse a los hechos cuando la muerte viene a buscarnos. Como El Hombre Elefante, está basada en una historia real. Es una película simple pero efectiva y con bellos paisajes, y trata de un anciano que decide montarse en su corta-césped y cruzar varios estados para ir a visitar a su hermano enfermo, con quien dejó de hablarse años atrás. No podría decir si es un viaje hacia un destino o hacia un origen. Y da igual, porque como suele ocurrir en las road movies, incluyendo ésta tan atípica, lo que importa es el viaje en sí. Una tierna película sin pretensiones sobre la reconciliación con el pasado.

Dune

Con Dune (1984), también basada en una novela, empiezan las extravagancias. Si bien resultó un fracaso comercial, y es cierto que su inicio es bastante tedioso, ahora es una película de culto de la ciencia ficción. La película nos muestra las luchas de poder de varias familias imperiales para controlar la extracción de un preciado material que sólo se encuentra en un planeta desértico. El héroe será el que deberá hacer justicia. Pero no esperen nada parecido a Star Wars, ni siquiera es una película estéticamente bella. El polvo del desierto que cubre el planeta está muy presente, ensuciando la imagen. Y de la arena salen unos gusanos gigantes y aterradores que se lo tragan todo. Es una pesadilla, muy lejos de las aventuras fascinantes típicas del género. En esta película, la tercera de Lynch, los sueños de los personajes tienen un papel importante en la trama, cosa que evolucionó hasta ser su sello personal.

Terciopelo Azul

Hay algo en Terciopelo Azul (1986) que también devendría una especialidad de Lynch. Una buena conocedora del cine y mejor amiga me explicó cómo su obra se relaciona con Freud y con un texto que este psicoanalista de los sueños – precisamente – escribió en 1919, titulado Lo Siniestro. En él, Freud habla de cuando lo familiar y conocido se presenta como algo extraño e incluso terrorífico, a pesar de su cotidianidad. Terciopelo Azul empieza mostrando un barrio residencial estadounidense. Las flores del jardín, un grupo de escolares cruzando un paso de peatones, un señor regando el césped… Pero la manguera se le enreda en unas ramas, y cae al suelo fulminado. La cámara desciende y se hunde en la hierba mostrándonos unos escarabajos asquerosos peleando en el subsuelo. Las cosas feas que permanecen ocultas tras la apariencia de normalidad sin que reparemos en ellas. Y desde luego la trama, así como el repertorio de personajes, son bastante siniestros.

Eraserhead

Eraserhead (1977), o Cabeza Borradora, es la primera película de Lynch. Le costó mucho rodarla porque no encontraba quien se la produjese, y no les culpo porque es una locura, pero como locura onírica es visualmente fascinante. Lynch ya advertía al mundo de que su cine se situaría entre lo real y lo imaginado, haciendo que lo que vemos se refiera más a lo que siente el personaje protagonista frente a la realidad que a la realidad misma. En este caso el protagonista vive en un desolador paisaje industrial en blanco y negro, y fruto de su relación con una chica, ésta da a luz a… a algo. A nadie le gusta la situación, y el protagonista se evade de ella con el espectáculo de detrás del radiador de su cuarto. No pregunten, véanla.

Carretera Perdida, Mulholland Drive, Inland Empire.

Llegamos a la trilogía de la locura, el siniestro, la paranoia, las evasiones de una realidad terrible, las pesadillas, los sueños… y la “fábrica de los sueños”, es decir, Hollywood. Al menos dos de estas tres películas se sitúan en Los Angeles, y no es casualidad. Tratan de la fantasía cinematográfica de personajes relacionados con el cine dentro del propio cine. Ríanse de Matrix.

Carretera Perdida (1997) trata de una glamurosa pareja compuesta por un saxofonista y su esposa, que reciben unos sobres con cintas de vídeo. En ellos, primero aparece la casa en la que viven; por cierto, diseñada por el director, y que transmite opacidad, represión y locura. Después, aparece su puerta principal. Después, el interior de la casa… Nos adentramos poco a poco en la mente del protagonista, el saxofonista, y descubrimos qué es lo que ha hecho. Encontramos en ella las ideas de carretera y de evasión de la realidad, como en Corazón Salvaje, pero en una historia mucho más oscura y siniestra. De pronto, ocurre algo que resulta incomprensible si esperamos una historia convencional: el protagonista es otra persona literalmente, es decir, otro actor, en una situación distinta. Pero nada ha cambiado, porque no estamos frente a la realidad, sino frente al remake que una mente perturbada ha hecho de ella. Puede que no hayamos estado en ningún momento frente a la realidad desnuda. Por eso los personajes cambian, en todo o en parte, en una historia inventada a partir de retazos de la verdadera. ¿No les ha pasado que han soñado con una persona conocida pero con la cara y la identidad de otra persona distinta y aun así seguían haciendo como que era la primera?
En cuanto a la cuestión del tiempo, algo importante en las tres películas, es Carretera Perdida funciona como una cinta de Moebius en la que las caras son realidad y fantasía, o la vigilia y el sueño, y vamos circulando sin poder distinguirlas. Y digo circulando con toda la intención, porque efectivamente el tiempo es circular en la película. Es por esto que es una carretera perdida, porque ¿cómo escapas de ella? Sólo hay una forma.

En Mulholland Drive (2001) no es hasta el final que podemos reconstruir los hechos. La película, que no la historia, empieza con una joven actriz que acude a Los Angeles para triunfar en la gran pantalla. En casa de su tía, que le ha dejado el apartamento, se encuentra con una desconocida que sufre amnesia a causa de un accidente. Pero ocurren muchas cosas extrañas. Por ejemplo, ¿quién tiene un canguro boxeador en el jardín? Un hombre le explica al policía que ha tenido un sueño horrible que ocurría en la misma cafetería en la que se encuentran. Pero era de noche, aunque igual que el día, salvo por la luz. Lo sé, no tiene sentido. Alguien con un rostro aterrador ronda el local. Quién es el hombre que cuenta su sueño, por qué aparece contándolo, qué es esto tan aterrador y qué relación tiene con la protagonista es algo que sólo podremos entender al final, uniendo las piezas y descifrando las metáforas. Una vez más, estamos frente a una invención de una mente que quiere huir de algo espantoso. En los últimos quince minutos deberemos atar todos los cabos y resolver toda la simbología que durante la primera hora y 45 minutos hemos tomado por la realidad. Y no es que Lynch no nos avise desde el principio. Lo hace. Sólo hay que prestar atención desde el primer minuto.

También nos avisa al principio de Inland Empire (2006). Un vinilo que gira, otra vez el tiempo circular. Y los vinilos tienen una cara A y una cara B, y van de la periferia al centro. In-land. Estamos ante un mecanismo mucho más complejo que la cinta de moebius de Carretera Perdida. ¿De qué trata? Pues no sabría decirles exactamente. Supuestamente, de una afamada actriz de Hollywood y su compañero de reparto, que tienen un lío en la realidad y en la ficción. Ya empezamos con la disolución de las fronteras, sí. ¿Es ésta la historia real? ¿Es la protagonista la protagonista? ¿Existe la protagonista? Y si no existe, ¿quién la ha creado? ¿Cómo podemos llegar a saber a través de ella quién está detrás de toda esta fantasía? ¿Quién podría ser esta mariposa que sueña que es actriz de Hollywood y qué tiene que ver todo el asunto con Europa del Este? Igual que en el caso del saxofonista de Carretera Perdida – en cuya mente nos adentramos a través de las cintas de vídeo -, es en el interior donde subyace el hecho desencadenante de la fantasía/pesadilla.

Televisión: Rabbits, Twin Peaks (y Fuego Camina Conmigo)

En Inland Empire sabemos que alguien ve en la tele una extraña sitcom de una familia de conejos humanizados. Se trata de Rabbits (2002), una serie que Lynch hizo para internet. Los miembros de la familia de conejos tienen conversaciones que parecen carentes de sentido, con frases inconexas, pero unas absurdas risas enlatadas suenan a menudo. Cada vez que uno de los personajes entre en escena se oyen aplausos. No concuerda nada, y el siniestro se apodera de ti. La familia de conejos, que aparentemente habla sin sentido, se está refiriendo en realidad a un hecho terrible. La interpretaciones de esta serie pueden ser varias, aunque es cierto que se aprecia una cierta crítica a la sociedad del espectáculo, a la sociedad que ríe y aplaude sin sentido. De ahí que nos preguntemos ¿pero qué gracia se supone que tiene esto? Ninguna. Como muchas de las cosas de las que nos dicen que tenemos que reírnos.

Hemos dejado lo más importante para el final. Lynch creó la serie que reformularía las bases de la televisión con Twin Peaks (1990, 2017). Esta obra es la precursora de la oleada de series actuales de calidad cinematográfica, las cuales no podrían existir si David Lynch no hubiera otorgado a este medio la posibilidad de llegar a altas cotas de calidad estética y argumental. Es por esto que Twin Peaks es tan relevante para la historia audiovisual, y por lo que su regreso veintiséis años después ha causado tanto revuelo. La serie trata del asesinato de la joven Laura Palmer en el pueblo de Twin Peaks, y del agente especial del FBI Dale Cooper, enviado allí para resolverlo. En el opening aparecen, tanto en las dos temporadas de los 90 como en la recién estrenada, imágenes de una cascada, ubicada en el pueblo que da nombre a la serie. En la antigüedad se creía que el mundo plano acababa en una cascada de agua marina. Y desde luego Twin Peaks, en el Estado de Washington y muy cerca de la frontera con Canadá, se halla en el límite de lo conocido y lo desconocido, en la frontera entre el bien y el mal. Lo normal se mezcla con lo paranormal y todo se impregna de magia siniestra: los búhos, el leño de Lady Log, el bosque… El agente Cooper conseguirá responder a la pregunta “¿quién mató a Laura Palmer?” gracias en parte a un extraño sueño, una escena ya clásica de la historia de la televisión. Pero Lynch no quería que su serie fuera un simple whodunit, la simple resolución del misterio. Twin Peaks esconde mucho más. Si bien el crimen se resuelve a la mitad de la segunda temporada, la serie continúa hasta que el agente Cooper queda atrapado en el famoso cuarto de cortinas rojas y suelo decorado con zigzags, donde Laura Palmer le dice “nos veremos otra vez en 25 años. Mientras tanto…”. Así nos deja la segunda temporada, en un larguísimo cliffhanger. Cuando acabó la serie, Lynch hizo la película Fuego Camina Conmigo (1992), la precuela que cuenta los últimos días de Laura Palmer.

Más de 25 años después, Twin Peaks ha vuelto con todo lo que Lynch ha aprendido y evolucionado, especialmente con la gran trilogía de Hollywood. Pero es más Lynch que nunca. Cuando llevábamos unos pocos episodios, ya no dábamos abasto con preguntas, sorpresas, caras de estupor y risas extrañadas que nos provocó; porque el sentido del humor, aunque negro, está muy presente en la serie. Una de las diferencias respecto de las anteriores temporadas es que esta vez el mismo Lynch dirige los 18 episodios, con la ayuda del otro creador de la serie, Mark Frost. Es sin duda una serie nueva que ya no trata de Laura Palmer, sino del agente Cooper, aunque la tercera temporada sea indisoluble de las dos primeras. Y vamos mucho más allá del pequeño pueblo de montaña donde se originó todo. ¿O se originó en otra parte? La mitología de la serie se ha revelado mucho más compleja, y enraizada en los temores actuales de la sociedad, en un pugna moral entre el bien y el mal. Sirviéndose magistralmente de una poética visual y estética con una gran influencia pictórica – lo primero que quiso ser Lynch de niño era pintor – nos hace transitar por un experiencia audiovisual que no deja a nadie indiferente. Y que tiene de bella lo mismo que de terrorífica.

A pocos episodios del final, las piezas van encajando, o esto parece, pero no deja de sorprendernos. Y algo intuimos por la pregunta que le hace Monica Bellucci al agente Cole, interpretado por el mismo Lynch, en un sueño de éste. Se acerca el final, y todavía hay muchos interrogantes, pero sabemos que este director no tiene la costumbre de ofrecer respuestas facilonas. Lo que les puedo asegurar es que está siendo un placer intentar desentrañar los misterios y significados del universo Twin Peaks.

En conjunto, la obra de Lynch presenta muchas características bien definidas que le han dado al cineasta un adjetivo propio; algo es muy lynchiano, por surrealista, onírico, extraño… Estas características provienen de la mezcla de lo sucedido con lo que un personaje se imagina o sueña, dándole a todo un marcado acento surrealista. Lo siniestro es lo que nos avisa de que algo va muy mal. Además de evitar la narración lineal, el cine de Lynch tiene también la característica de dejar que todos los sonidos e imágenes aporten a la historia. Por esto Lynch es Cine en mayúsculas, porque aprovecha el medio cinematográfico plenamente en lugar de convertirlo en una mera forma de explicar mediante imágenes en movimiento. Lynch hace que la cabeza trabaje para construir una narración a partir de las sensaciones estéticas que provoca. No se lo pierdan.

Studio Ghibli y largometrajes anime: una guía de visionado.

Poco a poco, las películas de Studio Ghibli han ido creando fans en España. Crean un universo bello, imaginativo, con personajes maravillosos y con modelos femeninos más interesantes que los de Disney. Sus obras también son excepcionales en Japón, donde la inmensa mayoría de los largometrajes de animación son obras de consumo fácil, vinculadas al manga y a series de televisión, aunque gracias a la influencia de Ghibli han surgido otras películas en la misma línea, de éxito y calidad variable.

No todas las películas de Studio Ghibli están pensadas para el mismo tipo de público ni son adecuadas para niños pequeños. Voy a comentar todas las de Ghibli y todas los largometrajes japoneses de animación que me parece que resisten la comparación, por orden de grupo de edad al que van dirigidas. Dentro de cada grupo de edad, las ordeno según me gustan más o menos. Están dirigidas por Hayao Miyazaki mientras no diga lo contrario. Las que tienen asteriscos no son de Studio Ghibli.

Películas para preescolares:

totoroMi Vecino Totoro.

Ponyo en el acantilado (2008): El remake feminista de La Sirenita. En el cuento original no sobrevive a salir del agua y se convierte en espíritu del aire, con un príncipe bastante egoísta y bobo. En Disney, el amor es la entrega absoluta, pero eso sí, ganas al príncipe y te quedas el reino. Studio Ghibli presenta otra visión, con un niño encantador que sabe lo que es amar mucho mejor que todos los príncipes azules. Y con Ponyo, una sirenita maravillosa. Una película de verdad, de verdad, para todas las edades.

Mi vecino Totoro (1988): Olvida los mensajes didácticos y la “educación en valores” (que la hay, y mucha). Una fantasía pequeña, preciosa, sobre cosas que dan miedo pero al final salen bien. Por eso me parece buena para niños pequeños: ¿habrá algo que dé más miedo que una enfermedad de tu madre?

Películas infantiles pero con algo más de complicación:

wolf-childrenLos niños lobo.

El viaje de Chihiro (2001): Lo que me gustaría que inspirase el próximo siglo de cine infantil. Perfecta, redonda.

La princesa Mononoke (1997): Puede que el principio le dé miedo a niños pequeños. Una maravilla sin comparación con nada.

Porco Rosso (1992): Puede ser una buena introducción al cine bélico clásico y a las guerras mundiales porque es accesible a niños muy pequeños. Admite muchos visionados porque la entenderán mejor según crezcan.

El Castillo ambulante de Howl (2004): En la línea de fantasía de Chihiro y Mononoke, pero un poco más sombría.

El Castillo en el cielo (1986): una fantasía algo absurda en la que destaca la primera de las “Ancianas Ghibli que parece que van a ser malas pero luego resulta que no”, la abuela pirata.

Los niños lobo*** (Mamoru Hosoda, 2012): Un cuento tan triste a ratos, que parece de Takahata: la historia de una mujer humana cuyos hijos son niños-lobo. Una historia muy bonita. Fuera de Ghibli, de lo más adecuado para menores de diez-doce años.

El cuento de la princesa Kaguya (Takahata, 2013): estéticamente preciosa, dividida en dos mitades, la primera más divertida y la segunda más melancólica.

Arietty y los diminutos (Hiromasa Yonebayashi, 2010): Los Diminutos están en la misma situación que los tanukis: viven en los cimientos de una casa y dejan de tener una vida tranquila. En lugar de usar animalitos o un bosque, esta vez el mensaje ecológico es una metáfora con seres imaginarios.

El niño y la bestia*** (Hosoda, 2015): Chihiro + Karate Kid = Esto. Muy entretenida y a un nivel imaginativo y de calidad muy alto.

Pompoko (Isao Takahata, 1994): La película más divertida de su director. Los protagonistas son “tanukis”, un animal japonés de aspecto similar a un perro o un mapache. En el folklore se dice que son listos y pueden transformarse en cualquier cosa, sobre todo en personas, y los tanukis protagonistas usan ese poder para intentar impedir que se urbanice el bosque donde viven. Es una de las películas con mensaje conservacionista más claro.

Kiki’s Delivery Service (Kiki, aprendiz de bruja) (1989): Flojea un poquito, aunque tiene el encanto de todas las historias de aprendices de brujos y brujas, niños solos que se las apañan en el mundo adulto…

Cuentos de Terramar (2006): La única película de Ghibli de la que he visto malas críticas, pero se deja ver.

Películas adecuadas para preadolescentes y jóvenes: Seguramente habrá niños que disfruten de estas películas. No es que tengan contenido inadecuado, ya que son casi todas bastante blanditas, sino que no están hechas con niños pequeños en mente.

nausicaaNausicaa del valle del viento.

Nausicaa del valle del viento (1984). El mensaje ecologista tan frecuente en Ghibli está mezclado aquí con un ambiente postapocalíptico.

Tokyo Godfathers*** (Satoshi Kon, 2003): una pequeña maravilla: la aventura navideña de tres personajes callejeros intentando localizar a los padres de un bebé abandonado. Toca algunos temas duros (empezando por el abandono de la niña). No tiene elemento sobrenatural, pero se basa mucho en la idea de las coincidencias y casualidades.

La tumba de las luciérnagas (Takahata, 1988): probablemente la película más famosa de Takahata. No sé si pasará en más sitios, pero mis alumnos llegan a una edad, a la altura de 2º o 3º de ESO, en la que se obsesionan con la Segunda Guerra Mundial. Es algo “guay”, es la guerra más importante que conocen y quizá la mayor de la historia, Hitler tiene tintes de villano de cómic… esta es una película que puede educar sobre cómo son las guerras de verdad.

La colina de la amapola (Goro Miyazaki, 2011): Quizá la mejor de las tres historias de instituto. Uno de sus sub-argumentos tiene que ver con el conservacionismo… urbano: el instituto lucha contra la demolición del viejo edificio que usan para alojar sus clubs y asociaciones juveniles.

La chica que saltaba a través del tiempo*** (Hosoda, 2006): Lo mejor de las historias costumbristas de instituto con un añadido sobrenatural cuando una chica descubre que puede viajar en el tiempo a momentos anteriores de su vida. Para los acostumbrados a Ghibli, la heroína puede ser un poco irritante: más pasiva, más dependiente, más… tonta. A pesar de ello es una película bonita.

Summer Wars*** (Hosoda, 2009): El “Juegos de Guerra” de esta generación. En serio, si de pequeño te gustó Juegos de Guerra haz un programa doble con niños, pizzas y palomitas. Aquí el malo en vez de ser la política internacional son los virus y el robo de datos personales. Tiene su historia sentimental con adolescentes que se hacen amigos o se enamoran, su encantador Japón rural, su drama familiar de fondo…

Puedo escuchar el mar (Tomomi Mochizuki, 1993), Susurros del corazón (Yoshifumi Kondo, 1995): Historias sencillas y realistas de amor adolescente.

Haru en el reino de los gatos (Hiroyuki Morita, 2002): el contrapunto de fantasía al costumbrismo de Susurros del corazón: la película del cuento que escribe la chica protagonista de Susurros.  Puede ser infantil pero tiene algo más de sentido si hemos visto Susurros primero.

Cuando Marnie estuvo allí / El recuerdo de Marnie (Hiromasa Yonebayashi, 2014): Con un punto de partida frecuente en Ghibli, la mudanza de una niña de ciudad a un pueblo, se cuenta una historia un poco triste paralela a cómo la chica se integra. Menos original que otras de la productora.

Películas de temática adulta: Si son adecuadas para adolescentes ya es cuestión de la madurez y los gustos de cada uno.

paprikaUna escena onírica de Paprika.

El viento se levanta (Miyazaki, 2013): La biografía de un ingeniero que diseñó los principales avances aeronáuticos japoneses para la Segunda Guerra Mundial. Se trata de pasada el conflicto ético que ello supone; Jiro Horikoshi era un técnico que quería hacer máquinas voladoras bellas, y tras la guerra continuó, de hecho, haciendo aviones de transporte civil. Lo que la hace menos adecuada para niños que Porco Rosso o incluso La Tumba de las Luciérnagas es su ritmo muy lento y la inserción de una historia de amor que al principio es lenta, frenando la acción principal, y luego se vuelve muy triste.

Mis vecinos los Yamada (Tahakata, 1999): Para mí, muy divertida aunque con un humor muy peculiar que va de lo ridículo a lo surrealista con muchas dosis de costumbrismo. Los Yamada son una especie de Simpsons japoneses, metidos en aventuras como perder a su niña pequeña en el supermercado o protestar porque la madre siempre pone lo mismo para cenar.

Paprika*** (Satoshi Kon, 2006): Con un argumento que es casi una excusa (un invento para grabar sueños sale mal cuando un error permite entrar en la conciencia de los usuarios) se crea una obra con una estética bellísima y un desarrollo muy original. Para gente sensible a estos temas aviso que hay violencia sexual hacia personas inconscientes.

Ghost in the Shell*** (Mamoru Oshii, 1995): Para hacer un programa doble, o triple, con Blade Runner y Matrix. Acción, ciencia ficción, reflexiones filosóficas sobre la inteligencia artificial y el poder de la tecnología para controlar nuestras vidas… Tiene un modo de contar más anticuado (o menos occidentalizado) que las demás películas de esta lista, se nota diferente, pero la incluyo porque sigue siendo buenísima.

Recuerdos del ayer (Takahata, 1991): Me han contado que hay muchos japoneses urbanos que pasan sus vacaciones en la zona rural de donde sea originalmente su familia, y allí trabajan en el campo. Un poco por recuperar sus raíces o por patriotismo, para mejorar la productividad de la zona. Esta es la historia de una mujer que sigue esta costumbre y se enfrenta a sus recuerdos de infancia y a la posibilidad de tener una relación amorosa. Una historia costumbrista, bonita, completamente pensada para público adulto, pero muy tierna.

Millenium Actress*** (Kon, 2001): Quizá la más confusa de las películas del director, parte de una entrevista a una ficticia actriz,  ya anciana, y sirve para repasar la historia de Japón, a través de su vida y de sus películas.

Si he contado bien, son veintinueve películas. ¿Cómo redondearías hasta treinta?

In Time (Andrew Niccol, 2011)

Género: Ciencia ficción. Distopia. Acción.

Idioma original: Inglés USA.

Argumento: La unidad de intercambio económico es el tiempo. Todo el mundo tiene una cuenta atrás en la muñeca desde que cumplen 25 años. Los ricos viven siglos, y los pobres mueren en uno o dos años. La vida del protagonista cambia después de una conversación con un centenario.

Cumple el Test de Bechdel: No. Hay varios personajes femeninos pero no hablan entre sí. Todos los personajes femeninos siempre se dirigen a un hombre.

Violencia sexual: Nada. Eso sí, la heroína se enamora de su secuestrador.

Otras formas de violencia: Tiroteos, muertes. Se retrata gráficamente que la pobreza mata.

Usos en educación secundaria: en segundo ciclo de la ESO. Muestra una visión anticapitalista de la justicia social sin pasarse, en un argumento con mucha acción.