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¿Quién planchaba las enaguas de Jane Austen?

Pues depende. Seguro que ella misma, no.

Las tareas y el nivel de vida del servicio doméstico inglés, que las obras de ficción recogen con distintos niveles de realismo, fueron variando a lo largo del tiempo. El boom empezó con la revolución industrial, ya que la burguesía deseaba demostrar su estatus (buena parte del servicio a los aristócratas lo hacían nobles de menor rango, especialmente en la Corte), y era un empleo bastante deseable comparado con la industria y la agricultura. Decayó con la primera guerra mundial: los hombres, ricos y pobres, iban al frente, y las mujeres que podían trabajaban en las fábricas.

Las casas más grandes tenían mucho más servicio que las pequeñas y medianas de una forma que no era proporcional. Por ejemplo, una familia muy rica tendría dos casas, recibiría visitas en la del campo, mantendría caballos, elaboraría conservas o licores con los productos del huerto, necesita criadas que limpien y cocinen para el personal de rango superior… Cuanto más rica la familia, más servicio, más rígida la relación jerárquica de los criados entre ellos y más ocasiones formales como cenas de gala con invitados. Esto también aumenta con el paso del tiempo; hay más formalidad en 1910 que en 1790.

Si te preguntas para qué querían tantos criados, aquí tienes una pequeña explicación de cómo sería el día a día en una casa burguesa alrededor de 1900. Habrá inexactitudes, debidas sobre todo a que como digo, no es lo mismo un industrial en Manchester en 1800 que una mansión en Dorset un siglo más tarde. Vamos a imaginar un matrimonio burgués no tan rico como para tener varias casas. Viven en una ciudad. Él es banquero, como Banks en Mary Poppins, o tal vez industrial; el caso es que tiene un trabajo de oficina pero de cierto prestigio. No necesitan caballos. Si tienen niños, están con la niñera y no los nombraré.

Reparto de la serie Arriba y Abajo, de los años 70. Primera doncella, lacayo, cocinera, mayordomo, segunda doncella, el hijo, la esposa, el marido, la esposa del hijo, la pinche.

Tienen un mayordomo, un lacayo, una cocinera, la doncella de la señora, dos doncellas más y una fregona que también es pinche de la cocinera. La estructura de la casa es como en Arriba y Abajo, porque es ciudad, no como en cualquiera de las obras donde la casa es de campo: En el semisótano está la cocina, la sala de estar de los criados, el despacho o sala de estar privada del mayordomo, la nevera, la despensa y la carbonera. En la planta baja están la entrada, la salita de día, el comedor, y el despacho del señor. En la primera planta están el dormitorio principal, dos vestidores, y varias habitaciones para invitados o los niños. En la segunda planta están todos los dormitorios del personal. se procura que haya dos pasillos para poder separar a hombres y mujeres. El mayordomo, la cocinera y la doncella personal tienen cuartos privados. El resto del personal comparte, siempre separando por sexos, así que en mi ejemplo hay un cuarto con tres criadas y otro con un solo lacayo.

La ropa se lleva a la lavandería, menos lo más delicado. El cambio de sábanas y la entrega de todo lo sucio se hace un día en semana; dos días más tarde se recoge lo limpio, se cuenta y revisa prenda a prenda. Eso lo hacen entre la doncella personal y la primera doncella, que luego rinde cuentas al mayordomo de todo lo que no es ropa de la señora.

La cocinera no va personalmente al mercado. Atiende a proveedores que vienen a casa y si necesita algo concreto rápidamente, manda al lacayo. Hace todos los dulces, y posiblemente también el pan, aunque puede que lo compre.

Todos los criados libran la mañana del domingo. Se da por sentado que irán a la iglesia. Algunas casas son más tolerantes que otras con criados que no lo hacen o que no son de la misma religión que los señores. Para que en la casa no se sienta que no hay personal, cocinera y pinche dejan listos a primera hora el desayuno, una bandeja de elegantes sandwiches y el asado, y la comida principal pasa a ser un almuerzo tardío o una cena temprana.

Es variable que todos los criados, particularmente los senior, libren un día completo o una tarde entre semana. Esto es un problema en una casa con una sola cocinera sin una ayudante bien entrenada. Los señores ese día salen a cenar fuera, a visitar a amigos que saben que en tal día de la semana simplemente no se puede ir a visitar a esta familia.

Si esta familia escalara en sociedad un poco más, podría tener otra ayudante de cocina con formación, pero con ocho personas de servicio empieza a hacerse necesaria un ama de llaves: menos trabajo para la primera doncella, más trabajo para la segunda porque al haber mayordomo, cocinera, niñera y ama, habría comedor o sala de estar para sirvientes de primera y de segunda. El ama de llaves requeriría un despacho y un dormitorio. Como puede verse, no es una cuestión de otro sueldo y ya está. La cumbre de la escala social tiene escalones muy empinados.

Y lo que hace en el día tanta gente lo vamos a ver hora a hora. «Arriba» significa zona de los señores y «Abajo», concerniente a los criados.

6 a.m. Los criados se levantan, se asean rapidito y se visten. La pinche se ha levantado la primera y a toda prisa porque tiene que encender el fuego de la cocina, hacer una primera ronda de té, subírselo a la cocinera que se lo toma en la cama, subirle agua caliente al mayordomo y el lacayo para que se afeiten. La segunda doncella arregla el cuarto de las tres; deja la cama deshecha pero estirada para que se ventile, y la ventana, si tienen, abierta. Todos los demás criados hacen lo mismo.

7 a.m. El mayordomo pasa revista a todos en la cocina. Comprueba que la ropa, el pelo, las manos, las uñas, todo esté limpio y arreglado correctamente. Las criadas 1 y 2 suben a encender fuegos por la casa. El mayordomo sube a vestir y afeitar al señor. La doncella personal de la señora la despierta, la viste y la peina. Después, los dos dejan vestidores y dormitorio en perfecto orden. La cocinera hace el desayuno de Arriba (tostadas o bollitos, huevos, tal vez salchichas o arenques, fruta) y recibe a los proveedores. El lacayo pone la mesa del desayuno. Los criados desayunan según van terminando su primera tarea del día. Puede ser un buen desayuno (pan, arenques, gachas de avena) porque no van a comer caliente en diez horas.

En una familia más rica y ociosa, en la que el señor no tuviera que salir a trabajar temprano, la señora se daría un baño por la mañana y los ocupantes de Arriba que lo desearan (especialmente las mujeres) tomarían un desayuno muy ligero de té y tostadas antes de bajar a tomar nuestra idea de «desayuno a la inglesa».

8 a. m. Los señores desayunan. El desayuno se sirve en estilo buffet, al contrario que el resto de comidas del día. Esta es la manera correcta y no me preguntéis por qué. Lo sirve el mayordomo. La doncella de la señora dobla y guarda el camisón, echa a lavar lo que sea, prepara cualquier cosa que la señora necesite si va a salir, repasa el armario en busca de cosas que haya que reparar, coser, limpiar o tener listas para por la tarde. Las doncellas limpian los dormitorios. El lacayo, que había estado poniendo la mesa de arriba, desayuna. La fregona está liada con los cacharros de preparar el desayuno. La cocinera mira qué tiene en la despensa y la nevera. Si es viernes, toca pescado y seguramente mañana también.

Antes de las 9 a.m. El señor de la casa se va a trabajar andando. El mayordomo tiene listo su sombrero, paraguas, cualquier cosa que necesite. Confirma que comerá en el trabajo o en su club y que volverá a la hora del té. El mayordomo supervisa la limpieza del piso principal, que realizan las dos doncellas. Si hay que mover algo pesado, como arrastrar muebles, lo hacen entre todos. La señora llama a la cocinera para discutir el menú de hoy. Le dice qué le apetece para comer; tal vez no quiera un plato de pescado para ella sola, y la cocinera le proponga una sopa (tiene el caldo hecho, shhh) y un plato de huevos. Le dice cuáles de sus amigas vendrán a tomar el té y si tienen visitas a cenar. La cocinera piensa en platos del gusto de los invitados que conoce de ocasiones anteriores. Cuando baja, se lía a dar órdenes a la pinche. Ellas dos tienen las siguientes tareas por delante:

  • La cocinera no hace, necesariamente, su propio pan (esto es menos probable cuanto más avance el siglo) pero sí toda su repostería. Tiene que servir una variedad de bizcochos o tartas para el té, si está de humor o es festivo también algo sencillo para el servicio, un postre con la cena de Arriba, otro con la de Abajo.
  • Caldos y salsas. Entran en el mismo epígrafe porque muchas salsas de alta cocina necesitan un caldo como base, que se reduce o espesa. Los caldos deben cocer muchas horas. Las salsas son muy delicadas de hacer.
  • Sopas. Eso significa «crema» y en un mundo sin batidoras, hacer purés significa picar fino, triturar, usar coladores y pasapurés… un rollo.
  • Limpiar verdura, pelar, picar. El nivel esperado es de restaurante de lujo. Todo debe quedar perfecto; para la comida de los criados también.
  • Limpieza y despiece de carne y pescado. Las aves llegan con plumas.
  • Preparación de mermeladas y alguna otra conserva similar. Menos cuanto más avanza el siglo, y más en campo que en ciudad.

Y todo esto es antes de empezar a cocinar. No está mal.

El lacayo, después de desayunar, se asegura de que hay leña y carbón en todos los sitios apropiados, y se pone a las órdenes primero del mayordomo y luego de la cocinera para ir a hacer una ronda de recados.

10 a.m. o cuando los dos pisos de Arriba están listos, el mayordomo repasa la ropa y los zapatos de su jefe. Se lleva los zapatos abajo para limpiarlos, y coge cualquier cosa que necesite un arreglo de costura. Lo más probable es que él no sepa hacerlo y le pida el favor a la doncella de la señora o la primera doncella. De paso que baja, habla con la señora o tal vez la cocinera para saber qué se va a comer y cenar y sugiere vinos.

A las dos doncellas, la limpieza les va a llevar bastante más de una hora. Limpian la casa entera de arriba a abajo. Todo lo que puede estar tapizado, lo está; no hay aspiradoras, y el calor viene de chimeneas, así que hay muchísimo polvo. Lo último es limpiar los dormitorios del servicio, y hacer las camas.

Se van acercando las 12 a.m. Puede hacerse una pausa para un almuerzo rápido: té o cerveza, según la época y el gusto de la casa, pan con algo… La cocinera organiza qué tiene que ir dejando hecho para la noche y mañana (limpiar pescado, hacer un caldo, una tarta) y qué tiene que estar hecho YA para que coma la señora. El mayordomo pone la mesa y se la sirve cuando está preparada.

1 p.m. o algo después: El mayordomo o el lacayo recogen la mesa. Una o más de las doncellas reparan cualquier prenda de vestir que lo necesite; las reparaciones se hacen antes de llevar a la lavandería. Puede darte asco pero piensa que se lavaba a mano; imagina el efecto de frotar si hay un pequeño descosido o un siete. La doncella de la señora se encarga de sus cosas; las plumas, pieles, lana, encaje y bordados, por decir solo algunas texturas complicadas, se frotan con un paño y mucho cuidado.

La tarde: hasta la hora de servir el té, el mayordomo puede limpiar la plata, enseñar al lacayo a hacer alguna cosa, echar cuentas (lleva todo menos las de la cocina), revisar agenda, o descansar un rato. Si la señora necesita algo que no sea su arreglo personal, se lo pedirá a él. Por ejemplo, imagina que quiere que avisen a su amiga de que le duele la cabeza y no podrá salir, o echar cartas al correo o pedirle cita a la modista. El recado lo hará el lacayo, pero a hablar con la señora irá el mayordomo, o si está muy ocupado (en la práctica: si está limpiando la plata) la primera doncella.

Puede que la cocinera ponga un rato los pies en alto si tiene por delante una cena muy agotadora.

Las doncellas se cambian la ropa de color claro con delantales blancos sencillos, para limpiar, por ropa negra con delantales con borde de encaje. A partir de ahora la primera está disponible para abrir la puerta y ambas para subir el té si el mayordomo no puede. Esto no sería lo más correcto si hubiera visitas. Son las encargadas de la ropa en lo que no lleve la doncella de la señora, así que se reparten el repaso y la plancha de la ropa de la casa, los niños, la servidumbre y el señor. Ellas o el mayordomo enseñan al lacayo a hacer estas tareas. Un criado varón debería saber planchar aunque no cosa.

El té, sobre las 5: El té se sirve a una hora puntual pero no tienen por qué ser las 17:00, puede ser a las cuatro o lo que sea. Puede haber invitados. La pinche pasó de ayudar a preparar el almuerzo a fregarlo, entonces fregó la cocina y tal vez descansó el tiempo justo de que la cocina se secara, que sería poco porque la cocina es económica y mantiene toda la planta caliente, todo el día. Ahora hay que: hacer té para toda la casa. Preparar los canapés, sandwiches o tostadas de Arriba (es de mala educación pasar directamente al dulce: en una ocasión en la que los niños tengan tarta, primero hay pan con mantequilla, como mínimo). Llega la cocinera, y revisa o hace ella esos sandwiches. Corta las porciones de bizcocho o prepara las bandejas si se va a subir una tarta entera. El mayordomo comprueba que está todo bien puesto y lo sube.

La cocinera y la pinche terminan de hacer la cena para los criados. Suelen ser contundentes y sencillas: carne o pescado todos los días, guisotes, «pies» o empanadas, patatas cocidas, cerveza en unas familias y té en otras, postres del tipo de puddings. Los días de fiesta se come por ejemplo una paletilla de cordero. Cuando toca pescado, bacalao o caballa en temporada. En una casa más pequeña, la comida de los dueños es parecida a la de los criados, solo que mejor servida, más abundante o con más elementos. En una casa grande, los dueños comen una aproximación a alta cocina francesa y preparar la cocina de los criados es tarea de una de las ayudantes de la cocina.

Cuando el té de arriba está servido, los criados se sientan a comer. Hay un estricto orden jerárquico. En una casa muy grande, los criados no necesitan estar tan coordinados, se pueden hacer turnos, y ama de llaves, mayordomo, el personal que cuide de los niños y el o la cocinera de más rango pueden comer aparte, servidos por un lacayo o criada.

En una casa mediana como esta de mi ejemplo, es lo más práctico que la señora se bañe por la tarde. Para ella lo ideal es hacerlo entre el té y la cena, y así aprovecha y se cambia de ropa. Se calienta agua en la cocina, la sube a cubos una doncella, y mientras tanto su doncella prepara toda la ropa, complementos y joyas que necesitará para arreglarse. Se baña en el cuarto de baño si lo hay, o en su vestidor. Su docnella además de preparar el baño con la temperatura a su gusto, el jabón, etc., cuando termine y se vista tiene que peinarla.

En la cocina están liados con la cena de los señores. Entremeses, sopa, carne o pescado con guarnición, postre. Más complejidad si hay visitas. La cocinera no se sienta hasta que suben la última bandeja. Entonces la criada todavía está fregando, tal vez con la ayuda de la segunda doncella. El mayordomo ha habierto la puerta a los invitados, los ha hecho pasar y él y el lacayo han puesto la mesa. Han servido la cena y luego la retiran.

Suponiendo que haya invitados, lo correcto es recibirlos en un salón, pasar al comedor cuando estén todos, comer y que las señoras se vayan al salón mientras los hombres, en la mesa, fuman y hablan de sus cosas. Al cabo de un rato, van a donde estén las señoras y dependiendo del momento histórico, toman té o bebidas alcohólicas (a principios del siglo XIX la gente elegante cenaba sobre las 5 y alrededor de 1900, sobre las ocho). Así que nuestro mayordomo fin de siècle se asegura de que haya un buen surtido de licores en el salón, se asegura de que tiene los vinos de la comida, pone la mesa, recibe invitados, baja a la cocina, sube a avisar de que la comida está lista, la sirve, pregunta a la señora si necesita alguna cosa más, espera a que los señores terminen de hablar de sus cosas de señores (tal vez le pidan un licor antes de volver con las mujeres), retira la mesa él, el lacayo o los dos, y espera a que lo llamen si hace falta algo. En una reunión íntima no se queda en la sala; cada familia tiene sus reglas sobre si prefieren llamar a un criado si quieren que traiga algo o si es mejor que se quede haciendo de camarero.

En la cocina recogen todo y si no es muy tarde, tal vez toman un pequeño resopón. La fregona lleva quince horas trabajando; los demás algo menos. La cocinera comprueba que todo en la despensa está en orden. La doncella de la señora la ayuda a desvestirse. El mayordomo comprueba que todas las puertas están cerradas, los fuegos, etc. y le da una ronda rápida a la casa.

Como puede verse, es una vida agotadora en la que se dedica muchísimo tiempo a la limpieza, pero también a tareas ligeras que en tiempos de Jane Austen o Charles Dickens y en una clase social equivalente habrían hecho los dueños de la casa, como hacer té o los recados. En una sociedad en la que era posible el ascenso social y la burguesía fue ganando terreno a la aristocracia, los modales refinados y poder permitirse servicio que les permitiera pasar el día entero mano sobre mano, sin hacer absolutamente ninguna tarea doméstica o de cuidado personal, distinguía a los ricos de verdad del resto.

Y ya solo queda la entrada sobre quién cuidaba de los niños.

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De Pemberley A Downton Abbey: el servicio doméstico en la ficción inglesa.

Parte del personal de Downton Abbey: seis doncellas, dos lacayos, los asistentes personales de los dueños de la casa, el mayordomo y el ama de llaves.

Un efecto que se percibe al contrastar las obras de Jane Austen con las novelas posteriores (Charles Dickens, por ejemplo) o con otro tipo de ficción más o menos romántica, como Downtown Abbey por decir un ejemplo reciente, es que Jane Austen se fija en la clase media-alta y se olvida de todo lo demás, muy especialmente de cómo pueden mantenerse esos campos y mansiones. El servicio doméstico era ya absolutamente clave en la vida cotidiana y las distinciones entre clases sociales cuando ella escribía, a principios del siglo XIX, pero lo da por sentado. No es algo muy significativo para esta autora.

¿Por qué era clave para distinguir clases sociales? Porque mantener criados no era barato, y como veremos, sin determinado tipo de servicio hay ciertas actividades sociales que no puedes realizar. Eso determina tu círculo. Pero vayamos poco a poco. Estas indicaciones son válidas casi desde 1790 a la primera guerra mundial.

Todo el que se lo podía permitir tenía algo de servicio por poco que fuera. La pobreza generalizada y la dureza extrema del trabajo de las fábricas y el campo hacían que las mujeres jóvenes estuvieran dispuestas a trabajar por poco más que la manutención. Si una mujer o una familia tiene contratada a una sola persona, es una chica para todo. Se levanta antes que la familia para encender el fuego, pero puede que se acueste antes. Cobra una miseria, y es probable que esté interna así que tiene la comida y el alojamiento incluidos. Libra muy poco: tal vez medio día a la semana. Es probable que la ropa no se lave en casa, y cocinan las mujeres. La señora de la casa hace bastante. Es importante recordar que casi todo el trabajo doméstico consistía en tareas que hoy hacen electrodomésticos: adquirir comida, encender fuegos, lavar ropa. Hacer jabón, velas, conservas, y prendas de vestir. Fregar cacharros con sin agua caliente corriente y sin jabón es una tarea durísima y lenta.

«La Marquesa», una niña que trabaja en condiciones de esclavitud en Almacén de Antigüedades, de Charles Dickens (1840).

Un hombre que viva solo puede tener un criado para todo. El ejemplo más famoso es Jeeves, el mayordomo en las novelas de Wodehouse. Es probable que se encargue de externalizar la colada y lo peor de la limpieza. ¿Qué hace un criado que no limpia la casa ni lava la ropa? Hacerse cargo de la carga mental. Puede preparar desayunos y comidas ligeras, quizá improvisadas. Sirve la mesa y recibe a las visitas. Hace recados. Limpia lo urgente, y lo delicado y lo valioso. Lidia con el personal externalizado. Se encarga de que la lavandería tenga las cosas limpias, escoge lo que el señor se pone. Cosas así.

Jeeves (Stephen Fry) y Wooster (Hugh Laurie) en una adaptación de los años 90.

Una unidad familiar con dos personas de servicio tiene dos opciones: en el campo, una mujer para las tareas domésticas y un hombre para el jardín, los caballos, los recados y las reparaciones caseras. Ese hombre puede ser la tercera persona si es mejor tener tres criados. Este hombre-para-todo que trabaja más hacia el exterior no es tan importante en ciudad, donde claramente lo más práctico es que la segunda persona sea otra mujer.

Si tenemos dos mujeres, una limpia y la otra es la cocinera. El ideal es un hombre francés. Lo práctico es una mujer inglesa bien preparada, y además es más barato. Una mujer también simplifica la jerarquía del servicio, que explicaré cuando hable de mayordomos y amas de llaves. La cocinera prepara dos comidas diferentes, para los señores y para los criados, y enseña el oficio a la criada que la asiste.

A partir de aquí el servicio doméstico no escala de forma proporcional ni uniforme. Posibilidades en Jane Austen., que describe un mundo rural: fregona, cocinera, y un hombre-para-todo que se encarga de los caballos, los recados, y las reparaciones caseras. La cantidad de mozos depende de la de caballos. Puede que en una casa con mucho servicio, se encargue en exclusiva de la cuadra. Un siglo más tarde, sería sustituido por el chófer.

Si subimos un escalón, entramos en lo que distingue la clase media regulera de la clase media pata negra buena de verdad: se supone que servir la mesa en la buena sociedad solo pueden hacerlo hombres. Cobran más, trabajan menos que las mujeres, y por tenerlos pagas un impuesto especial. El estatus de los criados varones está dirigido a distinguir dos capas dentro de la clase media, quienes se pueden permitir invitar a comer, y los que no.

Estos son los posibles cargos de un criado varón:

  1. Como ya se ha dicho, ser el chico para todo de un hombre soltero.
  2. Llevar caballos, o caballos/jardín/recados/bricolaje/esas cosas de hombres.
  3. Mozo de cuadras. Solo gente muy rica, con muchos caballos y en la casa del campo.
  4. Chófer. Solo gente muy rica en el siglo XX.
  5. Lacayo. Tareas: ayudar al mayordomo con su parte (el mayordomo se las trae, lo comentamos más abajo), abrir la puerta, poner y servir la mesa, y con gente muy rica o en pleno siglo XIX, hacer bonito. Literalmente. La clase de criado que está ahí para un por si acaso es siempre un hombre. Seguro que lo has visto en películas y series y nunca te habías dado cuenta.
  6. Ayuda de cámara. La ropa de hombre no es difícil de organizar o de poner, así que solo tienes ayuda de cámara si eres extraordinariamente rico. Esto es una diferencia entre las dos series que mejor describen la situación del servicio: en Downton Abbey, Robert Crawley tiene a John Bates, pero en Arriba y Abajo, Lord Bellamy ha ascendido en la carrera política desde la capa más baja de la clase media, y para él es suficiente con tneer solo tres criados hombres: mayordomo, criado y chófer. Le ayudará a vestirse el mayordomo. Eso sí, para un hombre que viaje mucho, tener ayuda de cámara facilita la vida al resto del personal, porque se lo lleva solo a él. Si Lord Bellamy viaja sin su familia, tendría que llevarse al lacayo.
  7. Y por último, el mayordomo.

El mayordomo tiene muchas labores diferentes. La más importante de un criado varón es servir la mesa. Sin mayordomo o lacayo, no puedes invitar a tu casa más que a la familia más íntima. Jane Austen solo nombra al servicio de pasada, pero si has leído Sentido y Sensibilidad, haz memoria: las Dashwood no invitan a comer o cenar. Reciben visitas cortas que nunca se quedan mucho tiempo y las invitan a ellas a sus mansiones. En otros libros no hay protagonistas con tan poco dinero, así que sus invitados pueden quedarse a comer.

Si hay mayordomo, lo correcto es que él sea quien abra la puerta y reciba a las visitas. Es quien pone la mesa para la familia, o supervisa que lo haga el lacayo. Lleva el inventario de los objetos de valor de la casa, incluido el servicio de mesa (vajilla, plata) y la bodega. Viste al señor de la casa si no tiene ayuda de cámara, lo que incluye, si no lavar su ropa, asegurarse de que está lista, planchada y guardada. Y muy importante: si no hay ama de llaves, es jefe de todo el personal que no cocine. Si hay ama de llaves, él es solo el jefe de los hombres.

Hudson en Arriba y Abajo es un modelo ideal de mayordomo.

Como este post procura ir de menos a más, se ha interrumpido la jerarquía de las mujeres. Sigamos con ellas. Resumiendo los primeros párrafos, si hay una lo hace todo menos lavar ropa (tal vez). Si hay dos, una cocina y la otra friega. Si hay tres o más, la cosa empieza a ponerse interesante. Veamos a las criadas por sus nombres en inglés:

  1. Kitchen maid: pinche, fregona. Limpia las partes de la casa que los señores no ven, hace lo más duro del trabajo de la cocina y aprende a cocinar.
  2. Housemaid: limpia, especialmente la parte de la casa donde viven los señores.
  3. Parlour maid o house parlour maid. Limpian la parte de noble de la casa por las mañanas, y por las tardes sirven el té o están más descargadas de trabajo. Si hay varias, la más antigua ocupa una posición senior respecto a las demás y las coordina o enseña. Ayuda a vestirse a las señoras que no tengan su propia doncella.
  4. Lady’s maid. Visten a la señora de la casa y también se encargan de que todas sus cosas estén limpias, arregladas y ordenadas. Teniendo en cuenta que una dama de la alta sociedad se vestía varias veces al día, y que llevaban varias capas de ropa interior y además complementos, era un trabajo más ligero que el resto pero no estaban mucho tiempo sentaditas quietas. Vestir a una hija es trabajo extra de la parlour maid más alta en la escala: la lady’s maid no se presta.

Solo queda el ama de llaves, una figura característica de casas muy grandes. Es la jefa del personal femenino de manera absoluta, y del masculino en ausencia del mayordomo. En una casa con ama de llaves, el mayordomo y la cocinera no suelen comunicarse directamente con la señora. En una casa con mucho servicio, la jerarquía doméstica tiene miga. Un repaso:

  • Mayordomo, chef y ama de llaves están al mismo nivel y en principio, hacen frente común y no se pisan entre sí. Un empleado muy junior obedece órdenes de quien se las dé, pero el mayordomo no daría instrucciones a un ayudante de cocina, por ejemplo.
  • Todo el personal está en una escala fuertemente jerárquica en el que si hay varias personas con la misma función (por ejemplo, tres lacayos) el que tenga más antigüedad coordina a los demás en ausencia del superior.
  • Esto significa que es posible, y deseable, la promoción interna.
  • El mayordomo es jefe del personal masculino siempre, y del femenino cuando la casa no es tan grande como para necesitar ama de llaves. El ama de llaves es jefa de las mujeres. La cocina es un mundo aparte.
  • La implicación de los señores de la casa en contratar servicio es muy variable. Las entrevistas de trabajo pueden ser dobles. Cuanto más junior sea la posición que hay que contratar, más probable es que la elección la haga personal senior y no los dueños de la casa.

Ahora, cómo se les llama: las criadas son por el nombre. Mary, Susan. Por el nombre pueden ser los lacayos de menor rango. Las lady’s maids y casi todo el personal masculino son por el apellido sin tratamiento de cortesía. Las amas de llaves y las cocineras son Mrs. Dirigirse a ellos o no puede variar según contexto y épocas: sirviendo la mesa, se finge que los criados no están. No se les habla, ni aunque hagan mal su trabajo. Por supuesto, la limpieza se hace «a escondidas». Se buscan momentos en los que la familia de la casa no esté. La familia y el servicio se pueden saludar, pero en conjunto se vuelven «invisibles».

Un resumen final de cuánto servicio podemos esperar en una casa en función del poder económico de los dueños. Vamos a suponer que viven en las afueras de una ciudad, lo que justifica una cuadra y un caballo o un coche, y que estamos a finales del siglo XIX o muy principios del XX. Suponemos también un hijo y una hijea menores de edad.

  • Un pequeño artesano y su mujer: Chica para todo.
  • Un sastre: chica para todo, un mozo para cuidar de un caballo, ayudar en el huerto, hacer recados, cortar leña, etc.
  • El sastre mejora de posición: cocinera, criada y mozo.
  • Al sastre le va muy bien, abre una mercería: Cocinera, fregona, criada y mozo.
  • El abuelo era sastre. Nosotros tenemos un negocio de importar seda: Cocinera, fregona, criada, mozo, mayordomo. Los chicos varones tal vez tengan un tutor, probablemente no. Este es el nivel mínimo de los Bennet en Orgullo y Prejuicio. Mínimo.
  • El negocio crece. Invitan a gente a cenar cada vez con más frecuencia, y a gente con mayor posición social: Se añade un lacayo, y dos criadas mejor que una. La señora de la casa asciende a la Primera Criada a su doncella personal. Este es el nivel de Arriba y Abajo (la de 1971).

Quedan dos posts para completar este: el cuidado de los niños, y cómo era el día a día del servicio. Así que si tenéis alguna pregunta, servirá para complementar esos.

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Feminismo

Riesgos misóginos de una definición excluyente de «mujer».

Cuando empiezas a estudiar lingüística, aprendes que en una forma clásica las palabras se definen de dos maneras: por oposición y por su función. ¿Qué es un día? No es su definición; un día es lo que no es noche. También es sustantivo; es aquello que puede funcionar en el discurso en la posición que le toca. Las cosas son lo que no son (día/noche) y son aquello para lo que sirven (lo que hace de sujeto, lo que te encaja en la expresión «salgo de paseo todos los …»).

Si somos modernos o posmodernos y hemos dejado atrás el cartesianismo, los binarismos y los esquemas fáciles, sabemos que la realidad es mucho más complicada, pero estas estructuras fáciles llevan siglos influyendo cómo actuamos más allá de una clase de lingüística. Seguimos encontrando a personas que quieren categorizar la realidad en función de lo que diga el diccionario («el hembrismo existe, la RAE lo define como…»). Esto también ha ocurrido con el concepto de mujer.

La idea de mujer está subordinada a la idea de hombre. Lo siento, yo no hago las reglas. La hegemonía, el control del discurso público, el dinero, los diccionarios, los tratados de filosofía y las editoriales las han controlado los hombres y la mujer no es ni ha sido nunca un concepto primario o esencial, sino derivado del de hombre o ser humano. Veamos la función primero. Los hombres se han debido a Dios, o son dueños de la Creación, o su culmen, o están llamados a amarse los unos a los otros, o a conquistar tierras lejanas. Los hombres son, y hacen, y su subordinación puede ser a Dios o a la sociedad (de los demás hombres) o a nadie. Las mujeres se han debido al hombre, o a su valor reproductivo, o a un papel social como cuidadoras. Esto lo explica muy bien Alana Portero, con una definición de inspiración marxista y plenamente funcional:

Ser mujer es ocupar la posición desfavorable derivada de la división sexual del trabajo, cuyo máximo nivel de explotación sería el rol de parideras y cuidadoras que mantienen el sistema vivo sin percibir retribución alguna.

«Definiciones», de Alana portero, en Casa de Lectoras indeseables.

Galicia Méndez también ha desarrollado en twitter una definición más parcial a raíz de la publicación no consentida de fotos de una mujer trans: precisamente el acto de exhibir su cuerpo para insultarla y negar su condición de mujer la coloca en el género habitualmente humillado mediante la exhibición de fotos íntimas. El uso de roles de género femeninos es criticado, la condición de ser humano puesta a debate, por desgracia confirman que la víctima es una mujer. Si te tratan como a una mujer, es que eres una mujer.

Mi área está más cerca del análisis histórico, y ahí lo que se percibe es que la construcción del concepto de mujer por oposición sirve el doble propósito de subordinarnos y de crear categorías de nopersonas, nomujeres. El hombre-ciudadano es la medida de la humanidad, y la mujer es «lo contrario de un hombre, también ser humano pero con ciudadanía variable». El estatus de mujer ha sido un salvoconducto, un permiso de residencia en el extranjero, una amnistía cancelable para las mujeres a las que se aplicaran las virtudes del modelo feminino aceptable, que siempre podía cambiar porque dependía de cuáles eran las cualidades complementarias al modelo masculino ideal del momento. Una definición, por otra parte, siempre más aplicable a mujeres ricas que a las demás.

Por poner algunos ejemplos sencillos de la pirámide hombre – mujer – seres subhumanos, la esclavitud eliminaba el estatus de persona; más tarde, cuando se estableció que la principal cualidad del ser humano es lo racional, se dijo que los hombres no blancos no son racionales, los del sur menos que los del norte… y las mujeres menos que los hombres en cualquier caso. Cuando se determinó que los hombres son valientes, rudos, fuertes y con resistencia al dolor, se determinó que las mujeres son el sexo débil y enfermizo, salvo las mujeres pobres u obreras, que no son mujeres-mujeres del todo porque el trabajo manual embrutece. Con el deseo sexual ocurre algo parecido: las mujeres no sienten deseo, y si sienten deseo no son mujeres. Las prostitutas, las mujeres pobres y las empleadas domésticas estan disponibles y por tanto, no son mujeres de verdad. Y si son anti-mujeres no es para ser semi-masculinas, sino para perder el estatus de ser humano.

Así que cada vez que hablamos de «mujeres de verdad» para excluir a grupos enteros de nuestra fiesta de pijamas, qué condiciones pongamos a la entrada son irrelevantes. Determinados genes, determinado cuerpo, determinado tipo físico. Si excluyes a colectivos de tu definición de mujer, no se está defendiendo la esencia de lo verdaderamente femenino. No es una protección frente a un ataque externo: es ponerse a la altura de todos los hombres que han querido decidir por nosotras hasta qué punto nos daban permiso para ser casi personas. Vosotras veréis si queréis ser como ellos.

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Embarazo y crianza

Qué queremos decir con «conciliación»: guía para no padres.

El título completo es «Guía para no padres y para gente rica que no necesita preocuparse del cuidado de sus hijos, porque siempre tendrán suficiente ayuda», pero quedaba muy largo.

Cuando no tienes hijos, sólo ves a las madres ir con mucha prisa a todas partes. Puede que tu madre estuviera siempre quejosa o cansada. Y a veces se debaje sobre si la baja maternal es demasiado corta. Son dieciséis semanas  El colegio (Educación Infantil) empieza a los tres años. ¿Qué hacemos las familias los dos años y medio en los que la madre no tiene baja maternal pagada y el niño no tiene educación gratuita? Y sobre todo, ¿qué queremos? No buscamos todos lo mismo, pero aquí una pequeña guía. Para quien lo desconozca, y para políticos despistados que hacen propuestas que no resuelven gran cosa.

Los primeros días:  Una madre reciente, más si ha sufrido una cesárea, y más si da el pecho porque el bebé es totalmente dependiente de ella, necesita toda la ayuda que tenga. En cualquier caso, el bebé duerme trechos muy cortos, mama (o toma biberón) despacio y con frecuencia. La baja por paternidad ahora son dos semanas y debería ser, como mínimo, un par de meses y me quedo corta. Seis estaría bien. Y esta baja debería ser irrenunciable, como las vacaciones, para que fuera no sólo ilegal sino imposible que hubiera presiones en el trabajo para no cogerla. Para evitar la discriminación hay quien dice que debería ser tan larga como la de las madres.

El bebé: la recomendación oficial es lactancia materna exclusiva y a demanda hasta los seis meses. Eso son 26 semanas. Ahora, las madres tenemos derecho a 16 semanas de baja maternal, y a un permiso de lactancia de chiste: un ratito al día que podemos concentrar en forma de 2 semanas seguidas, y así tener 18. Suponte que entonces te coges las vacaciones (no siempre se puede) y tienes 22 semanas, y un bebé de cinco meses. Aún no se tiene sentado solo. Empieza a jugar arrastrándose por el suelo. Es muy, muy pequeño. Y tú tienes que volver a trabajar, si no te han despedido, a menos que te pidas un tiempo sin sueldo. ¿Qué necesitamos? Pues como mínimo, una baja maternal de 26 semanas, no las 16 de ahora. Mejor que eso: un año para la madre y seis meses para el padre.

El bebé de 6 meses a un año: Es un período muy largo y de grandes cambios en el niño. Sus necesidades y las de la familia cambian sin parar. Los niños empiezan a demandar mucha atención cuando se mueven solos (redondeando, reptan o gatean desde los 9 meses, caminan alrededor del año). Hay quien piensa que cuando todavía no llegan al año, para ellos no es especialmente beneficioso ir a la guardería. Además con 11 y 12 meses se ponen gran cantidad de vacunas importantes y el sistema inmune es más maduro ante el bombardeo de infecciones que es inevitable que pille en la guardería. Mucha gente, por una cuestión emocional, pone la fecha en «cuando anden solos». Luego está la madre. Hay madres que quieren estar con sus bebés el mayor tiempo posible y otras que tienen ganas de ver a adultos, recuperar parte de sus costumbres anteriores, salir de casa… es una cuestión muy personal. Yo volví al trabajo cuando mi bebé tenía 7 meses y para mí fue el tiempo perfecto. No necesitaba tanto trabajar como tener un rato para algo que no fuera la casa y la familia, y para eso tenía que salir.

Del año a los tres años: Necesitamos escuelas infantiles. Pequeñas para que todo el mundo se conozca y porque deben ser muchas para tenerlas al lado de casa. El personal que trabaja en ellas debe tener una formación excelente. En España esto se consigue: las maestras de Infantil son unas fenómenas. Debería haber suficientes guarderías públicas y una oferta de plazas suficiente. Y una ratio decente de maestras o cuidadoras/aula. Y deberían ser baratas, porque lo de ahora es de llorar. Cuestan una fortuna. Os pongo un ejemplo: en Andalucía las guarderías públicas, que son pocas (en mi pueblo cubren cerca de la mitad de la demanda) tienen un precio máximo de 280 euros, y pagas menos, por tramos, según tu renta. Necesitamos todo esto tanto si somos trabajadoras por cuenta ajena como si no, porque llevamos meses pasando 24 horas al día con un bebé y necesitamos un rato para buscar trabajo, ir al médico, oírnos pensar, dormir la siesta, o cortarnos el pelo. No todas las mujeres están de acuerdo conmigo. Pero tú danos una escuela infantil por si acaso.

A veces se sugiere el teletrabajo como medida de conciliación. Se lo he visto hacer a políticas de derechas. Como profesora, soy partidaria de llevarte papeleo a casa si estás más cómodo haciendo tus cosas en pijama, delante de la tele. Pero como madre, el teletrabajo es entre horrible e inviable. Un niño pequeño no sabe dejarte tranquila. Los adultos tampoco es que respeten mucho, pero los niños no, nada de nada. El teletrabajo no ahorra tiempo ni te permite hacer varias cosas a la vez. Solo te ahorra el tiempo del transporte, suponiendo que puedas concentrarlo en jornadas completas.

Con el niño ya escolarizado: En la escuela infantil se puede escoger la longitud de la jornada, pero no el horario. Son todas por la mañana. Eso es bueno para los niños y significa que las empresas deberían estar obligadas a dar horario de mañana si lo desean a todas las personas que tengan niños pequeños a su cuidado. Otras medidas útiles son:

  • El horario flexible. Trabajas X horas a la semana pero tú decides cuándo.
  • La reducción de jornada sin reducción de sueldo.
  • La reducción de jornada con reducción de sueldo no proporcional a las horas reducidas (es decir, si calculas euros/hora en realidad es mejor para la madre).
  • La jornada intensiva para todos los trabajadores.
  • La planificación eficaz del trabajo. Suele ponerse de ejemplo no poner reuniones por las tardes. Incluyo aquí el teletrabajo parcial.
  • El traslado a otro centro de la misma empresa (suponte que ser madre o padre diera preferencia para traslado más cerca de tu casa).
  • Facilidades varias para el trabajo autónomo y las PYMES. Muchas madres se dedican al autoempleo porque no las quiere contratar nadie, y eso no es lo mejor, pero como es una situación que ya se da, lo dejaré mencionado. No me refiero a fomentarlo, sino a que ya que ocurre, que no sea tan difícil.

Hay más, pero estas son algunas bastante básicas.

Y por último: ¿hacen falta medidas que alarguen el tiempo que los niños están al cuidado de otras personas? Claramente, no. Los niños españoles tienen una jornada escolar inusualmente larga (en Alemania son cuatro horas y media). Las vacaciones también son largas, pero no se trata de que pasen más tiempo en la escuela, sino de que sus familias puedan pasar tiempo con ellos, o como mucho, que puedan ir a actividades de ocio organizadas, del tipo de campamentos, para no estar todo el día metidos en casa.

Es decir: la conciliación del trabajo con el cuidado de los niños (porque «vida familiar» tenemos todos) requiere muchas medidas distintas, unas grandes y otras pequeñas, en función de las necesidades de los padres y del desarrollo de los hijos. Queremos algo de tiempo de dedicación exclusiva, algo de reducción de la carga o el tiempo de trabajo, facilitar las condiciones laborales de una manera que beneficia también a quienes no sean padres y madres, y que alguien que no sean los padres se encargue de los niños unas pocas (he dicho pocas) horas al día. Y repito, las condiciones son variables y cambiantes. Lo más sencillo es alargar las jornadas de todos, sobrecargando de trabajo a las familias, a los cuidadores externos, y haciendo que los niños no puedan ejercer su derecho a estar con sus padres. También es la peor manera de resolver el problema.

 

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Feminismo

Entrevista a Galicia Méndez, limpiadora

La limpieza profesional une cuestiones centrales al feminismo: los cuidados y las condiciones de trabajo de los empleos típicamente femeninos. Muchas mujeres limpian casas para que otras tengan tiempo de trabajar fuera. Muchas mujeres limpian nuestros lugares de trabajo para que los demás tengamos un ambiente higiénico. Son la base misma del sistema productivo, y a pesar de ello su trabajo se considera fácil, «no cualificado». La falta de formación oficial es sintomática de este desprecio; la LOMCE ha creado una Formación Profesional Básica, un título muy elemental, para estudiantes que por sus circunstancias no van a superar la ESO. Hasta la creación de este grado básico, que no voy a analizar ahora, no existía formación oficial dedicada a la limpieza, ni siquiera a la limpieza industrial (que ahora veremos qué es). Esto, en un país que busca que el sistema educativo incluya todas las habilidades que un joven puede necesitar. Se ve que se saber limpiar o llevar una casa no es tan importante.

Hoy entrevistamos a Galicia Méndez, que es limpiadora y lucha por los derechos de estas profesionales.

Galicia retrato Cesar Viteri MultimaniacoGalicia fotografiada por César Viteri.

¿Qué tipos de limpieza has hecho? Casas, oficinas, hoteles….
​He trabajado en casas, de manera intermitente. Las mujeres de mi familia han tocado varios palos más, pero yo he tenido suerte y no he tenido que moverme mucho de los trabajos.​

¿Cómo has estado contratada? «En negro», en plantilla, subcontrata, autónoma…
​He trabajado en negro y, actualmente por suerte, con contrato. Establecerte como autónoma es un suicidio, pero las empresas de limpieza tampoco es que sean mejores. ​En casa, como he dicho, varias de mis familiares trabajan en el sector o han trabajado en él. Las subcontratas cumplen la ley a rajatabla, pero ni te renuevan ni te tratan como una persona. Las empresas de limpieza, depende. Ambas tienen en común que explotan a los trabajadores de una manera bestial. Te dan un tiempo para limpiar el sitio, esté como esté. Por supuesto, las condiciones laborales son de risa y cuando entras a trabajar y te pones el mono o bata dejas de ser un humano. Por ponerte un ejemplo, en Murcia en un edificio estatal en pleno verano se apagaba el aire acondicionado cuando se iban los funcionarios «porque no quedaba personal». Los de la limpieza no son personal. Es verdad que cotizas, pero ni te reconocen enfermedades profesionales ni tienes casi ningún derecho. En las casas el rollo es más duro, porque si quieres cotizar «te lo pagas tú» y punto pelota. Por supuesto, las vacaciones pagadas son un lujo del que casi ninguna trabajadora dispone y yo, que tengo encima dos pagas extra, soy como la persona más afortunada de España. Mi jefe no solo cumple el convenio, lo mejora en bastantes ocasiones. Otra cosa es la limpieza industrial (donde, curiosamente, el porcentaje de hombres es mayor). Aquí me apunta una familiar que ha trabajado en el ramo que los hombres de la limpieza industrial suelen tener siempre puestos de «más responsabilidad» y cobran más. No sé, casualidad.

¿A qué se llama limpieza industrial y qué la diferencia del resto?

La limpieza industrial es la que se produce, valga la redundancia, en la industria. Consiste desde la limpieza profunda de fábricas hasta la descontaminación en centrales nucleares. ​Es un trabajo copado por hombres, mucho más cualificado y mejor pagado. Si vas a páginas web en las que se ofrecen este tipo de servicios, todas las fotos son de señores muy profesionales haciendo cosas muy importantes. Limpiar una casa, un gimnasio o un colegio, sin embargo, es un trabajo poco adecuado para hombres, que sólo trabajan en puestos de mantenimiento como conserje. Es otro techo de cristal. Las mujeres en la casa, los hombres en la industria.

limpieza industrial

limpieza doméstica

limpieza profesionalUna búsqueda Google revela que la limpieza industrial la hacen hombres concentrados, la limpieza doméstica mujeres sonrientes, y la limpieza profesional, guantes de goma sin cuerpo.

¿Cuáles son las enfermedades profesionales más habituales? ¿Alguna vez se reconocen?
​Por ejemplo, el síndrome del túnel carpiano que ahora está empezando a ser reconocido aunque creo que todavía no entra dentro del grupo de profesiones que «pueden causarlo» y no sé si en el grupo de limpiadoras de hogar se ha reconocido. ​

​También enfermedades relacionadas con el aparato respiratorio, dermatitis y diferentes problemas con la piel, sobre todo la de las manos. Aunque uses guantes es una exposición continua y un riesgo que está ahí. Sé que es una anécdota viejísima y que ahora, por fortuna, ya no se produce este problema, pero es mítico lo de las lavanderas ciegas por las emanaciones de lejía. Mi tatarabuela era lavandera. Te puedes imaginar que la vista no la tenía bien, precisamente.

¿Qué tipos de trabajo te gustan más y menos? ¿Cuáles son sus ventajas e inconvenientes?
​A mí me encanta mi trabajo en general. Me gusta mucho ser minuciosa, y limpiar me ayuda a ordenar la cabeza. Lo que más odio es limpiar los cristales porque tengo muchísimos metros cuadrados de cristales por limpiar. Me gusta trabajar en casas porque te proporciona un ambiente seguro, sueles estar sola y el trabajo es bastante rutinario. Eso me permite ser mucho más cuidadosa con los detalles. Trabajar en oficinas o para empresas de limpieza no me dejaría nada de tiempo para serlo y además me tendría que enfrentar a los escuadrones de cotilleo (que no llevo nada, pero nada bien). Quizás lo que más me entretiene es ordenar. Cada vez que tengo ocasión me meto en el vestidor de mis jefes y lo reordeno. Si tengo un mal día, corro un poco con lo demás y me pongo a ordenar. Me viene de fábula.

¿Crees que tus jefes asumen que limpiar está necesariamente asociado a más tareas, como por ejemplo cuidar niños? Si es así, ¿qué tareas te han pedido o han supuesto?
​¡Mis jefes me contrataron para más cosas! La limpieza me ocupa una buena porción de la jornada pero también hago la compra (y no, no es solamente meter cosas en un cesto y luego pagar por ellas), cocino si me lo piden, arreglo cosillas eléctricas e informáticas (soy una maga), coso, me ocupo de pequeños recados y de coordinar que la casa esté perfectamente en todo momento. Pero esto quedó claro en el momento en el que acordamos las condiciones del trabajo. Nunca me han pedido nada que me pudiera ocasionar incomodidad y son muy cuidadosos con mi horario y la carga de trabajo. Me consta que no siempre es así, y que se asume de manera genérica que limpieza y cuidado de menores o dependientes es un pack indivisible. Tengo constancia de muchos casos en los que delegan en la limpiadora cuidado de personas dependientes o de bebés porque «total, no dan mucho la vara y se pueden manejar las dos cosas». Muchas veces nos extralimitamos en lo que deberían ser nuestras funciones y nos transformamos en cuidadoras, enfermeras, cocineras, niñeras… Y no lo hacemos por amor a la profesión. Es que no hay otra; o te adaptas o te hundes en la mierda. ¿Y eso se paga? No. No podemos ser el sostén de una sociedad que va tan deprisa para producir que necesita explotar al tejido social más desprotegido para seguir su huida hacia el rendimiento máximo. Y normalmente este trabajo, además, es en negro. Conozco un caso concreto de una mujer con un riesgo de exclusión tremendo que está trabajando cuidando a un anciano y hace tareas del hogar porque el anciano no se mueve y la familia cree que si no hace algo más están tirando el dinero. Por supuesto, le pagan una miseria y está en negro. Limpia la casa, asea al anciano, le da de comer, lo acuesta y, además, le hace compañía. Todo esto sin tener conocimientos geriátricos ni herramientas ni fuerza para hacerlo. Pero claro, es lo que hay.

¿Crees que es necesaria formación específica? ¿De qué tipo?
​Sí, lo creo. Hace falta conocer normas de seguridad en el hogar, no en vano es el lugar en el que más accidentes ocurren. Hace falta saber planchar (tender la ropa muy estirada no sirve), un poco de cocina española (especifico porque muchas inmigrantes saben cocinar pero nada de la comida típica de aquí y eso es un problema), hace falta saber organizar el trabajo y las tareas. Saber cómo planificar las tareas y estimar qué tiempo te van a llevar es crucial. Cómo realizar correctamente la limpieza para no comprometer la salud de nadie. Parece que nos olvidamos que en este trabajo se higieniza el hogar y de ello depende la salud de los que viven en él. También hacer pequeñas reparaciones puede ser un plus.Sé que quizás parece una tontería que pongan en el proyecto de FPB de servicio doméstico que aprender a usar la lavadora entra en el temario, pero es que poner una lavadora en «automático» no es saber lavar. Las sábanas blancas deben quedar blancas, y según el tejido tienen un programa específico u otro. Hay pantalones de mi jefe que tengo que lavar aparte. Y también tienes que saber lavar a mano, y qué cosas se lavan en seco, porque si no igual le jodes una colada a tu empleador y eso significa un montón de pasta tirada a la basura. Por supuesto, aprenderte tus derechos y deberes como trabajador. Eso me parece vital. Un amigo abogado está empezando en el campo laboral ahora mismo y todos sus casos son de mujeres empleadas en el hogar a las que han intentado estafar.

Has dicho alguna vez que limpiar es «el acto más subversivo y feminista que puedes hacer». ¿Por qué?
​Sí. Lo estuve pensando mucho cuando lo retomé. He estado trabajando de muchas cosas diferentes relacionadas con la comunicación pero volví, por cuestiones personales, a la limpieza, y lo viví como un fracaso. Era como un talento perdido pero sin el como. ​Mi madre, mi abuela, mi bisabuela, mi tatarabuela… Todas habían trabajado o trabajan en la limpieza y yo pensaba que iba a romper ese círculo, que iba a tener reconocimiento social. Y empezaron los compadecimientos «al menos es un trabajo» «bueno, podrías estar peor». Hasta que me harté, porque me encontré a mí misma dando explicaciones sobre que no era una sierva. He usado todos los conocimientos que nos dan para ser la esposa perfecta para darle una patada en el culo a todo. Soy una mujer independiente, con un trabajo estable. Soy una persona a la que sus empleadores respetan y escuchan. Hago un trabajo que permite a otras personas vivir cómodamente y a mí tener independencia. El feminismo, o al menos esa es mi percepción, ha huido del trabajo doméstico por todo la historia de explotación de la que proviene, pero es un error. Este es un sector eminentemente femenino, invisibilizado. A mi madre la han cortado en una conversación sobre trabajo para mentir sobre su puesto y decir que era administrativa porque les daba vergüenza que dijera que era limpiadora. Mi madre, una señora que se moviliza dos casas completas y encima estudia cuando puede.  Yo no voy a dejar que nadie me diga eso. No voy a dejar que nadie me trate como una esclava cuando soy más libre de lo que él se pueda imaginar. Soy mujer, obrera, limpio y soy feminista. Y todo lo que nos han enseñado para ser oprimidas ahora lo vamos a usar para romper las cadenas que nos oprimen.  A mí es que siempre me ha gustado combatir el fuego con fuego.

Es decir, que si te entiendo bien lo liberador y feminista no es tanto limpiar como dignificarlo como profesión, ¿es así?
​Este es un trabajo tradicionalmente denostado. Somos sirvientas, sólo tienes que ver «Los Santos Inocentes» para ver lo que era servir en una casa de ricos. Ahora de manera más sibilina somos igualmente despreciadas. Y creo que es feminista reclamar la pasta que nos corresponde por hacer este trabajo que hemos hecho tanto en nuestra casa como en las ajenas  a cambio de lo mínimo o gratis. ​

Hay quien dice que no debería haber trabajo doméstico porque cada uno debería ir recogiendo lo que tira; es decir que su posible indignidad viene de la falta de higiene u organización de los usuarios. ¿Qué opinas de esto?
​Que es una tontería como una casa que viene de la imagen del señorito y la criada. El trabajo doméstico es necesario en muchas casas porque permiten a los integrantes desocuparse de tareas vitales. Es como si yo dijera que coser es una indignidad porque todos deberían saber hacer las prendas con las que se visten o que todo el mundo debería saber arreglar su coche o su ordenador. El hecho es que el dinero compra tiempo a través de los servicios. Nosotros tenemos ocio porque subcontratamos servicios a otras personas. ¿Que puedes ocuparte de tu casa? Seguro. ¿Te renta en términos de tiempo y preocupación? Quizás no. Eso tampoco quiere decir que dejes todo por ahí ni que trates a la limpiadora como una esclava pero es un punto que tampoco me sorprende en un mundo en el que sigue existiendo personas que se piensan que los camareros o las dependientas son sus sirvientes porque él es el consumidor.

¿Y la viabilidad económica? Al fin y al cabo, una familia con sueldos medianos no puede pagar un buen sueldo a su vez.
Acabas de dar con el motivo por el que la profesión del servicio doméstico no tiene mejores condiciones. ¿Te imaginas lo que pasaría si todas las personas que están trabajando en servicio doméstico estuvieran con el contrato que les corresponde? Muchas familias tendrían problemas para gestionar su vida. Ahora mismo el tema es viable económicamente porque siempre hay alguien que lo hace más barato, más en negro y más deprisa. La limpieza doméstica es un paradigma del liberalismo más salvaje. Aquí, mariquita el último. Y eso que las condiciones son de risa: 400 euros, 6h, sin contrato, sin vacaciones, sin bajas para limpiar la casa (planchar, hacer la comida) y el negocio. Y llega alguien y te lo hace. Porque lo están haciendo. Claro que son perfiles al borde de la exclusión social; es eso o el Caos. Mujeres que se divorcian y se quedan en la nada después de haber estado criando a los hijos, mujeres viudas, con maridos problemáticos, inmigrantes o, simplemente, pobres. Y claro, 400 euros es mejor que 0 euros. O sea, que la viabilidad económica bien. Las clases medias están sajando bien al lumpen para seguir viviendo su idilio de hipotecas y vacaciones en la sierra.

¿Qué solución ves a este conflicto de intereses, concretamente con la limpieza doméstica, que es mucho más difícil de inspeccionar que en negocios? ¿Qué dice el convenio? ¿Qué crees que es lo más justo? Pienso también en las familias que no quieren una empleada sino sólo unas horas en semana.
​Nosotras somos el único colectivo que a pesar de tener un trabajo por cuenta ajena no cotizamos para tener derecho a subsidio por desempleo. Somos como una especie de falsas autónomas pero en legal, tenemos el privilegio -y digo privilegio porque se ha conseguido hace apenas unos años- de tener asistencia sanitaria pública, baja por maternidad, accidente y enfermedad. Además, cotizamos para tener una (mierda de) pensión en el futuro. ​

​La ley contempla que es el empleador el que debe dar de alta al empleado. El convenio es bastante confuso para mí, que no soy especialista, y tengo la suerte de tener un único empleador, por lo que me quito de bastantes problemas. ¿La solución para evitar las irregularidades? La solución no pasa por apretar a nuestro colectivo. Pasa por asegurar más derechos y una mejor Justicia para nosotras. El problema básico es que la mayoría de limpiadoras de hogar están en una situación que raya la exclusión social y aunque entiendo que estamos en un sistema que prima la producción fuera de casa, es inmoral aprovechar la falta de papeles, la falta de pasta o una situación familiar jodida para que la chica que viene a tu casa se ajuste a tu presupuesto. ¿Qué se necesita? Que puedas denunciar sin miedo, que puedas dejar de sentir miedo porque no tienes papeles y te van a deportar si denuncias tus condiciones. Que las mujeres se organicen como se hace en el sector de limpieza pública que copan grandes empresas y se hace necesario presionar al conjunto de la sociedad para que se reconozcan los derechos básicos que tenemos. No se pide más.

¿Cuáles crees que son las mayores necesidades laborales de las limpiadoras en España?
​Derechos laborales. En esas dos palabras se resume casi todo lo necesario. Y por supuesto, visibilización. Si estás limpiando en una oficina, en una casa o en donde sea, si sacas a tu familia adelante con ese dinero sudando cada euro tienes toda mi admiración. ​Para mí, las limpiadoras son heroínas con bata.

¿Y se te ocurre el modo de conseguir mejores derechos laborales?
​En dos palabras: ORGA​NIZACIÓN SINDICAL

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Costumbrismo Literatura Política

El descanso de la clase obrera, y sus jueces.

La sociedad victoriana mantuvo un intenso debate social acerca del descanso dominical, que tuvo dos vertientes fundamentales. La socialista y obrera estaba a favor de un aumento del tiempo libre y una reducción de la jornada laboral, contra la voluntad, por supuesto, de los empresarios y de la clase media. Las jornadas industriales eran muy largas: doce horas, seis días a la semana era corriente. Las más largas eran las del servicio doméstico: unas quince horas diarias, seis días en semana, y medio día los domingos. No todo el mundo tenía jornadas tan largas pero el fin de semana de dos días no era la norma.

El debate en la clase media no era si las jornadas eran largas o cortas, sino qué era adecuado hacer en el tiempo libre. Aquí nos encontramos a Charles Dickens, que en sus escritos periodísticos tomó partido en varias ocasiones. A Dickens  no le interesaba demasiado el derecho al descanso laboral, que presuponía, sino el libre disfrute del tiempo de ocio. Cuando este autor escribía (1830-70) existía una opinión dominante, la de los sabbatarians, un nombre derivado del nombre hebreo del sábado (Sabbat). Éstos eran cristianos, normalmente protestantes evangélicos, que hacían una interpretación muy restrictiva de la norma religiosa y pensaban que el domingo tenía que cerrar todo. Era aún pronto para que alguien pensara en garantizar el descanso de los trabajadores de la incipiente industria del ocio, y ese no era el motor de los sabbatarians, sino obligar a la gente a ir a misa porque literalmente no habría nada más que hacer. O vas a misa o te quedas en casa. Además, consideraban que muchas diversiones eran pecado, siempre o en el Día del Señor. El sabbatarianismo tenía cierto arraigo a mediados del siglo XIX, y en otros novelistas, como Anne Brontë, leemos que había incluso gente que iba a la iglesia mañana y tarde.

¿Qué podía hacer la mayor parte de la población un domingo por la tarde? En los pueblos, era fácil ir al campo y llevarte un picnic, si hacía sol. En ciudad, necesitabas un parque público en tu barrio, algo que no era habitual: los bloques de pisos iban comiendo terreno a campo que nunca había sido muy acogedor. De hecho, los parques públicos nacen a menudo como parte del altruismo de las clases altas que donan todo o parte del jardín de una mansión, para que los pobres disfruten de un poco de verde. Lo mismo tienes el Parque de María Luisa en Sevilla que el Duthie Park en Aberdeen.

¿Y si llueve? Había pubs, que servían alcohol. Los restaurantes eran más bien para ricos, y una hostelería del placer, que no fuera parte de las necesidades de los viajeros, estaba casi recién inventada. Dickens escribió sobre la necesidad de  crear un término medio entre el pub y el restaurante caro, para los obreros. Cuando la gente de cualquier clase social quedaba con sus amigos, casi siempre era en sus casas. Las fiestas eran a menudo bailes.

También estaba el teatro, que iba desde las obras clásicas a las modernas (normalmente muy populares y de no demasiada calidad literaria) y el teatro de variedades. A la ópera iban los ricos, y a las operetas, pantomimas y musicales iba todo el mundo.

Sobre el ocio de la clase obrera, Dickens veía con acierto que era una cuestión de lucha de clases. Los ricos podían hacer fiestas, estar en sus jardines, ir al campo en coche de caballos, leer libros, sentarse al piano, aunque alguna madre severa indicara que la lectura y la música deberían ser de temas religiosos o como mínimo serios. Los obreros no tenían nada de todo esto: un par de horas en la iglesia, y el resto del día mano sobre mano. Por eso le parecía que mantener parques públicos, pubs, y otros entretenimientos obreros abiertos en domingo era una necesidad urgente.

Siglo y medio más tarde, supuestamente con jornadas más cortas, aún debatimos sobre qué es ético que hagan los demás con su descanso. Concentrémonos en alargarlo. Todo lo demás es sabatarianismo.

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Política

¿Cómo nació tu conciencia de clase?

Ciclo Cocina Aguilar y CanoMis alumnos del Ciclo de Grado Medio de Cocina, curso 2008-2009, en clase. Menú inglés de pechugas de pollo en salsa y tarta de manzana.

Hace unos días, planteé en twitter que a pesar de la existencia de la «salida del armario» o toma de conciencia casi ya como género narrativo, conozco poquísimas historias personales sobre el nacimiento de la conciencia de clase o el pensamiento de izquierdas. A continuación tuve una verdadera avalancha de respuestas, lo que demuestra que en realidad sí hay ganas de hablar de este tema, sólo que es necesario tener una comunidad receptiva con la que compartirlos, algo que facilite el diálogo más que el simple recitado de una confesión pública. El estado anterior a la toma de conciencia es en unos casos de opresión, y en otros de ignorancia de ser beneficiario de injusticias, pero en ninguna de las personas que me contaron su anécdota me pareció ver algo tan feo como culpabilidad o exhibicionismo.

Hay afortunados que nacieron así. Les viene de familia.

@pradagast: Ah, ¿pero con eso no se nace? ;P

La trini: Me viene de familia de izquierdas y de viajar.

@juliolxxix: Creo que de siempre. Mis padres me inculcaron que eran clase trabajadora, y no eran fontaneros ni obreros en sí, sino ingeniero y maestra.

@mjdelrio: cuando entendí el trabajo de mi madre en el sindicato.

@twistedpalo: cuando vi de niña a mi padre en la portada de El País encabezando una mani en una huelga y me explicaron que no era por ser famoso.

Algunos comentan que su conciencia de clase nació en el propio twitter:

@txuseta: cuando me hice twitter y empecé a seguir a gente de izquierdas. mi entorno no era conservador, pero no se hacía preguntas.

@alrucco: Unas cuantas cuentas de twitter me dieron la «teoría», digamos. Mi padre albañil trabajando para mi tío empresario me dio un ejemplo práctico cercano.

@miquintopino: Cuando me hice una cuenta en tuiter y empecé a leer a la gente correcta. Yo siempre he sido de izquierdas, pero la conciencia de clase vino después, leyendo. Añade @chachenaguer: Casi como yo, hoyga.

@isarya: Leyéndoos a algunas y trabajando de recepcionista en una clínica privada en el barrio de Salamanca. Ha sido más por leeros. La gente suele ser educada, lo noto más en el trato que da la clínica a según qué personas.

@akisuki: Cuando comencé a leer; de ahí pasé a una mayor información y lucidez.

El primer empleo, a veces en condiciones muy precarias, es un maestro concienciador:

@solserpiente: Cogiendo cebollas a los 17 años para ganar cuatro cuartos. No me hacía falta para comer, pero aprendí mucho de mi lugar en el mundo.

@Morlock71: Cuando con 13 años comencé a trabajar para compaginarlo con los estudios. Fue de camarero, en un restaurante al lado de casa. Tras acabar octavo, comencé ese verano. Luego fui empalmando curros diversos. Con el instituto logré compaginarlo con un taller de reparación de lavadoras y frigoríficos. Así hasta los 17. Tuve la suerte de poder seguir estudiando, pero muchos compañeros de clase se quedaron en la obra o se fueron a la mili.

@El_Taquillero: a veces te viene en la «genética». Pero sobre todo, cuando empiezas a currar. En mi caso a los 16.

Trabajar en ambientes donde se hace más patente la desigualdad, como la citada Isarya, ilumina mucho. Para varias personas de origen desahogado, conocer a otras con peor situación económica despertó una solidaridad que se convirtió en conciencia de clase obrera, o en una conciencia de una injusticia contra la que luchar. Mi historia, que ya he contado antes, es de este tipo.

@ayquemal: Vengo de familia de izquierdas y mis libros de BUP estaban llenos de hoces y martillitos, pero tomé conciencia cuando dejé la carrera a la mitad y empecé a currar repartiendo publicidad. Yo, desde mi atalaya de niña rebeldita de clase media, lo consideraba algo temporal, no así la mayoría de mis compañeras, de familias humildes y muchas solo con el graduado. Me hizo bajar de las nubes y darme cuenta de que como ellas, yo también era una obrera. Así que en crisis pero sin traumas desde 1999. Me parece muy significativo que muchos tomamos conciencia cuando salimos de las cuatro paredes del espejismo de la clase media.

@ayala3001: Cuando pregunté a mis padres si con el sueldo que pagaban a la mujer que nos limpiaba la casa, ella podía pagar a alguien que le limpiara la casa. Entonces tomé conciencia de que yo era de clase burguesa y de que había una injusticia evidente en ello. Cuando estudiaba me empeñé en currar de verdad en verano. Estuve en cadena de montaje de otra fábrica, mi padre no lo entendía bien pero me venía a buscar en su Mercedes, y  yo le pedía que aparcara lejos para que mis compañeros no vieran el coche. Muy surrealista…

@antoniomaestre: Con 18 años, me fui a trabajar con mi padre. Quemaba pelos de caretas de cerdo con un soplete. Sustituía a un hombre que llevaba 20 años haciendo ese trabajo, 10 horas diarias, cada día. No imaginé esas condiciones de trabajo para una vida.

@NicolasaQM: yo fui al instituto con otras 4 personas de mi clase de 8° EGB. Éramos 105 en ese curso. Vivía en ese barrio, obrero no, lo siguiente, porque mis padres se trasladaron a él como parte de su acción política.

En algunos casos se sintió el clasismo de los demás, la desigualdad, o no tener necesidades cubiertas.

@gmit3: Varias veces repartí propaganda en la misma facultad en la que estudiaba, y algunos compañeros de clase huyeron  como la peste al verme. Por esa época más o menos fue.

@CMDurden: 3º ESO. En un trabajo por parejas, mi compañero no quería hacer nada: «mi padre es empresario y me colocará, no necesito aprobar».

@Lnihmedu: cuando de niños todos hablaban de los puestos de chupatintas de sus padres, y los míos eran mecánico y técnico de laboratorio.

@morganapendragon: porque no puedo permitirme un seguro médico, por ejemplo. Y cuando quiero comprarme algo lo analizo comparando con mi sueldo.

@Infilanak: Cuando caí en la cuenta en la diferencia entre mi padre (obrero) y mi tía, (accionista y jefa en la misma empresa).

@PakitoMCal: Cuando comprobé que el mérito y la capacidad no eran suficiente para alcanzar mejores puestos.

@_bitterswt: cuando estudiaba peluquería una señora de bien «no valéis para otra cosa y claro, los padres os meten aquí». Y en general al estudiar y trabajar fuera del barrio y ver lo que se decía de nosotras (barriobajeras y/o sin carrera).

@diasasaigonados: Fue en el pueblo de mi madre, a mediados de los ochenta, con poco más de siete años. Fuimos con unos primos suyos a una finca donde trabajaban para que un niño urbanita como yo viera animales, campo y cosas así. En medio de la visita aparecieron de improviso los señoritos y aquellos rudos campesinos tornaron en personas dóciles y asustadas; prácticamente formaron para saludar a los dueños del cortijo. Todos menos mi padre, que por supuesto se negó a ser parte de aquella farsa. Un simple funcionario que les miró a la cara con todo el desprecio que merecían por ser quienes eran. Me dijo que en la vida me dejara ningunear por nadie, y menos por el mero hecho de que tuvieran más dinero que yo. En el viaje de vuelta, a bordo del symca blanco, me sentí orgulloso de mi padre, sin saber bien porqué, pero sobre todo orgulloso de ser parte de algo que era más grande que yo pero que a la vez era yo. Y así, creo, fue básicamente como sucedió.

La universidad, ya sea por haber estado trabajando o por tener experiencias nuevas, ha formado parte de la transformación de muchos. Lo caro que es estudiar en la universidad, y no sólo por las tasas, pone en relieve las desigualdades económicas.

@anuskatruska: Siempre he convivido en un ambiente de izq, pero lo que se dice conciencia, reflexionada y asumida, vino al pisar la universidad. Y no por un hecho en concreto: fue un proceso paulatino de toma de conciencia de quién soy, de dónde vengo y qué quiero. Estudio en la Complutense y creo que eso lo dice todo; he visto nacer muchas cosas. Es un lugar propicio 😉

@Tabernita: Curiosamente, cuando pusieron de pago el aparcamiento alrededor de la facultad. Vivía en un pueblo sin autobuses y tenía un coche q se caía a trozos, y nada de dinero para pagar por aparcar. Al resto de la gente con coche le importó menos que a mí que hubiera que pagar.

@editora: Cuando me fui de Erasmus (gracias a tres becas) y descubrí que los padres de todos los demás eran gente con estudios y no eran obreros. También recuerdo la cara de una amiga que me tramitó unos papeles para una de las becas y me dijo «el sueldo de tu padre debe estar mal».

@feminoacid: Llegué a la universidad y descubrí que lo normal era tener menos poder adquisitivo que yo, no más. :/

@nebulina: A los 4 años pedía que subieran el volumen cuando salía Anguita por la tele. Fue algo progresivo. Aún así, cuando noté el alcance de las clases fue al empezar la universidad.

@judg2: Empecé de pequeño, al ver la diferencia entre mi padre, trabajador, y mi tío, empresario con dinero. Acabé de tenerlo claro en la universidad, al comprobar las diferencias entre unos compañeros y otros, los que necesitábamos beca sí o sí, y los que no.

La identificación de la propia valía con el trabajo que se realiza hace que nuestro mundo, y el de nuestra familia, se derrumbe cuando se pierde. Las reacciones a ello pueden ser muy diferentes.

@errejoners: Hace casi 20 años (yo era peque), cuando a mi madre la echaron del trabajo, cogió una depresión enorme y no podía ni llevarme al colegio por las mañanas. Luego tuvo un revival cuando cerraron la empresa de mi padre y se volvió una persona con muchísimo miedo. Nunca lo he abordado desde una perspectiva económica, sino más desde el hecho de tu propia desechabilidad. Todavía en esa época había más acción colectiva y pudieron conseguir buenas indemnizaciones, te hablo de la reconversión industrial. Si pasa lo mismo ahora, el efecto económico no hubiera sido el mismo.

@nielisse: hace relativamente poco, cuando el paro era una constante en mi vida y no lo que le ocurría a otros. Y eso siendo hija de sindicalista, aunque de joven me quedaban como muy lejos los problemas de los interinos y de la educación pública.

@Srta_Angus: yo al hablar con mi pareja, hijo de jornaleros, y al salir de la universidad y darme de bruces con el paro.

Curiosamente, el contacto con la doctrina social de la Iglesia Católica ha contribuido en casos donde al mismo tiempo se contaba con una educación de izquierdas.

@capolanda: Pues en parte porque en casa son de izquierdas, en parte porque era un cristiano sincero (lo último se me pasó).

 @Subnorbook: yo ya venía educado con ella. Un día le pregunté a mi padre con diez años qué era la izquierda, y me lo explicó: «Hijo, la izquierda consiste en creer que todas las personas son iguales y actuar en consecuencia». Por otro lado mi madre es muy cristiana, lo que viene muy mal para unas cosas, pero para la justicia social vino al pelo.

Muchas personas pasan por el paro, una época de dificultad económica, o trabajos de menor cualificación de la esperada. Muchísima gente tiene algún trabajo temporal compaginado con los estudios, pero de ello no se deriva necesariamente ni adquirir conciencia de clase, ni posicionarse del lado de los débiles. De hecho, casi toda la gente que he conocido en la ruta «estudia una carrera -> trabajo fijo -> sálvese quien pueda» han vivido estas experiencias como una incomodidad temporal y que es injusta sólo cuando les afecta a ellos o a quienes consideran sus iguales. Lo que nos ha cambiado no ha sido sólo la experiencia, sino estar dispuestos a cambiar. Quienes han contestado a mi pregunta han hecho algo bastante difícil, especialmente los más jóvenes. Gracias a todos, y a seguir luchando y educando.

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De todo un poco

Ser pobre (John Scalzi)

P1020949Ahora ya no soy realmente pobre, pero aún no me atrevo a tirar zapatos.

John Scalzi me ha dado permiso para traducir su texto «Being Poor«, del que os recomiendo el original. También os recomiendo Imagínate, que Comandante Vimes escribió sin conocer el de Scalzi.

Hay más traducciones por ahí, pero no he podido resistirme.

Ser pobre es saber exáctamente el precio de todo.

Ser pobre es enfadarte con tus hijos por pedirte toda la mierda que ven por la tele.

Ser pobre es tener que comprar coches de 800 dólares porque son lo que te puedes permitir, y que te dejen tirado, porque no hay en América un solo coche de 800 dólares que merezca la pena.

Ser pobre es tener la esperanza de que deje de dolerte una muela.

Ser pobre es saber que tu hijo va a casa de sus amigos pero nunca se trae a los amigos a casa.

Ser pobre es ir al servicio antes de ponerte en la cola del comedor escolar para que tus amigos te adelantes y no te oigan decir «el mío es gratis» cuando llegues a la caja.

Ser pobre es vivir al lado de la autopista.

Ser pobre es volver al coche con los niños en el asiento trasero, aferrándote a esa caja de cereales que acabas de comprar, pensando en cómo vas a hacer que entiendan que la caja les tiene que durar.

Ser pobre es preguntarte si tu hermano el rico te miente cuando dice que no le importa que le pidas ayuda.

Ser pobre son juguetes de marca blanca.

Ser pobre es una estufa en una sola habitación de la casa.

Ser pobre es saber que no te puedes dejar 5 dólares encima de la mesa cuando vienen tus amigos.

Ser pobre es desear que tus hijos no peguen un estirón.

Ser pobre es robar carne en el supermercado, freírla antes de que tu madre llegue a casa, y entonces decirle que no tiene que hacer la cena porque no tienes hambre.

Ser pobre es usar ropa interior de segunda mano.

Ser pobre es que no haya espacio para toda la gente que vive contigo.

Ser pobre es sentir que las suelas se despegan de tus zapatos comprados en el supermercado, cuando corres por el parque.

Ser pobre es que el colegio de tus hijos sea el de los libros de hace 15 años, el que no tiene aire acondicionado.

Ser pobre es pensar que 8 dólares la hora es un chollo.

Ser pobre es depender de gente a la que importas una mierda.

Ser pobre es un turno de noche con luz fluorescente.

Ser pobre es encontrar la carta que tu madre le mandó a tu padre, rogándole que le pasara la pensión.

Ser pobre es vaciar la bañera en el váter.

Ser pobre es parar el coche para coger una lámpara que has visto en la basura.

Ser pobre es hacerle un bocadillo a tu hijo y que una cucaracha pase por encima del pan, y mirar al niño a ver si se ha dado cuenta.

Ser pobre es creer que tener el título de Secundaria sirve para algo.

Ser pobre es que la gente se enfade porque estás dando una vuelta por el centro comercial.

Ser pobre es que la policía haga una redada en el piso de al lado.

Ser pobre es no hablar con esa chica porque se va a reír de tu ropa.

Ser pobre es esperar a que te inviten a cenar.

Ser pobre es rechazar un trabajo porque no tienes a nadie que pueda quedarse con tus hijos.

Ser pobre es una acera con muchos trozos de cristal marrón.

Ser pobre es que la gente crea que te conoce por cómo hablas.

Ser pobre es necesitar ese aumento de 35 céntimos la hora.

Ser pobre es que el maestro de tu hijo presuponga que no hay libros en tu casa.

Ser pobre es que te falten seis dólares para pagar la factura de la luz y no tener forma de tapar el agujero.

Ser pobre es llorar porque se te ha caído un plato de macarrones al suelo.

Ser pobre es saber que trabajas tanto y tan duro como cualquiera.

Ser pobre es que la gente se sorprenda al darse cuenta de que no eres idiota.

Ser pobre es que la gente se sorprenda al darse cuenta de que no eres un vago.

Ser pobre es esperar seis horas en urgencias con un niño enfermo en brazos.

Ser pobre es no comprar nunca nada que no han comprado otros antes.

Ser pobre es comprar ramen de 10 céntimos y no de 12 porque así son dos paquetes más por dólar.

Ser pobre es tener que vivir con las consecuencias de decisiones que no sabías que estabas tomando cuando tenías 14 años.

Ser pobre es cansarte de que la gente quiera que estés agradecido.

Ser pobre es saber que te juzgan.

Ser pobre es una caja de lápices de colores y un libro de colorear de un Papá Noël del centro cívico del barrio.

Ser pobre es mirar la salida de monedas de cada máquina de refrescos que ves.

Ser pobre es pensar que se puede basar una relación en tener un lugar a donde ir.

Ser pobre es saber que no deberías gastarte ese dólar en lotería.

Ser pobre es esperar que te devuelvan hasta el último céntimo del cambio.

Ser pobre es sentirte impotente cuando tus hijos cometen los mismos errores que tú, y no te escuchan cuando les suplicas que no lo hagan.

Ser pobre es una tos que nunca se va del todo.

Ser pobre es tener mucho cuidado de no dejar caer nada sobre el sofá, por si tienes que devolverlo.

Ser pobre es un adelanto de 200 dólares de un compañía que te va a cobrar 250.

Ser pobre son cuatro años de clases en el turno de noche para sacarte un título de dos años.

Ser pobre es un futón con bultos.

Ser pobre es saber dónde está el banco de alimentos.

Ser pobre es que haya gente que nunca lo ha sido, preguntándose porque tú has decidido ser así.

Ser pobre es saber lo difícil que es dejar de serlo.

Ser pobre es ver qué pocas opciones tienes.

Ser pobre es correr en el sitio.

Ser pobre es que la gente se pregunte por qué no te fuiste.

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Educación

Un modelo educativo

P1010026En algún lugar de Extremadura.

Imaginad unos hermanos que rozan los 10 o 12 años. Niño y niña. Viven en Villa Chica, un pueblo que ronda los 2000 habitantes. Los centros educativos del pueblo son el colegio y un instituto donde sólo se imparte la ESO. Hay una o dos licenciadas en paro que dan clases particulares. Algunos estudiantes van al instituto al pueblo de al lado, donde hay dos institutos para la ESO, Bachillerato y dos o tres ciclos formativos de Formación Profesional. En Villa Media hay Escuela de Idiomas, a la que van adultos, y una escuela de idiomas privada. También hay banda de música y escuela municipal de música, pero no Conservatorio.

Villa Chica está a unos veinte o treinta minutos en coche de Villa Media, ambas a 50 minutos de la siguiente localidad comparable a Villa Media, donde la única diferencia está en la oferta de ciclos de FP. Estamos a hora y media en coche de la capital de provincia, aunque en autobús se tardan unas dos horas. Villa Chica sólo tiene buses a Villa Media. Villa Media tiene buses a Villa Chica, Pueblo Chico, Aldea Chica y dos capitales de provincia.

Villa Chica vive de la agricultura. El padre cultiva el campo. La madre trabaja en la casa, o en la fábrica que procesa los productos del campo. Casi todos los amigos de Niño y Niña viven en casas parecidas. Hay alguno sin padre, hay alguno viviendo con los abuelos. Niño y niña no pasan hambre pero sí van muy, muy justos.

Quiero el sistema educativo que estos niños necesitan. Cuando no te estás criando rodeado de olivares o trigales, a lo mejor no te das cuenta, pero allá va.

La guardería a la que irían para que la madre vaya, si quiere, a trabajar y no tenga que dejar a los niños con la abuela, cuidadora eterna por mayor que esté.

Bibliotecas con programas de animación a la lectura divertidos, eficaces, y para todas las edades. Ludotecas. Programas deportivos, musicales, y culturales. Todos servidos por funcionarios, de manera que no dependan de que este año haya presupuesto municipal.

Una programación televisiva educativa, creativa, cultural. Canales de televisión infantil pensados para estimular a los niños. Programas no sólo aptos para bebés. Menos repeticiones. Sï, ya sé que en internet hay de todo. Pero puede que estos niños y sus padres no lo sepan, o no sepan cómo encontrarlo. Y puedes dejar a un niño solo delante de la televisión, pero no delante del ordenador a según qué edad.

Quiero que los colegios sean extraordinariamente buenos. Quiero incentivos para trabajar en zonas rurales, no sólo para los llamados centros «de compensatoria». Que los profesores de esas zonas no estén permanentemente rotando. Presupuesto para hacer excursiones y hacer visitas culturales y también de ocio a los alrededores. A las capitales de alrededor y a otros sitios. Por supuesto, quiero los libros de texto gratis. Quiero abundante material de consulta (diccionarios, gramáticas, enciclopedias) en los centros educativos. Que se pueda coger prestado, incluso.

Material informático en los centros, sí. Pero no me parece lo más importante. Facilidad para que las familias compren lo que les parezca lo más adecuado. Sencillamente, lo necesario para que todos los medios que se requieren para estudiar hasta acabar la ESO salgan gratis o muy asequibles.

Que nadie asuma que los niños van a necesitar ayuda por las tardes, al menos no en Primaria. Que un niño que pasa las tardes en una casa vacía mientras sus padres están trabajando no tenga más handicap que uno que vaya a clases particulares. Que nadie asuma que las madres están supervisando los deberes. ¿Y si no pueden,  no saben o no están? Si resulta que a partir de cierto nivel educativo es necesario ese repaso por las tardes, que los centros escolares lo proporcionen. Con empleo de calidad. Es decir: quiero que las academias de recuperación y refuerzo dejen de ser necesarias.

Quiero un programa de orientación que muestre a estos niños que existen muchas más profesiones que las que ven en su entorno. Y programas de desarrollo rural que funcionen. La mayoría de adolescentes que conozco quieren trabajar en lo mismo que sus padres, en el área sanitaria, o en la enseñanza, simplemente porque nadie les ha dicho que hay más cosas.

Si estos niños quieren estudiar fuera, becas a la movilidad que dependan de lo remoto de tu domicilio y no de la renta. Que no se los castigue por ser de pueblo.

Quiero que salir del pueblo sea fácil y quiero que den ganas de volver.

No me hables de libre elección de centro. No me hables de cultura del esfuerzo. No me hables de la autoridad del profesor.  ¿Esas cosas significan algo cuando estás rodeado de olivares hasta donde alcanza la vista?

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Feminismo

Introducción mínima a la interseccionalidad.

Todos lo hemos oído: “pues hay quien está peor”. Es un primer intento, fallido pero intento, de interseccionalidad. Tú eres pobre, pero no estás discapacitado. Eres una mujer y cuidas de tu madre enferma, pero por lo menos tienes trabajo para manteneros a las dos. En este primer acercamiento, la realidad es una escalera, y cada privilegio que no tienes te hace bajar un escalón. Arriba están los hombres blancos ricos. El segundo escalón está ocupado por las mujeres blancas ricas. Y todo lo demás es una pirámide perfecta. Sencillo, pero incorrecto.

La interseccionalidad es algo más complejo que eso. El término lo creó Kimberlé Crenshaw en los 80, aunque la idea existía desde mucho antes, para referirse a la interacción de múltiples tipos de opresión, es decir, a cómo diversos privilegios y la falta de ellos afectan de distinta manera en distintos contextos. Evidentemente, una persona a la que le «falten» cinco o seis privilegios de la lista (no es tan difícil) tiene una vida más dura que alguien a quien falte uno, o ninguno. Pero muchas veces, lo que se supone que es una característica común a todos los miembros de un colectivo oprimido, sólo lo es de la parte más privilegiada de los mismos. En otras palabras: sin un enfoque interseccional, la lucha contra un privilegio tiende a beneficiar a quienes sólo echan en falta ese privilegio y ninguno más, a costa del resto del grupo. Así es como, en palabras de Ardeluxe, se puede ser comunista y machista, feminista y transfóbica, o gay de derechas.

Si queda un poco abstracto, como mejor puede entenderse es con ejemplos. Voy a poner uno que se beneficiaría de más feminismo, y una crítica al feminismo.

1. La lucha contra la pobreza, la lucha obrera… ese tipo de reinvidicaciones de izquierdas. Por ejemplo, es fácil tomar como héroes, como símbolos, a colectivos muy reivindicativos como los mineros. Símbolos como el del Sindicato de Estudiantes (llave inglesa que se convierte en lápiz) o la hoz y el martillo, apuntan a profesiones típicamente masculinas. Otro símbolo que me encanta a pesar de lo excluyente que es, es el albañil de Manel Fontdevila. currito fontdevilaCuando Fontdevila dibuja a su hombrecillo del casco, no está representando a un albañil sino al conjunto de la clase obrera. No sería muy difícil pensar en una camarera con uniforme, una enfermera, o una profesora, por decir mujeres fáciles de caricaturizar, como representantes del sector servicios (el autor es consciente de ello pero no sé hasta qué punto ha hecho algo por arreglarlo).

Otro ejemplo reciente y no humorístico es el reportaje de Jordi Évole «Precariado», emitido en La Sexta hace pocos meses. Los ejemplos de profesiones que son o que se han vuelto inestables y mal pagadas: obreros de fábrica de automoción (y de refilón alguna mujer), y un hombre que ha estudiado comunicación audiovisual, como ejemplo de sobrecualificación. Esto, a mi parecer, es un enfoque completamente equivocado sobre el empleo de mala calidad. La peluquera autónoma, su empleada con el salario mínimo, infinidad de dependientas de tiendas, licenciadas que malviven dando clases particulares… estamos rodeados de un ejército invisible de mujeres con empleo precario, con problemas distintos o peores de los que tienen los hombres en su misma situación laboral, y ellas no son el símbolo de nada. Evidentemente, cualquier mejora global de las condiciones de trabajo las beneficia a ellas, pero no parece que nadie las tenga en cuenta.

Del mismo modo, cualquier análisis del empleo más estable que tenemos, el funcionariado, es incompleto sin tener en cuenta que somos una mayoría de mujeres, y por qué. Es fácil, la Administración es el único jefe que no nos pregunta nuestro estado civil.

Lo que busco no es que haya más personajes femeninos en los chistes, o que Jordi Évole entreviste a más mujeres: todo lo que he descrito no es el verdadero problema, sino síntomas de que la imagen mental que se tiene de «la clase obrera» excluye a las mujeres. Esto puede llevar a favorecer políticas, campañas de promoción, etc. que no lleguen al público que más lo necesita y se beneficiaría de ello. Podría decirse mucho más, pero como sólo quiero ilustrar un punto de encuentro (o de choque), lo dejaré aquí.

2. El feminismo también necesita ser más interseccional. Aquí me voy a limitar a explicar algo magníficamente contado por @DrJaneChi. Laurie Penny es una feminista inglesa, blanca, rica, que acaba de publicar una columna en New Statesman acerca de la imposición patriarcal de llevar el pelo largo. Opiniones de mujeres: dos, la suya y la de su hermana. Problemas prácticos de tener pelo largo: no siempre está bonito y lleva tiempo y dinero que lo esté. Penny universaliza su propia experiencia, sin tener en cuenta algunos factores importantes que no la afectan.Parece una cuestión nimia escoger el pelo corto, pero no lo es, y el colectivo menos afectado por ello es precisamente el que Penny escoge como universal, el suyo.

Por ejemplo, las mujeres trans* deben presentar un aspecto hiperfemenino para ser tomadas en serio. De esto puede depender el resto de su vida: cuando una mujer trans decide que quiere hacer los cambios legales y médicos para ser considerada la mujer que sabe que es, tiene que pasar por una serie de barreras puestas por la ley y por profesionales sanitarios para que demuestre cómo se siente, y uno de los puntos que se tienen en cuenta es si la mujer muestra una feminidad convencional. Una trans puede tenerlo complicado para elegir llevar el pelo corto.

En segundo lugar, el ideal de pelo largo es un ideal basado en la belleza de la mujer blanca. Las mujeres negras, o con el pelo más rizado que esto de aquí, tienen que hacer una inversión en tiempo y dinero que no tiene nada que ver con la que hacemos las demás. Además, las mujeres blancas con el pelo de una calidad parecida tampoco se enfrentan a los mismos problemas: lo que en nosotras puede verse como un estilo original, en las mujeres negras puede ser motivo de rechazo. Por eso, para ellas, llevar el pelo corto tiene unas motivaciones diferentes. Un análisis español de esta cuestión hablaría, por cierto, de la obsesión de las mujeres españolas con el pelo liso.

Más cuestiones: la edad. De las mujeres jóvenes y guapas se espera pelo largo, pero a partir de cierta edad, se espera que lo tiñamos y cortemos. Si ya no se es joven, tener el pelo largo, o largo y sin teñir, es más desafiante que ser joven y tenerlo corto.

No puedo terminar sin mencionar a las mujeres que pierden el pelo por una enfermedad. Penny menciona a su hermana, a la que se le cayó el pelo por estrés. ¿Tan difícil era citar dos líneas sobre los efectos de la quimioterapia?

Añadir un enfoque interseccional a una lucha por la justicia y contra la discriminación puede salir natural, sobre todo cuando nos afecta personalmente, o puede ser muy difícil. Es el único activismo que merece la pena. De lo contrario, lo único que estaremos defendiendo es un mundo aún en forma de pirámide, pero con nuestro escaloncito un poco más arriba.