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Entrevista a Galicia Méndez, limpiadora

La limpieza profesional une cuestiones centrales al feminismo: los cuidados y las condiciones de trabajo de los empleos típicamente femeninos. Muchas mujeres limpian casas para que otras tengan tiempo de trabajar fuera. Muchas mujeres limpian nuestros lugares de trabajo para que los demás tengamos un ambiente higiénico. Son la base misma del sistema productivo, y a pesar de ello su trabajo se considera fácil, “no cualificado”. La falta de formación oficial es sintomática de este desprecio; la LOMCE ha creado una Formación Profesional Básica, un título muy elemental, para estudiantes que por sus circunstancias no van a superar la ESO. Hasta la creación de este grado básico, que no voy a analizar ahora, no existía formación oficial dedicada a la limpieza, ni siquiera a la limpieza industrial (que ahora veremos qué es). Esto, en un país que busca que el sistema educativo incluya todas las habilidades que un joven puede necesitar. Se ve que se saber limpiar o llevar una casa no es tan importante.

Hoy entrevistamos a Galicia Méndez, que es limpiadora y lucha por los derechos de estas profesionales.

Galicia retrato Cesar Viteri MultimaniacoGalicia fotografiada por César Viteri.

¿Qué tipos de limpieza has hecho? Casas, oficinas, hoteles….
​He trabajado en casas, de manera intermitente. Las mujeres de mi familia han tocado varios palos más, pero yo he tenido suerte y no he tenido que moverme mucho de los trabajos.​

¿Cómo has estado contratada? “En negro”, en plantilla, subcontrata, autónoma…
​He trabajado en negro y, actualmente por suerte, con contrato. Establecerte como autónoma es un suicidio, pero las empresas de limpieza tampoco es que sean mejores. ​En casa, como he dicho, varias de mis familiares trabajan en el sector o han trabajado en él. Las subcontratas cumplen la ley a rajatabla, pero ni te renuevan ni te tratan como una persona. Las empresas de limpieza, depende. Ambas tienen en común que explotan a los trabajadores de una manera bestial. Te dan un tiempo para limpiar el sitio, esté como esté. Por supuesto, las condiciones laborales son de risa y cuando entras a trabajar y te pones el mono o bata dejas de ser un humano. Por ponerte un ejemplo, en Murcia en un edificio estatal en pleno verano se apagaba el aire acondicionado cuando se iban los funcionarios “porque no quedaba personal”. Los de la limpieza no son personal. Es verdad que cotizas, pero ni te reconocen enfermedades profesionales ni tienes casi ningún derecho. En las casas el rollo es más duro, porque si quieres cotizar “te lo pagas tú” y punto pelota. Por supuesto, las vacaciones pagadas son un lujo del que casi ninguna trabajadora dispone y yo, que tengo encima dos pagas extra, soy como la persona más afortunada de España. Mi jefe no solo cumple el convenio, lo mejora en bastantes ocasiones. Otra cosa es la limpieza industrial (donde, curiosamente, el porcentaje de hombres es mayor). Aquí me apunta una familiar que ha trabajado en el ramo que los hombres de la limpieza industrial suelen tener siempre puestos de “más responsabilidad” y cobran más. No sé, casualidad.

¿A qué se llama limpieza industrial y qué la diferencia del resto?

La limpieza industrial es la que se produce, valga la redundancia, en la industria. Consiste desde la limpieza profunda de fábricas hasta la descontaminación en centrales nucleares. ​Es un trabajo copado por hombres, mucho más cualificado y mejor pagado. Si vas a páginas web en las que se ofrecen este tipo de servicios, todas las fotos son de señores muy profesionales haciendo cosas muy importantes. Limpiar una casa, un gimnasio o un colegio, sin embargo, es un trabajo poco adecuado para hombres, que sólo trabajan en puestos de mantenimiento como conserje. Es otro techo de cristal. Las mujeres en la casa, los hombres en la industria.

limpieza industrial

limpieza doméstica

limpieza profesionalUna búsqueda Google revela que la limpieza industrial la hacen hombres concentrados, la limpieza doméstica mujeres sonrientes, y la limpieza profesional, guantes de goma sin cuerpo.

¿Cuáles son las enfermedades profesionales más habituales? ¿Alguna vez se reconocen?
​Por ejemplo, el síndrome del túnel carpiano que ahora está empezando a ser reconocido aunque creo que todavía no entra dentro del grupo de profesiones que “pueden causarlo” y no sé si en el grupo de limpiadoras de hogar se ha reconocido. ​

​También enfermedades relacionadas con el aparato respiratorio, dermatitis y diferentes problemas con la piel, sobre todo la de las manos. Aunque uses guantes es una exposición continua y un riesgo que está ahí. Sé que es una anécdota viejísima y que ahora, por fortuna, ya no se produce este problema, pero es mítico lo de las lavanderas ciegas por las emanaciones de lejía. Mi tatarabuela era lavandera. Te puedes imaginar que la vista no la tenía bien, precisamente.

¿Qué tipos de trabajo te gustan más y menos? ¿Cuáles son sus ventajas e inconvenientes?
​A mí me encanta mi trabajo en general. Me gusta mucho ser minuciosa, y limpiar me ayuda a ordenar la cabeza. Lo que más odio es limpiar los cristales porque tengo muchísimos metros cuadrados de cristales por limpiar. Me gusta trabajar en casas porque te proporciona un ambiente seguro, sueles estar sola y el trabajo es bastante rutinario. Eso me permite ser mucho más cuidadosa con los detalles. Trabajar en oficinas o para empresas de limpieza no me dejaría nada de tiempo para serlo y además me tendría que enfrentar a los escuadrones de cotilleo (que no llevo nada, pero nada bien). Quizás lo que más me entretiene es ordenar. Cada vez que tengo ocasión me meto en el vestidor de mis jefes y lo reordeno. Si tengo un mal día, corro un poco con lo demás y me pongo a ordenar. Me viene de fábula.

¿Crees que tus jefes asumen que limpiar está necesariamente asociado a más tareas, como por ejemplo cuidar niños? Si es así, ¿qué tareas te han pedido o han supuesto?
​¡Mis jefes me contrataron para más cosas! La limpieza me ocupa una buena porción de la jornada pero también hago la compra (y no, no es solamente meter cosas en un cesto y luego pagar por ellas), cocino si me lo piden, arreglo cosillas eléctricas e informáticas (soy una maga), coso, me ocupo de pequeños recados y de coordinar que la casa esté perfectamente en todo momento. Pero esto quedó claro en el momento en el que acordamos las condiciones del trabajo. Nunca me han pedido nada que me pudiera ocasionar incomodidad y son muy cuidadosos con mi horario y la carga de trabajo. Me consta que no siempre es así, y que se asume de manera genérica que limpieza y cuidado de menores o dependientes es un pack indivisible. Tengo constancia de muchos casos en los que delegan en la limpiadora cuidado de personas dependientes o de bebés porque “total, no dan mucho la vara y se pueden manejar las dos cosas”. Muchas veces nos extralimitamos en lo que deberían ser nuestras funciones y nos transformamos en cuidadoras, enfermeras, cocineras, niñeras… Y no lo hacemos por amor a la profesión. Es que no hay otra; o te adaptas o te hundes en la mierda. ¿Y eso se paga? No. No podemos ser el sostén de una sociedad que va tan deprisa para producir que necesita explotar al tejido social más desprotegido para seguir su huida hacia el rendimiento máximo. Y normalmente este trabajo, además, es en negro. Conozco un caso concreto de una mujer con un riesgo de exclusión tremendo que está trabajando cuidando a un anciano y hace tareas del hogar porque el anciano no se mueve y la familia cree que si no hace algo más están tirando el dinero. Por supuesto, le pagan una miseria y está en negro. Limpia la casa, asea al anciano, le da de comer, lo acuesta y, además, le hace compañía. Todo esto sin tener conocimientos geriátricos ni herramientas ni fuerza para hacerlo. Pero claro, es lo que hay.

¿Crees que es necesaria formación específica? ¿De qué tipo?
​Sí, lo creo. Hace falta conocer normas de seguridad en el hogar, no en vano es el lugar en el que más accidentes ocurren. Hace falta saber planchar (tender la ropa muy estirada no sirve), un poco de cocina española (especifico porque muchas inmigrantes saben cocinar pero nada de la comida típica de aquí y eso es un problema), hace falta saber organizar el trabajo y las tareas. Saber cómo planificar las tareas y estimar qué tiempo te van a llevar es crucial. Cómo realizar correctamente la limpieza para no comprometer la salud de nadie. Parece que nos olvidamos que en este trabajo se higieniza el hogar y de ello depende la salud de los que viven en él. También hacer pequeñas reparaciones puede ser un plus.Sé que quizás parece una tontería que pongan en el proyecto de FPB de servicio doméstico que aprender a usar la lavadora entra en el temario, pero es que poner una lavadora en “automático” no es saber lavar. Las sábanas blancas deben quedar blancas, y según el tejido tienen un programa específico u otro. Hay pantalones de mi jefe que tengo que lavar aparte. Y también tienes que saber lavar a mano, y qué cosas se lavan en seco, porque si no igual le jodes una colada a tu empleador y eso significa un montón de pasta tirada a la basura. Por supuesto, aprenderte tus derechos y deberes como trabajador. Eso me parece vital. Un amigo abogado está empezando en el campo laboral ahora mismo y todos sus casos son de mujeres empleadas en el hogar a las que han intentado estafar.

Has dicho alguna vez que limpiar es “el acto más subversivo y feminista que puedes hacer”. ¿Por qué?
​Sí. Lo estuve pensando mucho cuando lo retomé. He estado trabajando de muchas cosas diferentes relacionadas con la comunicación pero volví, por cuestiones personales, a la limpieza, y lo viví como un fracaso. Era como un talento perdido pero sin el como. ​Mi madre, mi abuela, mi bisabuela, mi tatarabuela… Todas habían trabajado o trabajan en la limpieza y yo pensaba que iba a romper ese círculo, que iba a tener reconocimiento social. Y empezaron los compadecimientos “al menos es un trabajo” “bueno, podrías estar peor”. Hasta que me harté, porque me encontré a mí misma dando explicaciones sobre que no era una sierva. He usado todos los conocimientos que nos dan para ser la esposa perfecta para darle una patada en el culo a todo. Soy una mujer independiente, con un trabajo estable. Soy una persona a la que sus empleadores respetan y escuchan. Hago un trabajo que permite a otras personas vivir cómodamente y a mí tener independencia. El feminismo, o al menos esa es mi percepción, ha huido del trabajo doméstico por todo la historia de explotación de la que proviene, pero es un error. Este es un sector eminentemente femenino, invisibilizado. A mi madre la han cortado en una conversación sobre trabajo para mentir sobre su puesto y decir que era administrativa porque les daba vergüenza que dijera que era limpiadora. Mi madre, una señora que se moviliza dos casas completas y encima estudia cuando puede.  Yo no voy a dejar que nadie me diga eso. No voy a dejar que nadie me trate como una esclava cuando soy más libre de lo que él se pueda imaginar. Soy mujer, obrera, limpio y soy feminista. Y todo lo que nos han enseñado para ser oprimidas ahora lo vamos a usar para romper las cadenas que nos oprimen.  A mí es que siempre me ha gustado combatir el fuego con fuego.

Es decir, que si te entiendo bien lo liberador y feminista no es tanto limpiar como dignificarlo como profesión, ¿es así?
​Este es un trabajo tradicionalmente denostado. Somos sirvientas, sólo tienes que ver “Los Santos Inocentes” para ver lo que era servir en una casa de ricos. Ahora de manera más sibilina somos igualmente despreciadas. Y creo que es feminista reclamar la pasta que nos corresponde por hacer este trabajo que hemos hecho tanto en nuestra casa como en las ajenas  a cambio de lo mínimo o gratis. ​

Hay quien dice que no debería haber trabajo doméstico porque cada uno debería ir recogiendo lo que tira; es decir que su posible indignidad viene de la falta de higiene u organización de los usuarios. ¿Qué opinas de esto?
​Que es una tontería como una casa que viene de la imagen del señorito y la criada. El trabajo doméstico es necesario en muchas casas porque permiten a los integrantes desocuparse de tareas vitales. Es como si yo dijera que coser es una indignidad porque todos deberían saber hacer las prendas con las que se visten o que todo el mundo debería saber arreglar su coche o su ordenador. El hecho es que el dinero compra tiempo a través de los servicios. Nosotros tenemos ocio porque subcontratamos servicios a otras personas. ¿Que puedes ocuparte de tu casa? Seguro. ¿Te renta en términos de tiempo y preocupación? Quizás no. Eso tampoco quiere decir que dejes todo por ahí ni que trates a la limpiadora como una esclava pero es un punto que tampoco me sorprende en un mundo en el que sigue existiendo personas que se piensan que los camareros o las dependientas son sus sirvientes porque él es el consumidor.

¿Y la viabilidad económica? Al fin y al cabo, una familia con sueldos medianos no puede pagar un buen sueldo a su vez.
Acabas de dar con el motivo por el que la profesión del servicio doméstico no tiene mejores condiciones. ¿Te imaginas lo que pasaría si todas las personas que están trabajando en servicio doméstico estuvieran con el contrato que les corresponde? Muchas familias tendrían problemas para gestionar su vida. Ahora mismo el tema es viable económicamente porque siempre hay alguien que lo hace más barato, más en negro y más deprisa. La limpieza doméstica es un paradigma del liberalismo más salvaje. Aquí, mariquita el último. Y eso que las condiciones son de risa: 400 euros, 6h, sin contrato, sin vacaciones, sin bajas para limpiar la casa (planchar, hacer la comida) y el negocio. Y llega alguien y te lo hace. Porque lo están haciendo. Claro que son perfiles al borde de la exclusión social; es eso o el Caos. Mujeres que se divorcian y se quedan en la nada después de haber estado criando a los hijos, mujeres viudas, con maridos problemáticos, inmigrantes o, simplemente, pobres. Y claro, 400 euros es mejor que 0 euros. O sea, que la viabilidad económica bien. Las clases medias están sajando bien al lumpen para seguir viviendo su idilio de hipotecas y vacaciones en la sierra.

¿Qué solución ves a este conflicto de intereses, concretamente con la limpieza doméstica, que es mucho más difícil de inspeccionar que en negocios? ¿Qué dice el convenio? ¿Qué crees que es lo más justo? Pienso también en las familias que no quieren una empleada sino sólo unas horas en semana.
​Nosotras somos el único colectivo que a pesar de tener un trabajo por cuenta ajena no cotizamos para tener derecho a subsidio por desempleo. Somos como una especie de falsas autónomas pero en legal, tenemos el privilegio -y digo privilegio porque se ha conseguido hace apenas unos años- de tener asistencia sanitaria pública, baja por maternidad, accidente y enfermedad. Además, cotizamos para tener una (mierda de) pensión en el futuro. ​

​La ley contempla que es el empleador el que debe dar de alta al empleado. El convenio es bastante confuso para mí, que no soy especialista, y tengo la suerte de tener un único empleador, por lo que me quito de bastantes problemas. ¿La solución para evitar las irregularidades? La solución no pasa por apretar a nuestro colectivo. Pasa por asegurar más derechos y una mejor Justicia para nosotras. El problema básico es que la mayoría de limpiadoras de hogar están en una situación que raya la exclusión social y aunque entiendo que estamos en un sistema que prima la producción fuera de casa, es inmoral aprovechar la falta de papeles, la falta de pasta o una situación familiar jodida para que la chica que viene a tu casa se ajuste a tu presupuesto. ¿Qué se necesita? Que puedas denunciar sin miedo, que puedas dejar de sentir miedo porque no tienes papeles y te van a deportar si denuncias tus condiciones. Que las mujeres se organicen como se hace en el sector de limpieza pública que copan grandes empresas y se hace necesario presionar al conjunto de la sociedad para que se reconozcan los derechos básicos que tenemos. No se pide más.

¿Cuáles crees que son las mayores necesidades laborales de las limpiadoras en España?
​Derechos laborales. En esas dos palabras se resume casi todo lo necesario. Y por supuesto, visibilización. Si estás limpiando en una oficina, en una casa o en donde sea, si sacas a tu familia adelante con ese dinero sudando cada euro tienes toda mi admiración. ​Para mí, las limpiadoras son heroínas con bata.

¿Y se te ocurre el modo de conseguir mejores derechos laborales?
​En dos palabras: ORGA​NIZACIÓN SINDICAL

El descanso de la clase obrera, y sus jueces.

La sociedad victoriana mantuvo un intenso debate social acerca del descanso dominical, que tuvo dos vertientes fundamentales. La socialista y obrera estaba a favor de un aumento del tiempo libre y una reducción de la jornada laboral, contra la voluntad, por supuesto, de los empresarios y de la clase media. Las jornadas industriales eran muy largas: doce horas, seis días a la semana era corriente. Las más largas eran las del servicio doméstico: unas quince horas diarias, seis días en semana, y medio día los domingos. No todo el mundo tenía jornadas tan largas pero el fin de semana de dos días no era la norma.

El debate en la clase media no era si las jornadas eran largas o cortas, sino qué era adecuado hacer en el tiempo libre. Aquí nos encontramos a Charles Dickens, que en sus escritos periodísticos tomó partido en varias ocasiones. A Dickens  no le interesaba demasiado el derecho al descanso laboral, que presuponía, sino el libre disfrute del tiempo de ocio. Cuando este autor escribía (1830-70) existía una opinión dominante, la de los sabbatarians, un nombre derivado del nombre hebreo del sábado (Sabbat). Éstos eran cristianos, normalmente protestantes evangélicos, que hacían una interpretación muy restrictiva de la norma religiosa y pensaban que el domingo tenía que cerrar todo. Era aún pronto para que alguien pensara en garantizar el descanso de los trabajadores de la incipiente industria del ocio, y ese no era el motor de los sabbatarians, sino obligar a la gente a ir a misa porque literalmente no habría nada más que hacer. O vas a misa o te quedas en casa. Además, consideraban que muchas diversiones eran pecado, siempre o en el Día del Señor. El sabbatarianismo tenía cierto arraigo a mediados del siglo XIX, y en otros novelistas, como Anne Brontë, leemos que había incluso gente que iba a la iglesia mañana y tarde.

¿Qué podía hacer la mayor parte de la población un domingo por la tarde? En los pueblos, era fácil ir al campo y llevarte un picnic, si hacía sol. En ciudad, necesitabas un parque público en tu barrio, algo que no era habitual: los bloques de pisos iban comiendo terreno a campo que nunca había sido muy acogedor. De hecho, los parques públicos nacen a menudo como parte del altruismo de las clases altas que donan todo o parte del jardín de una mansión, para que los pobres disfruten de un poco de verde. Lo mismo tienes el Parque de María Luisa en Sevilla que el Duthie Park en Aberdeen.

¿Y si llueve? Había pubs, que servían alcohol. Los restaurantes eran más bien para ricos, y una hostelería del placer, que no fuera parte de las necesidades de los viajeros, estaba casi recién inventada. Dickens escribió sobre la necesidad de  crear un término medio entre el pub y el restaurante caro, para los obreros. Cuando la gente de cualquier clase social quedaba con sus amigos, casi siempre era en sus casas. Las fiestas eran a menudo bailes.

También estaba el teatro, que iba desde las obras clásicas a las modernas (normalmente muy populares y de no demasiada calidad literaria) y el teatro de variedades. A la ópera iban los ricos, y a las operetas, pantomimas y musicales iba todo el mundo.

Sobre el ocio de la clase obrera, Dickens veía con acierto que era una cuestión de lucha de clases. Los ricos podían hacer fiestas, estar en sus jardines, ir al campo en coche de caballos, leer libros, sentarse al piano, aunque alguna madre severa indicara que la lectura y la música deberían ser de temas religiosos o como mínimo serios. Los obreros no tenían nada de todo esto: un par de horas en la iglesia, y el resto del día mano sobre mano. Por eso le parecía que mantener parques públicos, pubs, y otros entretenimientos obreros abiertos en domingo era una necesidad urgente.

Siglo y medio más tarde, supuestamente con jornadas más cortas, aún debatimos sobre qué es ético que hagan los demás con su descanso. Concentrémonos en alargarlo. Todo lo demás es sabatarianismo.

¿Cómo nació tu conciencia de clase?

Ciclo Cocina Aguilar y CanoMis alumnos del Ciclo de Grado Medio de Cocina, curso 2008-2009, en clase. Menú inglés de pechugas de pollo en salsa y tarta de manzana.

Hace unos días, planteé en twitter que a pesar de la existencia de la “salida del armario” o toma de conciencia casi ya como género narrativo, conozco poquísimas historias personales sobre el nacimiento de la conciencia de clase o el pensamiento de izquierdas. A continuación tuve una verdadera avalancha de respuestas, lo que demuestra que en realidad sí hay ganas de hablar de este tema, sólo que es necesario tener una comunidad receptiva con la que compartirlos, algo que facilite el diálogo más que el simple recitado de una confesión pública. El estado anterior a la toma de conciencia es en unos casos de opresión, y en otros de ignorancia de ser beneficiario de injusticias, pero en ninguna de las personas que me contaron su anécdota me pareció ver algo tan feo como culpabilidad o exhibicionismo.

Hay afortunados que nacieron así. Les viene de familia.

@pradagast: Ah, ¿pero con eso no se nace? ;P

La trini: Me viene de familia de izquierdas y de viajar.

@juliolxxix: Creo que de siempre. Mis padres me inculcaron que eran clase trabajadora, y no eran fontaneros ni obreros en sí, sino ingeniero y maestra.

@mjdelrio: cuando entendí el trabajo de mi madre en el sindicato.

@twistedpalo: cuando vi de niña a mi padre en la portada de El País encabezando una mani en una huelga y me explicaron que no era por ser famoso.

Algunos comentan que su conciencia de clase nació en el propio twitter:

@txuseta: cuando me hice twitter y empecé a seguir a gente de izquierdas. mi entorno no era conservador, pero no se hacía preguntas.

@alrucco: Unas cuantas cuentas de twitter me dieron la “teoría”, digamos. Mi padre albañil trabajando para mi tío empresario me dio un ejemplo práctico cercano.

@miquintopino: Cuando me hice una cuenta en tuiter y empecé a leer a la gente correcta. Yo siempre he sido de izquierdas, pero la conciencia de clase vino después, leyendo. Añade @chachenaguer: Casi como yo, hoyga.

@isarya: Leyéndoos a algunas y trabajando de recepcionista en una clínica privada en el barrio de Salamanca. Ha sido más por leeros. La gente suele ser educada, lo noto más en el trato que da la clínica a según qué personas.

@akisuki: Cuando comencé a leer; de ahí pasé a una mayor información y lucidez.

El primer empleo, a veces en condiciones muy precarias, es un maestro concienciador:

@solserpiente: Cogiendo cebollas a los 17 años para ganar cuatro cuartos. No me hacía falta para comer, pero aprendí mucho de mi lugar en el mundo.

@Morlock71: Cuando con 13 años comencé a trabajar para compaginarlo con los estudios. Fue de camarero, en un restaurante al lado de casa. Tras acabar octavo, comencé ese verano. Luego fui empalmando curros diversos. Con el instituto logré compaginarlo con un taller de reparación de lavadoras y frigoríficos. Así hasta los 17. Tuve la suerte de poder seguir estudiando, pero muchos compañeros de clase se quedaron en la obra o se fueron a la mili.

@El_Taquillero: a veces te viene en la “genética”. Pero sobre todo, cuando empiezas a currar. En mi caso a los 16.

Trabajar en ambientes donde se hace más patente la desigualdad, como la citada Isarya, ilumina mucho. Para varias personas de origen desahogado, conocer a otras con peor situación económica despertó una solidaridad que se convirtió en conciencia de clase obrera, o en una conciencia de una injusticia contra la que luchar. Mi historia, que ya he contado antes, es de este tipo.

@ayquemal: Vengo de familia de izquierdas y mis libros de BUP estaban llenos de hoces y martillitos, pero tomé conciencia cuando dejé la carrera a la mitad y empecé a currar repartiendo publicidad. Yo, desde mi atalaya de niña rebeldita de clase media, lo consideraba algo temporal, no así la mayoría de mis compañeras, de familias humildes y muchas solo con el graduado. Me hizo bajar de las nubes y darme cuenta de que como ellas, yo también era una obrera. Así que en crisis pero sin traumas desde 1999. Me parece muy significativo que muchos tomamos conciencia cuando salimos de las cuatro paredes del espejismo de la clase media.

@ayala3001: Cuando pregunté a mis padres si con el sueldo que pagaban a la mujer que nos limpiaba la casa, ella podía pagar a alguien que le limpiara la casa. Entonces tomé conciencia de que yo era de clase burguesa y de que había una injusticia evidente en ello. Cuando estudiaba me empeñé en currar de verdad en verano. Estuve en cadena de montaje de otra fábrica, mi padre no lo entendía bien pero me venía a buscar en su Mercedes, y  yo le pedía que aparcara lejos para que mis compañeros no vieran el coche. Muy surrealista…

@antoniomaestre: Con 18 años, me fui a trabajar con mi padre. Quemaba pelos de caretas de cerdo con un soplete. Sustituía a un hombre que llevaba 20 años haciendo ese trabajo, 10 horas diarias, cada día. No imaginé esas condiciones de trabajo para una vida.

@NicolasaQM: yo fui al instituto con otras 4 personas de mi clase de 8° EGB. Éramos 105 en ese curso. Vivía en ese barrio, obrero no, lo siguiente, porque mis padres se trasladaron a él como parte de su acción política.

En algunos casos se sintió el clasismo de los demás, la desigualdad, o no tener necesidades cubiertas.

@gmit3: Varias veces repartí propaganda en la misma facultad en la que estudiaba, y algunos compañeros de clase huyeron  como la peste al verme. Por esa época más o menos fue.

@CMDurden: 3º ESO. En un trabajo por parejas, mi compañero no quería hacer nada: “mi padre es empresario y me colocará, no necesito aprobar”.

@Lnihmedu: cuando de niños todos hablaban de los puestos de chupatintas de sus padres, y los míos eran mecánico y técnico de laboratorio.

@morganapendragon: porque no puedo permitirme un seguro médico, por ejemplo. Y cuando quiero comprarme algo lo analizo comparando con mi sueldo.

@Infilanak: Cuando caí en la cuenta en la diferencia entre mi padre (obrero) y mi tía, (accionista y jefa en la misma empresa).

@PakitoMCal: Cuando comprobé que el mérito y la capacidad no eran suficiente para alcanzar mejores puestos.

@_bitterswt: cuando estudiaba peluquería una señora de bien “no valéis para otra cosa y claro, los padres os meten aquí”. Y en general al estudiar y trabajar fuera del barrio y ver lo que se decía de nosotras (barriobajeras y/o sin carrera).

@diasasaigonados: Fue en el pueblo de mi madre, a mediados de los ochenta, con poco más de siete años. Fuimos con unos primos suyos a una finca donde trabajaban para que un niño urbanita como yo viera animales, campo y cosas así. En medio de la visita aparecieron de improviso los señoritos y aquellos rudos campesinos tornaron en personas dóciles y asustadas; prácticamente formaron para saludar a los dueños del cortijo. Todos menos mi padre, que por supuesto se negó a ser parte de aquella farsa. Un simple funcionario que les miró a la cara con todo el desprecio que merecían por ser quienes eran. Me dijo que en la vida me dejara ningunear por nadie, y menos por el mero hecho de que tuvieran más dinero que yo. En el viaje de vuelta, a bordo del symca blanco, me sentí orgulloso de mi padre, sin saber bien porqué, pero sobre todo orgulloso de ser parte de algo que era más grande que yo pero que a la vez era yo. Y así, creo, fue básicamente como sucedió.

La universidad, ya sea por haber estado trabajando o por tener experiencias nuevas, ha formado parte de la transformación de muchos. Lo caro que es estudiar en la universidad, y no sólo por las tasas, pone en relieve las desigualdades económicas.

@anuskatruska: Siempre he convivido en un ambiente de izq, pero lo que se dice conciencia, reflexionada y asumida, vino al pisar la universidad. Y no por un hecho en concreto: fue un proceso paulatino de toma de conciencia de quién soy, de dónde vengo y qué quiero. Estudio en la Complutense y creo que eso lo dice todo; he visto nacer muchas cosas. Es un lugar propicio 😉

@Tabernita: Curiosamente, cuando pusieron de pago el aparcamiento alrededor de la facultad. Vivía en un pueblo sin autobuses y tenía un coche q se caía a trozos, y nada de dinero para pagar por aparcar. Al resto de la gente con coche le importó menos que a mí que hubiera que pagar.

@editora: Cuando me fui de Erasmus (gracias a tres becas) y descubrí que los padres de todos los demás eran gente con estudios y no eran obreros. También recuerdo la cara de una amiga que me tramitó unos papeles para una de las becas y me dijo “el sueldo de tu padre debe estar mal”.

@feminoacid: Llegué a la universidad y descubrí que lo normal era tener menos poder adquisitivo que yo, no más. :/

@nebulina: A los 4 años pedía que subieran el volumen cuando salía Anguita por la tele. Fue algo progresivo. Aún así, cuando noté el alcance de las clases fue al empezar la universidad.

@judg2: Empecé de pequeño, al ver la diferencia entre mi padre, trabajador, y mi tío, empresario con dinero. Acabé de tenerlo claro en la universidad, al comprobar las diferencias entre unos compañeros y otros, los que necesitábamos beca sí o sí, y los que no.

La identificación de la propia valía con el trabajo que se realiza hace que nuestro mundo, y el de nuestra familia, se derrumbe cuando se pierde. Las reacciones a ello pueden ser muy diferentes.

@errejoners: Hace casi 20 años (yo era peque), cuando a mi madre la echaron del trabajo, cogió una depresión enorme y no podía ni llevarme al colegio por las mañanas. Luego tuvo un revival cuando cerraron la empresa de mi padre y se volvió una persona con muchísimo miedo. Nunca lo he abordado desde una perspectiva económica, sino más desde el hecho de tu propia desechabilidad. Todavía en esa época había más acción colectiva y pudieron conseguir buenas indemnizaciones, te hablo de la reconversión industrial. Si pasa lo mismo ahora, el efecto económico no hubiera sido el mismo.

@nielisse: hace relativamente poco, cuando el paro era una constante en mi vida y no lo que le ocurría a otros. Y eso siendo hija de sindicalista, aunque de joven me quedaban como muy lejos los problemas de los interinos y de la educación pública.

@Srta_Angus: yo al hablar con mi pareja, hijo de jornaleros, y al salir de la universidad y darme de bruces con el paro.

Curiosamente, el contacto con la doctrina social de la Iglesia Católica ha contribuido en casos donde al mismo tiempo se contaba con una educación de izquierdas.

@capolanda: Pues en parte porque en casa son de izquierdas, en parte porque era un cristiano sincero (lo último se me pasó).

 @Subnorbook: yo ya venía educado con ella. Un día le pregunté a mi padre con diez años qué era la izquierda, y me lo explicó: “Hijo, la izquierda consiste en creer que todas las personas son iguales y actuar en consecuencia”. Por otro lado mi madre es muy cristiana, lo que viene muy mal para unas cosas, pero para la justicia social vino al pelo.

Muchas personas pasan por el paro, una época de dificultad económica, o trabajos de menor cualificación de la esperada. Muchísima gente tiene algún trabajo temporal compaginado con los estudios, pero de ello no se deriva necesariamente ni adquirir conciencia de clase, ni posicionarse del lado de los débiles. De hecho, casi toda la gente que he conocido en la ruta “estudia una carrera -> trabajo fijo -> sálvese quien pueda” han vivido estas experiencias como una incomodidad temporal y que es injusta sólo cuando les afecta a ellos o a quienes consideran sus iguales. Lo que nos ha cambiado no ha sido sólo la experiencia, sino estar dispuestos a cambiar. Quienes han contestado a mi pregunta han hecho algo bastante difícil, especialmente los más jóvenes. Gracias a todos, y a seguir luchando y educando.

Ser pobre (John Scalzi)

P1020949Ahora ya no soy realmente pobre, pero aún no me atrevo a tirar zapatos.

John Scalzi me ha dado permiso para traducir su texto “Being Poor“, del que os recomiendo el original. También os recomiendo Imagínate, que Comandante Vimes escribió sin conocer el de Scalzi.

Hay más traducciones por ahí, pero no he podido resistirme.

Ser pobre es saber exáctamente el precio de todo.

Ser pobre es enfadarte con tus hijos por pedirte toda la mierda que ven por la tele.

Ser pobre es tener que comprar coches de 800 dólares porque son lo que te puedes permitir, y que te dejen tirado, porque no hay en América un solo coche de 800 dólares que merezca la pena.

Ser pobre es tener la esperanza de que deje de dolerte una muela.

Ser pobre es saber que tu hijo va a casa de sus amigos pero nunca se trae a los amigos a casa.

Ser pobre es ir al servicio antes de ponerte en la cola del comedor escolar para que tus amigos te adelantes y no te oigan decir “el mío es gratis” cuando llegues a la caja.

Ser pobre es vivir al lado de la autopista.

Ser pobre es volver al coche con los niños en el asiento trasero, aferrándote a esa caja de cereales que acabas de comprar, pensando en cómo vas a hacer que entiendan que la caja les tiene que durar.

Ser pobre es preguntarte si tu hermano el rico te miente cuando dice que no le importa que le pidas ayuda.

Ser pobre son juguetes de marca blanca.

Ser pobre es una estufa en una sola habitación de la casa.

Ser pobre es saber que no te puedes dejar 5 dólares encima de la mesa cuando vienen tus amigos.

Ser pobre es desear que tus hijos no peguen un estirón.

Ser pobre es robar carne en el supermercado, freírla antes de que tu madre llegue a casa, y entonces decirle que no tiene que hacer la cena porque no tienes hambre.

Ser pobre es usar ropa interior de segunda mano.

Ser pobre es que no haya espacio para toda la gente que vive contigo.

Ser pobre es sentir que las suelas se despegan de tus zapatos comprados en el supermercado, cuando corres por el parque.

Ser pobre es que el colegio de tus hijos sea el de los libros de hace 15 años, el que no tiene aire acondicionado.

Ser pobre es pensar que 8 dólares la hora es un chollo.

Ser pobre es depender de gente a la que importas una mierda.

Ser pobre es un turno de noche con luz fluorescente.

Ser pobre es encontrar la carta que tu madre le mandó a tu padre, rogándole que le pasara la pensión.

Ser pobre es vaciar la bañera en el váter.

Ser pobre es parar el coche para coger una lámpara que has visto en la basura.

Ser pobre es hacerle un bocadillo a tu hijo y que una cucaracha pase por encima del pan, y mirar al niño a ver si se ha dado cuenta.

Ser pobre es creer que tener el título de Secundaria sirve para algo.

Ser pobre es que la gente se enfade porque estás dando una vuelta por el centro comercial.

Ser pobre es que la policía haga una redada en el piso de al lado.

Ser pobre es no hablar con esa chica porque se va a reír de tu ropa.

Ser pobre es esperar a que te inviten a cenar.

Ser pobre es rechazar un trabajo porque no tienes a nadie que pueda quedarse con tus hijos.

Ser pobre es una acera con muchos trozos de cristal marrón.

Ser pobre es que la gente crea que te conoce por cómo hablas.

Ser pobre es necesitar ese aumento de 35 céntimos la hora.

Ser pobre es que el maestro de tu hijo presuponga que no hay libros en tu casa.

Ser pobre es que te falten seis dólares para pagar la factura de la luz y no tener forma de tapar el agujero.

Ser pobre es llorar porque se te ha caído un plato de macarrones al suelo.

Ser pobre es saber que trabajas tanto y tan duro como cualquiera.

Ser pobre es que la gente se sorprenda al darse cuenta de que no eres idiota.

Ser pobre es que la gente se sorprenda al darse cuenta de que no eres un vago.

Ser pobre es esperar seis horas en urgencias con un niño enfermo en brazos.

Ser pobre es no comprar nunca nada que no han comprado otros antes.

Ser pobre es comprar ramen de 10 céntimos y no de 12 porque así son dos paquetes más por dólar.

Ser pobre es tener que vivir con las consecuencias de decisiones que no sabías que estabas tomando cuando tenías 14 años.

Ser pobre es cansarte de que la gente quiera que estés agradecido.

Ser pobre es saber que te juzgan.

Ser pobre es una caja de lápices de colores y un libro de colorear de un Papá Noël del centro cívico del barrio.

Ser pobre es mirar la salida de monedas de cada máquina de refrescos que ves.

Ser pobre es pensar que se puede basar una relación en tener un lugar a donde ir.

Ser pobre es saber que no deberías gastarte ese dólar en lotería.

Ser pobre es esperar que te devuelvan hasta el último céntimo del cambio.

Ser pobre es sentirte impotente cuando tus hijos cometen los mismos errores que tú, y no te escuchan cuando les suplicas que no lo hagan.

Ser pobre es una tos que nunca se va del todo.

Ser pobre es tener mucho cuidado de no dejar caer nada sobre el sofá, por si tienes que devolverlo.

Ser pobre es un adelanto de 200 dólares de un compañía que te va a cobrar 250.

Ser pobre son cuatro años de clases en el turno de noche para sacarte un título de dos años.

Ser pobre es un futón con bultos.

Ser pobre es saber dónde está el banco de alimentos.

Ser pobre es que haya gente que nunca lo ha sido, preguntándose porque tú has decidido ser así.

Ser pobre es saber lo difícil que es dejar de serlo.

Ser pobre es ver qué pocas opciones tienes.

Ser pobre es correr en el sitio.

Ser pobre es que la gente se pregunte por qué no te fuiste.

Un modelo educativo

P1010026En algún lugar de Extremadura.

Imaginad unos hermanos que rozan los 10 o 12 años. Niño y niña. Viven en Villa Chica, un pueblo que ronda los 2000 habitantes. Los centros educativos del pueblo son el colegio y un instituto donde sólo se imparte la ESO. Hay una o dos licenciadas en paro que dan clases particulares. Algunos estudiantes van al instituto al pueblo de al lado, donde hay dos institutos para la ESO, Bachillerato y dos o tres ciclos formativos de Formación Profesional. En Villa Media hay Escuela de Idiomas, a la que van adultos, y una escuela de idiomas privada. También hay banda de música y escuela municipal de música, pero no Conservatorio.

Villa Chica está a unos veinte o treinta minutos en coche de Villa Media, ambas a 50 minutos de la siguiente localidad comparable a Villa Media, donde la única diferencia está en la oferta de ciclos de FP. Estamos a hora y media en coche de la capital de provincia, aunque en autobús se tardan unas dos horas. Villa Chica sólo tiene buses a Villa Media. Villa Media tiene buses a Villa Chica, Pueblo Chico, Aldea Chica y dos capitales de provincia.

Villa Chica vive de la agricultura. El padre cultiva el campo. La madre trabaja en la casa, o en la fábrica que procesa los productos del campo. Casi todos los amigos de Niño y Niña viven en casas parecidas. Hay alguno sin padre, hay alguno viviendo con los abuelos. Niño y niña no pasan hambre pero sí van muy, muy justos.

Quiero el sistema educativo que estos niños necesitan. Cuando no te estás criando rodeado de olivares o trigales, a lo mejor no te das cuenta, pero allá va.

La guardería a la que irían para que la madre vaya, si quiere, a trabajar y no tenga que dejar a los niños con la abuela, cuidadora eterna por mayor que esté.

Bibliotecas con programas de animación a la lectura divertidos, eficaces, y para todas las edades. Ludotecas. Programas deportivos, musicales, y culturales. Todos servidos por funcionarios, de manera que no dependan de que este año haya presupuesto municipal.

Una programación televisiva educativa, creativa, cultural. Canales de televisión infantil pensados para estimular a los niños. Programas no sólo aptos para bebés. Menos repeticiones. Sï, ya sé que en internet hay de todo. Pero puede que estos niños y sus padres no lo sepan, o no sepan cómo encontrarlo. Y puedes dejar a un niño solo delante de la televisión, pero no delante del ordenador a según qué edad.

Quiero que los colegios sean extraordinariamente buenos. Quiero incentivos para trabajar en zonas rurales, no sólo para los llamados centros “de compensatoria”. Que los profesores de esas zonas no estén permanentemente rotando. Presupuesto para hacer excursiones y hacer visitas culturales y también de ocio a los alrededores. A las capitales de alrededor y a otros sitios. Por supuesto, quiero los libros de texto gratis. Quiero abundante material de consulta (diccionarios, gramáticas, enciclopedias) en los centros educativos. Que se pueda coger prestado, incluso.

Material informático en los centros, sí. Pero no me parece lo más importante. Facilidad para que las familias compren lo que les parezca lo más adecuado. Sencillamente, lo necesario para que todos los medios que se requieren para estudiar hasta acabar la ESO salgan gratis o muy asequibles.

Que nadie asuma que los niños van a necesitar ayuda por las tardes, al menos no en Primaria. Que un niño que pasa las tardes en una casa vacía mientras sus padres están trabajando no tenga más handicap que uno que vaya a clases particulares. Que nadie asuma que las madres están supervisando los deberes. ¿Y si no pueden,  no saben o no están? Si resulta que a partir de cierto nivel educativo es necesario ese repaso por las tardes, que los centros escolares lo proporcionen. Con empleo de calidad. Es decir: quiero que las academias de recuperación y refuerzo dejen de ser necesarias.

Quiero un programa de orientación que muestre a estos niños que existen muchas más profesiones que las que ven en su entorno. Y programas de desarrollo rural que funcionen. La mayoría de adolescentes que conozco quieren trabajar en lo mismo que sus padres, en el área sanitaria, o en la enseñanza, simplemente porque nadie les ha dicho que hay más cosas.

Si estos niños quieren estudiar fuera, becas a la movilidad que dependan de lo remoto de tu domicilio y no de la renta. Que no se los castigue por ser de pueblo.

Quiero que salir del pueblo sea fácil y quiero que den ganas de volver.

No me hables de libre elección de centro. No me hables de cultura del esfuerzo. No me hables de la autoridad del profesor.  ¿Esas cosas significan algo cuando estás rodeado de olivares hasta donde alcanza la vista?

Introducción mínima a la interseccionalidad.

Todos lo hemos oído: “pues hay quien está peor”. Es un primer intento, fallido pero intento, de interseccionalidad. Tú eres pobre, pero no estás discapacitado. Eres una mujer y cuidas de tu madre enferma, pero por lo menos tienes trabajo para manteneros a las dos. En este primer acercamiento, la realidad es una escalera, y cada privilegio que no tienes te hace bajar un escalón. Arriba están los hombres blancos ricos. El segundo escalón está ocupado por las mujeres blancas ricas. Y todo lo demás es una pirámide perfecta. Sencillo, pero incorrecto.

La interseccionalidad es algo más complejo que eso. El término lo creó Kimberlé Crenshaw en los 80, aunque la idea existía desde mucho antes, para referirse a la interacción de múltiples tipos de opresión, es decir, a cómo diversos privilegios y la falta de ellos afectan de distinta manera en distintos contextos. Evidentemente, una persona a la que le “falten” cinco o seis privilegios de la lista (no es tan difícil) tiene una vida más dura que alguien a quien falte uno, o ninguno. Pero muchas veces, lo que se supone que es una característica común a todos los miembros de un colectivo oprimido, sólo lo es de la parte más privilegiada de los mismos. En otras palabras: sin un enfoque interseccional, la lucha contra un privilegio tiende a beneficiar a quienes sólo echan en falta ese privilegio y ninguno más, a costa del resto del grupo. Así es como, en palabras de Ardeluxe, se puede ser comunista y machista, feminista y transfóbica, o gay de derechas.

Si queda un poco abstracto, como mejor puede entenderse es con ejemplos. Voy a poner uno que se beneficiaría de más feminismo, y una crítica al feminismo.

1. La lucha contra la pobreza, la lucha obrera… ese tipo de reinvidicaciones de izquierdas. Por ejemplo, es fácil tomar como héroes, como símbolos, a colectivos muy reivindicativos como los mineros. Símbolos como el del Sindicato de Estudiantes (llave inglesa que se convierte en lápiz) o la hoz y el martillo, apuntan a profesiones típicamente masculinas. Otro símbolo que me encanta a pesar de lo excluyente que es, es el albañil de Manel Fontdevila. currito fontdevilaCuando Fontdevila dibuja a su hombrecillo del casco, no está representando a un albañil sino al conjunto de la clase obrera. No sería muy difícil pensar en una camarera con uniforme, una enfermera, o una profesora, por decir mujeres fáciles de caricaturizar, como representantes del sector servicios (el autor es consciente de ello pero no sé hasta qué punto ha hecho algo por arreglarlo).

Otro ejemplo reciente y no humorístico es el reportaje de Jordi Évole “Precariado”, emitido en La Sexta hace pocos meses. Los ejemplos de profesiones que son o que se han vuelto inestables y mal pagadas: obreros de fábrica de automoción (y de refilón alguna mujer), y un hombre que ha estudiado comunicación audiovisual, como ejemplo de sobrecualificación. Esto, a mi parecer, es un enfoque completamente equivocado sobre el empleo de mala calidad. La peluquera autónoma, su empleada con el salario mínimo, infinidad de dependientas de tiendas, licenciadas que malviven dando clases particulares… estamos rodeados de un ejército invisible de mujeres con empleo precario, con problemas distintos o peores de los que tienen los hombres en su misma situación laboral, y ellas no son el símbolo de nada. Evidentemente, cualquier mejora global de las condiciones de trabajo las beneficia a ellas, pero no parece que nadie las tenga en cuenta.

Del mismo modo, cualquier análisis del empleo más estable que tenemos, el funcionariado, es incompleto sin tener en cuenta que somos una mayoría de mujeres, y por qué. Es fácil, la Administración es el único jefe que no nos pregunta nuestro estado civil.

Lo que busco no es que haya más personajes femeninos en los chistes, o que Jordi Évole entreviste a más mujeres: todo lo que he descrito no es el verdadero problema, sino síntomas de que la imagen mental que se tiene de “la clase obrera” excluye a las mujeres. Esto puede llevar a favorecer políticas, campañas de promoción, etc. que no lleguen al público que más lo necesita y se beneficiaría de ello. Podría decirse mucho más, pero como sólo quiero ilustrar un punto de encuentro (o de choque), lo dejaré aquí.

2. El feminismo también necesita ser más interseccional. Aquí me voy a limitar a explicar algo magníficamente contado por @DrJaneChi. Laurie Penny es una feminista inglesa, blanca, rica, que acaba de publicar una columna en New Statesman acerca de la imposición patriarcal de llevar el pelo largo. Opiniones de mujeres: dos, la suya y la de su hermana. Problemas prácticos de tener pelo largo: no siempre está bonito y lleva tiempo y dinero que lo esté. Penny universaliza su propia experiencia, sin tener en cuenta algunos factores importantes que no la afectan.Parece una cuestión nimia escoger el pelo corto, pero no lo es, y el colectivo menos afectado por ello es precisamente el que Penny escoge como universal, el suyo.

Por ejemplo, las mujeres trans* deben presentar un aspecto hiperfemenino para ser tomadas en serio. De esto puede depender el resto de su vida: cuando una mujer trans decide que quiere hacer los cambios legales y médicos para ser considerada la mujer que sabe que es, tiene que pasar por una serie de barreras puestas por la ley y por profesionales sanitarios para que demuestre cómo se siente, y uno de los puntos que se tienen en cuenta es si la mujer muestra una feminidad convencional. Una trans puede tenerlo complicado para elegir llevar el pelo corto.

En segundo lugar, el ideal de pelo largo es un ideal basado en la belleza de la mujer blanca. Las mujeres negras, o con el pelo más rizado que esto de aquí, tienen que hacer una inversión en tiempo y dinero que no tiene nada que ver con la que hacemos las demás. Además, las mujeres blancas con el pelo de una calidad parecida tampoco se enfrentan a los mismos problemas: lo que en nosotras puede verse como un estilo original, en las mujeres negras puede ser motivo de rechazo. Por eso, para ellas, llevar el pelo corto tiene unas motivaciones diferentes. Un análisis español de esta cuestión hablaría, por cierto, de la obsesión de las mujeres españolas con el pelo liso.

Más cuestiones: la edad. De las mujeres jóvenes y guapas se espera pelo largo, pero a partir de cierta edad, se espera que lo tiñamos y cortemos. Si ya no se es joven, tener el pelo largo, o largo y sin teñir, es más desafiante que ser joven y tenerlo corto.

No puedo terminar sin mencionar a las mujeres que pierden el pelo por una enfermedad. Penny menciona a su hermana, a la que se le cayó el pelo por estrés. ¿Tan difícil era citar dos líneas sobre los efectos de la quimioterapia?

Añadir un enfoque interseccional a una lucha por la justicia y contra la discriminación puede salir natural, sobre todo cuando nos afecta personalmente, o puede ser muy difícil. Es el único activismo que merece la pena. De lo contrario, lo único que estaremos defendiendo es un mundo aún en forma de pirámide, pero con nuestro escaloncito un poco más arriba.

Viejas

Todos los días me cruzo por la calle con muchas mujeres mayores. Se puede distinguir su nivel socioecómico más fácilmente que a los hombres: es decir, con los hombres viejos no es tan fácil distinguir pobres de no-tan-pobres, ni extranjeros de nacionales. A veces veo una pareja de ancianos y sé que son turistas por ella, no por él, que podría parecer español hasta que abre la boca.

¿Que por qué me fijo en esta distinción? Porque me revela algunas de las terribles injusticias que se han cometido contra las mujeres pobres, en este país y en otros. Se ve a la legua, os explico. La mayoría de las ancianas no andan con soltura. Esa rigidez puede variar: algunas arrastran los pies, y otras se tambalean de lado a lado, como barcos, como palios en Semana Santa. Algunas, debido a la rigidez de la cintura, se tambalean o hacen pequeños movimientos innecesarios al caminar, sólo de cintura para arriba. Otras, pocas, cojean. Siempre tienen chepita, o los hombros caídos. No caminan con la espalda recta. Nunca parecen del todo cómodas. Muestran inseguridad. A menudo están gordas, con una distribución corporal de esa gordura distinta de las mujeres jóvenes, y de las mujeres más ricas que vienen a hacer turismo. Es, creo, la suma de flaccidez con acumulación de grasa. Esto se añade a la sensación de torpeza, dolor e incomodidad que transmiten.

No suelen ir de luto, pero sí van vestidas de manera discretamente fea. Muchos no-colores. Ropa barata (la que hay). Poca ropa que ajuste al cuerpo y defina las formas. Muy rara vez pantalones. Muy rara vez ropa que esté de moda. Sólo las muy ricas son elegantes. Las de en medio, las que no son pobres, tienen su propia forma de vestir, condicionada en primer lugar por qué está disponible en su talla, y en segundo, por la discreción. Algunas se pintan. Muchas se tiñen el pelo, mal, y en casa. Tienen el pelo corto, pero no como los hombres: lo llevan corto y sin forma. Son frecuentes, en las que se lo pueden permitir, las joyas de oro que son más un indicativo de clase que un complemento que embellezca.

Esto no es una necesidad de la vejez. Las viejas españolas parecen veinte o treinta años mayores que las turistas extranjeras de su misma edad. Esto es lo que pienso sobre las experiencias vitales, desde la infancia, que hacen que sea tan fácil identificar el origen o la clase social de las ancianas.

Los zapatos. De qué calidad han sido. Con cuánta frecuencia han podido renovarlos. ¿Han tenido un solo par de zapatos, el mismo para todos los días, sin poder alternar? ¿Han tenido que usar zapatos que les quedaban pequeños? ¿Han usado mucho zapato de tacón? Fíjate cuado veas una vieja por la calle: es probable que use zapatillas de estar por casa para salir, negras o marrones para que parezcan verdaderos zapatos. Todo lo demás les duele, y no están educadas para usar zapatos deportivos. Además, las zapatillas son más baratas.

El ejercicio físico.
¿Iban al colegio y había educación física? ¿Han hecho deporte por placer? Las tareas domésticas no cuentan: son un ejercicio asimétrico e irregular. Esa es otra cuestión: ¿cuánto tiempo han dedicado a tareas domésticas que pueden dañar la espalda o las articulaciones, del tipo de como fregar suelos, cargar pesos o lavar a mano? ¿qué edad tenía tu abuela cuando usó por primera vez una lavadora? ¿qué edad tenía una mujer holandesa o inglesa de la generación de tu abuela?

Un lenguaje corporal orientado a ocupar poco espacio. Esto no ha pasado de moda; recuerdo, por ejemplo, unas manos detrás de mí juntándome discretamente los codos contra el cuerpo alrededor del año 2000. Las viejas españolas han sido educadas en bajar la mirada, en caminar con pasos cortos, poco eficientes. A no pasar más que el tiempo justo en la calle. No están acostumbradas a ocupar el espacio público. ¿Han salido solas a hacer algo que no fuera un recado?

La comida.
Las viejas españolas se han criado a base de caldo, pan, dulce, legumbres, grasa. Esto conduce a desarrollar poca masa muscular. Cuando más adelante en us vidas hubo mayor cantidad de alimentos, su salud en parte mejoró, pero por otra parte  engordaron más rápidamente y con una distribución distinta a la que tendrían si hubieran tenido acceso a alimentos de buena calidad cuando eran más jóvenes.

El cuidado dental. Sobra cualquier comentario.

Los embarazos. ¿cuántos tuvieron, y cuántos hijos? ¿qué cuidados prenatales tuvieron? ¿cómo fue la asistencia al parto? ¿cómo pudieron recuperarse después?

La ropa, sobre todo la ropa interior.
¿Qué ropa interior usaron de jóvenes? ¿Fajas que las oprimían, que quitaban libertad de movimientos? ¿Qué edad tenían cuando empezó a ser normal que las mujeres usaran pantalones? ¿Y cuando fue normal que las mujeres usáramos ropa deportiva?

Una vida entera de sacrificio, poco ejercicio, poco acceso al espacio público, poco o ningún acceso al poder, ropa restrictiva, calzado de mala calidad, comida de mala calidad, nos han dado varias generaciones de viejas enfermas y cansadas, que asumen la enfermedad como un hecho de la vida a pesar de que sus maridos no están tan estropeados, o al menos no de la misma manera.

Me dan envidia, sí, las turistas. Y me entristece ver a las ancianas de mi familia arrastrar los pies. No me basta con haberme “liberado” yo, porque sé que es consecuencia de la crianza, bastante privilegiada, que he tenido. Si dentro de treinta años, yo camino más como una turista que como mis vecinas, habremos fracasado.

Qué quiero decir cuando digo que eres rico.

En el glosario sobre feminismo, sexualidad, privilegios y temas afines, señalo que “si llegas a fin de mes es que eres rico”. Esto necesita delimitación, porque desde el punto de vista político, económico y social una persona puede estar en esferas diferentes, con más o menos concurrencia de privilegios por ello.

Es todo cuestión de grados: ¿qué quiere decir llegar a fin de mes? ¿llegar a fin de mes sin salir, ir al cine, comer pescado, comprarte un móvil? hay debate sobre qué quiere decir pobreza en Occidente; si por ejemplo vives en el extrarradio de una ciudad grande, necesitas dinero para transporte para ir a trabajar. Si tienes hijos, necesitan material escolar. Si tienes o buscas un trabajo con cierto código de vestimenta, necesitas comprarte esa ropa y renovarla. Si estás mal comunicado, necesitas coche. Estas preocupaciones no las tiene un pastor de cabras en el África Subsahariana, pero son necesidades reales y urgentes y no cubrirlas quiere decir que somos pobres. Así que en este sentido, mi margen para ser “rico” es subjetivo. No quiere decir ser millonario. Por ejemplo yo, profesora de secundaria, según mi propio criterio soy rica.

En el feminismo, esto tiene consecuencias. A menos que estemos hablando de la intersección con el comunismo, los intereses tradicionalmente defendidos por el feminismo son los de las mujeres ricas. Uno de los primeros, por ejemplo, fue el derecho de las mujeres casadas a conservar su patrimonio y el de las burguesas a ser profesionales. Hay una preocupación porque las mujeres ocupen los centros de poder, fundamentalmente con cuotas. Y como último ejemplo, el comentario crítico de la industria del ocio y el entretenimiento es un interés bastante “para ricas”. Podemos discutir esto, pero los pobres no producen películas, es menos probable que vayan a la universidad a aprender análisis textual, y tienen preocupaciones más urgentes y graves que el test de Bechdel.

La segunda es el punto de vista político, por el que pasaré muy por encima. Es simple: o eres dueño de medios de producción, y entonces eres burgués, o no lo eres, y entonces eres obrero, o asalariado, como más te guste decirlo. Si eres autónomo o pequeño empresario, estás en medio. En un país capitalista, los propietarios de medios de producción suelen ser ricos, y los demás normalmente no. Aquí la parte interesante del trabajo feminista de izquierdas es concienciar a los no-propietarios de que deben ser un colectivo unido. Hay mucho que decir sobre esa lucha, pero como lo que estoy haciendo es sólo definir, lo dejo aquí de momento.

En tercer lugar, tenemos lo más difícil y difuso: desde el punto de vista cultural, tenemos la clase media. Desde mi segundo punto de vista, la clase media no existe, es un engaño que nos han dado a los trabajadores “intelectuales” para que nos sintamos superiores a otros trabajadores. Yo, licenciada, soy un superior a la maestra diplomada que es mejor que la administrativa, que es mejor que la conserje que es mejor que la camarera que es mejor que la limpiadora. Hay una escala sobre con quién me apetece tomar café. Y es todo mentira, porque al final, todas tenemos el mismo jefe y los mismos problemas, sólo que para mí son un poquitín más fáciles porque nuestro jefe común me ha dado a mí más paga. El prestigio social de hacer un trabajo no manual ni me da de comer, ni me da más derechos, ni me protege de la explotación del empresario.

Sin embargo, observemos ese prestigio social. Ese sí es un privilegio: el de pertenecer a la clase media. Su definición es compleja; inevitable, es sólo un ideal, y además, quiere definirse por estar “en el término medio”, como la virtud (véase falacia del término medio). Por otra parte, como señala Lynda Nead (1), cuando se creó el concepto de clase media se hizo aglutinando a grupos de muy diversas ocupaciones y nivel de ingresos, con lo que se llegó a una definición coherente mediante la llamada “ideología doméstica” (la sacralización de la vida doméstica burguesa como lugar de paz y armonía) y la producción de roles de género claramente delimitados que nos han llegado hasta hoy.

De manera esquemática, las siguientes características son propias de la clase media en Occidente, aunque no tienen que cumplirse todas.

– Trabajadores intelectuales. Trabajas sentado. No haces trabajo manual. Has estudiado una carrera universitaria o una especialización, como un grado superior.

– Eres de una familia que siempre ha supuesto que ibas a estudiar. El recorrido “esfuerzo -> estudios -> carrera -> trabajo bien pagado” es un valor en el que se educa a los niños.

– En general, un aura de respetabilidad, que además se cultiva cuidadosamente. La clase alta pasa, y la clase obrera da esa batalla por perdida.

– Algo parecido se aplica a los modales. La clase media es la que se preocupa por con qué cubiertos se comen las gambas. La clase alta lo sabe… pero no se tiene que preocupar por ello. La clase media es la que le da mucho valor a saludar, a pedir por favor y a dar las gracias. No es que las otras no lo hagan, sino que no le dan la misma importancia.

– Un nivel económico intermedio según lo dicho en la primera definición.

– Un consumo muy alto de productos culturales, en parte porque casi todo lo que se hace te tiene a ti como objetivo.

– Uso de un registro lingüístico que se corresponde con el estándar en ese idioma. Esto tiene variaciones; por ejemplo, el andaluz culto o estándar no tiene el menor valor en este sentido fuera de Andalucía, pero los andaluces somos muy conscientes de la diferencia.

Un ejemplo de los valores de la clase media lo vemos en muchísimas películas que nos venden la idea de que con esfuerzo se consigue superar cualquier dificultad. Se me ocurren: El Indomable Will Hunting, Gattaca, Jerry Maguire, En Busca de la Felicidad, Family Man, Armas de Mujer, Billy Elliott. Y muchas películas sobre deportistas (por ejemplo, Invictus, Rocky, Quiero ser como Beckham). Todas estas películas cuentan lo mismo: desde orígenes obreros, o desde una crisis grave que lleva desde la parte media-alta al fondo de la escala, el esfuerzo personal y una pequeñita ayuda externa conducen a nuestro protagonista a donde quiere estar: del uno al diez, un siete. A un chalet en las afueras, y no a una mansión. A una pareja perfectamente heteronormativa, y estable, con niños a ser posible. El final feliz no tiene nada que ver con conseguir mucho dinero, puesto que la recompensa final casi siempre es… encontrar trabajo. El final feliz es el esfuerzo recompensado, la estabilidad, la incorporación a lo normativo, y a veces, el escape de la clase obrera. Cuando nos quieren contar una historia de millonarios, se recurre a la biografía de personajes históricos (María Antonieta, El Aviador), para dejar muy claro que nosotros, el público, no tenemos que aspirar a ser así. Sí, son ricos, pero son raros, inmorales, desgraciados y están locos. Esto vale también para la obsesión inglesa con la época eduardiana (véase Downton Abbey)

Es decir, y como conclusión: el dinero nos da privilegios, y más cuanto más dinero tengamos. Es un continuo con zonas grises. La clase media, aunque desde el punto de vista económico y laboral es una mentira, social y culturalmente sí es un privilegio,  relacionado con que nos convierte en el grupo “normal”, prestigioso, e invisible.

Respecto al segundo de los tres puntos de vista recomiendo MUCHO leer esto (sobre la clase obrera) y esto (sobre la mentira de la clase media).

1. Nead, Lynda. Myths of Sexuality: Representations of Women in Victorian Fiction. 1988.

Comunismo para torpes, 2. Conciencia de clase.

La conciencia de clase, en una definición muy sencilla, consiste en saber cuál es tu lugar en los procesos económicos y cuáles son las consecuencias de ello. Es saber quién es el enemigo. Aquí no hablamos de clase baja, media o alta, sino de clase obrera o burguesa. Los obreros son todos los empleados. Sí, todos. Aquí es fácil caer en la trampa de “yo no soy un obrero porque gano mucho”; o “yo no soy un obrero porque trabajo sentado”; o “yo no soy una obrera porque tengo estudios”. Que no. Tú trabajas y otro, cuyo trabajo es exclusivamente supervisarte, gana dinero. Eso es ser un obrero. Para más información, te lees esto que es corto o esto que es más largo, tiene más mala idea y está muy orientado a gente con estudios superiores.

Los no empleados pueden ser empresarios, que viven del trabajo de los demás, o autónomos, pequeños empresarios, que son un término medio: pueden estar viviendo del trabajo de otros, pero su posición puede ser bastante dura en competición con los empresarios más asentados, y toman iniciativas que no toma nadie más. La empresa privada muy pequeña existió en la RDA y en la URSS con Lenin, así que tampoco nos vamos a poner muy puristas.

Yo adquirí conciencia de clase de una manera intuitiva, no verbal, y muy frustrante, cuando era profesora en el IES González de Aguilar, en Estepa. La mitad de mis alumnos eran hijos de mantecaeras y olivareros. El pueblo tiene más de 20 fábricas de dulces navideños, muchos minifundios de aceituna, y una cooperativa que produce el mejor aceite de oliva del mundo. El pueblo es próspero, con muchísimo pequeño comercio.

Estaba yo un día en una cafetería playera, lejos de casa, con un grupo grande de gente poco conocida, y un imbécil que estaba un escaloncito por encima de las familias de mis alumnos dijo, muerto de risa, “Qué lástima. Acabar dando clase a las futuras mantecaeras, pobre”. Y me di cuenta de que yo estaba orgullosa de un trabajo que otros despreciaban.

Los profesores de secundaria somos personas con poca conciencia de clase. Nos hemos creído casi todos que la carrera universitaria que se pagó con el sudor de nuestros padres, y la nómina que nos paga la Administración educativa en lugar de un empresario de carne y hueso, nos colocan en esa ansiada clase media. Eso hace que en el mejor de los casos, deseemos para nuestros alumnos lo mismo. Se podría vivir el proceso Primaria -> Secundaria -> fábrica de mantecados como nuestro fracaso. Puede serlo, si la alumna tenía un potencial que yo no supe descubrir y despertar, o si ella en realidad quería estudiar pero no ha podido porque en su casa no había dinero. Pero aquella tarde, escuchando a aquel idiota que insultaba a mis futuros olivareros y mecánicos, entendí que mi trabajo no es entrenar una nueva generación de futuros médicos o profesores. Mi trabajo es guiarlos a todos hasta la siguiente fase, la que ellos elijan libremente, dándoles toda la información que pueda antes de que tomen esa decisión. Que estudien, sí. Pero que no vivan la fábrica o el barco pesquero como un fracaso, y desde luego, que sepan que yo estoy de su parte. Tengo claro que ni ellos ni sus padres son mi enemigo.

 La información sobre autónomos y PYMES me la aclararon @NewIlluminatus y @Enderrap. Gracias.